PAIS RELATO

Libros de patricia highsmith

Autores

patricia highsmith

el ama de casa de clase media
Pamela Thorpe consideraba que Liberación Femenina era uno de esos estúpidos movimientos de protesta sobre los cuales les gusta escribir a los periodistas para llenar sus páginas. Las de Liberación
el hombre que escribía libros en su cabeza
E. Taylor Cheever escribía libros en su cabeza, nunca en el papel. Para cuando murió, a los sesenta y dos años, había escrito catorce novelas y creado ciento veintisiete personajes, de los que al
el observador de caracoles
Cuando el señor Peter Knoppert empezó a aficionarse a la observación de caracoles, no imaginaba que su puñado de especímenes se convertiría en cientos en un abrir y cerrar de ojos. Tan solo dos me
la artista
En la época en que Jane se casó, no parecía haber nada extraño en ella. Era regordeta, bonita y muy práctica: capaz de hacer la respiración artificial en un abrir y cerrar de ojos, reanimar a una
la bailarina
Bailaban maravillosamente juntos, evolucionando de un lado a otro de la pista a los eróticos ritmos del tango, a veces del vals. A la edad de veinte y veintiún años, respectivamente, Claudette y R
la coartada perfecta
La multitud se arrastraba como un monstruo ciego y sin mente hacia la entrada del metro. Los pies se deslizaban hacia adelante unos pocos centímetros, se paraban, volvían a deslizarse. Howard odia
la coqueta
Había una vez una coqueta que tenía un pretendiente del cual no podía librarse. Él se tomaba en serio sus promesas y declaraciones y no quería dejarla. Se creía hasta sus insinuaciones. Esto la ir
la enferma o la encamada
Había sufrido una caída diez años antes, cuando pasaba unas vacaciones esquiando en Chamonix con su novio. La lesión tenía algo que ver con la espalda. Los médicos no pudieron encontrar nada, nadi
la evangelizadora
Dios le llegó tarde a Diana Redfern, pero le llegó. Diana tenía cuarenta y dos años cuando, caminando por su calle, que estaba empapada por la lluvia, que había cesado recientemente, y sobre la cu
la mano
Un joven le pidió a un padre la mano de su hija y la recibió en una caja; era su mano izquierda. PADRE: Me pediste su mano y ya la tienes. Pero, en mi opinión, querías otras cosas y las tomaste. J
la mayor presa de ming
Ming descansaba cómodamente a los pies de la litera de su ama, cuando el hombre lo sujetó por el pescuezo, lo sacó de allí, lo dejó sobre las planchas de la cubierta y cerró la puerta de la cabina
la mojigata
Sharon jamás se consideraría, y nunca se había considerado, una mojigata. Se consideraba sencillamente respetable. Su madre siempre le había dicho: «Sé pura en todo», y cuando Sharon alcanzó la ad
la novelista
Posee una memoria perfecta. Todo es sexo. Va por su tercer matrimonio y ha dejado tres hijos por el camino, pero ninguno de su actual marido. Grita: «¡Escuchen mi pasado! Es más importante que mi
la paridora
Para Elaine, el matrimonio significaba hijos. El matrimonio significaba también otras muchas cosas, naturalmente, tales como crear un hogar, levantar la moral a su marido, ser una alegre compañera
la perfeccionista
El padre de Margot Fleming, a quien ella había admirado mucho, siempre le había dicho: «Cualquier cosa que valga la pena hacer, vale la pena hacerla bien». Margot creía que cualquier cosa que vali
la perfecta señorita
Theodora, o Thea como la llamaban, era la perfecta señorita desde que nació. Lo decían todos los que la habían visto desde los primeros meses de su vida, cuando la llevaban en un cochecito forrado
la prostituta autorizada o la esposa
Sarah siempre se había dedicado a eso en plan de aficionada, y a los veinte años se casó, con lo que obtuvo la licencia. Para remate, el matrimonio se celebró en una iglesia en presencia de famili
la suegra silenciosa
Esta suegra, Edna, ha oído todos los chistes sobre suegras y no tiene la intención de ser el blanco de tales bromas, ni de caer en ninguna de las trampas tan abundantemente esparcidas en su camino
la tortuga de agua dulce
Víctor oyó la puerta del ascensor, los rápidos pasos de su madre en el pasillo y cerró el libro de un golpe. Lo escondió debajo del almohadón del sofá y maldijo por lo bajo cuando oyó que el libro
la víctima
Empezó cuando la pequeña Catherine, rubia y gordita, tenía cuatro o cinco años; sus padres notaron que se hería, se caía o hacía algo desastroso con mucha más frecuencia que otros niños de su edad
lo que trajo el gato
Los segundos de pensativo silencio en la partida de Intelect fueron interrumpidos por un crujido del plástico en la trampilla de la gatera: Portland Bill volvía a entrar. Nadie le hizo caso. Micha
noche tranquila
Hattie tiró de la cadena de la lamparita de pie, se tapó los hombros con las sábanas y se quedó tensa, escuchando hasta que Alice paró de toser y sorber. —Alice —susurró. No hubo respuesta. Sí, ya
oona, la alegre mujer de las cavernas
Era un poco peluda, le faltaba un incisivo, pero su atractivo sexual era perceptible a una distancia de doscientos metros o más, como un olor; quizás fuese eso. Toda ella era redonda: su vientre,
un objeto de cama transportable
Hay montones de chicas como Mildred, sin hogar, pero nunca sin techo… Generalmente, el techo de una habitación de hotel; a veces, el de un apartamento de soltero; el de la cabina de un yate, si ha
un reloj hace tictac en navidad
—¿Le sobra a usted un franco, madame? Así fue como empezó. Michèle bajó la vista por encima de las cajas y bolsas de plástico que llevaba en brazos y miró al niño, que vestía una chaqueta de tweed
¡dulce libertad! y una merienda en el jardín de la casa blanca
Te topas con ellos en todas partes, en Nueva York, en Chicago o en Filadelfia, o ellos se topan contigo. Les llaman chiflados, si los ciudadanos se sienten tolerantes, o, caso contrario, parásitos