País Relato - Autores

alan riefe

la araña

JIM PHILLIPS pudo haber sido una lumbrera en su campo. No fue por falta de inteligencia o de habilidad que no llegó tan lejos como parecía estar destinado a llegar; simplemente, era perezoso de nacimiento.
Phillips era entomólogo y acababa de terminar un trabajo para el gobierno. Y como tenía por costumbre después de un proyecto, se tomó unas vacaciones. Regresó a su Luisiana nativa, al interior del campo boscoso, para holgazanear, cazar lo menos posible y beber una caja de whisky antes de volver a la civilización.
Una tarde, estaba sentado cómodamente en la cabaña que había alquilado. Tratando de divertirse, cogió un vaso del anaquel que se encontraba sobre su litera y aprisionó con él un espécimen de Latrodectus mactans, la araña viuda negra. En realidad, era un macho de la especie, algo más pequeño que su mortal cónyuge, de apariencia absolutamente repugnante. Phillips había colocado el vaso, boca abajo, sobre la araña y observaba a ésta, mientras corría en círculos, con sus delgadas y pequeñas patas negras, buscando una salida.
Conocía la costumbre que tenía la viuda negra a devorar a su cónyuge y sabía cómo el pequeño macho bajo el vaso haría la corte a su mortal compañera con extremo cuidado, esperando, frecuentemente, durante varias horas, antes de arriesgarse a acercarse a ella. Es una bolita negra llena de valor, pensó Phillips, con admiración.
Y por su apariencia, aquel macho debía de ser un buen luchador. No menos de cinco de sus ocho patas eran más cortas y delgadas que los otros miembros. Las patas más pequeñas le habían crecido para reemplazar a las que había perdido.
La araña giró por el interior del vaso siete u ocho veces y luego, incapaz de encontrar una salida, permaneció inmóvil… Como si estuviera esperando que algo sucediera.
Phillips continuó contemplándola. Había bebido casi toda su botella, en la que no quedaban más que dos dedos de líquido, y sintiéndose soñoliento, se tendió sobre su hamaca. Casi en cuanto se durmió, una araña negra apareció sobre el anaquel situado encima de él. Tenía m poco más de un centímetro de largura y, en su abdomen, tenía la pequeña marca roja en forma de reloj de arena, que denotaba su calidad de hembra.
Sin reparar en el dormido Phillips, descendió hasta el suelo y, después de trepar sobre la mesa, comenzó a rodear el vaso. Luego, como si comprendiera que la situación de su compañero era irremediable, se alejó. Este pequeño drama que tenía lugar sobre la mesa no fue observado por Phillips, que yacía, roncando, con una sonrisa de felicidad en el rostro.
Momentos después, la viuda negra reapareció sobre el anaquel, exactamente encima del hombre dormido. Se detuvo sobre el borde y después, su pequeño cuerpo negro brillante se arrojó al vacío, y cayó directamente dentro de la boca abierta de Phillips. Éste se sentó, asfixiándose y buscando automáticamente la botella con la mano. Se la llevó a los labios y vació de un trago lo que quedaba. Luego se aclaró la garganta, colocó nuevamente la botella sobre la mesa y le hizo un gesto afable a su cautivo.
Muy poco tiempo después, Jim Phillips estaba muerto. Las arañas viudas negras son extremadamente activas en las regiones cálidas y húmedas. Phillips era entomologista y podía habérselo explicado a ustedes.