traje chicles, por si vomitaba
PARTE 1
ME GUSTA, NO ME GUSTA
Tony tenía 23 años y le gustaba mucho el jugo de mango, las sopas instantáneas, el color naranja, el facebook, los cuadros con animales, el cabello lacio, los regalos de navidad, el Tom Collins, las gomitas de dulce, el panqué, recostarse en el sillón, ver y comparar shampoo, cortarse el cabello, dormir con el ventilador prendido y cobijarse. Su nombre no le gustaba.
Nadie en el 2011 se llama Antonieta pensaba constantemente, por eso había hecho que todos sus amigos y conocidos la llamaran Tony.
Además tenía una suerte terrible, cuando su hermana le prestaba el coche, siempre los pájaros se hacían sobre él, dejándole motas blancas por todo el parabrisas; se daba toques cuando conectaba la secadora de pelo, se hacía sándwich con jamón caducado y terminaba escupiéndolo en el lavabo, su equipo favorito siempre perdía y habían descendido dos veces, una vez dejó la puerta del baño sin seguro y su prima la abrió, para después irse corriendo, sin disimular sus carcajadas.
No le gustaba el huevo, ni usar lentes, no le gustaba el color morado, ni las palomas, le daban asco, los grillos igual, le daba pavor el dolor de estómago, odiaba envolver regalos, el 14 de febrero, las películas de Maria Félix, las sandalias plateadas o doradas y Katy Perry.
Tocaba la guitarra, pero lo hacía muy mal, solo se sabía “Las Mañanitas” y “Señora, Señora”. Había dos cosas en el mundo que la hacían muy especial. Una de ellas era que su abuela tenía un blog, mismo que había creado por consejo de Tony, ya que cuando su abuelo murió, ésta se había sentido muy sola, y su nieta la animó a entrar a un curso de HTML y CCS.
La otra era que Tony estaba completamente enamorada del vocalista de una banda de rock alternativo de Guadalajara. Aunque el término enamorada le quedaba un poco corto. Estaba obsesionada con él y con su banda. Se llamaban Mayo y salían en Telehit, casi siempre junto a Zoe y La Gusana Ciega.
La obsesión de Tony era demasiada, tenía sus cinco discos, cada uno de ellos dos veces, cerca de ochenta posters estaban guardados en su closet, donde también había diez playeras con el emblema de la banda, en diferentes colores y presentaciones. Había grabado sus videos en un VHS y a diario revisaba las noticias en su sitio Web.
Le gustaba mucho la banda, pero aunque le daba pena decirlo, su obsesión por Alex Jara, el vocalista, era más grande que su amor por la música. Él era atractivo dentro de un plano normal. Tenía el cabello ondulado, castaño oscuro, era delgado y de ojos azules, sin ninguna característica en particular que lo hiciera diferente de los demás. Sólo los ojos. Sin embargo, a Tony le gustaba más que su físico, su manera de cantar y sus composiciones.
En cuanto a la voz se refería, la de Alex tampoco era la mejor, para muchos amigos de Tony, resultaba aguda y fastidiosa, en ocasiones nasal, pero para ella estaba bien. Aunque muy dentro sabía que no tan bien, pues lo que más apreciaba en Alex Jara, era la manera de componer, o eso era lo que creía.
Sus letras denotaban, a su forma de ver, un talento nato y una pasión que no encontraba en nadie más, pues a pesar de que no tenía el alcance de conocerlo, ni de cruzar palabra con él, sentía que con sus canciones ya lo conocía lo suficiente.
A Alex sí le gustaba su nombre, pero no su apellido, Jara, Jara, sonaba como risa y como a jarra, pero su nombre tenía personalidad. En realidad se llamaba Alejandro, pero AleJAndro JAra ya se le hacía mucho, por eso había hecho de Alex su nombre artístico.
Tenía veintinueve años y le gustaba el agua embotellada, los marcatextos, las nubes cuando se arremolinaban tras las montañas, comer salmón y camarones al coco, el cereal con mucha leche, las casas del Pedregal y escribir canciones.
Odiaba que no se agotaran los boletos para sus presentaciones, que le hicieran ruido mientras componía, que algún otro integrante de la banda hiciera críticas no constructivas a su trabajo, que le diera gripa porque la voz se le hacía rasposa, que su novia no entendiera sus canciones y tampoco le gustaba mucho viajar.
Se había tenido que acostumbrar a ello, pues las giras cada año crecían en número y en distancia, y fuera en avión o por tierra, le fastidiaba todo el proceso de hacer maletas y registrarse en hoteles.
En los últimos meses, Mayo se había consolidado como una de las bandas más importantes del país, al presentarse en el Foro Sol de la ciudad de México, y con ello, gracias al éxito de dicho concierto, fueron invitados a ser parte del Corona Fest 2011. Alex no podía estar más feliz, aunque un poco intranquilo; le preocupaba que junto a bandas como Maldita Vecindad, La Castañeda y lo que quedaba de Jaguares, su música pareciera muy sosa, muy infantil, muy MTV, muy aburrida , muy pretenciosa, o quizá no lo suficiente. Eso no lo dejaba dormir a gusto, no obstante, confiaba mucho en su propio talento.
