País Relato - Autores

a. j. tipton

el genuino amor de snow

Mirror caminaba por los adornados pasillos del palacio, maldiciendo el día en que ella había aceptado este trabajo. Pareció tan sencillo en ese momento: aconsejar al Rey Regente Víctor, una contradicción de términos que todos reconocían excepto el Rey Regente, diciéndole exactamente lo que él quería oír. Cuando él quería oír que su nuevo peinado lo hacía verse como un zorro plateado y que todas las damas en el reino se desmayaban por su quijada cincelada, entonces eso era lo que Mirror decía. Cuando él quería oír que todos pensaban que él era un gobernante justo y bondadoso, el más bello que ellos alguna vez habían visto, eso era lo que ella le decía.
Mirror tocó el contorno del papel escondido dentro del bolsillo de su chaqueta mientras sus tacones traqueteaban contra las baldosas de los pisos del palacio. Se estaba haciendo mucho más difícil decirle al Rey Regente que él era “bello” con cara seria; las acciones de Víctor se estaban haciendo más siniestras día tras día. El asunto con las enanas fue la gota que derramó el vaso.
El Rey Regente había sido nombrado para ocupar el trono hasta que su hijastro, el Príncipe Snow, cumpliera los veinticinco años y fuera elegible para tomar el trono. Pero Snow ya se acercaba a los veintiséis, y el Rey Regente no mostraba ninguna intención de cederle el trono.
El papel se sintió como un estigma contra el costado de Mirror, y estaba aterrorizada de que el crujiente sonido de éste mientras caminaba, la descubriría. Un guardia pasó por su lado en el pasillo, y Mirror mantuvo su rostro cuidadosamente educado para no mostrar ninguna emoción. Mirror había crecido en un castillo que le pertenecía a una mujer maldecida para que cada pocas horas se convirtiera en una bestia, y con sirvientes perpetuamente entrampados en las mismas discusiones unos con otros. Y aun así, los nobles y sirvientes en el palacio de Víctor eran todavía más miserables. Mirror presionó sus labios en una línea apretada; sonreír le revelaría de inmediato al guardia, que ella tenía algo que ocultar. Al menos Mirror no era la única que se daba cuenta que el Rey Regente se había pasado de la raya.
La carta, firmada por representantes de las cinco aldeas más grandes, declaraba formalmente que ellos seguirían al Príncipe Snow ahora que él era mayor de veinticinco años. El Capitán de la Guardia había dicho que él no apoyaría un golpe de estado hasta que él supiera que contaba con el apoyo de la gente; con esta carta, la resistencia daría un gran paso acercándose a recuperar el reino. Ella solo necesitaba hacerle llegar la carta antes de que cayera en las manos equivocadas.
Mirror suspiró suavemente. Si tan solo Snow se diera cuenta que se suponía debía haber sido coronado rey hace un año completo y tomado las riendas del gobierno. En vez de eso, Snow había usado su tiempo para convertirse en un jinete experto y músico, aprendido casi todos los lenguajes en el reino, y explorado la extensión completa del castillo. Mirror no tenía duda de que Snow sería un buen rey para su gente, tan pronto él lograra concentrarse en las tareas requeridas. De hecho, ella pensó, visualizando su rostro sonriente y sintiendo una cálida sensación en su estómago, algún día él puede ser el mejor de todos.
El agudo olor de perfume golpeó la nariz de Mirror antes de ver a la Consejera Clara.
Mierda. Justo lo que necesito en este momento. Mirror acalló un gruñido, y mantuvo una sonrisa diplomática pegada en su rostro. La Consejera Clara era oficialmente otro de los “consejeros” del Rey Regente Víctor. A diferencia de Mirror, quien se aseguró de que Víctor supiera que su relación era platónica, a punta de cuchillo si fuera necesario, Clara aceptó por completo su papel de Amante Principal y Amiga de Cogidas de Víctor, y con esto dominaba despóticamente a cualquiera que la escuchara.
Mirror aceleró su paso por el pasillo, con la esperanza de que si ella caminaba con decisión, la Consejera Clara no la detendría. Clara disfrutaba detallar todos los trucos que ella usaba para asegurar que Víctor la mantuviera parada el tiempo suficiente para así ella fingir un orgasmo de forma realista. El solo oír una de las explícitas narraciones de sus noches con el Rey Regente fue más que suficiente para toda una vida.
Mirror frunció el ceño tan pronto pudo ver de cerca a la mujer. La expresión de la Consejera Clara era aún más vaga de lo normal y no dejaba de hipar. Sus tacones, más estiletes que zapatos, zigzagueaban para atrás y para delante mientras vagaba por el pasillo. Mirror checó la posición del sol a través de una ventana: apenas pasaba del mediodía. Clara debió haber tenido una noche realmente frustrante si ya estaba bebiendo.
— ¡Cuidado! —Clara masculló cuando se tropezó con Mirror, casi tumbándola al piso.
— ¡Eey! —Mirror le dijo, pero Clara ni siquiera le estaba poniendo atención. La amante del Regente simplemente continuó balanceándose caminando por el piso embaldosado.
Eso fue extraño. Mirror observó a Clara trastabillándose por el resto del pasillo y dando la vuelta por el corredor que llevaba a las cámaras del rey. Ella se encogió de hombros y continuó hacia el cuartel del Capitán de la Guardia, entonces se detuvo. No se oía el sonido crujiente. Mirror volteó el bolsillo oculto de su chaqueta.
Estaba vacío.
—Perra —Mirror masculló, y corrió por el pasillo detrás de Clara. Ella dio vuelta en la esquina del corredor, pero ahí no había nadie. O Clara había estado fingiendo su borrachera todo el tiempo, o la mujer podía moverse mucho más rápidamente en esos tacones de lo que físicamente parecía posible. Mirror podía oír voces viniendo de la habitación de Víctor al final del pasillo, y jaló uno de los candelabros en la pared junto a ella. Una puerta secreta se abrió deslizándose, revelando uno de los muchos pasillos secretos que corrían a través de todo el castillo.
Mirror siempre sonreía un poco cuando recordaba el día en que Snow le enseñó por primera vez estos pasajes secretos. Víctor estaba tan obsesionado con asegurarse de que Snow nunca estuviera preparado para ser rey que le negó una educación apropiada, dejando al joven hombre con incontables horas para hacer lo que él quisiera. Mirror solo había estado en el palacio por unas pocas semanas antes de que Snow viniera corriendo alegremente hasta ella con toda la energía de un cachorrito solitario y le preguntara si quería ver algo “súper secreto”. Una vez que ella estuvo escondida dentro del pasaje secreto, Mirror se permitió sonreír completamente. En el año que ella había vivido en el castillo, Snow nunca había dejado de sorprenderla.
Mirror siguió las fuertes voces hasta que encontró una de las mirillas en la recámara de Víctor. El corazón de Mirror se acongojó. Víctor ya había abierto la carta y le leía pasajes en voz alta a Clara, quien casi se veía más molesta acerca de ello que Víctor.
— ¿Cómo se atreven? —Víctor gritó, su voz aguda y gangosa. Él barrió con su brazo a lo largo de su escritorio, esparciendo las estatuas brillantes y los papeles por el piso—. ¡Yo soy su líder! ¡Yo soy perfecto! ¡Soy el más bello en todo el jodido reino! —él gritó.
—Por supuesto que lo eres, mi amor —Clara le dijo cariñosamente, frotando el brazo de él—. Todos ellos son feas brujas y gente pobre y miserable que no pueden apreciar lo guapo y perfecto que eres —ella dijo. Una caricia y otra más. Las manos de Clara frotaron el pecho de Víctor y se movieron hacia abajo hasta tomar el duro bulto en sus pantalones.
Mirror volteó a mirar a otro lado, sintiéndose un poco enferma. Esto no fue lo que ella vino a ver. Aun viendo fijamente a un candelabro de pared, Mirror todavía podía oírlos: ruidos de besos cuando Clara chupaba el rostro de Víctor, y un sonido de piel contra piel como si ellos estuvieran dándose de nalgadas.
—Eso es, bebé, muéstrales que tú eres el verdadero rey —Clara dijo con voz ronca, lo suficientemente fuerte para Mirror oír cada palabra, incómodamente.
Ya es suficiente, Mirror pensó, moviéndose calladamente para alejarse.
—No. Ellos nunca verán mi grandiosidad hasta que el ridículo de mi hijastro esté muerto —Víctor dijo.
Mirror se detuvo, y volvió a asomarse por la mirilla de la habitación.
Víctor le mostró a Clara una botellita negra. Colgaba de un cordón que él puso cuidadosamente alrededor del cuello de Clara. Rebotó ligeramente cuando hizo contacto con sus voluptuosos pechos. Las manos de Víctor permanecieron en su piel, trazando el sendero del cordón, y el escote de Clara se alzó como si buscara más de su toque. Él la empujó hacia atrás hasta que Clara se sentó en el borde de la mesa, y sus piernas se movieron hacia arriba para envolverse en la cintura de Víctor.
—Tan solo un poco de esto y los problemas de ambos se resolverán, mi amor —Víctor dijo, con una de sus manos deslizándose hacia abajo del frente de su vestido y tocando los pezones de ella con sus pulgares. Sus ojos permanecieron en la botella mientras se inclinaba más cerca de ella—. Si haces esto por mí, mi paloma, nadie sospechará nada. Necesito que seas mi cazadora y elimines al enemigo por mí —su otra mano se deslizó hacia arriba de su muslo, dentro de su vestido. Mirror supo el momento en que él encontró la esencia de Clara: la cabeza de la mujer cayó hacia atrás, su largo cabello rojo se derramó en olas detrás de ella. Clara empujó sus caderas acercándose a Víctor y gimió.
—Pero… —los ojos de Clara brillaban con lujuria. Si era lujuria por Víctor o por el poder de Víctor, Mirror podía adivinar fácilmente—. Él es el príncipe heredero. Si lo mato, es traición, bebé —ella dijo, desabotonando los pantalones de Víctor y dejando que su polla saltara libre. Ella lamió la palma de su mano, humedeciéndola, y entonces comenzó a acariciar su bastón.
A pesar de sí misma, Mirror cambió su posición cuando sintió el calor entre sus piernas observando al rey seduciendo a Clara. Antes de mudarse a vivir al palacio de Víctor, Mirror vivió en un castillo maldecido en donde ella era satisfecha frecuentemente por su ama y los varios pretendientes ahí aprisionados. Había sido un largo año desde que Mirror dejó su hogar, y desde entonces, no había habido nada placentero entre sus muslos, con excepción de su mano. Mirror se figuró que debía estar en una situación más desesperada de lo que ella se había percatado si el ver al adulón de Víctor con la aún más adulona de Clara, podía calentarla y alterarla.
Víctor se inclinó hacia delante y corrió sus labios por el cuello de Clara, su lengua empujando sobre el pulso en su cuello.
—Una vez que él esté muerto, yo seré el rey sin rival —él dijo mientras las piernas de Clara se abrían y se acomodaba para que su cintura quedara en el borde de la mesa—. La traición es solo cuestión de tiempo, mi amor —él posicionó su polla en su esencia y empujó dentro de Clara con un rápido golpe. Ella gimió—. Y tú serás mi reina —él bombeó dentro de ella mientras las caderas de Clara se sacudieron contra él y sus dedos se agarraron fuerte de la parte posterior de la cabeza de Víctor—. Cualquiera que te toque sería traición —sus empujones aumentaron en velocidad mientras ella comenzaba a gritar sonidos incoherentes—. Tú serás la mujer más poderosa en el reino —Víctor dijo.
Clara se vino gritando: — ¡Sí! ¡Dame el poder bebé, dámelo!
Estos dos están desmadrados, Mirror pensó. Tengo que prevenir a Snow.
En ése momento, se abrió una puerta posterior a la cámara privada de Víctor y un guardia se apuró a entrar. El rostro del pobre hombre se sonrojó en un tono rojo brillante cuando se dio cuenta de lo que estaba interrumpiendo. Víctor se retiró de Clara, ajustando sus pantalones rápidamente.
