País Relato - Autores

a. j. tipton

cazando a rojo

Terrones de barro rebotaban sobre la dura tapa del ataúd con pequeños golpeteos de irreversibilidad. Olivia Hunter vació otra pala de tierra en el oscuro terreno, agradecida de que las personas bien intencionadas con sus pésames, ya se habían ido. Ella también despidió a los enterradores, prefiriendo terminar la tarea por sí misma.
Olivia ya podía oír a las vecinas, viejitas metiches, cuchicheando acerca de su comportamiento poco femenino, pobrecita, probablemente ellas dirían, no es la misma desde que su adorable madrastra se fue, pero a Olivia no le importaba ni una mierda lo que ellas pensaran.
Su padre estaba muerto y la única cosa que importaba era la venganza contra la perra sin corazón que lo mató: la oh-tan-adorable- madrastra de Olivia.
Sus ojos ya no tenían lágrimas, estaban tan secos que se sentían lastimados alrededor de sus bordes. Antes de que su madrastra, la hermosa y mimada Anya Rolf (ahora técnicamente Anya Rolf-Hunter-Lovell-Randolph si es que la mujer llevaba la cuenta), se presentara, Olivia y su padre habían sido un equipo contra las estrechas y afectadas expectativas del mundo. Su padre había sido determinado en criar a su hija como un individuo auto-suficiente y la arrebató lejos de sus lecciones de bordado para enseñarle a cazar y pelear. Cuando Olivia vio a sus compañeras ser forzadas a cocinar y hacer reverencias, doblando sus rodillas ligeramente, ella le agradeció a todas las estrellas por su extraordinario padre. Cuando ella trabajó desde abajo para ganarse la muy codiciada posición de Terrateniente Real en el palacio, ella había estado muy segura de que su familia estaría asegurada de por vida.
Todo eso cambió cuando Anya llegó, su rostro tan inocente como el de un querubín, sus ojos tan muertos como los de un gato. El colgante de esmeralda oval descansando sobre el amplio escote de Anya y la estola de piel hecha a la medida sobre su espalda, tramó un extraño hechizo prometiendo riqueza y belleza. El padre de Olivia, quien nunca antes había caído presa de tales cosas, no pudo resistirse.
—Lo siento tanto, Papá. Debí haberle golpeado la cabeza cuando tuve la oportunidad —Olivia dijo, mirando a la tumba, mientras tiraba otra carga de tierra dentro del hoyo. Anya Rolf era una mujer cruel, feliz de robar y matar por lo que fuera que ella quisiera. El mundo sería un lugar mejor sin ella—. No te preocupes. No volveré a cometer el mismo error.
***
Era otro día estupendo, finalmente el clima se había vuelto cálido después de demasiadas noches frías de invierno. Cap silbaba una alegre melodía para sí, mientras paseaba a través del bosque, esperando tener un grandioso fin de semana con su Abuelito favorito. El sol brillaba resplandeciente. Las criaturas del bosque se escabullían a su alrededor en sus actividades del día, sus diminutos sonidos tranquilizaban a Cap asegurándole que todo marchaba bien con el mundo.
La caminata a través del bosque, hacia la estación de renta de carruajes que lo llevaría hasta la casa de su Abuelito, era corta, apenas un día de camino, y Cap ya sonreía en anticipación.
El Abuelito de Cap era un vibrante y viejo caballero: amable, generoso, y muy ocurrente con las bromas. El Abuelito también tenía el mal hábito de meterse en más diabluras de las que el viejo hombre podía manejar. Cap lo encontró atrapado arriba de un árbol o dentro del pozo de agua en más de una ocasión, sin mencionar esa vez del incidente con el mono.
No puedo esperar para ver en que anda metido Abuelito esta vez, Cap sonrió con solo pensarlo.
A Cap no le importaba el viaje a pie; él había hecho su cuota de extenuantes actividades físicas en sus días de militar. Aunque en ese entonces, sus viajes estuvieron plagados con peligros, terminando en gritos y sangre. Ahora, él se complacía en sus relajadas caminatas, encontrando gozo y belleza en el bosque y las criaturas a su alrededor. Ajustó el cuello de su capa de la armada de color rojo brillante para permitir que el sol calentara su cuello.
Los pájaros cantaban y las ardillas parloteaban y… Cap oyó algo que estaba fuera de lugar. Los vellos de su nuca se erizaron mientras desenvainó su espada y se aproximó a la fuente del sonido poco natural. Él rodeó un recodo en el camino y rápidamente enfundó su espada, avergonzado por su paranoia. En vez de la anormal bestia de pesadilla que él había imaginado, el sonido era de una joven doncella. Ella estaba tumbada sobre el suelo en estado de aflicción, su gemido era como el obsesionante lamento de un alma en pena o de una banshee.
Cap se detuvo a medio paso cuando los ojos verdes de ella quedaron fijos en los suyos. Santo cielo, es preciosa.
La mujer quedó en silencio tan pronto él quedó a la vista. Ella jugueteó con su largo cabello color castaño con una mano mientras acariciaba su delgada pantorrilla con la otra. Sus ropas y modos eran como los de las damas finas, que él solo había visto a lo lejos resguardadas en carruajes y castillos. Finos bordados cubrían su vestido verde y cuentas brillantes acentuaban su amplio regazo. El clima era demasiado cálido para el elegante abrigo de piel tirado en el suelo junto a ella y una abertura en un lado de su falda corría hasta arriba en su muslo, mostrando un montón de pálida piel.
El rostro de la mujer, aunque retorcido por el dolor, era tan perfecto como una pintura. Cap batalló para retirar su mirada de los centelleantes ojos de ella, de sus mejillas enrojecidas, sus labios rojos y llenos, tan solo esperando a ser besados insensatamente…
—Hola, buen señor —su voz retiró a Cap de su ensueño. Hasta su voz es hermosa. Cada palabra de ella lo encantó, suave como una plegaria y adornada con risas, a pesar de su aflicción—parece que me he torcido el tobillo. Estoy terriblemente apenada por ser encontrada en tal estado, lo debo admitir —ella sonrió rápidamente, y luego desvió su mirada mientras un tono sonrosado inundó su rostro.
¿Eso quiere decir que le gusto? Él había visto la misma mirada de las doncellas de la taberna, ¿pero sería que esa expresión implicaba el mismo interés de una mujer de la nobleza? El corazón de Cap se aceleró cuando miró la preciosa visión recostada en el suelo. Hombre, no eches a perder esto. Pórtate serio.
—No tema, señora, no voy a hacerle ningún daño —Cap estaba agudamente consciente de los temores que una mujer sola en el bosque podía tener, con un hombre extraño – No seas un cretino, se dijo a sí mismo—y trató de educar su expresión para ser lo menos amenazador posible—. Por favor, permítame ayudarla —él se agachó, en cuclillas para hacer una inspección más cercana a su tobillo herido—. No se ve como si estuviera comenzando a inflamarse, lo cual es muy buen síntoma. ¿Cree usted que puede ponerse de pie?
Cap se puso de pie y ofreció su mano a la mujer, ligeramente apenado por lo sucia y callosa que era su palma. Era claro que era una dama bien educada, quien tendría poca experiencia con el áspero toque de un soldado. Él la ayudó suavemente a levantarse. Ella se apoyó pesadamente sobre su tobillo sano y Cap pudo darse cuenta de que ella estaba dudando en poner peso en su torcedura. Ella se movió ligeramente y dejó escapar un grito de dolor, tambaleándose antes de chocar en la amplia extensión del pecho de Cap.
—Te tengo—Cap no pudo evitar guiñarle un ojo. ¡Estúpido! ¡No seas un cretino! Pero era demasiado tarde, ya le había guiñado el ojo. Él trató de sonreírle a ella, esperando que ella pasara por alto su atrevimiento.
La mujer alejó un largo rizo de cabello de su rostro, acomodándolo detrás de una adorable orejita. Ella levantó su mirada viéndolo a través de sus pestañas, una tímida sonrisa formándose en su rostro.
—Muchas gracias señor, estoy muy agradecida. Mi nombre es Anya Rolf, y me temo que debo pedirle alguna ayuda —su rostro se puso tan serio, que Anya se veía como si fuera a llorar—. Estoy viajando para ver a mi pobre y anciana tía una última vez antes de que muera —sus ojos se llenaron de lágrimas y Cap pudo ver que Anya luchaba por recuperar su compostura—. El viaje toma sólo cinco días a pie. Estaba tratando de llegar con ella más pronto, apurándome y… —ella hizo un ademán hacia su tobillo herido— Y terminé desperdiciando tiempo. ¿Puede usted ayudarme? —ella todavía estaba apoyada contra él y Cap podía sentir la curva de los pechos de ella contra su pecho. Ella jugueteó con el borde de su chaqueta rojo brillante, pareciendo no darse cuenta de que sus dedos rozaron contra el estómago de Cap con toda la extensión de cada uno de ellos.
—Capitán Red Hardison, a su servicio. Red como rojo en lengua antigua… más puede llamarme Cap. Sería un honor para mí el ayudarla —él dio una rápida mirada a la puesta del sol—, la llevaré a casa de su tía a tiempo, ¡ni siquiera tiene que pedirlo! —Él no estaba seguro cómo lo iba a hacer, pero él sabía que a su Abuelito no le importaría que se retrasara unos pocos días por socorrer a una mujer que necesitara ayuda.
Gentilmente, él guió a Anya hasta una roca cercana, para que ella pudiera sentarse, evitando así, poner peso sobre su lastimadura. —Pienso que con ese tobillo, no llegaremos muy lejos esta noche. Levantaré un campamento y luego resolveremos cómo hacerla llegar a dónde usted se dirige —Cap dijo.
Cap trabajó rápidamente levantando el campamento con una tienda, un fuego crepitante y lo completó con un asado de conejo recién desollado. Mientras él arreglaba el campamento, Anya le contó historias y bromas, cantándole canciones mientras hacía cadenas con margaritas con sus hábiles dedos. Ella le preguntó acerca de su viaje y rió con los muchos cuentos del Abuelito y con sus hazañas.
