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alan riefe

la búsqueda de calligan

AUNQUE, después de Loch Lomond, Loch Ness es probablemente el lago mejor conocido de Escocia, no es, ni de lejos, el más profundo. Loch Moror, por ejemplo, es noventa metros más profundo y algo bastante curioso: se afirma que un monstruo lo habita. Pero la criatura que pretendidamente habita en las fangosas profundidades de Loch Ness es, sin duda alguna, el monstruo lacustre más famoso del mundo.
Ni siquiera el advenimiento de la era atómica ha sido capaz de hacer disminuir su popularidad. Como prueba de su existencia, además del testimonio de incontables personas famosas ha sido tomada al monstruo una verdadera fotografía, aunque un poco confusa.
Sin embargo, Bruce Calligan se mofaba de todos los relatos y las afirmaciones. Fue de Edinburgo a Inverness y desde allí remontó el curso del río Ness durante ocho kilómetros para llegar al Loch. Allí, con la ayuda de uno de los hombres más intrépidos de la localidad, un individuo llamado McCobb, Calligan se puso un traje de buzo y se preparó a zambullirse.
—No hay ningún monstruo en este lago, y voy a probarlo —aseguró.
Calligan llegó al fondo y comenzó su exploración. A pesar de no creer que el monstruo existiera, como la prudencia es la parte más importante del valor, había llevado con él un rifle submarino extremadamente poderoso.
El fondo del lago era muy rocoso y el avance era lento. Calligan había permanecido sumergido ya durante veinte minutos cuando rodeó un montículo de pizarra y llegó a una gruta. El interior estaba absolutamente obscuro y la luz de su lámpara portátil iluminaba apenas cinco metros hacia el frente. Se dirigió con cuidado a la entrada de la gruta, y penetró en ella. Había recorrido poco más de treinta metros cuando la luz de su lámpara mostró directamente frente a él una monstruosa cabeza. Apuntó su rifle y disparó varias veces. La cabeza se desplomó, y cuando Calligan se acercó a examinarla, descubrió que no era una cabeza, sino una calavera cubierta de algas. Su forma era poco más o menos como la de una calavera de caballo, pero considerablemente mayor; los orificios o cuencas vacías de los ojos eran tan grandes como su escafandra de buzo. Detrás de la calavera había otros huesos mucho mayores, y la espina dorsal de aquel ser, de un metro de diámetro y más de doce metros de longitud.
Calligan volvió sobre sus pasos, hasta la boca de la caverna, e indicó a su ayudante McCobb que quería ser izado hasta la superficie. Inmediatamente, para horror de Calligan, la cuerda y su tubo de aire se aflojaron y comenzaron a descender sobre él. Momentos más tarde, la bomba de aire y el tomo se sumergieron en el agua obscura.
A la mañana siguiente, la prensa de las Islas Británicas daba la noticia de que el monstro de Loch Ness había cobrado una nueva víctima. El señor Glenden McCobb relató a los periodistas toda la horrible historia de cómo el monstruo había atrapado al señor Calligan y lo había conducido a la muerte con todo el equipo.
Sin embargo, como punto final, es conveniente hacer notar que la ocupación principal del señor McCobb era guiar turistas por los alrededores de Loch Ness.