País Relato - Autores

rosario ferré

amalia
Ahora ya estoy aquí, en medio del patio prohibido, saliéndome desde adentro, sabiendo que esto va a ser hasta donde dice sin poder parar, rodeada de golpes
carta
me detengo en la esquina de la avenida a leer tu carta que se me desintegra entre los dedos hace tanto calor regresar allá es imposible dices somos una isla
cuando las mujeres quieren a los hombres
Fue cuando tú te moriste, Ambrosio, y nos dejaste a cada una la mitad de toda tu herencia, que empezó todo este desbarajuste, este escándalo girando por tod
de tu lado al paraíso
Hace un año justo que ellos vienen posponiendo este regreso, este enfrentamiento a su último rostro, a su espíritu que aguarda sentado en el centro tibio de
el abrigo de zorro azul
El día que Bernardo se quitó por fin la chaqueta de botones dorados de la academia militar dejó escapar un suspiro de alivio como quien se entrega a las ara
el collar de camándulas
ahora los veo sentados por última vez alrededor de la mesa comiendo y bebiendo absolutamente confiados de su mano cuando llegó el postre a la mesa tu madre
el cuento envenenado
Rosaura vivía en una casa de balcones sombreados por enredaderas tupidas y se pasaba la vida ocultándose tras ellos para leer libros de cuentos. Rosaura. Ro
el hombre dormido
El hombre sigue durmiendo en medio del zumbido luctuoso y brillante de los zánganos, arañado de cuando en cuando por la ira de las avispas como por la punta
el jardín de polvo
Voy cruzando lentamente por debajo de los árboles de mano de Eusebia, es hoy, la piel de los nísperos se ha rajado con el calor por debajo de la capa de pol
el regalo
Nadie se esperaba que Merceditas Cáceres, el día que expulsaron finalmente a Carlota Rodríguez del Sagrado Corazón, colgara su banda de la manija de la puer
el sueño y su eco
¿Qué soñaste? Cuéntame tu sueño. Mi madre aparece reflejada en el espejo, sobre la superficie del rectángulo. La luz atraviesa parejamente mi sueño y su mir
isolda en el espejo
I Desde el promontorio del Vigía se divisaba flotar en el horizonte el estilete` plomizo del Caribe, al que llegaban a morir inevitablemente los cañaverales
la casa invisible
Hace siempre, dijiste, hundiendo los zapatos en las hojas húmedas que murmuraban regadas por el suelo. Arriba las otras (muchedumbre, lejos) cabeceando verd
la extraña muerte del capitancito candelario
El suceso ocurrió por los años en que la Metrópoli comenzó a lavarse de las manos la sangre del cordero manso de San Juan. La Metrópoli tenía la conciencia
la muñeca menor
La tía vieja había sacado desde muy temprano el sillón al balcón que daba al cañaveral como hacía siempre que se despertaba con ganas de hacer una muñeca. D
maquinolandera
Nosotros, los maquinolanderos, somos los que somos, señores, venimos, los maquinolanderos, en nuestra maquiná. Nosotros, los chumalacateros, ecuahey, venimo
marina y el león
Fue para celebrar la llegada del reportero norteamericano, empeñado en escribir un artículo sobre los éxitos económicos de la familia, que Marina decidió da
mercedes benz 200sl
Está estupendo el Mercedes, Mami, no te parece, mira cómo coge las curvas pegado al asfalto de la carretera ronroneando poderoso el guía responde al impulso