robert louis stevenson
creer, creer a medias y no creer en nadaTRES HOMBRES emprendieron una peregrinación en tiempos antiguos. Uno era un sacerdote, el otro un hombre de virtud y el tercero un viejo trotamundos provisto de un hacha. Mientras caminaban, el sa
el diablo de la botellaHabía un hombre en la isla de Hawaii al que llamaré Keawe; porque la verdad es que aún vive y que su nombre debe permanecer secreto; pero su lugar de nacimiento no estaba lejos de Honaunau, donde
el diablo en la botellaHabía un hombre en la isla de Hawaii al que llamaré Keawe; porque la verdad es que aún vive y que su nombre debe permanecer secreto, pero su lugar de nacimiento no estaba lejos de Honaunau, donde
el dr. jekyll y el señor hydeI Historia de la puerta Utterson, el notario, era un hombre de cara arrugada, jamás iluminada por una sonrisa. De conversación escasa, fría y empachada, retraído en sus sentimientos, era alto, fla
el ladrón de cadáveresTodas las noches del año nos sentábamos los cuatro en el pequeño reservado de la posada George en Debenham: el empresario de pompas fúnebres, el dueño, Fettes y yo. A veces había más gente; pero t
el mono científicoEn cierta Isla de las Antillas había una casa y una playa cerca de una arboleda. En esa casa habitaba un vivisector y, en los árboles, un clan de simios antropoides. Resultó que el vivisector atra
el profanador de tumbasTODAS las noches del año nos sentábamos los cuatro en el saloncito del George, en Debenham: el empresario de pompas fúnebres, el dueño del establecimiento, Fettes y yo. A veces había más gente, pe
el relojeroLa garrafa estaba colocada sobre una mesa, en medio de la habitación. Hacía casi una semana que nadie entraba por la puerta; la sirvienta era descuidada y no había cambiado el agua desde hacía un
janet la contrahechaEl reverendo Murdoch Soulis llevaba muchos años al frente de la parroquia de Balweary, una zona de páramos en el valle del Dule, y era un anciano severo, de expresión sombría, que atemorizaba a su
janet la torcidaEl reverendo Murdoch Soulis fue durante mucho tiempo pastor de la parroquia del páramo de Balweary, en el valle de Dule. Anciano severo y de rostro sombrío para sus feligreses, vivió durante los ú
markheim-Sí -dijo el anticuario-, nuestras buenas oportunidades son de varias clases. Algunos clientes no saben lo que me traen, y en ese caso percibo un dividendo en razón de mis mayores conocimientos. O
olalla—Bueno —dijo el doctor—, mi trabajo está terminado; y bien terminado, añadiría yo, no sin cierta vanidad. Sólo queda sacarle a usted de esta fría y enfermiza ciudad, y sugerirle dos meses de aire