virgilio díaz grullón
a través del muroEstá tirado en el suelo, aplastado contra la negruzca tierra ardiente. Apoya la barbilla en el vértice que forma su brazo izquierdo doblado en ángulo. Con la mano derecha empuña, firmemente aún, e
caínEl mensajero de la oficina colocó la tarjeta sobre el escritorio, Vicente la miró distraídamente y la rodó hacia un lado con el dorso de la mano, concentrándose de nuevo en la lectura del document
catatónicoEncogió los hombros y las piernas apretando los codos contra los costados y cerró los puños adoptando la postura que aprendiera cuando niño de Paulino Uzcudún sintiéndose ahora invulnerable a cual
círculoSoy un hombre ordenado. Extremadamente ordenado y cuidadoso. Tan pronto abro los ojos a las cinco en punto de cada mañana, inicio un sagrado ritual de movimientos precisos —siempre los mismos— que
doble personalidadCuando el siquiatra le explicó que sufría de un desdoblamiento de la personalidad, rechazó completamente tan absurda idea. Pero, ya de regreso a su casa, comenzó a tener experiencias extrañas. Dos
edipoTan pronto la voz del cura se extinguió y el silencio reinó de nuevo en el interior de la pequeña iglesia, los hombres se movieron hacia el ataúd y lo levantaron con cuidado del banco de madera en
el maleficioLe había comprado el tapiz, en precio de ocasión, a un árabe parlanchín en una calle tórrida de El Cairo durante su único viaje al Medio Oriente. La tela mostraba a un califa gordinflón y mofletud
la broma póstumaAquel día en que visitaba el museo de figuras de cera recién instalado en el pueblo y se encontró frente a frente con una copia exacta de sí mismo, concibió de inmediato la más estupenda de sus br
la enemigaRecuerdo muy bien el día en que papá trajo la primera muñeca en una caja grande de cartón envuelta en papel de muchos colores y atada con una cinta roja, aunque yo estaba entonces muy lejos de ima
la rebelión—¿Por qué no te casas, tía Julia? —Porque nadie ha querido casarse conmigo, Pedrito. Ella estaba sentada en la mecedora que impulsaba suavemente, tratando de adormecer al niño recostado en sus rod
más allá del espejoTodo comenzó aquella tarde lluviosa de noviembre, cuando visité en compañía de mi esposa una pequeña tienda de antigüedades cerca del puerto en ocasión de nuestro último viaje a la capital. M
matar un ratónEl niño recogió una pesada piedra de las que abundaban en el pequeño patio trasero de la casa, calculó cuidadosamente la puntería y la arrojó con fuerza contra el ratón que parecía observarlo aten