PARTE 2
www.mayomusic.com
Eran las 2:30 de la mañana cuando Tony se sentó frente a su computadora en pijama, soplándole a una sopa instantánea de camarones con limón y dando clic al mouse. Ya era hora de dejar los jueguitos del Facebook por un rato y revisar qué había en la página de Mayo. El alma se le fue a los pies cuando vio un banner anunciando la participación de Mayo en el Corona Fest de aquel año.
-Y estarán aquí, ¡no puede ser, no es cierto, no lo creo!- un poco de sopa se le derramaba por el labio, ensuciando la computadora, pero no le prestó atención. Lo vería, quizá no tan cerca, pero había pensando en escucharlo cantar en vivo desde hacía mucho tiempo. Un año antes, se asustó porque la banda había anunciado su separación indefinida, cuyo periodo de alejamiento resultó ser de tres meses, lo suficientes para conseguir publicidad gratis, y a la vez para que Tony se deprimiera durante los mismos.
Faltaba más de un mes para el Corona Fest de la ciudad, pero el día llegaría, y aquella misma noche, Tony comenzó a mandar mails a sus amigos para ver quién la acompañaría, pues a pesar de que a ninguno de ellos les gustaba Mayo tanto como a ella, y la consideraban una banda normal, de mediana calidad en la guitarra de letras pretenciosas y californianas, sabían del desenfrenado amor que ella sentía hacia los músicos y no les quedaría otro remedio más que acompañarla.
La música había sido parte muy importante de la vida de Tony incluso desde antes de nacer. Su abuelo, de nombre Antonio, había sido mariachi en el Distrito Federal, desafortunadamente lo habían matado una madrugada cuando le quisieron quitar su violín, cuyo valor no excedían de lo que actualmente son setenta pesos.
El padre de Tony había sido arquitecto y no tenía nada que ver con la música, no así su madre, quien desde niña cantaba todo tipo de canciones, como Malagueña Salerosa, o varias de Chabela Vargas; para Tony había sido normal quedarse dormida en reuniones familiares escuchando arráncame la vida de un solo beso. Pero su mamá también había llegado a la madurez con la frustración de nunca haber hecho nada con su privilegiada voz, ni con su dominio de la seguridad en sí misma. Y en ocasiones Tony pagó por ello, escuchándola llorar, escuchándola hablar de eso cuando se tomaba un Gin Tonic de más.
Tony no había heredado ninguna facultad musical, ni de su mamá, ni de su abuelo. El amor por la música era lo que los resquicios de la genética le habían otorgado. De pequeña, fue Topo Gigo y el Club de Gaby. De adolescente, fue Green Day y Nelly Furtado. Ahora, era Mayo, y nada más que Mayo, alternando con los Beatles, para satisfacer su ego de conocedora.
PARTE 3
EXPLICACIONES.
La casa del Pedregal era color crema, habían comprado varios muebles y la decoración era de estilo minimalista. Todo a elección de Alex, pues su novia no tenía precisamente lo que era el gusto más refinado del mundo. Alex trataba de ignorar ese factor, pero a veces no podía, sentía que necesitaba a alguien que le dijera que sus canciones iban más allá de lo máximo, de lo inexplicable, y su novia Diana no lo hacía nunca, se limitaba a besarlo, sonriéndole, como si fuera suficiente, mientras él dejaba la hoja a un lado, con sus palabras en ella.
Una vez que terminaba sus deberes de novio, Alex descansaba sobre la cama, mirando hacia el techo, con sus ojos azules y profundos escudriñando la lámpara blanca que colgaba. Su novia se movía al lado suyo, como escapando de un mal sueño, y Alex se preguntaba cuánto tiempo pasaría antes de que él estuviera lo suficientemente gastado, lo suficientemente escuchado en estaciones de música pop como para poder desistir.
Sintió a Diana moverse entre las sábanas.
-¿No puedes dormir, amor?- le preguntó, tocándolo en el brazo.
-Sí, pero estoy nervioso, me preocupan las presentaciones al lado de bandas ya consagradas, no sé cuanto tiempo ira a pasar antes de que dejemos de ser la banda telonera.
-… precioso, no digas eso, ustedes no son la banda telonera, son invitados al Corona Fest también y eso es lindo y me da gusto, aunque no me gusta que tantas putillas se mueran por ti- dijo Diana, acomodando su almohada.
-¿Qué?- Alex parecía distraído.
-Ni me pelas, amor- contestaba ella. Alex se sintió un poco asqueado ante el uso de la palabra amor. La había usado en muchas canciones, pero no de una forma tan gris y directa como lo hacía Diana.
-Es que estoy distraído Diana, creo que necesito tomar agua- Alex se levantó y fue a la cocina, cuya decoración era muy linda, minimalista también. Gris con rojo. Alex tomó un vaso de plástico, también gris, también rojo, también su idea. A veces le desesperaba que Diana no aportara nada Le gustaba tener la última decisión, pero al menos esperaba que su novia cooperara con algunas ideas. Nunca había sido así, y eso lo ponía un poco incómodo. Pero nada, nada lo molestaba tanto, como el hecho de que Diana, con su año y medio de ser novios tuviera tan poco interés en entender sus canciones y siempre, después de acostarse, le pidiera a Alex que le explicara de qué trataba aquella canción acerca de la niña que sola, recorría un parque en las noches, en las tardes y después desaparecía, decepcionada porque a sus cinco años de vida, jamás lograría ver un amanecer.
