Bueno, esto es incómodo, Raven suspiró.
Los tacones de estilete de Raven traquetearon en el piso de mármol del gran salón de baile del palacio mientras seguía a su jefe a través de la multitud enfiestada. Mal, el perverso hechicero residente del reino, había pasado como un cañonazo borracho, a través de varias capas de seguridad del palacio y finalmente embistió las puertas dobles con una bola de fuego. El aire fresco de la noche entró en el salón de baile, provocando que los banderines de la celebración, colgando desde el techo, golpetearan y se resquebrajaran.
Raven se resistió al impulso de tomar ventaja del humo invasivo de la bola de fuego para mezclarse con la multitud reunida. Su vestido nuevo en capas de seda morada cayendo desde un favorecedor corsé negro, fácilmente podía ayudarla a desaparecer entre la nobleza reunida para atestiguar el bautizo del príncipe bebé. Era tentador fingir que ella, de ninguna manera tenía asociación con la reina-del-drama-empapada-en-ginebra, que tambaleante, se abría paso entre la atónita multitud.
—Bueno, bueno, bueno —Mal se meció ligeramente mientras llegaba hasta la familia real.
Ah, mierda, se va a desmayar antes de que siquiera llegue a la parte buena. Raven escondió su cabeza. Tratando de verse amenazadora, Raven se contoneó, caminando hacia delante para pararse detrás de Mal, con su pequeño sombrero de copa, apenas alcanzaba el hombro de él. Mal se recargó en ella y Raven luchó por sostenerlo derecho, tratando de no asquearse con el olor de alcohol barato que destilaba por sus poros.
El rey y la reina estaban regiamente sentados en una plataforma circular elevada en el centro de la habitación. Grandioso para el panorama, pero terrible para la seguridad. Aficionados.
El Rey Rodney irradiaba ira cuando Mal se acercó, una gran vena palpitaba en la frente del gobernante. Él se levantó de su trono, desenvainando una espada que, Raven supo con una mirada, era más ceremonial que funcional. ¿Qué va a hacer con eso? Raven meneó su cabeza por la idiotez. ¿Picarle a un usuario de magia encabronado?
La Reina Samantha sostenía apretadamente contra su pecho al Príncipe Nathan recién-bautizado, buscando desesperada a su alrededor a un salvador, o al menos un camino lejos de la furia de Mal. No encontró ni uno ni otro.
—Aquí tienen una fiesta encantadora —Mal eructó—. Lo único que puedo suponer es que mi invitación se perdió en el correo.
— ¡Cómo te atreves a amenazar a mi familia, hechicero! —El rey se movió con la velocidad de un hombre mucho más joven, balanceando la espada incrustada-de-rubíes, contra la garganta de Mal.
Mierda como esta es la razón por la cual nunca nos invitan a estas cosas. Raven dio un paso hacia atrás para darle algo de espacio a Mal y esquivar lo inevitable.
Con un golpe de su muñeca y una nube de humo, mágicamente Mal pasó la espada a su propia mano. Empezó a girarla distraídamente, recordándole a Raven, a un niñito jugando con una vara.
—Tú no… —Mal dejó caer la espada, aparentemente incapaz de manejar el esfuerzo de hacer ambas cosas, hablar y moverse al mismo tiempo. —Tú no me invitaste a la fiesta de tu bebé y por lo tanto —Mal le dio un trago a su anforita— ¡ahora tu bebé es mi enemigo! —Él le sonrió irónicamente al bebé que se inquietaba en los brazos de su madre.
El bebé sopló una burbuja de baba y rio.
¿Tengo que hacer todo yo? Raven suspiró en sus pensamientos.
Raven se subió a la plataforma elevada, esperando llevar algo de dignidad a la situación. Ella extendió sus brazos dramáticamente, estirando ampliamente la sedosa tela negra de su capa como si fueran alas, tratando de parecer intimidante mientras se dirigió a la audiencia.
—Ustedes se han atrevido a incurrir en la furia del más grande hechicero de nuestro tiempo —algunos de los nobles comenzaron a alejarse, poco a poco, hacia las salidas, y ella escuchó a algunos de ellos tratando de recuperar su aliento, impresionados. Bien. Si ellos no están asustados, no estoy haciendo mi trabajo.
—Su magia podría ser usada para el beneficio de ustedes, de haberle pedido su amistad. ¡Pero tales insultos no pueden soportarse! Raven sujetó un bastón largo de un sacerdote que la miraba lascivamente, casi tumbándolo, cuando ella le arrebató el vástago de sus manos, y con él golpeó fuerte sobre el piso de la plataforma. El golpe hizo eco a través de la habitación aterrorizada.
—Todo listo para usted, jefe —ella susurró a Mal mientras se bajaba de la plataforma.
—Este bebé… ¡estúpido bebé, quién es el peor! —Mal comenzó.
Oh señor. Raven trató de mantener su rostro apropiadamente asombrado y malvado, la expresión facial normal para una secuaz, mientras el borracho de Mal, proseguía con sus bobadas. Solo echa la maldición al condenado niño y salgamos de aquí.
— ¡Va a ser maldecido! —Mal dijo con un ademán, lanzando al aire chispas rojas desde las puntas de sus dedos. Él bajó de la plataforma hasta un lado de Raven, hablando entre-dientes y balbuceando tan quedo que nadie más podía oír. —Él pondrá su…cómo-se-diga…su pito en una rueca…ruca solterona cuando tenga dieciséis, espera, no así no está bien. Veinte —él batalló para encontrar lo malo en todo esto—, ¡y él dormirá para siempre! —Mal rio tan fuerte que la salpicó de saliva sobre todo su sombrero de copa.
Obedientemente, Raven puso una nota en su pequeño cuaderno. —Añadiendo al archivo de maldiciones, jefe: él se va a coger a una solterona cuando cumpla veinte, luego el coma —ella dijo calladamente. Mirando a las palabras de la maldición, susurró con urgencia: — ¿Queremos una cláusula de cancelación de Beso de Amor Verdadero?
—Sip. Qué tal como: ¿Cláusula de “realmente deseoso del beso de alguien”? Amor Verdadero está tan… excesivamente usado —los ojos de Mal estaban inyectados de sangre y se veía que estaba a punto de desmayarse—. Tú ve y diles. Yo me voy a casa —Mal dijo, y con un ataque de hipo, desapareció en una nube de humo.
Raven se dio media vuelta para dirigirse a la multitud. En una pose impresionante con el bastón levantado sobre su cabeza, se detuvo.
Lo que tengo aquí es una oportunidad única para joderme a estos idiotas. Recordando a algunas chicas especialmente cabronas de la clase de hilado, ella comenzó: — ¡Nuestro gran hechicero ha maldecido a este niño! —Expresiones de asombro y susurros escaparon de entre la gente reunida. ¿Por qué todos están tan sorprendidos? ¿Qué pensaban que él iba a hacer? Ella golpeó el bastón dos veces, silenciando a toda la habitación—. En su veinteavo cumpleaños, él pinchará su dedo en una rueca de hilar y caerá en un sueño eterno.
La reina dejó escapar un grito, apretando al bebé mientras éste comenzó a gritar.
— ¡Desesperen! ¡Su príncipe está perdido! —ella giró lentamente, lanzando una sonrisa diabólica alrededor de todo el salón de baile.
La multitud gritó y se amontonaron unos con otros llenos de miedo, implorando por un milagro para salvar al heredero al trono.
Ellos tenían completamente bloqueada la salida de Raven.
Mierda. Esa habría sido una grandiosa línea de salida. Raven lanzó el bastón de regreso al sacerdote aterrorizado y salió caminando lentamente hacia la puerta, mascullando:
—Con permiso. Disculpe.
***
La flecha silbó atravesando el aire y se enterró en un árbol. El conejo desapareció tranquilamente en su madriguera, ondeando ligeramente su cola blanca en un minúsculo “jódete” desde su trasero.
—Mierda —Nate masculló.
—Jajajajaaaaa —Raven se carcajeó, aterrizando en una rama cerca de la cabeza de él. La luz de la mañana resplandeció sobre sus brillantes plumas negras y se reflejó desde el lustre de su pico puntiagudo.
— ¡Lo habría tenido si no me hubieras distraído! —él gritó. Nate comenzó a caminar hacia el arroyo, buscando cualquier huella nueva alrededor. Probablemente sus guardianes ya estaban volviéndose locos por el largo tiempo que tenía de haberse ido el día de hoy, pero ellos le darían ‘la mirada’ si regresaba a casa con las manos vacías.
—Pretextos, pretextos —ella le dijo despectivamente—. La próxima vez vas a decir que tenías el sol en tus ojos, o que tenías una vara atorada en el culo.
Si tengo una vara atorada en el culo, probablemente es porque tú la pusiste ahí, Nate pensó.
Raven había sido la acompañante de Nate desde que él tenía memoria, volando para ir a verlo la mayoría de las mañanas, y quedándose con él hasta que el crepúsculo se desvanecía detrás de las montañas. Cuando él era un niño y sus tres guardianes recelosos lo asustaban con sus historias de hechiceros vengativos que lo maldecirían por segunda vez si no se terminaba sus vegetales, él le había rogado a Raven que se quedara con él toda la noche para protegerlo. Pero ella nunca lo había hecho, aunque una vez le llevó un oso teddy llamado Wiffles para cuidarlo en las noches.
Ahora que él tenía diecinueve años, Nate apreciaba que Raven no era un pájaro normal. No solo era ella el único animal parlante que Nate había conocido alguna vez, pero había algo acerca de su rápido ingenio y su naturaleza profundamente sarcástica que le indicaba que había alguna clase de misterio mayor. Él nunca supo por qué ella había decidido ser su acompañante vitalicio y mejor amiga, pero él no quería tomar el riesgo de perderla por preguntarle. Raven era su nombre, la palabra para ‘cuervo’ en la lengua antigua.
Raven aterrizó sobre su hombro y metió su cabeza entre su despeinado cabello castaño. —Cuando finalmente le pegues a algo, debemos ir a ver al Sr. Stewart —ella dijo, sus ojos negros bailando de emoción.
A Raven le emocionaba llevarlo a hacer locuras. Siempre era divertido, hasta que ella se alejaba volando, cuando se le venían encima las consecuencias.
Él recordó cuando tenía siete años y HierbaLoca, el más vigilante de sus tres guardianes, lo atrapó desatornillando las perillas de la exprimidora de ropa para así evitarse tener que ayudar con las tareas. Raven salió volando con el primer grito de frustración de HierbaLoca sin regresar por días, dejando que Nate cargara con la culpa, aunque había sido idea de ella en primer lugar.
Pero de alguna forma, la única maña que él no había aprendido en diecinueve años era cómo decirle ‘no’ a ella.
—Entonces ayúdame. Entre más rápido termine con la cacería, más rápido podremos ir a ver lo que anda haciendo el Sr. Stewart —él dijo, tragándose un suspiro.
—Trato hecho —ella se lanzó desde su hombro y voló sobre los árboles.
Una vez que Raven decidió ayudar, Nate fue capaz de embolsarse tres conejos en las dos horas siguientes. Desde el aire, Raven podía encontrar las señales de una madriguera y guiarlo calladamente hasta ese punto. Chillando y graznando en la entrada posterior, ella asustaría a los conejos haciéndolos salir, donde Nate les disparaba directo a través de la cabeza para que no sufrieran. Era una rutina que habían perfeccionado desde que él empezó a cazar cuando era niño, trabajando juntos sin necesidad de palabras para guiarse.
Nate balanceó sobre su hombro la bolsa de conejos, trotando un poco mientras regresaba a la villa.
— ¿Cuál es la prisa? —Raven pasó volando sobre su cabeza—. No anochecerá sino hasta dentro de varias horas.
—Necesito llegar temprano a casa esta noche. Últimamente los guardianes están todos malhumorados —Nate contestó.