—Su Abuelo parece ser un hombre encantador. Debe ser una terrible pena para él el estar completamente solo aquí. Tan aislado —ella se estremeció, atrayendo hacia sí su capa de piel envolviendo su cuerpo en ella—. Pienso que yo no podría soportarlo.
—Usted es demasiado fascinante para estar escondida del mundo —Cap se preguntó si ella se molestaría por el atrevimiento de su respuesta. Una cálida oleada de alivio se extendió a través de su cuerpo cuando el rostro de Anya mostró una pequeña sonrisa por el cumplido—. Es que, simplemente, Abuelito está cansado y fastidiado de la vida extravagante que él solía tener. Estos días, su riqueza solamente lo aburre, así que él encuentra nuevas formas de meterse en problemas —Cap regresó a la tarea que tenía en mano, golpeando las estacas en el suelo para armar su tienda.
Para la hora en que el conejo estuvo guisado, los dos extraños estaban hablando y riendo como viejos amigos. Ellos comieron alegremente sus alimentos mientras el tenue atardecer se convertía en oscuridad, y el bosque, de ser un mundo amigable, se transmutaba en una bestia oscura y fatídica.
Anya se deslizó sobre la banca de leña que compartían, acercándose a Cap, calentando sus manos en la fogata. —Estoy tan agradecida por todo lo que ha hecho, Cap. Ojalá y hubiera alguna forma para pagarle el favor pero… —ella se tomó un momento para juguetear con el amuleto de esmeralda alrededor de su cuello—. La única cosa que tengo es esta gema y es una herencia familiar desde hace siglos. Mi intención era dársela a mi propia hija, algún día —ella se mordió el labio y meneó su cabeza vigorosamente—. No, yo debo pagarle esta deuda a usted —con dedos temblorosos, ella desabrochó el collar y lo sujetó en su mano, dándole un apretón de despedida antes de ofrecérselo a Cap, extendiendo la palma de su mano hacia él.
Cap estaba estupefacto. Esta mujer era hermosa, de eso se había dado cuenta de inmediato, pero además tenía tal belleza de espíritu. Una compañía tan amable y encantadora. El pensar que ella sacrificaría algo tan precioso para pagarle su amabilidad resonó en Cap hasta su esencia. Ella es todo lo que yo siempre había soñado.
Él tomó el collar de la pálida mano de Anya y lo sostuvo, pretendiendo estimar su valor. —Tengo el lugar justo para esto —él sonrió mientras enlazaba, de vuelta, los extremos del collar alrededor del fino cuello de Anya, sosteniendo su largo cabello hacia un lado con una mano mientras aseguraba el broche con la otra.
Ella rió suavemente en respuesta, pero repentinamente se puso seria. —Hay tal amabilidad en usted, pero percibo una profunda tristeza. Soledad —Anya estaba tan cerca de Cap que él podía sentir el calor irradiando del cuerpo de ella—. Yo sé lo que es la soledad, Cap —ella estiró su mano y trazó una línea desde la oreja de Cap hasta su barbilla, delineada por el crecimiento de la barba. El pulgar de Anya encontró el labio inferior de él, moviendo el dedo sobre su labio, de atrás hacia delante.
Cap podía sentir que su sangre comenzaba a acelerarse y atrevidamente atrapó con su boca el dedo de la joven mujer, chupándolo suavemente, antes de soltarlo. Ella se quedó sin aliento y lo miró a los ojos, sonrojándose por su manera de mirarla.
—Me alejaré en este momento si usted me lo pide, —Cap dijo, esperando que su desesperación no fuera tan aparente en su rostro—. Si no, me temo que no podré ser capaz de resistirme a usted por mucho tiempo.
Anya saltó hacia Cap, sus manos alrededor del rostro de él mientras ella lo besaba. ¿Realmente está sucediendo esto? Cap se preguntó. Las manos de ella agarraron la cabeza de Cap, jalándolo para acercarlo, y sus caderas se flexionaron en la banca oprimiéndolo por su costado. Oh, gracias a Dios que no es virgen, él pensó, antes de que toda la sangre se precipitara desde su cabeza y él ya no pudo pensar más.
Cap gimió dentro de la boca de Anya y dejó que sus manos exploraran los contornos del cuerpo de ella, comenzando con sus esbeltos hombros y moviéndose hacia el sur, en dónde realmente él quería estar. Cuando sus manos alcanzaron las caderas de ella, él la levantó del suelo y la llevó hasta la tienda.
Una vez que estuvieron seguros, dentro de la tienda, Cap poco batalló con el vestido de ella, un asunto mucho más simple de lo que él había temido, de desabotonar botones en fila. Ella se recostó desnuda frente a él, jadeando con anticipación.
Él nunca antes había visto un panorama tan intoxicante en toda su vida.
Cap se arrancó la chaqueta y la camisa y con sus manos recorrió hacia arriba las fuertes piernas de ella, pasando por su firme estómago y sus tetas. Ella maulló por las atenciones de él cuando Cap comenzó a frotar y masajear una de sus tetas con su mano mientras dirigía su boca a la otra, lamiendo y mordisqueando la suave piel y el pezón endurecido.
—Mmm… —un sonido escapó de los labios de Anya mientras ella pasaba sus dedos a través del corto cabello de Cap, presionándolo firmemente sobre ella —Oh Cap, ya no puedo esperar más —ella ahora estaba jadeando, su cuerpo retorciéndose debajo de él—. Te necesito.
Cap la liberó de su agarre y desabotonó sus pantalones. Anya tiró de la delgada tela, desligándolo de sus pantalones con una velocidad impresionante. Su polla había estado luchando contra su confinamiento y Cap exhaló un excitado respiro de alivio ahora que estaba libre. El trajo su boca hasta la esencia de Anya, saboreándola mientras ella se retorcía de placer. Anya ya estaba tan mojada, tan lista para él. Cap no podía contenerse más. Se posicionó en la entrada de ella, empujando lentamente dentro de Anya, dándole tiempo para que se ajustara a su larga polla.
Para su sorpresa, ella levantó sus caderas bruscamente, tomándolo todo dentro de ella en un suave movimiento. Él se detuvo, reteniendo su liberación. Cap nunca antes había estado tan excitado por una mujer y tomó unas pocas respiraciones profundas para calmarse. Una vez que estuvo seguro de estar listo, él empezó a empujar dentro de ella. Ella acometió sus empujones con un salvaje abandono, el cual Cap nunca antes había visto. Ella gimió con placer, descaradamente, y meció su cuerpo contra el duro suelo del bosque mientras Cap se movía dentro de ella. Las manos de Anya estaban en constante movimiento, explorando su propio cuerpo y el de Cap, torturando sus propios pezones y recorriendo los duros bordes del abdomen de Cap. Él estaba extasiado, por cómo esta cosa tímida, se transformó en tan sensual ninfa, y movió su mano hasta donde sus cuerpos se topaban, jugueteando y frotando su clítoris.
Los ojos de ella se abrieron de golpe cuando él hizo contacto, sus gemidos se hicieron más fuertes y sus movimientos más desesperados cuando ella alcanzó su clímax. Cap empujó dentro de ella con fervor aumentado, respondiendo a su petición sin palabras, pidiéndole más.
— ¡Cap! —ella se vino con un grito agudo, el nombre de él haciendo eco a través del bosque cuando ella tuvo su orgasmo alrededor de su polla. La sensación de su vagina mojada contrayéndose alrededor de él fue demasiado para poder resistirlo, y Cap la siguió hasta el límite, derramando su semilla dentro de ella con un fuerte bramido.
Anya se acurrucó en el amplio pecho de Cap, descansando su cabeza suavemente sobre él mientras ella entrelazaba sus dedos perezosamente a través de los vellos de su pecho. Cap estiró unas mantas sobre ellos tomando un momento para besar apasionadamente a Anya con toda la energía que le había quedado.
Él todavía estaba sonriendo cuando colapsó en un profundo sueño.
El sol de la mañana abrasaba su rostro y le tomó un segundo darse cuenta de qué era lo que estaba mal.
No había tienda.
Cap se puso de pie, desnudo y solo en medio del bosque.
—Eso no lo vi venir —su mochila, incluyendo todo su dinero, sus boletos para el carruaje para llegar a la casa de su abuelo en Crispín, y todos sus suministros de viaje ya no estaban. Su ropa, mantas y, así lo parecía, lo que quedaba de su dignidad, fueron robados en la noche. Anya hasta se las arregló para robar la tienda de campamento alrededor de él, lo cual le mostró un nivel de ingeniosidad que él no se habría esperado de una mujer de la nobleza. Aunque la evidencia ahora mostraba que ella no era tan noble. Independientemente de quién era ella realmente, Anya hacía mucho que se había ido, y sin señales de lucha en el campamento, Cap supo lo que había sucedido.
Me jodieron.
***
Olivia no podía evitar muy bien, el darle una muy buena mirada, otra vez, al hombre bastante desnudo que recorría el sendero del bosque.
¿Y qué tenemos aquí? Él no era simplemente un borracho cualquiera quien literalmente había apostado su camisa en algún juego de cartas, éste era un guerrero. Su pecho mostraba un mapa de cicatrices entrecruzadas sobre sus músculos marcados, su cabello castaño cortado casi al ras del cuero cabelludo en el estilo de las fuerzas extranjeras.
Ella trató de convencerse de que solo estaba escaneando su cuerpo para localizar heridas. Si hay algo suficientemente peligroso por aquí para hacer que un hombre fuerte camine pesadamente, completamente desnudo, a través del bosque, debo enterarme de ello, ¿verdad?
Por la forma en que se flexionaba su redondo trasero al caminar, hasta la curva de su pantorrilla, él se veía entero y perfecto: completamente libre de lesiones frescas. Así que, ¿por qué estaba él solo y desnudo en el bosque? Puede que ser que esté loco…
Olivia no se percató de que hizo un ruido, pero el hombre desnudo se dio media vuelta y la miró, el rostro de él perdió el poco de color que le quedaba.
—Oh, hola —él dijo, cubriendo rápidamente sus genitales con una mano. Demasiado tarde para eso, querido, Olivia pensó, y con la otra mano él hizo un pequeño ademán de saludo.