—Usted no vio nada, soldado —le dijo seriamente al hombre.
—En lo absoluto, Rey Regente —el soldado tartamudeó—. No vi nada entre usted o la Consejera Clara, en lo absoluto. Solo estoy aquí para reportarle que tenemos una pista sobre las enanas perdidas. Por primera vez en meses, pudimos vislumbrar a una de ellas. Fuimos capaces de seguir su rastro fuera del castillo por unas pocas horas, pero la perdimos en el bosque.
— ¡Qué! —Víctor gritó, golpeando la mesa con su puño—. ¡No pueden haber desaparecido!
—Es solo cuestión de tiempo antes de que las encontremos, se lo aseguro, señor. Las enanas nos eludieron esta vez porque ellas tienen magia. Seguramente que ellas…
—Las enanas ya no tienen ninguna magia de importancia —Víctor interrumpió—. Yo me he encargado de ello —él jugó con su collar, una gema roja en medio casi tan grande como un puño.
Mientras tanto, Clara estaba reajustando sus faldas, y se bajó de la mesa de un salto, parándose cerca de la pared, justo debajo de un candelabro apagado.
—Bebé —Clara ronroneó, y Víctor volteó hacia ella—. No creo que este guardia merezca estar en tu servicio. Parece un poco pazguato.
El rostro del guardia se puso aún más rojo, y Mirror pudo ver su boca trabajando con esfuerzo para decir algo, cualquier cosa para redimirse. Él no miró a Clara. Sus ojos permanecieron enfocados en Víctor.
Mirror deseó a todos los dioses en quienes ella pudo pensar, que ella hubiera impedido que Clara le quitara la maldita carta. Si el Capitán de la Guardia supiera que la gente no quería que Víctor permaneciera como el Rey Regente, él jamás habría permitido que este pobre bruto estuviera a merced de éstos dos. Habiendo visto a otros guardias trayendo noticias indeseables a Víctor, Mirror pudo predecir demasiado bien a dónde se dirigiría esta conversación.
—Acérquese guardia —Víctor dijo, caminando hasta el centro de la habitación para pararse en el centro de uno de los tapetes decorativos que ocupaban la mayor parte del piso. A dos pasos del borde de la alfombra había una piedra cuadrada, ligeramente más descolorida que el resto. Víctor hizo señas al guardia para que se adelantara hasta quedar de pie directamente sobre el cuadrado descolorido—. Ahora, dígame de nuevo. ¿Por qué se les permitió escapar a las enanas?
—Los bosques están llenos de bestias peligrosas. Quizás las enanas ya han sido devoradas —el guardia dijo, moviéndose inquieto.
Vamos hombre, Mirror pensó, deseando desesperadamente que él se moviera lo suficiente hacia un lado para ya no estar parado directamente sobre el cuadrado descolorido. Por el rabillo del ojo, Mirror vio la mano de Clara acercándose hacia el candelero de pared.
Muévete chico, muévete, Mirror oró.
La mirada de Víctor era dura. —Y aun así no me traes evidencia. Quiero o su trabajo o sus corazones sobre mi escritorio. Tú no me traes nada —él sujetó la gema en su cuello—. Yo no ocupo un guardia incompetente —él chasqueó sus dedos y Clara jaló hacia abajo el candelabro de pared.
El suelo bajo el guardia se desprendió, y los gritos del hombre fueron silenciados inmediatamente cuando la placa del piso se deslizó de regreso en su lugar. Mirror hizo una mueca. El pobre guardia no habría muerto de la caída, pero los calabozos bajo el castillo no eran un lugar agradable para aterrizar.
La sonrisa de Víctor era positivamente alegre mientras hacía cabriolas de gusto hasta donde Clara estaba de pie regodeándose, a un lado de la palanca del panel del piso. Él levantó sus faldas alrededor de su cintura y la empujó contra la pared lo suficientemente fuerte que un retrato junto a la cabeza de Clara cayó al suelo. Mirror se volteó. Había visto suficiente.
Tengo que salvar a Snow.
***
Snow apretó su agarre cuando la bestia bajo él se revolvía con todo su poderío, mirando hacia atrás a su hermosa acompañante.
— ¡Victoria! —él gritó, jadeando exhausto.
—Ese fue un paseo encantador —Clara ronroneó, aventando su cabellera pelirroja sobre un hombro. Ella desmontó su caballo, Snow la observó, con habilidad sorprendente para una mujer de su status—. Había escuchado las historias de tu habilidad como jinete. Tal vez el sugerir una carrera no fue mi mejor idea —ella dirigió una sonrisa sensual en la dirección de Snow y él rio.
— ¡Fue una idea grandiosa! —Snow saltó de su caballo, aterrizando con un ligero rebote—. Nadie tiene tiempo nunca para hacer carreras conmigo. Todos los guardias siempre están demasiado ocupados, y los sirvientes siempre tienen alguna clase de trabajo que hacer —su corazón golpeaba con la emoción, la adrenalina todavía corriendo por sus venas por la emoción de la carrera—. Estoy muy feliz de pasar tiempo con alguien que no es un caballo o un personaje de un libro.
Clara rio, con un agudo tintineo que a Snow le recordó el sonido de una copa al quebrarse. —Me da gusto que tengas unas normas tan elevadas para tus acompañantes —ella alzó una pálida mano hasta su pecho, y Snow batalló para redirigir su mirada. Sus globos palpitantes se veían como si fueran a desbordarse de su vestido en cualquier momento—. ¿Debo sentirme insultada?
— ¡Oh no! —Snow se enredó con las riendas de su caballo, casi atando juntas sus manos—. ¡No era eso lo que quise decir! Disfruto pasar tiempo con usted, Consejera Clara. Usted ha estado trabajando con mi padrastro por años, y siempre tuve la esperanza de poder conocerla mejor.
—Ciertamente que muy pronto me conocerás mejor —Clara jugueteó con un amuleto en su cuello, y luego sacó una canasta de sus alforjas. Ella retiró una manta blanca, extendiéndola en el suave césped. Su carrera los había llevado a las afueras del bosque, lo suficientemente lejos del castillo para sentirse apropiadamente solos, pero Clara dijo que, lo suficientemente cerca para no necesitar preocuparse por las misteriosas criaturas que se rumoreaba vivían en el oscuro bosque.
— ¿Un día de campo? ¡Qué idea gloriosa! —el estómago de Snow gruñía, y se regocijó con la vista del pan y queso que Clara acomodó cuidadosamente sobre la manta.
Clara sonrió, sus labios curveados como los de un gato, y sacó dos copas. —Siéntate conmigo y tomaremos un poco de vino —ella jugueteó con su collar mientras vaciaba el vino y apuntó lejos, pasando una línea de árboles—. ¡Mira! ¡Un venado!
— ¿Dónde? —Snow forzó su vista mirando a la línea de árboles, pero solo vio unos pocos pájaros.
—Ya no lo alcanzaste a ver. Era uno pequeño, y bonito también. Todo lleno de manchas y con grandes ojos —Clara le ofreció una de las copas de vino a Snow.
Una delgada capa de polvo blanco cubría el amplio pecho de Clara. —Consejera Clara —Snow dijo—. Creo que su collar está roto. Está fugando alguna clase de…
—Azúcar —rápidamente, Clara cerró su mano alrededor del amuleto y lo cerró con un clic. Ella se sacudió el polvo del pecho limpiando sus manos en la manta, y presionó la copa en la mano de Snow—. El vino puede ser muy amargo. Siempre llevo conmigo un poco de algo dulce para arreglar el sabor.
—Eso es muy ingenioso —Snow sonrió y levantó su copa—. ¡Por una nueva amistad!
—Por una nueva amistad —Clara hizo eco, sonriendo, pero no levantó su copa.
— ¡No! —se oyó un grito desesperado.
Una figura corrió hacia ellos desde el rabillo del ojo de Snow y lo tumbó sobre su espalda. La copa de Snow voló de su mano, salpicando una mancha rojo brillante sobre la manta.
— ¡Mirror! —Snow gritó, sorprendido y súper feliz de verla. Mirror solo había vivido un año con ellos, pero ella siempre era tan amable. Definitivamente ella era una de sus diez personas favoritas de todos los tiempos, y ocho de esas diez personas eran ficticias. Ella lo miró por un largo momento, con su mano sujetando tan fuerte la copa que sus nudillos se pusieron blancos.
—Consejera Clara, ¿puedo hablar un momento con usted? —Mirror dijo entre dientes.
El rostro de Clara estaba rojo, una sola vena palpitante en su frente. — ¡Mirror! Has arruinado por completo mi… —dijo mirando furiosa a Mirror—… día de campo.
Mirror miró hacia abajo, a la manta manchada-con-vino y luego de regreso a Clara. —Lo lamento tanto —Mirror dijo, sin sentirse arrepentida en lo absoluto—. Estoy segura de que su día de campo habría sido grandioso, una maravillosa oportunidad para comenzar a construir una buena relación con Snow —Mirror se desenredó de la manta del día de campo y Snow le ayudó a ponerse de pie.
—Eso era lo que estábamos haciendo, Mirror. ¡Nos estamos haciendo amigos! —Snow dijo.
—Eso es maravilloso, Snow. Me da mucho gusto que la Consejera Clara no está perdiendo la perspectiva —Mirror miró agudamente a Clara—. Estoy segura de que ella se da cuenta de que muy pronto habrá un nuevo rey. Uno más joven, con un poco más de longevidad.
Clara abrió su boca para responder, luego la cerró bruscamente. Lentamente una sonrisa creció a lo ancho de su rostro.
—Así que lo que dices es que —Clara dijo—, si yo aconsejo a este futuro rey en vez de a nuestro… Rey Regente mayor, tendré más seguridad en mi puesto. Como una consejera.
— ¡Exactamente! —Mirror caminó hasta un lado de Snow—. Aquí, el Príncipe Snow definitivamente necesitará a alguien que lo aconseje por un muy largo tiempo. Estoy segura de que él será bastante bueno al ser… aconsejado.
Snow no podía entender por qué las mujeres decían “aconsejar” con tal entusiasmo. Mientras que todo mundo se lleve bien, él pensó.
—Dime Mirror, ¿cómo puedo confiar en que este muchacho satisfará mis necesidades… como empleada? —Clara preguntó.
—Solo observa —Mirror le guiñó un ojo a Clara y puso sus manos sobre el pecho de Snow, recargándose en él mientras llevaba sus labios a los de él para un beso apasionado. La mente de Snow divagó. Él se apoyó en el beso por un momento antes de forzarse a retirarse, tratando de recuperar su aliento. Santa mierda, ¿sucedió eso realmente?
— ¿Está esto bien? —Mirror susurró.
Él corrió sus dedos a través del cabello rubio de Mirror, mirando en sus hermosos ojos color verde. La sensación de sus labios contra los de él era una fantasía hecha realidad.
— ¡Completamente! —Sus manos se envolvieron en el cuerpo de Mirror alrededor de su espalda cuando él la acercó hacia sí. Le encantó la sensación de su calidez pegada a él.
Mirror se separó de él dando un paso hacia atrás, extendiendo su mano a Clara. — ¿Te unes con nosotros?
¿Qué? El cerebro de Snow trastabilló hasta detenerse, antes de reiniciarse. Él había leído unos pocos libros donde la gente hacía el amor en tríos, pero nunca, en sus más salvajes fantasías, él se hubiera imaginado que le podía suceder. Mirror era la mujer de sus sueños, y Clara era… bueno, Clara también estaba súper ardiente.
La mano de Clara sujetó la de Mirror y las mujeres se le vinieron encima en un choque de bocas y lenguas tan apasionadas que hicieron que el pulso de Snow se acelerara. Rápidamente, Mirror desabotonó el vestido de Clara, exponiendo las pálidas tetas de la mujer.
Snow ayudó a Mirror a bajar el vestido de Clara, sus manos deslizándose suavemente sobre su suave piel. Él besó a Clara, invadiendo su boca con su lengua. Guau, esto realmente está sucediendo. No lo eches a perder.
