País Relato - Autores

a. toledano de diego

el quinto miembro

Alberto es ingeniero informático y trabaja con programas de sistemas operativos. Tiene 35 años, rubio de ojos grises, 1,85 m y 80 kg. Es guapo, elegante y un galán.
Su compañero programador Lucas, Tiene 32 años, calvo, de ojos marrones, 1,68 m y 85 kg. Es simpático, dicharachero y regordete.
Ambos son compañeros de salidas e íntimos de confianza total. Se conocen, desde que entraron a trabajar hace 10 años.
Alberto tiene éxito entre el plantel femenino, Lucas, por el contrario, aunque cae bien, le cuesta mucho quedar, fuera del trabajo. No pudiendo presumir como Alberto en “la suerte del feo la deseo”.
Aunque se suele idealizar mucho, al final, se acaba en eso de “cada oveja con su pareja”. El guapo con la guapa y el feo con la fea. De modo que es consciente de que mientras entre las compañeras, se lo rifan a Alberto, él debe resignarse a que tenga la suerte de que le falle a alguna el plan. Si no, no se comerá “un colín”.
Y la verdad es que visto el resultado, cada vez duda más en esa frase tan recurrente entre las féminas. De que lo que importa es la belleza interior. Preguntándose muchas veces, cómo me van a ver esa belleza interior, si raramente quedan conmigo.
Para ejemplo su amigo Alberto, que no sé qué belleza interior le verán, pero el caso es, que se las lleva al final “al huerto”.
Alberto es un maestro en el arte de cortejar a las féminas, todo un experto como es, no pocas veces le pide consejo Lucas a él. Después que este último haya sido testigo de cómo ha conseguido beneficiarse a la guapa de la empresa, Elena. Ufff…la que trae loquito a más de uno, con lo buenorra que está, que tetas tiene, que muslazos y que culazooo…
Esa incita solo con mirarla, ya que la naturaleza ha sido extremamente generosa con ella. Encendiendo a los machos de la empresa. Que seguramente se pasarán el día, polla en ristre.
Al salir del trabajo, Lucas le comenta a Alberto, que le gustaría que le aconsejase, en cómo debe lidiar con las féminas, para tener al menos algún éxito con ellas.
Mientras Elena charla a la salida con Julia, manteniendo un animoso diálogo.
-Elena, ¿qué tal es Alberto?
-Es un auténtico galán, que sabe cómo hay que tratar a una mujer. -dice Julia.
-Ya, pero ya me entiendes, no me refiero a eso.
-¿A qué te refieres entonces? -dice Julia.
-Pues eso, ¿si está bien dotado además de ser buen amante?
-Ah, claro. -dice Julia.
-La verdad es que si, que es todo un bombón, porque además de guapo está muy bien dotado.
-¿Cuánto de dotado?
-Mira que eres curiosa eh. -dice Julia
-Pues sí, ya sabes que las mujeres, aunque disimulemos muy bien, es importante el tamaño para nosotras.
-Cierto, pues mira yo calculo que le debe medir unos 20 cm o más.
-¿Tanto?
-Sí, pero lo mejor no es eso.
-¿Qué es sino?
-Que la tiene muy gruesa. -dice Julia.
-Ohhhh…
-¿Sí?
-Sí, te sientes totalmente repleta con él.
-¿Y qué más? -dice Elena.
- Pues que además de dotado, tiene mucho aguante, puede aguantarte una erección de más de tres horas, por increíble que pueda parecer.
-Lo que da oportunidad a correrse varias veces con él en el mismo coito.
-Jolines, que primor de hombre. -dice Elena.
-Sí, no lo dudes.
Mientras Lucas y Alberto se toman una cerveza charlando.
-Alberto, ¿dime qué les das para llevártelas de calle?
-Nada especial créeme.
-Te daré unos pequeños consejos a modo de manual. A las mujeres les gusta mucho el hombre discreto, que no va haciendo ostentación de sus conquistas. -dice Alberto.
-También les encanta la galantería, de forma que, aunque estés delante de un bodrio, tú “cómeles la oreja”, eso les encanta. Tontas no son y la que es fea lo sabe, pero les derrite eso de que un hombre les esté adulando, aunque suena a la mentira más grande del mundo. -dice él.
-Por lo tanto, nada de ir con la verdad por delante, has de decirles exactamente lo que a ellas les gusta oír.
-¿Sí? -dice Lucas.
-Así es, su punto débil es, la adulación, eso las derrite.
Elena y Julia, prosiguen con su diálogo muy constructivo, enseñando sin pelos en la lengua, al expresar sus pensamientos.
-Elena le comenta, te entiendo perfectamente, lo del éxito de Alberto. Porque yo, me he encontrado algunas veces, en situaciones patéticas que se me han dado con algún hombre.
-¿Por qué lo dices Elena? -dice Julia.
-Pues, porque alguna vez me ha pasado, que cuando ha surgido el tema, me he llevado una tremenda desilusión. -dice Elena
-¿Por qué? -dice Julia.
-Pues porque siempre estás a la expectativa de cómo “la tendrá” el susodicho de turno. -dice Elena
- ¿Y? – dice Julia.
Pues que en lugar de encontrarte con un pollón como te gustaría, te decepcionas encontrándote con “una lombriz”.
- Jajaja como eres eh. -dice Julia.
- Sincera nada más, yo no soy de esas que dicen que el tamaño no importa, importa y mucho. -dice Elena.
-Totalmente de acuerdo. – dice Julia
- Ya lo creo, yo me tengo que sentir “llena” para quedarme satisfecha.
- Sí, porque para que te metan algo que ni te vas a enterar, ¡como que no! -dice Elena.
- Tienes razón, el sexo está para disfrutarlo, no para ser hermanita de la caridad, mostrándose misericordiosa con aquellos que la naturaleza les dotó con una “pequeña”. -dice Julia.
Por fin es viernes, toca salir de caza, los amigos Lucas y Alberto han quedado para darse una vuelta por ahí. Les han hablado de la discoteca “Amatista”, que dicen que es del perfil de los que salen a ligar seguro. Y lo más atractivo es, que está lleno de divorciadas, las mejores sin duda, para sus intereses. Ya que no se andan con milongas por la vida y van a lo que van.
Acuden a la puerta de la discoteca y deslumbra la entrada, muy elegante con las paredes negras con luces azules de neón. El precio de la entrada es caro, algo natural, ya que los dueños sabiendo que la discoteca se cotiza por tener fama de que van mujeres muy guapas, exprimen a los hombres, para compensar el descuento del 50% que tienen ellas en la entrada. Al fin, hay que atraer un buen número de ellas al enjambre, ya que son la miel para los “abejorros”.
Sentados mientras saborean su cóctel, las miradas escudriñan el local mutuamente, donde ellas de manera más discreta van repasando uno a uno a los presentes. Por ende, los hombres más descarados, repasan los puntos álgidos para su selección, esto es, el tetamen y el muslamen.
La música ameniza el ambiente, incitando a bailar, con esa música elegante, inapropiada para los paletos. Como es obvio, si quieres hacer el ridículo y que te tachen de paleto, tendrás que ir vestido muy elegantemente, de lo contrario ya sabes.
Salen al ruedo Lucas y Alberto, dejándose el primero guiar en su aprendizaje por Alberto. Casi no hay nadie en la pista, mientras los ojos expectantes de alrededor les miran. Ya se sabe que los tímidos, necesitan del tumulto, para animarse a entrar a bailar, aunque sean una simple peonza.
Las miradas y las sonrisitas cómplices empiezan por doquier, con Lucas como buen observador, tratando de captar todo el aprendizaje que tiene Alberto para con las féminas. Éste observa como las más buenorras empiezan a zigzaguear alrededor de su amigo Alberto. Recordando las palabras de su amigo…” Las primates, en su instinto animal, van buscando al que ellas consideran el mejor dotado”. De ahí que, de manera muy discreta, ellas se fijen en “su paquete”.
Y claro, Alberto en esos atributos va sobrado, sin lugar a dudas. El baile continúa y Lucas se decide a entrar en acción, ya que, por supuesto no puede esperar a que, como a su amigo, ellas se le arrimen, tendrá que arrimarse él a ellas.
Consciente de que sus expectativas han de ser menores, se acerca a una chica, que parece monilla, aunque no sea guapa. Y le entra con el típico, ¿qué tal, me permites que me siente contigo? Ella le asiente, lo cual ya es una buena señal, recordando los consejos de su amigo, hay que ser atrevido con moderación. A las mujeres no les gustan los apalancados que no toman la iniciativa. Al poco rato, cambia la música por lenta, es la hora de entrar en acción… ¿bailas, le dice él? Asintiendo, salen a la pista, ella no tiene muchas curvas como le gustan a Lucas, “pero se da con un canto en los dientes”, diciéndose “menos da una piedra”.
Mientras transcurre el baile, mentalmente va repasando los consejos de su amigo Alberto, “arrimando la cebolleta”, comprobando que ella no rehúye al envite. Bien, piensa él, mi amigo estaba en lo cierto. Mientras observa como su amigo sale de la pista y se sienta en un lugar retirado de la discoteca, que ya previamente había seleccionado al entrar.
Lucas piensa, debo hacer lo mismo, saliendo de la pista y sentándose junto a su conocida de baile. Eso sí, sin perder de vista a su amigo Alberto, al cual contempla, como le está metiendo un sobeo y un morreo soberano a la susodicha de turno.
Vuelve la música suelta y sale a la pista Lucas con su compañera de baile.
-¿Cómo te llamas? -dice él.
-Me llamo Lucía.
-Vaya que nombre más bonito.
-Yo Lucas, para servirle.
Entre baile y baile, observa que su amigo Alberto ha desaparecido, ya no está ni en la pista de baile ni tampoco sentado donde estaba acompañado. Y piensa para sí, éste ya se la ha llevado “al catre”.
Las consumiciones, empiezan a hacerle efecto a Lucas y ya está muy contentillo. Lo que le desinhibe para pasar al ataque, recordando eso sí, las sabias palabras de su amigo, siempre.
Alberto, ya ha cazado a su presa y la ha convencido para que, “se conozcan mejor”, llevándola a su hotel habitual que él ya conoce para “el picoteo”.
En el hotel, pasan por recepción y él pide una habitación con cama de matrimonio. Suben a planta y abre la puerta, invitando galantemente a pasar a Martina. Abre el mueble bar y saborean en un vaso ancho de cristal sus consumiciones de Whisky, mientras charlan, sentados sobre la cama.
-¿A qué te dedicas Alberto? (la frase inexorable de las féminas)
-Soy ingeniero informático.
-¿Y tú?
-Trabajo en la banca. -dice ella
Pareciendo que les apremia a ambos, lo que les ha llevado hasta allí, Alberto pasa a la acción y la envuelve con su brazo sobre el hombro de Martina. Ella se deja arrullar muy gustosamente.
Acerca su cara a la de ella, le toma sus labios para inmiscuir su lengua por la comisura de éstos. En un beso de auténtico frenesí, entrelazan sus lenguas muy húmedas. Mientras las manos de él, invaden bajo su falda, para acariciar sus muslos blancos como el alba. Ella se deja caer sobre la cama y él mientras la besa, continúa avanzando hasta llegar a la parte más recóndita de su cuerpo. Levemente sus dedos se introducen por debajo de sus bragas, haciendo que a ella se le escape un jadeo, al sentir como éstos profanan los límites de su vulva, haciéndola temblar. De repente él, se reincorpora y lanzando su enorme falda hacia atrás, que casi le cubre el rostro a ella, se dispone a quitarle las bragas, haciéndolas escurrir por sus piernas hasta alcanzar sus pies. Una vez libre de ellas, él se desprende de sus pantalones y calzoncillos al unísono. Y ella asombrada, contempla sus dimensiones observándole como está con la polla en ristre. Lo que la induce a preocuparse de sí “esa cacharra”, entrará. Pero comprueba como enloquecido por la pasión él, le separa sus muslos, para con su boca alcanzar su vulva. Que empieza a lamer como loco con exquisita delicadeza, provocándole a ella humedecerse y asirle instintivamente de los cabellos de su cabeza, como forma de guiarle en los movimientos, que la enloquecen de placer.
Él la sabe preparada, en el momento que siente como un chorro le salpica su cara, pasando inmediatamente a la acción y empezando a frotarle con su glande la hendidura de su vulva, surcándola de arriba abajo, oprimiéndole a cada pase, su clítoris. Lo que le hace crecer y aflorar todo turgente fuera del refugio del capuchón, todo hinchadito.
Mientras ella jadea levemente sin parar, él presiona para introducir su polla en su vagina empapada, sintiendo el chasquido cada vez que toca fondo, haciéndola gemir.
Ella eleva su vientre, como tratando de que el acople sea perfecto, mientras él no para de hacer movimientos giratorios con sus caderas, para estimularla al máximo con su glande totalmente encajado.
Ella le mordisquea los labios, escapándosele gemidos entrecortados cada vez que él, en sus embestidas hace tope. Él sintiendo que su polla está durísima a punto de estallar, le dice a ella…
-Cariño, no aguanto más…
-Si dulzura vámonos… -dice ella.
-¡Me corrooo…! Suelta ella en un grito, al sentir como la aprieta.
Enloquecido, Alberto la monta con fuerza, con mucha intensidad en el vaivén imparable, para lograr el orgasmo al unísono. Escapándosele un alarido, cuando siente como salpica con sus chorros de semen su vagina, bañándola.
Él se reincorpora con sus brazos, por temor a que su peso la pueda aplastar en medio del orgasmo, después de aguantar esos segundos su peso todo encima.
Se miran mutuamente, dándose un beso, en señal de gratitud por lo vivido.
Mientras tanto, en la discoteca, Lucas se ha desmelenado y “contentillo” por los cócteles como está, se ha lanzado, no parando de meterle mano a su compañera y de aprovechar cada ocasión que se le brinda para besarla.
Es hora de partir, la discoteca echa el cierre. Ocasión que aprovecha Lucas, motivado como está para jugársela al resto y le dice a Lucía…
-¿Nos vamos al hotel a acabar la noche mi vida? -dice Lucas.
-Bueno, como veas.
-Le ha salido la noche redonda y se marchan al hotel. -piensa él.
Con los efectos etílicos haciendo estragos ya en su raciocinio, pasan a la habitación y él se deja caer en la cama, cerrando los ojos por unos instantes y volviendo a abrirlos con Lucia subida sobre él. Ella le va desvistiendo con mucha tranquilidad y él entreabre los ojos a ratos, mientras saborea las caricias de ésta. Ya que no está para muchos trotes, cediéndole a ella la iniciativa. Mientras él piensa, ya verás cuando se lo cuente a Alberto, que no solo a él, le ha salido la noche redonda.
Una vez totalmente desvestido, ella se quita también su ropa, solo dejándose las bragas. Le somete a un sinuoso camino de caricias con su boca, descendiendo lentamente desde su cuello hasta alcanzar sus genitales.
Una vez allí, le empieza a chupetear los “huevos” haciendo que éstos presos de la excitación, se suban a tope hasta arriba.
-Lucas le dice… ¡quítate las bragas!
-Ella haciéndose la remolona le dice…tranquilo.
-¿Qué prisa tienes? -saborea las cosas con tranquilidad.
-Quiero sentirte mi vida, ardo en deseos por ti. -dice Lucas.
Mientras ella, le somete a una concienzuda felación, abrazándole su polla con sus labios carnosos. Lo que le pone a mil, volviéndole loco, cada vez que ella en su sube y baja, atenaza con sus labios su polla totalmente tiesa.
Aunque no es del todo consciente de lo que está haciendo, por los efectos etílicos, sí que se da cuenta que si sigue así se va a correr en su boca… Y él no quiere, quiere metérsela. Y le dice…
-¡Para!, ¡para!, ¡para! Deshaciéndose de los labios que aprisionan su polla.
-Él se reincorpora en la cama y se pone a bajarle las bragas a ella, quiere hincársela como sea. Cosa que hace con delicadeza, mirándola a la cara mientras. Hasta extraérselas totalmente.
-Con la luz atenuada de la habitación, apenas se ve el perfil de los cuerpos y ella velluda como es, hace que Lucas le meta mano, para acariciar su vulva.
-Tumbado junto a ella tantea, pero no atina a encontrar la hendidura de su vulva, encontrándose con una especie de “cilindrín”.
-¿Y esto qué es?
-Cariño, yo pensé que tú ya lo sabías.
-¡Me has engañado!
-No mí vida, di por hecho que te habías dado cuenta y como no preguntaste nada, supuse que no te importaba.
-Hirviéndole la sangre y con las ganas de follar…
-Lucas le dice, no importa, ¡date la vuelta!
-Ella así lo hizo y Lucas sin demora se la enchufó por el culo. Al fin había estado horas morreándose y metiéndole mano a ella, qué más da.
-Descargó rápido y se tumbó a su lado. Con los ojos entrecerrados, le pregunta…
-¿Siempre fuiste así?
-Sí, siempre me sentí muy mujer y me empecé a hormonar desde muy jovencita.
-Bueno chata, hemos acabado la faena, no era lo que esperaba, pero…
Saliendo por la puerta del hotel ambos, se despiden, marchándose cada uno a su casa.
Es Sábado, Alberto y Lucas quedan para tomar el vermut. Y para contarse qué tal les ha ido a los dos la noche pasada.
-Bueno macho, ¿qué tal te fue ayer con la mujerona de la discoteca?
-Muy bien la verdad. Este es de los polvos, que se puede decir que mereció realmente la pena.
-Ya me imagino.
-Cómo se movía la hembra, me aplastaba los “huevos” dejando sus nalgas caerse encima y rotando esas caderas maravillosamente.
-¿Y a ti qué tal? Que te vi bailando muy animado con la mujer aquella eh.
-Bah, ni me lo recuerdes.
-¿Pero por qué, no quiso tema al final?
-No, no se trata de eso.
-¿Entonces?
-Pues nada que después de pasarme toda la noche bailando, morreando y metiéndole mano, nos fuimos al hotel.
-¿Y? -dice Alberto
-Macho, que cuando estaba en lo mejor, le bajo las bragas y me encuentro con que tiene “antena”.
-¿Qué? Jajaja.
-Sí eso, tú ríete que quien se comió al maricón fui yo.
-Anda hombre, no le des importancia, son cosas que a veces pasan.
-¿Qué planes tienes para hoy? -dice Lucas.
-Pues verás he quedado con Elena.
-Jolines, que tío, no pierdes ocasión eh.
-Claro hombre, la vida está para disfrutarla en sus momentos libres.
-¿Qué vais a hacer?, aparte de “cepillártela”, claro.
-Pues iremos al cine, después nos iremos a cenar…
-Sí y después a la cama, claro está. -dice Lucas.
-Hombre, somos amigos especiales, nosotros nos lo pasamos bien y eso no puede faltar.
-Vaya suerte tienes cachondo.
-Anda no seas exagerado, todo va en el interés que se tenga y en trabajárselo.
-Venga, nos vemos el Lunes en la empresa, ya me contarás. -dice Lucas.
-Adiós Lucas. -dice Alberto.
Son las 19:00 h y es hora de ir a recoger a Elena, previamente se ha sometido a un riguroso acicalamiento Alberto. Pilla su coche y se marcha a casa de ella, para llevarla al cine.
