teresa wilms montt
a la vera del braseroFrente a mi incensario que deja escapar por las bocas de bronce el humo del sándalo, me he puesto a recordar… Este humo, perfumado y azul, evoca mi juventud
caperucita roja¡Caperucita Roja! ¡Pobre muñeca rubia, cuya historia tanto hemos escuchado sin penetrar nunca la tragedia de su alma de flor! Como ustedes saben, Caperucita
confesiónVen acá, tú anciano, que ahora fijas los opacos ojos en mis páginas; para ti solo, voy a contar el último cuento. No desconfíes de mi narración, y si ella t
el legadoEste que era un hidalgo pobre, pero de justo y noble corazón. En sus épocas de miseria, supo encontrar el medio de animar a su esposa y sonreír al tierno in
el retrato—¿Qué es el dolor? —preguntó una vez un chiquillo a su madre. —Qué dices hijito? —contestó ella, enarcando sus cejas en movimiento de complejidad y duda. —¿
mahmúMi muñeca fea, desgarbada y triste, es una figura soñada bajo la influencia del hachís. Es de esas muñecas, que arrancan de los labios infantiles una risa a
también para ellosJob, era el nombre de un modesto pollino que tenía por exclusiva tarea, llevar, desde el trillo al granero, las alforjas repletas de rubio trigo. Estaba vie
¿quién eres?Una noche de esas noches cálidas de verano, en que todo el cuerpo se vuelve pulmón para respirar, buscando fresco, con la dificultad del que busca oro, me d