romeo y julieta en fuera de juego
Cinco minutos para las 3 de la tarde, la cancha del estadio Atletic lucía completamente llena, del lado sur, los aficionados del Inter Júnior que habían hecho el viaje para apoyar a su equipo, adornaban las tribunas del estadio, ondeando banderas y vociferando cantos robados de Argentina, al unísono. Al mismo tiempo, ambos cuadros salieron del vestidor y se encaminaron a la cancha, atravesando el interior de un oscuro túnel. Sólo dos metros separaban a los jugadores, quienes se dirigían miradas de intenso desprecio, casi de asco.
Al frente del Atletic Club iba Eder Vázquez, soberbio con su cabello negro y su piel blanca, contrastando con el azul total de su uniforme, excepto por las calcetas blancas y el escudo en el pecho.
El primero en la fila del Inter Junior era Rafa Rubio, numero 15 del equipo, quien a pesar de no ser muy alto, su moreno rostro reflejaba orgullo por ser el capitán del equipo cuya indumentaria era un jersey negro y un short rojo, con medias negras. Atrás de Rafa estaba Joaquín, el simpático jugador, amor imposible de miles de fans. Su cabello castaño lucía impecable entre las sombras del túnel, y hacía juego perfecto con el número 10 en la espalda de su uniforme.
El silbatazo del árbitro llamó a ambos capitanes al centro de la cancha. Eder y Rafa se acercaron corriendo.
-Antes de llevar a cabo el volado para decidir el saque inicial, les advierto que las tarjetas estarán muy baratas muchachos, no quiero un solo golpe, ni un solo conato de bronca, ¿estamos?, el primer jugador que se pase de vivo, sin importar de qué equipo sea, inmediatamente se va expulsado, ¿de acuerdo?.
-Sí profe- respondió Rafa, sonriendo con ironía.
-Sin problema- habló Eder, tronando sus dedos.
El saldo final fueron ocho tarjetas amarillas por equipo, dieciséis en total se escribieron en la cédula de aquel encuentro que concluyó en un empate, ya que después del penalti cobrado y anotado por Eder, era prácticamente imposible que los jugadores de las dos escuadras se concentraran en otra cosa que no fueran las patadas , los pechazos y las provocaciones.
***
La noche de Los Balones de Oro, los jugadores del Inter Junior llegaron al Hotel Hilton luciendo sus trajes de manera radiante, algunos se sentían incómodos y habían aflojado la corbata, otros entraron al elegante salón con paso firme. El lugar era amplio, los 17 equipos de la primera división estaban reunidos; 700 personas, incluyendo directivos de los clubes y federación.
-Ya regreso, voy un momento al baño- dijo Joaquín consciente de que nadie lo escuchaba y que a nadie le importaba a dónde fuera. Llegó hasta el bar, pero su mirada se distrajo viendo bailar a una chica de pelo rojo, que llevaba un vestido blanco y corto. Su rostro sonriente, sus carcajadas y la manera en que se movía lo congelaron por unos instantes.
-Señor, ¿le sirvo algo?- preguntó el barman. Joaquín lo miró sonriendo, distraído.
-¿Eh?
-¿Que si le puedo ofrecer una bebida?- insistió.
-Claro, un rob roy- señaló Joaquín e inmediatamente volvió los ojos a la pista, buscó a la pelirroja con la mirada, sin encontrarla; no obstante, al girar la cabeza, se dio cuenta de que estaba al lado suyo y que el barman le hablaba.
-¿Una bebida, princesa?
-Si un whiskey con agua mineral por favor-
-¿Whiskey con agua mineral?- dijo una voz a su lado, Amber volteó y se encontró con los ojos castaños que había visto unos momentos antes- ¿Me dejas probar- preguntó sonriendo.
-¿Los futbolistas toman whisky? - preguntó ella curiosa, pasándole el vaso.
-En ocasiones- Joaquín bebió un poco, y al regresarle la bebida se encontró con la mano de Amber- ¿cómo sabes que soy futbolista?
-Casi todos aquí lo son, excepto los que parecen muy mayores para serlo, en ese caso son entrenadores o parte del cuerpo técnico.
-Ó de los directivos.
-Sí pero esos son desagradables y tú no lo pareces- dijo ella con honestidad. Joaquín río.
-Entonces yo soy…- él le puso una mano en la cintura.
-Eres futbolista, y creo que al serlo no debes meter las manos- Amber entrelazó los dedos con los de él, no sabía por qué lo hacía.
