ramón gómez de la serna
aparición del tritónLa bella joven se reía tanto después del baño a la orilla del mar, que como la risa es la mayor provocadora de la curiosidad, asomó su cabeza un tritón para
aquella muertaAquella muerta me dijo: -¿No me conoces?… Pues me debías conocer… Has besado mi pelo en la trenza postiza de la otra.
brujería del gatoPor complicidad con la bruja había sido enjaulado el gato. Los inquisidores sospechaban que podía haber diablo escondido bajo la piel del gato y fue sentenc
debía de haberDebía de haber unos prismáticos de oler para percibir el perfume de los jardines lejanos.
diez millones de automóvilesEl orgullo de la gran ciudad se había cumplido por fin. Ya tenía diez millones de automóviles. Casi nadie pasaba por las calles y las aceras se habían supri
el burro zancónRecuerdo mi entrada buscando algo en un corral, ya tarde, cuando había oscurecido, en aquel pueblo de Castilla. Había pisado las piedras puntiagudas, los mo
el caféEl café con leche es una bebida mulata.
el desterrado¿A qué le podían condenar después de todo? A destierro. Valiente cosa. Cumpliría la pena alegremente en un país extranjero en que viviría una nueva vida y r
el día 32Ya no van a quedar más hojas del almanaque. Era nuestra última fortuna. Dentro de un rato estaremos arruinados. Nos detendremos antes de arrancar la última
el disfraz inauditoMartina siempre estaba planeando su nuevo traje de máscara desde que se acababa de consumir el último carnaval hasta que comenzaba el otro. Era para ella el
el extraño panaderoEn París, en el principio de la mañana, cuando los panaderos pasan con sus cestas de pan a la cabeza, cruza entre ellos un extraño panadero, cuya cesta tamb
el fanático de diosLeía todas las oraciones de todas las biblias, de todos los libros sagrados, rezaba a todos los dioses y era zoólatra, idólatra, politeísta y monoteísta… To
el gato que vuelaEl gato que vuela no lo suelen ver más que los trasnochadores impenitentes, y eso si no pierden de vista la perspectiva de los tejados. El gato que vuela no
el hieloEl hielo se derrite porque llora de frío.
el ilusionistaEn el despacho de la Dirección del Circo se presentó una tarde un hombre flacucho, con tipo de cesante y de gato disecado. El director le preguntó que qué h
el lector de reojoAl que lee nuestro diario de reojo no le importa que le miremos con estrábica iracundia. No es que seamos egoístas, es que ese segundo lector desconocido re
el negro condenado a muerteAquel negro había tenido la avilantez de amar a una blanca y eso, en la pulcra yanquilandia, no se perdona. Los jueces, que por algo se lavaban los dientes
el perroEl perro que se acaba de levantar de dormir la siesta no sabe si es perro o es hombre.
el pezEl pez más difícil de pescar es el jabón dentro del agua.
el que pideEl que pide un vaso de agua en las visitas es un conferenciante fracasado.
el que se los comióParece que ha habido un hombre de instintos temerarios que se ha comido unos senos de mujer, como se comen unas naranjas sin mondarlas ni repartirlas en gaj
el que veía en la obscuridadAquel joven veía en la obscuridad porque le había mordido un gato, siendo niño, en el centro más nervioso del ser, en el codo. Primero se creyó que aquello
el sentenciado a diez muertesAquel hombre vagabundo que había dado la vuelta a la tierra volvió un día a su ciudad. En su ciudad la policía le preguntó cómo se llamaba, pero él no se ac
el sueño del violinistaSiempre había sido el sueño del gran violinista tocar debajo del agua para que se oyese arriba, creando los nenúfares musicales. En el jardín abandonado y s
el sueño y la muerteAl sentirse envarado por el sueño y la muerte, se apresuró a irse a la cama. Quería saber quién iba a llegar antes, si el sueño o la muerte, pero en mitad d
el viejo marinoAl agonizar el viejo marino pidió que le acercasen un espejo para ver el mar por última vez.
él y él mismoDetenido por la policía, sostenía ante todos que se había ido a América en el vapor Suntanton. Se telegrafió al puerto de Dakar, y de allí contestaron que,
invención del carnavalEn aquel primer Carnaval del mundo, cuando aún no existían más seres humanos que los que componían la primera pareja, Adán sintió ganas de disfrazarse para
la amante de santiagoTodos los amigos de Santiago estaban sorprendidos de aquella predilección suya por una mujer de aspecto tan vulgar. No la soltaba, no la dejaba hablar con n
la bufandaLa bufanda es para los que bufan de frío.
