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a. toledano de diego

el sefardí oculto

El origen en Sefarad
No teniéndose con certeza la fecha de llegada de los hebreos en la península ibérica, se pierde en las tinieblas del tiempo. Hubo una convivencia más o menos tolerante dependiendo de la época. Suponiéndose que debieron de llegar alrededor del siglo V huyendo de los destierros babilónico y asirio.
Todas las civilizaciones que ocuparon dicha ciudad, dictaron medidas antijudías, como los visigodos, los almorávides, los almohades y los cristianos.
En la edad media, éstos se agrupaban básicamente en el gremio de los artesanos. A medida que la comunidad fue creciendo, crearon asociaciones especiales. Éstos crearon cofradías de los “enterradores”, “vigilia nocturna”, “los que hacen caridad”, “los que van en pos de la justicia”; etc. Estas cofradías se denominaban Hebrá Kadishá. Entre los sefarditas, instituyen en sus comunidades en cada población sea grande o pequeña. Cuyo sentimiento del deber de, sepultar a los muertos, visitar a los enfermos, educar a los jóvenes, apoyar a los necesitados; etc. Todo ello no como caridad, sino como obligación social.
Había una convivencia que hacía que los hebreos, conviviesen entre árabes y cristianos. No solamente eran tolerados, sino bien recibidos por las comunidades, aportando una importante contribución a la cultura hispánica.
En la etapa de reconquista, los reinos cristianos necesitaban nuevos pobladores para dichos territorios, ya que la masa de los cristianos estaba constituida fundamentalmente por guerreros y campesinos. Sin ningún interés o preparación para desarrollar una labor de administración de los territorios conquistados, por desarrollar el comercio entre las ciudades; etc.
Por esa misma época los hebreos huían de Al Andalus, donde habían gozado de tolerancia en los primeros siglos de conquista árabe. Pero que gradualmente fueron objeto de persecución por los fanáticos almorávides primero y almohades después. Provocando su huida hacía poblar las antiguas juderías.
Lo que contribuyó a que hubiese un rápido repoblamiento de las aljamas en el centro y en el norte de España. Donde desempeñaban todo tipo de oficio, desde humildes agricultores, profesiones de comercio, artesanos, financistas; etc.
Los sefarditas tenían un estatus especial, “Servi Regis”, que significaba que los sefarditas eran súbditos directos del Rey y se encontraban bajo su protección. Si bien esa condición sirvió para el desarrollo de las juderías, cuando había revueltas nobiliarias, están siempre atacaban a los sefarditas, antes que a cualquier otro ciudadano.
La hostilidad hacia los sefarditas empieza a intensificarse en el siglo XIV, por parte de los cristianos hacia los sefarditas, por motivos estrictamente religiosos. Lo que agrega puntos de fricción en que los sefarditas se dedicaban a tareas recaudatorias de impuestos y la práctica del préstamo. El ejercicio de la usura era algo fomentado oficialmente, del que daba la cara en desagradable oficio, del que se habían librado limpiamente los poderosos de ejercer. Este esquema fomentó el caldo de cultivo para la caza del hebreo. Un factor que contribuyó fue la endogamia judía, en su escaso interés para relacionarse con los cristianos.
La depresión económica europea, la anarquía política de Castilla, la predicación antisemita de los Papas y el fervor anti-extranjero, desembocaron en los terribles disturbios del año 1391, cuando estalló la revuelta antijudía, con sus consiguientes pogromos o conversiones forzadas. Culpando a los hebreos de todos los males, entre ellos la peste que asolaba Europa, que llegó a matar al 50% de su población. Achacándosele a éstos, que eran los responsables de envenenar los pozos de agua para propagar la peste, la atribución religiosa de que era un castigo divino a los cristianos por permitir la presencia de los judíos entre ellos, el ser ricos era objeto de codicia, lo que alentaba a querer robarles. Empezando los saqueos, incendios, matanzas y conversiones forzadas en las principales juderías. Unido a que tenían muchos de los hebreos, por oficio el de “contador mayor” (administrador de los impuestos reales), lo que provocaba que fueran objeto de envidia. Alentados por los predicadores religiosos, que se les conocía como “matadores de judíos”, que pregonaban la matanza de éstos. La propia comunidad judía, que contaba con ·”la justicia de sangre”, de poder ejecutar a los de su comunidad, si procedían a actuar en contra todo aquél que se saltase las normas, los llamados “malsine”. Además de la impunidad para con todos aquellos que quemaban sinagogas. Empieza la declinación de las juderías hasta la expulsión ordenada en 1492. Cuyas principales causas fueron, la crisis del siglo XIV.
Toledo que agrupaba la judería más importante de España, con diez sinagogas. La judería de Toledo fue atacada, con una matanza que se encontraban destacados artesanos, poetas y hombres de letras. La ciudad tenía sus adarves (fortificaciones), estrechas callejuelas por las que pasan los hombres más poder intelectual y económico de la ciudad. La convivencia entre musulmanes, cristianos y sefarditas no fue ni de lejos, tan idílica como la “ciudad de las tres culturas”. Después del asalto del año 1391, donde los judíos fueron perseguidos con extrema crueldad, en un “caza al judío”, donde eran desollados, torturados, violados y robados. Los sefarditas supervivientes, tuvieron además feroces matanzas y destrucción de la mayoría de sus sinagogas. Recrudeciéndose las medidas anti-sefarditas, Obligándoles a éstos a dejarse crecer la barba y llevar un distintivo rojo que los distinguiera de los demás. Declarándose, además, ilegal la posesión del Talmud. Libro que recoge las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, narraciones, parábolas, historias y leyendas. Existen dos versiones, la de Jerusalén y la de Babilonia. Que explican la Tanaj (Biblia hebrea), conjunto de 24 libros, lo que los cristianos llaman, antiguo testamento, solo que no está ordenado cronológicamente. Agrupados en tres grupos, la Torah (ley o instrucción), Nevi’im (los profetas) y Ketuvim (los escritos).
Dos jóvenes sefarditas de Toledo, Levy y Judith se conocen desde niños, con dos padres diametralmente opuestos en cuanto a pensamiento. Ya que el padre de Levy se dedica a Almojarife, tesorero que se encarga de recaudar los impuestos en nombre del Rey. En la edad media, casi todos esos puestos estaban asignados a judíos, lo que les concedía una posición de ennoblecer, siendo tratados de don. Mientras que el de Judith es un rabino ultra ortodoxo.
En el año 1478 los Reyes católicos solicitaron al Papa una bula, para la creación del Tribunal de la Inquisición del Santo Oficio. Quedando constituido el 1 de Noviembre 1478. Ya que había sospechas que las conversiones masivas judías al cristianismo, lo habían sido “forzadas”. Después del Real Decreto de expulsión de los judíos, dictado el 31 de Marzo 1492. Varios miles de judíos retornaron y se bautizaron. A partir de esa fecha todos los judíos de la Corona eran judeoconversos o “cristianos nuevos”. Que para los “cristianos viejos”, los que siguieron practicando la religión judía en secreto, se les conocía por “marranos”. Que fueron objeto de una persecución por la inquisición. Siendo su principal valedor el presbítero dominico Fray Tomás de Torquemada (1420-1498), que inició el mayor periodo de la inquisición a los judeoconversos.
Ya que a los judíos solo se les dio dos opciones, renunciar a su religión y bautizarse como católicos o sino ser expulsados del país si no querían renunciar a su religión. La gran mayoría como es obvio, optó por bautizarse, para protegerse de la persecución de la feroz inquisición y conservar sus puestos de trabajo y propiedades. Pero como es obvio, muchos practicando la religión judía a escondidas de los ojos de los demás. Otros, sin embargo, prefirieron el exilio, antes que renunciar a su cultura y religión, siéndoles confiscados todos sus bienes en nombre de los Reyes Católicos.
En ese clima de constante tensión se movían las familias de Levi y Judith, siempre temiendo las revueltas, las persecuciones, las matanzas; etc. En ese periodo de conversiones masivas, los hebreos eran obligados a renunciar a su nombre y apellido por otro de origen cristiano.
Toledo como ciudad que aportaba la mayor población de judeoconversos de España, fue víctima de un especial empecinamiento contra éstos. Bajo la desconfianza de que a pesar de bautizados, continuaban practicando la religión y costumbres judías.
En ese clima de horror, con el peligro acechando en cualquier sitio, teniendo que ir identificados con obligar a dejarse crecer la barba y llevar un distintivo rojo, la angustia era constante.
Como conocidas que eran ambas familias, decidieron que vista la situación lo mejor era abandonar Toledo y marcharse juntas a otra localidad.
Eso les hizo a los padres de las dos familias de Levi y Abigail a renunciar a su religión y bautizarse adoptando para ellos Moisés (Levi) Judith (Abigail) , aparentemente, como forma de escapar de las matanzas que aparecían por doquier. La familia de Abigail Ba Abravanel, por supuesto, no pensaba renunciar en modo alguno a su religión, siendo el patriarca de ésta un rabino ortodoxo, aunque se viesen forzados a renunciar a su nombre. Ya que el propio rabino pregonaba entre los familiares que cualquier modo era válido con tal de mantener la vida. No renunciando eso si a su fe.
La familia de Levi Ben Halevi, optaron por adoptar el apellido Toledano precedido del correspondiente nombre cristiano. Que en el caso de Levi se decantó por Moisés, su padre Salomón por Mariano y la madre Batshajar por Inés. La familia de Abigail adoptó el apellido Rodríguez, ya que a su padre Moshé pasó a llamarse Rodrigo, le habían bautizado como Rodrigo y su madre Rut por María. Pasando ella a llamarse Judith Rodríguez como nombre de pila. Bautizándose todos ellos como cristianos.
El éxodo de Toledo a Segovia
Como a pesar de su aparente conversión, seguían siendo especial objeto de desconfianza por parte de los Viejos Cristianos y las cosas estaban muy tensas en Toledo, decidieron que lo mejor sería abandonar la ciudad y marcharse a otra, donde pasarían más desapercibidos al no ser conocidos. Se decantaron por Segovia, ciudad con una numerosa judería también. Pero como por anteriores experiencias de otros que les antecedieron, creyeron que lo mejor era buscarse una localidad pequeña de dicha provincia para no ser objeto de conjeturas, recomendados por otro judeoconverso de Toledo que había estado antes en Segovia.
A su llegada a Segovia capital, buscaron contacto con judeoconversos de la ciudad, que les pudiesen recomendar un lugar. Éstos les dijeron que cuanto más pequeña fuera la localidad más pasarían desapercibidos. Decantándose por Aldeanueva de Codonal, donde se había establecido un judeoconverso conocido de éste que les había recomendado marcharse a dicha localidad. Que se había mudado de Segovia capital. Así al menos tendrían alguien conocido de su religión.
Buscándose una excusa, se iban para un largo viaje, ambas familias salieron con dos carros tirados por mulas, llenos hasta arriba de sus principales pertenencias. Dejando atrás ambas casas cerradas a llave, con la esperanza quién sabe de qué a lo mejor regresarían en el futuro. Al fin y al cabo, estaban dejando atrás la ciudad en la que llevaban viviendo once siglos la comunidad judía.
Después de realizar un camino que se les hace interminable, con todas las incomodidades, los peligros de salteadores, que les lleva 15 días hacer, llegan a la ciudad de Segovia. Allí tienen contacto con un judeoconverso conocido del que le habían estado hablando en Toledo. Entrando en el barrio de la judería, preguntan por un tal Samuel (antes llamado Ben), para que les ponga al corriente del camino que deben realizar y todas las opciones y contactos por los que deben preguntar al llegar a Aldeanueva de Codonal. Localidad pequeña que no cuenta según les han dicho con más de 300 habitantes.
El contacto de Segovia por fin lo encuentran y éste les pone al corriente de todo lo que deben hacer para llegar a dicha localidad. Ya que debido a lo tortuoso del camino que les espera, tardarán más o menos otros tres días en llegar.
Aprovechan para visitar la ciudad, como descanso ante tan largo viaje, preguntando por la Sinagoga Mayor, cosa que les dicen que después de la conversión forzosa de los judíos, ésta pasó a ser propiedad de la iglesia, dejando de prestar servicios religiosos a la numerosa comunidad hebrea de Segovia.
Habiendo recalado en una Venta para descansar esa noche, al otro día al amanecer ponen rumbo a la localidad que será su nuevo hogar.
Al llegar, tratan de localizar enseguida al miembro de su comunidad que vive allí, un tal David, preguntándoles a los vecinos de la pequeña localidad. Que le señalan la casa en la que vive. Para allá tiran, personándose en su casa y haciendo las correspondientes presentaciones.
—¿David?
—El mismo que os habla.
—Supongo que ya le habrá puesto al corriente sobre nosotros su conocido de Segovia.
—Así es.
—Como es obvio, necesitamos una vivienda donde alojarnos.
—Por supuesto, hablaremos con un vecino de la localidad que le podrá alquilar una casa.
—Pero no se preocupen, hasta que logren una vivienda, habitarán en mi casa.
—Agradezco el detalle, pero cuanto antes logremos nuestra casa, mucho mejor, ya que venimos de lejos y somos muchos.
—No desespere todo se arreglará.
Poniéndose manos a la obra, empiezan por descargar sus pertenencias para cobijarse los días que dure su estancia en la casa de su anfitrión.
Al día siguiente David le lleva a charlar con el vecino que les puede alquilar una casa bien grande que posee dos plantas. Acordado el precio, ya tienen casa donde vivir las dos familias. Donde ocuparán cada una, una planta.
Como es obvio, aunque el rabino, es fiel seguidor de la línea más ortodoxa del judaísmo, se verá obligado a tener que renunciar a fijar una “mezuzá kosher” (identificativo de casa bendecida según tradición judía) en las puertas de la casa. Ya que, aunque siguen considerándose judíos, son “cristianos nuevos”, obligados por las circunstancias a bautizarse como cristianos.
Empiezan a hacer los preparativos para realizar la mudanza, como seguidor fiel de la tradición judía, se persona el rabino, padre de Judith, antes de que empiecen ésta, portando un pan y sal, así como una Torah.
Siendo el Martes, el día más propicio de la semana para realizar la mudanza, de acuerdo con la Cábala. Ya que es el único día en que dios dijo, que es “bueno” dos veces. Empezando el traslado de sus enseres desde la casa de David. Cosa que les lleva todo el día hasta el anochecer.
Al día siguiente, organizan una fiesta de “janukat HaBait” (inauguración de la casa). Pronunciando el padre de Judith unas palabras de la Torah y la familia, ante las dos familias y como único invitado al amigo ese que les habían indicado al salir de Toledo, David. Para expresar sus bendiciones de una fructífera y feliz estadía en la nueva morada.
La otra cuestión es, encontrarle un empleo al padre de Moisés (Levi), Mariano (Salomón), ya que antes de tener que abandonar Toledo, su oficio en dicha ciudad era el de Almojarife. Entre la comunidad judía de conversos de Segovia, se hacen averiguaciones, por si fuese posible que volviese a ocupar dichas funciones de Almojarife en la provincia. Por el contrario, mucho peor lo tiene el padre de Judith (Abigail), Rodrigo (Moshé), ya que hay una persecución feroz, contra todo lo que tenga que ver con los judíos, por lo tanto lo de ejercer como rabino para la comunidad, será algo crudo. So pena que se dedique a predicar en la clandestinidad, cosa que entraña un gran peligro en los tiempos actuales.
Moisés (Levy) tiene que lidiar con el padre de Judith (Abigail), ya que es un hombre muy ortodoxo y guarda con enorme celo, de todo lo que tenga que ver intrínsecamente con la moralidad judía. Lo que le pone muy difícil poder ver a Judith, mujer por la que suspira. Se conocen desde niños, es como si fueran hermanos, pero la moralidad extrema de la familia, le hace pasarlo muy mal.
Parece que arrastran, como pueblo milenario, una maldición que persigue al pueblo judío, allá donde vaya. Lo que lo de cambiarse o huir de una localidad, sea una constante en sus vidas.
En la casa alquilada lo primero que se le pasa por el pensamiento al rabino es, buscar una manera de continuar con sus rezos, aunque sea en la clandestinidad. Ya que no va a ser esa adversidad la que vaya a doblegar la voluntad del pueblo judío. Para eso idea, construir una sinagoga en el sótano de la casa. Donde realizarán su “Tefilá” y demás plegarias, lejos de los ojos ajenos.
Una vez acondicionado el sótano, se preparan para realizar el “Korbán” (ofrenda para sacrificios). Encendiendo los siete brazos del Menorá (candelabro judío). Finalizado el sacrificio para Yahvé, con un profundo olor a incienso. Conforme a la Torah, donde la “Olah” (ritual de ofrenda quemada) que exige un cordero macho y sin defecto.
Moisés y Judith se gustan, eso es obvio, pero sus posibilidades de contacto aun viviendo en una misma casa en plantas diferentes, es complicado. Ya que su padre un rabino ultra ortodoxo la tiene sometida a un férreo control. Sabedor de las pretensiones de Moisés para con su hija. Y aunque sea amigo de Mariano, eso no flexibiliza su manera de pensar al respeto.
El principal punto de conflicto es, que el padre de Moisés, es un hombre dedicado de siempre a las finanzas y poco seguidor de la ultra ortodoxia judía.
En un lugar tan pequeño, las posibilidades de que se puedan ver a solas Moisés y Judith, son remotas. Pero como la naturaleza es sabia, aprovechan cualquier oportunidad que se les brinde, para verse. Moisés, es un muchacho fuerte con un pelo y ojos negros como ónices, mientras que Judith es una muchacha de apariencia muy delicada, con un pelo trigueño y la cara llena de pecas con unos ojos azules que parecen linternas.
En su nuevo medio, las familias tienen que afanarse en las tareas ganaderas y agrícolas, para su subsistencia, ya que, en un lugar apartado de una ciudad, hay que buscarse de casi todo para su mantenimiento allí.
Con los pequeños ahorros de ambas familias, compran unas ovejas, cabras, gallinas, una mula y un caballo. Evitando como es obvio cerdos, ya que su religión prohíbe el consumo de animales llamados impuros, los que tienen pezuña partida pero no son rumiantes.
Las dos familias preparan sus establos comunales, para el mantenimiento de sus animales. A esas tareas se dedicaban fundamentalmente las mujeres, mientras que los hombres más a la dureza de la agricultura.
En los momentos en que podían compartir la tarea, Moisés y Judith se miraban furtivamente para escaparse a los ojos de sus padres. A él le prendaba cada vez que veía el cuerpo delicado de Judith, desenvolverse en sus tareas. Son esas cosas que no se encuentra explicación, pero que suceden, que sin saber por qué, una persona te gusta.
El deseo era tan irresistible, que Moisés en un momento imprevisto, le toca la mano a ella, en una necesidad imperiosa de sentir su tacto, para poder saber que le transmitía y ella con la mirada huidiza se dejó estar.
Ese día sin querer estaba naciendo algo entre ellos dos, que no sabían hasta dónde les llevaría. Ella se puso muy roja, en esa extraña mezcla del debo y quiero.
El sueño profético
Amanece un nuevo día y Moisés se despierta confundido, ha tenido un sueño que en muchas partes parecía más bien una pesadilla. En él, ha revivido fugazmente toda la historia de sus antepasados. Parece mentira que la mente haga cosas tan prodigiosas, ha ido repasando generación tras generación el devenir de su familia hasta nuestros días. La verdad es, que desde que tomó conciencia de su ascendencia a la que se vieron obligados a renunciar sus antepasados, siente como una llamada interna, como si quisiese brotar en él, esa figura hebrea que en el pasado se vio obligado a renunciar su antepasado, como si se hubiese mantenido agazapada generación tras generación. Como si tratase de resarcirse de esa injusticia que interrumpió el traspaso en la cadena del tiempo.
Se levanta, sorprendido por ese sueño tan raro que ha tenido, pero algo le hace rondar en su cabeza que, a partir de ese día, su vida cambiará.
