prosper mérimée
arsenia guillotI La última misa acababa de terminar en San Roque, y el bedel hacía su ronda para cerrar las capillas desiertas. Iba a cerrar la verja de uno de esos santua
cargamento de ébanoVerdaderamente, el capitán Ledoux era un buen marino. Había empezado como simple marinero de cubierta y luego fue ayudante de timonel. La batalla de Trafalg
carmenI Siempre había sospechado que los geógrafos no saben lo que dicen cuando sitúan el campo de batalla de Munda en el país de los Bastuli-Pœni, cerca de
colombaI En los primeros días del mes de octubre de 181.. , el coronel sir Thomas Nevil, irlandés, distinguido oficial del ejército británico, fue a alojarse con s
crónica del reinado de carlos ixPREFACIO Acababa de leer un número considerable de memorias y panfletos relativos al final del siglo XVI. Quise hacer un resumen de mis lecturas, y helo aqu
djoûmaneEl 21 de mayo de 18…, regresamos a Tilimsen. La expedición había sido productiva; traíamos bueyes, carneros, camellos, prisioneros y rehenes. Tras treinta y
el abate aubinI DE MADAMA DE P… A MADAMA DE G… Noirmoutiers… noviembre 1844. Prometí escribirte, mi querida Sofía, y cumplo mi palabra: después de todo es lo mejor que pu
el doble errorI Julia de Chaverny estaba casada desde hacía unos seis años, y desde alrededor de los cinco y medio había reconocido no solo la imposibilidad de amar a su
el jarrón etruscoAugusto Saint-Clair no era muy apreciado en lo que denominamos sociedad; y la razón principal era porque no intentaba agradar sino a las personas que le agr
federigoHabía una vez un joven señor llamado Federigo, guapo, de buena planta, cortés y bondadoso, pero de costumbres muy disolutas, pues amaba en exceso el juego,
la calleja de la señora lucreciaTenía veintitrés años cuando visité Roma. Mi padre me entregó una docena de cartas de recomendación de las que solo una, que no tenía menos de cuatro página
la habitación azulUn hombre joven se paseaba nervioso por el vestíbulo de una estación de ferrocarril. Llevaba gafas azules y, aunque no estaba resfriado, se llevaba sin cesa
la partida de chaqueteLas velas inmóviles colgaban pegadas a los mástiles; el mar estaba liso como un espejo; el calor era agobiante, la calma desesperante. En un viaje por mar,
la perla de toledo¿Quién me dirá si el Sol es más bello en el amanecer que en el ocaso? ¿Quién me dirá del olivo y el almendro cuál es el más bello árbol? ¿Quién me dirá entr
la toma del reductoUn militar amigo mío, muerto de fiebre en Grecia hace unos años, me narró un día la primera acción de guerra en que tomó parte. Su relato me interesó en gra
la venus de illeBajaba yo la última pendiente del Canigó, y, aunque el sol ya se había puesto, aun podía distinguir en la llanura las casas de la pequeña ciudad de Ille, ha
las ánimas del purgatorioCicerón dice en alguna parte, creo que en su tratado De la naturaleza de los dioses, que hubo numerosos Júpiter —un Júpiter en Creta, otro en Olimpia, y otr
lokis—Teodoro —dijo el profesor Wittembach—, dame, por favor, ese cuaderno religado en pergamino que asoma por el segundo cajón del escritorio… No, ese no, el pe
mateo falconeAl salir de Porto-Vecchio, con dirección noroeste, hacia el interior de la isla, se ve rápidamente elevarse el terreno, y después de tres horas de marcha po
tamangoEl capitán Ledoux era un buen marino. Había comenzado siendo grumete, y más tarde llegó a ayudante de timonel. En la batalla de Trafalgar, su mano izquierda
visión de carlos xiLa gente se burla de las visiones y de las apariciones sobrenaturales. Sin embargo, algunas cuentan con tal cantidad de testimonios a su favor, que el que s