Cuando Alex regresó al cuarto con el vaso lleno de agua fría, como esa que uno necesita cuando sufre resaca interminable, la miró, estaba ya dormida. Era hermosa, bajita, muy delgada, de pelo lacio y de ojos rasgados. Sentía por ella mucho cariño, y estaba acostumbrado a que así eran las cosas, que quizá su novia no tenía que amar sus canciones como decía que lo amaba a él. Pero a Alex le costaba trabajo acostumbrarse.
A veces le hubiera gustado sentir que Diana realmente se emocionaba con lo que él escribía, que estaban en la misma frecuencia, que podían tomar vino tinto durante horas y terminarían hablando de lo mismo, sintiendo empatía.
Se recostó a su lado, apretando los ojos fuertemente, hasta que se convenció de que tenía que dormir, y de que lo más importante era pensar en que mientras se tuviera a sí mismo , mientras tuviera su pasión tan abundante, no importaban muchas cosas más.
PARTE 4
LOS OJOS
Se abrieron con convencimiento, era un sábado cualquiera, o no era. Era de día, hacía calor, pero Tony se consolaba, se animaba pensando en que era sábado, el sábado que tanto esperaba, que Mayo y Alex estaban en la ciudad, y que él respiraba el mismo aire que ella, y que lo que sentía en el pecho no se comparaba con ninguna otra emoción, ni con ningún enamoramiento, mismos que por cierto, hacía mucho tiempo no sentía. Para ella el único enamoramiento era regresar a su casa en el camión, con su discografía de Mayo en el mp3, mirando hacia las calles, observando los niños disfrazados de payasos, las señoras sentadas afuera de iglesias, los camiones de refresco, todos mientras escuchaba la voz de “si a ti no te importa, a mi tampoco , sino brillas, yo menos”, veía los carritos de camote, los coches Audi negros, la antigua estación de tren que hoy era un museo, las mueblerías con cincuenta por ciento de descuento. Todo era Mayo, todo era poesía de Alex, todo eran sus ojos azules. Lo era el circo con banderas suizas, las lavanderías llenas al tope, los cafés solitarios, los bancos. Tony pensaba ocasionalmente que ella, con sus ojos grandes y grises, no quería convertirse en un jardín de banco. Le horrorizaba la idea de esperar y esperar por siempre, hasta las diez de la mañana, con el sol pegándole en las sienes, con la brisa matutina rozando y dañando sus fosas nasales, con los limosneros y los mosquitos.
Las canciones de Mayo eran como el chocolate amargo de cuando tenía seis años esa bebida que en casa se preparaba todos los viernes , antes de que su abuelo muriera, antes de que lo llevaran al cementerio y ella no entendiera nada de lo que estaba ocurriendo, las canciones de Mayo podían ser como el niño del kinder que le gustaba y que un día se había burlado de sus tijeras de plástico, como el cenicero que su mamá llenaba todos los viernes en las reuniones con sus hermanas, como la cerveza que su papá tomaba en las de los domingos con el tío Alberto y con el tío Martín. Como esas, pero menos densas.
Para Tony, quien durante toda su vida quiso tocar la guitarra, las canciones de Mayo eran similares a la voz esperanzada por un segundo de David Bowie cuando cantaba we can be heroes just for one day, o como la de George Harrison cuando se levantaba discreta, a veces opacaba por las de sus co-integrantes, o como la de Brandon Flowers cuando decía que tenía alma, pero no era un soldado, y se pegaba al micrófono, sudando hasta que perdía el peinado perfecto.
Pero lo que más importaba a Tony, eran esas noches cuando conseguía comprar un vino tinto, no muy caro, pero suyo y se encerraba en su cuarto en short y playera a escuchar una variedad de canciones, viendo cortos de cine, y quedándose dormida hasta muy tarde ya.
Las canciones interpretadas por Alex Jara eran como quedarse hasta la una de la mañana platicando con sus papás , o hablando por teléfono con un nuevo novio, susurrando. Así, Tony abrió los ojos aquel sábado, con unas expectativas bajas, en comparación con lo que le pasaría.
PARTE 5
MI DULCE
Tony llegó al estadio donde se llevaría a cabo el Corona Fest, acompañada de cuatro amigos, dos hombres y dos mujeres. Llevaba una playera rosa que decía Mayo en la parte de adelante y tenía varias fechas de conciertos en la parte de atrás.
Entraron y la primera imagen que Tony vio fue una larga fila de personas se apilaban en la entrada, empujándose, algunos discutiendo con los guardias y elementos de seguridad. Con trabajos, Tony y su grupo de amigos se colaron en aquel grupo, haciendo como que empujaban y haciendo como que discutían hasta que mostraron sus pulseras de acceso y pudieron entrar.