-Eso es cierto, no las manos- nunca en su vida Joaquín había sido víctima de sus propios impulsos como en aquel momento, ni al cobrar un penalti cuando su equipo ascendió a la primera división, ni al maldecir al árbitro yéndose expulsado por tres partidos, ni al ser llamado a la selección sub - 23 hacía un par de años. Se acercó y besó a la desconocida del pelo rojo. No sabía quién era, pero por su manera de portarse, tenía ganas de lo mismo que él. La besó por varios segundos.
-Tengo que regresar a mi mesa- dijo ella, separándose.
-¿Cuál es tu mesa?- preguntó Joaquín. Pero cuando Amber abrió la boca para responder, el lugar se paralizó.
-¡Para conducir este evento, tenemos la presencia de Javier Alarcón y Gabriela Fernández de Lara!- se escuchó una potente voz.
-Tengo que regresar, te veo cuando termine la premiación- Amber comenzó a alejarse y Joaquín, aún extrañado consigo mismo, regresó lentamente a su propio lugar. Después de anunciar varios premios, por fin tocó el turno a la categoría en la cual Joaquín estaba nominado.
-Un buen equipo depende mucho de su media cancha- comenzó Gaby Fernández- su voz resonaba en todo el lugar.
-Alguien que brinde la oportunidad para la salida y a la vez, sepa hacer labor de sacrificio y defender- continuó Javier Alarcón.
-¡Estos son los tres nominados a mediocampista del año!
-Fabián Cruz, del Club Roca- la audiencia aplaudió
-Sergio Jiménez, del equipo Atlético Corona- más aplausos.
-¡Y el último nominado es Joaquín Defranco, del Inter Junior!- El aplauso fue mayor, Joaquín había sido el mejor del año, anotando 7 goles y dando 15 pases a gol.
-El ganador es…-comenzó Javier Alarcón, mientras Gabriela abría el sobre- ¡Joaquín Defranco!- Las ovaciones de la mesa del Inter Junior fueron fuertes, mientras Joaquín se ponía de pie para recoger su premio, su amigo Rafa le daba la mano. Seguido por una luz blanca, Joaquín llegó al escenario.
Nunca antes Amber había sentido una mezcla de sensaciones tan intensa como en el momento en que vio a aquel jugador caminar hacia el escenario. Un fuerte golpe de ternura, emoción y curiosidad la sacudían por cada movimiento de él; cuando se acercó a saludar a Javier, quiso ser la mano del conductor para sentir el contacto de los dedos de Joaquín como había sido unos minutos antes.
-Pues, antes que nada- comenzó el mediocampista, Amber sonrió al escuchar su voz- quisiera agradecer a todos aquellos que me han brindado su apoyo- Joaquín sonreía- especialmente agradezco a mis padres, a mis hermanos- Amber quiso esta vez ser el micrófono por el que hablaba, quiso ser todos los micrófonos por los cuales alguna vez Joaquín había dado entrevistas, y así sentir su aliento repetidas veces- finalmente, quiero dar las gracias a la que ha sido mi casa, mi otra familia, ya que sin ellos jamás hubiera logrado esto, este premio es para ellos- Joaquín alzó orgulloso el balón de oro- para mi club, ¡el INTER JUNIOR!
***
Joaquín de repente se sentía distraído, un mal presentimiento le dolía en la garganta, sus amigos bromeaban pasando su premio de mano en mano, Javier Alarcón y Gaby Fernández anunciaban la terna de delanteros.
-¡El premio al mejor delantero, es para Eder Vázquez, del Atletic Club!- Escuchó decir a Javier, mientras el joven de pelo negro caminaba al escenario, lo observó agradecer, pero no fue sino hasta el final de sus palabras, que sintió la novedosa consternación.
-…mis principales agradecimientos son para mi familia, para mi hermana que también es parte de nuestro club, esto es para ti, Amber- Eder señaló en dirección a su mesa y todas las luces se posaron sobre Amber. Como en cámara lenta, la mirada de Joaquín recorrió el lugar, pasó de Eder hasta el punto donde la luz brillaba, la que había besado y buscado toda la noche, aplaudía mirando a Eder con los ojos llorosos y Joaquín entendió, en su ropa, en su vestido azul con zapatillas blancas, reflejando los colores del Atletic Club, estaba la pelirroja llamativa de hacía un rato.