Se interesa por todo lo que tenga que ver con la cultura hebrea y toma la decisión de acudir a la sinagoga de su ciudad. Allí pide entrevistarse con el rabino Shimon, para explicarle el extraño sueño que ha tenido y los pensamientos que le vienen rondado de unos años para acá.
Reunido con éste, le empieza a narrar el extraño sueño que ha tenido, así como todas sus inquietudes que tiene. Le explica que como gran conocedor de la historia, sabe que algunos familiares suyos remotos, tuvieron que huir de Toledo, debido a la persecución encarnizada contra su pueblo, se trasladaron a una localidad segoviana. En la cual, se empezaron a ir diluyendo sus aferramientos culturales hebreos. Desde su toma de conciencia de sus orígenes, ha ido creándose en él un interés por todo lo relacionado con dicha cultura, como sus costumbres, idioma; etc. También le confiesa, que no le tome por loco, ya que tiene su amigo “Maimonides” (subconsciente) se le aparece frecuentemente y tiene sus charlas con él. Culpable en gran medida en esa recalcitrante decisión, de que es en su figura donde debe renacer ese judío obligado a renegar.
El rabino le contesta, que es curiosa su manifestación, pero que la entiende perfectamente. Le recomienda una academia donde puede aprender hebreo, el centro sefardí; etc.
El encuentro con Judith
Se dirige a la academia, para interesarse por las clases, donde le recibe una chica llamada Judith. Oh casualidad se llama y se parece físicamente a la chica de sus sueños. Piensa para sus adentros, si será una premonición.
Hay empatía entre ambos, confesándole Moisés de su interés por empaparse de todo lo que a ella, si acepta una invitación para tomarse algo y charlar, al salir de clase. Cosa que ella acepta gustosamente.
Asintiéndole que de acuerdo. sea relativo a dicha cultura. Proponiéndole a ella, si acepta una invitación para tomarse algo y charlar, al salir de clase. Cosa que ella acepta gustosamente, asintiéndole que de acuerdo.
Acabada la clase, Moisés pasa a recoger a Judith por secretaría, donde ella le advierte que tardará un poco, puesto que le quedan unas cosas por hacer. Contestándole él, no te preocupes, te espero a que acabes.
Acabadas sus tareas Judith y Moisés se disponen a bajar, saliendo a la calle él le dice…
—¿A dónde te apetece ir?
—Me da igual, con tal que no haga mucho ruido.
—Perfecto, vamos a ir a esa cafetería llamada Luz Rosa.
—¿Qué quieres tomar Judith?
—Yo un té con leche.
—Pues que sea otro para mí.
Se sientan frente a frente con la mesita interponiéndose entre ellos.
—Judith, ¿de dónde eres?
—Verás, yo soy descendiente de judíos sefardíes holandeses. Mis abuelos, acabada la II Guerra Mundial, emigraron hacia España.
—¿Estuvieron detenidos en un campo de concentración?
—Así es, por eso cuando acabó todo ese horror, optaron por venirse a España, dejando atrás Amersfoort. Como en un retorno a Sefarad, la tierra de sus antepasados, que se vieron obligados a abandonar.
—¿Y tú Moisés?
—Pues verás, yo tomé conciencia de mis orígenes judíos a la edad de 19 años. Momento en el cual empecé a empaparme de todo lo que tenía que ver con esa cultura. Se podría decir, que a mis ascendientes les pasó algo parecido a los tuyos. Solo que en lugar de emigrar, optaron por ser judeoconversos. Bautizándose y cambiando de nombre y apellido por otro cristiano. Ya que pasaban a ser los “nuevos cristianos”.
—Te parecerá curioso, pero hace poco tiempo, tuve un sueño revelador, en el que se veía toda la transición de ese judío de Toledo, que se vio obligado a “renunciar”, por lo menos de manera aparente. Y eso fue el desencadenante de mi interés por estudiar hebreo.
Maimonides
—También tengo mi amigo subconsciente “Maimonides”, responsable de mi trasformación.
—Vaya, que interesante de verdad.
—Se me hace tarde y debo irme a casa.
—Te acompaño yo Judith.
Se meten en el coche y mientras hacen el trayecto, van ambos como pensativos, hasta que llegan a su casa. Abriéndole él la puerta del coche, cosa que le gusta a Judith, que en la galantería aún le gustan esas cosas consideradas a la antigua.
—Sabes Judith, me ha gustado mucho charlar contigo, eres una chica simpática, cercana y buena conversadora.
—Pues Moisés, yo he tenido la misma percepción en ti.
—Espero que se repita.
—Así será, buenas noches.
Se despiden dándose un beso en la mejilla.
De vuelta a casa Moisés, se mete en la cama y mirando al techo, repasa toda la charla que ha tenido con Judith. Le ha fascinado de verdad, que sea una mujer tan educada, de finos modales; nada que ver con las asilvestradas que te vas encontrando por la vida, que a la primera de cambio de mandan a tomar por culo. Así va dejando volar sus pensamientos, hasta que poquito a poco, se le va entornando los parpados, hasta acabar agazapado en los brazos de Morpheus.
Al unísono, la misma escena se repite en la casa de Judith, que desnuda y rodeada por las caricias de sus blancas sábanas de su mullida cama, rebobina ese encuentro con Moisés, que le ha cautivado, con sus modales, su saber estar, lo buen conversador que es; sin percibir en él esa mirada de muchos hombres, que parecen estarse esperando para devorar “la carnada”. Piensa para sí misma, la verdad es que me ha gustado mucho. Sobre todo, la manera fortuita por la cual nos hemos conocido. Solo espero que él haya tenido la misma percepción que yo, ya que me gustaría de verdad volver a verle en plan íntimo y poder profundizar.
Al día siguiente al acudir a sus clases de hebreo, Moisés le dice a Judith, si no tiene compromiso, si podrían tomarse algo al salir y continuar la charla tan amena que tuvieron el otro día. Ella le asiente con su cabeza, que encantada le acompañará al salir.
Henchido de dicha Moisés, entra al aula, pero la verdad es que está como ausente, esperando que acabe pronto ésta, para así poder concentrarse en lo que realmente le importa que es acudir con Judith a la cafetería “Luz Rosa”, donde tan buenos momentos compartieron el otro día. Por fin, mira las agujas del reloj y es hora de salir, acude a secretaría para recoger a Judith.
Sentados y tomándose la consumición, hablan animosamente de sus cosas, centrándose claro está, en la curiosidad de Moisés por todo lo hebreo. Mientras la charla fluye, llega un momento que ella le lanza una pregunta, que le deja atónito.
—¿Moisés tú estás circuncidado?
—No —le responde él.
—Pues si tal como dices, quieres seguir los preceptos judíos, debes hacértela.
—Lo sé, es algo que lo he pensado varias veces.
—El “Berit Milá” (pacto de la circuncisión) es, el primer mandamiento dado por “Di-s” (forma reverenciada de respeto para referirse a dios) a Abraham, el primer judío, es una parte central del judaísmo.
—No lo sabía, me encanta enriquecerme con tus conocimientos.
—Señal que a “Maimonides” se le ha olvidado decirte esto, jajaja.
Pasadas unas horas se hace tarde y Judith y Moisés, cogen el coche, para acompañarle éste hasta su casa. Al llegar se van a despedir como de rigor, pero al darle un beso él, se encuentra que en lugar de ponerle la mejilla, le ha puesto sus labios. Cosa que el sorprendido, retribuye dándole un delicado y casi indeleble beso. Se dicen hasta mañana y Moisés arranca el coche, ensimismado con lo que acaba de suceder. Ni remotamente podía pensar, que ella fuese a mostrarse receptiva tan rápido.
Llega a casa y al acostarse, empieza a darle vueltas con lo de la circuncisión. Se tendrá que informar, dónde hacerlo, en qué consiste la tarea quirúrgica; etc.
Cuando sus parpados le van venciendo, procura retener en su mente lo vivido hoy con Judith, a ver si así tiene suerte y sueña con ella. Cosa que no le vendría mal, con lo ilusionado que está. Pensando para sí, que bonito es cuando alguien te importa y se hace el epicentro de tu vida.
Moisés, que se ha informado previamente telefónicamente, acude a la clínica, con la hora fijada, para que le hagan la circuncisión. Nervioso como está, explica en la recepción que tiene vez marcada para la operación.
Le hacen pasar a un vestuario, donde le dicen que debe desvestirse completamente y ponerse un batín. Cosa que hace torpemente, no atinando atarse los cordeles que tiene éste en la espalda.
Se le hace muy fuerte, comprobar que, junto al médico, hay dos enfermeras, en lugar de enfermeros. Ya que, en su mentalidad masculina, eso de que su miembro sea manipulado por mujeres ajenas a él, se le hace muy raro. Tumbado sobre la camilla como está, parece un chiquillo, por lo tenso que está, al sentir como manipulan su pene, embadurnándolo de una crema anestésica e insertándole un anillo metálico. Se corta el prepucio y se retira el anillo. La cosa ha sido tan rápida, que ni se ha enterado de cuando han acabado.
El médico le dice, que sanará en 5 o 7 días y que deberá guardar reposo en casa durante ese tiempo, es lo recomendable. Pasadas unas horas, le dicen que ya puede marcharse a casa.
Piensa para sus adentros, la cosa no era tan complicada, como yo la pintaba. Me alegro que ya haya superado una fase más en mi inmersión cultural.
Al llegar a casa, avisa a Judith que no acudirá hoy a la clase de hebreo. Preguntándole ella si se puede saber el motivo, a lo que le contesta él, que ya se lo contará.
Se tumba a reposar, envuelto en sus pensamientos y sueños idílicos, que le hacen sentirse con el paso que ha dado hoy, más cerca de Judith. Adormilado como está, espera tener sueños gratificantes, cosa que logra casi siempre, cayendo en brazos de Morpheus.
La siesta ha sido tan larga, que se ha hecho de noche, cosa que no le preocupa, puesto que tiene una baja en el trabajo y no tendrá que acudir a él, durante unos días.
Llama a Judith, para avisarle, que se ausentará unos días por baja médica, sin dar más explicación. Lo que le hace sospechar a ella, que algo raro está pasando.
Transcurridos unos días se presenta a las clases de hebreo, Moisés.
—Vaya sorpresa volver a verte señor misterioso.
—No es así Judith, cuando salgamos hoy de clase, si puedes, nos tomamos algo y te lo explico todo.
—De acuerdo, así haremos.
—Hasta luego entonces.
Mientras asiste a clase Moisés, Judith empieza a suponer conjeturas de lo que le ha podido pasar a él, estos días que se ha ausentado, sin querer dar mayor explicación.
Así transcurren esas 3 horas, hasta que toca salir, pasando Moisés a recoger a Judith a secretaría.
Bajan a la cafetería “Luz Rosa” y Judith le interpela, diciéndole: —Ahora me lo vas a contar todito, todito…jajaja.
—Si mujer, así lo haré gustosamente, pero no creas que es para tanto lo que te voy a contar.
—Pues ya me contarás el porqué de tu ausencia misteriosa esta semana que has faltado a clase.
—Verás Judith, como bien sabes, te había comentado de mi deseo de inmersión en todo lo cultural hebreo. Por eso he decidido circundarme, cosa que ha sido el motivo de mi ausencia.
—¡No me digas! Vaya sorpresa eh.
—Sí, ahora me siento cada día más cerca de ese “interior”, que reclama cada día, volver a brotar en lo que fue obligado a renunciar.
—Bien, me alegro que cada día te sientas más implicado, en volver a integrarte en nuestra cultura, gracias a ese “interior” como tú le llamas.
—¿Por cierto no has tenido más conversaciones con “Maimonides”?
—Si claro, nuestros más y menos tenemos.
—Judith, ¿qué te parece si nos damos un paseo?
—Bien, al final mañana es “shabat” día de reposo, consagrado al placer, a la tranquilidad, donde las preocupaciones por las cosas materiales se desvanecen. Se puede disfrutar de una buena comida, una mesa bien servida bajo es resplandor del “Menorá”; etc.
—¿Estuviste nervioso durante la circuncisión?
—Pues la verdad es que sí, porque eso de tener la parte genital, en manos de un extraño y más aun siendo mujer, se mi hizo violento…
—Jajaja ¿Por cierto no has tenido más conversaciones con “Maimonides”?
—Si claro, nuestros más y menos tenemos.
—Judith, ¿qué te parece si nos damos un paseo?
—Bien, al final mañana es “shabat” día de reposo, consagrado al placer, a la tranquilidad, donde las preocupaciones por las cosas materiales se desvanecen. Se puede disfrutar de una buena comida, una mesa bien servida bajo es resplandor del “Menorá”; etc.
—¿Estuviste nervioso durante la circuncisión?
—Pues la verdad es que sí, porque eso de tener la parte genital, en manos de un extraño y más aun siendo mujer, se mi hizo violento…Jajaja.
—Sería de película poder observarte la cara en esos momentos…jajaja.
—Si ríete, pero el que lo pasó mal fui yo.
—¿Qué me propones?
—¿Nos vamos a bailar?
—¡Venga!
Van caminando hasta una discoteca cercana que conoce Judith. Es muy bonita la entrada, con un anagrama de luces de Neón, en que se ve a una pareja bailando con movimiento. El ambiente es elegante y la pista de baile es muy iluminada con los globos de colores del techo. La música le gusta mucho a Moisés.
Toman acomodo en una mesa, donde piden sus consumiciones, como ambos son abstemios él se pide un zumo de melocotón y ella un San Francisco. La noche transcurre fenomenal, bailando con mucha animación ambos. Hasta que cambia de repente la música a lenta y él le dice… ¿bailas? Judith asiente con la cabeza y se juntan para disfrutar del momento, pegaditos y mecidos por la lentitud de la canción.
En medio de la oscuridad de la luz atenuada en la pista de baile, Moisés le dice, ¿sabes?, me gustas mucho, esbozando Judith una sonrisa y enfrentando sus labios a los de él. Que, sin dudar, él le dio un beso muy delicado casi indeleble en los suyos. Se miraron fijamente, como si se hubiese sellado entre ambos, algo a partir de ese momento. Acabado el momento de baile lento, se vuelven a sentar sobre el sofá. Allí, él le deja caer su brazo sobre su hombro, a ella.
Judith se deja sin rechistar, envolver por su brazo, que la arrastra hacia él, dándose un beso húmedo, en que sus lenguas se entrelazaron, una vez vencidas las resistencias.
Se separan sus labios y con la mirada perdida, miran hacia el techo, como no creyéndose lo que acaba de suceder. Aunque no ha sido más que la consumación de algo deseado por ambos.
Ella le dice: —¿Nos vamos a casa?
Él asiente. —Como quieras.
Se suben al coche y él enfila su coche hacia la casa de Judith, para llevarla.
Al llegar, él se va a despedir, cuando ella le dice.
—¿Subes?
Asintiendo sin pronunciar palabra.
Cogen el ascensor de la mano dada y en unos segundos que se hacen eternos, llegan hasta la puerta de su casa. Abre la puerta invitándole a pasar, cosa que Moisés le dice, primero tú, como hombre galante que es. Pasan y Judith enciende unas luces muy tenues, que hacen que se logre un ambiente muy acogedor en el salón. Ella le invita a tomar algo, preguntándole qué quiere.
Mientras toman sus consumiciones, las miradas de la complicidad van haciéndose más y más fuertes. Los movimientos sinuosos de ella, incitan a Moisés a la necesidad de buscar sus labios. Y en un impulso veloz, sus labios se pegan a los de ella, como queriéndolos mordisquear. Sus bocas se funden en un húmedo beso, en que sus lenguas buscan la forma de acople, para sentirse uno solo.
Ella le ayuda a deshacerse de la chaqueta, mientras que la mano de él, se inmiscuye debajo de su falda, en una necesidad latente de poder medir su deseo. Ella no opone resistencia, dejando que sus dedos profanen los límites de su tanga. Sorprendido al tocar su diminuta prenda, puede comprobar que ella está empapada. Sin liberar sus labios rehenes de la boca de él, ahoga sus sonidos de jadeo que se le escapan. Él siente como su dedo ha alcanzado el surco de su vulva, quedando totalmente impregnado del flujo, que mana abundantemente, como si recubriese su dedo con un guante blanquecino. Pero no puede parar el subidón que le provoca que ella al unísono, le haya bajado la cremallera de su bragueta y haya hecho saltar su polla en ristre, lo que le hace avanzar en la exploración de la hendidura de su vulva, en busca de su clítoris. Ella le detiene y él sorprendido se para, pensando que quizá ha osado demasiado en su rapidez. Pero no, ella le dice susurrando, vámonos a la cama, levantándose ella del sofá y tirando de él hacia su dormitorio.
Asidos por la mano caminan hacia éste, tirándole ella sobre su cama y subiéndose a horcajadas encima de él. Mientras le besa febrilmente ella se desprende de su falda deslizándola por sus muslos. Él instintivamente, mete su mano bajo su tanga, acaparando su vulva. Ella empieza a escurrirla entre sus piernas, para desprenderse de ella, acabando de sacarla con el roce de sus pies.
Moisés está enloquecido y se aferra con sus labios a los pezones duritos de ella, mordisqueándolos, cosa que provoca en ella que suelte unos gemidos que van en aumento. Sintiendo como ella le va empapando sus genitales, busca afanosamente que su polla durísima como está, consiga introducirse en su vagina.
Ella le mira fijamente y le dice… —¡Con responsabilidad eh! —Mensaje recibido por él que haciendo un giro lateral, hace que ella se quede boca arriba y él encima de ella, cambiando las tornas hasta el momento. Le sube una onda de calor que le abrasa completamente de deseo, sintiendo la necesidad imperiosa de entrar en ella, pero se controla, temeroso de que sus labios abandonen su boca y descienda sinuosamente por su cuello hasta alcanzar la comisura de sus senos, allí se detiene jugueteando con ellos chupándolos y mordisqueándolos a la vez. Excitada como está, sus pezones apuntan puntiagudos, en medio del frenesí de los jadeos que se le escapan.
Prosigue su camino con su lengua, como queriendo saborear el néctar de su piel, jugueteando con su ombligo, horadándolo con la puntita de su lengua. Siente como las manos de ella le agarran a su cabeza, dirigiéndole al destino inexorable de su vulva. Su olor a hembra le vuelve loco a Moisés, sumergiendo su boca en el surco de su vulva empapada, en un recorrido de arriba abajo, busca atrapar entre sus labios su clítoris. Que lo encuentra ahora todo expuesto fuera del refugio de su capuchón, esmerándose con él, succionándolo con fruición, recibiendo generoso chorro de flujo que salpica toda su boca.
Su olor a hembra le vuelve loco a Moisés, sumergiendo su boca en el surco de su vulva empapada, en un recorrido de arriba abajo, busca atrapar entre sus labios su clítoris. Que lo encuentra ahora todo expuesto fuera del refugio de su capuchón, esmerándose con él, succionándolo con fruición, recibiendo un generoso chorro de flujo que le salpica toda su boca.
Ella le dice: —Por favor no me tortures más, entra. —Moisés excitado como está, frota su polla en ristre contra el surco de su vulva, como en una exploración de tanteo, de si será capaz de aguantar. Tiene clavadas las palabras de ella… ¡Con responsabilidad eh! Pero el frenesí irrefrenable le hace que su glande empiece a horadar su vagina mojadísima como está. La excitación brutal que le provoca, le empuja a tocar fondo, oyendo el chasquido de su vulva empapada, cada vez que hace tope.
Mientras su polla la horada, el roce de su glande tocándola en lo más hondo, la hace enloquecer. Escapándosele pequeños grititos, mientras sus manos le arañan su espalda.
Las contracciones de su vagina van en aumento, haciendo que su vientre se arquee como queriendo facilitar el acople total de sus sexos, al tiempo que él realiza movimientos circulares con su pelvis, para aumentar la excitación de ella hasta llevarla al éxtasis. Ella explota y crispando su rostro totalmente suelta un grito liberador en medio de la noche… —¡Me estoy corriendo! —Moisés, no resiste el efecto chupón de su vagina que le exprime su polla y viéndose vencido en un movimiento zas… La saca expulsando los chorros de semen, que salpican cayendo sobre el rostro de Judith, con un brutal alarido orgásmico.
