PAIS RELATO

Libros de vladimir nabokov

Autores

vladimir nabokov

bachmann
No hace mucho tiempo apareció en los periódicos una breve mención de que el otrora famoso pianista y compositor Bachmann había muerto olvidado del mundo en la aldea suiza de Marival, en el asilo d
cuento de navidad
Se hizo el silencio. La luz de la lámpara iluminaba despiadadamente el rostro mofletudo del joven Anton Golïy, vestido con la tradicional blusa rusa campesina abotonada a un lado bajo su chaqueta
el elfo patata
1. En realidad se llamaba Frederic Dobson. A su amigo el prestidigitador, solía contarle en los siguientes términos la historia de su vida: —No había nadie en Bristol que no conociera a Dobson, el
el puerto
La peluquería, con su techo bajo, olía a rosas ajadas. Unos tábanos zumbaban pesados, insistentes. Los rayos de sol formaban charcos relucientes de miel fundida en el suelo, pellizcaban el cristal
érase una vez en alepo
Querido V. Entre otras cosas, te escribo para contarte que estoy aquí, en el país al que me han llevado tantos atardeceres. Una de las primeras personas a las que vi fue nuestro buen amigo Gleb Al
la palabra
Barrido del valle de la noche por el genio de un viento onírico, me encontré al borde de un camino, bajo un cielo de oro puro y claro, en una tierra montañosa de extraordinaria naturaleza. Sin nec
la tormenta
En la esquina de una calle cualquiera de Berlín oeste, bajo el dosel de un tilo en plena floración, me vi envuelto en una ardiente fragancia. Masas de niebla ascendían en el cielo nocturno y, cuan
natasha
1. En las escaleras Natasha se cruzó con su vecino de la puerta de al lado, el Barón Wolfe. Subía con una leve fatiga las escaleras de madera lavada, acariciando la barandilla y silbando suavement
nube, castillo, lago
Uno de mis agentes comerciales —un tipo soltero, modesto suave y muy eficaz— tuvo la fortuna de que le tocara en suerte un viaje de placer en un baile benéfico organizado por unos refugiados rusos
primavera en fialta
La primavera en Fialta es nubosa y pesada. Todo está húmedo: los troncos moteados de los plátanos, los arbustos de enebro las verjas, el asfalto. A lo lejos, prendido en el húmedo horizonte maríti
primer amor
1. En los primeros años de este siglo, una agencia de viajes de la avenida Nevski exhibía en su escaparate un modelo a escala de un coche cama internacional de color caoba. En su delicada verosimi
signos y símbolos
1. Por cuarta vez en cuatro años se enfrentaban al dilema de qué regalo de cumpleaños llevar a un joven de juicio incurablemente perturbado. No tenía deseos. Para él, los objetos manufacturados po
solo el azar logra el crimen perfecto
Madame Lacour fue asesinada en Arles, al sur de Francia, a fines del siglo pasado. Un hombre desconocido con barba, que, según se conjeturó después, podría haber sido un amante secreto de la dama,
ultima thule
¿Recuerdas el día en el que tú y yo almorzábamos (compartíamos el alimento) un par de años antes de tu muerte? Suponiendo, desde luego, que la memoria pueda vivir descabezada. Imaginémonos —un pen
un cuento de hadas
1. ¡Fantasía, la agitación, el éxtasis de la fantasía! Erwin las conocía bien. Cuando iba en tranvía siempre se sentaba en el lado derecho para estar más cerca de la acera. Dos veces al día, y des
un tipo bien plantado
Nuestra maleta está cuidadosamente adornada con pegatinas de colores brillantes: «Nuremberg», «Stuttgart», «Colonia», e incluso «Lido» (pero ésa es fraudulenta). Tenemos un cutis cetrino una red d
una belleza rusa
Olga, de quien nos vamos a ocupar inmediatamente, nació el año 1900, en el seno de una rica familia de aristócratas despreocupados. La pálida niña menuda, con su blanco traje de marinero el pelo c
una carta que nunca llegó a rusia
Mi adorable, mi muy querida y lejana, me imagino que no habrás olvidado nada en los más de ocho años que dura ya nuestra separación, si es que aún consigues recordar a aquel guarda canoso con su l
una cuestión de honor
1. El infausto día en que Anton Petrovich conoció a Berg solo tiene una existencia teórica, porque su memoria no se dignó fijar aquella infausta fecha en el calendario, y ahora resultaba de todo p
una mala noticia
Eugenia Isakovna Mints era una anciana viuda emigrada que siempre iba vestida de negro. Su único hijo había muerto el día anterior. Ella no lo sabía. Era un día de marzo de 1935 y después de un am