***
Al llegar a su hotel, Joaquín y Rafa Rubio, se acostaron a dormir sin comentar nada, había sido un día largo. A las cinco de la mañana, el mediocampista se levantó y sin hacer ruido, se puso su pants de concentración, tomó su celular, su cartera y después de mojarse un poco el cabello, salió del cuarto.
Cuarenta minutos después Joaquín llegó a aquel hotel enemigo. Afuera estaba el autobús oficial del equipo rival, el corazón le dio un vuelco y con cuidado de no ser visto, se internó en los jardines del elegante complejo. Todas las habitaciones estaban en la planta baja, pero aún así, sería complicado saber cuál era aquella en la cual estaba Amber. Joaquin sabía que era un riesgo, sabía que no debería estar ahí, entre las sombras matutinas de los árboles en aquel sitio. Pensó en lo extraño que sería si lo veía algún jugador del Atletic Club, o quizá algún miembro del cuerpo técnico. No, nada sería peor que verse descubierto ante un jugador enemigo.
Caminó entre los árboles mientras comenzaba a amanecer, cuando vio una ventana con la luz encendida, que llamó un poco su atención. ¿Sería posible que Amber tuviera la misma inquietud que él? ,¿Qué no pudiera dormir tampoco?, Joaquín observó la ventana por unos momentos y se mareó un poco cuando ésta se abrió; ahí estaba, la misma Amber, vistiendo un pants azul cielo y una playera blanca, con el escudo del Atletic Club. El jugador no podía creerlo, era demasiado, una casualidad extraña y por lo tanto, perfecta. Amber tenía los ojos enrojecidos por la falta de sueño.
-¡Mierda!- murmuró, el silencio permitió que Joaquín escuchara cada palabra- Como siempre mi mala suerte, ¡como siempre! no puedo creerlo, ¿Por qué tiene que ser así?, ¡dieciocho equipos en primera división y tienes que ser parte del nefasto Inter Junior!- Amber hundió el rostro entre las manos y luego levantó la cabeza como si un nuevo pensamiento le diera esperanza- pero es sólo un equipo, es sólo fútbol, ni la camiseta ni los colores hacen al ser humano detrás… ¿o sí?
-No, no lo hacen- murmuró Joaquín, en voz baja, esperando no ser escuchado, pero el sobresalto de Amber, lo hizo darse cuenta que se había delatado. Ella miró a todos lados, tratando de encontrar el origen de la voz, sin éxito. Sin importarle más y consciente de que tenía poco tiempo, Joaquín corrió hasta la ventana tan rápido, que Amber no tuvo tiempo de asustarse.
-¿Qué estás haciendo aquí?, ¿te volviste loco?- le dijo ella, una vez que estuvo completamente segura de que aquello no era un sueño.
-¿La verdad?, no tengo la menor idea- contestó, la cara de Amber se veía hermosa entre las primeras luces de la mañana, - quería verte y pedirte tu número, además de que te escuché hablar hace un momento, ¿hablas sola muy seguido? ¿No te parece raro?
-¿Qué dices?, ¡no! era la televisión- se defendió. Joaquín rió
-Me parece que la loca aquí eres tú- se rió él.
-¡Yo no estaba hablando sola! , ¡te lo imaginaste!
-Lo dudo mucho, pero pienso igual, es sólo fútbol, ¿no?, son sólo playeras, estadios, colores…- Decía el mediocampista; era la segunda vez que Amber veía a aquel jugador y coincidía con él en la totalidad de sus palabras, o quizá era que le convenía coincidir debido a las ganas que tenía de besarlo.
-Sólo colores- repitió ella, mirando el rojo y negro del pants de concentración que vestía Joaquín.
-¡Aunque el color rojo sin duda es mejor!- Dijo Joaquín.
-No lo creo.
-Si no lo creyeras así, no llevarías el pelo del mismo color- guiñó un ojo. Amber trató de contener la risa, pero no pudo.
-Tienes que irte, no puedes estar aquí, si te ve alguien, pensará que estás espiando al equipo o planeando algo en contra, o buscando tomar ventaja..
-Es lo que busco, aunque no de la manera que ellos piensan- sonrió Joaquín, sosteniéndose del alféizar de la ventana.
-¡No seas tonto!, de verdad tienes que irte- lo apuró Amber, mirando preocupada hacia todos lados y bajando la voz. Joaquín miró su celular, el tiempo avanzaba y él tenía que regresar a su hotel, su equipo viajaba de regreso aquella misma mañana - me da miedo que alguien venga, o que te vean, no quiero ni pensar…-
-Al carajo, no me importa- dijo Joaquín. Se acercó buscando un beso, que ella rechazó en primera instancia.