Olivia salió del recodo en el camino y caminó hacia delante, manteniendo sus manos sueltas en sus costados solo en caso de que el hombre hiciera cualquier amenaza repentina. Los ojos de Olivia escanearon los árboles alrededor buscando cualquier señal de movimiento, pero su mirada seguía vigilante regresando a ver al hombre. La forma en que los huesos de sus caderas hacían curva hasta sus nalgas era un poco demasiado adorable. Por todo lo que Olivia sabía, el Sr. Muchacho Desnudo era cebo para una trampa. A Anya le encantaban sus juegos. Ella tenía que saber que Olivia la había estado rastreando por los últimos dos pueblos.
En el año desde que su padre murió, Olivia había llegado muy tarde para salvar a los dos últimos esposos de Anya. Los asesinatos habían sido tan exitosamente disfrazados como accidentes que Olivia casi podía respetar a Anya como una villana, si no fuera porque odiaba a la mujer tan profundamente. Después de tanto tiempo de perseguir a esta particular presa, Olivia ya estaba entendiendo el cómo funcionaba la retorcida mente de Anya. Olivia no podía volver a fallar.
Olivia comenzó a caminar por el sendero rebasando al hombre desnudo, teniendo en fácil alcance su cuchillo. Si Anya quería retrasarla, ella tendría que hacer algo mejor que ponerle un atractivo culo en su camino.
El hombre dio un tímido paso hacia el camino de Olivia, con una sonrisa avergonzada en su rostro. —Señorita, hola, soy Cap. Bueno, Capitán Red Hardison de las Fuerzas Extranjeras Reales, Red como rojo en lengua antigua, pero todo mundo me llama Cap —él hizo una pausa, esperando que Olivia le respondiera con su nombre, pero después de una pausa ligeramente incómoda, él continuó, mirando la mochila de viaje de ella—. Con mucho gusto le pagaré lo que me pida por una camisa extra o una manta o cualquier cosa que yo pueda usar para cubrirme. Un par extra de zapatos sería aún mucho mejor, honestamente. El suelo del bosque es mucho más áspero sobre los pies desnudos de lo que yo había anticipado—. Él levantó uno de sus pálidos pies como evidencia, mostrando varios cortes sangrantes.
— ¿Qué fue lo que le pasó? —Olivia le preguntó, ligeramente relajada, pero manteniendo su mano cerca de su cuchillo. Quien quiera que este chico fuera, él no era un participante voluntario en las intrigas de Anya, eso estaba bien claro. La miseria profundizaba las arrugas alrededor de los ojos del hombre, pero él mantenía animadas sus palabras.
—Bueno, estaba este gigante, un tipo enorme, corpulento —Cap dijo, sus ojos viendo a todos lados excepto a ella—. Él quería todas mis cosas, y usted sabe, tenía alrededor de veinte de sus amigos con él, todos armados hasta los dientes, así que ¿qué se suponía que podía hacer? Quiero decir, se veía que no había tenido mucha suerte; probablemente él necesitaba las cosas más que yo. Yo simplemente estaba haciendo una buena acción por un vecino.
Él era un mal mentiroso; Olivia tuvo que evitar sonreírse. Los malos mentirosos siempre fueron sus favoritos. Era fácil confiar en ellos.
—Alto, alto. Esto se está poniendo vergonzoso. Comience de nuevo —dijo ella, quitándose su mochila y comenzando a hurgar dentro, buscando un cambio de ropa extra que pudiera quedarle a él. Dudó que pudiera tener algo que se estirara lo suficiente para entrar por los amplios hombros de él, y la vista de su pecho cincelado la distraía—. Y esta vez, deje por la paz la plática acerca de gigantes.
Cap se movió incómodo. —Fue una mujer —el masculló—. Quizás era un demonio disfrazado.
Olivia levantó la vista para mirarlo, su mano se detuvo dentro de la bolsa. — ¿Esta mujer tenía nombre?
—Creo que dijo que se llamaba ¿Anna? Ella era tan hermosa, lo admito, estuve un poco distraído durante las presentaciones iniciales. Me di cuenta que usted tampoco me dio su nombre.
Olivia suspiró un poco fastidiada mientras cortaba un gran agujero en medio de su manta extra y se la entregó a Cap, junto con su segundo par de sandalias.
—Soy Olivia Hunter, Terrateniente Real… Hunter, como cazador en lengua antigua —ella contestó bruscamente. Las sandalias no le quedaron, pero ella buscó algo de cuerda en su mochila para poder atar las suelas de los zapatos a los grandes pies de él—. Y, ¿cómo lucía este demonio? —Olivia le preguntó, entregándole la cuerda. Ella lo observó mientras Cap ataba hábilmente las suelas a sus pies, impresionada por lo ágiles que parecían ser sus manos grandes y fuertes.
—No lo sé, como de esta altura —él apuntó vagamente hacia su hombro—, cabello castaño, ojos verdes. Usaba un collar con una cosa verde pesada. No dejaba de golpearme con ella durante…
— ¿Un collar de esmeralda? —Olivia se quedó inmóvil, sus manos se apretaron en puños, inconscientemente.
— ¿Cómo lo supo?
Olivia ignoró su pregunta, poniéndose de pie rápidamente, lanzando su mochila sobre sus hombros. — ¿El demonio le mencionó a dónde se dirigiría en el futuro?
Él se encogió de hombros y dijo: —Ella mencionó a una tía enferma, pero sospecho que tal persona no existe. No creo que pueda ayudar a encontrarla.
—Pero, ¿le hizo ella alguna pregunta? ¿Qué era lo que ella quería con usted en particular? Anya no habría desperdiciado su tiempo con usted solo por sus ropas y su mochila de viaje —Olivia quería sacudirlo hasta que arrojara todas las respuestas.
— ¡Anya! Sí, ese era el nombre. Ella estaba realmente interesada en mi Abuelito, creo. Para allá iba yo a verlo, cuando me encontré con ella. Seguro que él se divertirá mucho con esta historia…
—Y este Abuelito suyo, ¿es rico y vive en medio de la Jodida-y-Trastabillada-Nada? —Olivia le preguntó.
—Eso creo, aunque él siempre le llama simplemente ‘donde todos esos tarados sicofantes aduladores de la corte no pueden encontrarme’. Él vive en Crispín. Yo iba a tomar el carruaje en el siguiente pueblo y tomar el atajo a través del bosque. Ahora no sé cómo voy a hacer para llegar allá…
Olivia había dejado de ponerle atención. Clásico de Anya. Al fin la tengo. Una sonrisa apareció en su rostro. —Pero, ella no supo dónde vive él exactamente, ¿verdad? —Olivia lo interrumpió a mitad de una oración—. ¿Ella va a tener que preguntar por indicaciones? Por una vez, puede que yo llegue ahí antes que ella.
—Supongo que si… pero ¿a qué es lo que usted quiere llegar? ¿Me está diciendo que esta mujer es peligrosa? Obviamente ella ha pasado por un mala racha, hecho algunas malas decisiones, eso es verdad, pero, ¿qué tan peligrosa puede ser realmente?
—Muchacho, no tienes ni la menor idea de lo afortunado que eres por tan solo haber perdido algo de piel de tus pies y algunas monedas. Pudo haber sido mucho peor. Anya no es un lobo con piel de cordero. Un lobo va directo por la presa. Ella es una gata que le gusta jugar con su comida antes de destrozar el cadáver.
Olivia levantó su mochila aún más arriba sobre sus hombros y dio media vuelta, dirigiéndose hacia el pueblo. Si Anya se dirigía hacia Crispín, entonces Olivia tendría que apurarse para llegar hasta la estación de carruajes antes de que el último de los transportes saliera por la noche.
— ¡Espere! —Cap gritó, apurándose detrás de ella tan rápidamente como pudo con sus improvisados zapatos. Él logró llegar hasta un lado de ella, el dolor de caminar sobre sus pies heridos solo se mostraba por las gotas de sudor cayendo por los lados de su rostro —. Si Abuelito está en problemas, yo voy a ayudarle.
—Es demasiado peligroso —Olivia dijo, acelerando ligeramente su paso, luego sintiéndose mal por ello cuando él aceleró el suyo para igualarse con ella y comenzó a cojear. Claramente este muchacho era demasiado terco para su propio bien, y demasiado estúpido para ser de mucha ayuda contra una bruja astuta como Anya.
—Yo estuve luchando en las guerras de la frontera por cinco años antes de que mi gira terminara —él dijo—. Confíe en mí, yo sé cómo manejarme en situaciones peligrosas —dijo esto, enderezándose un poco más.
—Ajá —Olivia dijo—, y ¿qué tanta experiencia tiene usted con los bandidos y tormentas y cientos de otros peligros en el bosque? Las fronteras son todas montañas y nieve. El bosque es una criatura más oscura. Requiere vigilancia y refinamiento. ¿Puede usted manejar eso, Capitán Red Hardison?
Cap se quedó callado por un momento largo, simplemente manteniendo el paso con ella. —Creo que usted simplemente va a tener que averiguarlo —él dijo.
Olivia sintió cómo la comisura de su boca se torció en una sonrisa, la cual ella contuvo inmediatamente. Bueno, el hombre tiene espíritu. Tengo que concederle eso.
Espero que eso no lo mate.
***
Los pies de Cap objetaban con cada paso que daba por el serpenteante camino. ¿Realmente tiene que caminar tan rápido esta mujer? Él estaba seguro que ella se movía ligeramente a propósito, castigándolo por insistir en ir con ella. Difícilmente él podría ser culpado por asegurarse del bienestar de su abuelo, o ¿acaso lo podrían culpar? Olivia mencionó que ella era la Terrateniente Real en el palacio, enviada a cazar a un criminal en fuga, pero algo acerca de este viaje parecía más bien ser algo personal, en vez de un simple trabajo.
Cap se sentía desgarbado y enorme junto a Olivia. Mientras ellos viajaban a través del áspero terreno, ella parecía deslizarse sobre cada obstáculo, moviéndose sin ni siquiera tropezarse o perder el paso sobre las rocas y ramas.