—He notado que esta semana han estado mucho más histéricos —ella dijo, aterrizando de nuevo sobre su hombro, sus alas ligeramente extendidas para mantener su equilibrio mientras Nate corría. Los suaves bordes de sus plumas rozaban su cuello y se le puso la piel de gallina desde el cuello hasta sus brazos—. Hasta me sorprendió que te hayan dejado alejarte tanto de casa.
—Solo falta un año para mi veinteavo cumpleaños. Solamente están siendo sobreprotectores —Nate masculló. Sus guardianes siempre habían sido algo exagerados, pero recientemente se estaban poniendo ridículos. GalánBajo hasta había tratado de coser la pijama de Nate a su cama, así él no podría salir de la casa. Habría sido hilarante si Nate no las hubiera traído puestas en ese momento.
—Es una estupidez. La maldición ni siquiera entrará en efecto sino hasta el día que cumplas veinte. Nadie tiene que protegerte hasta entonces. En primer lugar, el que tus padres te hayan enviado lejos, fue estúpido.
Nate se encogió de hombros. Cuando él era más joven, solía preguntarse si sus padres lo habían enviado lejos porque no lo querían, pero Raven le había asegurado que eso no era cierto, siempre poniendo la culpa completamente en los hombros de sus padres ausentes. Él ya ni pensaba mucho en eso; entre sus tres guardianes él tenía supervisión paterna más que suficiente.
Pero la forma en que sus padres reaccionaron a la maldición, todavía molestaba a Raven lo suficiente para que ella lo mencionara todo el tiempo. Algunas veces Nate deseaba que ella simplemente se olvidara de eso. No era como que ella tuviera algo que ver con eso.
—Quiero decir, ¿por qué diablos ellos destruyeron todas las ruecas en el país? —Ella dijo—. Simplemente es una locura. Las ruecas son tremendamente útiles. Es simple, tus padres son malos gobernantes; eso es lo que es. Se enloquecen por una pequeña maldición y repentinamente ¿quieren destruir una industria en su totalidad?
—Ellos no hicieron la maldición —Nate resaltó por millonésima vez. Él no tenía corazón para mencionar que los despotriques de Raven acerca de sus padres siempre lo ponían un poco incómodo. Aun y que él no los conocía, a él le gustaba pensar que ellos habían tomado sus decisiones por amor. La alternativa, de que ellos simplemente eran estúpidos y malos gobernantes, no le sentaba bien por genética propia.
—Si, pero yo sé que Mal no tenía la intención de mandar al reino, completamente al carajo—ella le dijo, moviéndose por su hombro para equilibrarse mejor.
— ¿Tú cómo sabes? Él es un hechicero diabólico. Probablemente ese era todo su plan —Los árboles comenzaban a escasear alrededor de ellos cuando se acercaban a la villa. Él ya podía oír los sonidos de la gente saludándose unos a otros y los mugidos quedos de las vacas.
—No, no era así —Raven dijo—. Te apuesto que él no tenía ni idea de que la mierda se esparciría hacia los lados. Él no es exactamente, lo que tú llamarías un ‘planeador’.
—No tienes manera de saber eso —él resaltó. Cuando se acercaron a la civilización, o tan cerca de la “civilización” como les era posible, en el medio de la nada, Nate hizo una pausa para reacomodar su camisa. Se le estaba trepando otra vez, lo suficiente, como para mostrar un vistazo de su abdomen de “lavadero”. Realmente necesito ropa nueva. Ahora era tan alto, que se le veían los tobillos por sus pantalones de “brinca-charcos”. Pero no tenía caso comprarse pantalones que le quedaran; dentro de un año él estaría en estado de coma para siempre.
—Todo el mundo conoce a Mal —Raven dijo, moviéndose un poco más—. Es un pendejo, pero no es tan cabrón.
—Él maldice bebés —Nate dijo.
—Fui maldecida cuando era un bebé, y tú no ves que por esa razón ande por ahí destruyendo a las clases bajas.
—Sí, pero tú eres un pájaro maldecido para ser capaz de hablar. Eso es más bien como una bendición. ¿Realmente te gustaría más ser como un pájaro normal? —Él sospechaba que había mucho más involucrado en la maldición de ella, pero ella nunca hablaría acerca de ello.
El olor de la villa llegó a ellos finalmente, una combinación de heces y drenaje, y Nate de nuevo recordó porqué él prefería el bosque. La gente era asquerosa.
— ¡Eey, vamos a ver al Sr. Stewart! —ella salió volando, volando bajo por la calle principal, así él sería capaz de seguirla.
Cómo ella cambió el tema, fue bastante obvio, pero Nate sabía que era mejor no presionarla. Raven no era la clase de pájaro que-habla-de-sus-sentimientos. Ella más bien era del tipo que tira-bichos-sobre-tu-cabello-hasta-que-tú-cambias-el-tema.
Nate siguió a Raven a través de la villa. La villa siempre había sido pequeña y pobre, pero recientemente comenzaba a mostrar señales de mejoras. Algunas de las casas tenían capas nuevas de pintura blanca y unos cuantos techos tenían paja fresca.
Los años siguientes a la Destrucción de la Gran Rueca de Hilar fueron tiempos oscuros. Los pueblerinos habían sido tejedores y comerciantes de textiles. Una vez que ellos perdieron la habilidad para hilar eficientemente, la economía completa se colapsó. Pronto, nadie podía costear los productos básicos y los tiempos se hicieron bastante oscuros, de hecho. Pasaron años en esta depresión, y un par de familias había reiniciado la industria juntándose para inventar, producir, y comerciar, algunas alternativas para la rueca de hilar. Como resultado, las villas habían comenzado a regresar, pero el progreso era lento. Aun y que los negocios lentamente volvían a la vida, las señales de los tiempos duros se mostraban en los rostros demasiado delgados de los niños que corrían alrededor.
Sin decirle nada a Raven, Nate dejó dos conejos en el porche de la casa de la herrera y corrió antes de que alguien pudiera verlo. Ella tenía tres niños y el cuarto venía en camino. Dos conejos significarían mucho más para ella que para Nate y sus guardianes. GalánBajo, GusandoDeLeche, y HierbaLoca eran duendecillos; ellos podían sobrevivir con platos de leche.
Él tuvo que esprintar para alcanzar a Raven, esperando que ella no hubiera notado su desviación. Si ella sabía que él estaba regalando la mayor parte de sus presas para alimentar a aquéllos que fueron dañados por el gobierno de sus padres, ella lo haría pasar un mal rato por ser tan sentimental.
Nate la alcanzó a una cuadra de la panadería del Sr. Stewart. Ella se encaramó en un poste de la verja teniendo una buena vista de la enorme ventana del aparador del Sr. Stewart. En una calle en horribles tonos grises y negros mayormente, la ventana de la panadería, sobresalía como una flor en el lodo: glaseados resplandecientes en azul, rosa y amarillo y tartas doradas parecían brillar en la luz. Dos de los niños de la herrera permanecían de pie con sus rostros presionados a la ventana como si pudieran comerse el aroma por sus ojos.
—Así que, ¿cuál es el plan? —él le susurró a Raven cuando se paró a un lado de ella, tratando de mantener una pose casual recargándose contra la verja y cruzando sus brazos.
—Ve ahí adentro y compra medio kilo de harina, entonces lo traes acá afuera —ella se veía tan emocionada, que no se podía quedar quieta en la verja, y seguía moviéndose para adelante y para atrás en su percha, batiendo las alas—. Esto va a ser grandioso.
Nate sintió una sonrisa acrecentándose en su rostro, en respuesta a la excitación de Raven. Esto era el por qué él no podía decirle “no” a ella: una Raven feliz era su cosa favorita en todo el mundo. Decepcionarla sería como negarse a comer el pastel en el día de su cumpleaños.
El olor en la panadería le hizo agua la boca, y casi estuvo a punto de darse media vuelta y salir por la puerta cuando vio al Sr. Stewart atendiendo ya a otro cliente: Lola.
—Hola, dulzura —Lola dijo cuando vio a Nate.
Nate sintió un sudor frío corriendo por su frente. Él arrastró su mirada lejos del tatuaje de la provocativa rosa que cubría el palpitante pecho que saltaba desde su apretado corpiño de encaje de corte-bajo. Solo consigue la harina y vete. Comprar harina en una panadería no es sospechoso. Ella no puede saber nada.
Lola no solo era el barman de la taberna; ella era un poco de todo del lugar. Tenía una reputación por aparecerse en el lugar correcto a la hora correcta y siempre parecía saber más de lo que cualquier otra persona normal posiblemente podría saber. Los rumores acerca de lo que ella podría ser, iban desde ser una bruja, un duende o hasta una diosa solitaria, pero cuando él trató que Raven sacara alguna conclusión, ella se había cerrado rápidamente a darle una respuesta y dijo que era mejor no saber.
Nate se concentró en los brillantes ojos morados de Lola. Ella le sonrió y Nate sintió una emoción de aterrorizada excitación correr por su columna vertebral. Su cabello negro rizado en un ciento de trenzas se ondulaba alrededor de su rostro, la masa de cabello rebotaba de forma tan dramática que parecía saludarlo.
—Señorita Lola, que gusto verla —Nate dijo con la voz más amable que pudo manejar con su quijada tan apretada.
—Oh, por favor, llámame Lola. La Señorita Lola es mi madre. Esos guardianes tuyos no te mantienen a raya, ¿verdad? —La mirada de Lola, mientras lo revisaba de pies a cabeza, lo hizo moverse inquieto hacia los lados, apoyándose en el mostrador.
—Medio kilo de harina, por favor —le dijo tan rápidamente al Sr. Stewart detrás del mostrador que sonó en una sola frase ‘mediokilodeharinaporfavor’. El Sr. Stewart asintió, mirando entre Nate y Lola con un fresco brillo de sudor en su frente regordeta. El Sr. Stewart era un hombre enorme, de más de seis pies de alto con un estómago redondo gigante que se extendía tan lejos en todas direcciones que se veía como si alguien hubiera rellenado su camisa con un saco de papas.
Nate arriesgó una mirada hacia Lola, quien todavía estaba ocupándose de él con un aire calculador que lo hizo desear haberse bañado con más cuidado.
—Ven acá, niño. Te ves ridículo —ella buscó en su escote y sacó un enorme par de tijeras tan largas como su antebrazo—. Voy a cortarte el cabello.
—No, así estoy bien. GalánBajo corta mi cabello una vez al mes. Lo hará esta semana, estoy seguro.
—GalánBajo tiene un sentido del humor aún más oscuro que tu amigo emplumado y te ves hecho un desastre. Ven acá. No te cortaré a menos que te muevas.
—Mejor que hagas lo que ella te dice, muchacho —el Sr. Stewart le dijo mascullando a Nate cuando le entregó la bolsa de harina—. Es Lola.
— ¿Bueno? —Nate sostuvo la bolsa de harina apretada en su mano, cerró sus ojos, y esperó lo inevitable. Se esforzó para no estremecerse cuando los sonidos cortantes de las tijeras trazaron patrones desconocidos por encima de su cabeza. Se esforzó para no retorcerse cuando pensó que sintió un jalón por su camisa y los bordes de la parte inferior de las piernas de sus pantalones.
Y se esforzó para no gritar como una niñita cuando oyó a Lola murmurar en su oído: —Estás en deuda conmigo, cariño.
Nate abrió sus ojos, mirando a su borroso reflejo en el vidrio del mostrador. Su cabello se veía sorprendentemente bien, todavía un poquito picudo, pero de una forma que acentuaba la línea de sus pómulos y de alguna manera hacía que sus ojos azules se vieran más llamativos.
— ¿Qué? ¿Cómo? —él tartamudeó, casi dejando caer la harina.
También arregló sus ropas, ahora le ajustaban bien. Por primera vez, era obvio que él finalmente había dejado atrás la pubertad. Sus hombros y pecho finalmente se habían ensanchado por todas sus tareas de cortar leña y acarrear agua desde el pozo. Sus muslos y pantorrillas eran fuertes por montar a caballo.