-Ya vete Joaquín, que te van a ver.
-Dos minutos y me voy- Joaquín le pasó la mano por la cara- esto es como ser campeón.
-No exageres-le dijo ella riéndose.
-Es como cometer faltas sin que el árbitro te vea-insistió el jugador.
-Como ser portero suplente y alinear sin que el titular esté expulsado o lesionado-aportó Amber con duda, hablando de su área: la medicina deportiva.
-Como anotar un penalti.
-O hacer un túnel- Amber sentía que sus comparaciones eran clichés, pero aún así respondía. Algo en él la hacía querer pensar rápido.
-Como golear al Atletic- Joaquín se interrumpió, aguantando la risa, esperando que ella no fuera tan agresiva al respecto como los jugadores de su equipo.
-O que el Inter sea sotanero.
-¡Pinche fútbol!- Joaquín la abrazó y dándole un beso más, se fue caminando entre los jardines, ilusionado como un debutante que anota en su primer juego.
***
Ya era martes y Joaquín se encontraba encerrado en su habitación, estaba solo, pues Rafa había salido a encontrar a unos familiares que lo visitaban.
El mediocampista se acostaba, se levantaba, prendía la televisión, veía fútbol italiano, jugaba con su iphone, abría botellas de agua, y no conseguía calmarse. Eran las 11 de la mañana y no había señal de ella, aun cuando había prometido enviarle un mensaje una vez que su avión aterrizara.
Había sido un solo día de espera y Joaquín no veía la hora de que el campeonato terminara, ansiaba pasar a la final, y ser campeón, pero por otro lado, ansiaba también que el Atletic Club aterrizara.
El ruido de su celular vibrando en la madera del buró lo asustó, pero inmediatamente lo tomó entre sus manos y vio lo que había esperado todo el día :
“Un viaje terrible, todos están nerviosos, pero ya tocamos tierra, nos quedaremos en el Marriot. Un beso”.
Joaquín sonrió y suspiró, tecleó algunos botones y envió el mensaje de respuesta:
“Creí que no llegarías, que te quedarías dormida después de la desvelada en el messenger”.
Joaquín esperaba con ansia el mensaje de respuesta:
“¡¡Cierto mediocampista no me dejaba dormir!! Jajajaja, ¿y entonces?”
Ahí estaba la pregunta esperada, Joaquín tenía todo planeado:
“Nos vemos a las 6:30 en el parque que está atrás de nuestra casa club, toma un taxi y pide que te lleven a la Casa Junior, ahí te espero”
Lo envió, nervioso. La respuesta no tardó en llegar.
“Hasta entonces, no puedo esperar a que sean las 6:30!!!Besos!!!”
Joaquín llegó al parque manejando su camioneta y se estacionó, impaciente, Amber aún no estaba ahí. Se preguntó qué excusa daría ella para poder salir del hotel, si es que daría alguna. Ataviado con el otro modelo de pants de concentración, negro con delgadas líneas rojas, se sentó en el pasto, esperando, no había nadie mas en aquel lugar, el ruido lejano de carros le hacia impacientarse más. El taxi de Amber finalmente llegó.
-Tengo veinte minutos, dije que iría a comprar shampoo en el súper que está al lado del hotel, no se me ocurrió otra excusa, no conozco a nadie en la ciudad.
Joaquín no contestó, la abrazó y cerró los ojos. Al día siguiente jugaría uno de los partidos más importantes de su vida, y ella era la razón por la cual aquello se había convertido en un evento secundario y repetible. En sus ojos cerrados pasaron millones de imágenes; él comprando sus primeros zapatos de fútbol, mirando por televisión los encuentros de Antonio Carbajal, Miguel Mejia Barón y otros más. Su debut, su primer gol, la primera vez que cambió camiseta o que pisó la cancha, su balón de oro, y reconoció que nada de eso...
-Tuvo sentido sino hasta ahora- dijo contra el cabello de Amber.
-¿Qué dices?
-Solo pensaba, creo que si fuéramos pareja protagonizaríamos un buen reportaje de color- rió Joaquín.
-¡Todo sea entonces en nombre de la televisión!- suspiró Amber, sin parar de reír- ahora llévame de regreso, déjame cerca del hotel, mañana tienes que jugar un partido y si no llego ya mismo, alguien comenzará a sospechar.
