PAIS RELATO

Libros de ryūnosuke akutagawa

Autores

ryūnosuke akutagawa

almohada
Usando como almohada un escepticismo con olor a hojas de rosa, leía un libro de Anatole France. Pero nunca se dio cuenta de que, dentro de su almohada, había un centauro, una deidad que era medio
base naval
El interior del submarino era oscuro. Se agachó, rodeado de maquinaria, y echó un vistazo por el periscopio. Vio el paisaje del puerto naval. —Por ahí tal vez pueda ver un buque, el Kongo —le dijo
cuerpo de mujer
Una noche de verano un chino llamado Yang despertó de pronto a causa del insoportable calor. Tumbado boca abajo, la cabeza entre las manos, se había entregado a hilvanar fogosas fantasías cuando s
el biombo del infierno
I Difícilmente habrá existido otra persona como el señor de Horikawa, ni existirá en el futuro. De él se decía que antes de su nacimiento, en los sueños de su señora madre había aparecido el Matat
el gran terremoto
Olía como a albaricoques podridos. Caminando entre las ruinas del incendio, percibió ese tenue olor. También pensó que, extrañamente, el hedor de cadáveres putrefactos bajo el calor del sol no era
en el bosque
Declaración del leñador interrogado por el oficial de investigaciones de la Kebushi -Yo confirmo, señor oficial, mi declaración. Fui yo el que descubrió el cadáver. Esta mañana, como lo hago siemp
kappa
Extrañamente, experimentaba simpatía por Gael, presidente de una compañía de vidrio. Gael era uno de los más grandes capitalistas del país. Probablemente, ningún otro kappa tenía un vientre tan en
kesa y moritô
I A medianoche, contemplando la luna, fuera del cerco que rodea su casa, Moritô, pensativo, va pisando las hojas muertas. Monólogo de Moritô Ya asomó la luna. Si hasta ahora esperé con
la fiesta de baile
1. Esto fue en la noche del día tres de noviembre del año 19 de Meiji. Akiko, hija de la familia XX, de 17 años de edad, subía en compañía de su padre, hombre calvo, la escalera de la Casa Rokumei
la mandarina
Fue un día nublado de invierno. Yo esperaba distraído el silbato de partida, arrinconado en un asiento de segunda clase de la línea Yokosuka con rumbo a Tokio. Extrañamente, no había ningún otro p
la nariz
No hay nadie, en todo Ike-no-wo, que no conozca la nariz de Zenchi Naigu. Medirá unos 16 centímetros, y es como un colgajo que desciende hasta más abajo del mentón. Es de grosor parejo desde el co
los engranajes
I. Impermeable Desde un balneario veraniego situado a cierta distancia, cargando con mi maleta, tomé un auto hasta la estación de la línea Tokaido, en camino hacia la fiesta de bodas de un conocid
maestro
Leyendo un libro del maestro bajo un gran roble. Bañado por la luz de un día de otoño, no se movía ni una sola hoja. En algún cielo lejano, una balanza de platillos de cristal mantenía un equilibr
mariposa
Una mariposa revoloteaba en el viento impregnado de olor a algas. Durante un instante, sintió cómo las alas de la mariposa acariciaban sus labios resecos. Y a pesar de todo, el polvo que las alas
muerte
Aprovechando la suerte de estar solo en el dormitorio, colgó el cinturón del enrejado de la ventana e intentó ahorcarse. Pero al tratar de introducir el cuello en el cinturón, lo asaltó el miedo a
parto
Se detuvo en la puerta corredera y miró desde arriba cómo la comadrona, que todavía llevaba la bata blanca de operaciones, limpiaba al recién nacido. El bebé, cada vez que le entraba jabón en los
rashômon
Era un frío atardecer. Bajo Rashômon, el sirviente de un samurai esperaba que cesara la lluvia. No había nadie en el amplio portal. Sólo un grillo se posaba en una gruesa columna, cuya laca carmes
sennin
Un hombre que quería emplearse como sirviente llegó una vez a la ciudad de Osaka. No sé su verdadero nombre, lo conocían por el nombre de sirviente, Gonsuké, pues él era, después de todo, un sirvi
un cuerpo de mujer
Una noche de verano un chino llamado Yang despertó de pronto a causa del insoportable calor. Tumbado boca abajo, la cabeza entre las manos, se había entregado a hilvanar fogosas fantasías cuando s