A la hora convenida, recoge a Elena y se marchan para asistir a la función de las 21:00 h. Como buen catador, Alberto se fija que ha venido ella con un vestido muy sinuoso, que realza mucho sus curvas y viene peinada de peluquería, la noche promete.
Acomodados ya en el cine, se apagan las luces, va a empezar la función. La oscuridad de la sala y las butacas previamente seleccionadas por Alberto invitan a algo más. Cuando han transcurrido como unos quince minutos de película, él le echa la mano encima de su muslo subiéndola hasta escurrirse hacia su entrepierna. Ella se mantiene inmóvil, como si nada estuviese pasando. Haciendo forma de concha, mete la mano por dentro de las bragas pegándola a su vulva. Él hace que su dedo medio se introduzca por la hendidura de su vulva, empezando a acariciarle el clítoris. Instintivamente ella, cierra los muslos, como intentando aprisionarlo.
Él se da cuenta, por lo mojada que está, que las caricias han inundado su vagina. Mientras ella trata de guardar la compostura, sin dejar de mirar al frente, no vaya a delatarse a los vecinos espectadores. Solo él, se da cuenta de los espasmos de su vagina con el dedo totalmente dentro.
Ella se siente impotente, ya que no sabe qué hacer ni decir, puesto que teme llamar la atención de los espectadores que la rodean. Lo único que la salva es que en la última fila como están, hay un hueco de cuatro asientos vacíos a su derecha, mientras que, a la izquierda de Alberto, es butaca de pasillo. Los efectos sonoros de la película son abundantes, cosa que aprovecha ella, para bajarle la cremallera de la bragueta y extraerle la polla que salta como un resorte hacia fuera. Debido a lo bien dotado que está Alberto, a ella no le cuesta mucho esfuerzo agacharse y abrazar con sus labios su polla. Cosa que hace con esmero succionándola con esmero y dejando escapar a la vez, sus jadeos bajitos, al estar cachondísima por la tortura a la que le está sometiendo a su clítoris, el dedo de él. No aguantando más, ella se corre atenazando con más fuerza aún su polla, por el efecto reflejo del orgasmo y tratar así de ahogar el sonido de sus jadeos. Provocando lo inexorable y es que, debido a la presión de su boca, con su polla latiendo y a punto de estallar, él se rinde y expulsa con fuerza los chorros del semen en el paladar de Elena. Apretando él, eso sí, sus mandíbulas para que no se le vaya a escapar ningún ruido. Mientras que ella aguanta hasta que le ha sorbido hasta la última gota.
Él saca el “mocadero” del bolsillo superior de su chaqueta, dándoselo a ella, para que se limpie. Volviendo a recomponer sus ropas, continúan viendo la película como si nada hubiese pasado.
Acabada la función se marchan para yantar a un cenador que conoce Alberto que, a la luz de las velas, le da un toque muy especial y acogedor.
A eso de las 00:35 h acaban y se marchan, después de haber disfrutado de una magnifica velada en ese local. Subiéndose al coche, arrancan para volver a casa.
-Alberto le dice, ¿te apetece que nos vayamos a mi casa y escuchemos un poco de música tomándonos algo?
-Elena, le dice que sí.
Tomando dirección a casa de Alberto, con el frescor del aire dándoles en la cara, con los cristales bajados del coche.
Llegan a casa de él y éste muy galantemente, le abre la puerta para que pase.
Alberto, piensa para sus adentros, ahora te la voy a hincar que la mamada del cine no me ha saciado.
Se sientan en el sofá, levantándose él para preparar unos cócteles. Entregándole la copa a Elena, aprovecha y le da un beso. Se sientan y empiezan a charlar como si nada. Pero es obvio que ambos saben, a lo que han venido.
En un momento determinado, ella se acerca para achucharse con Alberto y esté la envuelve con sus brazos. Entonces ella, le dice…
-¿Nos vamos a la bañera?
-Claro que sí, Chiqui.
-Alberto abre los grifos de su bañera de hidromasaje, vertiendo unas sales de color morado, que le dan una tonalidad muy bonita al agua.
-Ella aprovechando, se ha desvestido, dejando sus encantos a la vista y le dice, ¿entramos?
-Alberto asiente, desvistiéndose, pero mientras contempla las hermosas curvas de Elena, con esos senos voluminosos que apuntan sus pezones hacia arriba, esos muslos y sobre todo ese culazoooo… Al darse la vuelta ella, él puede apreciar esos hoyitos tan elegantes en la espalda que se forman en algunas mujeres a la altura de la rabadilla.
-Ella se sumerge hasta el cuello y mira a Alberto, ¿vienes?
-Él como tratando de disimular, medio oculta su polla en ristre.
-Mientras ella le mira con su mirada picara.
-Chiqui, me gustas un montón. -dice Alberto.
-Me alegro, a mí también me gustas.
-Ella con la espuma ocultándolos, mueve sus pies, para acariciar los genitales de él. Jugueteando con sus testículos, con los dedos de sus pies.
-Observa que el estímulo, hace que Alberto apriete las mandíbulas, del placer.
-Chiqui, cuidado que como sigas así, vamos acabar pronto el baño.
-No importa, le dice ella, dejemos que la espontaneidad siga su curso.
-Me matas de placer, Chiqui.
-Alberto que está en el disparadero, no aguanta más y le dice, ¡date la vuelta!
-Elena se reincorpora y se pone dándole las espaldas a él de rodillas apoyándose en el borde la bañera con sus brazos.
-La visión de las nalgas, hace que él necesite imperiosamente sentirla.
-Con su polla en ristre, desliza su glande entre la hendidura de sus nalgas. Acariciando con su glande su ano.
-Ella le dice… ¡tómame!, ¡tómame!
-Enchufándosela sin pensar él, escapándosele a ella un gemido, del golpe seco de la penetración.
-Ella se aprieta hacía atrás, a modo de engullir casi todo su pollón, que gruesa como es, le proporciona esa sensación de plenitud tan maravillosa. Aunque agradece la consideración por parte de él, ya que temió en algún momento que fuese a encularla. Lo que, debido a las dimensiones de su pollón, seguro que le hubiera hecho estragos, sin una previa y concienzuda preparación.
-Ella saborea, el roce de su verga, como le hace notar todo el recorrido, al frotarse con su vagina muy húmeda.
-Alberto, espoleado por la reacción de ella, golpea cadenciosamente sintiendo ese chasquido tan característico de cuando el glande hace tope y la mujer está totalmente lubricada.
-Él trata de aguantar, pero no es capaz, ya que ella no para de menear sus nalgas, soltando un grito orgásmico, que provoca que ella apriete más y más hacia atrás hasta tener su glande totalmente encajado.
-Esa sensación, provoca que él enloquecido trate de apretarse al máximo contra ella, asiéndose con fuerza a sus nalgas, mientras siente brotar los chorros del semen.
-Acción que hace que ella suelte un grito, ¡me corrooo…!
-Exhausto, se deja caer sobre ella, haciéndola sentirse totalmente cubierta por él.
-Elena le dice, quédate así quietecito.
-Mientras él, exhala su entrecortado aliento por el frenesí vivido.
Su amigo Lucas, ha ido a la discoteca a intentar “pillar cacho”. Eso sí, poniendo buen ojo, no se vaya a tragar otro transexual. Repasando las palabras de su amigo, a ver si se aprende de una vez la lección y así al menos, no sale sin comerse “un colín”.
La cosa parece que va animada, claro piensa él, será porque es “sabadete”. La noche por excelencia donde la gente sale a dar rienda suelta, para echar el polvete.
Se mete en la pista, que aún está medio vacía, pero desinhibidamente, se arranca a bailar. Poco a poco se va animando el personal y la pista se va copando. Se lo ha propuesto así mismo y esta noche tiene que caer algo.
Se encuentra con una chica, que le incita a entrarla…
-Hola, ¿cómo estás? -dice Lucas.
-Bien, ¿y tú?
-Me llamo Lucas, ¿sueles venir por aquí?
-Yo Pilar, sí, a veces.
-¿Has venido sola o con amigas?
-He venido con una amiga, que está allí sentada.
-Lucas mira en la dirección señalada y dice ah.
-Pensando para sus adentros, mira que es fea, no me extraña que esté ahí sentada.
-Pilar le dice, me voy a sentar, ¿te vienes?
-Mónica, te presento a Lucas.
-Tanto gusto, le dice él.
Empezando los tres a hablar de cosas cotidianas, sin más. Al poco rato de la charla, cambia la música a lento. Lucas piensa esta es la mía. Dirigiéndose a Pilar le dice…
-¿Bailas?
-No, yo no, que tengo novio.
-Ah
-¡Pero saca a bailar a Mónica!, que mi amiga está libre.
-Lucas, para no mostrarse descortés le dice a Mónica, ¿bailas?
-Y ella asiente, tocándole a Lucas arrastrar al bodrio a la pista.
-Al compás de la música lenta, ella le pregunta…
-¿A qué te dedicas? (faltaría más que no saliese la frasecilla)
-Soy programador en una empresa informática.
-¿Y tú, le dice él?
-Soy profesora de primaria.
-Lucas piensa mientras tanto, ya me ha acoplado la amiga, a la fea.
-Acabada la música lenta, al empezar el jolgorio de la movida, Mónica le dice, me voy a sentar si no te importa.
-Él galantemente la acompaña, al sentarse en la mesa, Pilar les dice, chicos, os dejo que me voy a bailar.
-Lucas piensa, que lista, nos deja solos para allanar el camino a su amiga.
-Llega la hora de cerrar la discoteca y Pilar les dice…
-Chicos me marcho que tengo que madrugar que he quedado con mi novio.
-Disfrutad de la noche, que es larga aún.
-Resignado Lucas le dice a Mónica, ¿qué te apetece?
-Ella le contesta, ir a un pub a escuchar algo de música y a charlar.
-Lucas piensa, anda con la fea, será fea, pero tiene un “pico de Oro”, que no se corta.
-Salen de la discoteca en dirección a un pub irlandés que conoce Lucas.
-Transcurrido un rato de charla, parece que, aunque fea, ya no le cae tan mal a Lucas, porque la chica tiene conversación, aunque sea un poco cortada, ¿qué te parece el local?
-Es muy original, el típico pub irlandés.
Aprovechando lo recóndito del lugar donde se han sentado, Lucas acordándose de las palabras de su amigo Alberto, pasa a la acción, echándole el brazo por detrás del respaldo de Mónica, como quien no quiere la cosa. Y observando que no hay “moros en la costa” se vuelve más osado y le susurra como quien no quiere la cosa, unas palabras a Mónica. Ella se echa a reír y no muestra rechazo alguno.
Mientas le susurra le toca con la puntita de su lengua, cosa que provoca en ella, que se le erice toda la piel. Cosa interpretada por él, como buena señal. Muy bajito, se le empiezan a escapar a ella pequeños jadeos, por el estímulo al que se están viendo sometidas su oreja y nuca alternativamente, lo que le está poniendo muy cachonda.
Segundo paso, apretada como está, embutida en los pantalones, como si fuera un “cinturón de castidad”, al no prosperar el meterle mano, le desabrocha el botón de cierre de la cintura. Liberada la presión, su mano se escurre hasta alcanzar su vulva, cosa que provoca que ella instintivamente cierre sus muslos, para evitar la profanación de ésta. Mientras prosigue la tortura de sus lametazos, él le dice…
-Afloja Mónica, afloja.
- Ya que Lucas, con lo velluda que tiene ella su vulva, no atina a encontrar su clítoris, diciéndole…
-¡Ayúdame Chiqui!
-Ella le dice muy bajito, me estoy muriendo de vergüenza.
-¿Por qué?, si nadie nos ve, por la luz tenue y lo recóndito del sitio.
-¡Puede venir el camarero! -dice ella.
-Tranquila, que eso no va a suceder.
-Ella presa de la duda, entre el rubor de ser vista y el sentirse totalmente seducida, por los estímulos gozosos, al fin se deja llevar.
-Se abraza a él, excitadísima como está, humedeciéndose totalmente su dedo medio, que no para de hacer círculos, oprimiendo su clítoris. Excitado como está Lucas, se baja la cremallera, saltando su polla fuera de sus pantalones. Esperando verse recompensado por ella, que le mira, una vez que ella ya se había corrido. Ella le echa mano a la polla, viendo lo excitado que está, empezando a batirle con intensidad de arriba abajo, lo cual provoca que eyacule con prontitud, salpicando de semen la ropa de ambos. Respirando hondo una vez acabado, Lucas.
-¿Cómo estás?, le dice ella.
-Bien le contesta él. (pensando que mejor hubiera sido, si se la hubiese clavado).
Una vez recompuestos, se marchan del pub. Despidiéndose y dándose los teléfonos, al salir a la calle, antes de cada uno marcharse a su casa.
Es Domingo y los amigos quedan para tomar el vermut. Como de costumbre.
-Alberto, tan pronto ve su amigo le dice, ¿hombre qué tal?
-Pues mal.
-¡No me digas!
-Ya, no me digas más, tú como de costumbre ya te has tirado otra. -dice Lucas.
-¿Tan mal te ha ido?
-¡Si joder!, a este paso no me follo a ninguna, llevo tiempo en el dique seco.
- ¿Qué te ha pasado?
- Conocí a dos amigas en la discoteca, Pilar y Mónica, a mí me gustaba Pilar, pero para mí desgracia, me enteré que tenía novio al pedirle para bailar.
-¿Y entonces?
-Pues que Pilar, la pilla, me encasquetó a la amiga, la fea.
-¿Y?
-Pues verás, me las veía yo tan feliz, pensando que al final iba a ser mi noche, pero mi gozo en un pozo.
-¿Por?
-Todo lo que conseguí de ella fue, que me hiciese una “pajilla”.
-¡No me jodas!
-Sí, macho sí, seguro que a ti te ha salido redondo.
-Pues sí, te mentiría si dijese lo contrario.
-Claro, como de costumbre, tú te follas a las buenorras, te sale todo perfecto. Y no paras, eres el auténtico clavador.
-No seas así de pesimista, ni estés lloriqueando, hay miles de mujeres que también buscan lo mismo que nosotros, tener una buena noche de sexo.
-No macho no, realista más bien.
-Eres guapo, con esos ojazos grises, la naturaleza te dotó de generosos atributos sexuales, tienes un cochazo, eres alto; etc.
-Yo, soy más bien bajito, regordete, calvo, de ojos marrones y con un coche viejo y además la tengo pequeña; etc.
-Lo que importa es la belleza interior. -dice Alberto.
-¿Me estás vacilando?
-Tú te las llevas de calle, sin siquiera hablar, no me tomes por iluso.
-Muchas veces me pregunto, ¿cómo aguantas?
-Eso es, cuestión de naturaleza. -dice Alberto.
-¿Nunca te confundes de nombre al llamarlas?
-No, porque yo las llamo a todas Chiqui, para no confundirme.
-Ya, pero tú das abasto con todas y no eres precisamente de polvos “conejeros”.
-¿Qué le voy a hacer?, si yo disfruto muchísimo, montándolas.
-Eres un auténtico garañón.
-Anda no exageres, solo que tienes un mal día.
En la empresa por los intrincados caminos, ha corrido como un reguero de pólvora el tamaño de los genitales de Alberto. Ya que, aunque las mujeres suelen ser más discretas, el tema se las trae, habiéndose producido auténtica devoción, como si se tratase de “San Falo”. Y como circunstancia, despierta la curiosidad y el morbo entre éstas.
-Silvia que por lo que se tiene noticia ha sido la primera “catadora” de la empresa, dialoga con Elena, la responsable de ventas…
-Elena, ¿es cierto todo eso que se comenta sobre Alberto?
-Sí y puedo dar fe de ello, se le podría denominar el hombre perfecto.
-¿Por cuestión de los atributos generosos?
-Sí, unido a otras cosas también, como que es guapo, de nada vale que te encuentres con un hombre feo “que la tenga como un elefante”. -dice Silvia.
-Ya, además tengo entendido que es muy buen amante. -dice Elena.
-No lo dudes, jamás había conocido a un hombre que aguantase tanto.
-Sí, ya me habías comentado que aguanta erecciones muy largas, de más de dos horas, ¿no? -dice Elena.
-Claro, es muy delicioso, sentir como esa “tranca” te entra y sale tanto rato delicadamente. -dice Silvia.
-¿O sea, que muchos orgasmos seguros entonces?
- Así es.
-Elena le dice, como amiga de confianza que es, a éste me lo tengo que tirar yo, no puedo seguir con la intriga de cómo responde en la cama.
- Siii…y lo mejor es que además de ser un hombre galante, es muy discreto. -dice Silvia.
- Te entiendo, le dice Elena, no va por ahí fanfarroneando, dejando bien guardadas sus experiencias con las mujeres.
- Exacto, con lo cual te quedas tranquila, porque tu parcela de intimidad, quedará a salvo.
Alberto y Lucas, quedan para tomar algo, al salir de la empresa el Lunes.
-Lucas le pregunta, ¿me tienes que contar qué tal te fue, con aquella jabata que no parabas de agarrar el culo mientras bailabais?
-Pues muy bien la verdad, tenía unos ojazos… -dice Alberto.
- Vaya me sorprende que destaques eso eh.
- ¿Por qué?
- Porque tú generalmente siempre me hablas lo primero de los atributos protuberantes, como tetas y culos.
- Anda, anda, no la pagues conmigo, porque te salieron mal las cosas eh, estaba bonísima.
--Faltaría más, así son todas las que se te arriman.
-Tienes su teléfono, ¿verdad?
-Claro, con lo rica que está, sería un pecado, no degustarla más.
-¿Cómo se llama?
-Cecilia, es profesora de facultad.
-Por supuesto, las de la limpieza, las cocineras y las modistas, nos tocan a los demás mortales. -dice Lucas.
-¿Y tú? -dice Alberto.
-Yo nada, el Domingo a descansar en casita.
Es Lunes y Elena la contable de la empresa, se pone a cotillear con Rosa, la responsable de expedición.
-¿Qué te pasa? -dice Elena- Te noto alicaída.
-Nada, solo que me doy cuenta que, aunque Alberto me gusta y tenemos buen rollo, no consigo ir a más con él. -dice Rosa.
-¿A qué te refieres? -dice Elena- Haciéndose la loca.
-A que tiene tantas “lagartas” acosándole, que no se centra con nadie.
-Bueno, pero has de verlo desde la perspectiva, que él no tiene la culpa de la naturaleza haberle hecho así de hermoso. -dice Elena.
-Ya, pero he hablado con él y me ha dicho claramente que es un espíritu libre, que no se va atar a nadie, que él solo piensa en hacer disfrutar y disfrutar. -dice Rosa.
-Al menos es sincero, no va alimentando falsas esperanzas. -dice Elena.
-¿Tú has tenido con él algo, alguna vez?, -pregunta Rosa.
-Me andaban rondando las ganas de catarlo y después de informarme con una conocida, de sus peculiaridades, no me resistí a degustarlo.
-Pues sí, para que te voy a mentir, una vez nos fuimos un fin de semana juntos a la sierra. -dice Elena- Y de vez en cuando, tenemos nuestras “escaramuzas”.
-Jolines, vaya con el tío, al final va a resultar que se ha cepillado a la mitad sino más de la plantilla femenina de la empresa. -dice Rosa- Eso sí siempre de manera discreta.
