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saki

a prueba
De todos los bohemios auténticos que se dejan caer de vez en cuando en el supuesto círculo bohemio del restaurante Nuremberg, de la calle Owl, en el Soho, ninguno tan interesante ni esquivo como G
alpiste para codornices
Las perspectivas para nosotras las empresas más pequeñas no son buenas -dijo el señor Scarrick al artista y a su hermana, que alquilaban el piso encima de su tienda de comestibles en las afueras-.
atardecer
Norman Gortsby estaba sentado en un banco del parque dando la espalda a una franja de césped con arbustos, cercada por las barandillas del parque, con el Row delante de él, al otro lado de un anch
brogue
La estación de caza había llegado a su fin sin que los Mullet hubieran conseguido vender a Brogue. Había sido una especie de tradición en la familia durante los últimos tres o cuatro años, un tipo
catástrofe en la joven turquía
El ministro de Bellas Artes (a cuyo ministerio se había anexado últimamente la nueva subsección de Ingeniería Electoral) le hizo una visita de trabajo al gran visir. De acuerdo con la etiqueta ori
clovis y las responsabilidades de los padres
Marión Eggelby estaba sentada junto a Clovis hablando del único tema del que le gustaba conversar: sus hijos y sus diversas perfecciones y logros. El estado de ánimo en el que se encontraba Clovis
el alce
Teresa, viuda de Thropplestance, era la anciana más rica y la más intratable del condado de Woldshire. Por su manera de relacionarse con el mundo en general, parecía una mezcla de ama de guardarro
el alma de laploshka
Laploshka fue uno de los tipos más mezquinos que yo haya conocido, y uno de los más divertidos. Decía cosas horribles de la otra gente, con tal encanto que uno le perdonaba las cosas igualmente ho
el barco del tesoro
El gran galeón yacía semienterrado bajo la arena, los yuyos y el agua de la bahía septentrional donde los azares de la guerra y el tiempo lo habían instalado. Habían pasado tres siglos y un cuarto
el buey en el establo
Theophil Eshley era artista de profesión y pintor de ganado por fuerza del entorno. No ha de suponerse que viviera de la cría de reses o de la lechería, en una atmósfera saturada de cuernos y pezu
el cerdo
—Hay una entrada trasera al césped, a través de un pequeño prado de hierba y cruzando un huerto de árboles frutales vallado que está lleno de groselleros espinosos —le dijo la señora Philidore Sto
el contador de historias
Era una tarde calurosa y el vagón del tren también estaba caliente; la siguiente parada, Templecombe, estaba casi a una hora de distancia. Los ocupantes del vagón eran una niña pequeña, otra niña
el cuentista
Era una tarde calurosa, en el vagón del tren pacía el correspondiente bochorno y la próxima parada sería en Templecombe, a casi una hora de camino. Los ocupantes del coche eran una niñita, otra to
el día del santo
Dice el proverbio que las aventuras son para los aventureros. Muy a menudo, sin embargo, les acaecen a los que no lo son, a los retraídos, a los tímidos por constitución. La naturaleza había dotad
el golpe más cruel
La temporada de las huelgas parecía haberse detenido. Casi todos los comercios, industrias y profesiones en los que había sido posible producir una dislocación, se habían permitido ese lujo. La úl
el huevo de pascua
Era evidente que a doña Bárbara, mujer de buena cepa luchadora y una de las más aguerridas de su generación, le resultaba un trago amargo la cobardía sin recato de su hijo. No importa qué otras vi
el lienzo
-La jerga artística de esa mujer me exaspera -dijo Clovis a su amigo periodista-. Tiene la manía de decir que ciertos cuadros “brotan de uno”, como si se tratara de una especie de hongo. -Eso me r
el membrillo
—Acabo de ver a la pobre Betsy Mullen —le anunció Vera a su tía, la señora Bebberly Cumble—. Parece que lleva bastante mal lo de la renta. Debe unas quince semanas y dice que no sabe dónde puede c
el método schartz-metterklume
Para matar el tiempo hasta que al tren le diera por seguir su camino, Lady Carlotta salió al aburrido andén de la pequeña estación y lo recorrió arriba y abajo una o dos veces. Fue entonces cuando
el programa de gala
Era un día auspicioso en el calendario romano; el del nacimiento del popular y talentoso joven emperador Plácidus Superbus. Todo el mundo en Roma se disponía a celebrar una gran fiesta, el clima e
el punto débil
—Regresas ahora del funeral de Adelaide, ¿no es cierto? —preguntó sir Lulworth a su sobrino—. Supongo que habrá sido parecido a la mayoría de los funerales. —Ya te hablaré de él en el almuerzo —co
el ratón
Teodoro Voler había sido criado, desde la infancia hasta los confines de la madurez, por una madre afectuosa cuya mayor preocupación era mantenerlo a raya de lo que solía llamar “realidades ordina
el soñador
Era la temporada de las rebajas. El augusto establecimiento de Walpurgis and Nettlepink había rebajado los precios durante toda una semana como concesión a las costumbres comerciales, de manera mu
el tatuaje
-La jerga artística de esa mujer me cansa -dijo Clovis a su amigo periodista-. Le gusta tanto decir que ciertos cuadros “crecen sobre nosotros”, como si fueran una especie de hongos. -Eso me recue
el trastero
Iban a llevar a los niños, como una fiesta especial, a los arenales de Jagborough. Nicholas había caído en desgracia y no formaría parte del grupo. Aquella misma mañana se había negado a tomar la
esmé
-Todas las historias de caza son iguales -dijo Clovis-, igual que todas las de carreras de caballos y todas las de… -La mía no se parece para nada a ninguna que hayas escuchado -dijo la baronesa-.