Mirror se arrodilló ante ambos, ahora desvestida. Snow tenía que recordarse a sí mismo seguir respirando. Ella se acostó sobre el suave césped totalmente desnuda y su cuerpo era aún más asombroso de lo que él alguna vez había imaginado. Como los mapas que él estudiaba por las noches, las pecas esparcidas cruzando sus tetas le suplicaban explorar sus caminos moteados. Él abrió su boca para decirle que ella no tenía que hacer esto, que él no la merecía, pero su voz se ausentó por completo. Y él no quería que ella se detuviera.
Mirror sonrió para él cuando lentamente le abrió sus pantalones, liberando su polla dura, y barriendo ligeramente por sus muslos con sus uñas. Su abultada erección se miraba aún más grande junto a la delicada mano de Mirror. Ella lamió avariciosamente el fluido seminal de su punta, succionando sus labios en regocijo. Snow no pudo detener el gemido que crecía en su pecho. Lentamente, Mirror comenzó a lamer arriba y abajo de su polla endurecida. Ella era la cosa más sexy que alguna vez él hubiera visto.
Clara se arrodilló junto a Mirror y se puso a trabajar besando y lamiendo los testículos de Snow. Snow se sobresaltó un poco; casi se había olvidado de que ella estaba ahí. Ella rodó suavemente una de sus bolas en su mano mientras su boca prodigaba a la otra con sus atenciones. Snow gimió y su cabeza cayó hacia atrás, concentrándose en evitar venirse demasiado pronto. La vista de dos mujeres prodigándole atenciones a su hinchada longitud era casi demasiado para soportarlo.
Una sedosidad tibia y apretada alrededor de su polla hizo que Snow mirara hacia abajo en éxtasis y placer. Mirror tenía la verga de Snow profundamente dentro de su boca, ahuecando sus mejillas cuando se la chupaba, frotando el resto de su dureza con sus manos.
La sensación era increíble. La vista de Mirror chupándolo puso en trance a Snow. Ella lo jalaba más y más profundamente, meneando sus caderas para coordinar el ritmo de su boca y sus manos. Snow dejó escapar un quedo gruñido.
Clara liberó de su boca el testículo de Snow con un sonido de succión y deslizó hacia arriba de su cuerpo sus manos, vagando sobre sus muslos, su abdomen, sus brazos, mientras ella se ponía de pie.
Clara mordisqueó el lóbulo de la oreja de Snow y susurró, lo suficientemente fuerte para que Mirror oyera: —Quiero observarte cogiéndola.
—Sí, por favor —las palabras escaparon de la boca de Snow antes poder retractarse, y miró a Mirror esperanzado.
Mirror liberó a Snow de su boca y rio. Su risa sonaba como campanas, pero más dulce, con una cadencia juguetona, tan diferente de la raspante risa de Clara.
—Ya que me lo pides tan amablemente —Mirror dijo, jugueteando en la punta de su polla con su lengua mientras se acomodaba sobre manos y rodillas, presionando las palmas de sus manos en la hierba suave.
Clara gimió, lamiendo sus labios mientras se paraba entre Mirror y Snow.
— ¡Sí! —Clara gritó—. Cógela, necesito que la cojas. Tíratela bien duro, bebé —ella sujetó los hombros de Snow, empujándolo hacia abajo para que se arrodillara detrás de Mirror. Ella frotó su mástil duro, murmurando—. Sí, esto se verá muy bien en su coño —Snow no se resistió cuando Clara empujó sus caderas hacia delante hasta que su polla tentó la esencia empapada de Mirror.
Le tomó toda su fuerza de voluntad para no hundirse dentro de Mirror, ella estaba tan tibia y suave bajo él. Trató de estabilizar su respiración y esperó a que Clara lo moviera hacia donde desesperadamente, necesitaba estar.
—Eso es, mi rey —Clara dijo, frotando duramente su clítoris dando un paso atrás para poder tener una mejor vista de ambos. —Dame un espectáculo.
Finalmente, Snow empujó dentro de la abertura de Mirror y lentamente comenzó a moverse dentro de ella. Él empujó profundamente deteniéndose por un momento, para permitirle a Mirror ajustarse a su tamaño.
—Estoy bien —la voz de Mirror era queda y jadeante, suplicante—. Por dios, no te detengas.
Mirror estaba tan mojada y apretada alrededor de su polla, que casi pierde el control. Colocó sus manos en las caderas de Mirror y la jaló hacia él mientras empujaba duramente desde atrás.
—Clara, ven aquí —Mirror jadeó entre empujones. Ella estiró a Clara para que cayera de espaldas frente a su rostro—. Voy a saborearte mientras lo observas cogiéndome.
—Oooh, sí —Clara dijo en un suave murmullo, extendiendo sus piernas a lo ancho y jalando el rostro de Mirror hasta su vagina.
El pulso de Snow se aceleró, mientras miraba a Mirror explorar el coño de Clara con su boca, chupando sus pliegues, lamiendo su clítoris, y cogiendo a Clara con su lengua. La habilidad y técnica de Mirror eran perfectas. Snow no se había dado cuenta de que había muchas maneras en que esta mujer podía impresionarlo. Snow pudo darse cuenta de que Clara ya estaba cerca del borde de su orgasmo, su boca abierta, respiración entrecortada, gritos staccato de placer.
Snow empujó más y más rápido, sintiendo a Mirror temblar y contraerse alrededor de su verga cuando ella se vino. Él la siguió sobre el borde de su clímax, con una corriente de leche caliente mientras un rugiente orgasmo rompía a través de su cuerpo de una forma que él nunca antes había sentido. Él pudo oír gritar a Clara, estremeciéndose cuando su propia liberación la invadió.
Ellos colapsaron en un cúmulo sudoroso de extremidades sobre la hierba. Snow miró a Mirror, pero ella estaba viendo a Clara, con una mirada interrogante en su rostro.
—Éste rey lo hará bastante bien —Clara le dijo a Mirror, desenredándose de ellos y levantando su vestido—. Recoge este desorden y nos veremos en el castillo. Tenemos mucho que hacer.
—Por supuesto, Consejera —Mirror dijo. Tan pronto como el caballo de Clara quedó fuera de vista, Mirror sujetó la mano de Snow—. Vístete. Necesitamos irnos a la mierda de aquí.
***
Mirror pensó que nunca se iba a deshacer del sabor de Clara en su lengua. La mujer perfumó su vagina. ¿Quién hacía eso? Mirror miró a Snow. El muñeco encantador estaba tarareando para sí mismo mientras ellos huían de un asesinato en potencia. Las manos de Mirror todavía temblaban cuando recordó lo cerca que estuvo Clara de envenenar a Snow. Un segundo más y su encantador rostro habría desaparecido.
Al menos Snow no era un completo inocente; él era dinamita en la cama. Su entusiasmo era tan contagioso, que Mirror había logrado, en medio de la calentura, olvidarse de que estaba seduciendo a una asesina para poder impedir que la perra matara a Snow.
Ya había pasado un año desde la primera vez que Mirror siguió este sendero desde la cabaña de las enanas hasta el castillo, pero estaba confiada en que todavía sabía el camino. El tocón de un árbol que parecía una tetera, el trío de enormes árboles que se veían como ancianas chismorreando, la cueva con el eco gruñidor. Ellos no podían estar a más de media hora de su destino.
Mirror no estaba del todo segura de lo que harían cuando llegaran ahí, las enanas la habían recibido alegremente entre ellas cuando Mirror estaba tratando de resolver lo que quería hacer después que la maldición de su ama se rompió, pero no estaba completamente segura de cómo ellas recibirían al Príncipe Heredero.
— Eey, ¿Mirror? —Snow volteó hacia ella. La luz filtrándose a través de los árboles formó un halo alrededor de su cabeza, como si fuera un ángel.
— ¿Si? ¿Qué sucede? —Mirror preguntó.
— ¿Clara va a ser mi consejera cuando yo sea rey? —él preguntó, su voz un poco vacilante.
—Vamos a asegurarnos de que sobrevivas por el tiempo suficiente para realmente convertirte en rey, —Mirror dijo, acelerando un poco su paso. Cuando Snow se quedó atrás, ella volteó a mirarlo, él estaba cabizbajo—. ¿Qué te pasa?
—Ella se acostó conmigo porque le prometiste que algún día sería mi consejera. ¿Eso quiere decir que ella va a aconsejarme de la misma forma en que aconseja a mi padrastro?
Mirror se movió incómoda. Clara era despreciable, una perra egoísta que se acostaría con cualquiera que le diera el mayor poder. Puede ser que Mirror se hubiera pasado un rato agradable haciendo que la mujer tuviera un orgasmo, pero ella no quería que la víbora estuviera sin supervisión, a menos de veinte leguas del dulce Snow.
—Es tu decisión quién tú quieras que sea tu consejero —Mirror dijo—. Pero Clara no está tremendamente calificada cuando se trata de asuntos de diplomacia. Puede que tú quieras apegarte a alguien que realmente se interese por la gente —Snow todavía se veía confundido—. Clara no es buena. No deberías ser tan confiado, Snow —Mirror le dijo.
— ¿Pero por qué no confiaría en todos? —Snow preguntó, ligeramente boquiabierto. Casi se veía conmocionado por el pensamiento de que no todos en el mundo eran dignos de confianza.
Ay amiguito, Mirror suspiró. No era su culpa que su padrastro no le hubiera permitido interactuar con nadie fuera del palacio. El chico iba a caminar directo a un cuchillo pensando que era un apretón de manos si no se ponía al tanto pronto.
—Clara estaba tratando de envenenarte —finalmente le dijo—. Ese “azúcar” en su collar te habría matado, y tu padrastro se quedaría en el trono. Confía en mí, no todos son tan buenos como tú —Mirror trató de decirlo tan amablemente como le fue posible, pero estaba pasando un mal rato disimulando su frustración. Snow iba a ser rey. ¿Cómo iba él a sobrevivir si pensaba que todos eran tan bondadosos como él? No duraría ni una semana.
— ¿Tú crees que soy bueno? —Snow preguntó.
La esperanza en su voz hizo que a Mirror le doliera el pecho. Snow era una de las personas más buenas que ella alguna vez hubiera conocido, ¿cómo podía él dudarlo?
—Eres demasiado bueno, cariño. Tienes que ser más cuidadoso —Mirror acarició su brazo y continuó caminando por el sendero.
Snow trotó para alcanzarla, su sonrisa vacilante. — ¿Por qué tengo que ser cuidadoso, si tú estás cerca para salvarme?
—Puede que no siempre esté cerca —Mirror dijo. Ella no podría estar pegada a su lado todo el tiempo. Sus manos se apretaron en puños. Todos esos pasadizos secretos, el castillo era el sueño húmedo de un asesino. En el momento que él se convirtiera en rey, ella iba a aumentar en diez veces la seguridad.
Snow miró a lo lejos, hacia el bosque. —No me di cuenta que estabas planeando marcharte. Creo que estoy contento de que te tomaste el tiempo para salvarme de Clara. Sé que no soy el mejor acompañante.
— ¡No! ¡Eso no era lo que quise darte a entender! —Mirror gritó, alcanzándolo.
Un griterío y el sonido de algo masivo arrasando a través de los árboles explotó delante de ellos. Snow no volteó a mirarla, simplemente corrió hacia el sonido.
— ¡Snow! —Mirror gritó entre-dientes, corriendo para alcanzarlo. Sus pasos disminuyeron la velocidad cuando logró ver mejor el claro rodeando la cabaña de las enanas. La cabaña se veía igual como ella la recordaba: tres pisos de ventanas bien-cuidadas con un techo de tejas-rojas, hiedra creciendo por el costado de la pared de ladrillos, y un arco de madera alrededor de la puerta principal tallada con formas fantásticas de dragones y brujas besándose.