***
En el partido de vuelta, el Inter Junior salió a la cancha con todas las advertencias del mundo sobre sus cabezas. El entrenador les dejó muy en claro que no quería una sola tarjeta en su contra, ni amarilla, ni roja; muy a pesar del berrinche del capitán Rafa Rubio, el equipo terminó por ceder cuando se les indicó que por cada tarjeta, serían multados con cincuenta mil pesos.
-No pasa nada, güey- le dijo Joaquín a Rafa- de todos modos, sabes que la Federación nos advirtió de cualquier tipo de pleito- el equipo se acomodaba en la cancha, mientras esperaban que el Altletic Club se tomará la fotografía.
-Ya sé, pero ahora vamos a jugar con miedo de cometer una falta, y mejor que no me busquen, porque fácilmente me encontrarán-dijo, mientras Eder Vázquez, el capitán del acérrimo rival, pasaba al lado suyo, mirándolos a ambos con desprecio. Joaquín vio un poco de los gestos de Amber en su enemigo, ya que después de todo era hermano de ella, y no pudo evitar sonreír.
-¿Qué me ves, pendejo?- preguntó el delantero del Atletic Club.
-No es nada Eder- extendió su mano con amabilidad- mucha suerte- dijo con cortesía.
Eder y el mismo Rafa Rubio se miraron confundidos ante la actitud de Joaquín. El enemigo se dio la vuelta sin estrechar la mano, casi ofendido por el gesto amable .
El partido inició entre cantos encendidos de ambas aficiones, la noche lucía adecuada para el fútbol y la mínima brisa de viento que había en el estadio, recorría las espaldas de los jugadores. Joaquín buscó un rostro conocido en el palco mientras movía las piernas calentando y después de recorrer un par de caras, se topó con la mirada de Amber, quien desde su lugar con el cuerpo médico y la directiva del Inter Junior, le sonreía.
Durante los primeros minutos del encuentro, el balón se jugó en media cancha, pasando mucho por los pies de Joaquín, a ambos equipos se les dificultaba la salida, se habían estudiado muy bien. Pasó el minuto 34 del primer tiempo; uno de los jugadores más altos y fornidos del Atletic Club le dio un fuerte codazo a Joaquín, quien cayó al suelo, el árbitro marcó la falta, sin embargo, Eder Vázquez no se guardó las ganas de ir a escupir sobre Joaquín, mientras este estaba en el suelo. Para todos, dicho detalle pasó desapercibido, excepto para Rafa, quien inmediatamente fue al lado de Joaquín.
-¿Estás bien, cabrón?- preguntó- vi que ese mierda te escupió, pero no te preocupes, ahorita le pagamos con la misma moneda.
-No Rafa, deja las cosas así, acuérdate que ya llevas una tarjeta amarilla del juego pasado.
-Me vale madres, ese imbecil tiene que aprender- Rafa aprovechó cada distracción del silbante para provocar a Eder, quien a su vez, respondía los ataques con codazos, jalones de playera y pisotones. El tiro de esquina que marcó la pauta llegó hasta el segundo tiempo, cuando ambos fueron a buscar el balón. Eder alzó la pierna de tal manera que el choque entre los dos jugadores fue impactante, cayó encima de Rafa en una entrada imprudente, temeraria y con fuerza desmedida, golpeándolo en el pecho y aplastándolo al caer. El silbatazo del árbitro hizo que Joaquín fuera corriendo hasta el punto donde su compañero estaba tirado en el césped.
-¡Está noqueado, carajo! ¡Rafa está noqueado, dejen entrar a las asistencias!- gritaba Joaquín. Con la visión casi nublada, vio como entraban al campo cuatro paramédicos con una camilla y el carrito de las emergencias. Miró con rabia a Eder Vázquez, quien no quitaba la mirada de Rafa, su intención no había sido lastimarlo a tal extremo. Sorpresivamente, el nazareno se limitó a sacar nada más una tarjeta de amonestación al delantero del Atletic. Joaquín se acercó furioso.
-¿Cómo una amarilla nada más? ¡Este hijo de perra le rompió la madre a mi compañero!- el árbitro no se inmutaba ante los reclamos de Joaquín.
Cinco minutos más tarde, el partido se reanudó; Rafa había tenido que ser trasladado al hospital, mientras la afición lo despedía con una gran ovación.
