salarrué
el cuento de olis olis catrín y el cañonazoPuesiesque un gutute mirichenambre cornoritotingo quera un animalito con nombre centífrico y que en el monte le dicen zorriyo, por fregar, levantó una pata y ¡tas! echó un chorrito de gedentina es
el cuento del cuento que contaronPuesiesque Mulín, Cofia, Chepete y la Culachita se sentaron y dijeron: “Contemos cuentos debajo desta carreta”. “Sí”, dijeron “contemos”. Y entonces Chepete dijo: “Yo sé uno bien arrechito”. “Cont
el ríoUn río que caía al mar entre promontorios gigantescos les decía a estos: -He vertido mis aguas en esta gran cuenca durante muchas centurias y aún no he logrado colmarla.
la botijaJosé Pashaca era un cuerpo tirado en un cuero; el cuero era un cuero tirado en un rancho; el rancho era un rancho tirado en una ladera. Petrona Pulunto era la nana de aquella boca: -¡Hijo: abrí lo
la flor del amorLa mariposa loca revoloteó junto a la rosa, con tan poco tino que se clavó en la espina y allí quedó muerta, con sus alas azulverdeoro, bellamente fláccidas, caídas sobre las hojas. -¿Qué flor ere
la justicia-Hijo mío -decía el Rey Padre-, no debes preferir nunca la justicia humana a la divina justicia. -Entonces, oh padre -respondió el Príncipe-, quiero comer esta noche en la mesa de mis sirvientes.
las campanasPasaban tristes en la torre vieja, pero un día una banda de golondrinas invadió la torre para hacer de ella su retiro de verano; entonces se alegraron tanto las campanas que echaron al viento sus
los diosesEl rostro de los dioses se asomaba al abismo y allí los hombres mínimos se destrozaban los unos a los otros llenos de pasión. Los dioses de faz serena sonrieron una vez más y dijeron: -Todavía no.
semos malosLoyo Cuestas y su «cipote» hicieron un «arresto», y se «jueron» para Honduras con el fonógrafo. El viejo cargaba la caja en la bandolera; el muchacho, la bolsa de los discos y la trompa achaflanad