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ailin skye

un beso de abril

El sarcófago fue iluminado por el rayo de la luna llena. El caserón en el que se encontraba oculto con descuido, era precisamente lo que mantenía a salvo al ser que se encontraba dentro.
Drake tragó saliva, había llegado por fin el momento. Un ligero sudor comenzó a correr por su espalda. Los pelos de su espesa melena se rizaron al escuchar el rechinar de la madera al moverse.
Apretó con fuerza los puños. Tarde, había llegado tarde y no había nada más que hacer. El tiempo había marcado y jugado sus cartas y él solo podría quedar ahí, esperando.
Abril abrió los ojos y sonrió al sentir el delicioso latir del corazón que estaba afuera esperando. Su pequeña mano terminó de mover la puerta y sonrió a la nueva noche que la abrazaba como una hija más.
Elevó una ceja al encontrar al hombre regordete que la esperaba, con los puños apretados y una línea recta en sus labios.
―¿En serio? ―Negó y salió de su delicada y amada guarida―. ¿ Solo vas a poner cara de hastío cuando estoy aquí?
―¿Cuántas veces te voy a decir que tienes que ser más cuidadosa con tu seguridad? ―Drake abrió los brazos; a pesar de ser un licántropo adoraba a la pequeña vampiro, a la que llevaba siglos esperando volver a encontrar―. ¿Acaso sigues buscando?
Los ojos grises oscuros de la muchacha se ensombrecieron de golpe, el licae sintió la pena que la podía corroer. Tan hermosa y tan vivaz, tan dulce y tan pura a pesar de la naturaleza que tenía.
Negó molesto por aquellos pensamientos. Abril merecía más que lástima. Era un ser entregado y pacífico, lleno de amor para todos y sobre todo para el que sería su compañero.
Aún recordaba cuando encontró a la pequeña vampira. La habían dejado morir después de la mordida mortal, pero el espíritu guerrero que tenía no lo permitió. Drake recordaba aquella noche en el bosque, la encontró casi desangrada rezando a un Dios que no pudo protegerla de aquel, que no tuvo compasión en atacarla. Por un momento el lobo estuvo a punto de romper su cuello y con ello liberarla del destino que podría tener en caso de sobrevivir a tan terrible futuro.
¿Qué fue lo que lo hizo dudar y al final perdonar su vida? La dulzura de sus ojos y la sonrisa comprensiva, la paz con que la vio aceptar lo que le estaba deparado sin tratar de luchar, simplemente esperando por que le rompiera el cuello. Otros habían luchado aún en esos últimos momentos, ella no, su mirada le había perdonado por atentar contra su vida, y conforme, aceptaba el veredicto.
Pese a que la manada al inicio se mostró desconfiada y casi lo matan junto con aquella frágil criatura, solo la naturaleza dulce de la muchacha, y la negación de todo lo que era, fue su lucha por defender la vida, lo que le salvó, y la hizo crecer como una más de la manada, hasta que tuvo edad para ser independiente y buscar el verdadero destino de todo ser.
Drake admiró la belleza de la mujer que ahora era. Los chupasangres siempre se habían caracterizado por enfatizar y perfeccionar la belleza, por eso eran seductores y atrayentes. Las hembras eran sensuales y exuberantes, de curvas sinuosas y deliciosas que despertaban el hambre carnal.
A pesar de ser una belleza, era el aura de Abril lo que la hacía diferente a todos los de su raza. Su melena negra azulada con las puntas plateadas de rizados cabellos, le daba un misterioso toque, su cara en forma de corazón; su frente amplia, sus delicadas cejas que enmarcaban aquellos ojos grises, la nariz recta y pequeñita, lo mismo que su delicada y carnosa boca, eran el marco de una cara inocente y bella, solo para el que apreciara ese tipo de hermosura no artificial.
Su cuerpo era otra cosa que marcaba aquellas formas. Era delgada sin mucho pecho, con su cintura estrecha, tan menuda y pequeña que podría pasar por una adolecente.
Abril por su parte miraba al que consideraba como a un padre. Drake tenía todo menos alma de dragón. Era bondadoso aunque glotón.
Le hubiera encantado llevar a un compañero de vida, pero desgraciadamente el mundo seguía sin ofrecerle al hombre que podría continuar el camino que ella mantenía, más sola que una tumba olvidada.
Estaba por hablar cuando sus agudos oídos escucharon de nuevo aquel golpeteo acelerado de un corazón cercano. Olía a miedo y desesperación. La joven no pudo evitar sentir como sus colmillos se retraían hambrientos. No por hambre sino por algo más.