-Es posible, pero él no engaña a nadie y estar con él en la intimidad es algo de ensueño. -dice Elena.
-Sí, hay que reconocer que la naturaleza le dio todo lo que se puede esperar de un hombre.
-Claro y sobre todo, lo que nos tiene encandiladas a las mujeres es su enorme verga, pese lo que nos pese. -dice Elena- Echándose a reír.
-Así es, supongo que nos ejerce esa fascinación al verla tan larga y gruesa, al igual que a los hombres, que consideran super hembras a las mujeres que tienen unos senos y culos voluminosos. -dice Rosa.
-Ya, pero es que, además sabe manejarla tan bien. Mientras que otros no saben ni por dónde la meten. -dice Elena.
-No nos queda más que resignarnos y disfrutarlo cuando podamos mientras. -dice Rosa.
-Llega Alberto, todo ojeroso, las compañeras le preguntan…
-¿Qué te pasa?
-Nada, solo que he tenido una mala noche y no he dormido bien.
-Lucas se acerca a él y le dice…ya, ya.
-A mí no me engañas macho, ¿has estado con Cecilia, ¿verdad?
-Sí, hemos pasado la noche juntos.
-Claro por eso vienes hecho unos “zorros”. ¿Te ha “ordeñado” bien eh?
-El primer día que estuve con ella, fue fenomenal, pero no me había dado cuenta de algo que he observado esta noche.
-¿Qué?
-¡Que es ninfómana!
-Anda, toma ya, has dado con la “horma de tu zapato”. -dice Lucas.
-Es inagotable -dice Alberto-, quiere más y más.
-Jajajaja te ha dejado “sequito” eh.
-Sí he de reconocer que me ha dejado agotado, me ha puesto de tal manera, que el olor que rezumaba su vulva me ha puesto a mil y ni se sabe la de lametazos y corridas que he sentido en mi boca. -dice Alberto.
Pero como la vida continúa, Lucas se vuelve a su puesto.
Acabada la jornada, los amigos al salir, se paran un rato en la cafetería para profundizar en su charla.
-Bueno, ya tienes mejor cara que hoy por la mañana cuando llegaste.
-Con una buena noche de descanso, mañana estarás novísimo.
-No creo, que descanse mucho. -dice Alberto.
-¿Y eso?
-He quedado con una amiga.
-¿Quién? -dice Lucas.
-Se llama Noelia y está casada.
-¡No me jodas!
-Esa no la conocía yo -dice Lucas-, ¿la conoces hace mucho?
-Unos años.
-¿Pero macho, que necesidad tienes tú de complicarte la vida, con una casada?
-Lo sé, pero el destino es así de caprichoso y además de buen sexo con ella, me transmite una paz y bien estar increíble en los momentos de quietud posteriores.
-¿Y ella? -dice Lucas.
-Su matrimonio no funciona, todo es pura rutina y mantener las apariencias -dice Alberto-. Como les pasa a muchas mujeres, que viven algo sin sentido.
-Coño, pues que deje al marido. -dice Lucas.
-No es tan simple, tiene tres hijos aún pequeños y no quiere desgraciar a sus hijos con una separación a tan temprana edad.
-Ya, la excusa de siempre -dice Lucas-, de las que no tienen agallas para coger “el toro por los cuernos”.
-Ya, así viven muchas, pura apariencia, pero creo que esa falta de valor es por la cobardía, se adaptan a la comodidad de una familia montada de cara a la galería y prefieren no arriesgar. -dice Lucas.
-Ella dice que lo hará cuando sus hijos sean mayores.
-Ya, mientras “pone los cuernos” al marido, buscando ese desahogo que necesita, contigo.
-Bueno, dejemos de hablar de mí -dice Alberto-. ¿Y tú qué?
-Pues mira, como la cosa a mí, no me sonríe igual de bien que a ti, voy a seguir intentándolo con la fea. -dice Lucas.
-¿Mónica, te refieres?
-Sí, puede ser que me equivoque, pero a mi esa carita de no haber “roto un plato”, no me engaña. Seguro que es una “calentorra” muy discreta.
-Pues nada macho, que tengas suerte en el intento.
-Me marcho que he quedado con Noelia.
-¡Cuidado!, no vengas desfondado mañana o Don Primitivo va a sospechar. -dice Lucas.
-Tranquilo con ella solo estaré cuatro horas a las 22:00 h se marcha a casa.
-Ah es cierto, que está casada.
Infelizmente, ese es el día a día de muchas parejas, donde una serie de intereses económicos, emocionales o acomodaticios, les impiden poner punto final a algo sin sentido. Como si no fueran capaces de, de la misma manera que en su día decidieron unir su vida a otra persona, poner punto final cuando ya carece de sentido continuar.
El temor a caminar solo, afrontar los problemas sin esa “bengala”, les hace continuar languideciendo sus vidas. Por esa falta de arranque, sin percibir que la vida sigue su camino, consumiéndoseles.
Lucas llama a Mónica para quedar, ésta le dice que sí, que irá con su amiga Pilar; como si las mujeres, con su sentido gregario, no fuesen capaces de ir solas. Como pasa cuando van al retrete en los locales, que su sentido de protección de “la manada”, les hace ir a cuatro, seis o más juntas. Como si les entrase a todas, las ganas de mear de repente.
En la cafetería citada quedan de encontrarse. El ritual empieza nuevamente mostrándose Mónica, con esa carita de “mosquita muerta”. Hechas las pertinentes salutaciones, Pilar les dice…
-Chicos, tengo que dejaros que he quedado.
-Tranquila, que tu amiga queda en buenas manos, le dice él.
-¿A dónde te apetece ir, le pregunta Lucas?
-Mónica le sorprende y le dice, tú decides sorpréndeme.
-¿Nos vamos a mi casa que tengo una película fantástica para ver?
-De acuerdo, vamos (vaya con la mosquita muerta).
-Siguiendo el ritual del cortejo -Lucas-, le abre la puerta del coche, para que entre. Costándole cerrarla la misma, por tener un defecto por corregir. Le comenta, es que el coche es viejecito, pero le tengo especial cariño.
Al llegar a casa, se sientan, invitándola a tomar algo, mientras ven la película. Al cuarto de hora, Lucas deja caer como el que no quiere, su mano encima del muslo de Mónica. Ella no aparta la vista del televisor, como que está muy concentrada, como que no se ha enterado.
Siguiendo la pauta del gran maestro Alberto -Lucas-, deja escurrir su mano entre la cara interna de los muslos, sin inmutarse ella.
Vamos, como si no fuese con ella el asunto, cosa que aprovecha él para continuar su “invasión”, mirándola por el rabillo del ojo. Percibiendo como ésta, cierra los ojos y aprieta las mandíbulas, como saboreando más el placer, al sentir como él juguetea con su dedo en su vulva. Eso sí, sin dejar de mirar al frente, como atenta a la película.
Oh sorpresa, cuando no le pasaba ni por la imaginación, siente como la mano de ella se posa sobre “su paquete”. Estupefacto ante lo imprevisto, pasa enseguida a la acción, besándola. Y para continuar con las sorpresas, ella le baja de golpe la cremallera de su bragueta. Introduciendo a continuación su mano en su calzoncillo, la cual percibe el latir de su polla, a punto de saltar fuera, de lo tiesa que está. Él se rinde a su iniciativa, percibiendo como se agacha, abrazando con sus labios su glande, al cual somete a una concienzuda felación al tiempo que su mano le aprieta “sus huevos”, como para intensificar el placer y a su vez ayudar a expulsar el semen.
Vaya con la “mosquita muerta” piensa Lucas, no falla, esas que parecen que no han “roto un plato” en su vida, son las auténticas folladoras al final.
Viendo que la cosa se va a precipitar, Lucas le aparta la boca a ella, la coge en brazos y se la lleva a su cama, diciéndole… Aquí estaremos mucho más cómodos.
Le arranca los pantalones y le baja las bragas con premura, ya que está salídisimo y quiere metérsela como sea.
Ante su necesidad imperiosa, no está más para preámbulos, así que se tumba sobre ella, levantándole las piernas y apoyándoselas sobre sus hombros. Empezando las acometidas cadenciosamente, mientras ella solo deja escapar un gemido cada vez que él hace tope a cada embestida.
Él sabe que la cosa será corta, pero no le importa ya tendrán ocasión para más, en una explosión orgásmica, se aprieta con todas sus fuerzas contra ella, sacándola en el momento que advierte que va a eyacular inexorablemente. Salpicándola de semen sobre la tripa a ella.
Ufff… por fin se la ha conseguido follar -piensa Lucas. Parece que ha conseguido romper el maleficio.
Mientras tanto en la facultad, la compañera Rita, advierte que el teléfono de Cecilia empieza a sonar, agrandando el nombre del que le llama que sale resaltado en la pantalla y se lee…FOLLADOR NATO, FOLLADOR NATO, avisando ésta a Cecilia que alguien la está llamando al teléfono que dejó olvidado encima de la mesa de secretaría.
Acudiendo enseguida Cecilia, cuando llega ha colgado la persona que ha llamado.
-Rita le pregunta, ¿quién es Follador Nato?
-Amiga mía, es el mote que le he puesto en el teléfono, al hombre más dotado que he conocido en mi vida.
-¿Ah sí?
-Pues sí, a ver si crees que nosotras las mujeres no tenemos también nuestras fantasías. Al igual que a los hombres les pone, ver una mujer que tiene unos senos voluminosos, lo mismo nos pasa a nosotras cuando vemos una verga bien dotada.
-Tienes razón, solo que nosotras lo ocultamos más.
-Pues claro, ya es hora de desmitificar eso de que las mujeres somos más “frías”, simplemente no lo manifestamos con la misma naturalidad que ellos por pura cuestión de educación.
-Me lo tienes que presentar, le dice Rita, riéndose jajaja.
-Sí, sí, ni hablar, que ya tiene un montón de lagartas rondándole.
Las mujeres saben que Alberto es un alma libre, que no piensa atarse a ninguna mujer y las que quieren disfrutar de su compañía lo aceptan tal como es, al fin la vida son solo dos días. Dirán, disfrutemos el momento.
-¿No le vas a llamar?, le dice Rita.
-Sí, claro que sí, ahora mismo.
-Marca su número Cecilia y su amiga, mira expectante.
-¿Dígame?
-Cariño, soy yo Cecilia, ¿me habías llamado?
-Ah sí cariño, ¿te apetece que nos veamos hoy? -dice Alberto.
-Por supuesto, mi vida. -Cecilia- ¿Me pasas a recoger a la facultad?
-Así haré dulzura.
-Hasta más tarde entonces cariño.
-Hasta luego Chiqui.
-Hay que ver que cariñoso es eh, le dice Rita.
-Mucho, es un hombre completo, tiene don de “polla” y don de “gentes”.
-Jajaja se echa a reír, Rita.
-Cecilia le dice, seguro que por dentro te está rondando el morbo por conocerlo.
-Te mentiría si dijese que no, ya que tú eres una mujer muy exigente con los hombres y éste tiene que ser un primor, para que te tenga tan encandilada. -dice Rita.
-Cuando venga después te lo presento para que lo conozcas eh, pero nada más, que es mío.
-Jajaja por supuesto. -dice Rita.
-Sí, sí menuda eres, tendré que tener cuidado contigo.
Mientras tanto los amigos Lucas y Alberto, a la hora del almuerzo, se cuentan sus cosas, para estar al día.
-¿Lucas qué tal con Mónica al final? -dice Alberto.
-¡Por fin!, me la pude follar.
-Vaya, o sea que la fea se te resistía eh.
-Así es, era un asunto pendiente para mí.
-¿Y tú?, le pregunta a Alberto.
-Pues hoy he quedado con Cecilia al salir, paso a recogerla.
-Claro, faltaría más, hay que ver lo bien organizado que eres, con tu agenda siempre a punto, que nunca te confundes ni fallas al encuentro.
-Es que esa mujer, se merece dedicación especial, le dice Alberto a su amigo.
-¿Por qué?
-Macho, no te imaginas siquiera, como se corre.
-¿Qué tiene de especial?
-Pues mira, el día que la conocí, allí mismo en la discoteca me dejó abrumado.
-¿Y eso?
-Pues porque mientras bailábamos pegados, ella se apretó contra mí, corriéndose allí mismo, dejando escapar gemidos. Cosa que me dejó en fuera de juego en aquel momento, he de confesarlo. Sin saber muy bien qué hacer, con la gente alrededor.
-¡Hostias!, que máquina. -dice Lucas.
-Pues sí, no te lo creerás, pero hemos estado en alguna ocasión hasta tres horas, “dale que te pego”.
-Claro, solo un super hombre como tú aguanta eso.
-Y verás, después de las tres horas, que yo acabo exhausto, ella aún quiere más.
-Claro, ya me habías comentado que es ninfómana.
-Así es, pero es que tiene un cuerpazo y una sensualidad, que te incita e incita a hacerlo. Me vuelve loco cuando le bajo su minúsculo tanga y veo su vulva totalmente depilada e hinchadita.
-Ese olor de su flujo me enloquece y restriego mi lengua en medio del surco de ésta. Para impregnarme de todo su aroma.
-Para el carro macho, que me vas a acabar poniendo cachondo. -dice Lucas.
-Ahora que lo dices, a ti te estoy viendo más delgado de lo común.
-No creo, serán impresiones tuyas. -dice Alberto.
-Que no, que es verdad, te lo creas o no, deberías ir al médico.
-Tonterías, lo que pasa que no concebís que tenga tanto aguante.
-Tú verás, es un consejo.
-Te dejo que he quedado con Cecilia.
-Venga, adiós.
-Ya te contaré mañana, pásalo bien tú también. -dice Alberto.
Coge el coche y se dirige a la facultad, conforme había quedado con ella. Al llegar, Cecilia presenta Alberto a Rita. La cual queda impresionada con el mocetón.
Cecilia y Alberto se marchan a casa de éste. Al llegar, ambos ardientes como son, pasan sin demora al dormitorio. Se necesitan sentir imperiosamente.
Alberto desnuda lentamente a Cecilia, que se deja estar tumbada sobre la cama, cuando está desnuda como la naturaleza la trajo al mundo, le toca a ella, desabrochándole la camisa y escurriéndole los pantalones, hasta dejarle solo con los calzoncillos. Cosa que la excita sobremanera al vislumbrar bajo el calzoncillo, su enorme verga.
Se abrazan y sus bocas se unen deseosas, mientras que las manos se buscan mutuamente para acariciarse sus cuerpos. Él libera su boca, para descender por su pecho alcanzando los pezones, succionándolos con deleite, mientras que la mano de ella que se interpone entre sus cuerpos, se aferra a su verga. Continúa su descenso sinuoso jugueteando con la puntita de la lengua en su ombligo, obligándola a ella a tener que “liberar” su polla, al quedarse fuera de su alcance. Mientras ella manosea sus cabellos, excitadísima como está. Instintivamente siente la fragancia que desprende su vulva toda húmeda, lo que le incita a bajar más aún hasta empezar a lamerla con intensidad, deslizando su lengua entre los labios vulvares, él aprisiona entre sus labios su clítoris succionándolo hasta ponerlo todo hinchadito y turgente. De repente Alberto siente como un chorro salpica su cara, impregnándola toda con el aroma que rezuma su vulva. Sintiendo que ha llegado el momento él, le levanta las piernas echándolas hacia atrás, dejándolas posarse después sobre sus hombros. Con su verga apuntando directamente frontalmente, introduce su glande con suma delicadeza, que húmeda como está, se introduce cual guante.
Ella le pide, que la tome con fuerza, cosa a la que Alberto responde obedientemente, golpeando cadenciosamente con su glande hasta encajarse completamente, lo que provoca que se le escape a ella un gemido a cada embestida. Imprimiendo una terrible rotación ella con sus caderas, provoca que Alberto, al no aguantar más, se apriete con todas sus fuerzas contra ella, lo que desencadena que Cecilia suelte un grito… ¡me corrooo…! Provocando esa alarma, que explote Alberto, salpicando su vagina con los chorros de semen y gritandooo… En una explosión liberadora. La vulva de Cecilia rezuma flujo en abundancia, escurriéndosele generosamente entre sus mulos, empapando la sábana. Los ojos de ella giran, desorbitados, ante el delirio del placer tan intenso que le produce ese orgasmo brutal. Totalmente agotado por el esfuerzo, él se deja caer sobre ella. Como el pez que boquea, ante la falta de oxígeno, en busca del aire.
Agazapado entre sus brazos, oye como ella le susurra al oído, me vas a matar cualquier día de tanto placer, cariño.
Al día siguiente en la empresa, al verle llegar, los compañeros le preguntan a Alberto, que le pasa, ya que tiene muy mala cara, está ojeroso. Acude hacia él Lucas, que se queda alarmado al verle. Tiene un aspecto horrible y aunque él lo sigue negando, ha perdido muchísimo peso en los últimos tiempos, un tiarrón de 1,85 m que aparenta solo 60 kg, no parece pesar más.
Lucas le dice, a la salida tenemos que hablar muy seriamente o acabarás mal.
Transcurre la jornada y tal como le había dicho Lucas, quedan a la salida, para charlar.
-Macho, no te das cuenta, pero la gente en la empresa se está empezando a preocupar por ti. Y lo peor es que creen que tienes una enfermedad grave, que no quieres decir.
-¿Sí?
-Pues claro, tú como te ves todos los días, no te das cuenta, pero tienes un aspecto horrible, excesivamente delgado para tu altura.
-Mañana sin falta, vamos al médico, te lo estás tomando esto como un juego y estás al borde del colapso.
-Alberto, se asusta ante las palabras alarmantes de su amigo, accediendo a mañana acudir a la consulta médica.
-Has entrado en una dinámica Alberto -dice Lucas-, que estás muy enfermo y puede tener unas consecuencias para ti espantosas, no te estoy bromeando, te lo digo muy en serio.
-Eso de la jodienda, que te parecerá maravilloso, te está autodestruyendo.
-Vale ya está bien, no me lo repitas más, mañana acudimos a la consulta.
-Me voy a dormir a tu casa hoy.
-No puedo…
-Sí que puedes, ya puedes llamar a tu amiguita con la que hayas quedado, dile que no puedes, invéntate cualquier excusa.
-Le hace caso y se inventa una excusa, marchándose a su casa.
-Despierta el nuevo día y Lucas, llama a Alberto, éste no responde, alarmado llama a urgencias para que venga una ambulancia para llevarle al hospital. Mientras él, se persona en casa del mismo.
-Al poco rato acude la ambulancia y los camilleros se lo llevan en volandas hacia el hospital.
-Ingresando por urgencias, le someten a una serie de pruebas.
-Lucas habla con el médico, sobre la salud de su amigo.
-¿Dr. qué es lo que le pasa?
-Según mis primeras apreciaciones preliminares, su amigo padece agotamiento físico.
-Conforme usted me ha dicho, él ha perdido mucho peso en los últimos meses, ¿no?
-Así es, yo creo que mi amigo ha sufrido de dos cosas, por un lado, ha padecido una obsesión sexual desmedida, que le ha llevado a ese agotamiento del cual me habla.
-¿Explíquese mejor?
-Verá mi amigo, ha sido un hombre que ha sido generosamente correspondido por la naturaleza, tanto en belleza como en sus atributos sexuales. Y eso ha conllevado indirectamente que las mujeres se fijasen en él, lo que le ha proporcionado la facilidad de tener muchas parejas y sexo en abundancia.