Lola sonrió, mostrando sus dientes, y giró las tijeras alrededor de su dedo índice. El metal relumbró con la luz. —Son el regalo de una amiga. Estas bebés una vez me ayudaron a rescatar a un príncipe en una torre, con su cabello tan largo, que no lo creerías. Ahora, esa sí era una mala maldición para un bebé —guiñándole un ojo, ella se contoneó saliendo por la puerta y desapareció caminando por la calle.
Nate oyó un ruido de aire detrás de él y se dio cuenta que el Sr. Stewart había dejado escapar su respiración contenida, al mismo tiempo que él.
— ¡Que tenga un buen día! —Nate dijo, cuando salió por la puerta a la carrera con la harina en mano. Cruzando la calle, oyó un chiflido viniendo desde su izquierda y vio a una de las chicas de la villa mirándolo.
—La chica volteó a ver a su amiga y dijo, un poco demasiado fuerte: — ¿Ese es Nate? ¿El chico con el pájaro parlante? Diablos.
Hasta Raven, cuando él se acercó a ella, lo estaba mirando de arriba-a-abajo, como si nunca antes lo hubiera visto.
— ¿Qué pasa? —Nate le preguntó.
—Nada, es solo que… estás…mmm… creciendo —ella dijo.
— ¿Nadie se había dado cuenta antes de que ya tengo diecinueve años? — ¿Raven realmente no se había dado cuenta? Era posible que por verlo casi todos los días, ella no hubiera puesto atención a las diferencias, y ciertamente él estaba agradecido de que a su voz ya no le salían “gallos” cuando hablaba.
Por supuesto, era posible de que como ella siempre se estaba concentrando tanto en meterlo en problemas, no se había preocupado por su apariencia.
Que por cierto… Nate le ofreció la bolsa de harina a Raven. — ¿Qué hago con esto?
Raven meneó su cabeza como si estuviese tratando de aclarar sus ideas y sujetó el borde superior de la bolsa con sus garras.
—Observa esto —ella dijo.
Raven voló encima de la calle, depositando la bolsa justo encima de la puerta de la tienda, luego volando de regreso a encaramarse sobre el hombro de Nate.
—Ahora espera… —ella le dijo. Ella revoloteó frente a la ventana, graznando, hasta que el Sr. Stewart abrió la puerta para ver cuál era el escándalo.
La bolsa cayó desde la parte superior de la puerta cuando se abrió, explotando sobre la cabeza y todo el pecho del Sr. Stewart. El polvo blanco lo cubrió de la cabeza a los pies.
— ¡Malditos niños! —él gritó, sacudiendo su puño, y luego regresó al interior de la tienda.
Raven voló de regreso para posarse en la verja a un lado de Nate, riendo histéricamente.
— ¿En serio? ¿Eso fue todo? —Nate dijo—. Después de toda la preparación y suspenso, realmente esperaba algo más dramático.
Raven suspiró con fastidio. —Pues bueno. La próxima vez pensaré en algo más dramático para ti, Sr. Grandes Expectativas —graznando una vez más, fastidiada, voló alejándose hacia las montañas, a cualquiera que fuera el lugar a donde iba por las noches.
Te amo.
—Probablemente no debo decirle —él masculló.
Balanceando la bolsa con el conejo muerto sobre su hombro, Nate se apuró para llegar a casa.
***
— ¿Por qué pasas tanto tiempo con ese príncipe raro y maldito? Es tanto, que ya casi no te veo —La voz de Mal siempre subía un octavo cuando él estaba molesto, y a Raven cada vez que sucedía, le parecía hilarante.
—HierbaLoca, GusandoDeLeche, y GalánBajo son fenomenales para morir de risa. Verlos tratando de cuidar a un bebé es mucho más divertido que un circo viajero —seguro que eso había sido el atractivo al principio, pero ella no estaría a punto de decirle a Mal la verdadera razón por la cual volaba casi todos los días para ver a Nate. Se pondría como loco. Que los normales no te importen era el lema de vida de Mal, o ese sería si él alguna vez estuviera lo suficientemente sobrio como para elaborar uno.
Ella suspiró mientras caminaba por la recámara de Mal, ajustando el corsé de cuero negro cinchado apretadamente alrededor de su torso para que su escote resaltara un poco más.
—Él ha dejado de ser un bebé desde hace años, Raven —Mal se quejó—. Pronto le golpeará su maldición. Cualquiera que sea él aspecto que estás trabajando con ése chico, debes dejarlo por la paz, ahora. Él es una causa perdida —Raven estaba honestamente sorprendida de que Mal se había dado cuenta del mucho tiempo que ya había pasado. Cuando él estaba bebiendo, algunas veces se le olvidaba en qué siglo estaban.
—No hay ningún aspecto, Mal. Simplemente me estoy divirtiendo —ella apretó las correas de cuero atando a Mal al sólido marco de roble de la cama—. Me convierto en un estúpido pájaro cuando el sol se levanta. Difícilmente soy el tipo de persona que simplemente evita a alguien porque está maldito.
—Así que, ¿no te sientes ni un poco mal por tu bromita? Deliberadamente manipulaste la maldición para todas esas personas, separándolo de su familia y condenando a la mitad del reino. ¿Realmente no te arrepientes de nada? Mal se flexionó, pareciendo probar la fuerza de sus ligaduras.
—De nada en lo absoluto —Raven desató su falda cayendo ésta al piso, ahora su cuerpo humano completamente expuesto, con excepción del apretado corsé, sus tetas liberadas y empujadas hacia arriba—La gente de la realeza son unos idiotas. Todo lo que sucedió, se lo hicieron a sí mismos —ella sonrió—. Ahora, ¿comenzamos?
—Sí, mi ama —Mal tomó aire.
Raven se tomó un momento para serenarse. Todo este asunto de la “ama diabólica” que encendía a Mal, no era su estilo. Pero de vez en cuando, ella lo ataría y le daba lo que quería. Era lo menos que ella podía hacer por alguien con quien había estado por tanto tiempo. Era afortunado para ambos que la naturaleza de su maldición no le permitía envejecer, de otra forma él tendría que encontrar una secuaz cada sesenta años más o menos.
Había perdido la cuenta del número de años que había estado con Mal, pero ahora que ella estaba observando crecer a Nathan, los días ya no eran tan borrosos, todos juntos, como solían ser.
Ella suspiró, sacando las pequeñas pinzas de un cajón cercano. Realmente espero que Mal encuentre una buena chica dominante, algún día.
—Dime rápidamente, ¿cuál es la palabra segura? —Raven sujetó una suave fusta de cuero de las hileras de juguetes colgados equidistantes a lo largo de la pared.
—Es rueca de hilar, mi ama.
—Qué simpático —ella dijo.
Su gruesa polla se paró dura en atención, tan pronto como Raven aseguró su última extremidad con los sujetadores de cuero. Mal no era un hombre poco atractivo, realmente. Tenía un pecho ancho, buenos brazos, y hace años había lanzado un hechizo para asegurarse de que su rostro nunca perdiera sus atractivas facciones, pero con todo lo que había bebido durante siglos lo había hecho verse un poco ojeroso.
Y ella se preocupaba por él. No era amor, Raven no estaba segura de ser capaz de algo tan sensiblero y sentimental, pero Mal era como familia. Familia con beneficios. Raven frunció el ceño. Probablemente esa no es la mejor frase.
Su respiración se detuvo por la excitación cuando ella se movió para tocarlo, la punta de la fusta deslizándose y jugando por su pecho desnudo. Ser una dominante no era lo suyo, realmente, pero ella disfrutaba al ver feliz a Mal. Y la sensación de su cuerpo duro entre sus piernas, mientras ella lo montaba a horcajadas, se sentía grandioso. Ella se inclinó hacia delante para frotar la longitud de su polla lentamente. Mal gimió con su toque y sacudió sus caderas hacia delante.
—No, no muchacho malo —Raven trató de entrar en su papel. Hazlo en grande o vete a casa, supongo—. Tu ama está en control —ella dejó de frotarlo por un momento y ajustó las pinzas en los pezones de Mal. Se movió hacia arriba para montar su pecho, volteándose hacia atrás mientras dejaba rastros de mordidas y pellizcos por su cuerpo a lo largo de su marcado abdomen. Ella besó la cabeza de su polla, jugueteando con su lengua rápidamente. Mientras se inclinaba hacia delante, presentó su culo frente al rostro de Mal, mirando sobre su hombro para ver su reacción. Mal ya estaba jadeando excitado. La sola vista de lo que ella le podía hacer a un hombre la hizo mojarse.
— ¿Quieres mi boca? —ella preguntó, con voz profunda y ronca.
—Oh, por Dios, sí mi ama. Quiero cogerme tu boca.
—Bueno, entonces, debiste haberte comportado —abruptamente ella se deslizó hacia atrás, posicionando su hendidura sobre el rostro de Mal—. ¡Discúlpate con tu ama! —Ella golpeó el costado de Mal con la fusta, solo lo suficiente para hacerlo sacudirse con el dolor repentino, pero no lo suficiente para dejarle marca.
La boca de Mal atacó hacia arriba, su lengua acariciando su sensible esencia. Ella podía ver los músculos de él esforzándose y flexionando cuando tiraba de las correas mientras se movía instintivamente para tocarla. Eso es súper ardiente.
— ¡Oh, mierda!—Ella gimió, moviéndose ligeramente para asegurarse de que él todavía podía respirar bajo ella. Le encantaba la sensación de su lengua caliente lamiendo sus pliegues, cómo él clavaba su lengua dentro de su entrada, una y otra vez. Habían estado juntos por tantos años; él sabía exactamente dónde le gustaba.
Raven podía sentir la excitación aumentar entre sus piernas, el ardiente cosquilleo comenzando a correr por sus piernas hasta su pecho, haciendo que los dedos de sus pies se enroscaran en las sábanas.
— ¡Cómete ese coño!
La contestación de Mal de “Sí, ama” fue ahogada contra el cuerpo de ella, y la vibración de sus palabras combinada con la chupada en su clítoris envió a Raven sobre la cima.
— ¡Mierda! Ella gritó, estremeciéndose sobre Mal, agarrándose del duro cuerpo de él, debajo de ella. Montó su rostro hasta que los últimos espasmos de su orgasmo se liberaron y luego lo desmontó, tocando ligeramente con un dedo, la mojada nariz de Mal, diciendo:
—Pum —y le sonrió.
Raven retiró las pinzas de los pezones de Mal, mirando con algo de satisfacción cuando la sangre se apresuró en su tejido, previamente privado de ella. Ella se recostó a su lado en la cama y llevó su boca hasta el pezón de Mal, chupándolo con fuerza. Con su mano libre, Raven alcanzó entre sus piernas y cubrió su mano con su humedad, llevándola hasta el otro pezón de Mal, frotando el duro botón entre sus dedos empapados.
—Gracias, mi ama —Mal gruñó. Raven trató de evitar sonreírse. La cabeza de él estaba echada para atrás, cubierta en sudor, y su respiración entrecortada. Hacerlo esperar más probablemente lo mataría.
Ella rodeó la cama una vez más, apretando las correas que lo ataban a los postes. Las correas se enterraban en su carne, pero si su sonrisa era una indicación, eso era exactamente lo que él quería. Desde el pie de la cama, ella deslizó sus manos arriba y abajo a lo largo de sus piernas, arrastrando sus uñas ligeramente para dejar pequeños rasguños en sus pantorrillas. Él gimió y sacudió sus caderas. Raven se arrastró por su cuerpo hasta que su abertura estaba suspendida sobre su verga, tentando con su entrada la punta de su polla.
—Dime que me deseas —ella apoyó sus caderas a lo largo de su mástil.
—Oh si, ama, te deseo —él estiró más duro las correas, tanto, que ella se preocupó de que el cuero podría desgarrarse.
— ¿Quieres que te coja? —Raven bajó su cadera ligeramente, tomando solo la punta dentro de ella, y se detuvo. Su polla se sentía tan bien frotando contra su clítoris y ella la alcanzó para mantenerla quieta mientras movía sus caderas para atrás y para adelante, cogiendo solamente la punta de él.
—Si, ama.