***
Omar corría con desesperación tratando de ocultarse de sus perseguidores. Si lo atrapaban con él se iría el último de su familia y un legado vital para la humanidad. Ser druida en un mundo inhumano, con tanto loco suelto y sobre todo, con la delincuencia de hoy en día no le permitía vivir en paz.
Sus pasos lo llevaron a la única zona que estaba seguro que aquellos malnacidos jamás pisarían: aquella casona abandonada que se levantaba indolente y soberbia, esperando que un valiente intentase entrar en ella, para mostrar los horrores que se mantenían dentro. Podía sentir la presencia de algo oscuro y letal esperando en su interior. Oraba por poder sobrevivir a la persecución y que lo que fuese que estaba ahí se mantuviera aún dormido.
Tres hombres corrían contra el insulso empollón que se había atrevido a pasar en el momento en que vendían droga. Había visto sus rostros y jamás permitirían que los delatara. Esa noche le darían caza y terminarían con su vida.
Le vieron escurrirse por la ladera que llevaba a la casa embrujada como el pueblo le llamaba. Al inicio sintieron temor, pero verlo saltar la cerca para mantenerse a salvo fue lo que los obligó a moverse.
Abril se acercó a la ventana mientras el delicioso aroma inundaba sus fosas nasales.
―¡Quieta! ―Drake la había visto saborear el olor del humano que tan estúpidamente estaba por cruzar el umbral del hogar de un vampiro, uno hambriento.
Los ojos del vampiro miraron al licántropo con la sangre inyectada en ellos, lanzó un bufido antes de volverse niebla.
―¡Maldición! ―El licae tuvo que convertirse en lobo para poder y evitar una catástrofe que la hiciera arrepentirse de sus actos.
Omar miró por el rabillo del ojo, estaban por pillarlo, llegó hasta la ajada puerta de madera, tragó saliva y en un acto de valor, cruzó el portal. Ahora necesitaba con urgencia esconderse, antes de que algo oscuro y peligroso le encontrara.
¡Maldita sea! ¿Cómo era posible que se hubiese metido en aquel lio? Si fuera uno solo podría luchar como un guerrero lo haría, pero la falta de deshonor de esos cobardes, y la obvia diferencia de fuerza le recordaban que era un estudioso, no un hombre de armas.
Escuchó los goznes cuando la puerta con estrépito se abrió de nuevo, aún no había encontrado el sitio para poder estar a salvo.
Entonces sucedió. Algo oculto y poderoso le rodeó. Una niebla densa que le abrazaba y protegía sin más. En su desesperación por conservar su vida estaba convencido de haber visto insinuado el rostro de una bella mujer que sonreía para volver a convertirse en niebla.
―Sal, ratoncito. ―Uno de los perseguidores, abrió su navaja―. Solo te vamos a arrancar la piel.
―¿Acaso tienes miedo, empollón de mierda? ―El líder de ellos, un hombre barbudo, enorme y fuerte sacó un revólver.
―Sabes que te vamos a encontrar, quizá seamos más benévolos si te entregas. ―El más peligroso de todos no llevaba arma ninguna, bastaría con sus propios puños para arrancar los miembros del incauto profesor de historia.
Omar tragó saliva. Sabía que estaba perdido, dio un paso hacia atrás pero no pudo continuar con otro, algo lo estaba deteniendo. Giró su rostro sudando frío reconociendo que estaba a punto de terminar su vida. Su sorpresa fue encontrar a un poderoso lobo gris mirándole como si adivinase su temor, el animal se puso a su lado y gruñó en advertencia.
Drake aún no entendía el comportamiento de Abril, jamás había sesgado una vida, pero, aquella transformación que tuvo lo había puesto en alerta, hasta que olió el terror en el enclenque hombre que estaba siendo resguardado por la vampírica niebla.
Abril lo había sentido como un rayo de sol que jamás podría volver a disfrutar. La esencia de plenitud vital, de naturaleza perfecta había desgarrado su corazón y vuelto a crearlo, sintió la furiosa necesidad de quitar la vida a todo aquello que lo pusiera en peligro.
Escuchó las amenazas que contra él estaban siendo depositadas. En el momento en que sintió a Drake junto a él, protegiéndole, no lo pensó; se transformó en mujer, marcando la distancia para mantener a aquella alma en peligro a salvo de los que querían quitarle la vida.