—Pienso que usted podría tratar de ¿no romper cada rama? Eventualmente planeo cazar algo para la cena y me gustaría que hubiera algunos animales de caza en este bosque que no sepan que estamos aquí—Olivia habló por primera vez en casi una hora, sin perder el paso.
Cap dio un paso exagerado sobre una ramita, pero tocó suelo duramente sobre una piedra. Como guardia fronterizo él sabía cómo trepar paredes de hielo y palear a través de tres pies de nieve acumulada. Pero, ¿caminar silenciosamente a través del bosque? Olivia había tenido razón acerca de que él no tenía ninguna habilidad en esto. Aunque, ella no tiene que mencionarlo a cada rato.
Era una pena que Olivia fuera tan intratable. Él podía haber pensado que su cabello dorado era una danza magnífica bajo los rayos de sol ocasionales si ella no estuviera aventando siempre su trenza en señal de fastidio para con él. Sus ojos color avellana podían haber sido de lo más intoxicante que él había visto alguna vez si no fuera porque siempre lo miraban con desdeño. Sus delicados pómulos resaltaban sus mejillas enrojecidas y pequeñas pecas color café manchaban sus orejas. Su forma fuerte, tonificada y de músculos magros, era curvilínea y llena de femineidad.
Mi suerte con las mujeres hermosas se está poniendo peor, Cap suspiró. Conozco a dos en dos días y la primera es una asesina y la segunda… probablemente también es una asesina.
—Así que, Olivia, —él comenzó, tratando de hacer plática mientras daba un paso evitando otra rama—. Me estaba preguntando cómo fue que entraste en esta particular línea de trabajo. Difícilmente he oído de un terrateniente del bosque cazando a un criminal. Normalmente ¿no estaría cazando un venado? Y los terratenientes que conozco son todos soldados viejos y endurecidos, normalmente se volvieron rudos por el tiempo y la bebida. ¿Cuál es su excusa? —Él no terminó de decir. Cap le dio una pequeña sonrisa esperando que a ella le pareciera encantadora—. Usted difícilmente llena esa descripción —él mintió.
—Usted es un pésimo mentiroso —ella dijo. Cap pensó que eso sería todo, pero después de una larga exhalación, ella comenzó a hablar como si las palabras estuvieran siendo sacadas a la fuerza desde su garganta—. Siempre he sido buena para encontrar cosas, supongo —dijo ella, saltando sobre un árbol caído en su camino, sin hacer un sonido—. Crecí aprendiendo cómo pelear y cazar. Rastrear a una persona es mucho más fácil que rastrear a un venado, eso es lo que puedo decirle —ella sonrió. Fue agradable verla sonreír, por una vez. Eso la hizo considerablemente más encantadora, pero ligeramente más intimidante.
—Ja, qué descanso debe ser que… —sus palabras fueron cortadas por un grito escalofriante, no muy lejos de ellos.
Olivia corrió hacia donde venía el grito sin darle a Cap más que una mirada de reojo, moviéndose a través del indómito bosque como si fuera un fantasma.
— ¡Espere! —él gritó pero, o no lo pudo oír, o lo ignoró.
Olivia saltó sobre peñascos, esquivando espinas y raíces expuestas con rápidos saltos hacia los lados y usando una rama de un árbol, colgando bajo, para mecerse sobre un pequeño arroyo en su camino. Cap hizo lo mejor que pudo para seguirle el paso, aún y que eso significó moverse atravesando obstáculos en vez de rodearlos. Su bien formada musculatura se deshizo de cualquier rama o arbusto que estuviera en su camino. Gesticulaba con los fuertes ruidos que hacía por abrirse camino, pero los sonidos de lucha se estaban haciendo más fuertes.
— ¡Alto! ¡En el nombre de la Reina alto! —Una voz femenina gritó. Cap pudo distinguir un adornado carruaje detenido en el medio del camino del bosque. Claramente era el carruaje que le pertenecía a algún aristócrata o por el estilo: blanco puro, decorado con patrones dorados de duraznos y plátanos. Cinco hombres esgrimiendo grandes espadas curvas, todos vestidos de negro con capuchas cubriendo sus rostros, tenían rodeado el carruaje. Tres guardias en uniformes reales sangraban de variadas heridas superficiales tirados en el suelo, con sus manos y pies atados.
¡Olivia! Cap no se atrevió a gritar su nombre y no la podía ver por ningún lado. Ella no estaba entre los rehenes. Debió tener el sentido común de esconderse hasta que se hayan ido. Pensó él, dejando escapar un largo suspiro de alivio.
Una figura cayó desde lo alto de los árboles, aterrizando de una sola vez sobre dos de los bandidos con un fuerte golpe. Uno de los bandidos se desplomó inmediatamente, mientras el segundo luchaba bajo la bota de la figura. Olivia. Ella retiró su largo y rubio cabello lejos de sus ojos y pisoteó duro con su tacón sobre la nuca del segundo bandido. Él tipo se quedó tirado, inmóvil.
Por supuesto que Olivia no podía quedarse fuera de esto. Cap se apresuró, deseando que su entusiasmo compensara su falta de un plan coherente. Los tres bandidos restantes estaban gritando y amenazando con atacarla, y su atención distraída por un momento, por querer entrar al carruaje.
El bandido cerca de la parte trasera del vehículo estaba aislado a corta distancia de sus cohortes, con su cuchillo listo para lanzarlo a la espalda de Olivia tan pronto como tuviera un tiro directo.
Tan buen lugar para empezar como cualquier otro. Cap arremetió contra el bandido tirándolo y fijándolo contra el suelo. El hombre luchó por ponerse de pie, batallando para respirar, y Cap rápidamente, se deslizó bajo él, apretando el cuello del hombre bajo el pliegue de su codo. Cap lo mantuvo apretado hasta que privó del flujo de sangre al cerebro del bandido.
Mientras el bandido en los brazos de Cap quedaba inconsciente lentamente, Cap observó a Olivia tomar ambas espadas de los bandidos bajo sus pies y avanzar contra los dos restantes. Ellos la atacaron a la vez, pero ella los mantenía lejos, valientemente antagónica contra ambos y manteniéndolos a raya con sus quites ambidiestros.
Ataque, ataque, quite, finta, quite, ataque, ataque: sus espadas se movían tan rápidamente que Cap apenas podía seguir sus movimientos mientras azotaban alrededor. Ataque, esquiva, golpe, quite. Ella reía con salvaje gozo mientras bloqueaba dos golpes de arriba hacia abajo a la vez, forzando a sus oponentes a retroceder un par de pasos.
Los bandidos la hicieron retroceder, atacando duro, avanzando rápidamente y forzándola a moverse para atrás hacia un feo despeñadero de rocas sueltas a lo largo del camino, en donde pisar firmemente sería imposible.
Olivia asestó un tajo de su espada en la mano izquierda hacia arriba y a lo ancho, bloqueando un golpe hacia abajo del hombre a su derecha. Mientras ella se movía, rápidamente giró su muñeca derecha en el sentido de las manecillas del reloj, bloqueando simultáneamente con su empuñadura el empuje del hombre a su izquierda, y, en el mismo movimiento, cortando profundamente a través de la muñeca de la mano armada del hombre.
— ¡Perra! —el bandido gritó, temblando de dolor. Los dos bandidos cargaron contra Olivia otra vez, con las espadas en alto.
— ¡Cuidado! —Cap gritó, aun sabiendo cuán inútiles eran las palabras que salían de su boca. El bandido en sus brazos aún luchaba por respirar. — ¡Ya ríndete! —Cap le gruñó al bandido—. ¡Necesito ayudarla!
Olivia giró repentinamente, colocándose detrás del hombre a su izquierda, pasando su espada a través de la corva del hombre, cuando ella se movió. Él aulló y cayó al suelo, agarrándose la pierna en donde ella le cercenó una vena, mientras la sangre brotaba cayendo en la tierra.
Olivia lanzó una de sus espadas a su último oponente, en una rápida línea directa a su cuello. El bandido la esquivó en el último momento y la espada apenas rozó su brazo.
Este último bandido era el más corpulento de todos, su capucha caía hacia atrás para mostrar una gran cicatriz atravesando su rostro y una maraña desordenada de cabello negro. Él se veía siniestro cuando levantó su espada hacia ella, sus ojos nunca miraron a sus compatriotas caídos que tirados en el suelo, gemían o no se movían. Cap recordó a los endurecidos mercenarios que los generales capturaron al final de la guerra.
El bandido en brazos de Cap finalmente cayó inconsciente y Cap se puso de pie, listo para entrar al quite si Olivia lo necesitaba, lo cual pareció altamente improbable. Olivia saludó al bandido, sonriendo mientras se enderezaba colocándose en la posición apropiada de un combate con espadas. Ella puede con esto, Cap pensó.
Cap estaba a punto de ir a ver si los ocupantes del carruaje necesitaban ayuda cuando una figura a toda velocidad voló desde los árboles. Un bandido más saltó desde las sombras del bosque, dando una patada brutal por la espalda a Olivia. Ella cayó hacia delante, sus brazos raspando por el áspero camino de grava cuando ella trató de recuperar su equilibrio.
El bandido de la cicatriz vino hacia ella, presionando su pesada bota contra la parte posterior de su cuello mientras el nuevo bandido del bosque clavó su bota en la parte baja de la espalda de Olivia. El grandote le gruñó algo a Olivia, algo que Cap no pudo oír, pero hizo que Olivia se retorciera. Ella estaba inmovilizada, luchando contra el peso de ellos. Parecía que la única razón por la que ella todavía no estaba muerta era que los dos bandidos parecían estar debatiendo en si matarla inmediatamente o atarla como a los guardias.
¡No se atrevan!
Cap corrió hacia Olivia, levantando una rama de árbol caída en su camino, mientras corría. El peso de la rama apenas si lo desaceleró cuando acometió como un cañón hacia los dos bandidos restantes. Ellos solo tuvieron tiempo para mirarlo sorprendidos, cuando Cap dobló la rama en un amplio arco, atrapándolos a ambos a lo ancho de sus estómagos. El golpe aventó a ambos al suelo con un doloroso crujido.