—Apriétate con todas tus fuerzas contra mí —le pide ella, cosa que obedientemente hace, abrazándola envolventemente.
Exhausto, se deja caer sobre ella con mucho cuidado para no aplastarla. Ella le envuelve con sus brazos, mientras sus respiraciones entrecortadas se recuperan del frenesí vivido.
Su cabeza posada sobre sus senos, consigue oír el latido acelerado de su corazón, buscando recuperarse.
Recuperado el latir en ambos, se besan dulcemente, Moisés sorprendido aún, no se lo cree lo que ha pasado tan rápido.
Al día siguiente él, en sus ratos libres, trata de informarse de lo que le ha dicho Judith de lo que debería leer, para continuar su inmersión en el judaísmo. Instruyéndose con la “Haskalá” (ilustración judía), la
“Torah” (ley identitaria del pueblo judío), la “Mishná” (tradición oral judía) y el “Talmud” (discusiones rabínicas), etc. Todo ello basado en el método histórico crítico moderno, ya que tanto Judith como Moisés, son ateos.
Asiste a su clase de hebreo como de costumbre, pero se lleva una gran decepción, ya que ese día no está Judith. Se interesa por ella y le dicen que ella avisó que no vendría en el día de hoy por unos asuntos particulares.
Transcurre la clase con Moisés ausente completamente, como con la mirada perdida pensando en Judith. Al acabar su aula, pasa por la puerta de secretaría y no está como ya sabía. Baja a la calle y una vez dentro de su coche, la llama para saber cómo está. Pero nada el resultado es nulo, el teléfono no se lo coge.
A eso de las 22:00 h suena su teléfono y observa que es Judith que le llama.
—Hola Moisés, ¿cómo estás?
—Bien Judith, ¿y tú, que no has venido hoy a la academia?
—He tenido que realizar unos asuntos familiares, por eso pedí el día.
—Sabes, he estado consultando algunos libros de los que me recomendaste.
—¿Y qué tal?
—Pues bien, estoy cada día más ilusionado con todo lo que voy descubriendo sobre nuestro pueblo.
—Pues me alegro de verdad, eso te ayudará mucho, pues con ilusión toda la información nos entra de manera más contundente.
Al día siguiente Moisés acude a su trabajo, pero está tan absorto por esa mujer, que la cabeza la tiene en otro lado en lugar de tenerla a lo que está. Desea que se acabe pronto su turno de trabajo, para quedar con Judith. La llama por teléfono, para quedar con ella hoy al salir de clase.
Piensa para sus adentros, que bonita es la sensación de estar implicado con alguien. Saber que no eres un “huérfano” en el mundo, que hay alguien que se preocupa por ti.
Bufff…por fin toca salir del trabajo, menos mal, porque se le estaba haciendo interminable.
Acude presuroso a la clase y al pasar delante de secretaría le hace un guiño a ella, como que después se ven. Ella asiente afirmativamente con la cabeza.
Acabada el aula, pasa a recoger a Judith y bajan a su cafetería de siempre “Luz Rosa”. Sentaditos como dos colegiales, él le toma sus manos entre las suyas y le dice…
—Sabes Judith, estoy tan contento de haber tenido la suerte de conocerte, que ni te lo imaginas.
—No será para tanto so bobo.
—Pues así es, porque he conocido otras mujeres en mi vida, no te voy a engañar, pero ninguna que reuniera todo lo que tienes tú. Es como si se hubiese cumplido mi deseo idealizado de mujer.
—Y lo digo tanto física como psíquicamente, ya que, al revés de la mayoría de los hombres, me gusta la mujer con una piel muy blanca, como tú. Pecosa como eres y con esos ojos que parecen dos linternas cuando me miras. Además de reunir esa faceta hebrea que siento en mi interior que debo recuperar, por aquél descendiente que fue obligado a renunciar, como bien sabes.
—Es un ensueño haberte conocido, mi mujer a la medida eres sin más.
—Jajaja mira que eres bobito eh.
—Creo que estás idealizando demasiado.
—Que no Judith, que sé lo que digo muy bien.
—No vayas a creer que es una ilusión pasajera por la novedad.
—Bueno, te creeré.
Se marchan de la cafetería y él la lleva hasta su casa, despidiéndose ambos, ya que mañana Judith le ha dicho que tiene un día muy duro y que tiene que acostarse pronto.
—Por cierto, ella le pregunta a Moisés, ¿qué tal con “Maimonides”?
—Mira que tienes burlona eh.
Amanece un nuevo día y Moisés está radiante, rebosa felicidad a raudales, cosa que por momentos le asusta, no vaya a ser un espejismo y que todo se pueda acabar de repente.
Acaba su jornada de trabajo y se dirige como de costumbre a la academia, pero oh sorpresa, al llegar comprueba que no está Judith. Pregunta por ella y le dicen que ha tenido unos problemas y que no vendrá.
Él coge el teléfono y la llama inmediatamente, para interesarse por ella. Pero nada, no le coge el teléfono y se marcha a su aula alicaído.
Aguarda ansioso que ella le llame más tarde como el otro día, pero no, ese día no hay la grata llamada, se acuesta e intenta conciliar su sueño, mirando fijamente el techo, hasta que le vence el sueño.
Se despierta sobresaltado, con la pesadilla que ha tenido. El cerebro esa máquina prodigiosa de sueños, le había jugado una mala pasada, que le angustiaba, sobre que algo malo le había pasado a Judith.
Coge el teléfono y la llama, por suerte esta vez sí le coge el teléfono.
—¿Qué te ha pasado mi amor?
—Nada, no te preocupes, asuntos familiares que estoy arreglando.
—¿Nos podemos ver hoy, le dice él?
—Si claro mi bobo.
—Vale, como es Viernes, al no tener prisa podremos charlar amenamente, que tengo muchas ganitas de estar contigo.
—Bien le dice ella, hoy te voy a invitar a un restaurante kosher.
—Ah, excelente entonces, un beso.
—Otro para ti bobillo.
Acude a su clase como de costumbre y saluda al pasar a Judith.
Finalizada su aula, que es siempre la última en la academia, pasa por secretaría para recogerla.
Se dirigen conforme a lo acordado al restaurante Kosher, donde se siguen los preceptos del judaísmo para los creyentes. Y aunque ellos no lo son, sí que tiene su trasfondo cultural. Por lo tanto resultará una cosa novedosa para Moisés.
Piden ambos lo mismo para degustar el paladar, unos vegetales rellenos, Falafel casero y cordero dos cocciones, tomando de postre un delicioso flan de coco, etc.
Después de una pausada restauración, piden la cuenta y se marchan. Invitándola a Judith a que conozca su casa. Cosa que ella acepta gustosamente.
Al llegar abre la puerta de su piso, pasando ambos, sorprendiéndole a ella el buen gusto en la decoración de Moisés.
Él le dice, que quiere tomar y sirviéndose ambos, se sientan en el mullido sofá, que prácticamente te engulle al sentarse. Lo que provoca que ella, suelte unas buenas carcajadas, sorprendida.
Ella se descalza y sube sus piernas al sofá, poniéndose cómoda. Mientras saborean su cóctel, ella le dice… - ¿Moisés, tus padres viven en Madrid?
—No, le contesta él, viven en Segovia.
—¿Y los tuyos?
—Los míos sí viven en Madrid.
Acercándola a él la envuelve con su brazo, dándole un delicado beso en sus labios, como el que maneja una delicada figura de cristal. Se levanta y la coge de la mano, llevándola al dormitorio. El cual le resulta muy elegante a ella.
Abrazados se dejan caer en la cama, mullida como está, con un precioso edredón granate que invita a los pecados.
Él se abalanza sobre sus labios, para sentir todo eso que le infunde su persona, inmiscuyendo su lengua por la comisura de los de ella, que entreabiertos como están, le reciben húmedamente.
Ella se desprende de los zapatos, despidiéndolos al aire con un movimiento rápido de sus piernas. Mientras él la tiene rehén, con su cuello cautivo de su boca, que succiona, provocándole que se le escapen pequeños jadeos. Indefensa como está, siente como él le levanta la falda. Ella le ayuda desprendiendo los corchetes que la cierran, una vez quitada, él se reincorpora para quitarse los pantalones. Una vez libre de ellos, en medio del frenesí, le arranca liberalmente su tanga, metiendo su boca entre sus muslos, enloquecido como está le lame su vulva, deslizando su lengua en el surco de ésta, hasta encontrar su clítoris. Sometiéndole a latigazos con la puntita de su lengua, obligándole a crecer y salir del refugio de su capuchón. Con el todo expuesto, con su polla en ristre como está, siente la necesidad de deslizar su glande entre los labios de su vulva, oprimiéndole su clítoris, provocando que un generoso chorro de flujo salpique sus testículos, bañándolos con ese calostro de su flujo abundante. Esa sensación, le excita sobremanera, poniendo mucho más empeño. De repente, ella le dice que pare, aturdido no entiendo muy bien por qué, diciéndole ella, tengo una sorpresa para ti, hoy me podrás bañar generosamente con tu semen. Sorprendido, no entiende nada, explicándole ella, que desde la primera vez que lo hicieron, ella empezó a tomar anticonceptivos. Él se acerca a su boca y le da un beso lleno de ternura, en señal de gratitud.
Entonces es ella la que toma la iniciativa y se agarra a su polla que durísima como está, llega a brillar su glande y la bate generosamente de arriba abajo, como queriendo medir su intensidad. Agacha su cabeza atrapando su glande con la boca, succionándolo con mucha intensidad, obligándole a él a cerrar los ojos y apretar la mandíbula por el placer enorme que le proporciona. Él le suplica por favor que pare que sino no va a aguantar, liberándolo ella de sus labios y asiéndose a él, se sienta encima de él, a modo de caballito, para iniciar la cabalgada hacia el infinito. En cuclillas como está, observa como su glande desaparece engullido por su vagina en un sube y baja imparable. Él le pellizca los pezones, para aumentar su grado de excitación, que puntiagudos como están, apuntan hacia él como flechas. Con un golpe seco, ella se deja caer quedando totalmente insertada en su polla, empezando una frenética rotación con sus caderas que le aplasta los testículos, como tratando de buscar el desenlace del orgasmo, que provoque la eyaculación inexorable de él. No pares, le grita ella, hazme tuya… ¡me estoy corriendo…! Cosa que él, al sentir los espasmos de su vagina apretando su polla eleva su vientre al máximo arqueándose hacia arriba, soltando un grito desgarrador… ¡me corrooo! Salpicando su vagina con los chorros del semen caliente, mientras sus manos están atenazadas a sus senos. Él puede contemplar en esos instantes fugaces, como sus ojos vidriosos giran desorbitados por el placer mientras jadea sin parar. Rendida como está, ella se deja caer a horcajadas encima de él, mientras siente latir su polla dentro de su vagina.
En un silencio sepulcral, oyen sus corazones recuperar su latido lentamente, mientras se acarician mutuamente con mucha ternura. Ella se eleva y le mira, que exhausto como está, mantiene los ojos cerrados.
—¿En qué piensas Moisés?
—En lo maravilloso que ha sido, es bellísima la sensación de compenetración total.
—Me alegro que te haya gustado.
—Gustado es poco, me ha encantado.
—Pero la verdad es, dice Moisés, que no sé muy bien si esto que hacemos está bien visto, entre los judíos.
—No te preocupes por ello, le dice Judith, no todos los judíos son tan ortodoxos que llevan todo a rajatabla.
—¿Tú crees? -dice Moisés.
—Pues claro hombre, los judíos somos personas de carne y hueso y también tenemos nuestras debilidades. –dice Juidith.
—Ah bien, dice Moisés, echándose a reír ambos.
Abrazaditos se duermen, bajo el manto de la noche, deseando que en sus sueños se prolongue el delirio vivido.
Al amanecer
Ring…ring…ring…suena el odioso despertador, toca faena y se tiene que marchar al trabajo. Se levantan y después de desayunar se despiden con un beso, yéndose cada uno a sus tareas cotidianas.
Mientras se dirige en coche a su trabajo, Moisés repasa el sueño de anoche, en que una vez más, le ha visitado Maimonides”, ese
“vecino” recurrente que ha poblado y prueba sus sueños. Le resulta curioso, que sienta esa llamada con tanta insistencia en el tiempo. Se pregunta, ¿por qué a mí?
El día transcurre dentro de la rutina habitual y en su tiempo de almuerzo, repasa los apuntes que va recopilando sobre el “sionismo”. Que aunque sus orígenes son anteriores, fue el periodista austrohúngaro de origen judío Theodor Herzl, quién sentó las bases del movimiento laico actual. Ya que, gracias a él, hizo despertar la conciencia con más énfasis en la diáspora judía su sentimiento de identidad de pueblo con derecho a su autodeterminación. Provocando también que el idioma hebreo, que prácticamente se había extinguido y quedase meramente reducido a los textos litúrgicos, renaciese como lengua viva.
Lo que le hace reflexionar, que un pueblo que por distintas causas, fue perseguido durante siglos y que a pesar de todas las barbaridades sufridas, no fueron capaces de exterminarlo; demuestra su tesón envidiable por sobrevivir de un pueblo especial.
Llega la hora de ir a su clase de hebreo, que más que por la clase es por ver a Judith lo que le entusiasma.
Acude presto a la hora, pero se lleva una gran decepción, su Judith no está. Le dan la excusa de siempre, de que ha tenido unos problemas y no ha podido venir. Coge el teléfono y la llama, pero nada, no le coge el teléfono.
Acabada la clase, insiste en volver a llamarla, pero nada, el resultado es cero. Y de camino a casa, empieza a barruntar esas posibles causas que ya le están resultando extrañas. Ya que es mucha casualidad que siempre le surjan contratiempos, que le impiden venir a clase.
Por fin consigue localizarla y hablar con ella, que como de costumbre le pone la excusa de sus problemas familiares, relacionados con sus ausencias en la academia. Prefiere callar sus sospechas y no le comenta nada.
Quedan para verse a la noche, aprovechando en sus ratos libres, para irse impregnando más y más sobre dicha cultura.
Llega la noche y como de costumbre, al acabar las clases, pasa Moisés a recoger a Judith en secretaría. Bajando a su cafetería de siempre que, con su iluminación de color rosa, crea un ambiente cautivador.
Hablan de sus quehaceres cotidianos sin más, hasta que Judith le pregunta…
—¿Moisés has ido alguna vez a Israel.
—No.
—¿Y no te gustaría conocerlo?
—Claro que sí, pero no se ha dado la circunstancia aún.
—Pero es algo que, si tengo pendiente, visitar el Mar Muerto, Jerusalén con su muro de las lamentaciones. Es algo que tengo previsto realizar cuando finalice mi etapa de inmersión.
—¿Qué te apetece hacer Moisés?
—A mí, estar contigo.
—¿Te vienes a casa o nos vamos a la tuya?
—Como tú prefieras dulzura.
-
Venga pues, vamos a la tuya.
—¿Nos dejará “Maimonides” en la intimidad?
Al llegar aparca en la cochera Moisés y desde el ascensor, llegan a su piso. Le abre la puerta invitándola a que pase primero.
—¿Tú te sientes a gusto conmigo Judith?
—Si claro, ¿por qué lo preguntas?
—Te seré sincero, últimamente me están preocupando mucho tus ausencias repentinas.
—¿Ah sí?
. Si me crean inquietud.
—Pues no les des mayor importancia hombre que no la tienen.
—Vale tú sabrás, solo te digo una cosa, si en algún momento no te sientes a gusto conmigo, me lo dices y ya está. Puesto que soy de los que prefiere las verdades puras y duras antes que las mentiras piadosas.
—Vale bobo.
Se quedan inmóviles mirándose fijamente con las manos entrecruzadas. Ella pensativa le mira y él quieto aguarda como si le fuese a decir algo.
Él la coge rodeándola su rostro con las manos, como en una demostración de mucha ternura. Ella suspira y se dan un beso que empieza suave pero poco a poco se va encendiendo, con sus bocas húmedas cada vez más deseosas de fundirse.
Ella con la punta de su pie recorre su pierna hasta alcanzar su entrepierna, con mucha sensualidad. Poniéndole a él en el disparadero. Acariciándole suavemente con su pie, nota crecer su polla hasta sentirla querer saltar.
Le baja la cremallera y su polla salta como un resorte fuera del pantalón. Él la arrastra hacia él, mordisqueándole sus labios carnosos. Mientras su mano se mete por el escote de su camisa acariciándola sus pezones. Ansioso como está, se levanta para arrastrarla agarrada de la mano hasta su cama, donde la tumba, al tiempo que empieza a desvestirla sacándole su camisa y pantalones. Con su tanga completamente engullido por el surco de su vulva, le da un subidón a él, que se saca los pantalones muy nervioso, deseoso como está. Ella le contempla, como polla en ristre avanza hacia ella, necesitado de sentir la humedad caliente de su vagina que le cobijará. Siente tan imperioso deseo de entrar que, enfila su polla hincándosela horadándola con fuerza, mientras ella no para de decirle…si…si…si, no pares por favor, hazme tuya. Con un golpeo cadencioso su glande se encaja a cada embestida, hasta que llega el inexorable orgasmo que hace que Judith le abrace y le envuelva con sus piernas para sentir el éxtasis. Moisés, no aguanta más y acelera el vaivén hasta que siente el chorro del semen bañar la vagina de ella, mientras ella grita, ¡me corrooo… ¡ Sumidos por el chasquido cada vez que hace tope.
Pasado el frenesí, tumbados boca arriba saborean su cigarrillo, soltando volutas que observan difuminarse hacia el techo. Mientras con la otra mano permanecen unidos con sus dedos entrelazados.
Judith le confiesa, que se tiene que ir unos días a Israel.a realizar un curso de perfeccionamiento de la academia.
—¿Ah sí?
—Sí, me han llamado el otro día de la central de la academia en Jerusalén.
—¿Y cuantos días vas a estar ausente?
—No lo sé exactamente, pero te tendré al tanto.
—Vale, ¿cuándo te vas?
—Mañana sale el avión al mediodía.
—Ufff… algo así tan repentino me impide poder acompañarte, ya que tendría que haber avisado con antelación a la empresa.
—No te preocupes bobo, que solo son unos días, pronto estaré de vuelta.
—¿Sabes? Te voy a echar mucho de menos.
-
Y yo a ti, me siento muy a gusto contigo y estoy enamorada.
—¿De mí o de “Maimonides”?
—Pues la verdad es que, creo que de ambos, ya que no sé cómo puedo diferenciarlos.
—Jajajaja se ríen ambos.
Se levantan se recomponen sus ropas y Moisés acerca a Judith a su casa, dándose un beso muy tierno de despedida, ya que no la verá en unos días.
Amanece y Judith se prepara para marcharse al aeropuerto, tiene que coger el avión, que le llevará unas 4 horas.
Durante el vuelo, va pensando por cuánto tiempo más podrá ser capaz de mantener el secreto a Moisés. Ya que su situación es complicada y como le explica a él, que eso de la academia, no es más que una tapadera.
Llega el avión a Jerusalén y le están esperando dos hombres, que la recogen en el aeropuerto, metiéndose todos en un coche negro con los cristales tintados, dirigiéndose a Gillot la central del Mossad en Israel. Dicha organización es un organismo pequeño y hermético, pero tecnológicamente muy avanzado. Judith que en realidad se llama Ahava, que pertenece a la rama Kidon, va a recibir instrucciones para ejecutar una misión que se ha estado meses preparando.
Recibido el cursillo con todas las instrucciones con el procedimiento a desempeñar. Después de tres días en Israel. Ahava se dispone a regresar. Llama a Moisés y le dice que ha acabado su cursillo de perfeccionamiento y que pronto se verán.
De regreso a Madrid, Ahava (Judith), que habla perfectamente árabe, empieza a hacer un minucioso seguimiento de su objetivo. Repasando durante el vuelo todos los preparativos.