la cleptómana de cucharillasEra poderosa y aristocrática, pero tenía la obsesión de las cucharillas. Es esa una cleptomanía corriente, sobre todo en los palacios reales, y por eso hubo
la estatua inesperadaNo se supo nunca por qué había brotado aquella estatua en el jardín. El caso fue que una mañana se encontraron con ella, quieta en el gesto hipócrita de las
la manoEl doctor Alejo murió asesinado. Indudablemente murió estrangulado. Nadie había entrado en la casa, indudablemente nadie, y aunque el doctor dormía con el b
la mano de mármolPresidía su mesa de despacho, siempre sobre los papeles, una mano de mármol, mano preciosa en la que los dedos se doblaban sin formar arrugas, una mano deli
la vuelta del otroResucitó el otro. Aquel perdido por el abortivo fulminante; aquel que la dejó a ella amarilla como la cera y a él pálido como el asesino y con la boca más s
las estrellasLas estrellas mueren de inquietud, se consumen de inquietud. ¡Pasa tan de tarde en tarde el macho, el cometa!
las jaurías de la lunaHabía tanta luna aquella noche, que la ciudad se había convertido en pueblo, y era penoso leer las largas casas enlunadas como pruebas de imprenta sin texto
las negruras de rembrandtHa aparecido un experto en Rembrandt que ha penetrado en el secreto de sus fondos oscuros. En esa afición al contraste con el negro en sus grandes cuadros h
los campanariosLos campanarios van subiendo, subiendo, alargando sus torres según avanza el día, según oscurece.
los senos cuyo valor desconoce el dueñoNadie jamás había tocado sus senos. Habían tenido una perfecta seriedad en su pecho. Estaban reservados para que muriesen inactivos en el árbol solitario. N
los senos de verdadero sèvresEn casa del anticuario apareció la fina mujer, cuya cintura se cimbreaba en la luz. -¿Qué desea? ¿Me trae algún abanico? El anticuario, al verla sin ningún
metamorfosisNo era brusco Gazel, pero decía cosas violentas e inesperadas en el idilio silencioso con Esperanza. Aquella tarde había trabajado mucho y estaba nervioso,
navidadEra la noche de Navidad y en el fondo de la inclusa los niños cantaban villancicos desesperadamente ante el nacimiento que habían improvisado las monjas. Er
no hay que pervertir los númerosLo que más hace sufrir a los grandes matemáticos es que les perviertan los números. No les importa que no se sepan matemáticas, no les importa que se escrib
observaciones pascualesHay que decidirse, ante todo, a no aprovechar, después de pasada la Navidad, los envases de los regalos recibidos. Podréis espantar la imaginación de vuestr
peor que el infierno¡Oh, la crueldad incomprensible, inadmisible! Le sentenció Dios a muchos miles de siglos de purgatorio porque si los hombres al que no matan, al que absuelv
récord de viajero de aviónSu locura era la de ser el turista aéreo que más viajes de ida y vuelta había hecho, visitando todos los aeropuertos del mundo. -Salgo para Siracusa, la sem
revoluciónCuando la revolución está en su crepiteo más sangriento es cuando se oye gritar: —¡A matar los pavos reales! No sería una revolución completa y tan digna co
sabe a mariposaLlegó a la gran bodega el supercatador, y cuando le dieron a probar el caldo rubio del jerez nuevo, dijo sin dubitación alguna: -Sabe a mariposa Todos se qu
seis barbas de besugoEl anfitrión campechano pidió a voz en grito en el comedor del figón solitario: -¡Eh de la casa! ¡Vino, cordero y un besugo por barba! Nadie respondía, y en
senos. las criadasLos senos de las criadas son senos que dan origen a sentimientos sordos y enconados. Son como animales domésticos, que corren por la casa, que andan sueltos
senos. senos de viudaLos senos de viuda se abren en la negrura profundamente blancos. Parece que habían de ser blancos y negros, o el uno blanco y el otro negro, o los dos con a
traspaso de los sueñosDe pronto dejó de tener pesadillas y se sintió aliviado, pues habían llegado ya a ser una proyección obsedante que provoca una obsesión en las paredes de su
un duelo–¡Un duelo a pistola! – gritaron los árboles del bosque, y echaron a correr.
verdadera falsa muerte de calígulaCalígula quizá no murió así, pero debió morir así. El bárbaro tetrarca -por ser tres veces brutal- ordenó que los que saliesen aquella noche con investidura
yo vi matar a aquella mujerEn la habitación iluminada de aquel piso vi matar a aquella mujer. El que la mató, le dio veinte puñaladas, que la dejaron convertida en un palillero. Yo gr
¡ese soy yo!Cuando vi sacar aquel cadáver del agua, grité: -Ese soy yo… Yo. Todos me miraron asombrados, pero yo continué: “Ese soy yo… Ese es mi reloj de pulsera con u