Les miró llena de curiosidad tratando de decidir a quién le entregaría el primer beso de la muerte.
―Wow, wow, wow. ―Oscar, el hombre de la navaja, la miró con lascivia en cuanto la tuvo a la vista, llamando la atención de sus compañeros―. ¿Habéis visto a esta bonita cosita perdida?
Abril ladeó la cabeza sin apartar la vista de aquellos desgraciados.
―Ven aquí, muñequita. Te vamos a enseñar a jugar un poquito. ―El más grande de todos comenzó a relamerse por aquel manjar que se presentaba de forma gratuita.
―¿Acaso eres sorda? ―El líder dirigió su pistola a la mujer para intimidarla―. Acércate y ve mostrando tus encantos, hermosa.
Omar no sabía a qué se referían, los veía hablar a alguien pero él no alcanzaba a ver, trato de moverse, porque el reflejo del espejo no mostraba a nadie hacía donde dirigían sus lujuriosas miradas. Sin embargo, algo lo hacía sentir inquieto, mortalmente inquieto, no con miedo, sino protector y por primera vez posesivo.
Era como si los engranajes del mundo estuvieses girando de forma perfecta para mostrar ante él, algo que aún no se había develado.
Quiso dar un paso para defender a lo que fuese que los otros amenazaban, sin embargo el lobo no lo permitió.
Con el lomo erizado, sus ojos se mantenían fijos en los rufianes, pero se mantenía pegado de forma protectora a él.
Solo en ese momento la vio aparecer; tan perfecta, femenina y delicada. Su cabello se agitaba con su andar pausado y elegante, grácil y suave como si fuera una bailarina. Su interior rugió por primera vez con fuerza y su sangre comenzó a bombear por todo su cuerpo, mientras un rugido salía de su interior, acallado por una mano enorme.
―No hagas ningún ruido ―una voz en su oído ordenaba su total silencio.
Omar se giró para encontrarse a un hombre fuerte y rechoncho mirándolo con ojos peligrosos, sus dientes eran fauces hambrientas que amenazaban su seguridad si no hacía caso. ¡La bestia había despertado!
Drake puso los ojos en blanco, podía oler el miedo de aquel mortal que se había empeñado en ponerse en bandeja de plata para un vampiro recién acabado de despertar. Con soltura lo colocó detrás de él en forma protectora, si había una lucha era mejor que no atestiguara lo sanguinario que podría ser una criatura como aquella que estaba tratando de intimidar aquel grupo de desalmados.
―Ella está en peligro. ―Reuniendo valor el muchacho se dirigió a su protector―. No puedo permitir que la dañen.
Algo en su interior rugía gritando que le pertenecía. Jamás había sentido tal intensidad en solo un vistazo. La joven que se movía grácil exponiendo su vida torpemente ante sus ojos era sin duda su compañera, su druida la reconocía.
Jamás había sentido ánimo de luchar, hasta ahora. Un druida defendía la tierra, eran gente de paz, pero ver expuesta a la mujer de diminuto tamaño lo hacía querer desgarrar a cada uno de los que se había atrevido a mirarla. Su sangre fiera gritó lo que no había podido aceptar momentos antes. Mía, su ser interior había proclamado mientras los nudillos se le ponían blancos al apretar con fuerza los puños.
¿Acaso tendría oportunidad de defenderla un empollón como él? Estaba a punto de hablar cuando algo sucedió.
Abril podía sentir los latidos acelerados de excitación de los infractores. Se sentía curiosa por aquellos a los que su vida les duraría un soplido. Casi se reía en sus caras por hablar de ella como un bocadito. Era la vampira más insulsa de todas las que habría conocido, carente de curvas como todas las de su raza, sin embargo, la sed de sangre era igual de necesaria para ella.
El más grande se acercó a ella, tomándola por la cintura y lamiendo su cuello.
―¿Tienes ganas de fiesta, hermosa? ―Su asquerosa mano bajó hasta su trasero.
―Oh sí, sí que las tengo. ―Solo en ese momento el hombre se dio cuenta del gran error que cometía, los ojos de la mujer se encontraron con los de él, internarse en esos pozos grises le mostraron todos sus pecados y como un reflejo le enseñaron el monstruo ruin que era. El hombre comenzó a temblar de terror al darse cuenta del infierno interior que le esperaba a partir de ese momento.
―¿Qué has hecho, bruja? ―preguntó el de la navaja amenazándola.
―Lo mismo que haré contigo. ― Solo en ese momento se acercó a él obligándole a ver sus ojos, mostrando así parte de lo que era en verdad.