— ¿Quieres que —ella bajó en él un poco más—monte tu gorda polla hasta que dispares tu leche caliente dentro de mí? —Ella podía sentir como volvía a aumentar su excitación, la deliciosa fricción del cuerpo de Mal contra el de ella, calentándola aún más intensamente que antes.
— ¡SÍ, MI AMA! Los ojos de Mal se veían salvajes llenos de necesidad.
—Oh, entonces, eso es bueno —Raven se deslizó en su longitud, empalándose en él. Dejó escapar un pequeño gemido mientras su vagina se estiraba para tomarlo completamente. Mierda, eso se siente bien. Ella agarró con sus uñas el abdomen de Mal y comenzó a moverse, sintiendo cada centímetro glorioso de él deslizándose dentro y fuera.
Disminuyendo ligeramente el movimiento, Raven se inclinó hacia delante para sujetar los hombros de Mal para ajustar su posición y así su polla frotara el revestimiento de su pasaje. Sus pezones endurecidos frotaron el pecho de Mal mientras ella se movía, haciéndola gemir con cada sensible toque.
—Mi Ama —Mal gruñó—. Mi Ama, ¿me puedo venir?
Raven se enderezó, rebotando sobre él más fuerte y rápido, sintiendo cómo su calor se convertía en chispas. Ella estaba tan cerca, solo necesitaba un poco más…
— ¿Ama? —Mal ahora estaba suplicando.
Con unos pocos bombeos más, Raven estiró su mano y presionó su palpitante clítoris. Por un segundo, la imagen de Nate saliendo de la panadería, viéndose como un joven dios, destelló en su mente.
— ¡Sí! —ella gritó, quedándose sin aliento.
Con un grito sin palabras ella se vino, con espasmos alrededor de la polla de Mal haciendo eco el rugido de él mientras la llenaba con su descarga.
Jadeando, ambos quedaron tumbados en la cama, sudorosos y exhaustos.
—Gracias, mi ama —dijo él, jadeando.
Raven le dio un rápido beso.
—Vamos a liberarte de estas correas —ella le dijo.
***
—Nathan Robert Augustus Magellan! —Auuch, diablos, me está llamando por mi nombre completo, Nate hizo una mueca. — ¡Si no regresas en este momento y limpias tu habitación voy a patear tu trasero real! —HierbaLoca gritó, portando su escoba desde los escalones del porche.
Nate se escondió en los arbustos, agradecido porque GusandoDeLeche los había dejado crecer para que el grande y fuerte Nate actual, todavía pudiera usarlos como un espacio para esconderse cuando quería escaparse de sus tareas. En menos de un mes él cumpliría veinte años y caería en el eterno sueño. Él nunca entendió la obsesión con la limpieza de HierbaLoca. ¿Realmente tenía que ver el piso bajo las ropas sucias de Nate? El piso era de tablillas de madera. Nadie necesitaba ver eso.
¿Nate se sentía como si tuviera siete años de edad cuando se escondía tras los arbustos para evitar sus tareas? Completamente. ¿Le importaba? Ni siquiera un poco.
— ¡Y mientras él te golpea el trasero, abriré la cavidad de tu pecho y la rellenaré con hongos rancios! —GalánBajo gritó, caminando alrededor del exterior de la casa.
Nate sabía que GalánBajo no cumpliría ninguna de sus amenazas, era un sentimental bajo toda su fanfarronada, pero si Nate permanecía ahí por el tiempo suficiente, las amenazas se harían lo suficientemente creativas para revolverle el estómago.
Era mejor que simplemente se escabullera antes de que vinieran a buscarlo.
Los árboles se veían hermosos en la luz matutina. Rayos de luz caían a través de las hojas, cubriendo el suelo del bosque con patrones moteados de sombras. Una flor silvestre blanca crecía en un lado del camino y acarició suavemente sus pétalos.
Cuando él era más joven, había tratado de llevar flores para Raven, pero ella solo trató de comérselas. Y le dijo que la próxima vez que se sintiera generoso, debería traerle whiskey en vez de flores.
Nate continuó en el camino, escuchando el suave trinar de los pájaros y un crujido detrás de uno de los setos que sonaba como un venado. Él había aprendido, hace mucho tiempo, a no mencionarle sus observaciones de la belleza de la naturaleza a Raven. Ella pasaría el resto del día burlándose de él. Sus guardianes trataban de convencerlo de que las hembras eran criaturas sensibles, pero la mayor parte del tiempo, él se sentía como el compañero frágil en la amistad.
Él buscó a Raven a su alrededor. Ya casi era mediodía y todavía no la había visto. La extrañaba. Ella no le contaría acerca de qué hacía o a dónde iba cuando no estaba con él, y mientras la hora de su maldición se acercaba más, se encontraba a sí mismo inexplicablemente celoso, de lo que fuera que la mantuviera lejos de él.
Nate sabía que la amaba. No como la lujuria o afecto que él sentía por las chicas de la villa quienes, después del día en la panadería, habían comenzado a empujarlo en las caballerizas y en montones de paja para salirse con la suya. Y no era que él se quejara.
Raven era especial. Su mente era rápida y sorprendente, su ingenio siempre gracioso y siempre decía exactamente lo que él necesitaba escuchar. Era la criatura más insensible que él alguna vez había conocido, pero la forma en que ella llegó a ser con él cada día, la había convertido en su travieso ángel guardián.
Si tan solo fuera humana… Él suspiró, dejando caer sus hombros.
—Eey, ¿quién se murió? Te ves todo deprimido y con rollos —Raven bajó volando y aterrizó sobre su hombro. El corazón de Nate dio un vuelco en su pecho y luchó para evitar que la profundidad de sus sentimientos se mostrara en su rostro.
—Ne, estoy bien, solo contemplando lo imposible.
— ¿Como la mirada imposiblemente sorprendida en el rostro del Sr. Stewart cuando caiga de bruces encima de su propio pastel? —Ella batió sus alas volando en el aire y aterrizando en su otro hombro, picoteando en su cuello —Dijiste que querías una broma más dramática. Sígueme.
Nate conocía ese tono. Era la voz de cuando ella estaba a punto de provocarlo a hacer algo extremadamente loco.
¿Por qué no? Dentro de un mes dormiré para siempre.
—Diablos que sí, vayamos.
Nate tuvo una sensación de deja-vu mientras siguió a Raven a través del bosque hasta la villa. Era la sensación de que anteriormente, él ya había hecho mil veces esta misma cosa, siguiendo a Raven a donde quiera que ella quisiera ir. Con maldición o sin ella, él deseó poder encontrar una forma para seguirla por siempre.
Ellos rodearon el recodo y se dirigieron hacia la Calle Principal, escondiéndose detrás de la casa de empeño. Nate inmediatamente pudo ver lo que Raven tenía en mente. El plan era perfecto.
Alguna clase de gran evento estaba a punto de suceder hoy en el templo, una boda o un funeral o algo. Nate no llevaba registro de estas cosas, pero si estaba un poco interesado en el enorme pastel que el Sr. Stewart había hecho para la ocasión.
El pastel era inmenso, capas sobre capas de chocolate con enormes flores de glaseado rosa y rojo danzando a lo largo de los bordes en gráciles lazos y rizos. Fácilmente pesaría lo que un hombre adulto, tan alto como el torso de Nate y el doble de grande en derredor. La ventana del aparador del Sr. Stewart, como siempre, estaba llena de hermosos pasteles y tartas de todos los tamaños, pero ninguno de ellos era tan grande como éste. Este no era un pastel, era El Pastel.
Tuvieron que cargarlo entre tres hombres hasta llevarlo al carro que esperaba para llevar la monstruosidad al pueblo. Los hombres se inclinaban bajo su peso mientras el Sr. Stewart gritaba de pie desde la entrada de su tienda.
— ¡A la izquierda, hombre! ¡No, tú no! ¡Anderson! ¡Tú a la izquierda! ¡Quiero decir mi izquierda! Sí, eso es. ¡Así van bien!
El pastel viraba a la izquierda y derecha mientras los hombres luchaban por levantarlo y ponerlo en el carro. Los niños de la villa estaban alineados en ambos lados de la calle, mirando fijamente la montaña de chocolate con la boca-abierta en admiración.
—Así que, ¿cuál es el plan? —Nate susurró a Raven. Había tantas posibilidades. El carro no estaba balanceado tremendamente bien. Con la palanca apropiada y aplicando fuerza, el carro podría actuar como una catapulta, lanzando todo el Pastel por la calle. El miró a los techos que los rodeaban buscando un piano en una polea o algo. El lema de Raven era “hazlo en grande o vete a casa”.
—Sólo haz lo que te diga y verás —ella rio pícaramente.
Nate se encogió de hombros e hizo lo que ella le dijo. Colocó una cubeta exactamente a dos pasos detrás de los pies del Sr. Stewart donde él no la viera. Eso no se parecía a un gran plan.
Raven se encaramó sobre su hombro. —Y vamos por el proyecto pastel en tres…dos…uno —ella susurró—. Ahora.
Poniendo su cara más inocente y caminando casual, Nate se paseó hasta llegar a los hombres quienes todavía trataban de balancear el Pastel en el carro. El Sr. Stewart estaba quejándose alrededor del pastel, asegurándose de que estuviera perfectamente balanceado y empacado en el carro desvencijado.
—Ya casi queda listo, muchachos —el Sr. Stewart dijo, frotando su barriga mientras examinaba el acolchado del carro y haciendo cambios de último minuto.
—Y, ¿qué tenemos aquí? —Nate preguntó. Mientras habló, se recargó en el frente del carro, poniendo todo su peso en él y así éste, se inclinó hacia él. La capa superior del Pastel se movió ligeramente, deslizándose en dirección de la inclinación.
— ¡Espera! ¡Cuidado! —El Sr. Stewart se apresuró hacia delante, sujetando el borde posterior del carro, empujándolo hacia abajo para nivelarlo.
Nate saltó hacia atrás, soltando el frente del carro y ahora todo el peso era del Sr. Stewart presionando hacia abajo en la parte posterior.
La parte superior del Pastel se movió, haciendo que la repentina inclinación lo derribara lentamente, como si fuera en cámara lenta, directamente hacia el rostro del Sr. Stewart.
¡Esto es todo! Eso fue mucho más fácil de lo que pensé. Nate sonrió con la anticipación, ya esperando para que el Pastel salpicara todo el rostro regordete del Sr. Stewart.
— ¡No! —El Sr. Stewart gritó, brincando hacia atrás desde el carro y así, justo a tiempo, se corrigió por sí mismo y se balanceó en su lugar. El Pastel estaba a salvo.
Pero el Sr. Stewart no lo estaba. Él se tropezó con la cubeta que Nate colocó cuidadosamente, casi cayéndose mientras sus brazos giraron para recuperar su equilibrio. Justo cuando él comenzaba a recuperar el equilibrio, Raven pasó volando a dos centímetros de su rostro regordete, arreándolo hacia atrás hacia los edificios y lejos del Pastel.
— ¡Aah! —Automáticamente, las manos del Sr. Stewart se levantaron para espantar al pájaro. Todavía desequilibrado sobre sus pies, él cayó hacia atrás como un gigante derribado de una planta de frijoles mágicos.
Directamente en la ventana de su aparador.
La lluvia de vidrios fue extraordinaria, seguida por el choque de docenas de pasteles y tartas lloviendo en su rostro y en la calle. Los platos rodaron por el empedrado. El glaseado y flan cubrió las cunetas. El olor de azúcar, chocolate, y crema, llenó la calle.
Por todo el lugar, la gente corría, gritando unos a otros: — ¿Él está bien?
— ¿Qué pasó?
— ¿Lo viste?
— ¿Está bien el pastel?
—Oh dios mío, me encantaba esa ventana.
— ¿Él está herido? —El parloteo del chismorreo resonaba de ida y vuelta como un disparo.
La Sra. Stewart vino apurada desde el interior de la panadería y todos se callaron como si estuvieran en un cementerio. Ella se arrodilló al lado de su esposo y lo ayudó a sentarse contra el alféizar de la ventana.