-Esas cosas, unidas a que eso le llevó a entrar en una dinámica en que no supo medir bien las consecuencias, le llevo a la deriva de creerse capaz de saciarlas a todas y de poder dar abasto a todos los requerimientos de cada una de ellas.
-Entiendo, sin darse cuenta, lo que empezó siendo un juego le hizo transformarse en un obseso sexual.
-Sí, él mismo me decía que disfrutaba “montándolas”, o sea se debía sentir muy macho, por su capacidad de “cubrirlas” a todas en sus requerimientos.
-Bien, pues todo eso que me cuenta, le ha llevado a este colapso por agotamiento. Debido a las eyaculaciones excesivas, que descarga los sistemas nerviosos cerebrales de acetilcolina, dopamina y serotonina. Lo que produce desordenes cardiovasculares, renales, endocrinos y nervio-cerebrales. Lo que produce estrés. Los sistemas hepáticos y neuroendocrinos, los tiene totalmente descargados. Por eso su cuerpo no es capaz de arrancar para volver a recargarlos. Todo ello conlleva a que sufra depresión, estrés y ansiedad. Desordenes de atención y mente ausente y fallos o memoria insuficiente. Por lo cual todo esto puede ocasionar consecuencias más graves aún.
-¿Qué debe hacer?
-Pues le tendremos unos días en observación, en reposo absoluto y también le encaminaremos a que sea sometido a un tratamiento con el psicólogo. Ya que hay que atajar lo primero de toda esa obsesión, que en el fondo es la responsable de que haya llegado hasta esta obsesión.
Pasadas unas horas, Lucas, pasa a la habitación donde reposa Alberto, que permanece con los ojos cerrados, con un aspecto como si estuviese muerto, por lo demacrado que está.
Entra en la habitación una enfermera, que es la encargada de supervisar los controles a los que le ha sometido el médico, para su recuperación. Y ella me pregunta…
-¿Es un pariente o un amigo? -dice la enfermera.
-Soy un compañero de trabajo y su amigo por supuesto.
-Bien, pues no se angustie, salvo algo anormal, su amigo se recuperará y se pondrá bien.
-Ojalá sus palabras, sean proféticas.
-A las dos horas, abre los ojos Alberto y medio aturdido al ver a Lucas, le pregunta a éste, ¿qué hago aquí?
-No te preocupes, has sufrido un desvanecimiento en casa, pero ya estás controlado, estás en buenas manos.
-¿Y eso a qué se debe?
-¿A qué va a deberse? A tus obsesiones copulativas.
-Ya puedes olvidarte de ese estilo tuyo de vida, basado en el follar.
-El médico ha sido muy claro, has sufrido un colapso por agotamiento, que podría haber tenido unas consecuencias muy graves.
-¿Qué debo hacer?
-Lo primero de todo, quemar tu agenda y olvidarte de todas esas amiguitas tuyas.
-Te creíste el rey del mambo y esa obsesión sexual tuya casi podría acabar contigo. Te sentías muy macho, por cubrir todos los requerimientos de ellas, pero en el fondo no eras más que un enfermo.
-Vaya que radical eres.
-No, realista nada más, tendrás que hacer un tratamiento con un psicólogo.
-Entra nuevamente la enfermera, la misma que había acudido antes.
-Buenas tardes sr. Alberto, veo que ha despertado de su larga siesta, sonriéndole.
-Cosa que el retribuye, esbozando una sonrisa.
-¿Qué tal se encuentra usted?
-Pues bastante mejor, gracias a sus cuidados.
-Lucas se da cuenta, que ya le ha salido su vena seductora, tratando de adular a la enfermera.
-El Dr. ha dicho que, si todo sigue su curso, mañana se podrá marchar a casa y continuar su recuperación desde allí. -dice la enfermera.
-Y a la mañana siguiente así sucede, después de pasarle visita el médico, le da el alta para que se marche a casa.
-Acompañado por Lucas, salen del hospital, diciéndole su amigo que ya tiene cita con el psicólogo confirmada.
-El teléfono de Alberto, que lo había mantenido apagado Lucas, mientras su estancia en el hospital; lo enciende Alberto, nada más salir de éste. Y tiene la friolera de más de veinte llamadas.
-Fíjate Lucas, la de llamadas que tengo.
-Sí, ya me imagino, serán tus “lobas”.
-No las llames así, en todo caso si hay alguien culpable, soy yo.
-Tienes razón, por haberlas mentido. Ya que ellas no eran conscientes de tus correrías de “faldas”.
-Ya sabes, ¿quieres seguir vivo? Olvídalas a todas.
-No sé, si podre, son demasiado tentadoras, quizá lo que deba hacer es dosificarme.
-No digas tonterías.
-¿No pensarás que después de follarme todas las semanas a tres o cuatro, voy a poder prescindir, así como así?
-Son demasiado deliciosas las mujeres.
-Tú sabrás macho, es tu vida, la que está en juego. -dice Lucas.
-No hay duda que estás enfermo por lo que dices.
-Recuerda mañana a las 14:00 h tienes la consulta con el psicólogo.
-Descuida que lo tendré en cuenta. -dice Alberto.
-Venga, nos vemos.
-Adiós
-Ya me contarás.
Al día siguiente, como un clavo, Alberto está allí en la puerta de la consulta. Le toca su turno, pasando con la psicóloga, mientras se sienta piensa para sus adentros, crudo va ser siendo una mujer, contarle mis historias.
-Hola Alberto, ¿cómo estás? -la psicóloga.
-Pues me encuentro bastante bien.
-¿Qué es lo que te trae por aquí?
-Pues verá soy consciente, que tengo un trastorno.
-¿De qué tipo?
-Soy un adicto sexual.
-Muy bien, ya es algo muy positivo, que usted sea consciente de ello.
-¿Dígame qué le pasa?
-Siento una fijación, por copular a las mujeres.
-¿Intuye a qué se debe? -la psicóloga.
-Es algo muy gozoso el placer que siento.
-¿Con una o varias?
-Varias, no sé decir que no.
-Entiendo son ellas las que le buscan.
-Mayoritariamente, sí.
-Siente su ego por las nubes, ¿cuándo has acabado la copula?
-Sí, la verdad es que sí.
-¿Se siente plenamente satisfecho o nota que le falta algo?
-Noto que me falta algo.
-Esa es la explicación de que busque otras.
-¡Sí! ¿Por qué motivo? -dice Alberto.
-En el fondo de tu subconsciente, te has formado un perfil idealizado de una mujer excelsa. Que es la que buscas sin parar, creyendo que, con tantos experimentos, acabarás encontrándola. Pero créeme, eso es más difícil que, te pueda tocar la lotería. Puesto que, aunque lograses encontrar esa súper hembra sexual, adolecería de esas otras cualidades que debería reunir, según el perfil creado por tu subconsciente.
-¿Y la solución cuál es?
-Desterrar ese perfil idealizado.
-Ya, pero eso no será tarea fácil.
-Lo sé, pero debes intentarlo, si deseas curarte.
-Podríamos continuar la charla, ¿cuándo salgas? -dice Alberto.
-Sí, pero Isabel se toma esa invitación, como un reto en el estudio e intento de curar a su cliente.
-De acuerdo, te espero a la salida entonces, hasta luego. -dice Alberto.
-Hasta luego.
Mientras tanto su amigo Lucas, se sigue trabajando a la fea, ya que, aunque no es lo que desearía, sí que le ha sorprendido mucho, el grado de satisfacción sexual que le produce.
Ha quedado con ella hoy al salir, la espera en la cafetería que hay al lado de la empresa, como otras veces. Se sienta y pide un café, mientras espera al encuentro, mientras lee las noticias del periódico. Van pasando los minutos y no aparece, le da un tiempo más que generoso de cortesía, hasta que. al cumplirse media hora de retraso, decide llamarla, para saber, qué le pasa.
Llama y llama y no le coge el teléfono, algo que le desconcierta, pensando si le habrá pasado algo. Pero no tiene otra forma de contactar con ella, que no sea el teléfono.
Después de esperar más de una hora, se marcha a casa, todo contrariado, por no tener la certeza de qué ha podido pasar.
Llega la hora de salir de la consulta a Isabel y ahí está Alberto esperándola.
-Buenas tardes. -dice Alberto.
-Buenas tardes, responde ella.
-¿A dónde vamos?, le dice él.
-Vamos a un pub que pone música de los 90, que me gusta mucho.
-Venga, vamos.
-Sentados en el pub, con sus consumiciones saboreándolas…
-Alberto le dice… ¿sabes he estado pensando mucho en lo que me has dicho antes?
-¿Sí?, me alegro, -¿qué dudas tienes?
-Es que tu reflexión ha dado en la diana de lo que me pasa con las mujeres.
-Menos mal que soy psicóloga.
-Tienes mucha razón, la que me llena mucho sexualmente, carece de esas otras cosas que son importantes para mí, como su grado de sensibilidad.
-¿El sexo es muy importante para ti?
-Sí, no te lo voy a negar, me encanta sentir a una mujer. Todo ese juego seductor, verlas como se revuelven en la cama, comprobar como lo viven a flor de piel; etc.
-¿Qué es lo que te gusta a ti más del sexo?
-Eso me resulta difícil de clasificar, porque me gusta todo.
-Pero si he de destacar algo, pues me quedo con el sexo anal. Para mí es todo un ritual sublime. Donde los factores físicos se entremezclan con los psíquicos, al comprobar cómo queda la mujer totalmente sometida, al encularla.
-¿Y has encontrado alguna mujer que lo reúna todo lo que a ti te gusta?
-Pues la verdad es que no. Todas cojean de alguna cosa.
-¿Explícate?
-Verás, cada mujer es un mundo, hay mujeres que no hacen sexo oral, porque dicen que les da asco. Otras te dicen que, por el sexo anal, no pasan ya que les duele mucho. Y otras son muy limitadas en el coito, “misionero” y poco más.
-¿Por qué crees que son así?
-Estoy totalmente convencido que es por la educación recibida, en que las mujeres, se han visto muy reprimidas en manifestar sus gustos, deseos; etc. Haciéndolas vivir en esa moralidad binaria, una la real y otra la que deben mostrar de cara a la galería.
-Así es, estás en lo cierto. -la psicóloga.
-¿Sabes? Una cosa que me ha pasado en mis innumerables experiencias es, que me voy a la cama, ya puede ser una mujer bandera y gozar muchísimo con ella, que al acabar siempre me viene el mismo pensamiento reflexivo, ¿y ahora qué?
-¿Cómo te sientes en ese momento?
-Pues totalmente vacío y mal.
-¿Por qué te das cuenta que solo has dado salida a la lujuria?
-Sí, como un animal que solo busca copular, para satisfacer sus instintos primarios. – la psicóloga.
-Lo que me hace sentirme mal y darme asco, de haber “usado” a esa persona.
-Como ves, poco a poco vas “destripando” tu problema.
-Pero compruebas, que el sentimiento de “vacío” perdura, a pesar de que copules a muchas, como un “perro”.
-Sí, de insatisfacción perpetua.
-Estamos en la buena dirección. -dice Isabel.
-¿Tú crees?
-Sí, para la solución de un problema, empieza porque uno mismo tome conciencia de él y lo asuma -dice Isabel-, no que te creas que eres un “Picha Brava”.
-Ojalá sea así, como dices.
-¿Y qué debo hacer?
-Pues tener mucha fuerza de voluntad y resistirte a las tentaciones.
-Me siento tan a gusto contigo, que más que una psicóloga pareces mí amiga.
-Gracias por el cumplido.
-¿Y tú nunca has tenido nada serio con ninguna mujer?
-No, siempre he querido ser un alma libre.
-O sea nadie te gustó como para involucrarte.
Lucas, que no ha tenido noticias de Mónica, se entera de donde vive. Y se persona allí para espiarla. Después de más de dos horas, observa a lo lejos, como Mónica viene con el brazo de Pilar sobre su hombro en actitud muy cariñosa. Lo cual le da muy mala espina. Se esconde detrás de un árbol, para no ser visto. Y observa cómo se dan un beso de “tornillo”, alucinando en colores. O sea que esa es la razón, ella es bisexual y su amiga a saber. Una vez que se han despedido las amigas, Lucas la llama por teléfono. Y ésta toda sorprendida le dice…
-¡Que sorpresa!
-Eso digo yo, que te he llamado estos días y no cogías el teléfono.
-Perdona, he estado muy liada y no lo oiría.
-Ya, piensa él (revolcándote con tu amiga).
-Mira, ¡basta ya de mentir!
-¿Por qué dices eso?
-Te he visto cómo te morreabas con tu amiga Pilar.
-Ésta se queda enmudecida.
-Y él le dice abiertamente, mira yo respeto allá cada cual, con sus gustos sexuales, pero lo que tengo clarísimo es, que puedo competir con un hombre por ti; pero desde luego no con una mujer.
-Así que lo dejamos por aquí, cada uno sigue su camino.
-Mónica, no dice nada y enmudecida como está, no levanta ni la mirada.
-Que te vaya bien, adiós, saliendo por la puerta se marcha Lucas.
Mientras deambula por la calle piensa, mala suerte la mía, primero el travesti y ahora con una que le da tanto a la “carne” como al “pescado”, piensa él.
Queda con Alberto, hundido como está necesita charlar…
-Hola Lucas, ¿cómo estás?
-Pues macho, bastante mal.
-¿Y eso?
-Estoy deprimido, ya que no salgo de sorpresa en sorpresa.
-¿Por qué lo dices?
-Pues que no doy una con las mujeres.
-Pero dejemos de hablar de mí, ¿cómo te va a ti, en tu tratamiento “anti chochetes”?
-Pues muy duro, me cuesta muchísimo desprenderme de esa dependencia.
-¡Vaya!
-Ufff…me pongo enfermo, cada vez que veo una “buenorra”.
-Imaginando lo “jugosito” que lo tendrá.
-Estamos bien, entonces.
-Y saber que bocado tan delicioso al alcance de mí boca, lo tengo prohibido.
-Trato de imaginármelo.
-¿Y con la psicóloga que tal?
-Muy bien, me siento muy a gusto con ella.
-Perfecto entonces.
-Pero hay un problema.
-¿Cuál?
-Que me estoy empezando a sentir seducido por ella.
-Entiendo y estás empezando a querer hincársela, ¿no?
-Así es.
-Pero no puedes estar siempre como “un garañón”, hombre.
-Lo sé, pero me puede.
Los amigos siguen charlando de sus cosas, que giran como es lógico, sobre las mujeres. En la creencia que son el foco de todos sus males, incapaces de reconocer que el problema está únicamente en ellos.
Las amigas especiales de Alberto, “con derecho a roce”, andan desconcertadas con él ya que, ni las llama, ni las busca y rehúye a coger el teléfono, cuando le llaman.
Pero él sabe, que o demuestra una gran fuerza de voluntad o sino estaría “empalando” sus chochetes, sin parar. Y él es consciente que tiene que curarse, luchar contra esa sensación tan maravillosa cuando está dentro de ellas pero que le hace ser un adicto sexual.
Mientras que su amigo Lucas, sumido en la depresión, busca encontrar un rumbo a sus relaciones sentimentales, visto que se plantea que algo debe fallar en él, sino no se explica su mala suerte.
El cuchicheo en la empresa es constante, por el cambio de actitud de Alberto. Y como es obvio, empiezan las conjeturas, que si se ha vuelto maricón, que si es un “picha fría”; etc. Ya se sabe en todos los lugares, el tema es, tener algo de lo que hablar, para que así se pase antes el aburrimiento.
Isabel, queda para tomar algo con Alberto. Puesto que además del trato como paciente, algo está naciendo entre ellos, ya que se sienten mutuamente a gusto cuando están juntos. Algo que les está llevando por la deriva de lo sentimental.
Suena el teléfono de Alberto, pero éste evita cogerlo, pero Isabel le dice, cógelo y no huyas.
Al ver quien le llama, no quiere contestar y lo apaga. Inventándose una excusa, para salir del paso con Isabel. Y ésta le dice…
-¿Crees que huir de la realidad es buena solución?
-No, lo sé. Pero es que me vive rondando, sabedora de mi debilidad.
-¿No sería mejor quedar con ella y hablarle claro?
-Sí, pero me conozco y sé que sucumbiré a la tentación carnal.
-¿Tanto poder tiene sobre ti?
-¡Pues sí!, solo me queda evitarla.
-Ella sonríe y le da un beso indeleble en los labios.
Pero Cecilia no se rinde fácil y se ha propuesto intentarlo como sea, ella tiene muy alto su alter ego, como para rendirse así de fácil, de que alguien se vaya a resistir a sus encantos.
E intensifica su cerco a Alberto, no parando de llamarle y él en esa lucha interna entre el deseo y lo que debe hacer, se consume de dudas. Cosa que a él le da mucha rabia, de que no sea capaz de aclararse y no tener más dudas de una vez.
Siguiendo los consejos de Isabel, decide llamar a Cecilia y mostrarse duro y contundente. Explicándole claramente, que no quiere más continuar con ese estilo de vida que había llevado hasta ahora.
Ella le asiente y le dice que lo entiende, que pueden intentarlo ellos solos, sin nadie más en su vida. Al ver que no entra en razón, tiene que mostrarse duro con ella, diciéndole que lo siente mucho, pero que ya no le gusta como mujer, que no trate de forzar las cosas, puesto que hay una mujer que ha entrado en su vida, que le llena plenamente y que lo tiene clarísimo que no quiere más ese estilo de vida, sino que solo se quiere centrar con esa nueva persona.
La dureza de sus palabras, sorprenden a Cecilia, que siempre le había conocido como un hombre galante y pausado, pero le ha dejado clarísimo que no quiere saber de ella. Y como es obvio, no hay algo más duro para una mujer en cuestión amorosa, que oír que ya no la quiere y que hay otra que la ha desplazado.
Él en el fondo se siente mal, por haber tenido que ser así de duro con ella, pero era un, ahora o nunca, para poner de una vez por todas un punto final.
En su terapia curativa, queda esa tarde con Isabel en su consulta y le cuenta…
-Hoy por fin, creo que he dado el paso definitivo con el pasado.
-¿Ah sí?
-Sí, no me siento bien, porque he sido muy duro con esa persona, pero era la única manera.
-Pues si te ha salido de dentro hacerlo es, que lo has madurado suficiente.
-Ojalá sea de verdad, que he roto amarras con el pasado.
-Ya verás como si, hombre.
-¿Te apetece que cuando acabes la consulta, nos vayamos a dar un paseo?
-Perfecto, espérame a la salida.
-Hasta luego entonces.
Mientras hace rato, hasta que salta ella, llama a su amigo Lucas.
-¿Cómo estás macho?
-Pues hundido, la verdad, estoy pensando que voy a tener que hacer un tratamiento como tú.
-¿Y tú?
-Pues he quedado con Isabel la psicóloga, para dar una vuelta.
-Claro, eres irremediable, tus dotes de seductor te afloran espontánea
mente.
-¿Qué le voy a hacer, si soy así?
-Ya, lo tuyo es incurable.
-No creas, hoy he dado un paso muy grande, para romper con el estilo de vida que he llevado hasta ahora.
-¿No me digas?
-Pues sí, para que veas, le he dicho a Cecilia, que me olvide que no quiero volver a saber nada más de ella.
