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alan riefe

ishwalar

ISHWALAR, domador de la muerte, Yogi de los Yogis, despertó en una celda obscura, doblado tan firmemente que no podía mover un solo músculo. Para asombro suyo, cada uno de los lados de su cuerpo tocaba las paredes de su prisión.
El calor era insoportable. Estaba bañado en sudor, de manera que su primera impresión fue la de haber sido colocado en un baño de vapor. No podía respirar. Trató repetidas veces de hacerlo y luego intentó gritar, abriendo la boca, pero de ella no salió ningún sonido. Era como si le hubieran quitado la voz.
Con el fin de poder escapar de su prisión, debía conservar sus fuerzas físicas que lo abandonaban rápidamente y para hacerlo debía huir de sí mismo. Por consiguiente, por medio de un tremendo esfuerzo de la voluntad, comenzó a despertar los grandes poderes que habían hecho a su mente dominar el cuerpo. Recurriendo a la disciplina de absoluta concentración, se puso a sí mismo en estado de animación suspendida, inmovilizando sus pulmones, deteniendo su corazón y huyendo al dulce paraíso de su mente. Una vez logrado esto, puso a trabajar su cerebro, buscando la solución. ¿Por qué se había despertado repentinamente para encontrarse en esa situación? ¿Había ofendido a alguien? No. ¿Había infringido las leyes? No. ¿Lo habían encarcelado a causa de sus prácticas? No era probable, porque todas las prisiones de la India no serían capaces de contener a todos los Yogis del país. Eran tan numerosos como los granos de arena en el gigantesco reloj del templo de Sholapur.
Pero pocos estaban dotados de poderes como los de Ishwalar. Sin embargo, el examinar su situación no le sirvió más que para sentir la satisfacción de saber que cualquier otro hombre en idénticas circunstancias hubiera muerto desde hacía tiempo.
Pero él estaba lejos de la muerte. Se encontraba en un grave aprieto, sí, pero estaba vivo. Si su mente sola era incapaz de responder a sus preguntas, entonces tenía que utilizar sus fuerzas de un modo diferente. Debía de comunicarse con su cuerpo y transmitirle éstas. Era preciso que dirigiera su poder a sus músculos.
Y en cuanto comenzó a proceder de este modo, pudo sentir las fibras de sus brazos y piernas que aumentaban sus fuerzas. Comenzó a respirar, llenándose los pulmones de aire, y el corazón se agitó en su interior. Lentamente, expandió su cuerpo encorvado…, y logró liberarse. ¡Haciendo añicos su prisión!
Rodó sobre un costado y comenzó a flexionar sus brazos… ¡Pero algo malo sucedía! ¡No podía creer lo que veía! ¡Sus brazos se habían convertido en alas! ¡Y sus pies en garras!
Ishwalar, domador de la muerte, yogi de los yogis, había sido domado, naciendo nuevamente…