Ahora el claro se veía un poco diferente; estaba ocupado con una serpiente gigantesca de aproximadamente veinte metros de largo. Se alzaba en el aire al menos seis metros, y escupía veneno en un ácido chorro. La enorme bestia acampanaba los lados de su cara siseando mientras se balanceaba en busca de un objetivo. Diamantes rojo brillante marcaban los costados de su cabeza llegando hasta por debajo de su lomo, proclamando lo mortífero de su naturaleza. Como si el jodido tamaño de la cosa no fuera amenaza suficiente, el cascabel en el extremo de su cola era del tamaño de un caballo.
—Santa y jodida mierda —Mirror se quedó sin aliento.
Siete enanas estaban de pie esparcidas en un amplio círculo alrededor de la entrada a la cabaña, hablando con vehemencia unas a otras en su estruendoso lenguaje de enanas que Mirror no entendió. Aun desde esta distancia, Mirror reconoció a la mayoría de las enanas de su última visita a la cabaña.
Zoe, era la líder del grupo, estaba de pie más cerca al monstruo, sosteniendo una lanza tan larga como su cuerpo. Ella era la más alta de las enanas, de casi metro y medio de altura, con cabello verde brillante que se paraba treinta centímetros más por encima de su cabeza.
La mirada de Mirror se deslizó por los fuertes brazos de Zoe y su posición de guerrera, y se dio cuenta, con una profunda sensación aterradora, de que la enana moriría antes de permitir que algo le sucediera a su parentela. Las otras seis enanas, con sus cabellos en vivos colores yendo desde anaranjado a moteado amarillo hasta azul, también blandían hachas, lanzas y arcos, pero ninguna tenía la audacia de Zoe.
Zoe gritó algo en lenguaje de enanas, haciendo un ademán a sus camaradas con su mano libre para que retrocedieran a la seguridad de la cabaña. Sus ojos estaban fijos en la serpiente, su mirada jamás se intimidó por la mirada de sus pequeños ojos rojos.
Mirror miró a su alrededor buscando a Snow, pero no podía ver ni una señal de él. Ella deseó que él fuera lo suficientemente listo para esconderse cuando vio a lo que ellos se enfrentaban, pero lo dudó. Un muchacho que pensaba que el rostro de Clara era “amigable” probablemente confundiría a una serpiente de veinte-metros de largo, con una mascota nueva.
— ¡No te abandonaremos! —gritó la enana más pequeña del montón, en la lengua Común, blandiendo espadas en ambas manos, las dos más largas que su torso. Mirror trató de recordar el nombre de la más pequeña. Ella era pequeñita hasta para ser enana, su cuerpo tan delgado que una fuerte brisa podría tumbarla. Su brillante cabello morado, caía salvaje y enredado alrededor de su rostro. ¿Harper? ¿Parker? Algo por el estilo. Ella era tan chiquitita que Mirror quería alimentarla con pastelillos de chocolate hasta que se rellenara un poquito.
Con el sonido de la voz de Parker, Mirror estaba casi segura de que el nombre de la más pequeña era Parker, la serpiente cambió su atención de Zoe a la mujercita de cabello-morado quien batía sus espadas en complicados patrones.
— ¿Piensas que tú puedes vencerme, grandiosa verga? —Parker gritó—. ¡Nadie ataca a mis amigas!
Esto no terminará bien.
Mirror buscó a su alrededor por algo que pudiera usar como arma, para ayudarles. Palos. Piedras. Un tocón viejo. No había nada que de alguna forma pudiera funcionar contra una serpiente que podía distender su quijada, tragarse una legión de soldados completa, y no percibir la indigestión.
¿Dónde carajos está Snow? Mirror pensó desesperada.
La serpiente se deslizó hacia la cabaña, su enorme cascabel golpeando más rápido de lo que Mirror pensó era posible. Golpeó a través de uno de los cobertizos, aplastando en pedazos la madera y la estructura de piedra en menos de un segundo.
— ¡Oh, mierda! —Parker dijo, su voz suficientemente fuerte para que la serpiente se acercara sobre ella.
Por un momento, pareció que el claro completo sostuvo su respiración mientras la criatura decidía: retroceder o atacar. Su cabeza se hizo hacia atrás, luego se disparó hacia delante como el golpe de un relámpago, tan rápido que su cuerpo entero pareció desvanecerse.
El destello de un rayo de luz de sol reflejó contra el metal cuando Zoe saltó hacia delante, cortando el costado de la cabeza de la serpiente con su lanza antes de que pudiera arrancarle la cabeza a Parker de un mordisco.
La serpiente hizo un horrible sonido rechinante, el sonido del cascabeleo mientras sacudía su cabeza, retrocediendo para otro ataque, esta vez dirigido a Zoe y su triste lancita.
Oh dioses. Tengo que hacer algo, Mirror pensó desesperada. Ella abrió su boca para gritar, esperando distraer la atención de la serpiente lejos de las enanas.
La música inundó el claro en el bosque: notas altas en una hermosa armonía, fluyendo a través del aire como mariposas invisibles, posándose y haciendo cosquillas en toda la piel de Mirror.
La melodía era como ninguna que Mirror hubiera oído jamás: mitad canción de cuna, mitad bailable. Resonaba desde las profundidades de sus huesos e hizo temblar a los árboles, alborotando a los pájaros desde sus escondites entre las ramas y enviándolos a volar en nubes de parvadas blancas en el cielo.
Mirror supo que nunca oiría otra canción tan hermosa en su vida entera.
La serpiente se congeló.
Snow surgió del bosque, con una pequeña flautilla de caña en una mano. Sus ojos nunca dejaron de mirar a la serpiente mientras sus dedos bailaban sobre la corta longitud de la flautilla, su música reverberando a través del claro, como un regalo.
La música tenía una clase de magia que Mirror nunca imaginó que existiera. ¿Dónde aprendió Snow a hacer esto?
Mirror sintió la melodía en su corazón, y hasta el rostro-serio de Zoe se balanceaba inconscientemente con el ritmo. Parker y las otras enanas dejaron caer sus armas, despreocupadas, sumergiendo sus cabezas en el ritmo, y sus pies comenzaron a moverse. Las mujeres bailaron juntas, sus cuerpos se deslizaban con la música, como si estuvieran poseídos.
La serpiente pareció sentir la música de forma igualmente poderosa. Su cuerpo se enroscó y retorció, las enormes espirales moviéndose al ritmo de la música. Sus ojos, cada uno del tamaño de un carro, cerrados, y con el balanceo, la serpiente se alejó poco a poco de la cabaña.
Snow se adelantó, aumentando el ritmo mientras caminaba lejos del hogar de las enanas y se adentraba en el bosque, dirigiendo y alejando a la serpiente. La enorme bestia lo siguió, hipnotizada por la música, ya sin importarle las enanas.
La cabeza de Snow desapareció entre los árboles, la masiva serpiente marcada-de-rojo lo siguió como un cachorrito enamorado. Mirror sintió cómo salió de golpe del encanto de la música, como si se rompiera un hechizo. Ella corrió hacia Zoe, que estaba recogiendo la lanza que había dejado caer.
—Zoe, ¿estás bien? ¿Qué sucedió? —Mirror dijo, con su vista todavía en el parche del bosque donde Snow había desaparecido. Regresa. Si él no se presentaba en el siguiente minuto, ella iba a ir tras él, y ya no le importaba lo que eso pudiera costarle. Él tenía que regresar. Un hombre lo suficientemente valiente y compasivo para domar a un monstruo con música era exactamente lo que el reino necesitaba. Más te vale que regreses.
Zoe dejó de hablar en lenguaje de enanas con otra mujer y volteó hacia Mirror. Ella se pasó una mano por el cabello.
—Escuchamos rumores de que había una serpiente-ogro en el área —Zoe dijo hablando en lengua Común con un ligero acento—. Pero ésta —Zoe miró duramente a Parker, que se sonrojó y miró hacia otro lado—, quería ver por sí misma a la bestia legendaria y fue a buscarla. Y, Parker siendo Parker, encabronó tanto a la bestia que ésta la persiguió hasta la casa —su voz era seria, pero cuando miró a Parker, el rostro de Zoe tenía el amor fastidioso de una hermana mayor.
—Me imaginé que se daría por vencida. Nunca fue mi intención poner a todas en peligro—Parker masculló, su voz queda y avergonzada—. Solamente quería verla.
—Lo bueno es que Snow tiene un talento escondido para domar monstruos —Mirror dijo, todavía mirando al lugar donde Snow y la serpiente desaparecieron. Si no regresa en diez segundos, voy a ir tras él, se dijo a sí misma. Nueve… Ocho… Siete…
Snow surgió antes de que Mirror terminara de contar, la flautilla rota colgando de su muñeca. Mirror sintió que su pecho se encendió de alegría, y sus pies corrieron atravesando el claro hacia él antes de darse cuenta de que ya se estaba moviendo.
Los brazos de él se envolvieron alrededor de ella, y Mirror dejó escapar un suspiro de alivio mientras se recargó contra los duros músculos de su pecho.
— ¡Estás bien! —Ella gritó en su hombro—. ¡Jamás vuelvas a hacer eso!
Snow rio. ¡Pero si fue divertido! La serpiente fue realmente dulce, una vez que descifré que le gusta el jazz.
Mirror no podía decir si el ruido que salía de su garganta era un sollozo o una risa. — ¿A la serpiente le gusta el jazz, eh? —Ella miró alrededor por cualquier señal de los diamantes rojos en los matorrales—. ¿Regresará por un bis?
Snow meneó su cabeza. —No. Comencé a tocar unas melodías del pueblo, y se aburrió y se fue. No regresará.
—Si tan solo tu padrastro pudiera ser alejado tan fácilmente —Mirror suspiró.
Un tosido cortó la conversación, y Mirror volteó para ver a Zoe de pie a unos pocos pasos detrás de ellos, su rostro serio y pensativo.
—Zoe —Mirror dijo—. Me gustaría presentarte al Príncipe Snow de los Hales, Príncipe Heredero y gobernante verdadero del reino.
Snow se encogió de hombros. —Aunque me puedes llamar Snow. Como “nieve” en lengua antigua —él extendió su mano hacia Zoe, con una sonrisa deslumbrante.
Mirror contuvo su aliento. Después de una pausa que se sintió como una eternidad, una sonrisa en respuesta se extendió en el orgulloso rostro de Zoe.
—El clan de las Rocas Golpeadas te da la bienvenida a nuestro hogar —Zoe dijo. Ella hizo un ademán hacia la cabaña—. Podemos ofrecerle muy poco comparado a lo que pudimos ofrecerle en el pasado, pero usted nos salvó de una bestia monstruosa. Todas estamos en deuda con usted. Es bienvenido a nuestro refugio y a compartir nuestra comida por tanto tiempo como usted lo necesite.
Snow sonrió tan intensamente que su sonrisa parecía irradiarse como una abrazante antorcha detrás de sus ojos.
— ¡Estoy muy feliz de conocer nuevos amigos! —él dijo.
Mirror apenas pudo resistir el impulso de golpearse en la frente con la palma de su mano, pero Zoe y el resto de las enanas sencillamente le sonrieron en respuesta y se adelantaron para estrechar su mano. Todas se presentaron con él, Zoe primero, luego las otras enanas de coloridos y brillantes cabellos, con Parker al final.
—Eres un tipo raro —Parker comento cuando ella estrechó su mano. Ella era tan pequeña que tuvo que estirar su cabeza hacia atrás para mirar a Snow a la cara.
—Tú también eres un poco rara —él le dijo, sonriendo.
Parker asintió solemnemente, la expresión seria era ridícula en su rostro similar al de un hada.
—Raro es el mejor tipo de persona. Tú estás en lo correcto —ella caminó alejándose como si hubiera pronunciado el juicio fundamental acerca de él. El resto de las enanas se dispersaron en grupos más pequeños, hablando entre ellas en su sonoro lenguaje y caminando perezosamente hacia la cabaña.
— ¿Qué es lo que acaba de suceder? —Snow preguntó, acercándose sigilosamente a un lado de Mirror.
—Pienso que acabamos de encontrar un lugar para pasar la noche —ella dijo.
—Ah bueno. Porque pienso que la serpiente no estaría muy cómoda si nos quedamos con ella —Snow contestó.