Los bandidos se enroscaban de dolor tirados en el suelo, maldiciendo y luchando por tomar aire. Uno de los bandidos se agarró su torso, el horror llenó su rostro. A través de la camisa rota del hombre, Cap podía ver las costillas rotas del hombre más pequeño penetrando su piel y expuestas al aire. El bandido más grande, el de la cicatriz, se miraba relativamente ileso, cuando se puso de pie, tembloroso, limpiando la sangre de un lado de su boca. Cap apretó con más fuerza su rama.
—Tu chica dañó a mis hombres —dijo esto pateando a Olivia en un costado y haciéndola gritar. Él hombre sacó un cuchillo de su cinto, preparado para clavarlo en la espalda de Olivia.
Cap dio unos pasos tambaleantes hacia delante, su rostro se puso rojo cuando la furia atravesó sus venas — ¡Con una mierda! ¡No toques a Olivia! —él gritó. Cuando Cap se movió, el bandido se movió rápido como un rayo, cambiando la dirección de su ataque para clavar su cuchillo profundamente en el pecho de Cap.
El mundo se disolvió en rabia, adrenalina y sangre. Remotamente Cap podía oírse a sí mismo bramando de dolor cuando arrancó la daga de su herida, girándola para clavarla profundamente en el cuello del bandido. Él deseó haber podido disfrutar más de la vista de la sorpresa del hombre, cuando sintió que la daga le quebraba su columna vertebral y salía a través de su nuca.
Ella ahora estará segura. El mundo giró y se puso negro.
***
Olivia vio caer a Cap y sintió cómo se abría un profundo hoyo en su estómago. ¡Nooo! Ella se dejó caer sobre su costado, la sangre goteaba de las heridas poco profundas en sus brazos en donde ella había desviado los golpes de los bandidos. Podía sentir la desagradable sensación pegajosa de la sangre que le manchaba el rostro y cuello, y algo carnoso apretado contra el fondo de sus botas, pero no le importó.
El rostro de Cap, normalmente alegre, estaba tan pálido y demacrado que casi era irreconocible, como una caricatura mórbida. Olivia buscó su pulso frenéticamente, suspirando aliviada por el débil latido en su cuello. Ella rasgó la manta que cubría su pecho, acomodándola como una almohadilla más gruesa y presionándola contra la herida.
—Aguanta, muchachote —ella dijo, mirando a su alrededor buscando su paquete de primeros auxilios. No, no otra vez. No voy a perder a alguien más.
Por el rabillo de su ojo, Olivia vio salir del carruaje blanco y dorado, un pie en tacón alto. Los ojos de Olivia siguieron la línea de los tacones de tres pulgadas azul brillante de la mujer y subieron por sus piernas largas y bien torneadas, sus faldas azules con volantes, apretado corsé bordado color amarillo ajustando su pequeña cintura, y finalmente su rostro en-forma-de-corazón rodeado de cabello rubio. Ella era tan hermosa, que Olivia desconfió de la mujer inmediatamente.
—Trata con una rociada de esto —la rubia dijo, sosteniendo una botellita de cordial de oro y plata incrustada con piedras preciosas.
Olivia meneó su cabeza. —No voy a poner un hechizo misterioso en él— ella dijo—. Si realmente quiere ayudar, sostenga esto firmemente en su lugar —dijo esto haciendo una gesto con su cabeza señalando la almohadilla de manta que lentamente se saturaba con la sangre de Cap.
La belleza se arrodilló elegantemente sobre el suelo a un lado de Olivia, ignorando la suciedad que ya estaba manchando su vestido de seda. — ¿Aquí? —la mujer preguntó, presionando sobre la manta con mano firme. Olivia estaba impresionada, a regañadientes, de que la aristócrata no estaba gritando o desmayándose o cualquier otra respuesta normal que Olivia asociaba con los ricos.
Se le ocurrió, mientras corría por su mochila, que debió haberle dicho algo amable a la mujer, o preguntado si ella estaba bien después de que su carruaje había sido atacado. Ahora es muy tarde. Olivia hurgó dentro de su mochila buscando su paquete de primeros auxilios tan rápidamente como pudo. Ella había visto heridas peores que la de Cap y algunos hombres habían sobrevivido. Ella no podía detener su siguiente pensamiento: Aunque, no muchos lo lograron.
Por un segundo, extrañó a su padre con añoranza desesperada. Él siempre fue mejor con este tipo de cosas. Él estaría riendo y sonriendo mientras suturaba la herida, sin gritarle a la gente y tratando de salir adelante fanfarroneando.
Concéntrate. Tú puedes hacer esto, se dijo a sí misma, apretando con fuerza el paquete de primeros auxilios. Pelear era algo que ella podía hacer fácilmente. ¿Tener un buen comportamiento con los heridos después de eso? Le era mucho más difícil. Olivia regresó con Cap y la mujer.
— ¿Qué carajos? —Olivia gritó.
La aristócrata había retirado la almohadilla de manta de la herida de Cap y estaba vaciando unas gotas de su botella en la cortada—. ¿Qué está haciendo? —Olivia gritó.
La mujer sonrió, sus labios perfectamente formados rizándose en el tipo de figura de una exquisita media-luna que Olivia no pensó que fuera posible en la vida real. —Mira —la mujer dijo.
Olivia parpadeó dos veces para confirmar que sus ojos estaban trabajando apropiadamente. La herida de Cap estaba sanando ante sus ojos, la cuchillada en carne viva se entretejió y selló por sí misma como si nunca hubiese estado ahí. La mirada de Olivia iba de ida y vuelta entre la mujer y la botellita de cordial.
— ¿Es eso…usted es…qué es eso? —Olivia dijo finalmente, tartamudeando.
La mujer rió –un sonido encantador como de campanillas—y extendió su delicada mano. —Mi nombre es Amelia, y esto es lo menos que puedo hacer por los valientes guerreros que salvaron mi vida y las vidas de mis hombres —ella hizo un ademán hacia sus guardias reunidos cerca de los caballos curando sus propias heridas y tranquilizándose unos a otros con bromas ridículas—. Su amigo dormirá ahora, eso creo. Admito que no tengo mucha experiencia con esta cosa, pero eso fue lo que me fue dicho.
Olivia miró la botellita de cordial, sintiendo que la sangre se le iba a los pies. —Así que, ¿usted no sabe si hay algún efecto secundario? ¿Qué le hará esa cosa a él? —Como terrateniente del bosque para un reino sin magia, Olivia había crecido desconfiando de la magia. Era impredecible, no podía ser enseñada, y frecuentemente trabajaba con sus propias reglas subjetivas de recompensar a aquellos que considerara “dignos”.
Olivia observó al hombre en el suelo respirando tranquilamente. Ella supuso que si había alguna magia que consideraría a alguien “digno”, probablemente sería a alguien como Cap: valiente, obstinadamente leal, atractivo…
— ¿Hola? ¿Estás ahí adentro? —Amelia sonrió, ondeando su mano frente al rostro de Olivia.
— ¿Qué? —Olivia había estado tan abstraída catalogando mentalmente todas las virtudes de Cap, que no escuchó lo que Amelia le dijo.
La expresión de Amelia era comprensiva. —Sé que estás preocupada por tu amigo —ella levantó su muñeca rodeada con un simple brazalete de oro—. Tengo dos amantes-de-por-vida que me esperan en casa. Sé que ellos estarían absortamente preocupados si yo estuviera tirada inconsciente a sus pies.
— ¡No! Nosotros no somos eso, nos acabamos de conocer. Él es un verdadero fastidio.
Amelia meneó su cabeza diciendo: —No necesitas explicármelo a mí. Él parece alguien a quién querrás conservar —ella le entregó a Olivia la botella de cordial. El metal se sintió frío en su mano. —Esto es mi regalo para ti, a cambio de salvarme la vida. Se siente que dártelo a ti es lo correcto, considerando que recientemente fue dado a mí. Nuestro rebelde reino vecino me lo dio a cambio de la negociación del más reciente acuerdo de comercio de Crispín.
Olivia miró la botella de cordial en su mano, insegura de si sería descortés aventar la extraña cosa mágica al suelo y pisotearla. Ella optó por sostenerla en su palma con la mano abierta tan lejos de su cuerpo como le fue posible.
— ¿No la quieres? Si esto fue un regalo de un acuerdo de comercio, ¿no lo querría la reina o alguien importante?
Amelia cerró los dedos de Olivia alrededor del cordial y empujó su puño cerrado hacia el pecho de Olivia. —Confía en mí, conozco a la Reina Cassandra de forma suficientemente íntima para saber que ella estaría de acuerdo conmigo.
Los ojos de Olivia siguieron a los de Amelia hasta el brazalete de oro. ¿Amelia era la amante-de-por-vida del regidor de Crispín? Olivia palideció. ¡Santa mierda!
Amelia rio con la expresión del rostro de Olivia. —Me dijeron que tan solo unas gotas pueden traer de vuelta a alguien en el borde de la muerte, aunque una vez que la ha tenido, nunca funcionará por segunda vez.
—Oh, gracias —Olivia contestó.
Amelia hizo un ademán hacia su cochero, quien de un brinco se puso a trabajar poniendo las bridas a los caballos y de vuelta a su posición. —Siento mucho no poder quedarme para aprender más acerca de mis salvadores —ella dijo, con sus azules y brillantes ojos mirando a ambos, Hunter y Cap, con una pequeña sonrisa—. Pero espero regresar. Cuídense el uno al otro, ¿les parece bien? Y por favor envíenme mensaje al palacio si necesitan algo más.
Olivia no supo bien qué decir, así que simplemente asintió en silencio cuando Amelia brincó dentro de su carruaje y el conjunto completo desapareció a la vuelta de un recodo en el camino. Dejó escapar un largo suspiro, el cuál ella no se había dado cuenta que había estado deteniendo.
—La gente elegante es rara —dijo Olivia, suspirando. Ella bajó su mirada—. Pero creo que su magia algunas veces es útil —Cap estaba roncando ligeramente, acurrucado sobre su costado, abrazando el sucio montón de mantas y se veía demasiado adorable. Ya que ella tuvo que rasgarle su túnica de manta para contener la herida, él estaba desnudo de nuevo, su herida era una delgada cicatriz nueva en su pecho.