-¿Cómo se lo ha tomado?
-Pues mal, no le ha gustado nada oírme esas palabras tan contundentes, pero no le ha quedado más remedio que resignarse y aceptarlo.
-La verdad es, que cuesta creerte lo que me cuentas, pero es obvio que el tratamiento con la psicóloga ha dado resultado.
-Eso creo yo.
-Pues suerte macho.
-Te dejo Lucas, que he quedado con Isabel y la voy a buscar a la consulta.
Alberto coge su coche y se dirige otra vez hacia la consulta, para recogerla a su salida. Al llegar toca en el timbre y le dice, cuando quieras Isabel ya estoy abajo.
-¿Qué tal Isabel, cómo ha ido el trabajo?
-Pues bien, nada destacable, la rutina de siempre.
-Venga pues vamos a darnos un paseo, por el parque que hay aquí al lado.
-Echando a caminar, con paso pausado.
-Isabel, he de confesar que siento una paz cuando estoy contigo que es, como si fueses mi ángel de la guarda.
-Hay que ver que exagerado eres eh.
Mientras pasean empieza a soplar un viento fortísimo que hace que se vean envueltos por la hojarasca otoñal. Empezando a lloviznar, provocando que Alberto, instintivamente trate de proteger a Isabel, envolviéndola contra sí.
Ella le mira y en señal de gratitud le da un beso lleno de ternura, el cual es recibido de manera distinta a los que había recibido antes de las mujeres, ya que no había erotismo en él.
Sonriendo mientras tratan de buscar refugio bajo una repisa, echan a correr.
Se les nota, felices y es reciproca la atracción de bien estar que sienten, lo que empuja a Alberto a declararse…
-¿Sabes?, Isabel me siento tan a gusto contigo, que no me basta con ser solo tu paciente.
-¿Ah sí? ¡No me digas!
-Te lo digo en serio eh.
-Lo sé tontorrón, solo que me hace gracia.
-¿El qué?
-Que sea reciproco y yo sienta lo mismo.
-Irrefrenablemente esas palabras le empujan a Alberto a darle un beso muy largo.
-Para so bruto, que me dejas sin aire, le dice ella.
Es obvio, que a partir de ese momento la relación entre ellos cambia radicalmente, dando paso de la amistad al compromiso sentimental. Siguen caminando lentamente enmudecidos, como si la revelación de esa reciprocidad amorosa, les hubiera dejado sin aliento.
Empero, Lucas sigue dándole a los sesos, de cómo salir del estado depresivo que tiene. Y como no sabe qué hacer, acude a tomarse una copa a la discoteca de siempre. Mientras está sentado en la barra con su vaso agarrado, otea el horizonte, para tomar una perspectiva de los asistentes. Y se fija que hay una chica que sentada, medio oculta por la penumbra, llora, escapándosele las lágrimas sin poder disimularlas.
Le entra una sensación de apenamiento y se acerca hasta donde está sentada.
-Buenas noches, ¿estás pasando un mal momento?
-La verdad es que sí.
-Pues ya somos dos, porque yo estoy igual.
-¿Qué te pasa?
-Soy un desafortunado en el amor.
-¿Y eso?
-Por más que ponga empeño en empezar una relación seria con alguien, la cosa no va.
-¡Ah! Seremos dos almas gemelas entonces.
-Y sin buscarlo, nace entre ellos una charla que les sirve para ahogar sus penas mutuamente. A veces el destino es así de caprichoso y aunque sales en determinados momentos sin tener claro que hacer, por un mal trance que te está consumiendo, te encuentras con el espejo en que te ves reflejado.
-Me llamo Lucas.
-Yo, Luisa.
-¿Qué es lo que te pasa?, le dice él.
-Pues, que solo me encuentro con mujeriegos, que les gusta ir picando de flor en flor. -dice ella.
-Vaya, infelizmente ese perfil es muy común entre los hombres le suelta Lucas.
-¿Y a ti?
-Lo mío es como de cuento, solo me voy encontrando con las personas equivocadas.
-¿Equivocadas?, ¿qué quieres decirme?
-Te lo contaré, pero por favor, no te rías de mí.
-En mis últimos intentos amorosos, me he encontrado con un travesti y después con una mujer bisexual.
-Bueno, eso de la bisexualidad es mucho más común de lo que crees en sexo femenino. -dice Luisa- Yo misma tengo varias amigas que lo son y entiendo, que en la profusión de figuras sexuales que hemos tenido en los últimos tiempos, es normal que cada vez se den más esas situaciones.
-¿A ti, te ha pasado?
-No a mí no, entre las mujeres es más raro que se dé el caso de un travesti que sea mujer y se quiera hacer pasar por hombre.
-Pues eso me hace estar tan aburrido, que ya paso de intentarlo más.
-¿Te crees incapaz de poder tener una relación normal con una mujer?
-No, no me siento incapaz, pero estas cosas que me han pasado me han hundido.
-¿Qué te parece si nos vamos de aquí que hace mucho ruido y nos vamos a un local más tranquilo para charlar?
-De acuerdo.
Isabel y Alberto, buscan un local en el cual guarecerse del viento, entrando en un pub irlandés, que le gusta mucho a ella. Allí dentro se sienten arropados por el ambiente, con una música que invita a soñar. Son esos sitios que sin saber por qué, te sientes más desinhibido a contar tus intimidades más profundas a veces.
-¿A ti cómo te ha ido la vida sentimental, Isabel?
-Salí con un chico mucho tiempo, pero teníamos puntos de vista diametralmente opuestos, en cuanto lo que es una relación.
-¿Y por eso se acabó?
-Sí, no entraba en sus planes tener hijos y yo no estaba dispuesta a dejar de ser madre.
-Entiendo.
-Y a ti, ¿qué idea tienes de la vida de una relación sentimental?
-Me refiero a ahora, desde que has decido dar un cambio tan radical en tu vida.
-Pues verás Isabel, nunca lo tuve claro, puesto que lo veía todo lejísimos.
-Ya y el susto del colapso por agotamiento te ha hecho reflexionar.
-Sí, la verdad es que sí, me he dado cuenta que los años se van echando encima y que no podía seguir con ese planteamiento de solo follar.
-¿Ha sido por temor por tu salud?
-Digamos que el susto, ha sido el desencadenante de este cambio en mi forma de ver las relaciones entre sexos.
-¿Y ahora?
-Pues ahora, tengo algo que no sé si es idealizado o no, en que me gustaría tener una relación, tipo estándar, digamos.
-O sea, ¿te has cansado del folleteo?
-Podríamos que decir que sí, pero no que me haya dejado de gustar el sexo eh. No lo confundamos.
-Ya, te has cansado de tanto “apareamiento con féminas”, ¿se podría decir?
-Pues sí, has dado en el clavo, ahora mismo siento tal hartazgo, que ni me reconozco.
-La dinámica social, muchas veces os empuja a los hombres, a tener que alimentar vuestro alter ego, de que con cuantas más os vayáis a la cama, más demostrada queda vuestra hombría.
-Es posible, difícil es poder escaparte por completo al condicionante de tu entorno.
-¿Nos vamos?, que se me hace tarde, le dice Isabel.
-De acuerdo, acercando Alberto a Isabel hasta su casa.
En el local de música ambiental, charlan tranquilamente Luisa y Lucas, como si se conociesen de toda la vida. Sin saber por qué extraña razón, la charla fluye como si se conociesen de toda la vida.
-Lucas, ¿tú cómo te definirías como hombre?
-Pues verás, soy un tipo de lo más normal, creo. Sin mayores ambiciones que poder encontrar una cómplice con la cual compartir mi vida.
-¿Define cómplice?
-Mira, la vida me ha enseñado que es absurdo querer predisponer, error que cometemos la inmensa mayoría de la humanidad. Creemos que podemos organizarla, como si fuese un organigrama y después te das cuenta que no es así. Todos tenemos unas premisas, pero no es así al final, cada cual acaba encauzándose conforme a las circunstancias que le toquen vivir.
-Muy coherente lo que dices. Pero no me has contestado la definición de cómplice para ti.
-Cómplice para mi es, aquella persona con la cual converges en intereses, gustos y proyectos. Sé que es algo muy difícil de lograr, pero se intenta. Ya que hay un refrán que dice… ”dios los hace y ellos se juntan”.
-¿Y por qué crees que es difícil?
-Queramos o no, los tiempos cambian y las personas nos hemos ido volviendo más egoístas y más intransigentes.
-¿Así lo crees?
-Es una realidad, por eso hoy en día las relaciones cuestan más que duren en el tiempo y que se logre siquiera empezar.
-Vaya, sí que estás filosófico eh.
-No, el que no quiere ver eso, es que no quiere ver la realidad.
-Lo que no podemos es quedarnos anclados, idealizando las relaciones de nuestros padres y abuelos.
-¿Crees que la emancipación económica de las mujeres ha provocado eso?
-Pues sí, sería de tontos, no querer reconocerlo. Pero también te digo, que ha sido algo positivo.
-¿Por qué?
-Pues muy simples, porque esas parejas modélicas que veíamos, muchísimas de ellas, no eran más que un espejismo obligado por la necesidad económica.
-Pues sí, las mujeres tenían que cargar con lo que les había tocado al casarse, fuese para bien o para mal. La falta de promoción laboral de las mujeres por nuestra sociedad y la carga de unos hijos, las obligaban a tener que resignarse con lo que les había tocado en suerte.
-Interesante reflexión.
-Por lo menos ahora, que ya no son dependientes económicamente del hombre, tienes la seguridad que, si está contigo es porque quiere no por necesidad.
-¿A qué te dedicas Lucas?
-Soy programador informático.
-¿Y tú?
-Cajera en un supermercado.
-Vaya, ¡me rompes los esquemas!
-¿Por qué?
-Te noto una soltura que no se corresponde con el oficio.
-Jajaja, claro mucha gente se cree que uno tiene la formación del empleo que desempeña. Equivocadamente en muchos casos.
-¿Y eso?
-Pues porque si me hubieses preguntado por mi formación académica, sería distinto.
-¿Cuál es?
-Trabajaba como economista en una gestoría, pero está cerró por fallecimiento del dueño y me vi, de la noche a la mañana en la calle.
-Te entiendo.
-Por eso, aunque sea economista, hable dos idiomas y tenga formación de Conservatorio media de violín, tengo que comer.
-Y los tiempos laborales son muy crudos hoy en día, con el agravante, de que una vez que has superado los 30 años, para muchísimas empresas, pasas a ser un “anciano”.
-Ahora Lucas, si no te importa, tenemos que dejar la charla para otro día, ya que debo marcharme, que mañana me toca madrugar, para ir al trabajo.
-Descuida Luisa, que te acerco yo a tu casa.
-Muy amable, espero que tengas voluntad de una segunda charla.
-Eso espero, si gustas, claro está.
-Pues venga, vámonos.
Alberto, encontrándose mucho mejor, solicita el alta al médico, ya que cree que ya está en condiciones de volver a trabajar. Y al presentarse de nuevo en la oficina, todo son felicitaciones de los compañeros, en especial de las compañeras, por supuesto.
Como los motivos de su baja, han sido algo vagos, todo es curiosidad hacia su persona. Y todas quieren saber las causas que les han privado, de satisfacerlas.
Luisa y Lucas, se citan otra vez, pero esta vez ella escoge un garito con muy poca luz. Donde prácticamente solo se ve la bombilla que cuelga casi pegada a la mesa y el contorno de las personas. Sin poder atisbar nada más en medio de la oscuridad. Lucas se muestra reticente al no poder mirar lo que hay a su alrededor. Solo consigue intuir que hay parejas con movimientos sospechosos.
Al rato de servirles sus consumiciones, acostumbrada ya su vista más a la oscuridad, percibe como algo más separada, una chica le está “comiendo el ciruelo” a su pareja, que todo repanchingado se deja hacer. Luisa acerca su boca a los labios de Lucas, dándole unos lengüetazos muy húmedos, cosa que le gusta, sobre todo por haber sido ella la que ha tomado la iniciativa.
Se va dejando llevar por la situación, fijando la vista en la pareja que tiene en frente, donde ve que el chico que le ha bajado las bragas a la chica y le está literalmente “comiendo el coño”.
Luisa se va volviendo más atrevida y le mete mano, palpándole el paquete, cosa que anima a Lucas, que ayuda a que ésta le baje la cremallera, para dejar que su polla asome.
Por casualidades del destino, se fija que el hombre que tenía delante, comiéndole el “chochete” a la chica, al reincorporarse del suelo donde estaba arrodillado le resulta familiar. Sentándose este y subiéndose la chica sentándose sobre su verga, la cual empieza a cabalgar.
De repente Lucas, que contemplaba la escena, se va poniendo más cachondo, sintiendo como Luisa se agacha y le empieza “a comer la polla”. Lo que le da un subidón, queriendo ser reciproco, le mete la mano en la entrepierna, bajo falda, comprobando como tiene las bragas totalmente empapadas. Entonces ella empieza a revolverse, al sentir como el dedo medio de él, le horada la vulva, apretando los muslos cada vez que hace cautivo su clítoris de él. Lo que provoca que rezume el flujo en abundancia, poniendo totalmente pringoso el asiento. Perdiendo ella el oremus de la razón.
Lucas sorprendido por la expresividad del cuerpo de ella, pensaba, hay que ver lo que se pierden de disfrutar muchos hombres de una mujer. Cuando creen que se trata solo de meterla.
-Él le dice, no aguanto más…
-¿Nos vamos a mi casa?
- Ella viéndole “polla en ristre”, cree que es lo mejor y asiente.
- Saliendo del local, quedándole a Lucas, la duda de quién sería aquél que le resultó familiar allí dentro.
- Cogen el coche y se marchan en dirección a casa de Lucas.
- Pensando para sus adentros, ¿cambiará mi sino?
- Él la invita a pasar, al fin no hace falta mucho protocolo, ya que ambos saben a lo que han venido.
- Ella, pareciendo no querer que se enfríe la cosa, se sienta encima de sus piernas, buscándole su boca, para mordisquearle los labios.
- A él le gusta mucho eso de que sea distinta al rol genérico, de que esperan a que sea el hombre el que tome la iniciativa.
- ¿Nos vamos a la cama? Que allí estaremos mucho más cómodos.
- Ella se levanta y le coge la mano, para que la lleve al dormitorio.
Abrazaditos como están, ella provoca que se caigan sobre la cama. Y empiezan mutuamente a desnudarse uno al otro. Presos del deseo de sentirse, se huelen y se lamen, para impregnarse del aroma del otro, sus cuerpos. No aguanta más Lucas, separándole los muslos y metiéndole su boca en su vulva, que lame cual perrito, dándole lengüetazos deseosos, como si tratase de recoger su néctar que dispara sus feromonas.
Sin esperárselo siente como ella le introduce su dedo índice, en su ano, empezando a masajearle con un movimiento de las agujas del reloj. Provocándole una sensación maravillosa, desconocida para él, que le deja excitadísimo. Él reacciona, por miedo a que se pueda correr, levantándola las piernas y apoyándolas sobre sus hombros, penetrándola con suma delicadeza, temeroso de poder lastimarla, quizá. Pero el ritmo impuesto por la rotación de sus caderas, le obliga a apretar los dientes, a modo de tratar de contener la eyaculación prematura.
-Como sigas así, me voy a correr, dulzura.
-Libérate y disfruta.
-Entendido el mensaje, él se aprieta con fuerza hasta encajar completamente su glande en ella, que con sus espasmos vaginales provoca que expulse con fuerza los chorros de semen, bañándola completamente por la mezcla de sus fluidos.
-Ella descerraja un poderoso grito… ¡me estoy corriéndooo!
Acabado el frenesí orgásmico, se miran con esa complicidad, mostrándose mutuamente esa gratitud, por el placer recibido. Al salir de su vagina, ella abraza con sus labios su polla, para lamerla toda impregnando su paladar hasta la última gota, para llevarse con ella su sabor de recuerdo.
Ha sido una experiencia fascinante, donde ha descubierto y disfrutado muchísimo, con esa mujer. Que le ha hecho sentirse un hombre muy dichoso al comprobar, como gracias a él, ella ha gozado intensamente.
Al día siguiente, los amigos Alberto y Lucas, quedan para contarse cómo les va.
-Lucas le dice, ¿Alberto, tú conoces un garito que se llama “El Rincón Oscuro”.
-Pues sí, lo conozco, ¿y tú?
-También, es que anoche a la tarde noche fui a él y me dio la impresión que había un hombre parecidísimo a ti.
-¡Ah! ¿Y qué hacías tú allí?
- ¡Eso me pregunto yo!
-¿Por qué?
- Porque aquí el que estaba curándose de su adicción sexual eras tú.
-¿Y?
-¿No me jodas que eras tú al que vi ayer?
-Es posible, fui con Isabel.
-Ya me parecía a mí, ya que me di cuenta que a la chica le costaba acoplarse.
-¿Por?
-Macho, ¿por qué va a ser? Porque se notaba que debido a tu polla que tiene unas dimensiones fuera de lo normal y a la chica se la veía pequeña, como que parecía una aceituna insertada en un palillo.
-Jajajaja.
-¿O sea que eras tú?
-Sí.
-¿Pero no te estabas curando de la adicción sexual?
-Claro, pero con Isabel es diferente.
-¿Diferente en qué? ¡No me jodas!, se la estabas metiendo igual que a las demás.
-No, nada que ver mis intenciones con ella.
-Ya porque es psicóloga, pero contigo ya ha ultrapasado la barrera de especialista y paciente.
-¡¡¡Que noooo!!!
-Sí, ya me vas a contar la milonga de que con ella es diferente.
-¿Y tú qué coño hacías allí?
-Pues muy simple macho, yo estoy libre y fui con Luisa allí.
-¿Y qué tal te resultó?
-Fantásticamente bien.
-Vaya, me alegro por ti.
-Y yo, me ha enseñado nuevas sensaciones que desconocía.
-¿Y tú con Isabel?
-Pues la verdad es, que ya somos más que una relación profesional. Me gusta mucho y con ella siento algo que no había sentido con ninguna mujer antes.
-Pues ojalá te cures y te vaya bien con ella.
-Lo mismo te deseo amigo.
Al día siguiente, Isabel y Alberto vuelve a quedar y éste le cuenta a ella, que la casualidad del destino y las circunstancias fueran similares. Que su amigo también había estado allí con su chica, mientras ellos también estaban en el mismo local y hora.
Ella, le explica que no hay nada por lo que ruborizarse, al fin el sexo es algo natural y enriquecedor en la vida de una persona. Son las personas, la que le atribuyen ese aire de secretismo y morbo. Como algo que se debe ocultar, esto es, algo absurdo… Como si todo el mundo, no follase. Probablemente si no hubiese ese clima morboso alrededor de todo lo que rodea el sexo, no habría tantas aberraciones, tarados y violaciones.
Espero que haya disfrutado tanto como nosotros, se lo puedes decir la próxima vez que le veas. A ver si de una vez por todas la gente deja de tener vergüenza de hablar de ello libremente.
-Por cierto, Alberto, ¿tú crees en el amor?
-Sí, pero mucho me extraña que las personas tengamos el mismo concepto
de lo que significa.
-¿Qué tratas de decirme?
-Pues que a cada persona que preguntes, tendrá un concepto diferente de lo que es el amor.
-¿Y tú cómo lo definirías?