Había mucha gente en el interior del estadio, la mayoría, según sus playeras y sus edades, parecía que iban a ver a otras bandas, en un costado vendían cervezas a treinta pesos y en el otro había puestos de hamburguesas que no lucían confiables.
-Vamos adelante- les pidió Tony, jalando a una de sus amigas.
-Pero se aperra bien gacho- contestó uno de los muchachos que la acompañaba, quien ya traía una cerveza en la mano.
-Ándale Jorge, ahorita no hay tanta gente aún, podemos meternos bien al frente…- rogó Tony, acercándosele. Jorge había estado enamorado de ella desde la secundaria.
-¿Para qué?, aquí se ve chido- contestó, dándole un trago a su cerveza.
-¡Se ve bien lejos!- Tony agarró de la mano a una de sus amigas- me vale, yo sí me voy para allá y Sara viene conmigo, ustedes quédense aquí si quieren- y dicho esto, jaló a su amiga y comenzó a caminar en dirección al escenario.
-¡No mames Tony!- gritó- a ver güeyes, pues vamos…- Jorge caminó y los demás lo siguieron.
-¡Van a ser los primeros! -Gritó Tony una vez que estuvieron al frente, apretujados. Jorge apenas podía sostener la cerveza.
-¿Quiénes?- preguntó.
-¡Mayo!- Tony tenía la emoción desbordándose; una chica delante de ella volteó a verla con cara de fastidio. Tony podía ser realmente irritante, aun sin quererlo. Era intensa y eso terminaba por molestar a mucha gente que no podía tolerar sus gritos, sus risas indiscretas o sus saltitos.
-Esos qué -dijo Jorge.
-Ash cállate, tú que sabes- contestó- a ti te gustan puras chingaderas- Tony tenía la certeza de que no dejaría que nadie, ni nada le arruinara el día, aún faltaban cerca de cuarenta minutos para que todo iniciara.
-¿Quieres un dulce?- preguntó Jorge, tratando de subsanar el asunto. Tony lo volteó a ver.
-No, gracias- murmuró, yo espero al mío.
PARTE 6
DESDE EL ESCENARIO
Cada vez que salía, se ponía nervioso como si fuera a recitar un poema enfrente de todos sus compañeros de la primaria el día de la Madre. Vestía de gris, con un saco y unos jeans azules, una bufanda gris también, le colgaba casualmente del cuello.
-¿Ya está?- preguntó al resto de los miembros de la banda, aplaudiendo.
-Ya mi Alex, cuándo digas- el baterista se acomodó el peinado, su nombre era Sergio.
-Aguanta, me cala algo en los ojos- dijo Pablo, el guitarrista, quien tomando un kleenex se limpio los párpados y el resto de la cara.
-¿Estás listo Alex?- el bajista, Lucio le puso la mano en el hombro y le aflojó la bufanda- esta madre te va a ahorcar, mejor quitatela.
-No mames, está chida- Alex se la volvió a acomodar y los miró a todos, frotándose las manos- salimos.
La primera de las luces volvió a hacer que a Pablo le calaran los ojos y automáticamente se tapó con la mano, Sergio saludó con las manos en alto, Lucio gritó pero su expresión fue opacada por la euforia que venía de la gente. Alex recorrió al público con la vista, tomó el micrófono entre sus manos, sonrió y empezó a cantar.
PARTE 7
EL ÉXTASIS
Tony no podía creer que estuviera tan cerca, ni que a pesar de ello, aquel momento no fuera a durar mucho, a lo mucho restaban otros diez minutos para que Mayo se retirara del escenario. Pero todo había sido tan perfecto como había imaginado desde que supo de aquella presentación.
Ocho minutos y estaba segura que pronto se irían, ya se habían salido del escenario y regresaron porque el público les exigía otra canción más. Quedaba poco tiempo y Tony lo sabía. Volvería a escuchar la voz de Alex Jara en su mp3 y en los videos, nada más, como antes, y eso le produjo una profunda tristeza.
Cinco minutos y seguramente se irían, sentía lo contrario a un vació dentro de sí, sentía un peso, como si le hubiesen dejado caer un martillo en el estomago, como si todos y cada uno de los fines de semana de su vida estuvieran arruinados, como si las vacaciones de repente estuviera prohibidas o la moda fuera ser tonto. Con cada paso del tiempo, de ese poco tiempo que tenía, Tony comenzaba a sentir un sabor amargo en la garganta, peor que cualquier tipo de anginas, y lo que más la frustraba era que con nadie podía hablar de ello abiertamente, pues todos se burlarían de ella o minimizarían aquel sentimiento.
Tres minutos y la canción estaba por llegar a su fin, Jorge parecía incluso emocionado con la actuación de Mayo, había sido una sorpresa muy agradable para todos aquellos que habían ido al concierto para ver a otras bandas. Un minuto.
PARTE 8
LA DECISIÓN.