Olivia agarró su manta de su mochila y jaló el montón empapado de sangre de los brazos de Cap, reemplazándola con su manta extra limpia. —Tú y yo, compañero, no necesitamos las elegantes e ingeniosas costumbres de esa gente, ¿verdad?
Le molestaba ligeramente lo apegada que se había vuelto a Cap en el corto tiempo que tenía de conocerlo. A diferencia de mucha gente que ella conocía, Cap se las arreglaba para ser ciento por ciento él mismo todo el tiempo. Aun cuando camina haciendo mucho ruido y cuenta demasiadas historias acerca de su abuelo. Demasiada gente gasta demasiada de su energía pretendiendo ser alguien quien no es.
Ella tomó un profundo respiro y miró a su alrededor. No podían acampar aquí, no con todos los cuerpos de los bandidos tirados alrededor, ni tan cerca del camino. Cap era demasiado grande para cargarlo, pero Olivia no podía considerar dejarlo ahí. Haciendo una camilla dura con las estacas de su tienda y su manta, ella lo arrastró una distancia razonable dentro del bosque. Una vez que estuvieron lo suficientemente lejos del camino para que nadie tropezara con ellos fácilmente, lo dejó caer de un porrazo.
Sudorosa y exhausta, revisó que Cap todavía estaba respirando y se dirigió hacia los sonidos del agua que suavemente salpicaba a lo largo de una suave corriente. Nubes oscuras en el horizonte se apresuraban hacia ella – tendría que trabajar rápido, alistar el campamento y poner la tienda antes de que llegara la tormenta. Habría sido bueno que Amelia tan solo nos hubiera llevado a la siguiente posada en vez de darnos un extraño líquido mágico, Olivia refunfuñó. Pero era difícil estar muy enojada con Amelia considerando que la mujer había salvado la vida de Cap.
Rápidamente, Olivia lavó la manta-túnica de Cap y sus propias ropas, tallando la sangre salpicada en su cuello y rostro y confirmando que ninguna de sus cortadas fuera tan profunda para necesitar sutura. Pequeñas bendiciones.
Con sus ropas todas mojadas y Cap usando su manta extra como almohada, no estaba segura de lo que haría para cubrirse. Hasta el momento la noche era tibia, pero por el silencio en el bosque a su alrededor, se imaginó que la tormenta que se avecinaba sería infernal. No era una noche que ella quisiera pasar desnuda, o en el exterior.
Envolviendo su cuerpo en una camisa húmeda --lo suficientemente larga para llegarle a medio muslo, afortunadamente – y poniéndose sus botas, ella regresó al campamento. Ahora ella tenía una nueva gran comprensión por las horas que Cap pasó caminando desnudo a través del bosque después de que Anya lo dejó ahí. No importaba lo tibia que fuera la noche, estar desnudo en el bosque era horrible.
Olivia logró regresar a donde había dejado a Cap, entonces se detuvo en seco, confundida. Por un breve momento Olivia pensó que debió haber tomado el camino equivocado en algún lugar, un pensamiento sin precedentes ya que ella no se perdía en el bosque. Pero ahí estaba su tienda; ya montada con la abertura bien cerrada para protegerla de la lluvia y la preparación en el lugar de la fogata ya cavada, con un par de pequeñas ramas descansando en su centro.
Olivia sintió el cosquilleo de las lágrimas en el fondo de sus ojos, lo que ignoró firmemente. Había pasado tanto tiempo desde que ella había viajado con alguien. El ver estas pequeñas cortesías hechas por ella, la enterneció de formas que ella no habría esperado, en vez de tener que hacerse cargo de todo por ella misma.
Ella no pudo encontrar a Cap al principio, pero entonces oyó la familiar cacofonía de ramas al quebrarse y maldiciones masculladas viniendo desde el lado opuesto del campamento. Él emergió de entre los árboles llevando en los brazos una carga de leña. Traía puesta la manta de ella alrededor de su cintura, como una toalla. Se tropezó y dejó caer la leña cuando la vio empapada y chorreando agua, solamente usando una camisa larga y botas.
—Oh, hola. Una tormenta… oh… viene una tormenta, —él tartamudeó, volteando la vista hacia las hojas de los árboles.
Olivia se dio cuenta que estaba batallando para quitarle la mirada de encima. Cap se veía completamente sano, si bien usando nada más que la pequeña manta colgada en sus caderas y su rostro profundamente sonrojado. Si el cordial tenía algún efecto secundario, ciertamente no había alterado la fina definición de su pecho o los músculos magros de sus piernas y brazos.
—Parece que te sientes mejor, —Olivia dijo, inclinándose para ayudarle a recoger las ramas que se le cayeron y aventándolas al lugar de la fogata, consciente de que la abertura en su camisa al inclinarse, le daba a él una excelente vista de su pecho.
—Sí, acerca de eso… ¿qué diablos pasó? —Él le preguntó, asintiendo hacia su herida ya sellada.
—Una larga historia, que te contaré después. Tan solo digamos que la dama del carruaje nos pagó por completo por salvar su vida —Olivia contestó.
Cap balbuceó algo que ella no pudo entender bien y terminó de establecer el campamento, cubriendo la leña extra con una lona, así permanecería seca en la tormenta venidera. Ellos trabajaron en silencio, desviando sus miradas rápidamente cada vez que uno de ellos atrapaba la mirada de admiración del otro.
Las nubes oscuras en el cielo soltaron lluvia a cántaros y ellos corrieron juntos a meterse en la tienda. Olivia aseguró la abertura y volteó hacia Cap. Sin fogata dentro de la tienda y la noche cayendo rápidamente, Cap apenas era un contorno en la oscuridad. Pero aún el contorno de él era suficiente para recordarle a Olivia de toda esa gloriosa carne y músculos a menos de un metro de distancia.
A coger.
Quitándose su camisa mojada, ella saltó sobre él, montándolo y besando su rostro hasta que encontró su boca, empujando su lengua profundamente. Él gimió dentro de la boca de Olivia, sus manos rozando su cuerpo. En un rápido movimiento él se quitó la manta de su cintura y movió sus dedos en la oscuridad hacia el sensible clítoris de Olivia, frotándolo rápidamente.
—Solo para aclarar las cosas —él dijo, gimiendo un poco cuando ella tomó su verga con la mano y la frotó duro— ¿Tú no estás haciendo esto solo para encontrar y matar a mi abuelo?
Ella lo besó despacio, su lengua ondulante alrededor del interior de su boca. Afuera, los truenos comenzaron a retumbar en un sonido bajo y distante. Los besos de Cap se movieron de la boca de ella hacia abajo por su cuello, chupando y mordiendo la tierna carne. Sus manos la exploraron, deslizándose desde sus caderas hasta sus hombros y de regreso abajo otra vez en círculos largos y perezosos.
Ella dejó escapar un suave gemido mientras la boca de Cap encontró su pezón endurecido y él comenzó a chupar su tierna carne, ondulando su lengua en la sensitiva punta. Sus manos continuaron trabajando su magia sobre la ardiente piel de Olivia cuando él se deslizó hasta su esencia, su boca todavía torturando sus tetas. Sus manos eran grandes y endurecidas con una vida completa de trabajo duro, pero sus dedos eran sorpresivamente suaves y hábiles mientras danzaban sobre su vagina mojada.
—Sí, oh sí, justo ahí —Olivia jadeaba, jalando la cabeza de Cap más apretadamente contra sus tetas mientras ella levantaba sus caderas para incrementar la presión con su mano. Ella lo quería todo completo.
Cap consintió y frotó sus pliegues inflamados, extendiendo su humedad por todos lados. Su boca se movió sobre su otra teta, dejando un pezón mojado y frío en su ausencia y el otro en el fuego con su atención. Ella gimió y apretó sus dedos en el cabello de él, adorando la suave sensación de sus rizos. Él deslizó dos dedos dentro de ella, bombeando suavemente en su calor mientras frotaba su clítoris duro.
Ahora ella se movió con él, cogiéndose a sí misma con la áspera mano de Cap, su cabeza echada hacia atrás en éxtasis. Olivia pudo sentir el calor que crecía, amenazando con explotar.
Cap retiró su mano, dejándola vacía. Nooooo. Ella estaba a punto de protestar cuando él se deslizó hacia abajo en su cuerpo, dejando besos y mordidas en el camino. Él le dio un mordisco particularmente feroz en su muslo antes de capturar su coño con su boca, lengüeteando su humedad como un hombre hambriento.
Su lengua se deslizó dentro de ella en estallidos breves antes de mover su boca hasta su clítoris y ella gimió en éxtasis. Él cambiaba entre aplanar su lengua contra él, aplicando fuerte presión, y darle golpecitos con su lengua. La presión y la sensación fueron demasiado para aguantar.
Olivia se agarró del suelo con ambas manos, tratando de encontrar algo de donde detenerse mientras el orgasmo, como una estampida, atravesaba su cuerpo. Ella gritó con el espasmo, temblando debajo de él.
Él sonrió y se posicionó sobre ella, besándola fieramente, sus manos vagando a través de su cabello. — ¿Estás bien ahí? —él le preguntó, con los ojos llenos de malicia.
Ella flexionó sus caderas hasta que pudo sentir la cabeza de su rígida verga, resbalosa con líquido seminal, flotando justo bajo su abertura y frotando su vagina.
—Solo hazlo y cógeme, Capitán —Olivia dijo.
—Sí, señor —él contestó, levantándola y deslizándola debajo de él. Ella trató de reacomodar la manta bajo ella para protegerse del suelo áspero, pero se dio por vencida cuando necesitó ambas manos para agarrarse de las nalgas de él.
El relámpago iluminó la tienda y en ese breve momento de luz él empujó su hinchada polla dentro del centro de ella, enganchando sus piernas detrás su cuello, así sus caderas quedaban levantadas del piso. Él empujó profundamente y ella aulló con la llenura. Había sido mucho tiempo desde la última vez, y él era enorme, su plenitud golpeando todos los lugares correctos al mismo tiempo.
— ¡Estás tan apretada! Por Dios, te sientes maravillosa —él gimió.