Vuelve a la academia y espera volver a ver a Moisés en la clase de la noche. Al fin ha vuelto repentinamente y él siquiera lo sabe, se llevará una sorpresa.
Al llegar a la academia y ver a Judith, al pasar por secretaría, Moisés se queda estupefacto, no se cree lo que ven sus ojos, pero si ella está allí. La llama para saludarla y ella le contesta esbozando una sonrisa.
—¿Te he sorprendido?
—Pues sí, no te imaginaba tan pronto de vuelta.
—Quise darte una sorpresa y por eso no te he dicho nada, bobo.
—Pues nada, me voy a clase y a la salida nos vemos, ¿vale?
—Pues claro, así será.
Llega la hora de la salida y como de costumbre, bajan para ir a su cafetería de siempre, sentándose frente a frente.
—Judith, ¿me tienes que explicar que pasa en tu vida?
—¿Por qué dices eso?
—Me está pareciendo todo esto muy raro, hay algo que me hace desconfiar, que no me estoy enterando de toda la verdad.
—Jajajaja sí, a ver si va a ser que estás saliendo con una agente 007.
—Bueno, ¿coméntame que has hecho en Israel.
—Pues lo que ya te había comentado, fui a hacer un curso de perfeccionamiento, que impartía la academia en Jerusalén.
—¿Y has visitado algún lugar turístico?
—Verás yo he estado en Israel.muchas veces, los lugares más emblemáticos ya me los conozco todos.
—¿Por cierto, ¿tú tienes pasaporte?
—Sí, claro. ¿Por qué lo preguntas?
—A lo mejor antes de lo que tú crees, nos vamos tú y yo a dar un paseo por allí.
—¿De veras?
—Pues claro, somos novios, ¿no?
—Claro, claro.
—¿Sabes? A mí me hace mucha ilusión visitar el muro de las lamentaciones.
—Es una cosa que tengo pendiente con “Maimonides”
—Jajaja … “Maimonides”, te está trayendo por la calle de la amargura eh.
—Ya sabes, mi subconsciente anda muy pendiente de mí, no vaya a desviarme ahora de la meta, después de todo el trabajo que se ha pegado conmigo.
Se despiden allí mismo en la “Luz Rosa”, ya que Judith se excusa en que tiene que hacer unas cosas importantes por la mañana y necesita acostarse pronto. Moisés la acompaña hasta su casa, despidiéndose de ella con un dulce beso, diciéndole…Nos vemos.
Al otro día tempranito Ahava, sale de casa para ir a reunirse con dos katsas (espías) del Mossad, tienen que planificar con mucha meticulosidad la operación.
Una célula terrorista de una facción radical, está en su punto de mira y el que figura en la cúpula de ésta, “un ingeniero” responsable de la fabricación de todos los artefactos explosivos. Tienen órdenes de eliminarlo. Ya que saben por las averiguaciones que han hecho, que es el responsable de haber cometido de manera indirecta, como cerebro que es, varios atentados en Israel. Se le perdió el rastro allí, cuando estaban a punto de eliminarlo, pero casualidades fortuitas, se les escapó.
Guershom y Mevaser más Ahava hacen una concienzuda planificación, para cazarlo, ya que es hombre muy astuto, desconfiado y escurridizo.
Como siempre va escoltado por sus guardaespaldas, optan por la táctica de la seducción. Ya que Ahava es una mujer muy bella, que habla perfectamente árabe y saben que se va a realizar un acto cultural en la capital, donde asistirán importantes hombres de negocio árabes.
Se hace llamar Ibrahim, a saber, cuál es su nombre verdadero. Pero eso no importa, ya han dado con él. Saben que como hombre “quemado” para la organización en Palestina, les sería más útil en una nueva ubicación. De ahí que le hayan trasladado a Europa, bajo el paraguas de un importante hombre de negocios. Ha llegado a los oídos del Mossad que está buscando una secretaría que hable árabe, español e inglés. Ahava habla además hebreo y holandés, además.
Conciertan una cita para la entrevista para tal puesto, será entrevistada por el hombre mano derecha de Ibrahim.
Los katsas del Mossad le entregan a Ahava, toda la documentación falsa, que necesitará para acreditar su identidad, como un pasaporte holandés, diploma de Economía de la facultad, certificado de la escuela de oficial de idiomas de Ámsterdam de árabe; etc.
Llega el día de la entrevista y Judith se presenta a la hora concertada.
Ahmed, el brazo derecho de Ibrahim, empieza a entrevistarla…
—Buenos días tenga usted, (todo en árabe por supuesto).
—¿Qué es lo que le ha hecho fijarse en nuestra propuesta de trabajo?
—Pues verá señor, a mí me gusta todo lo relacionado con la cultura árabe.
—Ah sí, ¿por qué?
—Le parecerá increíble pero mi fascinación por dicha cultura, empezó en Holanda, cuando era una niña. Después de contarme, el cuento de “Las mil y una noches”.
—Ah, ¿es usted holandesa?
—Así es, de Amsterdam.
—¿Dónde estudió usted?
—Yo realicé todos mis estudios en dicha ciudad.
—¿Y cómo vino usted a parar a Madrid?
—Mi padre era un alto cargo en una conocida marca de bombillas de Holanda, le enviaron como director para hacerse cargo de la sucursal de aquí.
—¿Y esa perfección lingüística que tiene sobre el idioma árabe?
—Pues verá, en Holanda en la ciudad que vivía había una nutrida población de origen árabe, cosa que, unido a mis estudios, con la posibilidad de poder practicar tan bello idioma, me hizo perfeccionarme.
—¿Cuántos idiomas habla usted?
—Hablo, holandés, inglés, árabe y español.
—¿Le interesaría a usted trabajar con nosotros?
—¿Si señor, trabajo en una academia de idiomas, como secretaria.
—¿Y por qué quiere dejar su trabajo?
—Pues muy simple, porque allí mi trabajo es muy limitado y aquí, estoy segura que me podría desarrollar más ampliamente profesionalmente.
—De acuerdo Judith, estaremos en contacto.
—Hasta la próxima señor.
Ahava sale y va al encuentro de los katsas Guershom y Mevaser del Mossad, que la esperan en una cafetería cercana.
Allí reunidos hablan de cómo le ha ido la entrevista y de las posibilidades que tienen de que todo salga bien.
Llega la tarde y en la academia se vuelve a encontrar con Moisés, al cual le dice antes de pasar a clase, que cuando acabe, le tiene que contar algo. Asintiéndole éste.
Bajan como de costumbre a su cafetería y allí se disponen a charlar frente a frente mientras toman unos ricos batidos que han pedido hoy.
—¿Tú me dirás Judith?
—Pues que hoy he ido a una entrevista para una empresa importante.
—Ah, ¿Y eso?
—Mira, en la academia estoy a gusto, pero gano muy poco y además yo creo que me puedo desarrollar más profesionalmente, que no resignarme a ser solo una simple secretaria con un sueldo exiguo.
—Bien, me parece bien, si tú tienes ambición de progresar.
—Pues claro, ¿qué te parece?
—Todo lo que tú decidas, lo doy por bueno, al fin yo sabes que estoy coladito por ti.
—Jajaja claro, claro, bobo.
—¿Te apetece venir a mi casa? —le dice él.
Cosa que ella asiente, que encantada irá.
Pero esta vez la visita a casa de Moisés, no será como las anteriores, ya que aunque se desean mucho, el sexo no estará presente ya que la charla derivará hacia los Kibutz (agrupación).
Moisés le confiesa a Jutith, que él siempre ha sido un profundo admirador del modelo de explotación agrícola que constituye el Kibutz. Agrupaciones de agricultores, que explotan tierras del Estado, Inspirados en la idea del retorno a la tierra de Aarón David Gordon y del sionismo socialista de Dov Ber Borojov y Sirkin. Con los principios básicos de los Kibutz, como son:
—Enfatización del trabajo agrícola –En que sus miembros tenían que estudiar agronomía. Siendo su principal baza, el éxito en la industria internacional de tecnología de riego.
—Propiedad colectiva —Tanto los medios de producción, como los servicios y demás bienes, pertenecen a los miembros del Kibutz.
—Trabajo propio – Para evitar la plusvalía, los miembros de producción y que también aportaran la fuerza de trabajo.
—Salarios igualitarios —Tanto los salarios para gastos personales como los demás recursos se distribuyen entre los miembros del Kibutz, donde cada cual otorga según sus posibilidades y recibe según sus necesidades.
—Rotación de los puestos —Se considera muy importante, que los altos puestos del Kibutz roten entre varios miembros.
—Decisiones democráticas —Las decisiones importantes, así como los cambios en los postulados o su aplicación, deben ser tomadas por la asamblea de miembros.
—Judaísmo secular cultural —La mayoría de los Kibutz, siguen una línea secular cultural y enfatizan los significados agrícolas, comunitarios y socialistas, de las distintas festividades judías, por encima del valor conector religioso.
—Y me fascina —le dice él a Judith—, que un país cuya inmensa mayoría de su territorio era árido e improductivo, haya transformado ese desierto en un auténtico vergel, aprovechando al máximo las condiciones climatológicas y de riego. De forma que se producen productos agrícolas inimaginables para la zona, lo que ha sido motivo de envidia y querer aprender el método, para copiarlo en otras zonas del Mundo.
Por eso Judith, no descartaría que si tuviese la posibilidad me establecería en un Kibutz y formar allí a una familia con hijos.
Es muy bonito con que énfasis cuentas las cosas Moisés, además de que seas un hombre que te sientes capacitado para romper los moldes occidentales de vida. Debe estar muy orgulloso de ti, “Maimonides”, ¿no?
—Jajaja…no lo sé, se lo preguntaré en el próximo momento de introversión que tenga con él. Al fin, él tiene gran parte de culpa en esa transformación que se ha ido produciendo con el paso de los años. Lo que me hace creer que ese retorno de aquél judío del pasado, está cada vez más cerca.
Esa noche duermen juntos en casa de Moisés y abrazados como están ella por momentos se siente culpable, de que le esté engañando con la realidad de lo que ella es. El pobre no se puede imaginar, que está con una katsa del Mossad.
Al amanecer un nuevo día le lleva a cada uno de ellos a su rutina cotidiana.
Pero para Ahava, va ser un día sorprendente, ya que recibe la llamada de Ahmed, el cual le dice que tiene que pasarse por la oficina donde fue entrevistada que tienen que atar unos flecos, antes de tomar una decisión.
A la hora acordada, se persona Ahava en la oficina.
-
Buenos días sean señorita Judith.
—Buenos días Sr. Ahmed, usted me dirá… - Pase conmigo al despacho del Sr. Ibrahim.
—Abre la puerta Ahmed, dándole paso a Judith.
—Sr. Ibrahim, le presento a la candidata que hemos seleccionado.
—Tenga usted el gusto de sentarse.
—Muchas gracias.
—¿Entonces usted se siente capacitada para desempeñar el puesto que nosotros necesitamos cubrir?
—Por supuesto Sr. Ibrahim, nada me haría más ilusión que desarrollarme profesionalmente junto a ustedes.
—Pues muy bien señorita Judith, era lo último que necesitaba oír, ¡el puesto es suyo!
—Muchas gracias, espero no defraudarles para nada.
—Eso esperamos todos.
Ahava, se ha dado cuenta durante la entrevista con Ibrahim, como no le quitaba el ojo de encima. Ya que como es obvio, ella para aumentar sus posibilidades, ha hecho uso de sus armas de mujer, vistiéndose con una blusa negra de raso, con un escote pronunciado, que resaltaba sus senos, dándole una apariencia más voluptuosa.
Al caminar para salir de la oficina, con sus movimientos de caderas malabares, subida en sus tacones de aguja; piensa para sí, seguro que le he quitado “el hipo” al Sr. Ibrahim. Al fin ella es mujer y sabe muy bien cómo reaccionan los hombres ante la tentación de “la carne”.
Que todo esfuerzo fuese necesario, ha merecido la pena, ya que al menos ha conseguido ser contratada y estar lo más cerca posible de su víctima.
Al salir del edificio, coge un taxi que la lleva hasta una cafetería donde se va a encontrar con Guershom y Mevaser. Donde les contará todo lo que ha transcurrido en esa toma de contacto con Ibrahim. Que la entrevista ha cumplido su objetivo y que la han contratado, que ahora toca, empezar con los preparativos.
A media tarde, Ahava, recibe una llamada de Ibrahim, el cual la invita a cenar con él, como acto de bienvenida a la empresa. Acordando la hora para las 22:00 h.
Judith se persona en la academia, donde presenta su renuncia al puesto, poniendo una excusa banal, de los motivos por los cuales deja la misma.
Llama a Moisés y le dice, que la han contratado en la nueva empresa y que está muy contenta. Pero que no podrán verse esa noche, puesto que el Sr. Ibrahim, gerente de la nueva empresa, la ha invitado a cenar.
Puntual como es, Ahava se presenta en el hotel donde se hospeda Ibrahim, hechas las pertinentes salutaciones, éste le dice que ha reservado mesa en el propio restaurante de lujo del hotel. Suben a la 8ª planta, donde está el mismo, con unas vistas espectaculares de toda la ciudad, que se ve a través de la cristalera que rodea toda la terraza.
Charlan animosamente durante toda la velada en árabe por supuesto, ya que eso les da mayor cercanía.
Como buen anfitrión Ibrahim se deshace en amabilidades con ella, como aquél que trata de atraer a la presa. Con la correspondiente reciprocidad por parte de ella, que se muestra ideal a los ojos de éste. Mal sabe Ibrahim, que él no es consciente en esa cena que han celebrado, quién ocupa el lugar de presa y quién el de cazador.
Caballerosamente al acabar de cenar, Ibrahim, le pide un taxi a Judith para que la lleve a casa, encontrándose ella, con la sorpresa que, a la hora de pagar la corrida, el taxista le dice, que ya está pagada.
Al día siguiente empieza su primer día laboral Judith, se presenta en el despacho del Sr. Ibrahim, para empezar a realizar sus quehaceres para los cuales fue contratada.
Bajo la atenta mirada de éste, ella se desenvuelve con soltura con los distintos clientes de diversos países, escuchándola hablar en distintos idiomas. Hasta que finaliza su jornada, se marcha y llama a Moisés, para decirle que si le apetece hoy tiene libre de compromisos. Quedan en su cafetería de siempre “La Luz Rosa”, aunque Judith ya no trabaje más en la academia.
Al encuentro se dan un beso de cariño, sentándose frente a frente para charlar, ya que seguro que Moisés tiene muchas cosas que preguntarle.
—¿Qué tal te ha ido la entrevista con el árabe?
—Pues bien, me ha dicho que el puesto es mío.
—Ah que bien, ¿no?
—Sí, estoy muy contenta.
—Pues espero que te salga bien y que dures mucho en ese trabajo.
—Sí, yo también.
—Sobre lo que me comentaste de tu deseo por irte a vivir a un Kibutz, ¿dejarías tu trabajo, tu familia, etc.?
—Claro sin dudar, desde que empecé a tener mis charlas con “Maimonides” hace años, mi meta es irme a vivir a Israel.
—Es como un deber que debo cumplir, impuesto por esas voces de ese judío que se vio obligado a renunciar.
—¿O sea, que me dejarías a mí aquí?
—Noooo… eso de manera alguna, si eso se llegara a cumplir, sería yendo contigo.
—Ah, muy bien entonces, señal que me quieres mucho.
—Muchísimo Judith, yo no soy un hombre de medianías.
—¿Tú tienes pasaporte?
—Si claro, ¿Por qué lo preguntas?
—Porque quizás, antes de lo que crees nos haremos juntos un viaje a Israel.
—Jajajaja…cuenta conmigo.
—Le dice él, ¿nos vamos un rato a mi casa?
—¿Tienes ganitas de mí?
—Muchísimas.
Cogen el coche y enseguida se personan en la casa de Moisés. Abriéndole la puerta he invitándola a pasar. Se sientan en el sofá e inmóviles se miran como dos chiquillos sin decir palabra.
Él la acurruca contra sí, dándole un beso en la frente. Instintivamente ella se siente muy bien, enroscada en sus brazos, siente que necesita en esos momentos trascendentales que están por venir, esa sensación deliciosa de sentirse mimada. Mientras él enrosca sus dedos en su pelo, lo que poco a poco la va rindiendo, al sentir esa sensación tan relajante. Sin casi darse cuenta, sus parpados se van entornando muy lentamente, hasta cerrarse completamente, en un sueño de mucha paz.
Él la observa, comprobando como los rasgos de su rostro expresan felicidad, a pesar de estar dormida.
Poco a poco el sueño también le vence a él, cerrándosele los ojos, en un viaje muy erótico que le llevará a tener un sueño muy húmedo.
En el sueño, ella le dice, al sentir su pene latir entre sus labios, ¡tómame! Y él obedientemente, la levanta del sofá, con ella colgada de su cuello y con los brazos de él sustentándola metidos por debajo de sus muslos.
En un bascular incesante, él la horada, encajándola totalmente contra sí, cada vez que ella se deja caer y siente como la humedad de su vulva le empapa los testículos.
Sus gemidos van en aumento, hasta estallar el brutal orgasmo, que hace que su vagina en medio de los espasmos se apriete contra su polla durísima provocando que salga un grito de sus gargantas al unísono… ¡me estoy corriendo…!
Erguido como está con ella colgada de su cuerpo, le flojean las piernas, posándola delicadamente en el sofá. Abriéndole los muslos y arrodillándose para lamerla su vulva y recoger en su boca las perlas de su flujo. Ella con los ojos cerrados, le sujeta su cabeza, como queriendo guiarle en el crepúsculo del placer.
Él se incorpora y le da un beso en la boca, embadurnándosela, con la mezcla amorosa de sus fluidos. Ella como en señal de gratitud, enrosca sus dedos en sus cabellos, acariciándoselos.
Dormidos como se han quedado los dos, en medio de la noche, ella despierta y le dice, ¿cómo estás tan sudoroso? Cosa a la cual él contesta, la culpa es de un sueño que he tenido muy delicioso. Apercibiéndose ambos de la hora, y de que ella tiene que incorporarse a su nuevo empleo Judith, la acerca a su casa y se despiden con un beso y un hasta mañana.
Al amanecer Ahava despierta pronto, llama por teléfono a sus compañeros del Mossad, invitándoles a que pasen por su casa.
A los pocos minutos se personan, Guershom y Mevaser en su casa.
Les hace pasar y se disponen a seguir hablando de su elaborado plan que tienen que ultimar.
Está claro, que ya tienen el artefacto que emplearán. Ahava les dice que Ibrahim tiene un teléfono móvil de alta gama. Diciéndoles la marca y el modelo, ya que se tendrán que hacer con uno exactamente igual en todo, hasta en el color.
Los compañeros le dicen, que no se preocupe que se harán con uno, despidiéndose.
Ahava se acuesta, pero no consigue dormirse, tiene muchas cosas en las que pensar. Le da vueltas y vueltas a todos los pormenores, ya que la misión no puede fallar. Llevan años detrás de ese enemigo de Israel.
Por otro lado piensa en Moisés, no sabe absolutamente nada y no sabe cómo urdir, para que llegado el momento, se marche a Israel.con ella de sopetón.
Finalmente con el reloj marcando las 03:00 h de la madrugada, el sueño le vence y se le cierran los ojos.
Suena el despertador, se tiene que levantar para ir al trabajo. Mientras se prepara para marcharse, su mente va pergeñando todo el esquema que tendrá que hacer desde el portal hasta el gabinete de Ibrahim. Ya que el día de la misión, todo tendrá que estar calculado al milímetro, puesto que el tiempo será fugaz.
El día va transcurriendo con su rutina habitual, de recibir y hacer llamadas a importantes clientes repartidos por todo el mundo. Con la mirada de Ibrahim escudriñándola todo lo que hace, en medio de esa torre de babel de idiomas que tiene que emplear.
En los ratos que Ibrahim se ausenta, ella hace cronométricamente todos los recorridos que tendrán que usar para la misión. Apuntando en un esquema los tiempos.