Alex Jara decidió que se aventaría al público al terminar, y lo decidió cuando las ganas de llorar lo invadieron, luego de escuchar a cerca de 2000 voces coreando una canción escrita por él. No sabía si alguna vez volvería a sentir ese impulso y esa seguridad, podría ser que el día de mañana la gente se aburriera de él, de su voz, que alguno de sus compañeros fuera lo suficientemente arrogante como para crear una banda diferente y abandonarlo, que Diana se olvidara de él y lo dejara viviendo solo, sin inspiración alguna, aunque se hacia tonto si pensaba que su novia era su principal móvil. Pero decidió aventarse para que el público lo cargara, simplemente porque le nació hacerlo, porque la adrenalina, cosa a la cual él siempre fue adicto, le emano de una manera tan única, que quiso tocarla un poco más de cerca y compartir esa pasión con la gente que aquella noche, le había prestado voz, cantando con él.
PARTE 9
EL PRIMER ROBO
No había razón alguna para esperar eso, en la cabeza de Tony todo era emoción burbujeante, casi efervescente. Su primer sentir cuando vio que Alex se lanzaba hacia ellos fue miedo, nunca esperaría morir aplastada por él, pero cuando el resto gritó y lo cargaron, pasándolo de mano en mano, Tony tuvo que decidir rápido, era tocarle el cabello, tratar de besarlo o arrancarle la bufanda. Lo tuvo tan cerca, que pudo ver las gotitas de sudor corriéndole en la cara, su piel tan cuidada y los ojos cerrados, apretando las pestañas. Un beso quizá hubiera sido mejor, un beso a Alex, mientras de fondo se escuchaba el fin de una de sus canciones favoritas de todos los tiempos, una canción casi electrónica o indie, no estaba segura, nunca lo estuvo. Pero no tuvo tiempo de pintar ese escenario romántico que en su cabeza había imaginado muchas veces, así que sus manos se las arreglaron para subir lo suficiente y de un tirón, jalarle la bufanda que colgaba de su cuello. El tacto era suave y un poco mojado, debido al sudor. Tony la dobló entre sus manos y la metió bajo su playera, cuidando de que nadie lo notara, que nadie se la arrebatara, era suya, ella se había tomado el trabajo de pensarlo y de estirar las manos para tomarla, además sabía que la merecía.
Y Mayo se fue, salieron del escenario aventando besos y despidiéndose, saltando, dando gritos, la cara de Alex exponía una euforia que Tony sintió compartida.
PARTE 10
LA IDEA
Aquella noche, Tony no pudo dormir, y tampoco Alex. A ella le dolía el cuerpo de los empujones, y las piernas por haber estado de pie tanto tiempo brincando. A él le dolía la garganta, se había resfriado, la mezcla de sudor y viento le habían hecho sentir mal, tenía escozor en la garganta y congestión nasal. El cuarto del hotel era sólo para él, no compartía con los demás.
Tony tampoco compartía cuarto con su hermano desde que tenían diez años. Trataba de dormir con la luz prendida, recordando cada momento del concierto, y queriendo revivir en la cabeza cada canción. La bufanda de Alex Jara descansaba en la almohada de al lado. Tony no quería tocarla, para no quitarle la esencia, y mucho menos quería que nadie la tocara nunca.
A las treyde la mañana, seguía sin poder pegar los ojos; se puso a hojear un periódico que se encontró en el cuarto de sus papás, de esos repletos de anuncios vendiendo oro, cremas para bajar de peso, fondos para el celular y muchas otras cosas. Cuando Tony comenzaba a leer una noticia en la que se informaba que Consuelo Duval se había hecho la cirugía plástica cuatro veces para agradar a su marido, vio en la página contigua algo que llamó mucho su atención. El anuncio resaltaba de los demás por ser gris y discreto, a comparación del resto que tenían como fondo parejas besándose, decía “Al alcance de tu mano”, Tony se miró sus propios dedos y sonrió ante la casualidad de la frase. Siguió la lectura “no hacemos amarres, no te dejes engañar por la competencia, pero te aseguramos que con nuestro servicio, una parte importante de ese ser querido, permanecerá siempre en ti. El amor no se puede forzar, pero otras cosas sí” rezaba el pequeño anuncio.
-No mamen…- murmuró Tony, con una media sonrisa. Luego de pensar por más de media hora, arrancó el papelito y apagó la luz. Minutos más tarde, se quedó dormida.
PARTE 10
MAL PRESENTIMIENTO
La gripa no se le quitaba, por más que tomaba pastillas y té de limón, ésta parecía ir de mal en peor. Casi no podía hablar, y el malestar le impedía dormir bien.
-Guey, ¿no te habrás fumado algo que te desmadrara así?- preguntó Lucio, una vez que abordaron el avión. Alex tenía la nariz roja y llevaba una chamarra azul que le cubría casi todo el cuello.
-No me estés chingando- dijo con una voz de ultratumba y cerró los ojos.
-Uts, pues qué genio, yo nomás decía- aclaró su amigo, poniéndose los audífonos.
Alex trató de no pensar, de concentrarse en que aquello sólo era un resfriado y que
pronto pasaría . Repentinamente abrió los ojos de nuevo, toda la pesada sintomatología
del resfriado le había hecho olvidar algo. Tocó a Lucio en el hombro.
-¿Traes chicles?- le dijo.
-Sí, ¿por qué?- Lucio se quitó los audífonos.
-Es que sé que voy a vomitar- señaló, aún con la voz ronca y casi inaudible.