El viento arreció, bramando a través de los árboles, haciendo que la tienda temblara desde afuera mientras sus acrobacias hacían temblar las paredes desde adentro. La lluvia salpicaba la superficie de la tambaleante estructura, el agua corría por los costados en riachuelos. Mientras los aullidos del viento amenazaban con bloquear los gritos de Olivia, Cap aumento su paso, empujando más rápido y más duro, usando una mano para sostener las caderas de ella mientras con la otra mano apretaba sus tetas rebotando.
— ¡No te detengas! —Olivia gritó— ¡Con una mierda, no te atrevas a detenerte! —el sudor goteaba por su piel combinándose con el sudor del pecho de él y sus poderosos muslos bombeando dentro de ella. Olivia oscilaba sus caderas para encontrarse con las de él, empujando contra él y alzándolas rítmicamente mientas él golpeaba dentro de ella, una y otra vez.
Los truenos retumbaron.
Él desenganchó las piernas de ellas de su cuello y la volteó sobre manos y rodillas.
— ¡Sí! ¡Eso, así! —ella gritó mientras él empujaba más profundo, empujando hasta la base de su polla, embistiéndola con suficiente fricción para hacerla gritar. Ella de nuevo empujó sus caderas contra él, adorando la sensación de sus tetas contra el piso de la tienda.
— ¡Oh! ¡Mierda! ¡No voy a ser capaz de contenerme por mucho más tiempo! —Cap gritó, pasando su mano alrededor de las caderas de Olivia hasta su clítoris y frotando su capucha en rápidos círculos.
El relámpago destelló y Olivia gritó, viniéndose tan fuerte que ella no podía distinguir si el disparo de los fuegos artificiales era tanto en su cabeza como afuera de la tienda. Él bombeó una vez, dos veces, y ella sintió el chorro tibio de su leche profundamente dentro de ella. Él se retiró lentamente, tocando la pierna de ella con caricias tranquilizantes como a una criatura salvaje a punto de ser asustada.
—Eso fue… —él comenzó a decir.
Ella puso su mano sobre la boca de Cap, callándolo antes de que dijera cualquier cosa sensiblera y ella habría tenido que darle un golpe. Afuera de la tienda, la lluvia había empezado a calmarse, los torrentes disminuyeron a un suave golpeteo en el techo.
—Solo duerme, Cap. Necesitamos alcanzar a Anya antes de que se case con tu abuelo y lo mate. Puede que la civilización colapse si perdemos a dos Hardisons en dos días —Olivia dijo.
***
El triunfo retumbó a través del cuerpo de Cap cuando en la distancia, captó la vista de la pequeña cabaña de su Abuelo.
— ¡Ahí está! —Él trajo a Olivia hacia sí, aplastando el cuerpo de ella contra el suyo y la besó con todas sus fuerzas.
—Guau, ¿qué te pasa? —Olivia se hizo para atrás, riendo por él entusiasmo de él.
—Esta semana he sido engañado, robado y acuchillado. Hoy voy a salvar a Abuelito contigo a mi lado —dijo Cap, con una amplia sonrisa— Me gusta más el día de hoy.
—Es bueno saber que tienes tus normas —dijo ella, girando sus ojos—. Aunque vamos a ser serios acerca de esto. Anya ha dejado un largo rastro de cadáveres detrás de ella y puede ser extremadamente astuta cuando está tratando de salvar su propio pellejo —Olivia apuntó hacia la cabaña—. ¿Ves la puerta lateral ahí? Yo iré alrededor de esa dirección en caso de que ella trate de escabullirse. Tú entra por el frente, fingiendo que todo está normal, ¿okey?
—Sí, señor —Cap le dio un rápido saludo guiñándole un ojo, antes de caminar hacia la cabaña.
— ¡Ya llegó tu nieto favorito! — Cap gritó mientras abría la puerta de la casita del Abuelito.
— ¿Stephen? —dijo una áspera voz desde la otra habitación.
Por supuesto que Stephen sería su favorito. Cap giró sus ojos.
—Muy gracioso, viejo. Soy Red —Cap caminó a través de la cocina vacía, notando cómo la pequeña chimenea estaba helada, como si no hubiera sido encendida en días.
— ¿Todavía estás acostado en la cama? Te dije que no jugaras a las cartas con los trolls de las montañas. Ellos siempre te emborrachan demasiado… —Cap se tragó el resto de sus palabras pasando saliva, horrorizado. Su abuelo estaba en cama, pálido y tembloroso. Su piel parecía de papel-delgado, casi transparente y Cap podía ver la sangre pulsando al moverse por sus venas.
—Mírate muchacho, casi eres tan guapo como yo —el viejo le dijo riendo y su risa se convirtió en tos húmeda, la cual bloqueó con un pañuelo estampado con patos con sombreros de copa—. Aunque llegas menos… tarde de lo que tú prometida supuso.
— ¿De qué estás hablando? Yo no tengo una prometida —Cap dijo.
—Oh. Entonces esas son buenas noticias —el Abuelito levantó su dedo artrítico, apuntando hacia la entrada y dijo: — Ya que ella no existe, no desperdiciaré ninguna energía preocupándome acerca de la mujer con la pistola.
—Hola querido —Anya sonrió mientras nivelaba la pistola hacia el rostro de Cap. Ella tenía una bandeja con dos copas de vino en su otra mano, y la colocó sobre una cómoda cercana sin siquiera quitarle los ojos de encima. —Desde tu desafortunado fallecimiento, aquí el Abuelito muy generosamente, me ha legado toda su fortuna. Como la desconsolada madre de tu hijo nonato, prácticamente somos familia, de cualquier manera —ella jaló una pequeña almohada debajo de su blusa, ondeándola hacia ambos hombres, la cual una vez fue su bulto de “embarazo”.
—Lo que dices no tiene ningún sentido —lentamente Cap se movió alrededor de la habitación, posicionándose entre la loca y su abuelo.
— ¡Con lo que hace tampoco está haciendo mucho dinero! —la voz del Abuelito fue acentuada con otro acceso de tos húmeda.
—De hecho —Anya sacudió un saco de terciopelo verde atado a su cinto, sus contenidos tintinearon costosamente—. Yo pienso que lo he hecho bastante bien —ella presionó la pistola contra la garganta de Cap, deslizando su mano por su torso de arriba-a-abajo, como una serpiente—. Fuiste divertido, pero debí haberte matado cuando tuve la oportunidad —ella lo empujó violentamente contra la pared y dio unos pasos hacia atrás rumbo a la puerta, apuntándole— ¿No es afortunado que te presentaste para darme otra oportunidad?
Repentinamente, Anya se lanzó hacia delante cuando Olivia corriendo la golpeó por detrás.
Olivia golpeó la cabeza de Anya contra el duro piso de piedra en un rápido movimiento, dejándola inconsciente. Enseguida, pateó la pistola hacia un lado.
—Ésta me gusta más, Red —la voz del Abuelito casi inaudible en este momento—. Es mortífera, eso es seguro. Pero al menos parece que ella no la trae en contra de nosotros los tipos guapos —El Abuelito interrumpió sus palabras, tosió un poco más, y ahora con cada espasmo, sangre cubriendo su desgastado pañuelo.
—Oh Dios, no —Cap corrió hasta un lado del Abuelito—. ¡La cosa de la poción! —Él agitó uno de sus brazos, tronando sus dedos, tratando de recordar las palabras—. El cordial de Amelia. ¿Lo tienes Olivia?
Olivia buscó dentro de su mochila, lanzando la preciosa botella a Cap
— ¿Y ahora qué…? ¿Cómo funciona? —Cap hizo ademanes de impotencia hacia su abuelo, ahora inconsciente.
Olivia examinó el rostro del Abuelito. —Esto no parece el efecto de algún tipo de herida local, probablemente es veneno —ella frunció su entrecejo y apretó su quijada—. Nuestra mejor opción es vaciar un poco en su boca, ya que seguramente ése fue el punto de entrada. Con comida y bebida envenenadas fue como Anya mató a mi padre, tendría sentido que ella continuara con los clásicos.
¿Mató a su qué? Cap estaba a punto de preguntar, pero Olivia agarró sus manos temblorosas y le ayudó a vaciar tres gotas del líquido en la garganta del Abuelito, elevando ligeramente su cabeza para que no se atragantara.
—Para ti, el efecto fue bastante instantáneo, así que debemos saber pronto —Olivia apretó la mano de Cap.
De repente, el Abuelito se sentó en la cama, estirando sus brazos sobre su cabeza y sus huesos rechinaron y tronaron.
—Maldita sea, todavía soy viejo —el Abuelito le guiñó un ojo a la pareja un par de veces rápidamente—. También es algo bueno. Parece que mi encanto puede ser demasiado para ser manejado por la mujer moderna —. Él hizo un ademán hacia donde Anya había caído.
Cap giró para verla, pero el suelo manchado de sangre estaba vacío y escuchó el clic de una pistola siendo cargada.
***
Olivia miró fijamente al barril de la pistola. Sabía que debía haberme desecho de esa cosa cuando tuve la oportunidad, ella se encogió. Anya agarró un pedazo de papel de la mesa de noche del Abuelito y se lo metió en su escote.
—Me preguntaba si me toparía contigo otra vez, Señorita Olivia. Me doy cuenta que nadie ha sido capaz de convencerte acerca de los humectantes faciales desde que me fui. Es una lástima, tendrías una complexión tan bonita si realmente trataras —Anya dijo.
—Estás demente —Olivia dijo, tratando de calcular que tan rápido Anya jalaría el gatillo, contra qué tan rápidamente ella podría tumbarla golpeándola en las piernas. Si estoy dispuesta a arriesgar una bala en mi hombro, podría tratar de…
—No estoy demente. Yo soy una ganadora. Gané —Anya dio unos pequeños golpes en su escote con la mano que no sostenía la pistola. —Este documento no solo me garantiza toda la riqueza de Abuelito cuando él muera —Anya dijo “abuelito” con una sonrisa cínica en su rostro—, sino además me concede poder legal sobre todos sus asuntos legales, incluyendo permiso para declararlo mentalmente incompetente en el instante que yo regrese al pueblo. Así que puedo reclamar su tesoro completo esta misma tarde.