Joaquín corría tras el balón, con los ojos empañados por las lágrimas, disimulaba su coraje y su preocupación, ya que había escuchado que seguramente aquello sería una lesión cervical. A cinco minutos del final, el mediocampista del Inter Junior encontró la oportunidad perfecta para aplicar la ley del Talión. Eder Vázquez conducía el esférico solo, tras recuperar el balón en un rebote en el medio campo, Joaquín lo miró, no debería estar en la cancha, con los ojos aun llorosos se barrió sobre Eder de una manera sumamente imprudencial, dicha acción ocasionó que el delantero dejará el pie atorado en el césped y un grito desgarrador penetró en todos los oídos cuando este cayó al pasto. En ese preciso segundo, Joaquín se dio cuenta de lo que había hecho. El árbitro pitó la falta sin dudar, sacó una brillante tarjeta roja de su bolsillo, y se la mostró a Joaquín. El joven jugador de pelo castaño que tan amable había sido un par de horas antes, se levantó del césped y sin poder creer lo que recién había ocurrido, caminó pasivamente hacia los vestidores. La afición en silencio hizo su camino aún más complicado, estaba seguro de que Eder tendría una lesión en la rodilla, no sabía hasta qué grado pero aquello era siempre grave.. La cara angustiosa de Amber sufriendo por su hermano se le dibujó en la cabeza y quiso salir de ahí inmediatamente. Corrió a los vestidores sin mirar a los paramédicos que iban hacia la cancha para auxiliar al nuevo lesionado. En menos de 5 minutos, se bañó y se puso su pants Sin voltear atrás, subió a su coche y salió del estadio.
***
Amber llegó a la habitación del hotel cansada y triste. Sin quitarse el pants de concentración se acostó en la cama, no prendió la luz. Miró hacia fuera, ¿Por qué Joaquín había hecho tal cosa?, Había arruinado a su hermano, quien a su vez probablemente había arruinado al defensa Rafael Rubio, pero eso no era excusa.
Miró su celular y un mensaje en la pantalla le sorprendió:
“Estoy en el lobby, ¿puedo subir?”
Amber no supo qué contestar durante media hora, hasta que recibió el segundo mensaje:
“quiero verte y decirte que lo siento, por favor”.
Quince minutos después, ella contestó:
“OK, es el cuarto 1802”
Joaquin tocó con parsimonia, los pasos de Amber se escucharon al otro lado de la puerta. Cuando ella abrió, tenía los ojos enrojecidos, el pelo desordenado, estaba pálida y le temblaban los labios, pero su mirada reflejaba alivio, de tener frente a sí la única persona que en aquel momento podría consolarla. Joaquín sintió el corazón entumecido cuando la vio.
Eran las doce de la noche de un día terrible y ahí estaban los dos, en el umbral de la puerta, mirándose fijamente, cansados y odiando su mala fortuna, Joaquín no se movía, no lo haría. Pero Amber sí, al recordarlo corriendo por los jardines del hotel, supo que tendría que abrazarlo y finalmente lo hizo. Joaquín suspiró aliviado, sintiendo los ojos húmedos y casi jalando el cabello de ella.
***
A las ocho de la mañana un fuerte golpeteo en la puerta del cuarto hizo que Amber despertara repentinamente. Miró hacia la ventana, estaba nublado, a su lado Joaquín seguía durmiendo inmutable. Un nuevo golpe se escuchó en la puerta.
-Amber, ¿estás despierta?, soy Felipe, debemos regresar al hospital, Eder está bien, pero necesita hablarte- decía, Amber sintió que la sangre le subía a la cabeza y murmurando despertó a Joaquín.
-Es Felipe que está afuera, despierta Joaquín, tienes que irte… ¡Ya voy, te veo en el lobby en 10 minutos!- gritó.
-Muy bien, allá te espero- respondió Felipe aún afuera, alejándose, mientras Joaquín se ponía el pants con parsimonia, estaba muy cansado aún.
-No quisiera irme- dijo el mediocampista.
-Yo tampoco, pero tengo que ir a ver a mi hermano.
-Podría acompañarte- sugirió él.
-¡No! ¿Cómo crees?, por lo menos no ahora, la prensa te abordara, y estoy segura que la última persona que Eder desea ver es a ti, por favor Joaquín, no lo hagas difícil, regresa a tu hotel y yo te llamaré apenas salga del hospital, ¿de acuerdo? planearemos que hacer- sugirió Amber. Joaquín le tomó la mano, se veía tan asustada.