Mirror miró a su rostro para ver si estaba hablando en serio, pero por su cándida expresión, las probabilidades eran de cincuenta-cincuenta.
La cena fue escasa. Las enanas no habían planeado tener invitados, y las preparaciones habían sido interrumpidas por la aparición repentina de una serpiente lista para matarlas y destruir su hogar.
Snow y Mirror movían los pedacitos de pan y carne alrededor en sus platos, Mirror se preguntaba cómo expresar de forma diplomática en una frase, su oferta para darle la carne de su plato a Parker, para que la diminuta figura pudiera verse más como una mujer y menos como una rama.
—Así que, ¿cómo es que siete enanas viven aquí en medio del bosque? —Snow preguntó—. He leído que todas ustedes son mineras y magas sorprendentes. ¿Pero por qué están aisladas aquí?
Una enana de cabello azul se inclinó hacia Parker y dijo algo en su lenguaje que hizo que la enana de cabello-morado resoplara. Zoe las reprendió y gruñó algo de forma suficientemente severa que ellas se hundieron en sus asientos.
—Pero tienen razón —Snow dijo, haciendo un ademán hacia Parker y la enana de cabello-azul—. Definitivamente que algunas veces mi padrastro puede ser una bola babosa de popó —él miró a Zoe—. Eso es lo que quiere decir zingast, ¿popó?, ¿verdad?
Todas en la mesa miraron al príncipe como si le hubiera salido una segunda cabeza.
— ¿Hablas el lenguaje de las enanas? —Mirror preguntó.
Snow se encogió de hombros. —Mientras crecí tuve mucho tiempo libre, ya que mi padrastro jamás me dejó trabajar o ir a la escuela. He aprendido doce idiomas, más o menos. El lenguaje de los Trolls no debería contarlo porque solo hay treinta palabras en todo el asunto, y Esfinge no puede ser pronunciado por una garganta humana, de hecho.
Todas las enanas comenzaron a hablar al mismo tiempo, sonriendo y saltando en sus asientos. Snow les contestaba en lenguaje de enanas y Mirror se perdió rápidamente en la conversación. Aunque lo que fuera que las enanas le estaba diciendo a Snow, no era un relato feliz. Él se hundió más y más profundo en su silla mientras ellas hablaban, las lágrimas llenaron sus ojos color café.
Mirror se inclinó hasta Parker y le dio un codazo. — ¿Qué están diciendo? —ella preguntó suavemente.
Parker suspiró. —Tu amigo es un poco ingenuo. Él es bueno, y su acento es impecable, pero… ¿cómo puede vivir en el castillo de su padrastro y no darse cuenta de que el hombre es un tirano malcriado?
—Nunca escuché los detalles de lo que Víctor les hizo a todas ustedes. El rumor dice que les robó su magia y luego trató de matarlas.
Parker asintió. —Toda la magia de nuestra gente está concentrada en un tótem esférico. Las ancianas le llamaron el Orbe, y Víctor lo robó. Bastardo —Parker escupió—. Cuando enviamos a nuestras líderes al castillo para demandar que nos lo regresara, él decretó que si las enanas remodelaban y engrandecían el castillo, él nos regresaría el Orbe.
—Y, permíteme adivinar, después de que terminaron, ¿Víctor no lo regresó? —Mirror preguntó, recordando la gran gema roja en el collar de Víctor.
—Nosotras somos buenas con la piedra —Parker dijo, flexionando sus manos a lo largo de la suave mesa de piedra—. Y nos gusta construir cosas, pero nosotras hicimos todo el trabajo aumentando su horrible castillo de mierda porque necesitamos el Orbe. Es mucho más que un tótem, es la fuente del verdadero poder de las enanas. Sin él, nuestra gente no tiene acceso a nuestra magia —ella frotó el borde de la brillante mesa—. Cuando Víctor se hizo adicto al poder del Orbe, él comenzó a temernos y a temer nuestro profundo conocimiento de los secretos de su castillo. Finalmente huimos después de que él trató de envenenar nuestras raciones. Su armada ha estado persiguiéndonos desde entonces. Fuimos afortunadas de que sus hombres nunca se enteraron de este escondite, o hace mucho que estaríamos muertas.
Mirror miró a todos en la mesa. Snow estaba con su vista fija afuera a través de la ventana, su expresión pensativa y triste. Las enanas se recargaban unas con otras, buscando consuelo.
—Esta mañana, Víctor envió a su asesina, Clara, para matar a Snow —Mirror les dijo a todas. Las enanas mascullaron palabras de enojo entre sí, dando palmadas de consuelo en el hombro de Snow. Él se acomodó en su silla, se veía incómodo. Mirror escondió una sonrisa. En realidad, un trío fue la mejor manera en que podía terminar un intento de asesinato.
—Ninguno de los hombres de Víctor ha sido capaz de encontrar este lugar en todo el tiempo que hemos estado escondidas aquí. Usted nos salvó; puede quedarse con nosotras por tanto tiempo como usted así lo desee.
—Muchas gracias —Snow dijo, inclinando su cabeza respetuosamente.
—Sí, gracias —Mirror dijo—. Pero esa no fue la razón por la que les conté acerca de Clara. Todas ustedes han sufrido en manos de Víctor. Ayúdenos. Con su ayuda, tenemos una verdadera oportunidad para destronar a Víctor.
—Y ¿qué haremos acerca del Orbe? —Zoe dijo—Víctor robó nuestra magia. Él puede usarla contra nosotros. El Orbe casi tiene poderes ilimitados. Él puede abatir el castillo entero convirtiéndolo en escombros si él realmente lo quisiera.
— ¡Entonces tendremos que sorprenderlo! —Snow dijo, saltando para ponerse de pie—. Ustedes saben cómo entrar al castillo sin ser vistos, y yo conozco cada rincón dentro de las paredes del castillo. Nosotros restableceremos su poder y salvaremos el reino. Si trabajamos juntos, ¡cualquier cosa es posible!
Zoe, Parker y las otras enanas se miraron unas a otras en silencio por tan largo rato que Mirror estaba preocupada de que ellas se rieran con el entusiasmo de Snow. Parker comenzó a sonreír y Zoe sonrió en respuesta. Zoe se puso de pie y estrechó la mano de Snow.
—Es un honor para nosotras ayudar al rey verdadero de esta tierra a reclamar su trono —ella debió haber apretado su agarre alrededor de la mano de Snow, porque el príncipe hizo una mueca y miró la palma de su mano, sorprendido—. Y si usted nos traiciona de la forma en que su padrastro lo hizo, sepa que no hay un lugar en este reino en el que usted se pueda esconder a donde nosotras no lo perseguiríamos, lo encontraríamos y alimentaríamos a las cabras con sus entrañas.
—Muuuy bien —Snow dijo, su voz extraordinariamente aguda. Usando la mano que la enana no le estaba apretando hasta dejarla pálida, él levantó su copa y la sostuvo sobre la mesa —Un brindis. ¡Por la victoria! —él gritó.
— ¡Por la victoria! —las enanas hicieron eco, excepto por Parker que levantó su copa y gritó:
— ¡Por no morir con una muerte espantosa y terrible!
***
— ¡Mierda! —Un estruendo hizo eco en las paredes de la cabaña, y Mirror se encogió—. ¿Crees que las enanas se darán cuenta de que tienen un plato menos? —Ella sostenía los fragmentos de un platito de cerámica.
—Honestamente, apuesto a que ellas esperan al menos un plato roto —Snow tenía las mangas de su camisa arremangadas, exponiendo los músculos de sus antebrazos—. Ambos crecimos en castillos con sirvientes. Es para maravillarse que cualquiera de nosotros dos siquiera oyera acerca de lavar platos —él sopló una burbuja de jabón de las manos enjabonadas de Mirror.
Mirror rio, reventando la burbuja en el aire. —Supongo que tienes razón. Es solo que me siento tan inútil esperando aquí hasta que las enanas regresen —ella pasó un trapo bordado con un patrón de rubíes sobre la taza recién-lavada que Snow le entregó—. No es que me esté quejando, definitivamente necesitamos un respaldo. Pensé que ya había terminado de esperar para que alguien viniera a salvarme —ella suspiró ligeramente, poniendo un plato de regreso en el escurridor. Snow puso una mano tranquilizadora en el hombro de Mirror.
—Este no es como el lugar donde creciste —Snow dijo, pensando en todas las historias que Mirror le contó acerca del castillo donde ella había vivido hasta que había pasado de sus veinte años. Ella no hablaba frecuentemente de ello, pero Snow siempre esperaba esos raros momentos en que Mirror se abría con él y le platicaba acerca de lo que a ella realmente le importaba. Lo hacía sentirse como un verdadero amigo.
—Tienes razón —Mirror le dijo, levantando otro plato y comenzando a tallarlo con más fuerza—. Allá en la casa, fueron años de prueba y error para romper la maldición. Aquí, nosotros sabemos cómo detener a nuestro enemigo.
— ¿Piensas que ellas serán capaces de conseguir que los clanes cercanos de enanas se nos unan? —Snow preguntó.
—Cuando Víctor robó el Orbe, no solo perjudicó a estas siete enanas —Mirror golpeó suavemente el retrato del regente colgando en la pared. Un dardo estaba atravesado directamente en su cabeza—. Él tomó el poder de todas las enanas. Ellas querrán justicia.
— ¿Es acaso posible la justicia contra un hombre como mi padrastro? —Snow deslizó el último plato sucio dentro del fregadero salpicando el agua jabonosa, sintiendo la pena como una pesadez en su pecho—. Leí mucho acerca del pueblo de las enanas cuando estaba estudiando su lenguaje —él sacó el dardo del retrato de Víctor—. El Orbe es realmente especial para ellas —suavemente colocó el dardo sobre la mesa de madera barnizada de color marrón de la cocina—. Es su tótem, su santa reliquia. Cualquiera que simplemente pudiera robarla sin una gota de remordimiento debe ser alguna clase de… —la barbilla de Snow pegó en su pecho cuando concentró su mirada en el suelo—… Monstruo.
—No es un monstruo, Snow —Mirror tomó la mano de Snow suavemente. Frotó su pulgar a lo largo de sus nudillos, y Snow se apoyó en su toque—. Tu padrastro solo es un hombre que tomó muchas, muchas malas decisiones —ella lo acercó hacia sí y descansó sus manos sobre su pecho, inclinándose hacia delante para darle un breve beso en la mejilla—. Sé qué harás un trabajo mucho mejor una vez que tú seas rey.
Snow asintió, su mente divagando. Víctor había hecho muchas cosas imperdonables, y tenía que ser retirado del poder, pero Snow tenía la esperanza de que su insignificante resistencia, al final le mostrara misericordia. Aún después de todo lo que él había hecho, Víctor era su única familia, con todo y que nunca había actuado como tal.
Snow se deshizo de sus pensamientos desoladores antes de que lo deprimieran. Mirror sabría qué era lo mejor. Ella tenía una perspectiva tan mundana. Antes de esa mañana, el mundo completo de Snow había consistido en el castillo y sus terrenos.
Los dedos de Mirror acariciaron su mejilla, y él se inclinó hacia delante para descansar su cabeza en el cabello de Mirror. Desde el encuentro con Clara, Mirror lo había estado tocando con mucha más frecuencia de lo que él podía recordar: pequeños roces y codazos que le daban esperanza de que quizás ella podría sentir lo mismo que él.
Él sabía que le gustaba a Mirror, pero hasta ahora, todo lo que ella había hecho era protegerlo por ser el rey. Ella sedujo a Clara por su seguridad, lo ayudó a ganarse la confianza de las enanas para su causa. Él quería ser un buen rey para su gente, por supuesto, pero para Mirror, él quería ser algo más: él quería ser un hombre. Su hombre. Pero eso era imposible. Ella había visto tanto mundo, siendo un instrumento para romper la maldición en su hogar, y comprendía tantas cosas… ¿cómo podría ella verlo alguna vez como un igual?
— ¿Mirror? —Snow dijo, acunando la parte posterior de la cabeza de ella en su mano—. Hablas mucho acerca de qué es lo que va a suceder una vez que yo sea rey.
