sherwood anderson
ahí está ella, bañándoseOtro día sin hacer nada en el trabajo. Es para volverse loco. Esta mañana he ido a la oficina como de costumbre y esta noche he llegado a casa a la hora hab
aventuraAlice Hindman, una mujer de veintisiete años cuando George Willard era sólo un muchacho, había vivido en Winesburg toda su vida. Era dependienta en la merce
bebidaTom Foster llegó a Winesburg, procedente de Cincinnati, cuando era todavía muy joven y podía aprender cosas nuevas. Su abuela se había criado en una granja
de la nada hacia la nadaI Rosalind Wescott, una mujer grande y fuerte de veintisiete años, caminaba por una vía férrea cerca de la ciudad de Willow Springs, estado de Iowa. Eran al
devociónI Siempre había tres o cuatro ancianos sentados en el porche principal de la casa o haraganeando por el jardín de la granja Bentley. Tres de ellos eran muje
el filósofoEl doctor Parcival era un hombretón de boca fláccida cubierta por un bigote amarillento. Siempre vestía un mugriento chaleco blanco de cuyos bolsillos asoma
el hombre del abrigo marrónEstoy escribiendo una historia. Escribo sobre los actos que realizan los hombres. Aunque todavía soy joven, ya he escrito tres historias de este tipo. Ya ll
el huevoMi padre estaba, estoy seguro, destinado por naturaleza a ser una persona alegre, bondadosa. Hasta los treinta y cuatro años trabajó en la granja de un tipo
el libro de lo grotescoEl escritor, un anciano de bigote blanco, tenía dificultad para meterse en la cama. Las ventanas de la casa donde vivía eran altas y, al despertarse por la
el pensadorLa casa en la que Seth Richmond, de Winesburg, vivía con su madre había sido en su tiempo el orgullo del pueblo, pero su gloria se había oscurecido bastante
el regresoI Dieciocho años. Pues bien, conducía un buen coche, un deportivo de los caros. Iba bien vestido, un tipo elegante, fuerte, no demasiado corpulento. Cuando
guerraEsta historia me la contó una mujer que conocí en un tren. El vagón estaba abarrotado y me senté a su lado. No viajaba sola, la acompañaba un hombre de figu
hermanosEstoy en mi casa de campo, estamos a finales de octubre. Está lloviendo. Detrás de mi casa hay un bosque, delante hay un camino y, más allá, campo abierto.
la chica de nueva inglaterraSe llamaba Elsie Leander y había pasado su infancia en la granja de su padre, en Vermont. Los Leander llevaban varias generaciones viviendo en esa misma gra
la fuerza de diosEl reverendo Curtís Hartman era pastor de la Iglesia Presbiteriana de Winesburg y había ocupado ese cargo durante más de diez años. Había cumplido los cuare
la maestraLa nieve cubría las calles de Winesburg. Había empezado a nevar a eso de las diez de la mañana y luego se levantó un viento que empujó la nieve a lo largo d
la mentira no contadaRay Pearson y Hal Winters trabajaban como peones en una granja a tres millas al norte de Winesburg. Los sábados por la tarde iban a pasear en las calles del
la otra mujer—Estoy enamorado de mi mujer, —afirmó— ese comentario no me pareció oportuno, ya que en ningún momento había cuestionado el sentimiento que le unía a la muj
la trampillaWinifred Walker entendía perfectamente ciertas cosas. Entendía que si un hombre estaba entre rejas es porque estaba en la cárcel. Para ella estar casada era
lámparas apagadasEl domingo por la tarde, a las siete en punto, Mary Cochran salió de las habitaciones donde vivía con su padre, el doctor Lester Cochran. Era el mes de juni
madreElizabeth Willard, la madre de George Willard, era alta y flaca y tenía la cara picada de viruelas. Aunque no pasaba de los cuarenta y cinco años, alguna os
manosEn el porche medio podrido de una casita de madera próxima al borde del barranco cerca de Winesburg, Ohio, un hombrecillo gordo caminaba nerviosamente de un
maternidadBajo la colina había una ciénaga donde crecían juncos. En su cima, las hojas secas de un nogal crujían con la fuerza del viento. Ella subió hasta allí, más
muerteLa escalera que conducía a la consulta del doctor Reefy, en el edificio Heffner, encima del almacén de la Compañía Parisina de Productos Textiles, apenas es
muerte en el bosqueI Era una anciana y vivía en una granja cerca de mi ciudad. Cualquier persona del campo o de una ciudad pequeña ha visto a ancianas así, pero nadie sabe dem
nadie lo sabeGeorge Willard se levantó del escritorio que ocupaba en las oficinas del Winesburg Eagle, miró cautelosamente a su alrededor y salió con precipitación por l
partidaEl joven George Willard se levantó de la cama a las cuatro de la mañana. Estaban en abril y las hojitas de los árboles empezaban a brotar de las yemas. Los
píldoras de papelEra un anciano de barba blanca con unas manos y una nariz enormes. Mucho antes de la época en que trabaremos conocimiento con él, había sido médico y conduc
quiero saber por quéAquel primer día en el Este nos levantamos a las cuatro de la mañana. La noche anterior habíamos saltado de un tren de mercancías a las afueras de la ciudad
raroDesde la caja donde estaba sentado en el tosco cobertizo de madera que asomaba como una rebaba de la parte trasera de la tienda de Cowley & Sons en Winesbur
respectabilidadSi usted ha vivido en ciudades y caminos por el parque durante una tarde de verano, quizá habrá visto, parpadeando en un rincón de su jaula de hierro, a una
semillasEra un hombre de pequeña estatura, tenía barba y era muy nervioso. Recuerdo cómo se le tensaban los músculos del cuello. Llevaba años intentando curar a la
senilidadEra un hombre de avanzada edad. Estaba sentado en la escalinata de la estación de tren de una pequeña ciudad de Kentucky. Un hombre bien vestido, probableme
sofisticaciónEra una tarde de finales de otoño y la feria del condado de Winesburg había atraído a una multitud de campesinos al pueblo. Había hecho un día despejado y l
soledadEra hijo de la señora de Al Robinson, que antaño había poseído una granja en el camino de Trunion Pike, al este de Winesburg, unos tres kilómetros a las afu
tandyVivió hasta la edad de siete años en una casa vieja, sin pintar, junto a un camino abandonado que arrancaba de Trunion Pike. Su padre no se ocupaba apenas d
todo es engañoEra la hora del anochecer, de uno de los últimos días de otoño. La Feria Comarcal de Winesburgo había atraído al pueblo una gran muchedumbre de gentes del c
un despertarBelle Carpenter tenía la tez morena, los ojos grises y los labios gruesos. Era fuerte y alta. Si estaba de mal humor, se enfurecía y lamentaba no ser un hom
un hombre de ideasVivía con su madre, una mujer gris y silenciosa de tez particularmente cenicienta. La casa en la que vivían estaba en un bosquecillo, pasado el lugar donde
una aventuraAlice Hindman, que tenía ya veintisiete años cuando George Willard era todavía un muchacho, había pasado toda su vida en Winesburgo. Estaba empleada en la t
uña y carneVivió hasta la edad de siete años en una casa vieja, sin pintar, junto a un camino abandonado que arrancaba de Trunion Pike. Su padre no se ocupaba apenas d