-Estas loco, güey- no obstante, Lucio sacó el paquete morado y se lo entregó.
-No sé, tengo un mal presentimiento- Alex volvió a cerrar los ojos.
PARTE 11
EL SEGUNDO ROBO
La verdad era que Tony había esperando entrar a un lugar oscuro, colonial, con el
cliché de cabezas de cerdo colgando y hojas de pirul por todos lados. Había esperado ver un brasero de incienso en la puerta y colguijes de deidades africanas, imágenes de la Santa Muerte envuelta en tela morada y naranja. La impresión casi decepcionante que Tony sintió al entrar a una casa de Infonavit, pintada de blanco, con dos velas en la mesa del comedor y dos hombres vestidos de blanco sentados en ella, fue como la decepción que siente un niño cuando pide una botarga de Batman para su cumpleaños y le envían una de Robin, o aún peor, de Blue Demon.
-Pase señorita- dijo uno de los hombres, ambos tenían alrededor de treinta años.
-¿Con quién fue con el que hablé por teléfono?- preguntó ella, sentándose en la mesa.
-Conmigo- dijo el de la derecha, que era blanco y calvo. Un silencio incómodo se coló en el ambiente.
-Bueno- dijo el moreno aplaudiendo, tenía barba y ojos cafés- manos a la obra, cuéntanos acerca de este niño- le dijo sonriendo.
-Pues…- Tony apretaba la bufanda en sus manos, sintiéndose como una loca peligrosa- se llama Alejandro Jara, tiene 29 años, le gusta la música, de hecho él es músico, tiene los ojos azules más hermosos del mundo, el pelo ondulado y canta muy bien.
-Aja, muy bien- el calvo hacía anotaciones.
-¿Han tenido alguna relación sentimental?- preguntó el otro. Tony rió.
-Nunca, y no creo que pase, sinceramente.
-¿Amor imposible?- el calvo levantó la vista.
-Algo así.
-Niña, tienes que ser clara, si no lo eres difícilmente podemos hacer algo por ti- la regañó.
-Me siento ridícula
-No te apures- dijo el moreno, que lucía más amable- todos los que vienen la primera vez se sienten ridículos.
-Yo más.
-Eso dicen todos.
-Él es cantante de una banda famosa- aclaró Tony. Ambos tipos se miraron.
-¿De cuál?- dijo uno.
-Mayo.
-Mmm, ¿es uno alto, de pelo como chino, y de ojos azules?
-Él es Alex Jara.
-¡Ah mira!, sí lo ubico, pero no sabía que así se llamaba.
-Bueno, en fin, esto es ridículo, creo que mejor me voy.
-Como desees, pero no pierdes nada intentándolo- le sonrió el moreno, guiñandole un ojo. Tony lo miró y permaneció en su lugar.
-No vamos a hacer que se enamoré de ti- aclaró el calvo.
-Eso es imposible, nadie puede hacerlo, aunque no fuera famoso, aunque fuera tu vecino o tu compañero de clase, eso es imposible.
-Lo sé- Tony no pudo evitar un poco de desilusión en su voz.
-Pero sí podemos hacer algo por ti- indicó el calvo.
-¿Qué llevas en la mano?- Tony levantó la bufanda, cuyos bordes en azul la hicieron lucir sumamente bonita, no era cualquier prenda.
-¿Es suya?
-No, es del chofer del taxi que me trajo- Tony no pudo evitar el sarcasmo- sí, claro que es suya.
-Sin sarcasmos ni jetas, niña, ¿Ok?- el calvo tomó la bufanda.
-Pues sí se viste bien el tipo- comentó el moreno.
-Necesito, Tony, que pienses en lo que más te gusta de este muchacho, lo que más le admires, lo que te hizo venir aquí y contra tu sano juicio, estar sentada en una mesa con dos desconocidos que bien te pueden robar o violar, pero que a pesar de ello, quisiste venir- Tony cerró los ojos y rememoró la primera vez que escuchó cantar a Alex. Había sido 4 años antes, mientras cambiaba de canal en la TV, Jorge y un par de amigos más sentados en su sala.
-Tocan chido esos- dijo Jorge.
-Son como Zoe región 4- contestó otro.
-El vocal está guapo- murmuró Tony, comiendo palomitas azucaradas. Jorge la miró
-La neta, sí suena bien copia de Zoe, pero más de Babasónicos- dijo.
Tony sonrió, no eran copia de nadie, y menos Alex.
-Tony- dijo el calvo- es importante que digas la verdad, ¿Qué es lo que más te gusta de él?, di la verdad, porque lo que te guste, eso será para ti-
En ese momento Tony tuvo que aceptar que la voz de Alex era nasal y un poco molesta, que sus letras podrían ser pretenciosas y que su personalidad era muy fresa para ser rockero. Le dolió un poco darse cuenta de las fallas y defectos de Alex, le dolió como duele enterarse que tu mejor amigo de la primaria está en la cárcel o que tu tío tiene un problema monetario.
-No sé- respondió Tony, los dos tipos la miraron.
-Esa es la respuesta más estúpida que pudiste dar.
-¿Qué es lo que más te gusta de él?-volvió a insistir el calvo.
