País Relato - Autores

alan riefe

el culpable

ASHTON acababa de llegar al máximo de potencia de su motor y había apretado el acelerador a fondo. Dio vuelta a la esquina, y un imprudente estaba allí, de pie, en medio de la calle. Sus brazos se elevaron, pero no antes de que Ashton pudiera ver su rostro claramente a la luz de sus faros delanteros. Era el rostro de un hombre de edad madura, bien parecido, con la cabellera gris.
Ashton estaba convencido de que vería, en su imaginación, ese rostro durante todo el resto de su vida. Con el fin de poder vivir, sin volverse loco, era preciso que mantuviera alejada esa imagen de su mente.
Tal y como lo había supuesto, pasó una noche de insomnio, viendo aquel rostro suspendido en el espacio, frente a él, que se aclaraba mostrando todos sus rasgos, con ojos que brillaban con un resplandor espectral. Ashton oraba por la llegada del amanecer, con la luz del día y trataba de razonar. ¡No era culpa suya! ¡No fue su culpa!
El accidente apareció en la prensa de la mañana. El atropellado se llamaba Peter Foley. La policía estaba investigando, pero nadie había presenciado el accidente y, por consiguiente, nadie podía identificar el automóvil, que había huido después del atropello.
Foley estaba muerto, nada podría hacerlo resucitar. Ni ganaría nada Ashton yendo a la policía y explicándoles que no había sido culpa suya, sino de Foley. ¡Aquel imprudente!… ¡En medio de la calle, como un niño!
Ashton ensayó toda clase de píldoras para dormir, sin éxito. Su esposa estuvo de acuerdo con su médico de cabecera en que estaba agotado, en que había trabajado demasiado y en que lo que verdaderamente necesitaba era un descanso. Se fue de vacaciones durante un mes y volvió peor que antes de irse.
Conforme pasaba el tiempo, el rostro del atropellado continuaba aumentando su dominio sobre la conciencia torturada de Ashton, quien comenzó a sentirse acorralado, como si, poco a poco, le estuvieran arrebatando la vida misma. Ésta se había convertido en un infierno, y como resultado de su sufrimiento, su personalidad cambió, y comenzó a envejecer rápidamente.
Una noche, permanecía acostado en su cama, esforzándose en apartar de frente a él el rostro que lo atormentaba, sin éxito. Al mismo tiempo, imaginó ser atropellado por un automóvil; el conductor de éste era Peter Foley. Ashton gritó con fuerza, arrancando a su esposa de un profundo sueño. En la obscuridad, ella le llevó un vaso de agua, pero Ashton se levantó y encendió la luz.
El espejo reflejó el pelo gris y los rasgos del atractivo rostro de Peter Foley. Se volvió hacia su esposa y ella se horrorizó y se desmayó…
Cuando llegó la policía, le preguntaron qué era lo que había hecho con Ashton y no le creyeron al explicarles él lo sucedido. Así es como el pobre tipo fue detenido y hubiera sido ejecutado por asesinarse a sí mismo, a no ser… porque lo encontraron loco.