rabindranath tagore
bendiciónBendice esta alma blanca que ha ganado para la tierra el beso del cielo, bendice este tierno corazón. Ama la luz del sol, le gusta contemplar el rostro de s
despedidaEl arco dice bajito a la flecha, al despedirla: tu libertad es mía.
día de lluviaLas taciturnas nubes se amontonan sobre la oscura linde del bosque. ¡No salgas, hijo mío! Las palmeras alineadas en el borde del lago revuelven sus cabezas
el astrónomo-¡Oh, si pudiéramos coger la luna, al anochecer, cuando es completamente redonda y se engancha en las ramas del cadabo! -no dije más que eso. Pero Dadá, mi
el cartero maloMadre, di, ¿por qué estás tan callada y tan triste, sentada ahí, en el suelo? ¿No ves que la lluvia entra por la ventana y que te está mojando? Oye, el gong
el cortejo invisible¡Oh!, ¿quién pintó tu vestidillo, hijo mío? ¿Quién cubrió tu delicado cuerpo con esta túnica encarnada? Por la mañana saliste al patio para correr y jugar,
el finMadre, ha llegado la hora de que me vaya. Me voy. Cuando la oscuridad palidezca y dé paso al alba solitaria, cuando desde tu lecho tenderás los brazos hacia
el héroeMadre, figúrate que vamos de viaje, que atravesamos un país extraño y peligroso. Yo monto un caballo rubio al lado de tu palanquín. El sol se pone; anochece
el hogarAndaba yo solo por el camino que cruza los campos cuando, como un avaro, el sol poniente disimulaba la última brizna de su oro. El día se hundía cada vez en
el hombrecitoSoy pequeño porque soy un niño. Seré grande cuando sea tan viejo como mi padre. El maestro me dirá: ‘Vamos, es tarde, trae la pizarra y los libros’. Y yo le
el juezDi de él, Juez, lo que te plazca, pero yo conozco las faltas de mi niño. Si lo amo no es porque sea bueno, sino porque es mi hijo. ¿Qué sabes de la ternura
el marineroLa embarcación del botero Madhu está atracada en el muelle de Rangún. Guarda una inútil carga de yute y desde hace muchísimo tiempo permanece allí, ociosa.
el mercaderImagínate, madre, que vas a quedarte en casa y que yo viajaré por países desconocidos. Mi barco me espera en el puerto, ya cargado y completamente aparejado
el mundo del niño¡Ah, si yo pudiera entrar hasta el mismo centro del mundo de mi niño para elegir allí un placentero refugio! Sé que ese mundo tiene estrellas que le hablan,
el niño ángelGritan y luchan, vacilan y se desesperan, y nunca acaban sus querellas. Que tu vida, hijo mío, aparezca en medio de ellos como la llama de una luz intensa y
el oficio de autorMe dices que papá escribe muchos libros, pero no entiendo nada de lo que escribe. Se pasó toda la noche leyendo para ti, ¿pero has podido descubrir realment
el país de las hadasSi alguien descubriera dónde está el palacio de mi rey, el palacio se desvanecería en el aire. Sus muros son de plata y su techo de oro resplandeciente. La
el principio-¿De donde venía yo cuando me encontraste? -preguntó el niño a su madre. Ella, llorando y riendo, le respondió apretándolo contra su pecho: -Estabas escondi
el regaloQuiero hacerte un regalo, hijo mío, pues la vida nos arrastra a la deriva. El destino nos separará, y nuestro amor será olvidado. Ya sé que sería demasiada
el último trato-¡Estoy por alquilar, contrátenme! -gritaba yo una mañana andando por la carretera. El rey pasó en su carroza, la espada en la mano. Me cogió de la mano y m
juguetes¡Qué feliz eres, niño, sentado en el polvo, divirtiéndote toda la mañana con una ramita rota! Yo sonrío al verte jugar con ese trocito de madera. Yo estoy o
la escuela de las floresCuando el cielo tempestuoso ruge sordamente y caen los chubascos de junio, el húmedo viento del este camina a través de los brezales para tocar la cornamusa
la flor de champaSi por divertirme me convirtiera en una flor de champa… Si creciera allí arriba, en una rama de este árbol, y sacudido por el viento sintiera deseos de reír
la higueraHiguera que te yergues como un gigante desmelenado junto al estanque, ¿te olvidaste del niño, como olvidaste los pájaros que anidaban en tus ramas y ya se f
la ladrona del sueño¿Quién ha robado el sueño de los ojos del niño? Yo lo descubriré. La madre había ido al pueblo vecino a buscar agua, con el cántaro abrazado a la cintura. E
la llamadaLa noche era oscura y todos dormían, cuando ella se fue. También ahora la noche es oscura, y la llamo: ‘Vuelve, tesoro mío, el mundo está dormido; si vienes
la otra orilla¡Ah, cómo me gustaría ir allá, a la otra orilla del río, donde hay la fila de barcas amarradas a las estacas de bambú! Allí los campesinos cruzan el río en
la patria del proscritoMadre, la luz palidece en el cielo gris. ¿Qué hora es? Ya me cansa el juego y vengo a tu lado. Es sábado, nuestro día de fiesta. Deja tu trabajo, madre, ven
las razones del niñoSi quisiera, el niño podría volar ahora mismo al cielo. Pero tiene sus razones para no dejarnos. Toda su felicidad consiste en descansar su cabeza en el sen
los barcos de papelTodos los días echo mis barcos de papel al río, donde flotan y, uno tras otro, son arrastrados por la corriente. En ellos he escrito, con grandes letras neg
los primeros jazmines¡Ah, estos jazmines! ¡Estos blancos jazmines! Recuerdo aún el primer día en que cubrí mis brazos con estos jazmines, con estos blancos jazmines. He amado la
mala fama¿Por qué lloras, hijo mío? ¡Qué malos son, pues siempre te regañan sin motivo! Mientras escribías, te has manchado de tinta la cara y las manos; ¿por esto t
mediodíaMamá, me gustaría muchísimo dejar mis lecciones. No me he separado de mi libro en toda la mañana. Dices que sólo son las doce. Bueno, aunque efectivamente n
mi canciónComo los brazos conmovidos del amor, hijo mío, la música de mi canción te envolverá. Mi canto besará tu frente como una bendición. Cuando estés solo, vendrá
nubes y olasMadre, los que viven allá arriba, en las nubes, me llaman: -Nosotros jugamos desde que despertamos hasta el anochecer -dicen-. Jugamos con el alba de oro y
si yo fueraSi yo fuera un perrito, y no tu hijo, madre mía, y si quisiera comer en tu plato, ¿me dirías ‘no’ entonces? ¿Me rechazarías diciendo: ‘Vete, chucho entromet
superioridad¡Mamá, tu niña es tonta! ¡Qué ridícula es! No acierta a distinguir las luces de la calle y las estrellas. Cuando jugamos a comer piedrecillas, se cree que s
vocaciónTodas las mañanas, a las diez, cuando suena el gong, por el camino de la escuela encuentro al vendedor que grita: -¡Brazaletes de cristal! Nunca tiene prisa