El último comenzó a disparar a mansalva tratando de terminar con ella mientras los otros dos gritaban y salían despavoridos. Comenzó a reír de forma histérica cuando vio el cuerpo de la diminuta mujer reducido en el suelo.
Omar gritó con fuerza y desesperación sin entender lo que pasaba, solo veía a la muchacha que su corazón había reclamado tirada en el suelo cual muñeca de trapo. Raíces comenzaron a salir del suelo ahuyentando al último desalmado que había quedado. La casa quedó cubierta cual capullo mientras el druida avanzaba hacia ella.
―¡Maldita sea! ―Abril se levantó desconcertada―. Necesito comer, me han dejado atontada con sus juguetes ―Las balas salían de su cuerpo mientras sus heridas se regeneraban a los ojos horrorizados del hombre que se acercaba a ella.
―¡Tú! ―Tragó saliva―. ¡Eres un vampiro! ―Omar no podía creer la maldita suerte que tenía. De todos los seres aquel era el único al que no podría unirse, o terminaría siendo su cena.
―¡Claro que lo soy! ―Abril se deleitó viendo al humano que llamaba a gritos por un mordisco suyo. Era tan perfecto tan real. Su búsqueda había terminado.
―¡No puedes serlo! ―gritó desesperado llevándose las manos a la cabeza―. Eres… eres…
―¿La mujer más hermosa que has visto y por supuesto un vampiro? ―Ella se cruzó de brazos comenzando a enfadarse. ¿Qué tenía de malo ser quién era? Había luchado mucho por aceptar su destino y su naturaleza. Ahora nadie la podría juzgar. Ni siquiera él.
―¿Se puede saber por qué tanto grito? ―Drake interrumpió la pelea.
―¡Es un vampiro! ―Omar intentó proteger al hombre que acababa de irrumpir de nuevo― ¡No te acerques!
―Es un pelmazo. ―Abril tiró del licae para sí―. Dale dos tortas.
―¡Tú no puedes ser mi compañera! ―negó molesto, sin darse cuenta de lo que había dicho. Pero una vez hecho continuó―. Me niego a ser tu cena.
―¿Mi cena? ―La muchacha se quedó sorprendida, miró el rostro divertido del lobo y comenzó a boquear sorprendida―. ¡Soy vegetariana para que te enteres! Lo primero que debes saber es que además de tu sangre, existe el plasma, o la sangre sintética que se vende muy bien. Lo segundo, zoquete, es que yo tampoco estoy contenta con esto. ¡Eres un jodido druida! Maldita sea, de todos los seres que podían ser mi pareja, me tenía que tocar el más tonto de los santurrones y modositos druidas.
―¿Me estás llamando tonto? ―Sin saber por qué el hombre se sentía con hambre y necesidad de poseerla a cada palabra que decía la mujer que tenía frente a él. Su ser interno gritaba tratándose de hacer un camino; gritar, tomar y poseer. Su voz era una llamada a su druida interno que se indignaba por insultarla y alejarla en el mismo momento del encuentro.
―Podría decirte retardado, pero sería insultar a esas dulces personas, porque comparados contigo… ―Se cruzó de brazos. Lo había salvado, esperaba por lo menos la aceptación. Largos años había luchado por aceptar quién era, jamás pensó no ser aceptada por el que el destino le entregara.
―No soy idiota ―aclaró y comenzó a sentirse terriblemente irritado consigo mismo al notar que SU mujer estaba incómoda con la situación.
―Eso crees. ―contestó Abril mirándolo a los ojos. Sentía su cuerpo necesitado de tomar y ser tomado. Por fin su corazón latía despertando al hombre que podría darle fin a sus largos siglos de soledad. ¿Acaso era tan malo ser su compañero?
―Chico ―intervino Drake―, el destino es sabio y caprichoso. En la sabiduría de los tuyos debe haber sabido que no puedes ofender a tu compañera o rechazarla. ¿Acaso has olvidado que también los seres de la noche somos parte de la tierra?
El muchacho escuchó al hombre y sin apartar la mirada de la joven, sintió como su Druida asentía conforme. ¿Acaso negaría un regalo de tal magnitud de la propia naturaleza? Toda su vida había esperado encontrar a esa mujer por la que el hombre y el mago pudiesen estar de acuerdo y ser uno, que su don despertara y protegiera porque, hasta ahora había hecho chapuzas mágicas sin ninguna importancia. Sin embargo, cuando pensó que ella estaba desvalida, la energía de la tierra se hizo una con él para poder crear un capullo donde tenerla a salvo. Incluso ahora sentía todo ese caudal correr por sus venas, pero esta vez exigiendo la rendición de lo obvio.