A medida que se va acercando la hora de marcharse, se le nota que Ibrahim está muy cariñoso, atento y pendiente de ella. Hasta que un momento determinado éste le dice…
—Judith, ¿tienes algún compromiso para hoy?
Ella reaccionando rápido le dice: —Sr. Ibrahim, hoy me será imposible. Ya que tengo un compromiso familiar ineludible.
—Bien, no pasa nada, espero tener ocasión de volver a cenar con usted.
—Ya que para mí, fue todo un placer, la cena en que usted me brindó con su exquisita compañía.
—Sr. Ibrahim descuide, ya tendremos ocasión.
—Eso espero, con mucho gusto.
Es hora de salir y Judith recibe una llamada de Moisés, diciéndole si se podrán ver en el día de hoy.
—Hola mi amor, lo siento pero hoy me será imposible. Ya que tengo una cita familiar ineludible. —Bajo la atenta mirada de Ibrahim.
Se despide de Ibrahim, con un tenga usted una buena noche, hasta mañana.
—Que dios la acompañe Judith.
Una vez en casa, se pone en contacto con sus compañeros del Mossad y les dice, que si ya han conseguido el teléfono móvil, con respuesta afirmativa. Aprovecha para comentarles que ya tiene el organigrama con todos los recorridos y sus tiempos.
Una vez colgada llamada, Ahava repasa lo sucedido con esa atención desmedida por ella que muestra Ibrahim. Que aun sabiendo que tiene novio, le da igual el sigue con sus intentos de cortejarla. Está claro que se ha propuesto llevársela a la cama, como habrá sucedido seguramente con las que le antecedieron.
Hombre de grandes posibles, no repara en dispendios, como hacer regalos caros a sus secretarias, invitarlas a cenar a restaurantes y hoteles lujosos. Y eso que además está casado, pero está más que claro, que las mujeres de su cultura, muy pocas deben ser capaces de no tolerar que les “pongan los cuernos”. Y como ellas pueden disponer de dinero para todos sus caprichos, hacen como que no se enteran y miran para otro lado.
Al fin en dicha cultura, la mujer no pasa de ser un cero a la izquierda, sin voz ni voto. En una sociedad tan machista, donde el papel de la mujer se reduce a tener hijos y en dar placer carnal al hombre. Por eso en la mentalidad de sus hombres, solo encaja a la perfección la mujer sumisa, que se deja hacer.
Acabada su jornada y ya en la calle, Ahava se dispone a llamar a sus compañeros Guershom y Mevaser cosa que realiza siempre con un número exclusivo solo para ellos, para quedar en alguna cafetería, para seguir ultimando los detalles.
En el sitio acordado, empiezan a desmenuzar los pormenores, diciéndoles ésta, que está más que claro que Ibrahim ha mordido el anzuelo. Ya que se le nota obsesionado con llevársela a la cama. Cosa que ella acrecienta, vistiéndose de la forma más seductora posible, dentro de la discreción. Para así provocarle al máximo.
Guershom, les dice a los otros dos, que se pondrá los gramos necesarios para el explosivo dentro del teléfono móvil, claro está en el que han comprado idéntico al suyo. Será labor de Ahava darle el cambiazo, dejándole el que lleva el artefacto y quitándole el suyo. La maniobra tendrá que ser muy rápida, para que Ibrahim no pueda apercibirse del cambio, ya que aunque son idénticos, siempre hay cosas que son particulares en nuestras pertenencias, como el olor, la textura, el peso; etc. El teléfono llevará la cantidad estimada para matar a una persona y será accionado mediante una llamada. Guershom accederá al edificio con la tarjeta de Ahava y será el responsable de rematar a los guardaespaldas, que siempre están en la puerta del gabinete de Ibrahim, cuando éste se encuentra acompañado. Para ello contará con dos Berettas calibre 22 con sus correspondientes supresores de sonido. Puesto que Ahava ha descubierto también que el gabinete de Ibrahim, está totalmente acolchado para insonorizarlo, de forma que no se puedan oír las conversaciones. Lo cual amortiguará el sonido de la explosión de su teléfono móvil, así como los disparos a los guardaespaldas.
Quedará concretar, el día y la hora, para ejecutar la misión. Que será sin ninguna duda, el día que Ahava aceptará y quedará para cenar nuevamente con Ibrahim. Que será un Viernes, por razones obvias.
También le comenta a Guershom, que cuando saque los billetes de avión, saque uno más junto a ella, además de los de ellos. Ya que alguien muy especial para ella, le acompañará.
Queda con Moisés y mientras se toman su consumición, le comenta que tiene la posibilidad de conseguir unos billetes gratis para ir a Israel. Si él tendría problema de acompañarla. Sería un fin de semana.
—Anda, ¿quién te los va a conseguir?
—Tengo una amiga de una agencia de viajes.
—Vaya suerte, poder viajar por la cara.
—Eso si, esto si surge es de una hora para otra. Me puede avisar y ser el mismo día. Así que, tienes que tener la maleta pronta.
—No hay problema, como es solo un fin de semana, puedo avisar a la empresa que llegaré un día o dos más tarde.
—Excelente entonces.
—Pues nada cuenta conmigo.
—¿Podemos ir a casa hoy?
—Claro que sí, mi vida.
Cogen el coche y se dirigen a casa de él. Pasan a dentro del piso y encienden el televisor. Se sientan en el sofá y se toman un coctel, animosamente. Está claro que esa sorpresa del posible viaje a Israel le ha animado mucho.
Él le busca su boquita, para besarla. Y ella que es mujer ardiente le ofrece gustosamente sus labios. Mordisqueándose los labios mientras se besan. El fuego brota espontáneo en sus cuerpos. Y la llama se apodera rápido de ellos.
Torpemente, mientras la besa, busca desabotonarle su blusa, cosa que le lleva su tiempo, ya que después de la blusa se encuentra con los corchetes de su sostén. Una vez liberados éstos, saltan voluptuosamente a sus ojos. Sintiendo el irrefrenable deseo de saborearlos, lo que le lleva a que su boca aprisione entre sus labios, sus pezones que durísimos como están apuntan cual flechas puntiagudas hacia él. Juguetea con ellos, provocándole a ella que se le escapen pequeños jadeos. Él se incorpora y de pie como está, se baja sus pantalones, dejando expuesta su erección bajo los calzoncillos. Ella le agarra el paquete, como queriendo medir su grado de deseo. Y bordeando las lindes de éstos, se los empieza a bajar despacito, escurriéndoselos por las piernas. Armado como está, con polla en ristre, procede a hacer lo mismo, dándole la mano a ella que sentada como está se eleva ella, procediendo él a realizar exactamente lo mismo que ha hecho ella con sus calzoncillos. Bajado totalmente su tanga, se libera de él, dándole una ligera patada, agachándose a continuación y apresando su glande entre sus labios. Sometiéndole a una concienzuda felación, hasta que ella percibe que está latiendo a punto de estallar, liberándolo. No vaya a ser que por excederse en sus caricias bucales, se vaya verter la savia y se acabe la lujuria mucho antes en el tiempo.
—Dulzura me matas de placer, con esa lengua juguetona en mi glande.
Ella le mira con sus ojos hacia arriba y sonríe, sin despegar sus labios.
Temiéndose lo peor, él recula, extrayendo su polla de su boca. No quiere que su falta de resistencia, le juegue una mala pasada y se vea rendido, eyaculando en su boca.
Por eso con determinación, la eleva metiéndole sus brazos por debajo de sus muslos, sosteniéndola de pie, con ella colgada de su cuello para ayudarle. Su polla, en ristre como está, se inserta esquivando su tanga, totalmente en su vagina.
Y ella, queda a merced de las sacudidas del vientre de él a cada embestida, con ese característico sonido a chapoteo cada vez que hace tope, de lo mojadísima que está.
El frenesí va inexorablemente en aumento, hasta que llega lo inevitable, que la proximidad del orgasmo de ella, producen las contracciones que aprietan instintivamente su polla, como tratando de extraer su semen.
Él como buen amante, aguanta esperando a que ella llegue… hasta que suelta un grito liberador, avisándole a él… —¡me estoy corriendooo…! —Acelerando él, el cadencioso movimiento, para hacer coincidir al unísono, sus orgasmos. Crispándosele a ella su rostro, por la intensidad de sus embestidas, cual daga fuera.
Ante el brutal placer, él suelta un grito mientras se le escurre a ella el semen por sus muslos.
Exhausto y totalmente rendido en fuerzas, la posa sobre el sofá, al temblarle las piernas. La besa a ella, que con los ojos cerrados, parece saborear aun el final de su orgasmo.
Él se siente el hombre más dichoso del mundo, de haber tenido la suerte de encontrar a esa mujer tan maravillosa. Le cuesta asimilar que el destino se la hubiese brindado. Ya que es el prototipo físico y psíquico de mujer que siempre había idealizado. Además de ser hebrea como ese judío que por medio de “Maimonides”, se rebela recordándole que tiene que resarcirle de lo que se vio obligado a renunciar, a través de mi persona. Por eso lo que vive con Judith es, lo que se podría decir…”la cuadratura del círculo”.
Esa noche pasan largas horas, hablando de sus cosas, hasta que el sueño les vence abrazaditos.
Con el nuevo día, la rutina vuelve a su cauce, ocupando a Judith y Moisés con sus quehaceres.
Él se pasa el día como “estando en Babia”. Con su pensamiento girando en torno a Judith todo el día. Total le tiene totalmente absorbido a merced de su santa voluntad.
Tiene un extraño presentimiento, de que la culminación de sus anhelos, está mucho más cerca de lo que supone.
Probablemente sea “Maimonides”, haciendo de las suyas, desde que “le conoció”, hace años. Que le anda rondando, cada vez que tienen sus momentos de introversión.
Moisés le pregunta…
—¿”Maimonides”, tú crees que todo esto que me está pasando desde que he conocido a Judith es algo premonitorio?
—No lo dudes Moisés.
—O sea eso significa que me voy a resarcir de una vez, ¿de esa venganza de aquél judío que se vio obligado a renunciar a su cultura?
—Es la meta que te ha puesto, desde que se volvió a manifestar en ti, después de varias generaciones.
—Pues ojalá suceda pronto, porque la verdad es que me atormenta esta angustia perpetua que tengo, del objetivo incumplido.
—Cuando vayas a Israel. y estés junto al muro de las lamentaciones, le habrás resarcido, habrás cumplido tu misión y serás el sustituto de aquél judío que se vio obligado a abandonar la Tierra Prometida. Ahí podrás vivir sin ese sentimiento de deuda pendiente, que muchas veces se lo comentaste a “Maimonides”.
Ahava se reune con Guershom y Mevaser, para estudiar cómo han de sincronizarse, para que, la misión que tienen encomendada se desarrolle en solo 5 minutos.
Exponen el desarrollo de éste, en el coche de Ahava irán Guershom y ella, con él escondido en el maletero. Fuera estará esperándoles con otro coche Mevaser.
Cuando vaya a pasar la barrera del control de acceso, lo normal es que el controlador, como ya la conoce a ella, la salude y no se ponga a inspeccionar el maletero. Pero por si acaso, cuando el coche se detenga en el control, Guershom irá en el interior del maletero preparado, atento con su Beretta de calibre 22 con el supresor de sonido acoplado, por si fuese necesario, caso el controlador decidiese abrirlo. Si se diese ese último caso, tendría que fulminarlo allí mismo, ocupando provisionalmente Mevaser su lugar, ya que irá dentro del coche en que los aguardará, vestido con un uniforme exacto al del controlador.
Si por el contrario no se le da por inspeccionar el maletero, aparcarán en la cochera del edificio en la plaza reservada para Ahava. Accediendo por medio del ascensor interno hasta la planta del gabinete de Ibrahim, que como es obvio lo harán, por medio de la tarjeta de ella.
Al llegar, ella saludará como de costumbre a los guardaespaldas, pasando al despacho, mientras que Guershom, aguardará la hora exacta de las 20:00 h, escondido tras la puerta de evacuación que está al lado del ascensor, que nadie usa para bajar, puesto que es un noveno piso.
Pasará Ahava al interior del gabinete de Ibrahim, mostrándose muy cordial y cariñosa con éste, al fin ese Viernes es el que han acordado para cumplir con esa cena prometida.
Como Ibrahim tiene la costumbre de tener su teléfono móvil siempre apoyado sobre la mesa, tendrá que inventarse algún argumento, para darle el cambiazo sin que se dé cuenta.
Una vez que haya logrado cambiárselo, tendrá que esperar pacientemente, esos dos o tres minutos que se le harán eternos, para ponerle la excusa, de que necesita ir al retrete un momento. Ya que el gabinete de Ibrahim, tiene uno propio dentro.
Una vez que esté dentro de éste, se encerrará y cuando sean las 20:00 h en punto, realizará la llamada a Ibrahim, cosa que al aceptar la llamada éste, accionará el dispositivo explosivo, provocándole la muerte o dejándole malherido.
En ese preciso momento, al oír la explosión abrirán la puerta los guardaespaldas, para interesarse qué ha pasado. Momento en que se colará detrás de ellos Guershom, que con su Beretta hará dos chup..chup…certeros disparos silenciosos, matándoles en el acto. Ahí abrirá la puerta del retrete Ahava, uniéndose ambos para la huida.
Descenderán hasta la cochera del edificio, metiéndose Guershom en el maletero al igual que cuando entraron. Una vez hayan pasado el control de acceso, estacionarán el coche de Ahava, abandonándolo y siguiendo hasta el aeropuerto en el coche en que les espera Mevaser.
En total no podrán invertir más de una hora, desde que lleguen al edificio, ejecutan la acción y despegan en el avión que les llevara a Israel.
Una vez en el aeropuerto, se separarán, yendo Guershom y Mevaser en dos asientos, mientras que Ahava y Moisés, irán en otros dos más adelante.
Es obvio que desde que encuentren a Ibrahim y sus escoltas muertos se formará un revuelo, atando cabos sobre lo sucedido, en que Judith (Ahava) será la principal sospechosa. Pero si todo sale según lo planeado, cuando se den cuenta y quieran avisar a la policía, ya estarán rumbo a Israel.
Ultimados los detalles se separan, yendo Ahava al encuentro de Moisés.
Quedan en su cafetería de antaño, “Luz Rosa”, cuando ambos salían de la academia.
—Hola mi amor —le dice Judith a Moisés.
—¿Cómo estás dulzura?
—Yo bien, ¿y tú?
—Estaba ansioso por volver a verte.
—¿Y eso?
—Pues verás anoche tuve un sueño muy extraño.
—¡Cuenta, cuenta!
—En el sueño, se aparecía “Maimonides” y me contaba que algo muy importante iba a suceder.
—¿Ah sí, qué?
—Era todo muy confuso, me veía envuelto en un caso de espionaje.
—Jajaja… Moisés, ¿no me digas que vas a ser mi nuevo James Bond?
—Pues te reirás, pero fue un sueño muy angustiante. Eran todas correrías de un lado para otro, como si fuese una huida.
—Anda bobillo, no le des más importancia, ya sabes cómo se las gasta “Maimonides”.
—Los sueños, sueños son.
—Moisés, ¿ya tienes preparada la maleta?
—Si claro, ya la tengo pronta al lado de la puerta de salida, en el recibidor.
—Muy bien así me gusta.
—¿Nos vamos a mi casa —le dice él.
—Venga, vámonos.
Llegados a casa, él le abre la puerta, invitándola a pasar. Se sientan para hablar de sus cosas cotidianas, achuchándola Moisés contra sí. En ese lenguaje de signos, sin mediar palabra, posa sus labios sobre los de ella. Sintiendo ambos un subidón muy excitante, al entremezclarse sus lenguas en un beso profundo muy húmedo. Son una pareja muy fogosa, igual que dos gotas de agua.
Abandona sus labios, para refugiarse en su nuca, la cual succiona con mucha fruición. A ella eso, le produce un escalofrío muy excitante. Y sin poder disimular, nota como se le inunda su tanga. Mojando el sofá de lo excitada que está.
Inexorablemente lo que se empieza tiene una continuidad que les lleva a sus brazos se enrosquen en el cuerpo del otro. Poco a poco mientras el frenesí se va apoderando de ellos, sus manos buscan poder medir su deseo, invadiendo su tanga él y extrayendo su polla durísima, ella. Él puede percibir lo pringosa que está su vulva, embadurnando sus dedos. Mientras que ella se aferra a su polla en ristre como está, para con un acelerado movimiento de vaivén dejarla totalmente preparada, para sentarse sobre ella, insertándola completamente. Transcurridos unos instantes, ella empieza a rotar sus caderas, aplastando completamente sus testículos. De repente él siente como un chorro caliente se derrama sobre éstos, a modo de calostro, provocándole esa sensación tan deliciosa.
Es el detonante de su orgasmo inminente, lo que le hace golpear con más intensidad sus nalgas, contra sus testículos, como tratando de extraer el semen, al aplastarlos completamente.
Abrazándose con fuerza contra él, suelta un grito… —¡me estoy corriendooo! —Provocando que él, expela con fuerza el chorro, salpicando su vagina, notando como la mezcla de sus fluidos se escurre empapándole.
Después de un rato de reposo, ella se separa de abrazarlo y sentada como está le mira a los ojos, con una mirada reciproca de felicidad.
—¿Sabes Moisés? Ojalá se cumpliese nuestro sueño de irnos a vivir los dos a un Kibutz en Israel.
—Ya verás Judith, que si no lo proponemos lo lograremos, es cuestión de tiempo.
—Claro que sí, fuera de los esquemas habituales de forma de vida.
Se acuestan para disfrutar de ese delicioso sueño reparador, tan necesario para recobrar las fuerzas, después del frenesí vivido. Mientras les vence el sueño, enmudecidos ambos, se acarician mutuamente, sintiendo él como su piel aterciopelada se eriza toda con sus caricias. Hasta que el peso de sus parpados les vence por completo, entornándose sobre sus ojos.
Así abrazaditos se quedan, inmóviles en los brazos de Morpheus.
Los rayos de Sol, despuntan entre las ranuras de la veneciana, despertándoles de su placentero sueño.
Es hora de ir a trabajar, acercándola Moisés a Judith a su nuevo lugar de trabajo.
Agarraditos como están, ella se despega de él y le mira fijamente a los ojos, de lo dichosa que se siente como mujer. Él esboza una sonrisa de complicidad y reciprocidad, por lo extasiado que está. Ante ese placer supremo que ella le ha proporcionado.
Ella piensa para sus adentros, ojalá todo salga bien y podamos materializar todos nuestros anhelos en Israel. Le cuesta asimilar que puede ser cuestión de días, de que pase a ser una realidad, lo que por ahora no dejan de ser proyectos.
Él no sabe por qué razón, respira que hay algo que ella le está ocultando. Pero no será él quién va indagar preguntando, cuando ha puesto el cambio transcendental de su vida en manos de ella. Confía plenamente en ella y asesorado por “Maimonides”, en sus manos lo deja.
Es tal la perfección de lo anhelado, que se reúne en su persona, que llega a temer que todo no sea más que un sueño irrealizable. Lo que por veces le angustia, solo la idea de que no se llegase a cumplir.
En la vida, cuando la coyuntura te pone las cosas tan al alcance de la mano, nos llega a entrar pánico de agarraditos como están, ella se despega sus brazos y le mira fijamente a los ojos. Recibiendo en compensación una sonrisa recíproca, en gratitud por el placer proporcionado.
Es hora de irse a trabajar y Moisés acerca a Judith a su nuevo trabajo. Marchándose él al suyo.
El día transcurre en la más completa rutina, con Ahava se pasa escudriñando el gabinete de Ibrahim, de arriba abajo, para que no vaya escapársele cualquier detalle. Que pueda ser de vital importancia, ya que están en la semana decisiva y el Viernes será el día.
Esa semana Moisés la nota nerviosa, quedando con ella, le pregunta… -¿Te pasa algo?
—No, ¿por qué lo dices?
—No sé, simplemente que te noto algo tensa y un poco nerviosa.
—Bah eso son cosas de tu imaginación.