La sangre corría por un lado de su rostro desde la laceración en su mejilla, pero era difícil ver la herida bajo todas las capas de masa y glaseado que lo cubrían.
—Estoy bien, estoy bien —él murmuró mientras su esposa usaba su delantal para limpiar lo peor de la herida.
Nate dejó escapar la respiración que él no había notado se había estado aguantando.
Fuimos demasiado lejos.
Buscó a su alrededor a Raven y finalmente la encontró encaramada en el techo opuesto a la destrucción, parcialmente oculta detrás de la chimenea. Después de una broma exitosa, normalmente ella estaría volando alrededor de su cabeza, carcajeándose salvajemente y repasando cómo todos los elementos de su plan habían sido conjuntados perfectamente.
Los niños Stewart salieron de la tienda, vacilantes, todos los cinco, expresiones de horror aterrorizado en cada uno de sus pequeños rostros. El mayor se veía como de once años, el menor no mayor de cuatro.
—Mamá, ¿Papi está bien? —el mayor preguntó, su voz aguda y temblorosa con los ojos llenos de lágrimas.
La Sra. Stewart asintió, estirando uno de sus brazos para abrazar junto a ella al más pequeño; si era para consolar al niño o para su propio consuelo, eso no estaba claro.
—Está bien, mis dulces —ella les dijo—. De alguna forma nos las arreglaremos para hacer más pasteles.
Mierda, Nate pensó, viendo la carnicería de chocolate en una nueva luz. Esta era su forma de vida. El Pastel estaba bien, pero todos los demás productos estaban tirados en la calle. Nate no tenía ni una idea de cómo la gente normal costeaba las cosas que necesitaban, pero estaba bastante seguro de que las cosas se acababan de poner más duras para la familia Stewart.
Él se adelantó hacia ellos, sin estar seguro de qué iba a decir. Palabras de disculpa, ofrecerse a pagar por todo, promesas de arreglar todo el desastre volaron por su mente, pero ninguna de las palabras saldría. Él abrió su boca para tratar de decir algo, cualquier cosa, cuando una voz retumbó por la calle.
— ¡Háganse a un lado todos! Denle algo de espacio a esta gente —era Lola, en toda su gloria de seda negra y escote, rauda y veloz por la calle con una bolsa casi tan grande como el Pastel, atada a su espalda.
Por supuesto, Lola está aquí. Las manos de Nate comenzaron a temblar. Raven y él habían puesto las vidas de personas en peligro y ahora ellos tenían que contestar ante la autoridad. Y, ya fuera o no oficial, eso significaba Lola.
Sus ojos color violeta observaron toda la escena antes de aterrizar con el Sr. Stewart, quien miraba fijamente unos bordes de masa de una tarta en el lodo, con triste expresión. Aunque la mirada de Lola estaba fija en el Sr. Stewart, el brazo de Lola arremetió hacia un lado para apuntar infaliblemente al pecho de Nate, y luego arriba a donde Raven todavía estaba medio-escondida detrás de la chimenea.
—Tú y tú. Ustedes se quedan —ella giró hacia los niños Stewart. Su voz se suavizó y sonrió—. Todos ustedes vuelvan dentro de la casa. Vayan y traigan tantas cubetas de agua como puedan acarrear desde el pozo de agua —los niños asintieron solemnemente y corrieron dentro de la casa para agarrar cubetas. Lola les sonrió al Sr. y Sra. Stewart y dijo—: Eso deberá mantener ocupados a los pequeños y sin estorbar —Lola volteó a ver a Nate con mirada acerada. —Ahora que lo pienso, tú también ve a traer agua. Luego tú y tu amiga emplumada van a tener una plática conmigo.
Nate estaba agradecido por la tarea para ocupar sus manos y así poder aclarar sus pensamientos. Solo quería una distracción de mi perdición venidera, él pensó mientras corría hasta el pozo. Él siempre había sabido que no duraría mucho en este mundo. Cuando cumpliera los veinte años, eso sería todo. Adiós mundo, gusto en conocerte. No era como si él pudiera hacer un impacto en el reino en tan corto tiempo. De hecho, ¿qué tanto podría él lograr antes de cumplir los veinte?
Aparentemente, tengo suficiente tiempo para arruinar la vida de una familia. ¿Cuánto les habrán costado esos pasteles y tartas? ¿Era la paga de una semana? ¿De un mes? ¿Podrían los niños ser capaces de costear sus cuotas escolares?
Raven aterrizó en su hombro y por primera vez, que él pudiera recordar, se la sacudió de encima.
—Esto es culpa tuya —él le dijo—. No tenía idea de que estuvieras planeando destruirlo todo.
—Lo siento mucho —Raven dijo, volando a un lado de su rostro—. No pensé que fuera a ser tan… tú sabes, cuando sucedió. Solo pensé que sería gracioso.
— ¿Gracioso? ¿Pensaste que un tipo cayendo a través de una ventana sería gracioso? Él pudo haber muerto, Raven —Nate corrió, rebasándola, hasta el pozo, para acarrear el agua. Estaba agradecido porque el dolor que le causó la cadena oxidada clavándose en sus manos, lo distrajo del dolor en su pecho.
—Lo sé, no pensé. Nunca pienso —ella aterrizó en el borde del pozo, con su cabeza inclinada—. Tienes razón. Él pudo haber muerto solo porque yo quería ver unos pasteles destrozados.
No dijeron nada mientras Nate acarreó las dos cubetas de agua de regreso a la panadería. Raven volaba detrás de él cuando pasaron por los vidrios rotos y la repostería arruinada, siguiendo los sonidos de las voces hasta una habitación trasera. Lola estaba aplicando una variedad de lociones y parches que sacaba de las profundidades de su enorme bolsa, en las cortadas del rostro y cuello del Sr. Stewart.
—Pon esos en el baño, Nathan —Lola dijo, sin voltear hacia la entrada para verlos ni una sola vez. Uno de los niños recargado contra la pared de la habitación apuntó hacia la puerta opuesta en el pasillo y Nate puso en el suelo las cubetas, tan silencioso como le era posible.
Cuando él regreso, Lola le estaba entregando dos botellas a la Sra. Stewart, explicándole rápidamente cómo usarlas. —Su esposo, debe estar bien en unos cuantos días —Lola le dijo.
—Pero nosotros no podemos pagar… —la mujer comenzó a decir.
—Considérelo como un préstamo hasta que recuperen lo perdido —ella sonrió y se puso de pie, su expresión tranquilizante se convirtió en enojo tan pronto como ella se alejó de la Sra. Stewart y encaró a Nate.
—Nos vemos afuera, enfrente de la casa, jovencito.
—Sí, señora —él dijo, y se apuró a bajar las escaleras hacia la calle.
El pastel esparcido en la calle estaba comenzando a atraer insectos y sabandijas. Una rata enorme se llevó por la calle, un pedazo de tarta casi tan grande como su cuerpo, esquivando las piedras que los niños le lanzaban.
—Nathan Robert Augustus Magellan, ¿tienes algo que decir para defenderte? —Lola dijo, tan pronto como estuvieron en la calle.
—Lo siento mucho. Solo quería hacer una pequeña broma, por diversión. No pensé que sería…—él se detuvo en seco—. ¿Cómo es que sabes mi nombre completo?
—Yo sé cosas —ella respondió brevemente. Lola volteó hacia Raven, quien había aterrizado en el suelo junto a los pies de Nate—. ¿Y usted qué, jovencita?
—Las acciones tienen consecuencias, frecuentemente no intencionadas —Raven dijo suavemente—. Ahora estoy comprendiendo eso.
— ¿Y qué van a hacer al respecto? —Lola empujó en el pecho de Nate con fuerza suficiente para hacerlo tambalearse unos pasos hacia atrás, deslizarse en algo de glaseado rosa y aterrizar sobre su culo en un montón de crema de mantequilla.
—Me voy a casa.
Lola levantó una ceja mirándolo. — ¿En serio? ¿Eso es todo? ¿Sólo te das por vencido y huyes?
—No, no a esa casa —Nate dijo lentamente, la idea iba acomodándose en su mente mientras la decía —Necesito regresar al castillo de mis padres. Pensé que no tenía tiempo suficiente para hacer nada, pero muchas cosas pueden suceder en unos pocos días —él apuntó al caos alrededor—. Muchas cosas pueden suceder en solo unos pocos segundos. Quizás si uso mis últimos días tratando de convencerlos de que sean mejores gobernantes, puedo resarcir algo del daño que he hecho.
Lola lo miró, con una expresión inescrutable en su rostro. —Entonces debe ponerse en marcha, su alteza. Buena suerte —ella le dijo.
—Nate, estoy tan apenada por todo esto —Raven dijo, volteando hacia Nate y mirándolo a los ojos por primera vez desde que ella propuso la broma.
—Y debes estarlo —él le dijo. Se sintió terriblemente tan pronto como dijo sus palabras—. Si voy a hacer esto, lo debo hacer por mí mismo. Solo. Vete a donde quiera que sea que vas en las noches, y no regreses —Él fijo sus ojos con los de Lola y pudo ver en la tristeza alrededor de sus ojos que ella supo lo que él estaba haciendo. Su penitencia por la broma no era irse antes de tiempo a ver a sus padres; era perder a Raven.
¿Pero no es eso lo que crecer significa? Él pensó, sintiendo un nudo creciendo duro y frío en su pecho. ¿Perder las cosas que hacen tu vida más fácil?
Raven no le contestó nada, solo voló para aterrizar en el hombro de Lola. Él no estaba esperando alguna reacción de ella, en realidad no. Ella no era del tipo que le diría si él había herido sus sentimientos. Él ni siquiera estaba seguro de que ella tuviera sentimientos. Esto lo hizo sentirse todavía peor.
— ¿Y qué conmigo? —Raven dijo—. ¿Tienes alguna penitencia para mí? —Su voz se quebró, y la sinceridad detrás de la misma, sonó auténtica.
Lola la miró y su expresión, por primera vez desde que irrumpió por la calle, destelló lástima.
—Tú tienes problemas mucho más grandes —Lola le contestó.
***
— ¡Le echaste una maldición a otro bebé por eso estoy molesta! —Raven batió sus alas agitadamente. Meterse en una discusión antes del anochecer siempre era terrible; ella carecía de la habilidad para dar portazos o lanzar un golpe si era necesario. Consideró cagarse sobre la cabeza de Mal, pero con bolas de fuego a su disposición, normalmente él ganaba cualquier pelea que involucrara lanzar cosas.
Mal cerró de un portazo la pesada puerta de roble, haciendo temblar las paredes de piedra de la torre con la fuerza de su rabia. — ¡Me pisó el pie! —las palabras encolerizadas hicieron eco por los pasillos laterales.
—No, imbécil. Su padre te pisó el pie —Raven se movió sobre su percha cerca del alféizar de la ventana, vigilando la rápida puesta de sol. —El bebé no estaba en ningún lugar cercano a ti —ella pudo sentir el comienzo de su cambio, sus plumas cayendo en cascadas, dejando detrás piel suave—. El hombre apenas si arañó tu tacón. ¿Qué te puso hoy de tal genio?
— ¡Eran mis zapatos favoritos! —Mal gritó con una voz un octavo más alto de lo normal.
El mundo de Raven se encogió cuando su cuerpo se disparó en tamaño. Ella podía sentir sus huesos cambiando y creciendo bajo su piel, y una ligera sensación de comezón cuando su fiero pico se inyectaba dentro de su rostro, reemplazado por una nariz humana y la boca fruncida. Raven se paró frente a Mal, completamente transformada, golpeando el dedo de su pie desnudo contra el suelo, con impaciencia.
— ¿De qué se trata esto realmente?
Mal ondeó su mano dramáticamente y aparecieron dos vasos de whiskey, flotando en una bandeja de plata, delante de ellos. Él le entregó uno a Raven y tomó un generoso trago del otro vaso.
—Te solía encantar que maldijera personas. Bebés, a los viejos… ¿Recuerdas a ése jorobado de Arco Fuerte? Reíste tan duro que te quedaste sin plumas.