-Para mí se trata de la fusión del cariño y ternura que sientes por una persona unido a la atracción sexual que te infunde.
-¿O sea si no hay atracción no hay amor y si hay cariño y ternura tampoco?
-Exacto, por lo menos no lo que se refiere a amor de pareja.
-Si se sienten uno de esos dos conceptos por separado, será otra cosa, pero no amor.
-Te voy a plantear una pregunta, si mañana tu pareja sufriese un accidente y quedase impedida sexualmente, ¿qué harías, la dejarías o seguirías con ella y te buscarías la vida por fuera en tus momentos de desahogo?
-Evidentemente si la amo, seguiría con ella y me buscaría la vida por fuera en los momentos de mi necesidad de desahogo.
-Pero en ese caso entonces según tu planteamiento, ya no sería amor, al no poder haber sexo, sino misericordia, ¿no?
-Pues me imagino que sí, por haber tenido la desgracia sufrida.
-¿Y si fuese al revés, que has sido tú el que has quedado impedido sexualmente?
-Te seré franco, le diría que me dejase.
-¿Pero por qué? Si os amabais antes del percance.
-Es posible que mi machismo, lo reconozco, no tolerase que ella estuviese gozando en los brazos de otro, por algo que yo no le puedo dar. Con lo cual preferiría que me dejase.
-O sea, que en lugar de tolerar que ella tiene las mismas necesidades que puedes tener tú y aceptar que ella te quiere, aunque tenga que buscar su desahogo; ¿preferirías romper ese vínculo de ese cariño y ternura que sentíais antes de eso?
-Pues sí, lo reconozco, no soportaría que yo incapaz de poder dárselo, fuese otro el que se lo proporcionase.
-Que machote eres eh, aplicas la “ley del embudo”, lo ancho para ti y lo estrecho para ella. Toda esa comprensión que demostrarías hacia ella si fuese la que sufriese la desgracia, por el cariño y ternura que sientes por ella; no serías capaz de tolerar si fuese al revés.
-Te he sido sincero.
-Sí, menos mal.
-Y otra cosita que te quiero preguntar.
-Si en una hipótesis, mañana acabaras en un campo de concentración y el verdugo te diese la oportunidad de poder escoger, al plantearte la pregunta…
-¿Qué prefiere que le dejemos ciego o le cortemos la polla? -dice Isabel.
-¿Tú qué contestarías? -dice ella.
-Ciego, sin dudar. -dice Alberto.
-¿Tan claro lo tienes? -si dice él.
-Sí.
-Pues mira tú que diferentes somos hombres y mujeres en ese aspecto, que si dicho poder de decidir, estuviese en mi mano, yo le diría que te la cortara.
-¡No me jodas! Que solo de oírte ya me duele.
-Pero vamos a ver so zopenco, ¿me vas a comparar todas las cosas que puedes disfrutar con la vista, con “echar un polvo”? -dice Isabel.
-¿Y me vas a comparar tú tener una mujer y no poder follarla? -dice Alberto.
-Hay ciegos, que tienen trabajo, familia e hijos y disfrutan de ello. -dice él.
-Vale, la razón para ti.
Lucas lo ha pasado tan bien con Luisa, que la llama para quedar, seguro que quiere repetir. El sexo tiene de eso, de manera directa e indirecta mueve al mundo. Es tal el placer que se siente físico psíquico, que nos hace rehenes de él. Es más, si dicho placer desapareciese, estoy seguro que la humanidad se extinguiría. Vamos, que adornes como lo adornes, todo el mundo quiere follar, hacer el amor o lo que sea.
Es algo obvio, si la naturaleza ha dotado al hombre de “embolo” y a la mujer de “pistón”, será para que el “motor” funcione, ¡digo yo! -dice Lucas.
A él le cuesta asumir, que haya tenido la suerte de conocer a Luisa, vista su mala suerte para las relaciones con el sexo contrario.
Hay algo que es innegable y es que, desde los tiempos más remotos de la historia, ha habido una adoración, fetichismo o como sea con los atributos sexuales. Prueba de ello son, la gran cantidad de figuras con grandes falos, senos o culos, representativos del erotismo. De ahí esa fascinación en el género masculino, por los senos grandes, culos voluptuosos, como símbolos de mejor hembra, más feminidad, mejor amante; etc. Así como esa adoración fálica por el género femenino de que cuanto más grande sea su polla, más viril, más macho y mejor amante será. Fundamentos que no tienen base alguna, pero que ejercen un gran poder de fetichismo. Probablemente sean reminiscencias de nuestro pasado irracional, de esa selección natural del mundo animal, en que los que poseían mejores atributos, se les consideraba como los mejor dotados, para la perpetuación de la especie.
Reincorporado como ya lleva unos días Alberto, parece ser que las féminas de la empresa, se han resignado y dan que es un hecho, que aquellos tiempos de “libre folleteo” son cosa del pasado. Que es un nuevo hombre, donde no queda más que asumirlo, muy a su pesar de los “chochetes”.
Eso sí, se le nota muy contento y motivado, por su nueva situación sentimental, donde parece que el haber encontrado un sentido a su vida en esa parcela, le ha llenado de plenitud. Ya que, follar es muy delicioso, pero mucho más cuando lo haces con alguien que te importa de verdad, que es tu cómplice con el cual compartir tus inquietudes y momentos de amargura también.
Y muchos en determinados momentos de su vida entran en esa dinámica de que cuanto más se folle y más variado sea, mucho mejor. Pero esa etapa solo es válida durante la transición, cuando has acabado una relación prolongada y te sientes perdido, buscando a través de ese folleteo constante, como resarcirte por la frustración de esas cosas que dejaste escapar, en pro de algo que al final acabó en nada. Como en una especie de recuperación del tiempo perdido. Hasta que llega el momento del hartazgo, en que el paso del tiempo te ha ido aclarando las ideas y llegas a encontrar lo que de verdad quieres y te importa, poniendo punto final a ese putiferio.
Lucas ha quedado con Luisa, pero esta vez en casa de ella, donde ella le ha invitado, para que conozca cómo es su morada. Cómodamente sentados, después de haberle enseñado su casa, se dan un beso y con las manos, Lucas revuelve los cabellos de ella, como haciéndole ovillos con sus dedos. Y ella al sentir esa sensación tan placentera, deja escapar pequeños gemidos, de que quiere más. Él desabrocha los botones de su camisa y deja que sus senos salten libres, ya que no lleva sostén. Descendiendo con su boca, hasta alcanzar sus pezones, con los cuales juguetea, mordisqueándolos y succionándolos muy delicadamente. Hasta notarlos muy duros y turgentes, lo cual le incita a que prosiga su camino sinuoso e inexorable hacia su v. Pero ella le para y le dice…
- Lucas, por favor no me tortures más.
- ¿No te gusta? -dice él.
- Sí, muchísimo, pero estaremos mucho mejor, metiditos en mi cama.
- Y asiéndole de la mano, se lo lleva hasta su dormitorio.
- ¿Sabes? Te deseo muchísimo Lucas.
- Y yo a ti. Eres una mujer totalmente diferente a lo que he ido conociendo en mi vida.
- ¡Túmbate! Que te quiero hacer mía.
- Ella se desprende de los pantalones y Lucas le desciende lentamente las bragas escurriéndolas por sus piernas. Le separa los muslos y la olisquea como buscando la fuente que dispara sus feromonas. Mientras ella, ansiosa como está, le agarra su polla y la aprieta, como tratando de medir su deseo.
Medio enloquecido, mete su cara en su va, como tratando de impregnar su rostro con su fragancia. Mientras ella retoza al sentir el contacto de su lengua que la busca. Sometiéndola a la tortura de sentir como su lengua le surca sus labios vulvares, como buscando tantear su clítoris que, refugiado en su capuchón, se protege de los lengüetazos que le harán crecer y salir.
Él percibe al deslizar sus manos, por su lechosa piel, como se le eriza a ella todo su vello, por los estímulos que la hacen irse soltándose cada vez más, apremiándole con un …
-¡Fóllame! ¡Fóllame!
-Lucas le dice, saborea los preliminares cariño.
-Quiero que me tomes con fuerza, quiero sentir toda tu virilidad horadándome.
-Él, “polla en ristre” como está, obedientemente empieza a acariciarle con su glande, deslizándolo y oprimiendo su clítoris.
-¡No me tortures más! Entra y hazme tuya.
- Impelido como si fuese una orden, su polla entra cual ariete por lo durísima que está. Iniciando el cadencioso vaivén de frotarse en todo su recorrido con su vagina totalmente lubricada. Sintiendo ese chasquido característico de su glande cada vez que hace tope. Sonido que le estimula muchísimo, ya que es el detonante de que está preparada para correrse ella. Elevándola sus piernas y reclinándoselas totalmente hacia atrás, apoyándolas sobre sus hombros empieza a chocar sus testículos contra su vulva empapada a cada embestida, frotando con movimientos giratorios, sus sexos.
Presos del frenesí, ella empieza con movimientos espasmódicos de su vagina a succionar su pene, como buscando extraerle la savia. Cosa que enloquecido él, le hace apretarse con fuerza contra ella, hincándosela completamente, hasta encajar su glande.
Tal situación, provoca lo inexorable, que es que ella suelte un grito, como avisándole…
-¡Me estoy corriendoooo!
-Incitándole a golpear con más intensidad haciendo fondo.
-Soltando ella jadeos cada vez que siente la presión, entrecortados con su orgasmo.
-Él no aguantando más semejante placer, suelta un alarido al sentir expeler su semen, en medio del brutal orgasmo.
-El silencio se hace entre ellos, mientras sus cuerpos exhalan el último aliento, mientras sus corazones tratan de recobrar el palpitar pausado, después de haber alcanzado el cénit juntos.
Una mirada cómplice, habla por ellos, como en señal de gratitud mutua por el placer mutuo. Dejándose él, caer suavemente sobre ella, con sus cuerpos saboreando la quietud.
-¿Cómo estás?
-Maravillosamente bien, dulzura.
-Eso se lo dirás a todas, ¿no?
-Para nada, he sentido hoy contigo, algo que jamás me había pasado.
-¿El qué?
-Es algo difícil de explicar.
-Tú, dime.
-He sentido como un escalofrío, como si sintiese desdoblárseme el cuerpo y el alma. De forma que me veía proyectado fuera del cuerpo, viéndome a mí mismo.
-¿Por?
-Por el brutal placer que he sentido contigo, dulzura.
-Me alegro que hayas disfrutado tanto conmigo. Que sepas que ha sido mutuo.
Mientras tanto el amigo de Lucas, continúa su inmersión con Isabel. Cada día más involucrado con ella. Alberto está experimentando sensaciones que nunca antes había sentido con una mujer.
Él mismo se plantea, ¿será eso lo que llaman amor? Puesto que siempre fue muy escéptico con esa palabra. Al punto de llegar el mismo a definir, que amor es una etapa embobamiento temporal.
Aunque se siente muy a gusto con esa sensación, también le entra pánico, solo de pensar en que pueda hacerse dependiente de alguien. Él que siempre fue tan independiente.
Lucas, que cada día está más sorprendido con Luisa, se deja llevar en su aprendizaje.
-Luisa le pregunta, ¿Lucas, tú en el sexo eres de sota, caballo y rey?
-Pues no, pero la mayoría de las mujeres son muy limitadas.
-Y prefiero de pedir nada, para no recibir las contestaciones de siempre.
-¿Qué opinas del sexo anal?
-Me gusta muchísimo, aunque pocas veces lo he practicado, porque hay pocas partidarias de él.
-¿Y eso?
-Pues lo ven como algo aberrante, guarro y asqueroso, eso sin contar las que dicen que les duele.
-Eso es porque son mujeres cerradas a disfrutar de nuevas sensaciones, como es la sodomía. Pocas son las que saben disfrutar de algo tan sublime.
-Ya por eso ya paso, de pedir nada.
-Pues te diré algo Lucas, a mí me encanta ser enculada.
-¿Sí, no me lo puedo creer?
-Tan bien hay que matizar, que tienes que tener el amante idóneo, ya que algunos no saben ni meterla y son unos brutos, que creen que es igual que perforar asfalto.
-Ya, las mujeres con las cuales lo he comentado, la mayoría se quejaban de lo mismo.
-Claro, hay que saber hacerlo, por eso algunas mujeres alucinan si les dices, que pueden llegar a tener un orgasmo, si las enculan.
-¿Y tú Lucas?
-¿Yo qué?
-¿Lo has experimentado?
-¿Encular a una mujer? -dice él.
-No, que te enculen a ti. -dice ella.
-Ni hablar, yo tengo mi tendencia muy definida.
-Nada que ver, ¿nunca te ha introducido una mujer un consolador por el ano?
-¡Qué dices! Yo no me meto un cacharro de esos por el culo.
-No seas anticuado por favor, aunque no se comenta, hay parejas en que la mujer estimula analmente a su hombre con un consolador.
-¿Tú estás loca?
-No, de la misma manera que una mujer puede ser enculada, un hombre también.
-Me está entrando hasta sudores, solo de imaginarme metiéndome semejante cacharro por ese agujerito tan chico que tengo.
-Todo es práctica y aprendizaje, créeme.
-¡No sé!
-¿Acaso a ti no te gustó cuando te acaricié con mi dedo tu ano?
-Sí, muchísimo, pero una cosa es tu dedo y otra cosa es eso, que tiene el tamaño de un pepino gordo.
-Jajajaja, que troglodita eres.
-Es tu machismo encanto, lo que te hace pensar así.
-Será, es posible, ya sabes eso de los hombres llevar por culo, es cosa de maricones.
-Si, pero en este caso que te planteo, no es un hombre el que te encula.
-Ufff… me entran escalofríos solo de pensarlo.
-No seas exagerado, ya verás.
-Oye, ¿ese cacharro es que usas tú para saciar tus agujeritos?
-Pues claro, las mujeres también tenemos nuestras necesidades y cuando no tenemos una pareja idónea, es él quien nos saca del apuro.
-Ajá, ahora voy entendiendo, cuando yo le preguntaba a alguna, si tenía a alguien, refiriéndome a su vida sexual. Y me contestaba, tengo un amigo mecánico. Inocente de mí, creía que se refería a uno de esos que arreglan coches.
-No a que fuera ese jueguecito “mecánico”.
-Jajajaja es que somos discretas.
-Sí, en el fondo somos unos fanfarrones, mientas que vosotras “ las matáis callando”.
-¿Te lo pensarás Lucas?
-Dame tiempo, dame tiempo, no me asustes.
Alberto, mientras charla con Isabel se ha dado cuenta que la prueba de que algo está cambiando en su relación con las mujeres es, que a ella la llama Isabel, mientras que a todas las anteriores, las llamaba Chiqui. Como una manera de generalizarlas a todas, mientras que ahora la singulariza a ella.
Los amigos quedan y como entre ellos no hay secretos, Lucas le cuenta lo que le ha propuesto Luisa.
Quedándose perplejo Alberto con lo que cuenta.
-¿A ti te han metido alguna vez un cacharro de esos?
-Nunca, ni hablar, por mi culo no entra “ni un hilo de un cabello”.
-¿Seguro?
-¡Segurísimo macho!
-El hombre nació para meter y las mujeres para ser metidas.
-Seguro que, si nos oyesen ellas, nos dirían, ya ha saltado el machismo.
-Bueno, que piensen lo que quieran, al fin y al cabo, es una obviedad, la fisiología de nuestros cuerpos lo demuestra.
-El caso es, que el juego este es interesante, porque nos ponemos verdes ambos sexos, el uno al otro, pero al fin no toca más que converger.
Los trabajos son una prueba evidente, sobre todo en empresas grandes, donde los perfiles que te puedes encontrar son inmensos. Entre las tonterías que se dicen están, la frase típica…” Yo jamás me enrollaré con alguien del trabajo”, “si se acaba la relación que tengo ahora aquí, se acabó, no estaré con nadie más”; etc. Gilipolleces que se dicen, sin ton ni son.
Total, que en cuanto empieza “a picar la cebolleta” o “el chochete”, todo eso va por tierra. Prueba de ello es, que cuando sabes a ciencia cierta, que un compañero, está sin pareja, le notas esa cara de “agriado” y alterado. Y si se trata de una compañera, se mostrará insoportable e histérica. Cosa que se subsanará, en cuanto encuentre un “agujerito” donde meterla en el caso del primero y reciba su dosis de inyección de “nabo” la segunda.
Quizá sea esa facilidad de obtener género, lo que hace que, en las empresas se lleve mucho el “reciclaje”. Donde queda manifiesto, el aprovechamiento total de …” lo que no te valga a ti, pásamelo a mí, que me sirve a mí”. Dándose casos de personas que llegan a tener hasta cuatro parejas o más en el mismo centro de trabajo, a lo largo de sus años allí.
Vamos, que son de esos que están “abonados”, ya que su vida está circunscrita del trabajo a casa y de casa al trabajo. O sea que no existe más mundo para ellos. Entonces claro, ¿dónde les va surgir?
Resulta curioso, entonces, que a la inmensa mayoría les vaya a aparecer su “media naranja” en el mismo lugar que trabaja. ¿Curioso verdad que se dé esa casualidad? No puede darse el caso que le surja en el otro extremo del país, no. Siempre al ladito.
Los amigos Alberto y Lucas, justamente parece que han ido a encontrar su complemento ideal, fuera del trabajo. Será por aquello de que no haya tanta “endogamia” laboral.
El caso es que ambos están felices, Alberto por haber logrado la estabilidad emocional y Lucas por haber encontrado una “profesora” aventajada en la sexualidad.
Isabel y Alberto han ido a pasar el día a la playa, a una playa nudista nada menos. Y parece que el más cortado es Alberto, seguramente relacionado por las dimensiones de sus atributos sexuales, con unos “huevazos” y un “pollón”. Ella le pregunta…
-¿Alberto tu qué opinas del nudismo?
-Pues si te soy sincero es algo que ni fu ni fa.
-Isabel, le dice, el nudismo es un estilo de vida, no una práctica para el exhibicionismo o “empalmarse”.
-Ya, ¿pero estarás conmigo que mucha gente lo practica justamente por eso?, le dice él.
-Es posible, pero son personas inseguras en sus relacionamientos con el sexo opuesto, le dice ella.
-Yo nunca he tenido ese problema.
-No ya, de eso estoy segura, tú más bien al revés, tenías a las “abejas” rondando el “panal”.
Tumbados bocabajo como están, tienen a dos mujeres en la misma posición delante de ellos, cuando de repente éstas se dan la vuelta y le quedan confrontados los “chochetes”, de ellas. Pasado poco rato, Isabel le dice…
-¿Nos damos un chapuzón?
-¡No puedo!
-¿ Por qué?
-Ya sabes…
-Por favor, parece mentira a tus años eh.
-¿Qué le voy a hacer?
-Anda toma esta toalla.
Alberto disimuladamente, se tapa con la toalla desplazándose hacia la orilla con ella. Todo cortado hay que decirlo. Una vez metido en el agua, se enfrían un poco las calenturas por la visión anterior.
-¿Estás mejor?, le dice ella.
-Si, es que fue algo que me ha cogido de sopetón.
-Ya veo ya, lo tuyo no tiene remedio eh, eres un caso.