—De eso nada, eso son simple imaginación tuyas.
—Vale no vamos a discutir por eso.
Quedan para ir a cenar esa noche, Moisés le quiere brindar una oportunidad para que ella no se muestre tan tensa con él.
Él la lleva a un local llamado “El Cenador”, muy singular con una decoración estilo medieval. Con mesas rusticas de madera, velones, escudos, armaduras y blasones. Lo que unido a la luz atenuada crea un ambiente extraño y acogedor a la vez.
Mientras disfrutan del yantar, hablan de cosas triviales, para distender la situación entre ellos.
Moisés le confiesa a Judith, que siempre le ha apasionado la historia y la geografía. Ella le dice, a mí también, curiosear sobre ese ancho mundo Y le comenta a él, lo de la fortaleza de Massada, donde los judíos demostrando el tesón del pueblo hebreo, que completamente cercados por los romanos en una meseta, resistieron mucho tiempo, hasta que viendo su derrota eminente, prefirieron someterse al suicidio colectivo de todos sus habitantes, antes que rendirse al invasor. Lo que ha convertido sus restos arqueológicos, en un bastión de la cultura judía.
Él la mira fascinado, como esa mujer lo tiene todo, es inteligente, con idiomas, estudios, amplia cultura y además bella. Piensa para sus adentros, que suerte he tenido de conocerla, no se lo llega a creer de la oportunidad que le ha brindado la vida.
Acabada la amena velada, se retiran acompañándola él, hasta su casa. Despidiéndose en el mismo coche con un beso, ya que ella le confiesa que está agotada y que necesita descansar.
Un nuevo día alumbra sus rayos de Sol y Ahava se desempereza en la cama, tirando la sábana y la colcha al suelo. Se levanta y se empieza a preparar para acudir al trabajo.
Una vez que llega a éste, Ibrahim le comenta que la cena que tenían apalabrada para el Viernes, hay que posponerla, ya que sale hoy mismo en avión hacia Beirut. La noticia la coge de sorpresa y le pregunta:
—Sr. Ibrahim, ¿ya lo tenía planeado o es algo que ha surgido?
—No, ha sido un imprevisto que ha surgido, pero descuida que celebraremos esa cena prometida.
—Eso espero —le contesta ella en medio de una sonrisa.
Acabada la jornada, Ahava se dispone a llamar a sus colegas Guershom y Mevaser. Ya que se ha cuidado muy mucho de no llamar hasta salir a la calle, por si hubiese micrófonos ocultos en el gabinete de Ibrahim.
Poniéndoles enseguida al corriente del cambio de planes, debido al repentino viaje de Ibrahim. Con lo cual hay que trastocar todo, como anular el viaje en la fecha programada, a la espera de noticias, etc.
Por los cauces correctos, hacen llegar la novedad a la central en Tel Aviv.
Mientras en tanto Ibrahim, cuyo nombre real como se supone no es ese, se presenta en Beirut para reunirse con la cúpula de la organización de resistencia palestina a la cual pertenece. Como hijo de palestinos que se vieron obligados a abandonar sus tierras, tras la partición de Palestina bajo mandato británico, en dos estados. Él nacido en Beirut, al tener edad para tomar conciencia de su estatus de refugiado, se juró así mismo, que lucharía hasta el final de sus días, hasta lograr el objetivo de la creación de un Estado para su pueblo. Y tuvo sus comienzos como correo de enlace, informador, ejecutor de atentados, dirigente local, hasta alcanzar finalmente el puesto de responsable de la organización para Europa.
Al reunirse con ésta, le ponen al corriente, de que les han llegado noticias de sus infiltrados, de que el servicio secreto del Mossad anda tras sus talones, motivo por el cual debe extremar sus medidas de seguridad, ya que le tiene en su punto de mira, para ejecutarlo.
Confiado en que en Europa y con gente totalmente nueva, estará más que seguro, ya que llegar hasta su persona, es algo extremamente difícil. Motivo por el cual se trae un nuevo equipo de escoltas. Tomando como primera medida, renovar a todo el equipo encargado de su seguridad. Extremando además otras medidas complementarias, para reforzar su seguridad.
En el gabinete de su empresa, empieza a planear el encargo que le han dado en Beirut, que es, eliminar a un importante responsable económico Israel. en España, del cual se sospecha, que no es más que una tapadera de un agente del servicio secreto Israel.. O sea, ni más ni menos de lo que es Ibrahim.
Ibrahim, tiene que planificar toda la operación, ya que cuando tenga todo preparado, le enviarán a dos hombres desde el Líbano, que serán los ejecutores de la operación.
Conforme a lo planificado por éste, todo será meticulosamente escudriñado en tiempo. Ya que como es obvio, no será fácil ejecutar la operación, dado que dicho hombre de negocios, siempre va escoltado por sus guardaespaldas. Inicialmente había pensado en instalarle una bomba lapa, que se accionase al poner a andar el vehículo. Pero dicha idea la ha descartado, dado que éste está las 24 horas vigilado.
Por lo tanto, se ha decantado finalmente que la cosa más certera será, que los dos hombres que le enviarán, vayan en una potente moto, para cuando se pongan en paralelo al vehículo pegar el explosivo por contacto a una de las puertas traseras. Ya que siempre viaja en el asiento de atrás en el medio, con sus dos escoltas flanqueándole a sus lados. Para el éxito seguro de la operación, el artefacto tendrá que ser de máxima potencia. Disponiendo de 1 minuto desde que se pegue por contacto, dichos hombres, para emprender la huida. Momento tras el cual, hará explosión.
Es obvio que, en esa guerra sin cuartel, estarán ambos pueblos el judío y palestino, hasta que se consiga arreglar el desaguisado que ha provocado la política errática de los políticos, desde que se realizó la partición de Palestina en el año 1948. Que han hecho que dicho problema se haya enquistado a lo largo del tiempo.
Porque está más que claro, que para querer compensar al pueblo judío de los horrores y atrocidades padecidos en los campos de exterminio nazis, dotándoles de un Estado para acabar con ese éxodo milenario; se cometió otra injusticia con el pueblo palestino, que se vio de la noche a la mañana, abocado a tener que abandonar sus tierras. Ya que donde hasta ayer era su país, pasaban a ser extranjeros. Pasando éstos a ser los refugiados en varios países, con la esperanza del futuro retorno a sus tierras. Lo que ha originado un auténtico quebradero de cabezas para todo el mundo, que ha originado unas consecuencias inimaginables.
En el trabajo Judith e Ibrahim, concretan que una vez vuelto del viaje, ya pueden fijar el día para celebrar dicha cena que tenían ambos prometida.
Mostrándose condescendiente Judith, deja que sea Ibrahim el que fije la fecha, siempre que sea un Viernes, por aquello de al no trabajarse el Sábado o Domingo, se puede descansar, ya que después de la cena tendrán una velada en que hablarán de varias cosas, lo que llevará hasta altas horas de la madrugada.
Ya que Ahava sabe, que éste está muy interesado en ella, puesto que lo ha podido demostrar regalándole numerosos regalos y atenciones hacia su persona. Cosas a las cuales ella se ha mostrado siempre halagada, obviamente para la consecución de sus propios intereses, que no son otras que lograr que se culmine la misión.
Situación que ha producido en Ibrahim, la creencia de que ella al mostrarse tan receptiva, también está interesada en su persona.
Fijado el día para ese próximo Viernes, a Lunes como están, hace que
Ahava se ponga en contacto con sus compañeros Guershom y
Mevaser, para ponerles al corriente de la nueva fecha que tienen a la vista para ejecutar la misión.
Poniendo al corriente a la sede central del Mossad en Tel Aviv, ésta les da el visto bueno, para que ejecuten, conforme a lo planeado. Cosa que vuelven a planificar Ahava y sus compañeros, repasando punto por punto lo ya hablado antes de la suspensión, por el viaje imprevisto de Ibrahim. Encargándose de fijar otra vez la fecha de los billetes de vuelo; etc.
Judith queda con Moisés, para verse esa misma tarde, acudiendo como de costumbre a su cafetería de siempre, “Luz Rosa”. Moisés le cuenta…
—Judith, no sabes cómo te echaba de menos.
—Anda so exagerado si solo llevamos dos días sin vernos.
—Será que como estoy profundamente enamorado, se me hacen eternas las esperas.
—Sí, será eso so bobo.
—¿Qué tal con el jefe desde su vuelta de viaje?
—Bien, sigue todo con su rutina habitual.
—Ah, ¿por cierto ese viaje que me habías comentado a Israel.
—No me ha dicho aún mi amiga la fecha exacta, pero será pronto.
—Pues a ver si llega el día, ya que me hace mucha ilusión.
—Tú, lo que tienes que tener es la maleta pronta, como te dije, ya que puede saltar de un momento a otra y no hay tiempo que perder.
—Descuida que la tengo preparadita en el recibidor de casa, solo es cogerla y ya está.
—Muy bien mi amorcito.
—Judith, tengo muchísimas ganitas de sentirte, me haces volar.
—¿Qué propones?
—Pues, ¿si te vienes a casa?
—Hecho, vámonos.
Se montan en el coche, poniendo rumbo a casa de Moisés.
Al llegar Moisés, galantemente le abre la puerta haciéndola pasar primero. Cosa que ella hace, pero sin siquiera sentarse, de pie como están los dos, ella le dice: —Pero hoy haremos algo diferente.
—¿Tú dirás?
—Vamos a llenar la bañera tuya que es grande con mucha espuma.
—¿Nos llevaremos la botella de champaña y las dos copas?
—Pues sí, brindaremos sumergidos en la bañera los dos.
Metiditos hasta el cuello ambos, solo asoman sus cabezas y se acarician cosquilleándose con los pies, mutuamente.
Cierran los ojos… y ella le dice: —Espero ser muy feliz contigo Moisés.
—Eso anhelo yo también, mi amor.
Pasado un buen rato, Judith le dice: —El agua está fría, debemos salir.
—Tienes razón o vamos a coger un constipado.
Ella se eleva primero, dejando que la humedad del agua y la espuma realcen, las curvas de su cuerpo. Mientras él la contempla extasiado, como sus pezones puntiagudos apuntan al frente.
Judith le dice: —Ahora nos vamos a tumbar sobre tu cama y nos vamos a embadurnar nuestros cuerpos con un óleo relajante que he traído.
—Vamos a empezar por ti, túmbate boca abajo.
—Vale, a ver qué me vas a hacer eh.
—Relájate y déjalo de mi mano.
Judith chorrea el óleo por toda la espalda de Moisés, masajeándole muy suavemente todo su dorso, metiéndole los dedos, por todos los recovecos.
Le dice que se dé la vuelta y vuelve a repetir la operación de verter el óleo sobre su cuerpo por todo el pecho. Provocándole que se excite por el suave masaje que le hace en círculos por todo su frente al acariciarle con la yema de sus dedos, sus testículos. Lo que provoca que se le ponga la polla “morcillona”, mientras ella va descendiendo lentamente por sus piernas hasta alcanzarle los pies.
—Ahora me toca a mí, levántate que me voy a tumbar para que lo hagas.
Judith se tumba boca abajo y Moisés vierte las gotas del óleo sobre su espalda, masajeándola en círculos. Va descendiendo, acariciándola hasta llegar a la rabadilla, donde al meter su dedo en la hendidura de sus nalgas, a ella se le escapa un pequeño jadeo, al sentir como él acaricia su ano con la yema de su dedo. Pero la cosa no se detiene ahí y sigue acariciándola la cara interior de sus muslos en un camino hacia sus pies.
Él le dice que se dé la vuelta, cosa que al hacerlo, Moisés puede contemplar cómo sus pezones están durísimos. Ella saborea el masaje con los ojos cerrados, mientras él haciendo círculos desciende por su pecho, hasta alcanzar sus senos, intensificando suavemente esos movimientos, lo que estimula a Judith. Siguiendo su descenso inexorable, alcanza su ombligo, ahondado la yema de su dedo en él. El avance es imparable hasta alcanzar sus ingles, donde muy lentamente se va acercando a su vulva que está hinchadita por la excitación. La mira, como mantiene los ojos cerrados, pero expectante cuál será su próximo movimiento. Continuando va acercando la yema de su dedo, hasta horadar el surco de ésta, contemplando él, como ese último movimiento, plasma la satisfacción en la cara de ella. Que permanece inmóvil, aunque se la nota sobrexcitada, como esperando que la cosa continúe. Él percibiendo su actitud de complacencia, hace que la yema de su dedo surque de arriba abajo la hendidura de su vulva, provocándola que se le escapen los jadeos a cada movimiento. Estando rehén su clítoris, él se esmera en obligarle a salir con su crecimiento del refugio de su capuchón. Excitadísima como está, abre los ojos y se encuentra que Moisés arrodillado frente a ella tiene la polla en ristre, de lo excitado que está, al haberla masajeado.
Ella tira de él y deja que sus cuerpos resbaladizos se froten uno al otro, oleosos como están. Eleva su vientre, para facilitar que instintivamente su polla se deslice entre los labios de su vulva y se menea para que ésta horade su vagina penetrándola.
Él estimulado por la reacción de ella, empieza cadenciosamente a ir aumentado el número de embestidas, que al hacer tope, dejan escapar ese sonido a chasquido, de su vagina inundada que lubrica generosamente. Eleva sus piernas reclinándolas hacia atrás y posándolas sobre sus hombros. Para así a cada embestida, chocar sus testículos, contra su vulva empapada y frotar sus sexos con movimientos giratorios, para aumentar la excitación. Ella rota sus caderas, para que el acople sea lo más perfecto posible. Sintiendo todo el recorrido de su verga en ese vaivén incesante cada vez más acelerado.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano él, trata de controlar la excitación para no eyacular, pero ante el detonante grito de ella…”me estoy corriendooo…”, la hinca con fuerza haciendo que su glande se encaje totalmente, provocando que las contracciones se su vagina orgásmica, le obliguen a eyacular los chorros de semen con fuerza. Soltando él un grito desgarrador al unísono.
Concluido su orgasmo, se deja caer levemente sobre ella, oyendo la jadeante respiración entrecortada de ella, que trata de recobrar el palpitar de su corazón a mil. Mientras siente como ella le envuelve con sus brazos, a modo de que no se separe aún.
Se miran, esbozando satisfacción y plenitud por lo vivido, dándose un beso de ternura, mientras ella nota como el afloja la presión al irse deshaciéndose su erección. Ella le dice quédate quietecito y saborea conmigo este momento de paz después del frenesí vivido. Permaneciendo sus cuerpos abrazaditos, empapados de fluidos amorosos.
La semana transcurre con normalidad para Ahava, han repasado sus colegas y ella al milímetro, para que la operación salga a la perfección. Solo es cuestión de que llegue el Viernes para ejecutarla.
Mientras tantas casualidades de la vida, Ibrahim está pergeñando su plan para ejecutarlo, han llegado los hombres que esperaba para su ejecución. Alquilan una moto de potente cilindrada y el artefacto explosivo está listo.
Mañana Miércoles será el día para su ejecución, han estado realizando un seguimiento exhaustivo de los movimientos de dicho hombre de negocios. Para controlar sus horas de desplazamiento, hábitos y recorridos.
Con una frialdad glacial, habla Ibrahim con Judith, sin que ésta sospeche para nada de lo que va a suceder. Ya que es un hombre curtido en varios atentados en oriente medio, de ahí su búsqueda por los servicios secretos de Israel. que le han estado haciendo un seguimiento desde que dieron con él una vez se había esfumado del Líbano.
A la hora de marcharse, Ibrahim le recuerda a Judith, que no se olvide de su compromiso con él para el Viernes, donde irán a cenar, en un lujoso restaurante, para el cual ya ha realizado la reserva. Ella le asiente que sí, que no se preocupe, que ella está deseando esa cena tanto como él. Cosa que agrada a Ibrahim oír.
Es Miércoles y son las 08:00 h de la mañana, apostados junto a un kiosco de prensa, están dos hombres con gafas oscuras al lado de una potente moto, con maletas. En su estudio meticuloso, Ibrahim sospechando que el coche de su víctima pudiese ser blindado a mandado preparar a un experto de su organización, que el explosivo pueda reventar el coche, aunque éste lo sea.
Apostados junto a un kiosco de prensa, dos hombres con gafas oscuras, aguardan la salida de su residencia, del citado hombre de negocios Israel., al lado de la potente moto de gran cilindrada
Como de costumbre a las 08:30 h sale flanqueado por delante y por detrás el hombre de negocios. Entrando un escolta por la puerta trasera izquierda, éste y el otro escolta por la puerta trasera derecha. El conductor arranca tomando el camino habitual para llegar hasta su sede empresarial. Los dos hombres se montan en la potente moto y siguen su recorrido a cierta distancia.
Cuando falta poco más de un kilómetro para llegar a su destino, los hombres de la potente moto dan un acelerón, al tiempo que el que va de paquete abre una de las maletas de la moto y saca el artefacto antitanque, poniéndose inmediatamente en paralelo al coche, fijando éste por contacto a la puerta trasera izquierda. Saliendo a toda velocidad la moto del lugar. Sin tiempo para reaccionar, ya que el escolta de la puerta trasera se había apercibido que habían pegado algo…se oye una tremenda explosión, saliendo en medio de una tremenda humareda el coche despedido por los aires. Volviendo a caer el vehículo sobre el asfalto, provocando un caos circulatorio.
Judith acude a su trabajo y se encuentra con que Ibrahim está como contento pero nervioso a la vez. Ella se excusa un momento de que tiene que acudir al aseo, al percibir que ha recibido un mensaje en su teléfono móvil. Es Guershom, que le indica que ha habido un atentado, en el que han fallecido cuatro hombres en el interior de un coche. Y que eran todos ellos Israel.es.
Ella vuelve preocupada a su mesa de trabajo, mientras oye, como Ibrahim habla en árabe en un lenguaje en clave, algo que ella no llega a percibir de qué se trata.
Él le avisa, que se tendrá que ausentar un momento, saliendo por la puerta de su despacho, escoltado por sus fieles guardaespaldas.
Por temor como siempre de precavida a los posibles micrófonos, ella le escribe un mensaje a su compañero por si le puede aclarar algo más de lo sucedido.
Y este le contesta que ha sido un atentado en toda regla contra los intereses de Israel. ejecutado por dos hombres desde una moto. Son las primeras noticias que tienen, que han escuchado por la radio.
Transcurre la jornada e Ibrahim no aparece en todo el día, lo que hace desconfiar a Ahava, que seguro que él tiene que ver con el atentado sufrido por sus compatriotas.
Enciende el transistor de su teléfono móvil para escuchar las noticias, donde dan más datos del atentado. Explicando que una fuerte explosión lanzó por los aires el vehículo de un importante hombre de negocios Israel., matándoles en el acto, a él, sus dos guardaespaldas y al conductor.
A la salida del trabajo queda con Guershom y Mevaser, para comentar lo sucedido.
Ahava les dice:
—Hoy he notado a Ibrahim contento y nervioso a la vez, largándose después, sin volver a aparecer por su gabinete en todo el día.
—Seguro que él ha sido el culpable del asesinato de los cuatro compatriotas —dice Guerhom.
—Por supuesto que la célula terrorista que dirige desde Europa, ha sido la responsable del atentado —dice Mevaser.
—Pero muy a pesar nuestro, eso no va a alterar nuestros planes para el Viernes. Ese diablo, tendrá su merecido.
—Sí, debemos mostrarnos fríos, para que todo salga tal como hemos planeado. No podemos tirar por la borda todo este tiempo que hemos venido haciendo el seguimiento, por precipitarnos por fanatismo o rabia.
—Así es —dice Ahava.
—Israel no perdona y vamos a ejecutar a ese bastardo.
Es Jueves y Judith se presenta al trabajo con normalidad, comprobando al llegar que Ibrahim, tiene extendidos por su mesa oval, varios periódicos. Y los lee con suma atención, casi ni fijándose de su llegada. Ella le mira y se le nota en su semblante, la satisfacción de lo bien hecho. Seguro que se está regodeando para sus adentros, por los fallecidos en el atentado.