Tony recordó a Alex aventándose al público, sonriendo, con los ojos cerrados, el cabello en desorden, la manera de tomar el micrófono, el temblor de su boca cuando la gente cantó al unísono con él.
-¿Y?
-Su pasión.
PARTE 12
SÍNTOMAS
Alex llegó a su casa en el Pedregal sintiéndose mareado. Tenía náuseas y las manos le temblaban. Al entrar, dejó las llaves sobre la mesa, donde encontró un recado de Diana.
“Fui con Paty y Lulu a la cámara de bronceado!!, Besos, te amo!!”.
Alex dejó el papel con indiferencia y se puso a ver televisión. Estaba cansado, se sentía fastidiado, aunque no sabía si la razón era el vuelo, la gripe, o el hecho de que desde hacía un par de horas, lo último que quería hacer, era escuchar una sola nota musical.
PARTE 13
LA BUFANDA
Iban a ser las 7 de la noche cuando Tony abandonó el lugar, luego de intercambiar correos electrónicos con los dos tipos, el calvo se llamaba Mike y el moreno se llamaba
Luis, pero le decían el Gato. Tony llegó a su casa sintiéndose bien, con el gusto de haber intentado algo que tenía la certeza, no iba a resultar nunca. Sin embargo, haber pasado la tarde contándole a alguien acerca de él, sin sentirse tonta, le había dejado una sensación muy agradable. Se puso la bufanda de Alex, que aún olía a su perfume.
PARTE 14
EL PRIMER DÍA.
Alex se levantó a fuerza. Diana lo obligaba a acompañarlo a desayunar con unos amigos que tenían en común, pero lo único que el vocalista quería, era seguir durmiendo.
Llegaron a VIPS agarrados de la mano, ella sonriendo y él con una cara de fastidio que no quiso, ni pudo disimular. Se sentó pesadamente sin saludar a nadie más que con un leve inclinamiento de cabeza.
-Ay Alex, quita esa cara- le susurró Diana detrás del menú.
-No tengo otra.
-Ay no seas menso, sabes a lo que me refiero.
-No, no sé.
-Alex…- lo miró, seria.
-¿Qué Diana?, con nada se te da gusto, querías que viniéramos y aquí estamos, ahora quieres que sea un muñequito y cuente chistes o me paro de cabeza o ¿qué hago?- los amigos de Diana trataban de disimular haciendo como que no escuchaban.
-No te obligue a venir Alejandro- le dijo ella, haciéndose la ofendida.
-Pues me voy entonces, faltaba más- Alex se paró y sonrió a los amigos- se cuidan.
-¡Alex!- dijo Diana
-Te veo al rato-contestó.
-¡Alejandro!- volvió a decir, pero él ya cruzaba la puerta de cristal, recibiendo las llaves de su coche del valet parking.
No se entendía, no quería estar en ningún sitio, mucho menos en un restaurante, sentado, haciendo como que le interesaba lo que Diana y esas personas tuvieran que decir. Subió al coche y arrancó, poniéndose unos lentes oscuros. No prendió el radio, los últimos días sentía como si la música le produjera algún tipo de alergia, como si le diera comezón, dolor de cabeza, diarrea, reflujo, asco, todo de un junto.
Su celular sonó, sacándolo de esos pensamientos que no le gustaban.
-¿Sí?
-¿Qué onda, güey?- era la voz de Lucio.
-¿Qué pasó?
-Nada, aquí, oye, es que se me esta ocurriendo una idea chida para el disco nuevo, sé que aun falta, pero por si acaso, vale juntar todo, ¿no?- la voz de Lucio le resonó en los oídos como si le hubiera dicho que estaba en quiebra y que tenia que vender su casa y sus bienes por entero.
-No mames- respondió
-¿Qué?-Lucio se escuchó confundido
-¿Por qué estas haciendo eso?
-¿Qué tiene?
-Nada, pero pues, para saber, vamos a jalar juntos ¿o no?
-¿De qué hablas?
-No sé, no me siento bien, te marco al rato- Alex colgó, sin dejar oportunidad a que Lucio se despidiera. Recorrió varias avenidas hasta llegar a su casa, donde se encerró en su cuarto, pensando. Eran las 4 de la tarde y Diana no regresaba, pero esa no era su principal preocupación. Era una etapa, se refugió en la oscuridad, cerrando las cortinas, era una etapa.
PARTE 15
AUSENCIA
Eran ya dos semanas sin que Tony viera una noticia nueva en www.mayomusic.com. La del concierto había sido la última y la cara sonriente de Alejandro se veía en la pantalla.
No había novedades ni en Internet, ni en el radio, ni en la televisión. Tony comenzó a asustarse, a sentir como si estuvieran a punto de darle una noticia difícil de digerir.
PARTE 16
NO ES QUE NO PUEDA, PERO NO TENGO GANAS.
En el bar al cual acostumbraban ir desde que eran una banda de garage, Alejandro y el resto de los miembros de la banda se miraban con preocupación.
-No sé, tal vez estoy enfermo.
-¿De que?- le preguntó Pablo, quien ya usaba lentes.