Raven dio un trago a su vaso de whiskey, pensativamente. —Eso fue bastante gracioso en su momento. Pero ¿no te sientes mal alguna vez? —Ella suspiró felizmente cuando el calor del whiskey se extendió a través de ella como un abrazo alcoholizado—. ¡Estas son personas de verdad! ¿Siquiera te acuerdas de todos ellos?
Mel la miró obnubilado. — ¿Por qué querría hacer eso?
Con un suspiro, Raven se dejó caer en un sillón de cuero café, hundiéndose profundamente en su cómodo apoyo. —Ese es el punto exactamente. Dentro de años, ni siquiera recordarás esos zapatos. Pero ese bebé que maldijiste hoy será un hombre con un brazo extra creciendo desde su culo.
Mal se rio. —Estoy bastante orgulloso de esa maldición.
— ¿Y qué va a sucederle a ese pobre chico cuando trate de deshacerse del brazo extra?
—Ommm… —Mal se movió un poco, acomodándose en su silla.
—Sí, tú sabes exactamente lo que va a suceder. A ése chico le van a empezar a brotar brazos de entre las nalgas como un maldito plumero porque tus maldiciones se ponen todas enormes y enloquecen cuando algo se interpone en su camino.
— ¡Le di una cláusula de cancelación! —Mal dijo.
—Hasta que puedas encontrar a alguien dispuesto a darle un apretón de saludo a todas tus manos al mismo tiempo, no es una cláusula justa. No hay tantas personas de tres-brazos corriendo por ahí.
Mal se enderezó en su asiento y sonrió. —Pero, ¿ves? Esa es la parte genial. No especifiqué que tenía que ser una persona. Es como un acertijo. Él puede darle un apretón de mano a la pata de un perro o algo, y eso calificaría totalmente.
— ¿Así que el plan es esperar por un perro muy talentoso para salvarlo? Todo esto es un desastre.
—Yo solo quería… —Mal se detuvo, estirando a Raven para ponerla de pie. Él entrelazó sus dedos a través del cabello largo y oscuro de ella—. Por favor, no te enojes. Quería tener una última maldición contigo antes de que te vayas —Mal terminó el resto de su whiskey en un gran trago, haciendo gestos mientras el fuerte licor golpeaba en su paladar—. Es obvio que ya no eres tan entusiasta acerca de este trabajo como solías ser. Y esto, —él hizo un ademán señalando a ambos con una sonrisa maliciosa— siempre ha sido una forma divertida y espectacular para pasar el tiempo. Ahora es claro que tú, estás siguiendo adelante.
Para un hombre en un-casi-constante-estupor-alcohólico, seguro que Mal es perceptivo. Ella lo tomó de la mano, mirándolo a los ojos. Después de años de ser compañeros, Raven podía leer sus gestos tan fácilmente como si fueran propios.
Ella suspiró con alivio cuando vio que él no estaba devastado, enojado o celoso. Él estaba resignado. El capítulo de ellos estaba a punto de terminar y eso estaba bien.
También, parecía que él no iba a convertirla en algo que se arrastrara. Eso siempre era una ventaja.
—Por lo que vale, estos tres siglos pasados han sido un buen desmadre —Raven dijo mientras se vestía—. Creo que sencillamente ya no tengo la tolerancia para ser una secuaz. Y, un consejo gratuito, si continuas maldiciendo bebés, uno de estos días va a venir tras de ti un héroe con cara de idiota.
Mal se encogió de hombros. —Ese será un día interesante.
Raven miró alrededor a la torre de Mal. Además de las pocas ropas que ella usó durante sus horas nocturnas de humano, no tenía mucho en el sentido de posesiones. Las únicas pertenencias que de hecho le importaban, estaban en la casa de Nate: regalos y tarjetas que él le había hecho a través de los años y que ella sabía era mejor no traer de regreso a la torre de Mal. Los elegantes atuendos negro y morado que ella usó para verse intimidante, los podía dejar para su reemplazo, aunque ella extrañaría el sombrero de copa.
Besó a Mal en la mejilla y casi a punto de salir por la puerta, Mal la llamó.
—Una última pregunta —le dijo.
Raven lo miró sobre su hombro. —Sí, ¿dime?
—Parece imposible pero… ¿Acaso tú, mi Raven, has cambiado de parecer por causa de algún príncipe mocoso?
—No —ella dijo, y caminó bajando las escaleras—. Y me estoy robando tu caballo.
—Mientras cabalgó por el bosque hacia el castillo real, Raven pensó en la pregunta de Mal. Ella no estaba dejando a Mal por Nate; no era así de simple. Y ciertamente que ella no era una heroína. Esa mierda era aburrida e inconveniente.
Ella había tomado una mala decisión hace veinte años cuando falsamente comunicó una maldición, ocultando los detalles de la verdadera maldición. No importaba si era por causa de la locura real o solamente el propio sentido del humor de la magia, todo se había convertido en un espectacular tiro por la culata. Aun y que era claro que todo el país estaba sufriendo, Raven realmente nunca había aprendido su lección, hasta ahora.
Era hora de arreglar las cosas.
***
Nate golpeó las puertas principales recubiertas-en-plata, de la pared exterior que rodeaba el castillo, tan fuerte como pudo y sintió vibrar el metal bajo su mano. Se recargó sobre ella para ver si podía oír los sonidos desde el otro lado, pero la puerta era demasiado gruesa.
Le había tomado mucho más tiempo del que él quería para llegar al palacio. Cuando él les platicó sus intenciones a sus guardianes, sus reacciones habían sido mucho menos que de apoyo. Finalmente, él había recurrido a revolver sus sopas con una cuchara de hierro dándoles retortijones suficientemente fuertes, a sus delicados estómagos de hados, como para poder escaparse sin que se dieran cuenta.
El retraso lo había hecho llegar al palacio, finalmente, con menos de doce horas disponibles para convencer a sus padres para ayudar a su gente, antes de caer dormido por siempre. Y solo podría hacer eso si ellos le abrían la puerta.
— ¿Hola? ¡Soy el Príncipe Nathan Robert Augustus Magellan! —él gritó a los guardias que patrullaban la parte superior de las paredes del palacio. Se sentía extraño el pronunciar su nombre completo. Él estaba acostumbrado a oírlo solamente cuando lo llamaban a gritos, no diciéndolo él mismo.
— ¿Qué dice? —Gritó una voz desde arriba.
—Soy el Príncipe Nathan…
— ¡Ya te oí! —la voz lo interrumpió—. ¿No se supone que deberías estar muerto o algo por el estilo? ¿Cómo sé que no eres alguna clase de impostor?
— ¡Juro que soy el príncipe! Llévame con mis padres o te haré… —Él no supo qué clase de amenaza sería significativa aquí. Iba a quedarse dormido pronto; no había mucho que él pudiera hacerle a este guardia.
La única evidencia que Nate tenía de su identidad sería dentro de unas pocas horas cuando una mágica rueca de hilar se materializaría mágicamente de la nada y entonces él se picaría un dedo. Después de eso, él solo sería un cuento aleccionador que las madres les contarían a sus hijas acerca de los peligros de olvidar invitar a la gente correcta a sus fiestas.
Esta es una de esas ocasiones cuando el tener una bonita marca de nacimiento sería útil.
— ¿Qué estás haciendo aquí? —una voz nueva se oyó desde la muralla. Le pertenecía a una mujer mayor cubierta en capas de seda de color morado y oro, con una enorme corona descansando sobre las capas de su trenzado cabello dorado.
Nate no supo si él debía sonreír o gritar con frustración al ver por primera vez a su madre. Ella estaba tan arriba, que no podía ver los detalles de su rostro, solo una vaga impresión de una rica señora chiquita con demasiadas joyas sobrecargando su cuello y destellando desde los lóbulos de sus orejas.
— ¡Vine a verte antes de quedarme dormido para siempre! —Él le gritó, tratando de inyectar grandes cantidades de sinceridad en su voz—. Por favor, solo quiero conocerte.
Ella vació por tanto rato, que él estaba seguro de que lo iba a dejar parado afuera hasta que se picara y le diera el patatús.
No vinieron más palabras desde lo alto, pero finalmente, la gran puerta se abrió balanceándose y Nate se abrió camino por cuenta propia.
Una enorme pila de ruecas de hilar quebradas y ennegrecidas, permanecía en medio del jardín. La hoguera debió haber sido inmensa y muchas de ellas todavía estaban en gran parte intactas.
—Veinte años, y ¿no han tenido tiempo para limpiar esto? —Nate murmuró.
La vista del montón de ruecas de hilar rotas llenó a Nate con incómodo asombro. El desperdicio lo hizo sentir helado por dentro. ¿Qué sabía él realmente acerca de sus padres? ¿Están locos?
Los guardias marcharon afuera de las puertas a cada lado del jardín, rodeándolo con sus espadas apuntando al cuello de Nate. El jefe de la guardia, con un blasón real en rojo brillante sobre su pecho, dio un paso adelante.
—Veo que ha visto nuestro monumento a la destrucción de la rueca de hilar. Que nunca más vuelvan a girar con sus malévolas intenciones —el jefe de la guardia dijo.
Nate levantó la vista. Su padre y su madre caminaron a través de la puerta del otro lado de la hoguera. El saludo de su padre era profundo y resonante, pero su rostro estaba demasiado demacrado y sus ojos inyectados de sangre miraban a todos lados, nunca permaneciendo en una sola cosa. Nate sintió caer una gota de sudor helado entre sus omóplatos. Esto no es bueno.
—Padre —Nate dijo, tratando de dar un paso adelante y casi empalándose en una espada—. He venido aquí para suplicarte que levantes tu veto de las ruecas de hilar. De cualquier forma, después de esta noche, eso ya no importará; el peligro habrá pasado.
El rey dio un paso hacia atrás, protegiéndose contra la pared. — ¡Me ofendes, hijo! Las ruecas de hilar son los objetos más abominables; solo pueden traer tormento. Serán vetadas por todos los tiempos, con maldición o sin ella.
Nate alegó: —Tu problema no es con la industria de las telas, es con ese hechicero diabólico. Si realmente querías revertir la maldición, ¿por qué mejor no fuiste tras él? ¿Por qué castigar a tu gente por la decisión impulsiva de un hechicero? Por favor, ayuda a tu gente.
—Pensé que habías venido aquí para conocernos —la Reina Samantha dijo, cruzando sus finos brazos sobre su pecho y haciendo pucheros—. No me gustan los sermones; son aburridos —ella empujó tanto hacia delante su labio inferior, que Nate pensó que Raven, si hubiera venido con él, habría aterrizado sobre ese labio solamente para demostrar su exageración.
—Por supuesto que quiero conocerlos —Nate dijo—. Pero quiero que mis últimas horas signifiquen algo. Quiero dejar este mundo sabiendo que de hecho, hice algo que ayudó a la gente.
— ¡Guardias! —El Rey Rodney gritó—. Lleven al príncipe a la torre más alta. Si sus guardianes no pueden protegerlo de su horrible maldición, entonces nosotros lo haremos. Asegúrense de que no haya ninguna rueca de hilar ahí y enciérrenlo hasta que haya pasado su veinteavo cumpleaños.
— ¡No! ¡Padre! Eso no va ayudar. Si mi maldición es picarme un dedo en una rueca de hilar, una de ellas me encontrará. Por favor, esto no es algo de lo que necesites protegerme. ¡Esta es una oportunidad para utilizar el poco tiempo que me queda! —Nate dijo.
La Reina Samantha ya le había dado la espalda. Los ojos del Rey Rodney vagaron alrededor como si las piedras grises guardaran un mensaje para él. Ni siquiera volteó a ver a Nate cuando el capitán de la guardia siguió sus órdenes y empujó a Nate a través de una serie de puertas cerradas con llave y subiendo una larga escalera serpenteante de la torre.