Algo raro en él, la jornada transcurre sin casi dirigirle la palabra a ella. No hace más que leer y leer con ansiedad.
Ella le dice: —Sr. Ibrahim, ¿tiene usted algún encargo para mí?
—No Judith me voy a tener que ausentar, siga usted con las tareas cotidianas. Si no vuelvo, nos vemos mañana.
—Muy bien Sr. Ibrahim.
Tan pronto éste sale por la puerta, Ahava se pone en contacto por medio de mensajes, con sus compañeros. Explicándoles, que ha salido del gabinete y que les ha dicho que seguramente no volverá ese día.
Sin duda se va a reunir con los miembros de la célula, ejecutores. Ya que ha oído por la radio Guershom, que la policía ha encontrado la moto empleada en el atentado, tirada en un arroyo. Y en pesquisas posteriores, ha descubierto, que la misma fue alquilada con un nombre falso.
El resto del día transcurre sin novedades, cumpliéndose lo que había dicho Ibrahim, que probablemente no volvería, como así ha sido.
Llega la hora de partir y Ahava saca con su teléfono móvil varias fotos del gabinete de su jefe. Para pasárselas a sus compañeros y así escudriñar todos los pormenores para la acción.
Se marcha, quedando con Moisés para tomar algo, mientras charlan amenamente, ella le explica que es muy probable que, su amiga logre los billetes para mañana.
A lo que él le dice: —Por fin.
—Si, por eso debes estar preparado, para cuando te llame, ya que son billetes de última hora.
—¿Te vienes a mi casa?
—No mi amor, hoy imposible, tengo que hacer cosas y además me tengo que levantar muy temprano.
—De acuerdo —despidiéndose dándose un beso.
En su casa Ahava, espera la llegada de sus compañeros, tienen que repasar y ultimar hasta los más mínimos detalles. Ya que mañana es el gran día. Y todo ha de salir al milímetro para que la acción se ejecute a la perfección.
Tal como habían planeado, Mevaser se ha hecho con un uniforme de vigilante, igual al que usan los vigilantes del edificio donde trabaja Ahava. Guershom ha sacado los billetes para Tel Aviv en una compañía Israel.. Se despiden, ya que no se verán hasta la hora del atentado, Shalom.
Ahava se mete en la cama, intentando conciliar el sueño, pero no lo consigue fácilmente, ya que la tensión y los nervios, le impiden que le venza el sueño hasta las 03:00 h de la madrugada. Se pone varias alarmas, no vaya a quedarse dormida por el agotamiento.
Suena la alarma y ella se asea y se viste con prontitud, tomándose con el desayuno un relajante, para que vaya más calma al trabajo. Vistiéndose con una ropa bien sugerente, que realza sus encantos.
Coge su coche y se dirige hacia el trabajo, al llegar percibe en el vigilante, actos nada habituales anteriormente. Como obligarla a pasar todas sus pertenencias por la máquina de rayos X y le hace abrir el maletero, así como la manda salir del coche para hacer una inspección ocular del mismo.
—¿Y esto, a qué se debe?
—Son nuevas órdenes Sr. Judith de reforzar la vigilancia, por lo del atentado, como ya sabe usted que ocurrió.
—Lo entiendo perfectamente.
Antes de entrar al gabinete del jefe, ella envía un mensaje a Guershom, avisándole de las nuevas medidas en el control de acceso que hay en la empresa.
Saluda a los guardaespaldas que hay en la puerta de Ibrahim, como de costumbre y entra. Ibrahim la mira con ojos saltones, ya que el vestido que se ha puesto Judith, hace ver y realza sus encantos, viéndosele sus senos voluminosos prietos en un sugerente escote. Y en la parte de abajo, una provocativa abertura hace asomar su muslo, lo que, unido a lo apretado del vestido, marca bien sus generosas nalgas.
Seguro que Ibrahim, excitado por la visión cree, que hoy será sin duda su gran noche y que por fin conseguirá culminar su seducción con Judith, en una cena en el restaurante de lujo con vistas desde el ático, de toda la ciudad iluminada de noche.
Inconteniblemente, Ibrahim se acerca a Judith, para darle un beso de bienvenida, empujado por el efecto seductor de ésta. Como tratando de achucharla con un abrazo cariñoso.
Seguro que está ardiendo en deseos, de poder por fin, copularla. Y así de atencioso con ella se muestra con ella durante todo el día. Repitiéndole a ella, que tiene el pálpito que esta noche, tendrán una gran velada. A lo que ella asiente con una sonrisa, pensando para sí, si una velada que te mandará al otro mundo.
El día transcurre sin novedades, salvo que Ibrahim no le quita el ojo de encima y escudriña todos sus movimientos, que le vuelven loco, cada vez que ella se contonea encima de esos tacones altos.
Se acerca la hora de salir a comer, abandonando Judith la empresa, quedándose Ibrahim a almorzar en ella, como hace muchos días. Le avisa a éste que tendrá que realizar unos recados y que llegará más tarde. Diciéndole éste que no se preocupe. Judith llama a Moisés y le dice que su amiga por fin ha conseguido los billetes, que le espere en la puerta de embarque de la compañía Israel. que les llevará hasta Tel Aviv. Que esté allí en punto y espere por su llegada.
Ella se reúne con Guershom y Mevaser, recalcándoles, que la operativa probablemente tendrá que cambiar, por la intensificación de las medidas de seguridad que ha impuesto Ibrahim.
Con lo cual como es obvio, lo más seguro es que Mevaser, tenga que entrar en acción, en lugar de solo esperarles en el coche, para la huida hacia el aeropuerto.
Son las 19:30 h es hora de volver al trabajo, tienen exactamente una hora para completar la acción y embarcar en el avión. Salen en dos coches Ahava conduciendo uno y Mevaser otro.
Llega Ahava al control de acceso y el vigilante la hace pasar sus cosas por la máquina de rayos x y revisa con una inspección ocular el interior del vehículo. Y como se temía se dirige a abrir el maletero, donde allí está agazapado Guershom, que tan pronto como el vigilante lo abre, le descerraja un certero disparo en la frente, matándole en el acto. Entra en acción Mevaser, que lo arrastra hacia la garita de seguridad, escondiéndole debajo de la mesa de ésta. Tomando el mando de los controles, abre la barrera y deja que el vehículo de Ahava pase, volviendo a bajar la barrera.
Una vez en la cochera del edificio, sale del maletero Guershom, que sube junto con Ahava en el ascensor, ya que solo empleados con la tarjeta magnética lo pueden accionar. Al llegar a la planta, Guershom se esconde en la salida de la escalera de incendios que está al lado de la puerta del ascensor.
Judith saluda a los guardaespaldas y entra, siendo recibida con un saludo por Ibrahim, que parece que mantiene una conversación telefónica en esos momentos.
Ella se sienta en su mesa y empieza a pensar en cuándo le podrá dar el cambiazo al teléfono de Ibrahim. Ya que este siempre lo tiene posado encima de su mesa, cuando no está hablando por él.
El tiempo pasa velozmente y son las 19:50 h, como no se ha levantado en todo el rato de la mesa, se inventa una excusa para que éste le traiga por favor unas pastillas que guarda en el aseo, ya que no se encuentra muy bien.
Ibrahim, que lleva todo el día muy atento con ella, anhelando que llegue pronto la hora de salir, para culminar esa cena aplazada, no pone impedimento alguno y le dice: —Descuida Judith, ya voy yo a por ellas.
—¿Dónde están?
—En la estantería de arriba del armarito al lado del espejo.
Se levanta de su mesa Ibrahim, para ir a recogérselas.
Momento en el cual Ahava, aprovecha para darle el cambiazo al teléfono de éste.
Le quita el suyo de encima de la mesa y le deja en el mismo lugar uno exactamente del mismo modelo y color que el suyo. Con el explosivo dentro.
Vuelve Ibrahim con las pastillas y le ofrece a Judith un vaso de agua para tomárselas.
Ella le da las gracias y se las toma.
Son las 19:57h y el que habla con ella sobre su estado, de cómo se encuentra. Se ve sorprendido por Judith, que le dice, que le excuse un momento que va al aseo, porque tiene ganas de vomitar.
Se encierra por dentro con el pestillo de la puerta, son las 19:59 h.
Cuenta los segundos para que a las 20:00 h en punto accione mediante llamada el explosivo que se detonará cuando Ibrahim, accione la tecla de recibir la llamada.
Suena un ring…ring…ring en el teléfono de Ibrahim, accionando este la tecla verde para aceptar la llamada…Cuando suena una explosión, se oye que abren la puerta, son los escoltas que entran para interesarse por Ibrahim que ven malherido en el suelo, con la cara toda ensangrentada. Momento en que aparece Guershom que entra tras de ellos de inmediato, disparándoles dos certeros chup..chup… con su Beretta con supresor de sonido.
En ese mismo instante, sale del aseo Ahava y Guershom, remata de un tiro en la sien a Ibrahim, que estaba moribundo. Antes de salir por la puerta, Guershom pronuncia una frase: —Cabrón, Israel no perdona.
Bajando ambos por el ascensor hasta la cochera, sentados ambos en los asientos de adelante, ya que Mevaser es, el que les espera en el control, que levanta la barrera, tan pronto ve el coche.
Son las 20:05 h , abandona el control de acceso Mevaser, quien se mete en el otro vehículo que tienen dispuesto para la huida. A las 20:20 h llegan al aeropuerto. Tienen que darse prisa, pues el embarque cierra en 10 minutos. Mevaser, se mete en un retrete y se quita el uniforme de vigilante, dejándolo allí mismo, cambiándose de inmediato. Son las 20: 28 h, faltan dos minutos para cerrar el embarque; pero como son los últimos que faltan no hay cola, ya que el resto de los pasajeros ya han embarcado.
Con paso apresurado, se separa Ahava de Guershom y Mevaser y va en dirección de Moisés que de pie al lado de las auxiliares de vuelo se muestra nervioso, por la premura del despegue y no ha visto a Judith. Ella le llama y echa una carrera para llegar hasta él, cosa que hace que a él se le cambie el semblante, por el alivio de al final verla.
—Pensaba Judith, que al final no ibas a llegar.
—Sí, pero hubo unos inconvenientes que ahora te explico en el vuelo.
Una vez sentados en el avión, ella respira aliviada y se abraza a Moisés.
—¿Pero qué ha pasado para llegar tan tarde?
—Ya te lo contaré, déjame respirar.
Más atrás de ellos, se sientan Guershom y Mevaser, que observan a la pareja entre risas. Como diciendo, este pipiolo, no se imagina al lado de quién está y lo que ha pasado.
Sin soltarle la mano en todo el trayecto Judith, intenta explicarle a Moisés lo que ha ocurrido. Inventándose una historia de que el retraso se debe a que tuvo que esperar por Ibrahim por un asunto de urgencia.
Pero que ahora, no quiere hablar más del asunto y disfrutar de esas tres horas y media, que les llevará al aeropuerto de Tel Aviv. Él sin entender nada de verdad de lo que está pasando, respeta la decisión de ella y cierra los ojos al igual que ella para intentar dormir un rato.
Pero es incapaz, está tan nervioso, que el sueño no le vence. Sus pensamientos los deja en manos de “Maimonides”, con el cual mantiene uno de esos diálogos introvertidos que tiene con él. Ya que le parece mentira que al final, vaya a concluir esa misión que tenía pendiente, ya que el muro de las lamentaciones, está más cerca que nunca en su vida.
Oye durante el trayecto el eco de una voz… que le dice: —Estás a punto de cumplir la misión que tenías encomendada. —Lo cual le llena de angustia y alivio a la vez, por el miedo a que se pueda truncar una vez llegados hasta allí y por ende de que habrá cumplido su misión, que tantas y tantas charlas había tenido con “Maimonides”, para resarcir finalmente después de siglos, a aquél judío que se vio obligado a renunciar a su cultura.
Aterriza el avión en Tel Aviv y Judith y él se dirigen hasta la casa que tienen sus familiares allí. Él le pregunta…
—Me tienes estupefacto, la verdad que no entiendo nada, pero lo respeto, por si mi curiosidad te puede poner en un compromiso.
—Te lo agradezco Moisés, he vivido mucha tensión estos días, pero ahora tendremos todo el tiempo del mundo, para charlar tranquilamente y explicarte cosas para que las puedas comprender.
—Así lo espero, porque la verdad es que me siento como una marioneta manejada a tu antojo.
—Cosa que no me importa eh, ya que eres mi mujer soñada y lo sabes.
—Perfecto, vamos a mi casa.
Cogen un taxi, que les lleva hasta Jerusalén.
Al recorrer por las calles de la ciudad, Moisés se queda maravillado, de que por fin se haya hecho realidad ese sueño que tanto ansiaba cumplir.
Extasiado de que, por fin, se haya cumplido su sueño y está a punto de culminar su misión.
—Judith, ¿podemos visitar antes de ir a tu casa, el muro de las lamentaciones?
—Claro que si hombre, sé que es algo que tienes pendiente con “Maimonides”.
—Así es, te lo agradezco.
El taxi les deja cerca de allí y ambos se dirigen hacia él.
—Empero —Judith le dice—, seguramente no lo sabes Moisés, pero los hombres y las mujeres no pueden acudir a orar juntos al muro.
—¿Ah sí?
—Así es, así que ve tú que yo te espero en este café.
Cosa que hace Moisés, que va muy nervioso caminando y respirando hondo, ya que está a punto de cumplir algo que muchas veces había dudado que fuese capaz de cumplir.
Cuando depara su visión el muro de las lamentaciones, su corazón es como si le diese un vuelco. Por fin va poder cumplir su palabra de resarcir a aquél sefardí y de cumplir su palabra con “Maimonides”.
Se acerca al muro, extiende su mano apoyándose en él y siente una fuerza interior, que le agradece por le objetivo cumplido y siente a la vez un gran alivio para su persona, lo que le hace flotar mientras. Se separa de él y respira aliviado, como aquél que ha hecho lo que debía y se siente recompensado.
Y pronuncia unas palabras…
“Desde que tome conciencia de mi origen sefardí, hubo una voz que clamaba en mí, porque yo fuera el elegido para resarcir a aquél judío sefardí que se vio obligado a abandonar Toledo”.
Abandona el muro de las lamentaciones, yendo al encuentro de Judith en el café que le espera.
Una vez llegado hasta éste, se sienta junto a ella que le pregunta: —¿Cómo te sientes?
—Muy dichoso y totalmente realizado junto a ti.
—Me alegro que así sea, porque ahora sí que podremos charlar largo y tendido, con tranquilidad y tengo muchas cosas que contarte.
—Ahora que estamos en la Tierra Prometida, tengo que contarte algunos secretos, que antes me fueron imposibles de decirte.
—Lo primero, que el destino nos juntó por algo sin duda, no fue solo producto de la casualidad. Pero cuando me contaste toda esa historia del judío que se quería resarcir en tu persona, de las charlas que tenías con “Maimonides” y de tu idea de regreso, a la tierra a la que se vieron obligados a abandonar tus antepasados, me cautivó.
Mientras saboreamos este aperitivo con las vistas del mundo de las lamentaciones, te contaré algo: —Yo en realidad no me llamo Judith.
—¿Cómo?
—Sí, lo que oyes.
—Mi nombre real es Ahava.
—Vaya, me dejas sorprendido. ¿Y a qué todo ese misterio?
—No te puedo contar más.
—Caramba que mujer más increíble.
—Todo lo que quieras saber sobre mí, lo tendrás que saber a partir de tu llegada a Israel.
—¿Piensas quedarte a vivir aquí, Moisés?
—Pues me dejas estupefacto la verdad. Pero sí, pienso quedarme aquí, tú serás mi guía en mi nueva vida aquí.
—Bien, sabes que eso conlleva que tendrás que renunciar a tu trabajo en Madrid.
—Lo sé, pediré una excedencia en el trabajo, a ver qué tal me va con mi judiíta.
—Bien, pues mañana tengo que acudir por un compromiso cerca de Tel Aviv, en Gillot. Tengo que arreglar allí unas cosas. Ahava va a comunicar al Mossad que deja la organización. Ya que, cree que ha cumplido con creces con su misión. Y lo que le preocupa ahora entre sus prioridades está, la realidad de formar una familia. Se piensa casar y tener hijos. Pero pasado nos iremos de viaje turístico por Israel y te enseñaré sus lugares más emblemáticos.
—Muy bien Ahava.
—Me alegra que pronuncies por fin mi verdadero nombre.
Al día siguiente se marcha temprano de casa Ahava y Moisés que no es un hombre tonto, saca enseguida sus conclusiones. Rebobinando todo lo vivido desde que conoció a Judith (Ahava).
Sin lugar a duda ahora me doy cuenta que reúne el perfil completo de la espía, lo cual me hace deducir que hace parte de los servicios secretos de Israel.
Pero bueno, como bien ha dicho ella, lo que cuenta es el ahora y el futuro que viva con ella. El pasado hay que enterrarlo.
A la hora del almuerzo regresa Ahava, disfrutando de la paz y el sosiego de que la duda quedó atrás y que, por fin, ha podido culminar su sueño junto a esa mujer tan maravillosa.
Ahava le dice:
—Como Israel es un país pequeño, haremos nuestro viaje turístico en coche.
—¿A dónde me llevarás Judith, perdón Ahava?
—Pues te llevaré a que conozcas las reservas de corales de la ciudad de Eliat en el mar Rojo; después iremos hasta el mar Muerto, donde experimentarás la sensación de flotar sin tener que nadar; allí visitaremos también las ruinas de Qumran, sitio donde fueron hallados los rollos del mar Muerto; después a las reservas de Ein Gedi, con sus cascadas; después a Cesárea la enorme ciudad portuaria mandada construir por Herodes en homenaje a Augusto César; finalmente Massada, antigua fortaleza que contiene el palacio norte mandado construir por Herodes.
—Pues ojalá llegue pronto mañana para que podamos empezar ese tour turístico, que me lleve a conocer los lugares más emblemáticos del judaísmo. Y empaparme de la cultura de ese pueblo del cual soy como un descendiente regresado siglos después.
—Así haremos Moisés, recobrarás el vínculo perdido de aquél antepasado tuyo se vio obligado a renegar.
A la mañana siguiente al amanecer se levantan temprano para realizar la ruta que mantiene unidas las ciudades de Avdat, Haluza, Manshit y Shivta, dichas ciudades fueron construidas por los nabateos, una tribu arábiga, dichas ciudades están unidas tanto por la “Ruta de la Seda” como por la “Ruta del Incienso” en el pasado. Visitando los innumerables restos arqueológicos. Hasta alcanzar al anochecer la ciudad de Eliat en el mar Rojo. Con un Sol rojizo en el horizonte, se disponen a pernoctar en dicha ciudad, para por la mañana siguiente ir a la playa.
Ahava y Moisés, pernoctan esa noche en un hotel con unas vistas magnificas. Allí metidos en su bañera de hidromasaje, disfrutan del masaje con los chorros de agua. Como dos niños juguetean con el agua con sus pies, metiéndolos sinuosamente ella entre las piernas de él. Quién motivado por el estímulo del contacto, hace que su polla se ponga tiesa, al recibir las caricias. Él acerca su boca a los labios de ella, para darle un dulce beso muy húmedo mezclando sus salivas y retorciendo sus lenguas, dando paso al típico “beso de tornillo”. Con su mano invasora acaricia su vulva como recogiéndola en forma de concha con su mano. Ella mujer ardiente como es, enseguida se dispara y empieza a jadear, buscando insertarse en su polla para cabalgar con pasión. Dejándose caer con fuerza cada vez que baja en ese vaivén continuo. Sintiendo como su verga durísima, late dentro de su vagina, espoleada por los movimientos de rotación que imprime ella con sus caderas.
Ella le dice: —Hazme tuya, tómame con fuerza, quiero sentirte invadiendo todo mi ser.
Incitándole a que le diga…goza, goza, goza mi amor, que esto nadie no lo va a robar.
