PAIS RELATO

Libros de ricardo piglia

Autores

ricardo piglia

el laucha benítez cantaba boleros
Nunca llegaré a saber del todo si el Vikingo intentaba contarme lo que realmente sucedió esa madrugada en el club Atenas, o se quería sacar de encima la culpa o estaba loco. La historia de cualqui
en el terraplén
Lo que pasa es que las patas de los camellos son de algodón. Por eso no hacen ruido. Además son muy ligeros, tan ligeros que siempre están atrás y no hay modo de verlos por más que uno dé vuelta l
la honda
No me dejo engañar por los chicos. Sé que mienten, que siempre están poniendo cara de inocentes y por atrás se ríen de todo el mundo. Lo que pasó ese día fue que ellos no imaginaban que mi patrón
la invasión
Con el golpe del cerrojo los adivinó atrás, al fondo de la celda. Siguió inmóvil, cara a la puerta, hasta que se apa­garon los ruidos en la sala de guardia. Entonces se dio vuelta y los encontró d
la loca y el relato del crimen
Gordo, difuso, melancólico, el traje de filafil verde nilo flotándole en el cuerpo, Almada salió ensayando un aire de secreta euforia para tratar de borrar su abatimiento. Las calles se aquietaban
la pared
Terminaron hace una semana, más o menos. Hoy a la mañana uno de los viejos hizo como un hoyo entre dos ladrillos, pero no llegó a ver el otro lado. Hurgue­teó con el dedo y después con un pedazo d
las actas del juicio
En la ciudad del Uruguay a los diez y siete días del mes de agosto de mil ochocien­tos setenta y uno, el señor juez en primera instancia en lo criminal, doctor Sebastián J. Mendiburu, acompañado d
mata-hari 55
La mayor incomodidad de esta historia es ser cierta. Se equivocan los que piensan que es más fácil contar hechos verídicos que inventar una anécdota, sus relaciones y sus leyes. La realidad, es sa
mi amigo
No. La primera vez fue en un bar de San Martín y Viamonte. Me lo presentó Lucas y cuando lo ví, flaco, vestido de marrón, sonriendo, me pareció todo un ca­ballero. Él estaba en Buenos Aires desde
respiración artificial
1 ¿Hay una historia? Si hay una historia empieza hace tres años. En abril de 1976, cuando se publica mi primer libro, él me manda una carta. Con la carta viene una foto donde me tiene en brazos: d
tarde de amor
En los últimos dos meses no han hecho otra cosa que adivinar esos pasos creciendo en el zaguán y el gol­pe de la cerradura, las voces y las risas sofocadas, en la otra pieza. Y ahora vuelven a ima
tierna es la noche
... querer tranquilizarme contra una lettera 22 cuando Luciana está tirada allá y es inútil. Andar bus­cando explicaciones, queriendo corregir no sé qué des­tino, escabulléndome culpas, fatalidad,
una luz que se iba
Porque apareció de golpe, allá adelante, inconfun­dible entre los hombres y las mujeres y los viejos, torvos, de gris, gordos, hermosas, por Lavalle hoy a las once de la noche. Todos metidos en el