Al salir del agua, indirectamente Alberto es motivo de miradas, que no se pueden abstraer dadas dimensiones. Lo que le resulta molesto, ya que a él le gusta pasar desapercibido. Y la verdad es, que hasta se siente ridículo por la situación.
Sabiendo como es, Isabel se tumba a su lado, pero sin hacer ninguna manifestación de cariño, no vaya a ser que su polla se vaya a poner en ristre, cual bandera cuando va a ser izada. Y tener que pasar por una situación de vergüenza. Después de pasar un hermoso día de playa, Alberto acerca a Isabel hasta su casa, despidiéndose hasta más tarde, en que pasará a buscarla para salir a la noche.
Él coge su coche y conduce hasta su casa, saboreando el frescor del aire chocando contra su cara. Se pone cómodo y enciende el televisor, para distraerse un rato mientras.
Son las 19:00 h y suena el timbre, se levanta todo extrañado del sofá, ya que no espera a nadie, preguntándose, ¿quién será? Acude a abrir la puerta y cuál es su sorpresa al abrirla, que se encuentra de morros, con Elena y Cecilia.
-Hola Alberto. Hola, les dice.
-¿Nos dejas pasar?
-Si claro, pasad. Todo extrañado por la visita.
-Te hemos venido a hacer una visita, ya que nos tienes abandonadas últimamente.
-Es que ando muy ocupado.
-Lo sabemos, por eso hemos tenido el detalle de visitarte nosotras.
-Bien, sentaos.
-¿Tomáis algo?
-Si le dice Cecilia, me pones un whisky. Y a mí un Gin Fizz, le dice Elena.
-Cecilia y Elena, vienen muy risueñas y toconas, no perdiendo comba de a cada rato hacer como que le quieren hacer cosquillas.
-¿Qué es de tu vida bandido?, le dice Elena.
-Nada fuera de lo normal, solo que tengo mucho trabajo.
-Lo sabemos, pobrecito, le dicen ambas riéndose.
-Sin cortarse un pelo, Cecilia le da un morreo mientras que Elena le echa mano al paquete. Sorprendido, Alberto no sabe cómo reaccionar por la situación y aunque hace ademán de desprenderse de ellas, no lo consigue, al revés parece que eso las incita a ellas más.
Sabedoras de su debilidad de toda la vida, no para la una de besuquearle, mientras la otra le baja la bragueta para extraerle la polla. Él viéndose vencido por la situación, se deja llevar, reaccionando su miembro con mucha virilidad. Poniéndosele durísimo y muy grande por el estímulo.
Sin apenas poder reaccionar siente como Elena se agacha atrapándole la polla con sus labios y succionándosela con fuerza. Mientras Cecilia con un poderoso beso de tornillo húmedo le succiona su lengua.
-¿No nos vamos a poner cómodos? -dice Elena.
- ¡Llévanos a la cama! Le dice Elena.
-Alberto, vencido por la situación y con la polla a punto de estallar, se da por vencido, acompañándolas a la cama.
-Cecilia y Elena se desvisten con premura, quedando como la naturaleza las trajo al mundo. Poniéndose a continuación a desvestirle a él.
-Le tumban en la cama y aferrándose a su verga, Cecilia le dice que “tranca” tienes macho. La naturaleza fue muy generosa contigo eh.
-Ya lo creo, le dice Elena, con semejante pollón.
-Sin demora, Elena se sube encima de su verga, empezándole a cabalgar con fuerza, dejándose caer en ese sube y baja imparable. Ella jadea sin parar, saboreando el roce intenso.
-Tumbado como está Alberto, se le sienta Cecilia sobre su boca…
-¡Cómeme el coño, ¡cómeme!
-Alberto se ve desbordado y aunque intenta satisfacer a su amiga dándole lengüetazos, le falta el aire, por el restregar de la vulva de Cecilia.
-Cecilia, empieza a chillar al tiempo que mana abundante flujo sobre la boca de Alberto. Que siente la sensación, como si se estuviese ahogando.
-Elena rotando sus caderas con una velocidad de vértigo, provoca con sus contracciones vaginales, que Alberto no resista más y expulse los chorros de semen, que mezclados con lo lubricada que está la inundan.
-Mientras ella grita… ¡Clávamela!, ¡Clávemela!
- Aferrándose él a sus caderas, como para saborear mucho más el placer del golpeteo cada vez que se deja caer que hace que su glande se encaje totalmente. Mientras que se ve desbordado al comerle el coño a Cecilia, sintiendo la hipoxia por la falta de aire.
Al acabar, se siente totalmente hundido. Ha vuelto a sucumbir, ha flojeando su fuerza voluntad. Le entra un sentimiento de culpa inmenso hacia Isabel, porque, aunque él no lo ha buscado y le han hecho una encerrona, al final ha vuelto a sucumbir a la “carne”.
Las despacha, tan pronto como puede, diciéndoles que tiene que quedar con un amigo, ellas salen por la puerta, diciéndole…
-Alberto eres nuestro amor sigiloso.
. Adiós chicas.
Se va inmediatamente a asearse, puesto que tiene la cita con Isabel y ha quedado en pasar a recogerla a las 23:00 h y ya va con retraso. Se acicala rápidamente y sale por la puerta disparado a coger el coche.
Toca al timbre y le abre Isabel…
-¿Se te han pegado las sábanas?, le dice ella.
-Sí, me he quedado “frito” un rato delante del televisor. Piensa él, mejor excusa no me podía haber inventado, gracias a la pregunta de ella.
-¿No me das un beso? Sí claro, perdona.
-¿Te pasa algo Alberto?
-No, ¿por qué?
-No sé, pero te noto algo raro.
-Nada, será que aún estoy con el soporífero efecto de la siesta que me he echado.
-Anda, vámonos a la cama que ya te “despierto” yo.
-Y se tumban sobre la colcha, besándole dulcemente Isabel.
-Ella, no le nota tan efusivo como otras veces.
-Le echa mano a la cremallera del pantalón bajándosela y sacándole la polla.
-Él se mantiene inerte, sin apenas moverse, a pesar de la concienzuda felación que le hace ella, aunque le cuesta abarcar su glande, por su boca pequeña.
-Pasados unos minutos, al observar ella, que eso no se reanima y que continúa “morcillona” a pesar de su esmero, le dice…
-¿Te pasa algo?
-No, solo que estoy cansado y no siempre uno está igual.
-Isabel desiste y posa su cabeza sobre el pecho de él.
-Alberto, ¿estás preocupado por algo? -dice ella.
-No, ¡qué va!
-¿Te apetece que salgamos a cenar o no? -dice ella.
-Sí claro.
-Venga, vámonos entonces.
-Cogen el coche en dirección al restaurante. Durante el trayecto, Isabel observa, que Alberto está como ausente, ensimismado en sus pensamientos.
Lucas, mientras ha quedado con su “hechizada”, esa mujer que le ha sorprendido mucho más de lo esperado.
-Llega a la casa de Luisa y le timbra.
-Ella le abre la puerta diciéndole, pase usted caballero.
-Lucas le da un beso y ella le toma entre sus manos su rostro. Como parva que no se le escape.
-¿Cómo está mi chico hoy?
-Pues bien, con muchas ganitas de ti.
-Ella le agarra dela mano y se lo lleva al dormitorio
-Lucas, se queda todo sorprendido al ultrapasar el umbral de la puerta de éste. Ya que está lleno de velas y con un olor a incienso, con la luz eléctrica apagada.
-¿Te gusta?
-Mucho, esta iluminación tenue de las velas crea un ambiente mágico.
- Me alegro, rodeándole ella con sus brazos por el cuello y cayéndose sobre la cama.
-¿A que no te lo esperabas esto? -dice ella.
-Pues la verdad es que, de ti, ya me espero cualquier cosa, ya que eres una mujer sorprendente, lo cual me gusta muchísimo.
-Subiéndose ella a horcajadas sobre él.
-Lucas percibe que lleva una falda plisada y está sin bragas, lo que parece prometer.
-Ella se incorpora y se dispone a sacarle los pantalones a él.
-Excitante noche me espera. -piensa él.
-Una vez desnudos, ella vuelve a descender hasta sus genitales, succionándole uno a uno “sus huevos”, cosa que le enloquece sobremanera.
-Lucas piensa, qué mujer, que diferencia con las pánfilas que había conocido hasta ahora, que se limitaban a “abrirse de piernas”.
-Luisa, le pone a mil jugueteando con sus genitales, lo que le obliga a hacer un esfuerzo sobrehumano a Lucas, para no eyacular en su boca. Al acariciar con sabia maestría la zona de estímulo de la cabeza de su glande.
-Al sentir Lucas, que su polla está durísima a punto de estallar, le suplica a ella… ¡Para! ¡Para!, súbete encanto, que me matas de placer.
-Luisa, obedientemente así lo hace, pero le cabalga dándole las espaldas.
-Lo que, a Lucas, la visión del contraste de la luz tenue de las velas, cayendo sobre el cuerpo bronceado de ella, resaltando la blancura de su piel que no se expone al Sol junto a los hoyuelos junto a la rabadilla; le hace como tener un sueño onírico.
-Pero Luisa continúa aplastándole los “huevos”, cada vez que deja caer sus nalgas sobre ellos, rotando sus caderas sin parar, como para provocar que el masaje, le haga eyacular la savia.
-¡No sigas por favor! Que no quiero acabar aún. -dice él.
-Ella le descabalga, dándose la vuelta y mirándole fijamente, observa los ojos desorbitados de él. Vuelve a montarse sobre él y buscando alcanzar el éxtasis, empieza aceleradamente a alternar el golpeteo de sus nalgas con la rotación de sus caderas.
-Él viéndose perdido, se agarra a sus caderas para precipitarse juntos en la lujuria del orgasmo brutal que se avecina.
-Ella al sentir que la presión de sus manos sobre ella se intensifica, golpea con más fuerza sus nalgas, haciéndole explotar, para recorrer al unísono ese orgasmo que hace manar con fuerza los chorros de semen, entremezclándose sus fluidos amorosos.
-Semi desmayado por el placer, Lucas se queda quieto como si se le hubiese escapado el alma. Apreciando el palpitar del corazón de Luisa, recobrando el ritmo, después del frenesí, tumbadita sobre él.
Alberto e Isabel, se sientan el restaurante y aunque ella intenta tirar de la charla, él continúa muy callado. Lo que le hace sospechar a ella.
-¿Qué te pasa? – le dice a él.
-¡Nada!
-Vale, como quieras, no voy a insistir.
-Acabados de cenar, Isabel le pide que la lleve a casa, ya que el “horno no está para bollos”.
Al día siguiente quedan los amigos para charlar de cómo les va. Notándosele muy apocado a Alberto, mientras que Lucas se muestra todo efusivo.
-¿Qué tal macho? – le dice Lucas.
-Pues no muy bien, la verdad.
-¿Qué te pasa?
-Que las cosas no van bien entre Isabel y yo.
-¿Cuál crees que es el motivo?
-Soy yo el culpable. – le dice Alberto.
-¿Por?-dice Lucas -¿has vuelto a las andadas?
-¡Has dado en el clavo!
-No tienes solución amigo. -dice Lucas.
-Es que me han hecho una encerrona.
-¿Cómo? -dice Lucas- ¿No me digas que además víctima?
-Pues sí, te lo creas o no.
-A ver, ¿cuenta?
-Se me presentaron Cecilia y Elena encasa.
-¿Y? -dice Lucas.
-Pues que me dejaron en fuera de juego con su presencia. -no iba a prohibirle la entrada.
-Claro, claro. -dice Lucas -galante como eres tú.
-¿Y qué pasó? -¿sucumbiste?
-Se tiraron sobre mí como unas lobas. -dice Alberto- y no supe cómo reaccionar.
-Ya y tú pobre desvalido, ¿le diste “martillo pilón a las dos”?
- No te cachondees de mí, por favor. -que ya sabes lo mal que lo paso, por mi debilidad.
-Mira macho, no me vengas con esas monsergas. -que al fin mucha debilidad y hostias, pero el que acaba beneficiándoselas, eres tú. -le dice Lucas.
-Ya, porque flaqueo.
-Ya, ya. -ya me gustaría a mí flaquear, ¡clavando!
-A ti lo que te pasa es que te pierden los “chuminos”. -dice Lucas.
-Venga y cambiando de tema, ¿cómo te va con Luisa?
-Por suerte increíblemente bien. -es una máquina de sorpresas.
-Solo que tiene unos hábitos, que me quedan un poco grandes.
-Vaya, me alegro por ti. -dice Alberto- ¿cómo por ejemplo?
- Me dice que me tengo que liberar y abrirme a nuevas experiencias.
-¿Y qué tiene de mal eso? -dice Alberto.
-¡Pues macho, que no me veo metiéndome ella, un consolador por el culo!
-Jajaja, ¿es eso? – sí que eres “cromañón” macho. -dice Alberto.
-¡Oye!, que tú no lo has visto. -un cacharro gordo como un pepino y con 30 cm de longitud.
-¿Crees que te va a violar con él?
-No, pero impone respeto, solo de imaginarlo. -dice Lucas.
-No seas machista, disfruta con ella. -dice Alberto- que las mujeres son mucho más creativas que nosotros.
-Ya, ya sé que, en la intimidad “ellas tienen ese tipo de juguetes”. -dice Lucas.
-Isabel, llama a Alberto para interesarse por él. -le dice si le apetece quedar.
-Alberto le dice que sí.
-¿Quedamos después de cenar? -dice ella.
-Pasando a recogerla, a la hora acordada.
-Llegan al pub Gaelic. -Sentándose cómodamente sobre unos asientos de cuero.
-¿Me lo vas a contar ahora? -dice ella- A mí no me tienes que mentir.
-Alberto se derrumba y ya no puede más mantener la mentira y le dice…
- He sucumbido otra vez. -dice él- Soy un ser débil.
-Lo sabía. -dice ella- Solo estaba esperando que tú me lo dijeras tú.
-Bien, pues ya lo sabes. – de lo cual me avergüenzo mucho.
-Porque viene a corroborar, que soy un enfermo sexual.
-No debes flagelarte. -dice ella- solo tienes que curarte.
-Ese hombre grandullón se derrumba y rompe a llorar, ante su comprensión.
Mientras tanto, se está cociendo en casa de Luisa, lo que se transformará en un drama para Lucas. Muy acaramelados se encuentran sentados en el sofá, cuando ella, le invita a que pasen al dormitorio. Repitiéndose exactamente la misma escena ya vivida, con el dormitorio todo lleno de velas encendidas y con un aroma a sándalo. Lo que le da un toque especial, que hace que te sientas envuelto por el ambiente.
-Luisa le arrastra hasta la cama de su dormitorio y él se deja llevar. -prodigándole un montón de besos y caricias.
-Él se deleita recordando lo que sucedió en la vez pasada.
-Pero ella le dice, túmbate boca abajo y relájate totalmente. -mientras le cubre su cuerpo de besos y caricias, que le hacen flotar.
-De repente, él siente como algo le empieza a acariciar la hendidura de sus nalgas… -sintiendo a continuación como algo puntiagudo le acaricias el ano.
-Sobresaltado dice… ¡para! ¡para! ¡para! -¿a dónde vas con ese cacharro?
-Relájate y disfruta. -dice ella.
-Ni hablar, ¿no pensarás que yo voy a consentir que me metas eso por el culo?
-Anda no seas tonto…
-¡Que nooo! -no voy a dejar que me metas ese trasto por el culo.
-Pero si no lo has probado, cariño.
-Ni cariño, ni leches. -dice Lucas- que no voy a aceptar que me metas ese cacharro.
-Tú te lo pierdes, por esa forma tuya tan machista.
Alberto, recibe una llamada de Cecilia, la cual no coge por supuesto. Trata de ser fuerte, no puede concebir que un hombre como él, con larga experiencia en “líos de faldas”, no vaya ser capaz de resistir a la tentación.
A la salida queda con su amigo incondicional, Lucas. Se toman algo en la cafetería que hay debajo de la empresa. Y empiezan a hablar de sus cosas…
-Bueno Lucas, ¿qué tal te va con Luisa? ¡Cuéntame!
-Ufff… cada día me gusta más, por su soltura, por fin parece que he encontrado a una mujer a medida, no como esas otras que he ido conociendo en mi vida y que no pasaban de ser unas mojigatas.
-Jajajaja, ¿a qué te refieres?
-Pues que me aburren, una que no sé qué que no sé cuánto, por el qué dirán, otras que son unas reprimidas sexualmente, que esto le da asco, que lo otro por ahí no pasa; etc.
-¿Y ella no tiene ninguno de esos defectos? -dice Alberto.
-Pues no, además que es la única mujer que he conocido que es capaz de llegar al orgasmo solo con el coito. Lo cual es una maravilla, no tener que estar preocupándote de si la tienes que acariciar el clítoris, para que se corra y esas cosas de si llega o no llega; etc.
-Bueno, tú ya sabes, que infelizmente la mayoría de las mujeres son “guitarristas”.
-Ya, pero estarás conmigo que es un coñazo, que lo ideal es tener la suerte de encontrar a una mujer que además de su personalidad, sea completa sexualmente.
-Ya macho, pero esas son una raridad muy preciada y las que lo son, como es obvio están ya pilladas.
- Por eso, hay que aferrarse cuando la oportunidad pasa por “la puerta” una vez en la vida ya que, si la dejas escapar, probablemente nunca más sucederá.
-Cierto, además estarás lamentándote el resto de tu vida. -dice Alberto.
-Lo único que aún no he conseguido converger con ella es, en eso de querer meterme el “cacharro” por el culo. -dice Lucas.
-Jajajaja, por favor no seas primitivo, hacer eso no significa que seas maricón.
-Ya, pero me impone cuando veo “el cacharro”.
-Ábrete hombre, aprende a disfrutar, ya que has tenido la gran suerte que no has dado con una “estrecha” ni una sosa de esas como tú dices. – Ellas son mucho más creativas en la sexualidad que nosotros.
-¿Creativas? -dice Lucas.
-Sí hombre, claro está que me refiero a las de “mente abierta”. -Si has tenido la suerte de dar con una disfruta y hazla disfrutar.
-Lucas se queda pensativo.
-¿A ti te han metido alguna vez “un cacharro” de esos?
-Sí, claro.
-Faltaría más, solo un necio como yo se me ocurre preguntarte si no has probado tú algo en el sexo. -dice Lucas.
-¿Y qué tal ha sido?
-Delicioso, además es una experiencia diferente.
-Ya lo creo que tiene que ser diferente, metiéndote esa “bayoneta” por el culo. -dice Lucas.
-La gente desperdicia muchos momentos de la vida, por puros prejuicios sociales, en el amor, todo vale entre una pareja.
-Bueno macho, me marcho que he quedado con mi “musa”. -dice Lucas.
-Venga, yo me voy a casa, que hoy no he quedado con Isabel. -dice Alberto.
-Nos vemos mañana entonces.
-Eso, ya me contarás cuando hayas tenido la experiencia de la “bayoneta”.
-Ja, siéntate y espera.
A la hora marcada, se encuentran Luisa y Lucas, en casa de ella. Él sin saber bien por qué razón, se siente hechizado por el ambiente que se respira en el dormitorio de ella.
Es como si se tele transportase a mundo mágico, en otra dimensión. Allí se siente flotar envuelto por la luz tenue de las velas y la fragancia del Sándalo.
-¿Cómo estás? -dice Luisa.