-Toda mi vida amé el fútbol de una manera escandalosa, tan traumado, no tienes una idea de cuánto significa para mí, pero ahora, lo único que quiero, es volverme repartidor, abogado, arquitecto, lo que sea, y poder permanecer en este cuarto contigo sin el sentimiento de culpa-Amber lo miraba y los ojos comenzaban a enrojecerse de nuevo- adoro el fútbol Amber, he soñado con tener todos los balones del mundo, con poseer cuanto trofeo exista, con ir a más de tres mundiales, con ser capitán, he soñado lograr todo en este deporte, pero hoy tengo miedo- la voz de Joaquín bajó de volumen- tengo miedo de perderlo todo, y creo que es lo que pasará, tengo miedo de involucrarte, de que la prensa diga que estás con el jugador que le partió la carrera a tu hermano, tú sabes cómo son esos hijos de la chingada.
-No me importa, que la prensa o mi directiva diga lo que quieran, esto es mi vida y puedo hacer con ella lo que me plazca.
-No seas tonta.
-¡No seas tonto tú! –gritó, para arrepentirse de inmediato y abrazarlo- iré a ver a Eder y te marcare a tu celular una vez que salga del hospital, y te juro que veremos que hacer, te aseguro que todo saldrá bien. Y seguirás jugando y serás campeón, y te convocarán a la selección, te juro que así será- dijo ella. Joaquín sonrió y aun abrazándola se dirigió a la puerta- baja, pero ten cuidado de que nadie te vea, por favor.
-No sé cómo no te conocí antes, cuando era un canterano- dijo el jugador. Abrió la puerta y salió. Amber salió detrás de él.
Ninguno se dio cuenta que el celular de Joaquín se había quedado tirado bajo la cama.
***
Amber llegó al hospital con un miedo latiendo en el estómago, entró a la habitación de su hermano, estaba demacrado y triste.
-No voy a jugar más- fue lo primero que dijo.
-Eso es imposible, una lesión así no te saca del fútbol, debe haber alguna manera…-el jugador negó con la cabeza. No había solución: su rodilla estaba destrozada como el más confuso de los rompecabezas.
-Y el imbécil de Joaquín sin un solo rasguño- los ojos de Amber se nublaron- lo único que me consuela, es que quedará inhabilitado de por vida. Si yo no puedo volver a jugar, él tampoco.
-¿Cómo dices?- preguntó ella, con temor a parecer obvia.
-Las reglas son claras: si me deja fuera por un mes, tiene que pasar un mes fuera también…si me deja fuera de por vida, también a él se le acaba su carrera.
-Pero Eder, ¿eso te hace feliz? no remedia nada...- Amber sentía demasiadas emociones en un momento así, tantas que no sabía a cuál hacerle caso.
-¡Estoy fuera del deporte, Amber! ¡Con un carajo y por su puta culpa!, ¡Soy un lisiado del fútbol!- Gritó él. Amber con los ojos llorosos, con el dolor de ver a su hermano lleno de odio, lleno de ira y de deseos de venganza, dio media vuelta y salió.
Apenas pisó la calle, marcó el número de Joaquín, sin recibir respuesta. Durante otra media hora, Amber continuó llamándole a Joaquín, y el mensaje de “Bienvenido al buzón de voz” le taladró la cabeza. ¿Qué pasaría?, ¿Por qué no contestaba?, ¿Estaría bien?, miles de cuestionamientos circulan por su mente. Joaquín quedaría inactivo de por vida, jamás realizaría su sueño de ir al mundial, de ser campeón, quedaría frustrado para toda la vida. Tal como Eder, quien probablemente no volvería ni siquiera a correr de la misma manera.
Dieron las seis de la tarde y el teléfono de Joaquín ya ni siquiera marcaba, sino que enviaba directo al buzón de voz. El mundo de Amber comenzaba a reducirse. Regresó a su hotel, pensando que quizá Joaquín volvería, pero a la vez , por alguna razón, sentía que no lo volvería a ver.
A las once de la noche, el teléfono del jugador continuaba apagado. Ella no podía tratar de localizarlo de otra manera. La cabeza le dolía, los ojos imposibles de soltar más lágrimas. El dolor, la desgracia que la rodeaba. Necesitaba dormir, necesitaba descansar. Sus pastillas de clonazepam descansaban en el interior del bolso. Aquella mañana había tomado su dosis normal, sabía que no debía excederse , pero necesitaba descansar. Unos miligramos más no debía ser mucho para poder dormir con todo el dolor que traía en el corazón.