—Bueno, sí. Por eso estamos aquí, ¿verdad? Para mantenerte seguro y que puedas salvar a este país de la tiranía de tu padrastro —ella sonrió. Su sonrisa era alentadora, pero sus palabras apesadumbraron su corazón. Yo no lo intereso, ella solo quiere que sea el rey. Mirror era igual que todos los demás.
Snow respiró profundamente. Él pensó en el constante ir y venir de nanas y sirvientes con quienes él se había encariñado a través de los años. Al principio parecía que todos ellos se interesaban por él, pero todos ellos se fueron. Ellos siempre se iban. Mirror lo quería para ser rey, ella quería salvar al reino, pero después de eso, ¿qué haría? Él no se atrevió a preguntar.
— ¿Estás bien? —Ella preguntó, retirándose de él para mirarlo a la cara—. No te ves con tu acostumbrada jovialidad.
Snow forzó su boca en una sonrisa. Si solo tendría a Mirror en su vida por un corto tiempo, él no quería pasarlo especulando sobre cuándo ella se iría.
—Solo pienso en la batalla. Estaré más feliz una vez que todo termine —él dijo.
Mirror volvió a besarlo en la mejilla, sus labios quedaron en su piel, haciendo que su corazón golpeara con fuerza. No le importó que sus manos estuvieran cubiertas con espuma de jabón, él quería agarrarla y hacerle el amor sobre la mesa hasta que ella gritara su nombre.
La sonrisa de Mirror se amplió. —Conozco ese brillo en tus ojos —ella rio—. No tenemos tiempo. Tengo que ir a ver si soy mejor afilando espadas de lo que soy lavando platos. ¿Puedes terminar con los platos?
— ¡Absolutamente! —Snow gritó, lanzando sus brazos hacia arriba con tanto entusiasmo que quebró el borde del plato que había recogido. Rápidamente escondió el plato de regreso en el agua jabonosa, esperando que Mirror no se hubiera dado cuenta. Los ojos de ella siguieron el plato, y sonrió.
—Solo trata de no meterte en problemas por cinco minutos, ¿te parece? —ella le dijo, dirigiéndose a la parte posterior de la cabaña hacia la pequeña choza que servía como la armería de las enanas.
Snow estuvo a punto de gritarle que él no era el único que siempre se metía en problemas, que era otra gente la que lo metía en ellos. Entonces recordó a la serpiente. Él sonrió. La serpiente era buena. Tuvo la esperanza de que ella continuara siendo su amiga cuando él fuera rey.
Un golpe brusco en la puerta interrumpió sus pensamientos, y caminó hasta ella para abrirla. ¿Será la serpiente? ¿Las serpientes pueden tocar a las puertas? Él pensó con una sonrisa en su rostro mientras la abría.
—Hola, jovencito —un frágil viejecillo estaba de pie en la entrada. Se apoyaba pesadamente en un retorcido bastón negro, su espalda tan encorvada por el tiempo que casi estaba doblado a la mitad. Los pocos cabellos blancos que le quedaban en su cabeza estaban peinados sobre ella para proveer máxima cobertura para su calvo cuero cabelludo. Su voz temblorosa mientras hablaba, subía y bajaba retumbante en un octavo de tono—. Discúlpeme por interrumpir sus quehaceres, mi buen amigo. Estaba paseando por estos bosques y me extravié —una toz seca explotó desde su garganta—. Me preguntaba si pudiera molestarlo con un trago de agua. Por supuesto que le pagaré por él.
— ¿Pagar? —Snow apenas pudo resistir la urgencia de levantar al anciano y colocarlo en una mecedora frente al fuego crepitante. Tendría que encontrar una mecedora, pero el anciano se vería muy bien en una—. No podría aceptar un pago, especialmente por una simple taza de agua —Snow estiró la puerta para abrirla más y se apuró dentro de la cocina, regresando con una taza de agua fresca—. ¿Le gustaría entrar y descansar un rato? Quedará encantado.
— ¿Encantado? —El anciano rio, tomando la taza de la mano extendida de Snow—. Creo que no —la mano del anciano temblaba mientras sostenía una brillante manzana roja—. Pero tal amabilidad debe ser recompensada. Sé que esta pobre ofrenda no es gran cosa, pero es de la huerta de mi familia. Cultivamos las manzanas más finas en el reino, no vaya a pensar que solo lo digo por decirlo.
La manzana era de un rojo tan brillante que parecía tener luz propia. — ¡Estoy seguro de que está buenísima! —Snow sonrió ampliamente—. ¿Está seguro de que no puedo ofrecerle algo de comer? —El anciano estaba tan pálido que podían verse sus venas color azul brillante a través de su piel—. Por favor, siéntese y descanse un poco, ¿gusta?
El anciano se atragantó el agua con una rapidez sorprendente y miró duramente a Snow. — ¿No le gustan las manzanas? Mi familia trabaja día y noche para cultivarlas.
—Oh, ¡al contrario! —Snow frotó la manzana contra su manga—. Me encantan las manzanas, ¿lo ve? —El sonido de su entusiasmado mordisco resonó en las paredes de piedra de la cabaña.
—Finalmente —la voz del anciano sonó diferente, más fuerte. Él dejó caer su bastón y, con un golpe de su muñeca, una repentina neblina se apresuró sobre él.
Snow cayó sudando y temblando. Hilos de un blanco puro se esparcieron por toda su mano como enredaderas vivientes bajo su piel.
La neblina se disipó del anciano tan rápidamente como apareció, revelando al Rey Regente Víctor, transformado a su condición normal. Él sostenía el Orbe de color rojo ardiente en una mano, acariciándola distraídamente mientras complacido, miraba a Snow en el suelo.
—Adiós, hijo. Ahora, la gente tendrá que aceptarme como su rey —su risa permaneció por un largo rato después de que él se esfumó.
Snow trató de hablar, para pedir ayuda, pero no podía hacer que las palabras salieran de su boca. Sus pulmones se esforzaban por respirar y le ardían, desesperado por tomar aire que no podía aspirar. Cayó con fuerza al suelo, su visión se desvanecía.
***
Mirror escuchó un fuerte golpe desde el interior de la cabaña.
— ¿Se quebró algo más ahí dentro? —Ella gritó sobre su hombro mientras raspaba la piedra afiladora sobre la masiva espada de Zoe. Seguro que la mujer conocía de armas. La colección de espadas y hachas de Zoe rivalizaban hasta la colección de su antigua ama allá en su casa.
Ninguna respuesta vino desde la cabaña.
Mirror dejó la piedra afiladora y la espada.
—Snow, ¿estás bien? —Ella abrió la puerta trasera, y un grito escapó de su garganta mientras corrió atravesando la habitación hasta donde Snow yacía en el piso, convulsionándose. Se lanzó al suelo junto a él, agarrando un almohadón de una silla cercana para acojinar su cabeza y rasgó su camisa para abrirla y así evaluar sus heridas. Telarañas de venas blancas se irradiaban desde las puntas de sus dedos, entrelazándose rápidamente hacia su pecho.
No, Snow, no. El miedo se cerraba como una prensa alrededor de su corazón.
Los senderos blancos resaltaban crudamente contra su piel bronceada, una amenaza sobrenatural lo convertía en piedra. Su boca se abrió y cerró muda cuando él trató de hablar. Con todo propósito dirigió su mirada hacia la manzana tirada a su lado debajo de la mesa. Una sola gran mordida había tomada de ella.
—Snow, hermoso idiota. ¿Qué has hecho? —Mirror preguntó, su voz ahogada.
Mirror agarró una servilleta y la usó para recoger la manzana, oliendo los bordes en la marca de la mordida: azufre con un ligero olor de cardamomo.
Mirror se concentró en recordar todos los libros sobre maldiciones que ella había leído cuando vivió con su antigua ama. Por diez años, Mirror vivió en un castillo maldito donde todos los que ella amaba estaban a merced de una magia funesta. Desesperada por encontrar una manera para salvarlos, Mirror estudió casi todas las maldiciones en el reino para tratar de encontrar una cura.
Oh dioses. El corazón de Mirror latió rápidamente cuando se percató de lo que esto tenía que ser. Mirror se había equivocado: Realmente, Víctor era un monstruo. Él había puesto a su hijastro bajo la Maldición Blanca. Las telarañas blancuzcas habían alcanzado ambos brazos de Snow. Una vez que alcanzaran su corazón, Snow se convertiría completamente en piedra, atrapado dentro de su mente para siempre, nunca volvería a ser capaz de moverse o de sentir.
— ¡Snow! —Mirror se inclinó más cerca de él mirándolo a los ojos, frotando sus manos a lo ancho de su pecho—. Víctor te maldijo, pero yo conozco la cura.
Era arriesgado, y ella no podía estar segura de que iba a funcionar, ya que la Maldición Blanca había sido detenida solamente en una ocasión anterior.
—La Maldición Blanca es impulsada por el odio —mientras hablaba, ella retiró el resto de las ropas de Snow hasta quedar desnudo en toda su impresionante y musculosa gloria. Ella trató de ignorar las líneas blancas subiendo por encima de sus rodillas y comenzando a entrelazarse trepando hacia sus muslos.
Yo puedo salvarlo. Tengo que salvarlo. Mirror arrancó sus ropas y lo montó a horcajadas para que su clítoris se frotara contra los bordes de su marcado abdomen. Los ojos de él se abrieron.
—La cura es combatir con el opuesto de la maldición —ella se estiró hacia delante para acariciar su pecho y retorcer los pezones de él—. Eres importante para mí, Snow —ella se inclinó hacia él y lo besó suavemente en los labios, disfrutando su sabor, tan vivo y dulce. Los ojos de él parpadearon para cerrarse por un segundo, y finalmente tomó una respiración profunda, el color regresando a su rostro cuando comenzó a respirar una vez más. Ella se hizo hacia atrás, y la garganta de él se movió como si estuviera tratando de hablar, pero la maldición detuvo sus palabras. Mirror se movió hacia abajo sobre el cuerpo de Snow hasta quedar sentada sobre sus muslos, y miró a su verga medio-erecta.
—No trates de hablar —le dijo—. Solo mueve tus ojos. Mira hacia la derecha si yo también soy importante para ti. Mira hacia la derecha si tú deseas que yo haga esto.
Él miró tan fuertemente hacia la derecha que sus pupilas casi desaparecieron.
Mirror sonrió y se inclinó hacia delante para lamer la punta de su polla.
—Entonces confía en mí, amante. Piensa en mí, acerca de lo que estamos haciendo juntos, y solo concéntrate en eso, solo en eso.
Snow la miró directamente y su barbilla se hundió, como asintiendo, tanto como la maldición se lo permitió. Pero eso fue suficiente.
La boca de Mirror bajó sobre la polla de Snow, tomando su mástil completo dentro de su boca, lamiendo y chupando duro. Ella se regocijó cuando sintió que la verga se endurecía en su boca hasta pararse dura y fuerte, con la punta frotando el fondo de su garganta. Infló sus mejillas y lo tomó más profundamente, la sensación de su dura longitud por su garganta, la puso mojada. Ella le zumbó, la vibración danzando sobre su verga. Mirror oyó un gruñido.
Mirror levantó su mirada para ver el rostro de Snow. Estaba iluminado con una sonrisa enorme. Luego, miró sus brazos. Las líneas blancas ya estaban comenzando a retroceder, despacio por brazos y piernas, de regreso hacia sus manos y pies.
¡Está funcionando!
El fluido seminal de Snow sabía salado y espeso mientras le llenaba su boca. Ella fue lamiendo lentamente a lo largo del costado de su mástil mientras se movía hacia arriba. Él gruñó más fuerte, y ella usó su saliva para lubricar su vástago mientras frotaba y exploraba con las puntas de sus dedos la delicada piel a lo largo de su polla. Se clavó más abajo, tomando cada una de sus bolas con su boca, lamiendo cada una y rolándolas con su lengua. Las caderas de Snow se alzaron un poquito, tratando de empujar sus bolas más dentro de la boca de Mirror.
