william hope hodgson
el cerdo«Vi que una cosa se estaba materializando en medio de la defensa. Se iba elevando lenta y regularmente. Parecía lívida y enorme a través del anublado vórtic
el descubrimientoEn respuesta a la usual invitación de Carnacki para ir a cenar, llegué a tiempo a Cheyne Walk para encontrarme con que Arkright, Taylor y Jessop ya estaban
el embrujamiento del jarvee—Habéis oído algo últimamente de Carnacki? —le pregunté a Arkright, cuando me encontré con él en el centro de Londres. —No —me contestó—. Estará en alguno d
el investigador de la casa apartadaRecuerdo que acababa de hacerse de noche, cuando los cuatro, Jessop, Arkright, Taylor y yo, miramos defraudados a Carnacki, quien estaba sentado, silencioso
el regreso al hogar del shamrakenEl viejo Shamraken, navío de vela, había pasado muchos días sobre las aguas. Era antiguo, más viejo que sus dueños, y eso es mucho decir. Parecía no tener a
el valle de los niños perdidosI Los dos se quedaron parados y observaron al niño, y él, un pequeño valiente que estaba cerca de su cuarto cumpleaños, sin saber que estaba siendo observad
eloi eloi lama sabachthaniDally, Whitlaw y yo estábamos discutiendo la reciente explosión que había ocurrido en las cercanías de Berlín. Nos maravillamos con respecto al extraordinar
la cosa en las algasEsta es una historia extraordinaria. Habíamos llegado desde el Cabo, con cientos de millas recorridas más que de costumbre. Recuerdo perfectamente la noche
la cosa invisibleCarnacki acababa de regresar a Cheyne Walk, en Chelsea. Supe de tan interesante acontecimiento por una postal, parca en palabras, que releía una y otra vez,
la habitación del miedoI Willie Johnson yacía en la gran cama, muy silencioso y rígido. Ese día había llegado a su octavo cumpleaños, y como consecuencia de ello, comenzaba a ser,
la nave de piedraPasan cosas raras en el mar. Recuerdo que cuando estaba en el Alfred Jessop, un barco pequeño cuyo propietario era el patrón de a bordo, nos encontramos con
los habitantes de la isleta middle—Es aquélla —exclamó el viejo ballenero dirigiéndose a mi amigo Trenhern, mientras el yate costeaba lentamente la Isla Nightingale. El viejo señalaba con el
un horror tropicalEstamos a ciento treinta días de Melbourne, y durante tres semanas hemos tenido calma chicha. Es medianoche, y hasta la guardia en cubierta, que será a las
una voz en la nocheEra una noche oscura, sin estrellas. Nos hallábamos en plena calma chicha en el Pacífico Norte. Desconozco nuestra posición exacta, pues llevábamos una inte