Abril esperaba suplicando con sus ojos. Necesitada de él para no llevar un camino eterno de soledad. Solo una vez podría entregar su corazón y este era el momento. La primera noche habría de ser marcada y visto lo visto, solo un alma solitaria sería lo que quedaría de ella a partir de esa noche.
Un rayo de luna indiscreto entró por una de las rendijas de la ventana e iluminó a la pareja que en ese momento estaba a punto de torcer su camino y alejarse con urgencia el uno del otro. Pero la magia del satélite estelar los mantuvo firmes y como el rayo de luz que era, inflamó el anhelo del hombre que en ese momento no pudo detener el evidente deseo que sentía hacia la mujer que había lastimado.
Una fuerza mayor a él mismo le obligó a avanzar dos pasos, los justos para llegar a ella y encerrarla en un hermético abrazo. El temor o cualquier otro rechazo quedó en el olvido, solo existía aquel dulce y femenino ser de ojos misteriosos y antojadizos labios.
Sin poder ni querer evitarlo tomó de ella un beso. Uno con desesperación de lunas y vidas pasadas urgidas por hallar a su verdadera compañera. Su boca sabía a dulzura, a ternura y lealtad. No había un camino de muerte sino de vida gritando en su interior por ser compartida.
De forma sorpresiva sintió como sus colmillos comenzaban a crecer y un deseo por morderla superaba cualquier instinto que se negara a obedecer la orden de su cuerpo. Separó sus labios de la femenina boca y sin dudarlo un momento mordió su cremoso cuello succionando el líquido vital.
A su mente corrieron como una película imágenes de ella en otra era. Una donde estaba llena de vida y de luz solar. La vio cantando y bailando en una familia normal, después siendo atacada por un ser de la noche hasta casi secarla. Reconoció a su salvador, el mismo hombre enorme y rechoncho llamado Drake, cargándola y llevándola con los suyos. Observó como su naturaleza bondadosa se negaba a matar al hombre y sintió su sufrimiento al negarse a beber de otro ser vivo sino era para ayudarle a bien morir.
Sintió que un irrefrenable amor comenzaba a volcarse por esa diminuta y dulce vampira. Ella no mataba, tenía fe en la raza humana y anhelaba lo mismo que él: Un amor verdadero para acompañarse en ese camino que se llama vida.
Se vio a sí mismo rechazándola e hiriéndola como otros seres lo hicieron. Y por primera vez se preguntó si era merecedor de aquella que el destino le había entregado.
Solo en ese momento se dio cuenta que ella no era la que había herido, el monstruo era él. Omar infligía daño con sus dientes y con horror se separó de su cuello, no así de su cercanía, la mantenía tan estrecha que pudo apreciar el rostro su compañera.
Abril tenía el rostro arrebolado, echado hacía atrás en total entrega y una dulce sonrisa se mantenía dibujada sintiendo como el reclamo se había logrado. Aquella marca duraría toda una vida, ahora él formaría parte de ella, para siempre.
La muchacha abrió poco a poco los ojos sin poder evitar sonreír hasta que enfrentó al hombre que la mantenía aferrada entre sus brazos.
―Por favor, no digas nada que pueda estropear el momento ―suplicó.
―¿Cómo? ―preguntó confuso aún por todo lo que habían compartido, por no entender de qué manera, sin él ser un vampiro había bebido sangre y, lo peor, le había parecido la bebida más deliciosa que jamás había probado.
―Que cada vez que abres la boca metes la pata y me insultas. ―Se encogió de hombros sin poder evitar sincerarse―. Y ahora no puedes echarte atrás me has marcado y soy tuya, y por lógica tú mío.
―Me he convertido en… ―tragó saliva buscando la angustia al saber que quizá ahora era un ser de la noche― vamp…
―¡No inventes! ―Abril puso los ojos en blanco―. Clásico si hay mordida hay transformación. Deja de leer churros de vampiros y entérate de una vez. Los vampiros no somos tal como los libros de terror lo exponen. Y el emparejamiento entre un humano y un vampiro no es de: vampiro malo y colmilludo muerde a su pareja y lo hace otro más. ―Negó entre ofendida y divertida―. Eso suele suceder si ambas partes deciden ser uno mismo, pero hay otra forma.
