william somerset maugham
antes de la fiestaA Mrs. Skinner le gustaba llegar a tiempo a todas partes. Vestía un traje de seda negro en consonancia con su edad y con el luto que llevaba por su yerno. Se ajustó la toca de su sombrero. Dudó an
condenado a muerteTendida en un diván, la señora Hamlyn miraba negligentemente a los pasajeros que subían a bordo. El barco llegó a Singapur durante la noche, y desde el amanecer comenzó a desembarcar la carga. Las
el collar de perlasYo estaba predispuesto a sentir antipatía por el señor Kelada aun sin haberlo conocido. La guerra acababa de terminar y el tráfico de pasajeros en las líneas oceánicas era intenso. Era difícil enc
el elemento humanoSiempre he ido a Roma en pleno verano. En los meses de agosto y septiembre, de paso para un sitio u otro, me quedo un par de días en la ciudad y vuelvo a ver lugares y cuadros a los que van asocia
el filósofoFue para mí algo sorprendente hallar una ciudad tan vasta en un lugar que me pareció tan remoto. Mirando desde sus almenadas puertas hacia occidente podían divisarse las nevadas montañas del Tíbet
el número doceMe gusta Elsom. Es un puerto de mar del sur de Inglaterra, no lejos de Brighton, que parece conservar algo del encanto de la época georgiana. No es un sitio bullicioso ni llamativo. Hace diez años
el poetaNo siento gran interés por la gente célebre, y no puedo soportar a esas personas que tienen la pasión de codearse con las grandes figuras. Cuando alguien me propone presentarme a una persona que s
el proceso crosbieEn el muelle, el sol irradiaba sus rayos implacables. Automóviles, camiones y autobuses, coches particulares y de arriendo rodaban a toda velocidad por la calzada obstruida. Todos los kláxons aull
el puesto avanzadoEl nuevo auxiliar llegaría por la tarde. Cuando el Residente, Mr. Warbuton, se enteró de que el praho estaba a la vista, se puso el salacot, dirigiéndose hacia el embarcadero. La guardia, compuest
el rojoEl patrón metió la mano en uno de los bolsillos de sus pantalones y con dificultad, porque no estaban a los lados sino delante y era un hombre corpulento, sacó un gran reloj de plata. Lo miró y de
el sacristánAquella tarde se había celebrado un bautizo en la iglesia de San Pedro, situada en la plaza Neville, y míster Albert Edward Foreman no se había despojado aún de su sobrepelliz. Conservaba sus mejo
el traidorCuando Ashenden fue enviado primera vez a Suiza, encargado de dirigir a un gran número de espías que tenían su base de operaciones en ese país, R. le mostró dos comunicados, para que viese el tipo
el último filósofoFue para mí algo sorprendente hallar una ciudad tan vasta en un lugar que me pareció tan remoto. Mirando desde sus almenadas puertas hacia occidente podían divisarse las nevadas montañas del Tíbet
escalera realNo es que me considere un mal marinero. Cuando, a causa del temporal, hubimos de abandonar la partida, me refugié en las cubiertas inferiores. Teníamos por costumbre jugar al póquer hasta las prim
honoluluEl viajero sabio viaja tan solo en su imaginación. Un antiguo francés (en realidad era saboyano) escribió alguna vez un libro titulado Viaje alrededor de mi cuarto. No lo he leído y ni siquiera sé
huellas en la junglaEn toda Malasia no hay sitio más encantador que Tanah Merah. Se halla a las orillas del mar y su costa arenosa está orlada de cocoteros. Las oficinas del Gobierno siguen estando en la antigua Raad
la caída de eduardo barnardAquella noche, Bateman Hunter durmió intranquilo. Durante los quince días de Tahití a San Francisco, en el vapor, había estado pensando en la historia que tenía que contar, y durante los tres días
la cartaFuera, en la calle, el sol caía verticalmente. Una hilera de coches, camiones y autobuses, de autos particulares y taxis, avanzaba en ambas direcciones entre un clamoreo ensordecedor de bocinas. L
la esposa del coronelTodo lo que aquí escribo sucedió tres años antes de empezar la guerra. Los Peregrine estaban desayunando. Se hallaban solos y la mesa era larga, pero aun así, cada uno se sentaba a un extremo de e
la fuerza de las circunstanciasEstaba sentada en la veranda esperando a su marido para comer. El criado malayo había bajado las persianas al perder la mañana su frescura, pero había levantado en parte una de ellas para poder co
las tres gordas de antibesLa primera se llamaba Richman y era viuda. La segunda se llamaba Sutcliffe, era americana y se había divorciado dos veces. La tercera se llamaba Hickson y era soltera. Las tres se hallaban en la l
lluviaSe acercaba la hora de acostarse; cuando despertaran a la mañana siguiente, la tierra estaría a la vista. El doctor Macphail encendió su pipa y, apoyándose en la borda, registró los cielos, buscan
lord mountdragoEl doctor Audlin lanzó una mirada al reloj que había sobre su escritorio. Eran las seis menos veinte. Le sorprendió que su paciente se retrasase, pues lord Mountdrago se envanecía de su puntualida
los cuatro holandesesEl hotel Van Dorth, en Singapur, distaba mucho de ser suntuoso. Los dormitorios eran bastante oscuros, y los mosquiteros tenían remiendos y zurcidos. Los cuartos de baño, en hilera y apartados de
louiseJamás pude explicarme por qué le era tan antipático a Louise. Me tenía aversión, y yo sabía perfectamente que no perdía ocasión de criticarme con su gentileza característica. Era demasiado delicad
mackintoshEl Pacífico es inconsciente e incierto como el alma del hombre. Algunas veces tiene un color gris, como el canal inglés de Beachy Head, con una pesada ondulación, y otras es áspero, coronado de bl
miedoRío abajo avanzaban los dos prahos a corta distancia uno de otro. En el primero venían sentados dos hombres blancos. Habían pasado siete semanas en los ríos y ahora, ante la perspectiva de poder d
neil macadamEl capitán Bredon era un hombre de buen carácter. Cuando Angus Munro, el conservador del Museo de Kuala Solor, le dijo que había aconsejado a Neil MacAdam, su nuevo auxiliar, que cuando llegase a
retrato de un caballeroLlegué a Seúl al atardecer, y después de cenar, hallándome algo cansado por el largo viaje en tren desde Pekín, resolví salir a dar una vuelta para estirar un poco las piernas. Caminé al azar por
rojoEl capitán metió la mano en uno de los bolsillos de sus pantalones, y con dificultad, ya que no estaban a los lados sino enfrente y era un hombre corpulento, sacó un gran reloj de plata. Miró la h
samoaCuando Chaplin, el propietario del Hotel Metropol, de Apia, me presentó a Lawson, apenas si paré atención en él. Estábamos sentados en el vestíbulo del hotel, tomando el primer cocktail, y escucha
sanatorioLas primeras seis semanas que Ashenden pasó en el sanatorio, tuvo que guardar cama. No veía a nadie, salvo al médico que le visitaba mañana y noche, a las enfermeras y a la criada que le llevaba l
tras una noche de espantoPocos libros hay en el mundo que tengan más enjundia que los Informes Náuticos publicados por el Departamento Hidrográfico por orden de los Lores encargados del Almirantazgo. Forman unos volúmenes