-Si he escrito cosas, pero me salen de la chingada y así no puedo- Alex hundió la cabeza entre los brazos, dejando unas hojas en la mesa.
-A ver- dijo Lucio, tomándolas.
-No tengo ganas de nada, ni de cantar, ni de escribir.
-Ha de ser una etapa güey - le dijo Pablo, dándole una palmada en la espalda. En el bar comenzaba a sonar “Creep” de Radiohead.
-Ya he estado en etapas y no se parecen a esta.
-Estás bloqueado- dijo Lucio, dejando las hojas en la mesa.
-Ya he estado bloqueado y ahorita sí puedo, pero es que no tengo ganas.
-¿Cómo que no tienes ganas?
-Pues así, como cuando no tienes hambre, ni sueño.
-¿No estarás deprimido?
-¿Te va a dejar Diana?
-¡Me vale verga si me deja Diana!
-Es tu novia güey, qué poca.
-¡Mi novia es una pendeja a la que le tengo que explicar mis canciones!- gritó, llamando la atención de algunas mesas alrededor.
-Tenemos muchas aristas para resolver ese problema, Alex- dijo al fin Lucio.
-¿Ah, si? dime una- Alex, con cara de incredulidad y los ojos entrecerrados lo miró.
-No te va a gustar- le advirtió.
-¿Me ves con cara de andar eligiendo?, dimela pues- los ojos azul acero de Alex se posaron en su amigo.
-No escribas más- Alex no se quejó, los miró a todos, uno a uno.
-¿Alguien más piensa igual?- preguntó. No obtuvo respuesta.
-Te ves muy mal Alex.
-Claro que me veo mal, no he dormido, escribo pendejadas y esas pendejadas ni siquiera me salen bien, creo que ni tiene la categoría de pendejadas.
-Por eso lo decimos-se animó Lucio.
-¿Y entonces?, nomás dejamos… ¿y ya?
-Bueno…-Lucio lo miró, nervioso- la idea más bien era que uno de nosotros escribiera el siguiente disco, digo no perdemos nada- Alex lo miró, entendiendo.
-Pero…
-Queremos que estés bien, Alex.
-Estaré bien cuando pueda volver a escribir. Cuando tenga ganas de nuevo.
-Pues sí man, pero como dicen vulgarmente, el show tiene que seguir.
-¿Y qué haré?
-Puedes seguir cantando- Lucio se encogió de hombros y miró a los demás, buscando el apoyo.
-Sí güey, sigues siendo el frontman, pero nomás deja que Lucio escriba las canciones, tiene unas chidas, ya las vimos.
-Ya- murmuró Alex, seguía cruzado de brazos sobre la mesa.
Los demás no supieron qué decir, parecía que Alex ni siquiera tenía ganas de protestar. Por un momento lo desconocieron, pero la mirada tan azul y tan vacía que les devolvió Alex al asentir, estando de acuerdo, dio la bienvenida a una nueva etapa.
-Pedimos algo, ¿No?-dijo Lucio, levantando la mano, buscando al mesero.
-¿Saben qué?, me dio sueño, nos vemos mañana- Alex se levantó de su lugar y con las manos en los bolsillos, salió, dejando en el ambiente un aura de indiferencia.
PARTE 17
ROBO CONSUMADO
La bufanda de Alex estaba enmarcada en un cuadro en la pared. Tony la miró, y prendió su computadora.
Al conectarse al Messenger, una ventana que tenía la fotografía de un par de caballos la saludó:
Mr. Cliché. Sácame de aquí, no me dejes solo dice:
Hola niña, como estas?
::Tony:: J dice:
Hola Mike, bien y tu?
Mr. Cliché. Sácame de aquí, no me dejes solo dice:
También, aquí echando la hueva… ¿Qué pasó con tu músico?
::Tony:: J dice:
No han salido noticias nuevas…pero así es a veces, pasa una temporada sin mucho movimiento antes del disco nuevo.
Mr. Cliché. Sácame de aquí, no me dejes solo dice:
Ah
::Tony:: J dice:
¿Por?
Mr. Cliché. Sácame de aquí, no me dejes solo dice:
Me metí a su pagina, creo que sí hay una noticia…
PARTE 18
GRACIAS POR PARTICIPAR
El 25 de agosto del 2011 fue el último día que Tony ingresó a la página oficial de Mayo. Ese día subieron fotos del concierto en el DF, la cara de Alex no podía lucir peor, estaba demacrado, con ojeras, con el cabello cenizo y ya no lo tenía ondulado. Aquel concierto había sido dedicado a covers de varias bandas, y de Alex no se percibía una sola gota de emoción, parecía un Kurt Cobain al borde del suicidio. Tony sintió una punzada de culpa.
Al día siguiente, Jorge, se presentó en su casa, y le pidió que fuera su novia. Tony estuvo a punto de decirle que no, pero Jorge le dio una rosa y un disco envuelto en papel de regalo.
-¿De quién es?
-Es una banda nueva, se llama The Mosh, son de Monterrey- explicó Jorge. Tony abrió el disco y el vocalista le sonrió desde la portada. Usaba lentes oscuros y tenia el cabello negro. Tony abrazó a Jorge y pensó en lo bien que lucirían esos lentes en su colección.