***
La voz salía del televisor a un volumen bajo, los colores brillantes del estudio de aquel programa contrastaba con la voz del reportero:
-La desgracia parece cernirse sobre el Atletic Club, quienes quedaron descalificados de la liguilla por el título, además de que su capitán, Eder Vázquez, sufrió una lesión de meniscos, que probablemente lo aleje de las canchas de manera indefinida.
El reportero continuó de manera mecánica:
-Por si esto fuera poco hace un par de horas, el vocero del equipo informó que Amber Vázquez, kinesiologa de la institución, se encuentra en coma, debido a una sobredosis de antidepresivos, sin mayor información, se dio a conocer que la hermana de Eder Vázquez está en el hospital Ángeles. Vuelvo contigo al estudio, Raúl.
-Muchas gracias a nuestro compañero Beto López por la cobertura, y pues, ¿qué comentar?, es una verdadera tragedia lo que está ocurriendo en el equipo que como bien mencionas, fueron descalificados esté fin de semana de la liguilla.
-Es algo terrible sin duda, varios compañeros de los medios de comunicación están haciendo guardia en el hospital, siguiendo de cerca el progreso tanto de Eder, como de su hermana.
-Así es, y bueno, enviamos nuestros más afectuoso deseos a la familia Vázquez, y me atrevo a decir Raúl, que la sobredosis de Amber, es debido al incidente de su hermano, quien tras sufrir una fuerte entrada por parte de Joaquín DeFranco, resultó lesionado de una manera aparatosa.
-Así es, todos conocemos la rivalidad que hay entre estos dos cuadros, pero...
Joaquín no pudo seguir escuchando, apagó el televisor y con lágrimas en los ojos y un dolor inusual en la garganta, tomó las llaves de su auto y salió corriendo del hotel. Las llaves se le cayeron un par de veces debido al temblor de sus manos, no podía creerlo, el destino era demasiado cruel y aquello sólo era deporte, ¿en qué momento el fútbol dejó de ser lo más importante de lo menos importante?
Joaquín tragó saliva y pisó el acelerador, no sabía lo que encontraría al llegar al hospital, tenía miedo, le dolía la cabeza pensar en el acecho de los medios una vez que llegara ¿y si Amber no despertaba? Todas aquellas imágenes lo confundían, y súbitamente, todas y cada una de ellas, se mezclaron con un par de luces cegadoras, el ruido de un claxon y un impacto en su coche.
***
-Jornada negra para el fútbol mexicano, mi querido Raúl, compañeros del panel y estimado televidente, nos acaban de informar que el mediocampista Joaquín DeFranco, del Inter Junior, equipo que recientemente había accedido a la semifinal, acaba de sufrir un accidente automovilístico en la Avenida Reforma y ha sido trasladado al hospital donde a su vez se encuentran su compañero Rafael Rubio, así como el delantero Eder Vázquez y Amber, su hermana. Mientras observamos estas imágenes de Joaquín entrando al hospital en estado inconsciente, nuestro último reporte es que el mediocampista se encuentra en coma. Se ha informado que en media hora, el médico del Inter Junior, y el presidente del equipo, darán una conferencia de prensa, esperando que se tenga la seguridad de que la vida de Defranco queda fuera de peligro, sin embargo eso aún no lo sabemos, espere la información aquí mismo, en Televisa Deportes.
En la bullicioso Ciudad de México dos equipos iguales en tradición, campeonatos y palmarés, se concentran en el Hospital Ángeles, ambos presidentes deambulan por los pasillos de terapia intensiva, con sus respectivas comitivas; jugadores de ambos cuadros beben café y los medios de comunicación se amontonan afuera, entre los comentarios circula el rumor de que Joaquín iba al hospital a disculparse con Eder, otros comentan que iba a ver a Amber, con quien sostenía un romance desde hacía pocos días, otros susurran que Joaquín había chocado a propósito, debido a la culpabilidad, las versiones corren y llegan hasta los noticieros, se escriben rápidamente en el telediario y se comentan en las estaciones deportivas. Es la noticia del torneo, la desgracia se cierne sobre ambas instituciones, la final por el título es en pocos días, y ningún reflector se posa en la Copa, que al paso de los años, acumula polvo sobre su superficie de metal.