Omar sonrió un momento dándose cuenta de que ciertamente era un analfabeto de estos seres, sin embargo tenía hambre de aprender todo de ella.
―Si el vampiro es mujer ―continuó la muchacha―, las cosas cambian y mucho. Nosotras necesitamos el reclamo de nuestro compañero, él que nos protegerá y… ―Lo miró de arriba abajo viendo su delgada figura―. Bueno, a lo mejor esta vez hay una excepción pero usualmente cuando llega a ser la hembra, sois vosotros los que marcáis y bebéis de nuestra sangre. Pero solo puede pasar si hay un beso de verdadero anhelo por la otra parte. Así que ―esta vez sonrió dejando ver toda su dentadura de lo enorme que era la sonrisa―, tú me anhelas de forma sincera, me aceptas aunque seas cabezota y tu druida sea un incordio.
El negó con la cabeza y acarició su rostro con su mano derecha, para un segundo después atrapar su pequeña manita y llevarla a su pecho masculino.
―Te equivocas. No fue el druida el que se negó ante lo obvio. Él te anhela y gritaba desde el inicio que por fin había encontrado a su compañera. Es el hombre inculto e idiota el que no veía la realidad. Abril.
Ella sonrió al escuchar su nombre de los labios del que ahora y para siempre seria su pareja.
―Y ahora… ¿qué quiere el hombre y el druida?
No hubo palabras. ¿Para qué? Solo sabía que el beso de Abril, de SU Abril era lo que insuflaría a partir de ahora no solo su aliento y sus latidos, sino sus ganas de vivir para siempre con la mujer que compartiría una eternidad. Lo sabía porque su magia se hacía más potente y su corazón se llenaba de alborozo al saber que la búsqueda había terminado.
Un carraspeo los separo haciendo que ambos vieran al hombre que aún seguía observándolos lleno de diversión.
―Sí, ya. Bueno, yo creo que por el momento no me necesitáis. Solo recordad que ahora sois uno. ―Se acercó a la chica y le dio un beso en la frente―. Sé feliz pequeña. ― Después se giró al muchacho y advirtió―; Un beso puede hacer por ti que recuperes la vida y la cordura. Pero el beso de mi pequeña Abril te abrirá por fin el camino a una felicidad eterna. Recuérdalo y no la hagas sufrir.
Dicho esto desapareció como una sombra cuando el rayo de luz devoró la oscuridad a su paso.
La pareja sonrió de forma tímida dispuesta a descubrirse a conquistarse y acompañarse por una eternidad.
Un año después.
Drake miraba la casucha embrujada. Después de los acontecimientos de hacía un año nadie se acercaba, ni siquiera los más valientes. Cuando por fin el sol se ocultó, sonrió y entró en el viejo edificio.
Los goznes de la puerta al abrirla delataron su presencia, sus pesados pasos no ayudaron a que fuera discreta su intrusión, mucho menos el rugir de su regordeta y sobresaliente tripa que exigía la cena.
―Ehhh, por fin llegas. ―La voz alegre de Omar lo sorprendió. El muchacho había cambiado totalmente. Su cabello largo a la altura de los omoplatos peinado en una coleta, su cuerpo fuerte y nada que ver con aquel flacucho que había entrado hacía algunos ayeres, y su mirada alegre delataban que el tiempo había puesto las cosas en su lugar.
―Bueno, quiero saber qué es lo que me tenéis que contar. ―Sonrió rascándose la barba.
―¡Estás aquí! ―Abril apareció corriendo por las escaleras, volando con esa elegancia que tenía y aferrándose a su cuello.
―Siempre que me llames lo haré, pequeña. ―Miró a la pareja expectante.
―Venga, díselo ―la alentó Omar que la tomaba entre sus brazos y sonreía feliz.
Abril no dijo nada, solo elevó su mano mostrando un anillo con una piedra roja como la sangre brillando.
―¡Por fin aceptó la ceremonia druida! ―confesó el muchacho―. Lo que me ha costado.
La joven comenzó a reírse y a bailar emocionada.
―Una muchacha decente siempre tiene que hacer sufrir un poquito. ―Sonrió feliz―. Además tenía que estar segura que es lo que querías de verdad.
Omar negó tirando de su brazo hasta estrecharla.
―Parece que no me conoces. ―Le sonrió y posó un beso en su nariz―.Un beso de Abril, es lo único que quiero para vivir por siempre.
―Entonces bésame y vive, Omar. Bésame y vive.