—Por lo que vale —el capitán de la guardia dijo, con sus ojos fijos en el suelo—, por un largo tiempo, la lógica y la razón no han regido en este reino. Espero que usted salga adelante de esta situación, Señor. Lo necesitamos —entonces el guardia empujó la puerta y Nate oyó el sonido del cerrojo, cerrándose con llave detrás de él.
Nate miró alrededor de la habitación y se le pusieron los pelos de punta con el horror. La habitación de piedra estaba vacía, solo había una enorme cama de dosel que ocupaba la mayor parte del cuarto. La cama estaba cubierta con una gruesa capa de polvo.
Me han encerrado en mi tumba.
— ¡Jodido infierno de mierda! —Nate gritó, pateando un lado de la cama, y luego brincando arriba y abajo de ella gritando de dolor—. ¡Esto es una locura! ¡Todos ustedes están locos! —gritó con desesperación. Corrió hasta la ventana y miró hacia abajo. La torre era realmente alta, y las piedras de sus paredes, demasiado pegadas unas a otras para bajar por ahí de manera segura.
Miró a su alrededor, tratando de pensar, ¿qué haría Raven? Ella era grandiosa analizando las condiciones circundantes y sabiendo con una sola mirada, como funcionaría una broma, paso por paso.
Agarrando las sábanas y mantas polvorientas de la cama, él las ató y colgó todas juntas. La torre era tan alta que la cuerda de tela no alcanzaba ni hasta la mitad para llegar al fondo.
—Mierda —él dijo.
Plan B.
Revisó sistemáticamente todo el derredor de la pared, golpeando en cada piedra y escuchando para ver si alguna sonaba hueca. Alguien debió haber vivido alguna vez ahí, así que ¿quizás había un pasadizo secreto?
Él revisó las paredes dos veces. Nada.
Nate quería gritarle al mundo: A sus padres por ser lo suficientemente estúpidos para olvidar invitar a Mal; a Mal por ser un borracho imbécil que maldecía bebés por minúsculas tonterías con las que los bebés no tenían nada que ver; a sus padres por enviarlo lejos; de nuevo a sus padres por volverse unos locos de mierda hasta el punto donde ellos ni siquiera querían verlo por unas breves horas en las que él podía haber hecho la diferencia; a Raven por no estar ahí cuando él necesitaba su ayuda más que en ninguna otra ocasión en su vida; a él mismo por haberla apartado de sí.
Plan C.
Desde la ventana él grito: — ¡Ayuda! tan fuerte como pudo hasta que su voz estaba ronca y sus cuerdas vocales comenzaron a agarrotarse—. ¡Ayuda!
El sol se sumergía en el horizonte. La maldición iba a caer sobre él en cualquier momento.
Plan D.
Usando uno de los botones de latón de su chaqueta, él trató de captar el reflejo de la luz menguante del sol contra el borde reflejante del metal. Él no conocía ningún código, pero esperaba que alguien pudiera ver la luz parpadeante y vendría a investigar la causa.
Por favor, Raven. Ven. Encuéntrame. Tú siempre me encuentras.
Repentinamente, sus oídos tronaron y su cabeza se sintió pesada. El aire era más espeso que antes. La maldición estaba en camino.
***
Raven batió sus alas duro contra el viento, desesperada por llegar al castillo antes de que se acabara el tiempo de Nate. Aún después de cabalgar toda la noche, ella apenas había recorrido la mitad de la distancia al castillo. Atendería a Nate adecuadamente si ella llegaba tarde.
— ¡No regreses, mis nalgas! —ella masculló. Claramente Nate no dijo con verdadera intención, una sola de las palabras que le había dicho después del incidente del pastel, y ya había pasado suficiente tiempo para que él lo hubiera superado. Si había una cosa confiable acerca de Nate, esta era que tenía un temperamento rápidamente explosivo, y también se enfriaba rápidamente. Era una de las muchas cosas buenas y confiables acerca de Nate.
Hay muchas cosas lindas acerca de Nate, Raven pensó. Su cabello, esos pectorales, la manera en que sus ojos se iluminan cuando me ve y luego trata de actuar extra sereno acerca de ello… ¡aargh!
Mal tenía razón; ella estaba mucho más interesada en el príncipe maldito de lo que ella misma querría admitir.
Raven dio un vistazo al terreno bajo ella y se quedó con la boca abierta.
Algo ha salido terriblemente mal.
Abajo, una turba en actividad se derramaba fuera del pequeño pueblo. Ella había ido a Arco Fuerte unas pocas ocasiones, principalmente por provisiones para los hechizos de Mal y para disfrutar de la particularmente excelente cerveza de su taberna. Recordaba el pueblo como uno aburrido, casi somnoliento.
Ahora estaba en un caos absoluto. Parecía que cada mujer mayor de veinte-y algo de años en el pueblo, se envolvía en un hombre, frotando sus cuerpos contra los de ellos como gatos blancos jugando en un par de finos pantalones negros.
Por su parte, los hombres en el pueblo se veían como si fuera un día festivo del templo, respondiendo a la atención repentina con confusión y torpe reciprocidad.
Raven casi se carcajeó, hasta que voló más bajo para ver mejor. Entonces ella vio el tinte rojizo en los ojos de las mujeres.
Mierda. La maldición. Por supuesto que la maldición de Mal haría a todas las supuestas “solteronas” voraces de afecto para asegurar que Nate tuviera sexo.
¡No mames magia!, ¡estas mujeres tienen como veinticinco años! Solteronas, de hecho. Las leyes de la magia eran tan anticuadas que todavía funcionaban con la creencia de que la expectativa de vida eran cuarenta-años.
La ráfaga de actividad de las hembras cambió, todas a la vez. Los hombres fueron lanzados contra las paredes y empujados sobre los puestos del mercado, hasta uno de ellos fue empujado dentro de una pequeña fuente por las mujeres que se movían como una sola unidad, marchando fuera del pueblo.
Raven voló sobre las copas de los árboles para tener una mejor vista, jadeando mientras batía sus alas para ganar altitud. Mierda. Mierda. Mierda.
Entre más tiempo pasara sin que Nate se cogiera a una solterona, más locos se volverían todos los demás.
Una larga fila de mujeres marchaba por el camino directamente hacia el palacio. Mientras volaba, Raven notó otras filas de mujeres saliendo de todos los pueblitos en el reino, combinándose en un enorme enjambre de “solteronas” malditas y cachondas.
Maldita sea. La magia nunca se iba por la solución simple o elegante, siempre tenía que explotar como un niño haciendo un berrinche. Tener hordas de solteronas desesperadas por sexo ciertamente era una manera de garantizar la caída de Nate. Por supuesto que, infectar solamente a una mujer con la necesidad de ser “picada” por Nate no tendría el suficiente drama para satisfacer las reglas de la magia.
Raven observó sorprendida mientras la muchedumbre destruía el camino principal al palacio, barriendo hacia los lados, carros completos, como si estuvieran hechos de cerillas. Esto no puede terminar bien. A lo largo del camino, Raven podía ver las expresiones faciales de los hombres primero curiosas, luego condescendientemente divertidas, y luego cambiando al horror cuando eran empujados o lanzados a un lado para permitir pasar a las mujeres. Ellas no serían detenidas por alcanzar su meta: el palacio. Y a Nate.
Raven voló tan rápido como pudo, batiendo sus alas contra el aire frío. Ella tenía que llegar hasta Nate, tenía que salvarlo de estas mujeres. Si bien Mal había sido el que realizó la maldición, era culpa de ella que el reino no tuvo advertencia de que todas sus mujeres estuvieran a punto de atacar enloquecidas a Nate en su veinteavo cumpleaños.
Ella volvió a mirar hacia abajo y vio la turba de mujeres creciendo en tamaño, ahora apoderándose completamente del camino. Las maldiciones en los niños siempre habían tenido una oscura peculiaridad, pero ésta parecía trabajar con su propia marca de humor especial.
El palacio estaba a la vista, los altos portones platead0s brillando y desvaneciéndose en la luz del sol. Raven se tranquilizó con su presencia reconfortante. El palacio era famoso por sus trece portones, uno por cada villa en el reino, entre la cámara exterior y las cámaras centrales donde vivía la familia real. Hace tantos años, Mal había irrumpido a través de ellos sin problema, pero, por amor de dios, él era un hechicero.
¿Qué podría hacer un grupo de mujeres cachondas?
Los guardias se esparcieron y los portones temblaron cuando la muchedumbre atacó. Olas sobre olas de mujeres chocaron en los portones con fuerza escalofriante. Una gran fracción de ellas se metió en el bosque, regresando con el tronco enorme de un árbol caído: un ariete improvisado. El estruendo del golpe del árbol contra la plata retumbó en todo el temprano anochecer.
Definitivamente, ellas van a entrar.
Raven corría contra la puesta de sol, volando hacia la habitación más en alto en la torre más alta donde un minúsculo reflejo destellaba contra la luz. Si el rey y la reina eran tan predecibles como parecían ser, ahí era donde Nate estaría encerrado.
Si esas mujeres llegan a él, estará acabado. Ya fuera que los enjambres de afecto súper entusiasta de la muchedumbre lo ahogaran o desencadenaran la maldición del sueño eterno. Ambos escenarios le sacaron un pedo del miedo. Ella tenía quién sabe cuántos siglos de edad; definitivamente contaba como una “solterona”. Una vez que Nate cayera víctima de la maldición, las mujeres se dispersarían y regresarían a sus vidas normales. Quizás… La única opción era que Raven activara la maldición a propósito.
Raven tenía que creer que él se sentía de la misma manera que ella; que ella le importaba lo suficiente como para que el beso de Raven lo pudiera despertar después de que la maldición se apoderara de él.
Raven se remontó en el aire y entró a través de la ventana de la torre, aterrizando dentro completamente exhausta. Ella apenas lo había logrado. Los últimos rayos del sol se pusieron en el horizonte y ella podía sentir los cambios en su cuerpo, la transformación de pájaro a mujer comenzaba.
—Nate, soy yo… —ella jadeó, tratando de recuperar su aliento—. No te preocupes… —Cuando el cambio se apoderó de su cuerpo, ella enmudeció temporalmente mientras sus plumas caían en capas. Sus huesos rechinaban y crujían cuando ella comenzó a crecer hasta alcanzar su tamaño normal.
— ¡Raven! ¡Estás aquí! Siento mucho lo que dije. ¿Qué te está pasando? —Nate saltó hacia delante, con sus ojos muy abiertos—. ¿Qué te pasa? ¡Dime cómo ayudarte! —Él se detuvo en seco cuando la transformación de Raven concluyó y ella quedó tirada en el suelo, una mujer completa y muy desnuda.
Esto va a ser interesante.
En su vuelo hacia el palacio, ella había imaginado esta conversación mil veces, pero ahora ese momento había llegado, y ella no tenía idea de qué decir.
Hola, soy una dama. Tenemos que coger para salvar al reino. No había una manera bonita de decirlo. Oh, y puede que esté enamorada de ti. Esa es la cuestión.
Los gritos y el golpeteo de metal con metal sonaban desde el pasillo. Las hordas ya no estarían lejos. Raven tenía que salvar a Nate de su destino, de su maldición, de todo.
Él se quedó con la boca abierta. — ¿Queeeé? —Él miraba fijamente los pechos de ella como si nunca antes hubiera visto unas tetas. Raven se puso de pie un poco más derecha, levantándolas más alto.
Él abrió su boca como si fuera a hacer más preguntas, muchas preguntas, y ella levantó una mano para detenerlo.
—Es una larga historia —Raven hizo un ademán hacia su nueva forma humana—. La versión corta va algo así como, “mi maldición no me hizo un pájaro parlante” —ella esperaba que su sonrisa se viera reconfortante. Si él se pone como loco, no habrá manera de arreglar esto.
—Yo… bueno —Nate hizo una pausa momentánea, agarrando apretadamente su cabello antes de soltarlo y suspirar. —Creo que no puedo criticarte. Soy el príncipe que va a morir por causa de una estúpida rueca de hilar. ¡Pero debiste haberme dicho! ¿Esto sucede todas las noches? ¿Es por eso que nunca te quedaste conmigo?