¡Sí! Si puede mover sus caderas, la maldición está perdiendo su agarre. Ella soltó sus bolas y se sentó, montando su cintura para que su polla descansara contra su abertura mojada.
—Mirror… —la voz de Snow era ronca, desesperada y suplicante—. Sí —él logró susurrar.
La sonrisa de Mirror era tan amplia que podía sentir la alegría hasta su pecho. Se hundió un poco en su polla, sintiendo la punta justo dentro de sus labios, tentando el interior de su valle.
— ¿Si, Snow? ¿Cómo te sientes? —ella se hundió un poco más, sus muslos le ardían mientras se sostenía arriba, permitiendo que al aumentar la anticipación y la humedad, se convirtieran en una necesidad obsesiva creciendo en su esencia.
—Mirror… nunca te lo dije… gracias… —Snow dijo. Sus caderas se sacudieron hacia arriba solo un poco, empujando su polla más profundamente, pero apenas solamente la mitad estaba dentro de ella.
— ¿De qué? —ella meció sus caderas, enviando pequeños disparos de placer por sus piernas mientras su polla presionaba contra su clítoris. Le encantó la sensación de su verga dura deslizándose adentro y afuera de sus labios, llenándola. Ella no miró a las venas blancas que todavía trepaban por sus brazos, manteniendo sus manos como piedras a cada lado de él. Ella no podía permitirse pensar en ello. Pensar en si, tanto como a ella le importaba, tanto como ella lo amaba, si ella quería admitírselo a sí misma, podría no ser suficiente para hacer retroceder la fuerza del odio y celos de Víctor. Snow era más inocente y bueno que cualquiera que ella alguna vez hubiera conocido.
—Gracias… por permitirme amarte —él dijo mientras se empujaba todo hacia arriba, hasta la empuñadura, dentro de la calidez de Mirror. Ella se entusiasmó con su llenura. Su verga estiró sus paredes, y ella pudo sentir la punta de su polla hasta el fondo de su pasaje.
—Snow —ella jadeó, sujetándose de los muslos de él para equilibrarse mientras rotaba sus caderas con más fuerza, montándolo fervorosamente—. De nada, para mí es más que un placer, mi amor —ella lo cabalgó duro, deleitándose en el golpe de piel contra piel cuando se hundía profundamente en él. Snow empujaba dentro de ella, duro, la fricción haciendo surgir el placer en olas por todo su cuerpo.
—Tú eres lo mejor en mi vida —Snow dijo, su voz saliendo en jadeos mientras empujaba, su abdomen mirándose tenso y bien-definido con cada esforzada sacudida de sus caderas—. Te deseo para siempre.
— ¡Sí! —Mirror gritó—. ¡Te amo tanto, Snow! —Cuando gritó las palabras, sintió las manos de él en sus tetas, apretando y pellizcando sus pezones, trayéndola al orgasmo más explosivo de su vida. Estrellas explotaron en su cabeza y la habitación se desvaneció mientras su cuerpo temblaba y se retorcía sobre su polla. La piel bronceada de Snow estaba limpia, sin nada de la maldición blancuzca. Él retorció los pezones de Mirror, su sonrisa positivamente maliciosa mientras la miraba.
—Mi turno —él dijo. La sujetó por la cintura y la levantó de su polla como si no pesara en absoluto. Ella no se resistió cuando él la cargó por los restantes pocos metros hasta una de las camas de las enanas, a lo largo de la pared. Snow la recostó sobre su estómago en la suave superficie y ella gritó cuando los pliegues de la manta frotaron contra su clítoris súper-sensible.
Él se colocó en la cama detrás de ella, y levantó las caderas de Mirror para que se apoyara en manos y rodillas, presentándole su culo.
—Mirror, puede que nunca logremos convertirme en rey —él dijo mientras su mano encontró su clítoris empapado y empujó dos dedos dentro de ella. Ella clavó sus uñas en las sábanas, empujando sus caderas hacia él, desesperada por sentir su polla llenándola de nuevo—. Pero espero que sepas que… —él sacó sus dedos, y ella casi lloró de felicidad cuando sintió su polla deslizándose profundamente dentro de ella. Mirror no pensaba que fuera posible para él ir más profundo, pero el nuevo ángulo la golpeó en lugares nuevos y acertados—. …Tú siempre serás mi reina.
Él la sacó y volvió a empujar dentro, más fuerte. Sus manos se sostenían de las caderas de Mirror cuando aumentó la velocidad, empujando tan duramente que el cuerpo de Mirror se deslizó en la cama hasta que sus manos golpearon la cabecera. Los dedos de Snow alcanzaron su clítoris y lo frotaron y ella sintió cómo se apretaba alrededor de su polla mientras él gritaba. Su leche caliente fluyó dentro de ella, apasionándose. Su cuerpo entero se estremeció con el poder de su orgasmo mientras se chorreaba alrededor de su polla, empapándolo y sintiendo el placer como casi dolorosas-explosiones a través de todos sus músculos.
Ambos cayeron de espaldas en la pequeña cama, con sus pies colgando en un extremo mientras ella se acurrucó en los brazos de Snow.
— ¿Lo dijiste en serio? —Snow dijo con su rostro en el cabello de Mirror. Ella se giró en brazos de él para mirarlo a la cara. La dulce boca de Snow estaba fruncida en una expresión que le rompió un poco el corazón. Él pensaba que ella no lo amaba. ¿Cuánta gente le ha mentido en toda su vida? Mirror pensó.
Su padrastro lo aisló, haciéndolo sentir como si él fuera nadie. Snow hablaba más idiomas de los que Mirror sabía que existían, tocaba música como si fuera un súper-poder, y aun así el no creía que ella pudiera amarlo.
Ella corrió sus dedos a través del cabello de Snow, sintiendo los suaves mechones entre las puntas de sus dedos. ¿Acaso ella era tan diferente? Por diez años, Mirror vivió en un hogar maldecido donde la única persona con la que ella realmente podía hablar era su vanidosa ama, quien, aunque Mirror no dudaba que Sophie la hubiera amado, solamente estaba concentrada en romper la maldición encontrando a su “amor verdadero”.
Mirror nunca se había permitido pensar realmente en su constante dolor en todos esos años de que el amor que ella y Sophie compartían nunca había sido considerado como suficientemente “verdadero”. Realmente, sólo Snow la había visto, admirado a Mirror por sí misma. Para todos los demás, Mirror era solo un reflejo, como su nombre en lengua antigua, de lo que ellos deseaban, una herramienta que podían usar cuando su presencia era conveniente. Para Snow, ella era su… reina.
—Sé lo que se siente pensar que no eres merecedor de amor —Mirror dijo, pasando las puntas de sus dedos por un lado del rostro de Snow—. Sin importar cómo resulte esta batalla, yo estaré aquí. Te probaré, cada día y cada noche, que te amo. Eres un hombre increíble, Snow.
Él movió su cabeza para besar la punta de los dedos de Mirror. —Y yo…
La puerta principal se abrió de un portazo y Parker entró corriendo, su cabello morado fluyendo detrás de ella como una enorme nube de tormenta.
— ¡Eey chicos! ¿En dónde han estado? Todos los clanes de enanas se están reuniendo en el jardín de enfrente y Zoe ya casi termina de distribuir todas las armas. Es hora de irnos —sus ojos escanearon los cuerpos desnudos acostados en la cama, luego la cocina—. Ustedes dos, ¿rompieron todos los platos?
***
El corazón de Snow golpeaba en su pecho mientras se abría camino a través del pantano en el lado Este del castillo. Él había sostenido su espada sobre la cabeza, lejos de la pegajosa ciénega, durante toda la caminata, y ahora sus brazos estaban comenzando a entumecerse. —No recuerdo que hubiera una puerta al palacio en los pantanos —Snow le susurró a Mirror.
Mirror caminaba penosamente junto a él, sumergida hasta la cintura en las desagradables aguas, y aun así se las arreglaba para verse radiante. —Las enanas conocen cada centímetro de esta roca —ella hizo un ademán con su cabeza señalando hacia las enormes paredes de piedra del castillo—Si ellas dicen que hay una entrada secreta aquí, más vale que lo creas.
Snow se esforzó para concentrarse. Batalla. Peligro. Guerra para retomar el reino. Pero no podía del todo suprimir la pequeña sensación de regocijo que saltaba en su estómago cada vez que veía a Mirror. ¡Ella lo amaba! ¡Ella realmente lo amaba! ¡Y ella iba a quedarse!
Las enanas se abrían paso más adelante, sorprendentemente rápido a través del agua pantanosa que llegaba hasta sus hombros. Todos los clanes habían enviado a sus miembros más-capaces, y todas estaban completamente concentradas en finalmente, recuperar el Orbe.
Snow tuvo una mejor vista de la escarpada pared de piedra donde el castillo se unía con el pantano. Todo lo que él podía ver era la sólida roca: ninguna puerta, ninguna reja, ninguna forma de entrar. Un grito ahogado de triunfo se alzó de un pequeño grupo de enanas agrupadas alrededor de la pared, y Parker sacó una larga barra de metal de una bolsa que claramente no era lo suficientemente grande para llevar una barra tan larga. Snow se detuvo en seco, parpadeando. Una cosa era oír acerca de la magia, pero era muy diferente verla en uso.
Parker encajó la barra dentro de un hoyo pequeño en la pared, no mayor que el centro de una manzana. Mientras ella empujaba la barra más y más profundo dentro del costado del castillo, un gran rectángulo de piedra alrededor de la barra comenzó a zumbar suavemente con roja incandescencia. Cuando el último pedazo de la barra desapareció, el rectángulo se estremeció y desapareció, dejando una entrada dentro del castillo.
Ya es hora.
—Adelante —Mirror le dio un codazo a Snow—. Te están esperando para dirigirlas.
Mierda, ¿debería dar un discurso? —Snow aclaró su garganta—. Pueblo de Enanas de las colinas. Esta noche recuperaremos nuestro reino y su poder. Nosotros…
— ¡Vámonos! —Parker gritó y se metió en el castillo. Las enanas levantaron sus espadas y hachas en el aire con entusiasmo.
Entonces, ningún discurso. Perfecto. Snow entró en el castillo dando la espalda a sus partidarias. —Vámonos —él le guiñó un ojo a Mirror y corrió dentro detrás de Parker.
Zoe esprintó detrás de los talones de Snow, silbando instrucciones para ir a la izquierda o derecha a través de los oscuros túneles una vez que Parker desapareció de vista. Snow trató de permanecer orientado, teniendo en mente el lado por el que ellos entraron y todas las vueltas que dieron, pero fue inútil. Estaba completamente perdido.
La mano de Zoe golpeó en el pecho de Snow y él se frenó hasta detenerse.
—Estamos justo a un lado de las cámaras del rey —ella dijo.
Parker venía trotando de regreso. Ella sostuvo su bolsa y apuntó a la sólida pared de piedra: — ¿Puedo?
Snow y Zoe se hicieron a un lado mientras Parker buscaba en su bolsa. Solamente tenía el tamaño de dos puños juntos, pero mientras Parker hurgaba dentro, su brazo desapareció dentro hasta la altura del hombro.
—Parker tiene un don con los objetos encantados —Zoe susurró a Snow—. Esta es una de las únicas y pequeñas magias a las que tenemos acceso hasta que recuperemos el Orbe.
—Te prometo, que recuperaremos el Orbe para tu gente —Snow inclinó su cabeza—. Aunque sea la última cosa que haga.
—No seas mórbido —la voz de Parker se oía apagada, ahora con su cabeza completa dentro de la bolsa. Ella salió de la bolsa con un sonido de succión y se rio—. ¿Viste lo que hice ahí? ¿M-órb-ido?
Parker sostuvo un gran largo de cordel enredado. Presionando cuidadosamente el cordel pegajoso en la piedra formando un ancho arco, ella se paró de puntillas para hacerlo tan alto como fuera posible.
Parker cerró su bolsa. —Chicos, puede que quieran hacerse para atrás.
