País Relato - Autores

roberto arlt

accidentado paseo a moka
Cuando el “Caballo Verde” salió del puerto de Santa Isabel, el noble anciano, apoyado de codos en la pasarela del paquete, cargado de negros hediondos y pir
acuérdate de azerbaijan
Los dos mahometanos se detuvieron para dejar paso a la procesión budista. Con un paraguas abierto sobre su cabeza delante de un palanquín dorado, marchaba u
del que no se casa
Yo me hubiera casado. Antes sí, pero ahora no. ¿Quién es el audaz que se casa con las cosas como están hoy? Yo hace ocho años que estoy de novio. No me pare
ejercicio de artillería
Esta historia debía llamarse no “Ejercicio de artillería”, sino “Historia de Muza y los siete tenientes españoles”, y yo, personalmente, la escuché en el mi
el cazador de orquídeas
DJAMIL entró en mi camarote y me dijo: Señor, ya están apareciendo las primeras montañas. Abandoné precipitadamente mi encierro y fui a apoyarme de codos en
el gato cocido
Me acuerdo. La vieja Pepa Mondelli vivía en el pueblo Las Perdices. Era tía de mis cuñados, los hijos de Alfonso Mondelli, el terrible don Alfonso, que azot
el hombre del turbante verde
A ningún hombre que hubiera viajado durante cierto tiempo por tierras del Islam podían quedarle dudas de que aquel desconocido que caminaba por el tortuoso
el jorobadito
Los diversos y exagerados rumores desparramados con motivo de la conducta que observé en compañía de Rigoletto, el jorobadito, en la casa de la señora X, ap
el traje del fantasma
Inútil ha sido que tratara de explicar las razones por las cuales me encontraba completamente desnudo en la esquina de las calles Florida y Corrientes a las
escritor fracasado
Nadie se imagina el drama escondido bajo las líneas de mi rostro sereno, pero yo también tuve veinte años, y la sonrisa del hombre sumergido en la perspecti
ester primavera
Me domina una emoción invencible al pensar en Ester Primavera. Es como si de pronto una ráfaga de viento caliente me golpeara el rostro. Y sin embargo, la c
extraordinaria historia de dos tuertos
Dudo que tuerto alguno pueda contar otra maravillosa historia semejante a la que nos ocurrió a mí y a Hortensio Lafre, tuerto también como yo. Y ahora tomáo
halid majid el achicharrado
Una misma historia puede comenzarse a narrar de diferentes modos, y la historia de Enriqueta Dogson y de Dais el Bint Abdalla no cabe sino narrarse de este:
historia del señor jefries y nassin el egipcio
No exagero si afirmo que voy a narrar una de las aventuras más extraordinarias que pueden haberle acontecido a un ser humano, y ese ser humano soy yo, Juan
la aventura de baba en dimisch esh sham
¿Es de noche o es de día?… ¿Es de noche o es de día?… Dificulto que en todo el Magreb pudiera encontrarse un desarrapado más hilachoso que éste. Tieso junto
la cadena del ancla
Cuando a fines del año 1935 visité Marruecos el tema general de las conversaciones giraba en torno a las actividades de los espías de las potencias extranje
la doble trampa mortal
He aquí el asunto, teniente Ferrain: usted tendrá que matar a una mujer bonita. El rostro del otro permaneció impasible. Sus ojos desteñidos, a través de la
la factoría de farjalla bill alí
Los que me conocían, al enterarse de que iba a trabajar en el criadero de gorilas de Farjalla Bill Alí se encogieron compasivamente de hombros. Yo ya no ten
la luna roja
Nada lo anunciaba por la tarde. Las actividades comerciales se desenvolvieron normalmente en la ciudad. Olas humanas hormigueaban en los pórticos encristala
la ola de perfume verde
Yo ignoro cuáles son las causas que lo determinaron al profesor Hagenbuk a dedicarse a los naipes, en vez de volverse bizco en los tratados de matemáticas s
la pista de los dientes de oro
Lauro Spronzini se detiene frente al espejo. Con los dedos de la mano izquierda mantiene levantado el labio superior, dejando al descubierto dos dientes de
las fieras
No te diré nunca cómo fui hundiéndome, día tras día, entre los hombres perdidos, ladrones y asesinos y mujeres que tienen la piel del rostro más áspero que
los bandidos de uad djuari
Era siempre el mismo y no otro. Cada vez que Arsenia y yo pasábamos por la plaza de Nejjarine, sentado bajo una linterna de bronce, calado al modo morisco q
los cazadores de marfil
La barcaza a nueve nudos por hora, iba aguas abajo por el río Congo. A un lado del mástil, el pequeño. Inmóvil junto al timón, el grandote. Los dos hombres
los hombres fieras
El sacerdote negro apoyó los pies en un travesaño de bambú del barandal de su bungalow, y mirando un elefante que se dirigía hacia su establo cruzando las c
noche terrible
Distancia encajonada por las altas fachadas entre las que parece flotar una neblina de carbón. A lo largo de las cornisas, verticalmente con las molduras, c
odio desde la otra vida
Fernando sentía la incomodidad de la mirada del árabe, que, sentado a sus espaldas a una mesa de esterilla en el otro extremo de la terraza, no apartaba pos
pequeños propietarios
Cierta noche, Eufrasia, poco después de cenar, le dijo a Joaquín, su esposo: —¿Sabes?, tengo el presentimiento de que el de al lado le roba materiales al in
rahutia la bailarina
En el arrabal morisco de Tetuán, en la callejuela de Dar Vomba, precisamente junto a los arcos que la techan dándole la apariencia de un subterráneo azulado
un error judicial
De pronto, el señor Roeder, levantándose de entre el círculo de herederos que escudriñaban el semblante de la señora Grummer, exclamó: -Sí, ¡usted es la lad
una tarde de domingo
Eugenio Karl salió aquella tarde de domingo a la calle, diciéndose: «Es casi seguro que hoy me va a ocurrir un suceso extraño.» El origen de semejantes pres
ven, mi ama zobeida quiere hablarte
-¿Te llevaré a visitar el palacio de El Menobi? -No. -¿Y el palacio de Hach Idris ben-Yelul? -No. -¿No deseas conocer una joven de ojos de luna y rostro de