—No tengo tiempo para explicarte —Aunque ella estaba desnuda, la habitación se sentía tibia. Nate nunca se había visto tan bien. Ella no podía decir si finalmente era la maldición comenzando a trabajar en su cuerpo humano, pero el verlo tan cerca era como estar de nuevo afuera de la panadería y reconocer su cuerpo de adulto por primera vez—. Nate, tú nunca fuiste maldecido para dormir por siempre después de picarte con una rueca.
— ¿Qué? —él se veía adorable cuando estaba confundido. Sus labios separados en una abierta “o”, que hacía que su boca se viera especialmente tentadora para morderla. Simplemente él era endemoniadamente tentador. Ella sintió que era un poco raro admitir esto de un chico que ella conocía desde que usaba pañales, pero Nate estaba ardiente.
La cláusula de cancelación de Mal para la maldición sonó en sus oídos como si él la hubiera dicho ayer, arrastrando las palabras de tan borracho. —Bueno, ¿qué tal una cláusula de “realmente deseoso del beso de alguien”?
—Nate, tú, este, ¿me deseas en absoluto? —ella dijo, sintiéndose incómoda con Nate por primera vez en su vida.
Nate no vaciló. —Por supuesto, Raven. Eres mi mejor amiga. Me importas más que ninguna otra persona en el mundo.
Raven corrió sus dedos a lo largo de la línea de la quijada de Nate, levantando su vista para mirarlo.
—Buena respuesta —ella se paró de puntillas, presionando la palma de una mano detrás de la cabeza de Nate, estirándolo hacia ella. Nate envolvió su fuerte brazo alrededor de la espalda de Raven y acercó su cuerpo al de él. Nate capturó la boca de ella con hambrienta urgencia.
—No tenemos mucho tiempo —Raven no pudo detenerse para volver a besarlo—. La maldición está en plena marcha.
Nate ya estaba desabotonando su camisa, deshaciéndose a patadas de sus zapatos y pantalones.
— ¿La maldición? Eres una mujer verdadera. Me importa un carajo volador cualquier maldición. Este es el mejor día que alguna vez he tenido —los músculos en su pecho desnudo se alzaban mientras él hablaba. Él se inclinó hacia delante y susurró en el oído de Raven—: Déjame mostrarte algo que las chicas de la villa me enseñaron —él guió a Raven hasta la cama, cayendo de rodillas entre las piernas de ella.
Nate deslizó sus manos duras y callosas suavemente sobre la suave piel de las pantorrillas de Raven, tentándola en amplios círculos. Su boca siguió a sus manos, dibujando suaves besos y pequeños mordiscos por sus piernas, mientras lentamente, se movía hacia arriba.
El pulso de Raven se aceleró cuando Nate se abría camino hacia arriba en su cuerpo, volviéndola loca con deseo. Ella había imaginado esto por meses, su cuerpo adulto en el de ella, sus labios contra su piel. Raven estaba sintiendo lo mojada que se estaba poniendo, y el peligro inminente de la muchedumbre enloquecida era empujado más y más lejos al fondo de su mente.
Todo lo que ella podía sentir era a Nate. La sensación de las manos de Nate en su piel, el aroma de su cabello, los pequeños sonidos gimientes desde el fondo de su garganta mientras él la tocaba.
Hazlo en grande o vete a casa.
Ella se sobresaltó sorprendida cuando la boca de Nate encontró su esencia, lamiendo y jugueteando con sus pliegues. Sus manos se deslizaron alrededor de su culo, sujetándola y masajeándola mientras él golpeteaba su lengua dentro de su entrada. Él soltó su culo y dos de sus dedos entraron duramente en ella, deslizándose fácilmente dentro de su caliente humedad.
Él se movió a un paso castigador, flexionando y estirando sus dedos mientras su boca encontró el clítoris de Raven, chupando fuerte.
—Oh si, Nate —Raven estaba segura de que había guardias afuera de las puertas, vigilantes, y que probablemente podían oírla, pero también estaba segura de que no le importaba—. Mmm, más duro, ¡sí! —ella chilló, el sonido rebotando de ida y vuelta dentro de la torre de piedra.
El orgasmo arrasó por su cuerpo como un fuego salvaje, ardiendo a través de cada célula. Ella se dejó caer de espalda, exhausta, su mente dando vueltas.
—Pensé que eso te gustaría —Nate sonrió, dejándose caer junto a ella en la cama.
Raven le dio un rápido beso antes de rodarse sobre él, una pierna de cada lado de su abdomen. Ella pudo ver que Nate la tenía dura y estaba listo para ella, su miembro grueso e hinchado con líquido seminal. Lentamente, se bajó sobre él, dejando escapar un suspiro mientras lo tomaba.
—Raven, te sientes tan bien —Nate sujetó sus costados y comenzó a moverla arriba y abajo sobre su polla.
Ella retiró las manos de él de sus caderas, inclinándose hacia delante para que sus pezones duros rozaran el pecho de Nate. Comenzó a moverse sobre él, primero despacio, luego más y más rápido cada vez que hundía su polla dentro de ella. Raven se inclinó hacia atrás, sujetando los muslos de él mientras lo montaba, dejando que él disfrutara el panorama.
Nate estiró su mano hacia delante y comenzó a juguetear con el inflamado clítoris de Raven. La sensación era increíble. Esas chicas de la villa ciertamente le habían enseñado una o dos cosas; ella tendría que encontrar una forma de agradecerles. Pero todos sus pensamientos se desvanecieron en su mente cuando él cambio el ángulo de sus caderas, empujando todavía más hondo dentro de ella.
Ella estaba tan cerca, cabalgando en el borde de otro clímax, pero todavía no estaba lista para dejarlo ir. Raven se alzó fuera de él, sintiéndose desprovista inmediatamente. Posicionándose sobre manos y rodillas sobre la cama, lo miró sobre su hombro y le guiñó un ojo.
—Te he deseado por tanto tiempo —la voz de Nate era queda y jadeante cuando le acarició su culo como si fuera la cosa más preciosa en el mundo. Su voz la acarició con una suavidad que hizo que una nueva calidez creciera en su pecho. Nate se movió detrás de Raven, jugueteando en su abertura con su polla antes de deslizarla dentro del empapado coño. Él comenzó despacio y Raven rasgó las sábanas frente a ella.
—Más duro, Nate. Cógeme con esa gran polla, ¡oh sí! —Raven ahora estaba gritando, incapaz de controlar las palabras que se disparaban de su boca. Él golpeó dentro de ella, alanceándola una y otra vez mientras ella gemía en éxtasis.
Todo eran hermosas sensaciones y estremecimientos con los espasmos mientras ella se venía, sintiendo el flujo caliente de leche llenándola por dentro.
Raven no se había dado cuenta de cuánto ruido estaban haciendo hasta que la habitación quedó en silencio absoluto.
Inmóvil como una estatua, Nate cayó hacia atrás, con los ojos abiertos pero la vista perdida. Raven lo atrapó antes de que se descerebrara a sí mismo cayendo en el suelo de piedra, guiando su cuerpo lacio sobre la cama. Sus piernas se enroscaron en un extraño ángulo bajo él, sus brazos todavía extendidos como agarrándose a las pujantes caderas de ella. Ella se recargó contra su pecho, pero solamente un débil latido mostraba que aún estaba vivo.
La maldición estaba completa.
Los gritos y rasguños tras la puerta se acallaron, las hordas de mujeres ya no necesitaban llenar el requerimiento mágico.
Estaba hecho.
—Oh, Nate, lo siento tanto —Raven retiró un rizo del rostro congelado de Nate. Ella sintió su pulso, pero era tan débil que no podía distinguir si el repiqueteo eran sus propios latidos. —Si esto no funciona, estarás atrapado por la eternidad en una pose realmente desafortunada.
Ella capturó los labios de Nate con los suyos, los ojos cerrados, rezando a todas las deidades que ella podía recordar. Pareció que el tiempo se detuvo, los segundos durando por siempre cuando sus labios tibios presionaron contra la helada superficie de su boca.
Una ráfaga de viento tibio llenó la torre y Raven quiso reír y bailar de alegría. Los ojos de Nate parpadearon y se abrieron antes de que él se acurrucara en una posición más cómoda y cayera dormido naturalmente.
Lo logré.
***
—Espero que disfruten su jubilación —Nate gritó cuando observó el carruaje de sus padres irse hacia el bosque.
Parte de él deseaba que sus padres no se hubieran sentido tan satisfechos cuando ellos lo habían enviado lejos veinte años antes, pero su lado oscuro estaba complacido con la semejanza. Ellos lo habían enviado lejos cuando él era un bebé para mantenerlo a salvo, y ahora él los enviaba lejos para mantener el reino a salvo de ellos.
Afortunadamente, la guardia completa del castillo había lanzado su apoyo para respaldar al heredero y lo ayudó a “animar” a sus padres para ir a pasar su jubilación en la cabaña en el bosque, cuidados por los siempre-vigilantes GusanoDeLeche, GalánBajo y HierbaLoca. Nate estaba sorprendido de que ellos se ofrecieran para la tarea, y GalánBajo explicó que los tres estaban ansiosos por regresar a la quietud de su cabaña con una pensión y un trabajo que valía la pena, cuidando “niños”.
— ¿Te arrepientes de algo? —Raven dijo, aterrizando sobre su hombro y rozando su ala contra la mejilla de Nate.
—Que romper mi maldición no rompió la tuya también —él dijo, pasando un dedo por su espalda brillosa. Ella picoteó su dedo y batió sus alas para volar alrededor de Nate.
— ¿Bromeas? Puedo volar. Y puedo ser una mujer en las noches, para las otras partes divertidas.
Ella voló sobre su cabeza mientras iban de regreso a través de las puertas de plata recién-reparadas y entraban al jardín. Su primera orden como el monarca regente había sido limpiar y eliminar la hoguera de las ruecas de hilar, seguida de cerca por la segunda: levantar el veto de todas las ruecas de hilar. Él también había otorgado tierras y fábricas a los inventores y empresarios que habían creado alternativas de fabricación de textiles durante los tiempos oscuros, lo cual había permitido que sus villas sobrevivieran.
Nate no estaba seguro de cómo se sentía acerca de los guardias y sirvientes del palacio, reverenciándolo a cualquier lado que iba, pero se imaginó que tendría que acostumbrarse a ello. Simplemente estaba contento de que ellos ya no se movían por el castillo con el mismo frágil temor que tenían al principio cuando él había despertado. Ciertamente sus padres les habían hecho una mala jugada a estas personas.
—Ya sé que dije que sí a tu propuesta de matrimonio —Raven dijo—, ¿pero crees que tus súbditos estarán de acuerdo con tener una reina que durante el día es un pájaro?
—Considerando la locura que ha prevalecido por los últimos veinte años, tener una reina que puede volar por ahí y traer informes de lo que realmente sucede en las villas, sólo puede ser algo bueno —Nate le contestó.
Ella aterrizó sobre su hombro y corrió su pico a través del cabello de Nate. —Supongo que sí.
—Además, con plumas o sin ellas, tú eres la salvadora del reino. En todas las canciones ellos te llaman La Rompedora de Maldiciones, lo cual es grandioso porque hay muchas cosas que riman con “rompedora”: hacedora, tembladora, fingidora, voladora, corredora, tomadora —él frotó su barbilla—. Puedo ver porqué lo eligieron. Lo mejor que puedo pensar para “Raven” es “escarben”, o quizás, “engarben”.
—Cállate Nate. Tú no quieres oír que es lo que ellos riman con tu nombre. “Orate” es solo para comenzar.
Nate frotó su dedo sobre el pico de ella, sonriendo cuando sus plumas se erizaron. Él contaba las horas hasta el anochecer: demasiadas. Creo que todas las relaciones tienen problemas.
— ¿Qué tal “mate”? Significa “pareja” en lengua antigua —él ronroneó.
Ella frotó su cabeza contra los dedos de Nate, haciendo ruiditos de felicidad.
—Eso servirá, su alteza. Eso servirá.