gabriel ernesto
Hay un animal salvaje en sus bosques -dijo el artista Cunningham, mientras lo llevaban a la estación. Era la única observación que había hecho durante el trayecto, pero como Van Cheele había habla
huelga de plumas
—¿Has escrito a los Froplinson para darles las gracias por lo que nos enviaron? —preguntó Egbert. —No —respondió Janetta, con un matiz de fatiga y desafío en la voz—. Hoy he escrito once cartas ex
la apuesta
—Ronnie es una gran prueba para mí —comentó quejosa la señora Attray—. Este febrero ha cumplido sólo dieciocho años y ya es un jugador inveterado. Te aseguro que no sé de dónde lo habrá heredado;
la benefactora y el gato satisfecho
Jocantha Bessbury andaba en plan de sentirse feliz, serena y bondadosa. El mundo en que vivía era un lugar ameno, y ese día mostraba una de sus facetas más amenas. Gregory había logrado venir a ca
la fiesta de navidad de reginald
Dicen (decía Reginald) que no hay nada más triste que la victoria salvo la derrota. Si alguna vez has pasado unas fiestas supuestamente felices con gente aburrida, quizá puedas considerar ese dich
la fiesta de némesis
—Es una suerte que haya dejado de estar de moda el Día de San Valentín —dijo la señora Thackenbury—. Con Navidad, Año Nuevo y Pascua, por no hablar de los cumpleaños, hay ya bastantes días para el
la gallina
—Dora Bittholz viene el jueves —dijo la señora Sangrail. —¿Este jueves? —preguntó Clovis. Su madre asintió. —Menuda papeleta, ¿eh? —dijo riendo entre dientes—. Jane Mardet sólo lleva aquí cinco dí
la inocencia de reginald
Reginald deslizó un clavel del color de moda en el ojal de su vestido nuevo y examinó el resultado con aprobación. -Estoy de ánimo perfecto -se dijo-, para que alguien con un futuro inconfundible
la jauría del destino
Bajo la mortecina luz de una tarde de otoño encapotada, Martin Stoner marchaba con paso laborioso por trochas convertidas en pantanos y caminos surcados por carriles que conducían a no sabía exact
la loba
Leonard Bilsiter era una de esas personas que no han podido encontrar este mundo atractivo o interesante, y que han buscado compensación en un mundo “nunca visto” de su propia experiencia, imagina
la manera de yarkanda
Sir Lulworth Quayne avanzaba ociosamente por los jardines de la sociedad zoológica en compañía de su sobrino, que acababa de regresar de México. Este último estaba interesado en comparar y contras
la música del monte
Sylvia Seltoun tomaba el desayuno en el comedor auxiliar de Yessney invadida por un agradable sentimiento de victoria final, similar al que se habría permitido un celoso soldado de Cromwell al otr
la música en la colina
Sylvia Seltoun tomaba el desayuno en el comedor auxiliar de Yessney invadida por un agradable sentimiento de victoria final, similar al que se habría permitido un celoso soldado de Cromwell al otr
la paz de mowsle barton
CREFTON LOCKYER estaba cómoda y tranquilamente sentado en el borde del terreno, mitad huerto, mitad jardín, que se hallaba cerca del patio de la granja Mowsle Barton. Después de los largos años pa
la penitencia
OCTAVIAN Ruttle era una de esas personas alegres y pletóricas de vida a quienes la cordialidad ha marcado con su sello y, como la mayor parte de esta clase de seres, la paz de su espíritu dependía
la prima teresa
Cuando Basset Harrowcluff regresó a casa de sus padres tras una ausencia de cuatro años estaba claramente satisfecho de sí mismo. Sólo tenía treinta y un años, pero había prestado un útil servicio
la reticencia de lady anne
Egbert entró en la amplia sala oscura con el aire de quien no sabe si entra a un palomar o a un polvorín y viene preparado para ambas contingencias. No habían rematado la pequeña disputa doméstica
la séptima pollita
—De lo que me quejo no es del pesado trabajo diario, sino de la monotonía gris y apagada de mi vida fuera de las horas de oficina —expresó Blenkinthrope con resentimiento—. No me sucede nada inter
la telaraña
