PAIS RELATO

Libros de reinaldo arenas

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reinaldo arenas

a la sombra de la mata de almendras
«Hay que tumbarla», dice una. Y yo salgo a la calle. Las otras dos ríen a carcajadas, sueltan un bufido de alivio y aplauden. «Hay tumbarla », repiten, girando alrededor de la primera. Por último
adiós a mamá
Mamá había muerto —dice Onelia entrando en la sala, donde nosotros, desesperados, aguardábamos nuestro turno de atender a la enferma. Ha muerto, repite ahora con voz remota y lenta. Todos la miram
algo sucede en el último balcón
Ahora el hombre miraba para la calle (enjaulada por miles de hilos que cumplían distintas funciones). Y se puso a pensar. Ningún ruido llegaba hasta el balcón donde el hombre pensaba. De la calle
antes que anochezca
Introducción El fin Yo pensaba morirme en el invierno de 1987. Desde hacía meses tenía unas fiebres terribles. Consulté a un médico y el diagnóstico fue SIDA. Como cada día me sentía peor, compré
bestial entre las flores
I Con Bestial las cosas eran distintas: él cambiaba los ojos de color; él se comía vivas las codornices; él me dijo una vez “ponte en cuatro para que veas lo que es bueno” (yo eché a correr); él t
con los ojos cerrados
A usted sí se lo voy a decir, porque sé que si se lo cuento a usted no se me va a reír en la cara ni me va a regañar. Pero a mi madre no. A mamá no le diré nada, porque de hacerlo no dejaría de pe
el cometa halley
Aquella madrugada de verano de 1891 (sí, de 1891) en que Pepe el Romano huye con la virginidad de Adela, mas no con su cuerpo, todo parece haber terminado de una manera sumamente trágica para las
el hijo y la madre
La madre caminaba dando salticos como un ratón mojado. La madre estaba sentada en la sala y se balanceaba en el sillón. La madre miraba por la ventana. La madre tenía las manos llenas de pecas dim
el traidor
Hablaré rápido y mal. Así que no se haga ilusiones con su aparatico. No piense que le va a sacar mucho partido a lo que yo diga, y después coserlo aquí y allá, ponerle esto o lo otro, hacer un mam
la torre de cristal
Desde su llegada a Miami, luego de una verdadera odisea para poder abandonar su país de origen, el conocido escritor cubano Alfredo Fuentes no había vuelto a escribir ni una línea. De alguna maner