-Pues muy bien la verdad, cada vez que ultrapaso la puerta de tu dormitorio es, como si viajase a otro mundo, de lo a gusto que me siento contigo.
-Gracias por el cumplido.
-No, no es más que la pura realidad.
-Siente como la lengua de Luisa invade la suya, entrelazándose con la suya. Lo que le provoca un subidón, de lo excitantes que son esos preliminares.
-Luisa saca del armario su “amigo mecánico”, diciéndole a Lucas que la acaricie el ano con él.
-Lucas, todo nervioso, le dice, oye que no sé si yo voy a atinar con esto eh.
-Tranquilo, solo tienes que darle a la tecla 1 de las tres que tiene y empezará a girar muy suavemente y me acaricias con él. -dice Luisa.
-Como un auténtico novato, enciende la tecla y empieza a observar como aquello empieza a dar vueltas de manera oscilante. -Se lo acerca a su ano y temeroso de que la pueda hacer daño, casi ni la toca.
-Vamos Lucas, ¡métemelo!
-Él reacciona con sumo cuidado oprimiendo el “amigo mecánico” para que se introduzca en su ano.
-¿Te duele, pregunta él todo nervioso?
-Noooo… -es muy placentero.
-¡Métemelo más!
-¿Quéeeee? -ya ha entrado una buena parte eh.
-Lucas, se pone a sudar a borbotones. -está alteradísimo por esa situación novedosa para él.
-Con las manos temblorosas como las tiene…de repente ella suelta un… ¡me corrooo…! Soltándolo espontáneamente, Lucas.
-¡Páralo! ¡Páralo! -que me hace daño. -dice ella.
-Con el consolador dando vueltas, como si estuviese fuera de sí, Lucas trata de atraparlo, lo que le cuesta, por lo nervioso que está.
-Finalmente lo agarra y lo apaga.
-Lo siento muchísimo, perdóname por lo torpe que soy, sé que te he hecho daño.
-No pasa nada, túmbate aquí a mi lado. -dice ella.
-Se abrazan, como forma de superar el trance.
-Ella le dice, date la vuelta ponte relajado boca abajo.
-Él, por su sentimiento de culpa, por lo que acaba de suceder, no rechista y obedientemente lo hace. Mirando, eso sí, por el rabillo del ojo.
-Tumbado boca abajo como está, rompe a sudar abundantemente por los nervios. -Sintiendo una gran angustia cuando nota el solo rozar de la cabeza rotora del consolador.
-Luisa, oprime ligeramente para que la cabeza rotora venza la resistencia de sus esfínteres y entre.
-Lucas, tenso como está se agarra con gran tensión a la sábana.
-¡Eh, eh, eh… cuidado con eso! -A ver si me vas a violar.
-Luisa le dice, no seas tontorrón y disfruta, relájate.
-Sí, me voy a relajar viendo esa “tranca” que me está partiendo el culo.
-¡Exagerado¡
-Ella percibe que poco a poco se va relajando, al tener el consolador en la velocidad mínima e irse relajando vencido el miedo. -Lo percibe al ver como sus manos, que tenía aferradas a la sábana, se distiende soltándola.
-¿Te gusta? -dice Luisa.
-Ufff… tengo que reconocer que no está tan mal la cosa.
-¿Ves? -te lo había dicho. -dice Luisa.
-Algo inesperado sucede, Lucas se ha está empalmadísimo, pero no dice nada.
-Ella le observa, prosiguiendo con el masaje del consolador, pero aumentando la velocidad. Cuando de repente, ve como Lucas se aprieta contra la cama, como haciendo un movimiento copulatorio.
-Las dudas de ella se disipan, al oír un grito… ¡me estoy corriendooo!
-Manchando con su eyaculación la cama, Lucas.
-¿Cómo estás ahora?
-Muy bien, ha sido deliciosa la experiencia, tenías razón.
-¿Ves?, no hay que ser tan recalcitrante ante las nuevas experiencias.
-Tienes razón mi vida, dándole un beso de agradecimiento.
-He aprendido muchísimo contigo, eres mi “profesora de amor”.
-Me alegro que confíes ahora en mí y te sientas a gusto.
-De eso se trata una relación de pareja, de confiar, apoyarse y aprender conjuntamente, para enriquecer el placer de la complicidad.
-Sí, mucho tengo que aprender, soy un hombre muy feliz por haberte conocido.
Se marchan a cenar, para celebrar la nueva experiencia de Lucas. Que está dichoso, a pesar de haberlo pasado muy mal inicialmente. El descubrir, de algo que para nada podía pasarle por su imaginación. Que un hombre se pudiese “correr”, por meterle un cacharro por el culo. De ahí su entusiasmo, mostrándose muy cariñoso con ella, de lo aprendido gracias a ella.
Relajadamente sentado sobre el sofá con su cerveza y sus patatillas sobre la mesa, mira el partido de futbol. Cuando suena el timbre. Extrañado por quién pudiese ser a esa hora, se acerca a abrir la puerta, sospechando de que pueda repetirse otra vez lo de la vez anterior. Mira por la mirilla de la puerta, dicho y eso, ahí están otra vez Cecilia y Elena. Les abre la puerta, pasando ya éstas, sin esperar.
-Hola Alberto.
-Hola chicas. ¿A qué se debe la visita?
-Pues nada, no sabíamos qué hacer y dijimos, vamos hasta casa de Alberto.
-Gracias por la deferencia hacia mi persona (resignado ante la situación), no va a echarlas de casa, así que a apechugar.
-¡Sentaos! ¿Qué queréis tomar?
-Ponnos lo mismo que la otra vez. -dice Cecilia.
-Arropado y flanqueado con cada una de ellas a sus lados, se deja llevar por la situación.
-Elena, le suelta un morreo sin pedir permiso y Cecilia le baja la cremallera del pantalón, extrayéndole la verga. Que, para no fallar, está durísima, siempre preparado el chico.
-Cecilia les dice, chicos, ¿nos vamos a la cama?
-La respuesta es obvia, Elena dice que sí y Alberto ni “pincha ni corta”.
-Encendiendo las luces bajas de la habitación, Elena arrastra la colcha morada de la cama hacia los pies. Saltando a la vista la blancura inmaculada de las sábanas.
Se desvisten a la vez, para empezar la faena, con prontitud. Sin casi ni mirarse, lo que denota que hay prisa por empezar la orgía. Ninguna otra palabra podría describir lo que les espera. De lo deseosos que están, son puro fuego los tres, por lo tanto, la noche será volcánica. Ya que no tiene excusas hoy él, puesto que no ha quedado con Isabel. Ya que las cosas entre ellos están como si fuese en punto muerto. Vista la situación de Alberto, que él mismo cree que es irrecuperable, de su adicción sexual.
Metidos en faena, las caricias y los besos mutuos son patentes entre los tres.
-Mi amor, ¿cómo la naturaleza habrá hecho a un hombre tan perfecto? -dice Cecilia-, mientras Elena le está sometiendo a una esmerada felación, abarcando todo el recorrido de su verga, de lo deseosa que está, a punto de tocarle la campanilla a ella y darle arcadas.
-Elena le dice, hazme sitio Cecilia, que quiero subirme. Poniéndose a horcajadas, ayudándose abriendo sus labios vulvares, introduce su verga en su vagina. Cecilia que le ha hecho sitio a la amiga, no pierde comba, situando su vulva encima de la boca de Alberto.
-¡Cómeme! ¡Cómeme! -Quiero sentir tu lengua, volverme loca.
-Tratando de dar cuenta de las dos “lobas” que tiene ahí, le da soberanos lametazos en su clítoris, que tiene justo en su boca, aprisionándole con sus labios, para que no se le escape al succionado. Éste se va poniendo gordito y turgente, obligándole los latigazos de la puntita de la lengua de él, a tener que abandonar el refugio del capuchón.
-Cecilia que lo cabalga con mucha intensidad, le acaricia con sus manos sus “huevos” alternativamente con sus manos a modo de estimularle muchísimo. Reclinándose hacia atrás, para sentir más el efecto “palanca” de su enorme verga.
-Espoleado Alberto, empieza a alternar sus lamidas a Elena, con las embestidas profundas en la vagina de Cecilia.
-Sobre excitadas ambas, por comprobar como Alberto, es capaz de dar cuenta del recado, como buen macho muy dotado que es; se dejan llevar por la lujuria, escapándoseles jadeos, gemidos y gritos orgásmicos.
-Las amigas se alternan, intercambiándose el puesto, pasando a ser copulada Elena, mientras que Cecilia frota con frenesí su vulva en la boca de Alberto. Que por instantes parecer que siente faltarle el aire.
-Elena, perdiendo ya la cuenta de la de orgasmos que ha tenido, le dice… ¡fóllame! ¡fóllame! Como una perra en celo, cabrón. Mientras Cecilia no para correrse, multiorgásmica como es en su cara, embadurnándosela toda de un flujo blanquecino abundante. Diciéndole, ¡cómeme el coño! ¡cómemelo!
Después de llevar unas tres horas de lujuria, con la cama totalmente empapada por esa mezcla de sudor y fluidos, llega el momento de acabar, después de haber aguantado como un campeón Alberto todo ese rato la erección de su enorme polla, hasta dejar totalmente saciadas a Cecilia y Elena con sus múltiples orgasmos. Y cómo en un pacto entre ellas, es obvio que el coito final, solo podrá recibirlo una, aunque ambas ya están bien regadas por las eyaculaciones anteriores de Alberto.
Poniéndose ambas una encima de la otra, él iniciará el vertiginoso camino hacia el orgasmo final, alternando las penetraciones en una y en otra, con la visión maravillosa para él, de ver esos enormes culazooos…frente a él.
Su polla inhiesta horada con intensidad sus vaginas empapadas, haciendo todo el recorrido, hasta oírse el chasquido de cada vez que hace tope. No aguantando más, desbocado completamente, golpea con su glande sin saber bien a cuál de las dos…soltando un alarido descomunal al sentir con el advenir del orgasmo el expeler del semen caliente…
Cayéndose encima de ellas de repente…lo que provoca que suelten al unísono un … ¡Ay, qué daño ¡
-Cecilia que es la que está debajo del todo dice… -¡Alberto me estás aplastando!
-Sin recibir respuesta alguna, le dice a Elena... -¿Elena me has oído?
-Sí, pero no contesta, no sé si se habrá desmayado. -Empezando a moverse para conseguir desprenderse del peso de Alberto que lo tiene encima.
-Haciendo un sobresfuerzo, consigue separarse del bocadillo que formaban Alberto, ella y su amiga.
-Volcándose por el movimiento, Alberto cae quedándose boca arriba, levantándose Cecilia, que era la que había quedado aprisionada debajo.
-¿Qué le ha pasado que ha perdido el conocimiento? -dice Cecilia.
-No sé. -dice Elena.
-Se asustan y Cecilia, le toma el pulso y tras unos minutos…
-¡No tiene! Exclama Cecilia.
-Elena corre al teléfono para llamar a emergencias.
-Dios mío, -dice Cecilia-. ¡Mira que si le ha pasado algo ¡
-A los pocos minutos, aparecen los del SAMUR. -¿Qué ha ocurrido? -pregunta el médico.
-Se miran cortadas, sin saber que contestar. -Elena reacciona y dice, nada estábamos charlando con él, cuando de repente se ha quedado mudo.
-Hechas las pertinentes comprobaciones, el médico es categórico, ¡está muerto!
-Ellas no se lo pueden creer, ese hombre tan potente que estaba lleno de vida hace unos instantes, ¿muerto?
-Los facultativos realizan las oportunas llamadas para avisar a la policía, que ya se encargará de avisar al juez, para el levantamiento del cadáver.
-Mientras aguardan la llegada, el facultativo vuelve a insistir, al perecerle raro que estuviese desnudo, sudado y en una cama empapada, como si hubiese habido una orgía.
-¿No saben de verdad, que ha pasado? -dice el médico.
-Cecilia, reacciona al estado de shock y decide contar la verdad.
-La verdad es, que somos dos amigas, Elena y Alberto que es el nombre del chico, trabajan en la misma empresa y yo soy una amiga de él. -No era la primera vez, que teníamos una experiencia sexual de éstas.
-¿O sea una orgía, se refiere? -dice el médico.
-Bien, pues pendiente aún de lo que nos diga la autopsia, tiene todas las papeletas, que a su amigo le ha dado un infarto.
-Elena que les oye, rompe a llorar y dice… ¡no es posible! ¡no es posible!
-Pues no hay más que decir. -dice el médico.
-Un hombre lleno de vida, fuerza, alegre y galante se le va de la vida en instantes. -dice Cecilia- Parece imposible que la vida pueda acabar de forma tan fugaz.
-Mientras los camilleros a un lado, dicen... – ha espichado follando. -Si la muerte feliz dice el otro.
-Llega la policía, que se hace cargo de todo lo legal.
-Cecilia y Elena, deciden que hay que avisar a su amigo Lucas, ya que los padres de Alberto son difuntos y no tiene hermanos.
-Lucas, espantado con la noticia, les dice que él se encargará de todo. -Preguntándoles, ¿cómo ha sido el deceso?
-Contestándole éstas, que ya se lo explicarán con calma.
Él, inicia los trámites para el entierro, teniendo en cuenta que Alberto era ateo.
-Mientras, llega el resultado de la autopsia, con un resultado concluyente. Ha sufrido un infarto agudo de miocardio por sobreesfuerzo.
-Mira que le había avisado, que tanto follar le iba acabar pasando factura. -Pero el nada a lo suyo, no era capaz de resistirse a la tentación.
-Se pone en contacto con la funeraria, siguiendo las últimas voluntades de su amigo. Encargándole al marmolista la lápida para la sepultura. Conforme le había dicho en vida, Alberto.
-La noticia corre como un reguero de pólvora en la empresa, el fallecimiento de Alberto. Así somos las personas, aunque solemos decir lo sé, en realidad nunca estamos preparados ni nos esperamos que llegue la muerte así de repente.
Como Alberto era ateo, ya se cuidó muy mucho Lucas, de que el ataúd no portase ningún signo religioso. Ni curas, ni marchas fúnebres ni nada parecido.
-Le da la noticia Lucas a Luisa, que queda impactada que aquel hombre fornido, haya abandonado el mundo de los vivos.
-¿Y cómo fue eso? -dice Luisa.
-Nada, que le dio un infarto de miocardio.
-¿Y murió fulminantemente o en el hospital?
-Allí mismo en su cama, le dio.
-Pobre hombre, con lo joven que era.
-Ya, es lo único que aún a día de hoy es justa “la pelona”, que no escoge por edad. Todos nos vamos al hoyo, cuando menos no lo esperamos, aunque algunos tengan la creencia, de que al ser jóvenes, ésta, está aún muy lejos.
En el Mortuorio, queda expuesto de cuerpo presente Alberto. Para que los amigos y conocidos, puedan dar su pésame. Quedando totalmente sorprendido Lucas, por la cantidad de coronas y ramos de flores, que depositan allí los que acuden al velatorio.
Lo que hace que Lucas tenga la certeza que, en el fondo, era un buen tío su amigo a ojos de los demás, en vista de la cantidad de condolencias que recibe.
Al atardecer aparece el “coche del último viaje”, meten el féretro y es tal la cantidad de coronas, que no entran todas en él. De forma que se ofrecen algunos amigos para llevarse el resto de las que faltan.
Como si fuese una premonición del dolor de amigos y amistades, la tarde se presenta muy gris. Y tan pronto el coche fúnebre ultrapasa la puerta del cementerio, se desata una ventisca y empieza a lloviznar.
El coche fúnebre, se acerca al crematorio, sacando el ataúd para ser depositado en el horno incinerador. Pasada media hora, hacen entrega del envase de porcelana, con las siglas del nombre de Alberto en la tapa.
Vuelven a depositar la urna dentro del coche fúnebre, partiendo en dirección de dónde se encuentra la sepultura, en la que será enterrado.
Al llegar junto a la sepultura de suelo, los presentes se empiezan a arremolinar alrededor, intrigados, porque ésta, tenga una manta cubriendo la lápida.
Antes que los sepultureros, vayan a remover la losa, Lucas les dice, que va a pronunciar unas palabras, en homenaje a su amigo. Mira a su alrededor y ve contabilizando 15 mujeres de luto y con gafas oscuras, como rindiéndole un último tributo, reconociendo algunas de las “amigas de faldas” de su amigo. Cómo Cecilia, Elena, Rosa, Julia, Rita, María, Olga e Isabel y otras ocho más, que alguna vez las había visto con Alberto. Pero cuyo nombre no recordaba, aunque sus rostros le resultaban familiares. Algunas lloran muy desconsoladas.
A los aquí presentes, dedico las siguientes palabras, en recuerdo de mi gran amigo Alberto…
“En vida, fue un buen compañero, que jamás hizo daño a nadie de manera intencionada. Disfrutó e hizo disfrutar mucho, no pudiendo nadie reprocharle nada. Ahora fallecido, espero que sea igualmente recordado por aquellos que le conocieron en vida, de manera gratamente.”.
Descubriremos ahora la lápida, que fue confeccionada conforme los gustos en vida del finado y con un rápido zas, queda al descubierto la lápida. Quedándose impactados los presentes.
-Luisa que está a mí lado dice, ¿qué es eso? Al contemplar el cilindro de 1,20m de alturaque está rematado arriba, con forma de glande. Con una inscripción, que dice “del polvo fuiste hecho y en polvo te convertirás”. Sarcástico se mostró Alberto, hasta en la muerte.
-No le faltaba razón dice uno de los presentes, al fin somos producto de “un polvo”, nos guste o no y en “polvo” nos convertiremos cuando nos incineren o con el paso de los años.
Los presentes se muestran atónitos, sin saber muy bien cómo reaccionar, algunos tapándose la boca con la mano a modo de ocultar la risa, otros quedándose en estado de shock al ver esa especie de obelisco con forma fálica, otras mirando al suelo sonrojadas quizá por sentirse aludidas y otros simplemente con cara de póker.
-Y yo le contesto, ¿qué va a ser? ¡una “polla como una olla”!
-Se hacen unos minutos de silencio, ante lo patético de la situación, mientras los sepultureros arrastran un poco la losa, para hacer hueco para depositar la urna y cerrarla nuevamente.
Como despedida, observo que algunos se persignan según creencias, otros echan una mirada hacia atrás. Al tiempo que empieza a llover con fuerza en medio de aquella tarde plomiza. Mientras camino hacia la salida, en un momento dado, me giro y contemplo el obelisco fálico y pienso, esto es el final de la vida, quedar bajo una losa para el recuerdo.
Mañana será otro día, Alberto ya no estará entre nosotros, pero aún perdurará según la complicidad con la persona, su recuerdo durante un tiempo.
Nos cuesta asimilar la muerte, porque nos negamos a aceptar que tenemos que dejar de existir. Por eso nos queda la resignación de la eternidad en el más allá.
De eso se trata el transcurrir de nuestra existencia, de hacer planes, de luchar por construirlos y de resignarse de que por mucho que acapares, eso no te librará del final inexorable de todos, de que acabaremos en el hoyo.
Cada cual tiene su sino en esta vida, la de Alberto fue la de creerse que podía ser capaz de satisfacer todas las exigencias que tuviese de las féminas, para al final acabar siendo un mero instrumento de EL QUINTO MIEMBRO.