La cocina de la granja quizás estaba donde estaba por azar o accidente. Sin embargo, la ubicación bien podía haber sido proyectada por un experto estratega en arquitectura campesina. La lechería,
la tortilla bizantina
Sophie Chattel-Monkheim era socialista por convicción y Chattel-Monkheim por matrimonio. El miembro de esa acomodada familia con el que se había casado era rico incluso en la medida en que sus par
la tregua
—Le he pedido a Latimer Springfield que pase el domingo con nosotros y se quede a pasar la noche —anunció la señora Durmot durante el desayuno. —Creía que estaba en medio de unas elecciones —comen
la ventana abierta
Mi tía no tardará en bajar, míster Nuttel —dijo una damita de quince años, muy segura de sí misma—. Entretanto, tendrá usted que conformarse con mi compañía. Framton Nuttel trató de decir algo que
las ratoneras prohibidas
—¿Te dedicas a actividades de casamentero? Hugo Peterby planteó la pregunta con cierto interés personal. —No es mi especialidad —contestó Clovis—. Todo va muy bien mientras lo estás haciendo, pero
laura
-No te estarás muriendo de verdad, ¿eh? -preguntó Amanda. -El doctor me dio permiso de vivir hasta el martes -dijo Laura. -¡Pero si hoy es sábado! ¡La cosa es grave! -dijo Amanda, con la boca abie
los fabuladores
Era otoño en Londres, esa bendita estación entre la aspereza del invierno y las insinceridades del verano; una estación confiable cuando se compran bulbos y cada uno procede a registrar su voto, c
los huéspedes
-El paisaje que se ve desde nuestras ventanas es verdaderamente encantador -dijo Anabel-; esos huertos de cerezos y esos prados verdes, y el río que serpentea a lo largo del valle, y la torre de l
los intrusos
En medio de un bosque de abigarrada vegetación, situado en un paraje de los confines orientales de los Cárpatos, cierta noche de invierno se hallaba un hombre en atenta observación y a la escucha,
los lobos de cernogratz
-¿Y no hay viejas leyendas vinculadas al castillo? -preguntó Conrad a su hermana. A pesar de ser un próspero comerciante de Hamburgo, Conrad era el único miembro de carácter poético de una familia
los perros del destino
A la escasa luz de una bochornosa y gris tarde de otoño, un hombre llamado Martin Stoner caminaba pesadamente por un embarrado sendero cuya superficie se hallaba surcada por las alargadas huellas
piel
—Pareces preocupada, querida —dijo Eleanor. —Lo estoy —admitió Suzanne—; en realidad, no preocupada, sino ansiosa. Entiéndeme, mi cumpleaños es la próxima semana… —Qué afortunada —la interrumpió E
sredni vashtar
Conradin tenía diez años cuando el médico expresó su opinión profesional de que no viviría otros cinco. El médico era sedoso y amanerado, y explicó poco, pero su opinión fue respaldada por la seño

James Cushat-Prinkly era un joven que siempre había abrigado la firme convicción de que un día de estos iba a casarse; y hasta los treinta y cuatro años de edad no había hecho nada para justificar
tendencias encontradas
Vanessa Pennington tenía un marido que era pobre, con pocos atenuantes, y un enamorado que, si bien era holgadamente rico, tenía el inconveniente de ser escrupuloso. Su fortuna lo hacía aceptable
tobermory
Era una tarde lluviosa y desapacible de fines de agosto durante esa estación indefinida en que las perdices están todavía a resguardo o en algún frigorífico y no hay nada que cazar, a no ser que u
un toque de realismo
—Espero que venga lleno de sugerencias para la Navidad —dijo lady Blonze al último en llegar de sus invitados—. Ya hemos tenido muchas Navidades a la antigua y Navidades puestas al día. Este año q
una dura defensa
Treddleford estaba sentado en un cómodo sillón delante de un fuego lento con un volumen de versos en la mano y la agradable conciencia de que al otro lado de las ventanas del club la lluvia goteab
una tarea de vacaciones
Kenelm Jerton entró en el comedor del Golden Galleon Hotel en el momento de la aglomeración de la hora del almuerzo. Estaban ocupados casi todos los asientos, por lo que habían puesto unas pequeña