—Eso es imposible —Cap clamó, comenzando a levantarse de la cama.
Anya giró la pistola hacia la cabeza de Cap y dio un paso atrás para así poder tener a ambos, a Olivia y Cap en sus sitios. Olivia dudó en atacarla. Ella se arriesgaría a que le disparara, ¿pero Cap? Todavía no. Ellos todavía tenían una oportunidad de salir de esto, mientras pudieran mantener hablando a Anya.
—Yo testificaré lo que has hecho —Cap continuó—. Tendrás que luchar batallas legales por el resto de tu vida para llegar a tocar ese dinero.
Anya se carcajeó, haciendo su cabeza hacia atrás en maníaco regocijo. Su mano sosteniendo la pistola no titubeó. — ¡Ustedes no lo entienden! Y ¡tú! —La pistola fue de regreso al pecho de Olivia—. Tú has estado fallando patéticamente al quererme cazar por un año, y aun así, ¡tú no lo entiendes! ¡Todos mis esposos, todos mis amantes, todos ellos fueron para esto! ¡Este resultado! Tengo a todos los abogados, a todos los jueces en mi bolsillo. Me las he arreglado para asegurar todas las conexiones necesarias para probar que tú —ella apuntó a Cap—, te volviste loco en la guerra, y que tú —ella apuntó a Olivia—eres una radical. Una loca fingiendo ser un hombre, con tus pantalones y tus espadas —Anya sonrió burlona—. Es claro que una loca es incompetente para testimoniar.
Cap se puso de pie, moviéndose lentamente hacia la mesa lateral donde Anya había colocado las copas de vino cuando entró primeramente, sus manos alzadas sobre su cabeza y preguntó: —¿Y cómo vas a probar que estábamos comprometidos cuando yo nunca te había visto antes de ayer?
Anya hurgó dentro de su escote y sacó lo que parecía una pieza de cuerdo redondo. Olivia no podía identificar lo que era, pero la mirada impresionada en el rostro de Cap le dijo que tenía que ser importante. —Encontré esto en tu mochila, querido, después de nuestra sensacional noche de felicidad pre-matrimonial. Tu insignia de la armada. ¿No recuerdas que me la diste cuando prometiste tu vida y alma por mi felicidad? —Ella volvió a deslizarla dentro de su vestido.
—Necesito un trago —Cap dijo, suspirando y tomando la copa colocada en la bandeja, la más cercana a su abuelo.
— ¡No! —Olivia gritó, cuando él le dio un gran trago al vino— ¡Está envenenado!
Demasiado tarde. El rostro de Cap se puso lánguido, su quijada cayendo abierta mientras la copa envenenada se deslizaba por sus dedos y caía al suelo, manchando la alfombra de rojo mientras se rodaba por el suelo. Cap cayó con un golpe sordo que hizo eco a través del pecho de Olivia.
Olivia se olvidó de Anya, se olvidó de su venganza y de su padre, se olvidó de todo. Ella agarró el cordial de la cama y lo derramó sobre sus labios, esperando que despertara. Amelia había dicho que el cordial solo funcionaba una vez en la misma persona, pero ¡éste era Cap! La magia haría una excepción por él, ¿verdad? Él era valiente y honesto, justo el tipo de héroe que la magia favorecía. ¡El cordial lo sanaría! ¡Tenía que hacerlo!
Ella se inclinó hacia delante, besando sus labios, esperando que el mucho o poco amor que ella sentía en su duro corazón, fuera suficiente para que la magia respondiera y lo reviviera. ¡No puedo perder a nadie más! Ella no se dio cuenta que estaba llorando hasta que sus lágrimas cayeron, corriendo por sus mejillas. Ella no podía sentir el latido del corazón de Cap.
—Bueno, no es eso la cosa más dulce —Anya dijo, contoneándose al caminar acercándose, su pistola aun apuntando hacia ellos—. Yo no sabía que lo tenías en ti, cariño. Quizás todavía hay esperanza de que algún día puedas actuar como una mujer de verdad, después de todo.
Olivia la miró ferozmente —Soy suficiente mujer para matarte la próxima vez que te vea.
—Tú siempre dices eso —Anya dijo en tono de desprecio, golpeando la suela de la bota de Cap, con la punta de sus zapatos de tacón de aguja.
— ¡Aléjate de él! —El Abuelito gritó desde su cama, luchando con el gran peso de sus mantas para llegar hasta su nieto.
—Oh hágalo, viejo, por favor levántese y trate de combatirme —Anya sonrió, sin sonreír con la mirada—. El consiguiente ataque al corazón sería sumamente útil —ella tomó la copa que quedaba sobre la mesa—Solo quiero brindar por la feliz pareja —sonriendo con una mueca parecida a un lobo—. La primera regla para el asesinato, siempre deja una bebida sin envenenar.
— ¡No te saldrás con la tuya! —el Abuelito gritó. Olivia sintió cómo su corazón se hundía más profundamente dentro de su pecho. Ella realmente lo había arruinado. Realmente había permitido que Anya se saliera con la suya. Otra vez.
—Mi veneno es ilocalizable e imita perfectamente un aneurisma —Anya dijo. Mi caso para hacerme cargo de su fortuna ha ido de ser el trabajo de una tarde, a ser el trabajo de menos de una hora. ¿No adoran ustedes a la sobrecargada burocracia? Tantas cosas pueden quedar al margen debido a las imperfecciones del sistema, si conoces a la gente correcta —Anya brindó con su copa hacia Olivia y tomó un largo trago—. No te sientas mal por perder, querida. Simplemente, yo siempre gano.
Anya se tambaleó un poco, su mano tembló una minúscula fracción. Olivia se puso de pie de un salto, tumbando la pistola de la mano de Anya con una patada y lanzándola por el piso dando giros. Olivia esperaba que Anya gritara o corriera tras la pistola o hacia la puerta, pero los ojos de la mujer se pusieron en blanco y cayó al suelo. Cayó con un fuerte golpe sordo.
Cap se sentó, provocando que Olivia gritara y saltara lejos de él.
— ¡Al fin! —él clamó—. ¡Pensé que ella nunca lo bebería!
— ¿Qué? —Olivia farfulló—. Pero…
—Yo cambié las copas mientras ustedes se gritaban la una a la otra.
***
Iba a tomarle algo de tiempo el acostumbrarse a la sensación de la mano de Olivia en su mano. Cap apretó la callosa palma de ella cuando caminaron juntos a través del bosque, contento con escuchar los cantos de los pájaros en los árboles. Era una larga caminata de regreso al reino de donde ella era, pero él estaba feliz de hacerla juntos.
—Cap, realmente no necesitas tomarme de la mano todo el tiempo, —ella le dijo— no voy a irme a ningún lado —aunque él se dio cuenta que ella no trató de soltar su mano.
—Bueno, es que he tenido un mal historial de mujeres hermosas huyendo de mi lado —él dijo mirándola y sonriéndole—. Con mis cosas algunas veces, otras veces para matar bandidos y cosas. Solo estoy siendo precavido —Cap dijo, solemnemente.
—Aunque, vas a tener que acostumbrarte a valerte por ti mismo, ya sabías eso, ¿verdad? No puedo llevarte conmigo cuando esté realizando mis deberes de terrateniente. ¿Qué vas a hacer?
Cap se encogió de hombros, apreciando la forma en que los rayos de la luz del sol se filtraban a través de las hojas como brillantes reflectores. —Abuelito no me necesita. Ése cordial le dio un sorbo de vida nueva. Me contó que planea gastar hasta su última moneda recorriendo el mundo antes de morir —Cap meneó su cabeza, recordando el brillo en los ojos de su abuelo cuando entre burla-y-disculpa le dijo que ya no planeaba darle una herencia. El Abuelito estaría bien, a donde sea que fuera—. Así que, ahora soy libre de ir a donde me plazca. Y, en este momento, quiero ir a donde tú vayas.
— ¿Y por cuánto tiempo planeas ir conmigo? —ella le preguntó, con su mirada en el camino bajo sus pies.
—Por todo el tiempo que tú quieras que esté contigo, y por todo el tiempo que yo quiera estar contigo. ¿No es eso lo que cualquiera puede prometer, alguna vez? —él dijo.
Olivia levantó su mirada para verlo y sonrió con una sonrisa radiante que iluminó su rostro desde su interior. —Y, ¿lo ves? Eso. Por eso te amo, Cap. Tú no mientes o tratas de ser algo que no eres, ni siquiera por un instante. Sé que puedo confiar en ti.
— ¡Eey! ¡Sí puedo mentir cuando necesito hacerlo! —dijo él, ofendido—. Allá en verdad pensaste, por un momento, que estaba muerto. Realmente soy un gran actor.
Ella rió, enlazando su brazo en el interior del brazo de él y caminando suficientemente cerca para que sus caderas se tocaran mientras caminaban.
—No, todo el tiempo supe que era un truco. Sólo te estaba ayudando a que ella tragara el anzuelo —Olivia dijo.
—No, ¡no es cierto! ¡Fui realmente bueno fingiendo! ¡Hasta usé un truco de meditación que aprendí en la armada para ralentizar los latidos de mi corazón! ¡Tú no te diste cuenta!
—Sigue contándote eso a ti mismo —ella le dijo, dando unas palmadas en su brazo.
Él quería seguir discutiendo con ella, pero la sensación de la cadera de Olivia, empujando la de él con cada paso que daban, le distraía de su siguiente argumento.
—Por cierto, yo también te amo. Sólo para que lo sepas —él dijo.
—Mmmm —Olivia dijo, mirando pensativamente al cielo despejado—, parece que va a llover. Debemos levantar la tienda, detenernos en algún lugar por el resto del día. No queremos ser sorprendidos cuando caiga la tormenta.
Cap miró hacia el cielo, rascando su barbilla en lo que él espero pareciera un modo sabio, pensativo. —Tienes razón, parece que esta noche va a bramar y aullar —él la miró y le guiñó un ojo—. Quizás hasta haya algunos gritos.
Olivia agarró el brazo de Cap y lo jaló para adentrarse en el bosque. —Vamos a prepararnos para que llueva a cántaros.