Un sonido gomoso hizo eco por las paredes del túnel, y un pedazo aceitoso se pegó en el rostro de Snow. Él se quitó el pedazo de su mejilla, sosteniéndolo en alto mientras miraba a través del arco ahora-abierto, hacia el corredor del castillo. — ¿Convertiste parte de la pared en…?
—Sí, masa —Parker sonrió—. Eso es raro. Normalmente es para tartas de carne, pero creo que usamos lo que podemos.
Mirror y Snow saltaron dentro del corredor frente a la habitación de Víctor y se encontraron cara-a-cara con el Capitán de la Guardia del Rey. Snow balanceó su espada para enfrentarlo, pero Mirror sujetó su brazo.
—Ya era hora —el Capitán sonrió—. Casi estaba listo para yo mismo derrocar al maníaco —el Capitán jaló un cordón de alarma colgando frente a la habitación del Rey—. Pronto vendrán corriendo mis hombres, pero aun así, todos nosotros juntos, pasaremos un rato del demonio, mientras Víctor tenga el Orbe en sus manos.
—Trajimos ayuda —Snow estrechó cordialmente la mano del Capitán y dejó escapar un fuerte silbido. Enjambres de enanas salían del agujero en la pared, aterrizando agitadas en posiciones de batalla frente al Capitán.
—Capitán, estas son las enanas de los siete clanes —Snow hizo un ademán presentándolos—Enanas, este aquí, es el Capitán.
El Capitán asintió con su cabeza. —Estoy ansioso por derrocar a Víctor junto con todas ustedes —cerca de una docena de guardias dio la vuelta en la esquina llegando al corredor y se pararon al lado del Capitán, boquiabiertos con la vista de las enanas reunidas.
— ¿Avanzamos? —Mirror apretó la mano de Snow.
Snow apretó su mano en respuesta mientras sostenía su espada en alto. Pateó las puertas dobles de madera de la cámara de Víctor y gritó cuando se abrieron oscilantes.
Una bola de fuego fluyó pasando por un lado de su rostro, y Snow pudo oír a los guardias y enanas maldiciendo y tirándose al suelo fuera de su camino.
— ¿Te atreves a tratar de sublevarte contra mí? —Víctor estaba de pie detrás de un escritorio ancho, sujetando el Orbe en sus manos.
Snow parpadeó. La voz de Víctor no venía desde detrás del escritorio. Miró a su alrededor y sintió que la sangre se le iba a los pies.
Víctor también estaba de pie junto a la ventana con el Orbe, y por la puerta al pasillo con el Orbe, y en quince lugares diferentes por toda la habitación, todos sus rostros usando expresiones idénticas de ira. Sus manos frotaban la suave superficie de vidrio de la esfera.
— ¡Atáquenlos a todos! —Snow no vaciló—. ¡Uno de ellos debe ser real!
La habitación explotó en astillas y gritos de batalla, las enanas y guardias corriendo juntos hacia todas las proyecciones de Víctor. Cada aparición burlona combatía sin piedad, disparando fuego y electricidad en todas direcciones. La cámara de Víctor se llenó con gritos de dolor y el hedor de carne achicharrada.
Snow perdió de vista a Mirror en el caos. En un momento él pensó verla en el suelo, destrozando las alfombras y moviendo los grandes cuadrados por la habitación, pero luego un rayo de luz silbó por un lado de su rostro y la perdió.
Solo necesito encontrar al Víctor real. Snow pensó. Él se tiró al suelo, rodando lejos de un golpe de un rayo bien dirigido hacia él, y trató de aclarar sus ideas. Si yo fuera un diabólico hijo-de- puta, ¿cómo lo haría?
Los duplicados de Víctor en toda la habitación eran los blancos obvios. El regente nunca se pondría a sí mismo en peligro, exponiéndose así a sus enemigos. Snow miró alrededor de las cámaras buscando un lugar sin tocar por las bolas de fuego y las explosiones de los rayos de Víctor; él no pondría en peligro su propio escondite.
—Mantengan ocupados a los duplicados, ¡necesitamos encontrar al original! —Snow gritó en lenguaje de enanas. El Capitán de la guardia miró a Snow, confundido, pero no era importante que ellos entendieran. Sólo importaba que Víctor no supiera el lenguaje de las enanas, y así él no tendría ninguna advertencia de lo que estaba a punto de suceder—. ¡Al escritorio! —Snow esprintó hasta el único lugar en toda la cámara que carecía de cualquier marca de quemadura y volcó la gran mesa, revelando una figura agazapada, acurrucada alrededor del Orbe pulsante.
Snow y las enanas se apresuraron hacia él, con sus armas en alto.
Víctor se puso de pie con rapidez sorprendente y acarició un lado del Orbe. La espada de Snow y las armas de las enanas se convirtieron en agua y salpicaron el suelo alrededor de ellos. — ¡Concéntrense en su flanco! ¡Lo empujaré mientras está distraído! —Snow gritó en lenguaje de enanas y atacó de nuevo, con la fuerza completa de su ataque empujando a Víctor de espaldas. Snow clavó su hombro en el plexo solar de su padrastro y lo tumbó contra el borde de la mesa volcada.
El Orbe rebotó fuera de la mano de Víctor, rodando por el piso de piedra sin alfombras.
— ¡El Orbe! —Las enanas gritaron al unísono mientras corrían tras la esfera.
Zoe levantó la esfera roja y sus ojos brillaron. Ella gritó de alegría con fuerza, y las otras enanas la aclamaron. Un poderoso viento arrasó por la habitación cuando la magia de las enanas regresó a ellas.
— ¡No! —Víctor gritó, arremetiendo contra Snow, quien esquivó el agarre de su padrastro—. ¡Has arruinado todo!
—Y tú te has olvidado de en dónde estás parado —Snow sonrió.
Mirror tiró del candelabro de pared detrás del escritorio de Víctor. —Parece que alguien te quitó el tapete.
Los gritos del antiguo regente desaparecieron cuando cayó por la puerta de la trampa dentro de los calabozos. El silencio llenó la habitación cuando la placa del suelo se deslizó de regreso en su lugar.
La voz del Capitán de la Guardia fue la primera que resonó en el silencio.
— ¡Larga vida al Rey Snow!
Todos lo aclamaron. Del otro lado de la multitud, Snow captó el guiño de Mirror quien lo aclamaba y le aplaudía con más fuerza que el resto.
***
Mirror se recargó contra la pared durante la junta del recién creado Consejo Ejecutivo de Snow y se preguntaba si era posible que el pecho de alguien realmente pudiera explotar con orgullo.
En los seis meses desde la derrota de Víctor y Clara, Snow había hecho el bien por su reino, aún más allá de la imaginación de Mirror. Su Consejo Ejecutivo de consejeros era una colección de representantes elegidos de todas las razas perceptibles del reino, a quienes se les dio un voto igualitario en las políticas principales. Todas sus opiniones tenían un peso equitativo, y la profundidad de los conocimientos y experiencia del consejo, suministró visión a Snow en asuntos en los que su educación temprana había carecido.
Mirror jugaba con el anillo en su mano izquierda. No estaba segura de cuándo se iba a acostumbrar al peso en su dedo, pero estaba bastante feliz de estar casada. Snow le propuso matrimonio el día después de que fue coronado oficialmente, y bailó por toda la habitación cuando ella contestó, “Sí, por supuesto. ¿A estas alturas no lo sabes?”
Se le pidió al Consejo Ejecutivo el “orden en la sala”, y Snow se puso de pie para dar un breve discurso acerca de cómo ellos podrían trabajar juntos para beneficiar al reino. Mirror se había preocupado cuando Snow primeramente creó el Consejo Ejecutivo, de que su entusiasmo inocente solo fastidiaría a los otros políticos, pero todos ellos aprovecharon la oportunidad para creer en alguien, después de tantos años de cinismo.
Zoe se sentó orgullosamente a la derecha de Snow, el Orbe alrededor de su cuello pulsando con su luz roja. Después de las observaciones de apertura de Snow, ella se puso de pie para exponer el caso de integrar los sistemas escolares a través de todas las razas de los reinos.
—Eey, ¿Mirror? —Dijo una voz bajo el hombro de Mirror. Miró hacia abajo a través de una masa de cabello morado en el diminuto rostro de Parker.
— ¿Qué pasa? —Mirror preguntó mientras jalaba a Parker dentro del pasillo para que su conversación no interrumpiera al consejo.
—Las cosas se están poniendo un poco aburridas aquí, ¿verdad? —Parker dijo—. Quiero decir, la serpiente solo se la pasa por allí comiendo cabras extraviadas, y todas las gentes malvadas están en la cárcel o en las minas.
En estos días, Mirror no dedicaba muchos de sus pensamientos a Víctor y Clara laborando en las minas donde originalmente ellos habían forzado a laborar a las enanas. Ellos no producían mucho carbón, pero el trabajo los mantenía fuera de problemas y bajo una estrecha supervisión. Snow le había dado a Clara una oportunidad para probarse a sí misma digna de confianza para el nuevo régimen, pero cuando quedó claro que él era lealmente monógamo a Mirror, Clara trató de envenenar su vino otra vez. La mujer era bastante predecible. Al menos ella y Víctor pueden hacerse compañía el uno al otro, miserablemente, Mirror pensó.
—Las cosas están un poco tranquilas —Mirror dijo—. Pero eso es lo que sucede cuando el “felices para siempre” finalmente llega, ¿verdad? —Hasta la serpiente, quien Snow insistió en llamarla Idris, se había convertido en una figura tan amada en el castillo, que ahora era el símbolo central en la nueva bandera de Snow.
Parker se encogió de hombros. —A mí no me gusta. No hay nada más que hacer excepto llenar reportes y arreglar las cosas para que se vean bonitas. ¿No podemos ir a la guerra con alguien? Podemos ir a erradicar la injustica o algo.
Mirror le dio unas palmadas en el hombro. —Yo solía pensar de esa manera. Por eso me fui de casa cuando mi antigua ama encontró su amor verdadero. Yo no tenía un lugar propio. Quizás el tuyo está allá afuera en el mundo, en algún lugar.
Parker arrugó su rostro, era claro que no le gustaba la idea. — ¿Pero cómo voy a saber a dónde pertenezco?
Mirror miró alrededor a las paredes del castillo. Se sentía como si hubieran pasado años desde que ella pisó por primera vez sus losas de piedra y miró las pinturas de los ancestros de Snow sobre las paredes. Entonces ella había estado tan concentrada en mantener feliz a Víctor, que en realidad no había visto el lugar. Y luego, una vez que ella comenzó a dirigir la resistencia para Snow, apenas hubiera tenido oportunidad de percatarse qué tan bien le sentaba este ambiente. Ahora, ella no podía imaginar un hogar más perfecto.
Mirror se encogió de hombros. —El “felices para siempre” te llega sorpresivamente—ella dijo—. Pero el otro día oí que hay un chico maldecido llamado Rapunzel, atrapado en una torre. Liberarlo puede ser un interesante cambio de ritmo hasta que averigües qué más quieres hacer.
Mirror anotó en un pedazo de papel lo que fuera que recordaba acerca de la ubicación de la torre y los particulares del caso. Parker miró el papel y lo metió por el escote de su blusa. Ella asintió a Mirror y se alejó trotando, sus pasos mucho más ligeros que antes.
Mirror suspiró y dio media vuelta para caminar hacia la biblioteca. Después de que el consejo terminara, Mirror sabía que Snow se dirigiría a la biblioteca para estudiar cualquier cosa que surgiera durante la junta y de la cual él sintiera que no sabía lo suficiente. Una de las muchas cosas que ella amaba acerca de su hombre: siempre quería continuar aprendiendo.
Mirror sacó un libro acerca de construcción de sistemas de purificación de agua operados-con-magia y se hundió profundamente en una de las nuevas-sillas-oficiales de lectura de Snow. Tenía unas pocas horas para escoger unas pocas indicaciones sobre cómo mejorar al reino, y luego ella planeaba saltarle encima a Snow, en el segundo en que él entrara por la puerta.
Es grandioso ser la reina.