philip kindred dick
algunas peculiaridades de los ojosDescubrí por puro accidente que la Tierra había sido invadida por una forma de vida procedente de otro planeta. Sin embargo, aún no he hecho nada al respecto; no se me ocurre qué. Escribí al gobie
autor prominente—Aunque mi marido es un hombre muy puntual —dijo Mary Ellis—, y no ha llegado ni un día tarde al trabajo en veinticinco años, hoy aún no ha salido de casa. —Sorbió su bebida, compuesta de hormonas
coloniaEl mayor Lawrence Hall se inclinó sobre el microscopio binocular y corrigió la graduación. —Interesante —murmuró. —Desde luego. Tres semanas en este planeta y todavía no hemos encontrado una forma
el abonadoEl hombrecillo vestía una raída chaqueta marrón. Estaba cansado. Se abrió lentamente paso a través de la muchedumbre que atestaba el vestíbulo de la estación, en dirección a la taquilla. Aguardó p
el ahorcadoA las cinco en punto, Ed Loyce se lavó, se puso el sombrero y la chaqueta, sacó el coche y atravesó la ciudad en dirección a su tienda de televisores. Estaba cansado. Le dolían la espalda y los ho
el hombre dorado—¿Siempre hace este calor? —preguntó el vendedor. Se dirigió a todo el mundo en general, tanto a los clientes sentados en la barra como a los que ocupaban los desvencijados reservados, alineados j
el padre-cosa—La cena está preparada —dijo la señora Walton—. Ve a buscar a tu padre y dile que se lave las manos. Aplícate el mismo cuento, jovencito. —Trasladó una cacerola humeante a la mesa—. Le encontrará
el planeta imposible—Sigue plantada ahí afuera —dijo Norton, nervioso—. Tendrá que hablar con ella, capitán. —¿Qué quiere? —Quiere un billete. Es sorda como una tapia. Está inmóvil, con la mirada fija, y no quiere ma
estabilidadRobert Benton desplegó lentamente sus alas, las agitó varias veces y se elevó con majestuosidad desde el tejado hacia las tinieblas. La noche lo engulló al instante. Bajo él, centenares de diminut
foster, estás muertoEl colegio era un fastidio, como siempre, sólo que hoy era peor. Mike Foster dejó de tejer sus dos cestas a prueba de agua y se incorporó, mientras todos los chicos que le rodeaban seguían trabaja
humano esLos ojos azules de Jill Herrick se llenaron de lágrimas. Miró a su marido con un horror indescriptible. —¡Eres… eres horrible! —sollozó. Lester Herrick continuó trabajando, ordenando montones de n
impostor—Un día de estos voy a tomarme unas vacaciones —dijo Spence Olham mientras desayunaba. Miró a su esposa—. Creo que me merezco un descanso. Diez años es mucho tiempo. —¿Y el proyecto? —Ganarán la g
la fe de nuestros padresEn las calles de Hanoi se encontró frente a un vendedor ambulante sin piernas que iba sobre un carrito de madera y llamaba con gritos chillones a todos los transeúntes. Chien disminuyó la marcha e
la hormiga eléctricaA las cuatro y cuarto de la tarde, hora estándar de la Tierra, Garson Poole despertó en una cama de hospital y supo que estaba ingresado en una habitación de tres camas. También advirtió dos cosas
la señora de las galletas—¿Adónde vas, Bubber? —gritó Ernie Mill desde el otro lado de la calle, mientras preparaba su itinerario. —A ningún sitio —dijo Bubber Surle. —¿Vas a ver a tu amiga? —Ernie se echó a reír—. ¿Por q
las prepersonasWalter, que había estado jugando al Rey de la montaña, vio el camión blanco más allá de la arboleda de cipreses y lo tomó como lo que era. «Se trata del camión de los abortos —pensó—. Vienen para
recuerdos al por mayorCuando despertó, tuvo un súbito deseo de estar en Marte. Pensó en los valles y se preguntó qué sensación se experimentaría al caminar trabajosamente por ellos. El sueño y el deseo se dilataron, co
segunda variedadEl soldado ruso subía nervioso la ladera, con el fusil preparado. Miró a su alrededor, se lamió los secos labios. De vez en cuando se llevaba una enguantada mano al cuello y se enjugaba el sudor y
tony y los escarabajosLa luz amarillorrojiza del sol se filtraba por las gruesas ventanas de cuarzo del dormitorio. Tony Rossi bostezó, se movió un poco, abrió sus ojos negros y se incorporó al instante. De un solo mov
¡oh, ser un blobel!Insertó una moneda platinada de veinte dólares en la ranura y el analista se conectó, después de una pausa, con un brillo amistoso en los ojos. El analista giró en la silla, y agarró una pluma y u