sergio pitol
amelia oteroDeberías verla ahora, ¡ay, Cata, sencillamente le deshace a uno el corazón! Sabrás que la pobre se mantiene dando clases de música; y eso, ahora que ni pianos quedan en este miserable pueblo, sign
ícaroEl narrador ha visto esa tarde, en una sesión del Festival Cinematográfico de Venecia, un film japonés que revela, de un modo en apariencia inequívoco, aunque la acción transcurra en Japón (y un e
la panteraNinguna de las magias que atravesaron mi niñez puede equipararse con su aparición. Nada de lo hasta entonces concebido logró confundir tan soberbiamente refinamiento y fiereza. En las noches sigui
semejante a los diosesLa celadora observó que sus ojos —¡y acostumbrada como estaba al paciente e incesante escrutinio del fluir de la descomposición, no logró reprimir la mueca de repugnancia que invariablemente le pr
victorio ferri cuenta un cuentoSé que me llamo Victorio. Sé que creen que estoy loco (versión cuya insensatez a veces me enfurece, otras tan solo me divierte). Sé que soy diferente a los demás, pero también mi padre, mi hermana