Propulsada por los movimientos de él, ella le dice… ¡hazlo más fuerte!, más y más…
—No aguantando más —él suelta amarras y encajando su glande en ella cual daga, provoca que ella suelte un grito… —¡me corrooo…!
Abrazándose ambos, al sentir los espasmos de sus sexos, mezclando sus fluidos amorosos. Ella le besa en ese instante, como si involuntariamente tratase de ahogar sus manifestaciones orgásmicas.
Sentadita como está sobre él, se queda un rato inmóvil con su cabeza reposada en su hombro. Saboreando esos instantes que se hacen eternos.
Rendidos como están por el cansancio del día y el frenesí vivido, se acuestan, sin ganas siquiera de yantar.
Al amanecer, el despertador suena temprano, ya que deben hacer el camino hasta alcanzar las orillas del mar Muerto. Recorriendo en parte el camino de ayer a la inversa, llegan hasta el balneario. Allí se someten ambos a unas curas con los lodos de dicho mar, en las piscinas naturales de azufre. Pasan el resto del día en la playa de dicho mar, haciéndoseles curioso, la particularidad de que nadie se hunde, simplemente se flota al entrar. Al anochecer pernoctan en un SPA situado allí mismo.
Un nuevo día se abre a sus ojos y se dirigen a Massada, yacimiento arqueológico que contiene varios restos de palacios y fortalezas. Posee una gran carga de referencia para el nacionalismo judío, ya que representa la tenacidad de un pueblo frente al invasor, cuando las tropas del imperio romano, la cercaron completamente. Provocando el suicidio colectivo, cuando advirtieron que la derrota era inminente.
Visitando después las ruinas de Qumran, donde fueron hallados los famosos rollos del mar Muerto. Continuando viaje hasta Ein Gedi, donde pernoctan, para disfrutar al día siguiente de ese oasis en medio de aquella aridez de la zona. Visitando ese vergel con las cascadas de David, como más destacable de la zona.
Aprovechan y tras rellena un formulario donde se le hacen varias preguntas sobre sus intenciones y datos personales. Pasan a una lista, que será confeccionada con los candidatos al sorteo para saber si pueden pasar a ser miembros de dicho Kibutz, previa aprobación por la asamblea del mismo.
Marchándose al anochecer, hacia Cesárea para pernoctar allí. Ciudad portuaria, mandada construir por Herodes el Grande. Son numerosas sus ruinas bizantinas y romanas, contando con un acueducto y un anfiteatro romanos. Tras la revuelta en el año 132 de Simón Bar Kojba, acabó con la destrucción de Jerusalén y la expulsión de los judíos, pasando a ser Cesárea, la nueva capital de la provincia romana de Palestina Prima.
Por la tarde finalizan su periplo visitando el Mar de Tiberiades, nombre en honor al emperador romano Tiberio. Donde según la tradición cristiana, Jesús camino sobre sus aguas.
De vuelta a Jerusalén, agotados por el viaje, se sientan a tomar un refrigerio, sentándose en los sillones de la sala. Con el ventilador de aspas del techo, refrescándoles.
Habiendo pedido una excedencia en su empresa, Moisés se tiene que preocupar ahora, por encontrar un empleo en Israel.
Él le pregunta a Ahava: —¿Y tú a qué te vas a dedicar ahora en Israel?
—Tengo unos ahorros y voy a montar una academia de idiomas.
—¿O sea dedicarte a lo mismo que hacías en España?
—Sí, hay mucha emigración de judíos de otros países que necesitan aprender hebreo, para asentarse bien en el país.
—Pues yo lo voy a tener muy crudo para trabajar aquí de delineante industrial, sin saber además hebreo.
—No te preocupes, enseguida aprenderás, al estar aquí y vivir conmigo. Mientras me ayudarás en la academia.
—Perfecto entonces, jefa.
—Jajaja no seas bobo.
—Será todo más o menos igual que en España, pero en Israel.
De acuerdo ambos, se ponen a buscar un local en Jerusalén. Encuentran un local idóneo en el barrio de Rehavia, de clase alta de judíos ashkenazi, el hogar de profesores e intelectuales. Situado entre el centro de la ciudad y Talbiya.
Sin tiempo que perder, acondicionan el local con todos los elementos necesarios para su buen funcionamiento. En quince días ya tienen la academia lista. Le ponen de nombre, “Academia Sefardí”. Y empiezan a hacer propaganda de la misma, para darse a conocer.
Al día siguiente hacen su inauguración, invitando a profesores y alumnos de la Academia Bezalel de Arte y Diseño. Para que así les ayude a promocionarse entre la clase estudiantil.
La cosa marcha muy bien y ya tienen un grupo de alumnos y no para de crecer el número de éstos.
A la hora del almuerzo, que no hay clases, Ahava le dice a Moisés, que es hora de ir pensando en tener familia. Ya que ella a sus 35 años, ya no es ninguna jovencita, para ser mamá primeriza. Estando totalmente de acuerdo Moisés, ya que el también siente la llamada paternal, una vez que ha logrado cumplir sus sueños.
Como generalmente con la edad, baja la tasa de fertilidad, el plan es obvio, “dale que te pego”, todos los días y si se puede repetir, mucho mejor.
Moisés le dice: —Este tratamiento me parece fantástico. Así que lo seguiremos “al pie de la letra”.
—Claro so golfo, ¿qué rico verdad?
—Oye que yo también tengo que hacer mi esfuerzo eh.
—Sí, igual que los indios del Amazonas, que cuando la mujer se queda embarazada, el hombre se va a descansar para reponer fuerzas por el esfuerzo, durante unos días. Mientras que la mujer tan pronto como “da a luz”, al otro día ya está haciendo las tareas habituales.
—Anda que no son listos ni nada estos indios eh —dice ella.
—La naturaleza es sabia, si así lo hacen, por algo será —dice él.
A los quince días más o menos, Ahava tiene su primera falta. Se lo dice a Moisés, de lo contenta que está. Y éste le dice, entonces: —Me tendré que ir a descansar, ¿no?
—Sí, seguro que si so zángano.
—Jajaja —se echa a reír él.
Pasan los meses, sin más contratiempos que las cosas cotidianas. Hasta que llega el día de ir al ginecólogo, para hacer la revisión y de paso saber el sexo de la criatura.
Acude Ahava a la consulta, quedándose Moisés a cargo de la Academia. Y el médico le dice que está todo bien. Ella le pregunta el sexo de sexo del bebe y éste le contesta, que casi con toda seguridad, será una niña.
Llama de inmediato a Moisés y le da la enhorabuena: —Moisés, me ha dicho el ginecólogo, que vamos a tener una niña.
—Vaya, ¿una meona?
—Siii…
—¿Estás contenta?
—Mucho, ¿y tú?
—También, mi esfuerzo me ha costado, pero no he fallado.
—Anda, anda so golfo.
—Llamaré a mis padres en España, para darles la noticia, le dice él.
—Yo haré lo propio con los míos.
Moisés piensa para sus adentros, mejor no pueden ir las cosas, tengo todo lo que puede desear un hombre.
Una hora más tarde vuelve Ahava a la Academia, recibiendo la enhorabuena de los compañeros que han recibido la noticia por boca de Moisés.
Siguen los meses tranquilos y ella ya se está preparando para dejar de ir a la Academia, ya que se acerca la fecha del alumbramiento. Está de seis meses y ya le pesa mucho la tripa, para subir las escaleras de la academia.
Se despide de los compañeros, puesto que estará ausente unos meses, al dar a luz y criar al retoño durante ese tiempo. Bajando a la calle para dirigirse a su casa, se encuentra en la parada esperando el autobús. Cuando de repente oye, que alguien le llama: —¿Judith? —Extrañada se da la vuelta y contempla como un joven árabe se abalanza sobre ella, sacando de sus vestimentas un cuchillo de grandes dimensiones tipo carnicero, clavándoselo en la tripa y deslizándolo lateralmente, a modo de provocar el mayor estropicio posible.
Aterrorizada, se echa la mano a la tripa, que está toda ensangrentada y lanza un grito de horror. Presiente que han matado a su hija, le flojean las piernas y se desmaya, en medio de un charco de sangre.
Un policía que está cerca la oye y observa como un joven de aspecto árabe, echa correr calle abajo. Sin pensárselo dos veces, efectúa tres disparos, viendo como éste se desploma.
Acude corriendo hasta donde está Ahava, mientras llama para pedir una ambulancia, que llega casi de inmediato, al haber hecho dicha llamada antes, un transeúnte que presenció la agresión.
Recobra el sentido y medio atontada, no para de repetir, mi hija, Moisés…
A su llegada al hospital, pide por favor que avisen a Moisés que, al recibir la llamada, sale en estampida hacia el hospital. En recepción, le avisan que su mujer está grave, ya que ha perdido mucha sangre.
Estupefacto pregunta: —¿Y la niña qué?
Con mirada misericordiosa el médico le dice: —Lo siento. pero ha fallecido.
Le dejan pasar a la UCI, donde Ahava está sometida a los cuidados intensivos. La mira a través del cristal y rompe a llorar, ella está inconsciente y el médico le dice, que las próximas 24 horas serán cruciales para saber el desenlace.
—¿Qué es lo que ha pasado?
—Ahava, ha sido víctima de un atentado.
Desconsolado, al ver a la mujer que tanto ama, tan grave y que ha perdido a su hija, se desploma en el sofá de la sala de espera y rompe a llorar.
Se acerca un policía hacia él y le pregunta: —¿Es usted su familiar?
—Sí, ella es mi novia.
—Pues le diré que ha sido un ataque premeditado hacia la persona de ella. El joven que la agredió, la conocía, según nos han dicho transeúntes. Oyeron llamarla Judith, antes de hincarle el cuchillo.
Anonadado como ésta, no reacciona, ya que sus pensamientos solo están para Ahava en esos instantes.
Las horas van pasando y Moisés se va agarrando a ese hilo de vida que pende de Ahava. Pasa toda la noche en vigilia, aguardando cualquier noticia del médico de guardia. Le ve salir de la UCI y le pregunta.
—Por favor doctor, ¿cómo está?
—Dentro de la gravedad, está estable, lo que es un soplo, aunque pequeño de esperanza. Váyase a casa y descanse, vuelva mañana a primera hora.
—No puedo doctor —se sienta en un sillón que hay fuera en la sala de espera. Y allí dando cabezadas, se le pasa esa noche eterna.
Al amanecer un nuevo día, se despierta sobresaltado y al mirar por la cristalera de la UCI, respira con una angustia de alivio. Sigue viva y ya han transcurrido las 24 horas críticas que le había dicho el doctor.
Llega el médico y se acerca para hablar con él, está ligeramente mejor, con lo que todo lo que sea ganarle al tiempo, refuerza la esperanza.
Afectado como está por la carnicería a la que se han visto sometidas, su novia y la hija que estaban esperando, se frota los ojos, como no dando crédito a lo que les ha pasado.
Pasa todo el día en la UCI, sedada como está y el médico le dice, si continúa con esa mejoría, por la tarde la bajaremos a planta. Ese soplo de esperanza del médico, le llena de fuerzas, para aguantar el trance por el que está pasando.
Al atardecer, Ahava abre los ojos y Moisés, rompe a llorar de emoción, eso significa que ella se está aferrando a la vida. Y tal como había dicho el médico, ante su mejoría la bajan a planta. Medio atontada aún por la sedación, Moisés le hace compañía, manteniendo agarrada su mano, como tratando de insuflarle energía.
Llega la noche y Ahava duerme y Moisés va dando cabezazos, ante el pánico de que pueda pasar algo si se duerme.
Amanece un nuevo día y él se siente mucho más esperanzado, ya que han transcurrido 48 horas y continúa su mejoría Ahava.
Llega el médico para pasar visita y le pregunta a ella, cómo se siente, asintiéndole que se encuentra mucho mejor. El doctor habla con él y le dice, ha perdido mucha sangre y está muy débil, pero se encuentra en franca recuperación, creo que lo peor ya lo ha superado.
Entreabriendo los ojos, ella mira a Moisés, como tratando de encontrar una respuesta a lo que le ha pasado. Pero él le dice, descansa, ya tendremos tiempo para hablar. Con un fino hilo de voz, ella le pregunta:
—¿Y la niña?
Él la mira, con una mirada que lo dice todo sin tener que hablar. Ella resignada cierra los ojos, como tratando de huir de la cruda realidad.
Pasa el día y cada vez mantiene los ojos abiertos por más tiempo. Y el médico bromea con ella, para infundirle ánimos.
—¿Tienes ganas de irte a casa?
Con una voz casi imperceptible, ella le dice que sí.
El doctor le dice: —Si te portas bien, mañana por la mañana después de la visita te podrás marchar a casa.
Y así sucede, llamando Moisés un taxi, para que les lleve hasta casa de ella.
Al llegar ella se tumba sobre su cama muy despacito, por la cantidad de puntos recientes que tiene aún. Y él le acaricia su rostro entre las palmas de sus manos.
—Ya estamos en casa Ahava, ahora descansa, que lo necesitas para recuperarte cuanto antes.
Transcurre el día con total esmero por parte de él, para que ella se sienta reconfortada, dentro del impacto de lo que ha sufrido. Y a la noche, él le ayuda a sentarse en el sillón de la sala, para el yantar. Le sirve un consomé ligero, mientras se lo beben ambos. Ella hace un esfuerzo para esbozar unas palabras.
—Moisés, tengo que contarte algo muy importante.
—Soy todo oídos —le dice él.
—Desde que nos conocimos, te estuve ocultando lo que realmente hacía en España.
—Ya me lo temía —le contesta él.
—Mi papel era en realidad el de un agente de los servicios secretos de Israel.
—¿Del Mossad?
—No te puedo decir más de lo que te he dicho y doy por finalizadas mis explicaciones sobre eso. Espero que me respetes y no me vuelvas a preguntar nada más.
—¿Entendido?
—Te cuento esto por la gravedad de lo que nos ha sucedido. Pero también te advierto, que solo hablaré de esto hoy contigo, después será asunto muerto para siempre, repito.
—Bien, ¿hiciste algo muy grave allí?
—Sí, participe con unos compañeros en la eliminación de un enemigo del pueblo de Israel que veníamos persiguiendo desde hacía años.
—¿Y sospechas, que esto que te ha pasado ha podido ser la venganza de eso?
—Pues sí, no hay duda que al suceder aquello, identificaron que yo estaba metida en la trama. Al ser la secretaria de Ibrahim y desaparecer a raíz del atentado. No les fue difícil atar cabos.
—Por eso vinieron hasta Israel en busca de venganza y sabían mi nombre.
—¿O sea que tuvo que ver con esa noticia que salió después en los periódicos, de la muerte de un tal Ibrahim, aquél jefe tuyo en la empresa?
—Y me he salido de los servicios secretos, al comentarles que creo que ya había cubierto mi parte y que era mi intención ahora, dedicarme a formar una familia, para darle más hijos a Israel.
—Como es obvio, en los servicios secretos la discreción es máxima. Y solo te lo he contado a ti, por lo que me ha pasado, creo que debía al menos darte una explicación. Ya que eres mi pareja. Así es, ahora ya sabes toda la verdad y aquí queda encerrado para siempre este episodio.
—Muy bien mi amor, te doy mi palabra que no hablaré nada más de esto.
—Eso espero, Moisés.
—También tengo que decirte otra cosa, traspasaré la academia, no quiero saber más de vivir en la ciudad.
—Hablando de eso, me han llegado noticias del Kibutz, diciéndome que la asamblea a decidido admitirnos.
—Pues ya está, ese será nuestro futuro, trabajar en armonía en el campo, lejos de las vanas necesidades de las ciudades.
—Allí en el Kibutz de Ein Gedi, seremos felices. Cuando nos suceden estas cosas tan trascendentales, nos damos cuenta de verdad, de lo poco que necesitamos para ser felices. Y así dejar de ser esclavos de las imposiciones sociales de que más feliz se es, cuanto más se acapara.
—Sí —le dice Moisés—, a mí me fascinó aquel lugar, donde ese contraste de la aridez del mar Muerto con el vergel que han levantado junto a las cascadas de David, son todo lo que yo necesito.
—Mi sueño era venirme a vivir a un Kibutz, era el último eslabón que me faltaba, ya que “he vuelto a la tierra prometida”, te tengo a ti y ahora nuestro lugar de trabajo, donde formaremos una familia en la que disfrutáremos criando a nuestros hijos, ¿qué más puedo pedir?
—Allí podremos saborear todos esos pequeños detalles que son los realmente importantes en la vida, sin tener que vivir bajo la esclavitud de querer tener más como sinónimo de felicidad.
Trabajar, para sacar nuestro sustento del campo, tener nuestros animales y ser unos auténticos campesinos. Donde el trabajo en colectividad, nos enseñará a ser menos egoístas y a compartir con el prójimo.
Vivir con la tranquilidad que no necesitamos nada más, para sentirnos realizados, como personas. Y poder en los momentos de quietud admirar por ejemplo, algo que nos pasa de manera insignificante muchas veces sin fijarnos en ello. Como es contemplar la belleza de ver cómo se desliza una gota de agua encima de una hoja verde.
—Ojalá Moisés, se cumplan nuestros sueños, no puede ser que tú y yo nos hayamos conocido, solo fruto de la casualidad. Y si las cosas pasan, son por algo.
Repuesta, totalmente de acuerdo Ahava, cogen el todoterreno, para desplazarse a su nueva vida, rompiendo amarras con todo eso que no les produce más que hartazgo.
Al llegar al Kibutz, contemplan con mucho detenimiento, como será su nueva vida en ese Edén. Disfrutando de ese verdor en medio de esa aridez muy cerca de la orilla del mar Muerto. Disfrutando de las cascadas de David.
Los dos sentados frente a las cascadas del Kibutz, contemplan embelesados el agua que cae salpicándoles.
Ocupan la casa asignada, para que vivan en el Kibutz, con una sola idea, la de vivir en un lugar, totalmente apartado del mundanal ruido de las grandes ciudades.
Ahora todo es cuestión de tiempo, de que puedan en pocos años tener a esos diablillos rubios, correteando por el jardín de la casa. Y así continuar el eslabón que empezó con aquél judío errante que en tiempos del éxodo se vio obligado a abandonar la Tierra Prometida.
—Tienes razón, tan pronto como te recuperes de tus heridas, nos pondremos en la tarea fascinante de traer un ser al mundo y verlo crecer con orgullo, en unos tiempos en la sociedad occidental, para algunos, tener un hijo, es visto como una desgracia a evitar. Pero tener más de uno, ya que no es bueno criar a un hijo, en un ambiente egoísta en que no aprende el sentido de compartir.
Sentados a la noche sobre la mesa en que disfrutarán de su yantar a la luz de las velas, les envuelve ese aire romántico de los jóvenes que se van a comer el mundo.
Saben que no será fácil y que se verán muchas veces desbordados, pero tendrán la recompensa final, de sentirse dichosos, de que como representantes de un pueblo, seguirán demostrando que la tenacidad ha sido lo que no han conseguido otras naciones a través de los tiempos. Conseguir borrarles de la faz de la Tierra.
Se imaginan ambos con sus hijos a la mesa en un futuro y cumplir con su deber para los cuales les creo la madre naturaleza. No transcurrir su existencia como otras parejas que, al no tener hijos, pronto se les acaba el sentido de la vida.
Nadie que se precie como persona, debe dejar escapar la experiencia de ser padre, para así, modelar a esa criaturita que porta tus genes. Con todo lo mejor que crees en la formación de una persona.
La vida nos ha brindado esa oportunidad, quiso el destino que una judía y un descendiente de aquel judío de otrora, se cruzasen sus caminos. Y después de toda esa historia que me contaste, de la venganza del judío converso, de “Maimonides”; etc. Eso todo despertó en mi la curiosidad, por algo que empezó siendo un juego para mí, pero que sin embargo acabó siendo una cruda realidad.
Una vez cenados, se meten en la cama y abrazaditos, entornan sus ojos, para que quizá ese sueño, les lleve a revivir ese sueño que tuvo Moisés, la de cuando se le apareció EL SEFARDÍ OCULTO.