onelio jorge cardoso
caballito blancoEra, primero un carrusel, o un niño primero y un carrusel después. Nunca se sabrá. La cosa es que el niño estaba enfermo de un mal de pie o de pierna que lo
caballoDesde potrico ya le dijo siempre: ¡caballo!, y así fue echando cuerpo con la palabra como un susto y una orden. De modo que cuando el alazán pudo llevar enc
donde empieza el aguaEl hombre iba descalzo sobre su canoa. Una vuelta de soga le anudaba la cintura y abajo, terminaba el pantalón como cortado a cuchillo. De la soga de arriba
el caballo de coralÉramos cuatro a bordo y vivíamos de pescar langostas. El Eumelia tenía un solo palo y cuando de noche un hombre llevaba entre las manos o las piernas el man
el cangrejo voladorHabía una vez un cangrejito nuevo que estaba haciendo un hueco profundo en la tierra, cuando, sin más ni más, vino una paloma torcaza a darle conversación.
el cuenteroUna vez hubo un hombre por Mantua o por Sibanicú, que le nombraban Juan Candela y que era de pico fino para contar cosas. Fue antes de la restricción de la
francisca y la muerte—Santos y buenos días —dijo la muerte, y ninguno de los presentes la pudo reconocer. ¡Claro!, venía la parca con su trenza retorcida bajo el sombrero y su m
los carbonerosEn el rancho todos sabíamos lo que le estaba pasando a Fidencio: la fiebre. Era natural. Tenía que ser así. No en vano se mete uno por entre los pantanos “b
moñigüesoAlguien daba el primer grito. Alguno atronaba el aire. —¡Moñigüesooo! Y entonces él volvía la cabeza, puntiaguda arriba y abajo recta, terminada en un
negritaHacía tres años ya que Bruno había llegado por primera vez a la finca de don Cristóbal. Lo recordaba como si fuera ayer mismo; el dueño estaba sentado en el
taita, diga usted cómoEl padre y él —él dos palmos más bajo de la cintura del padre— llegaron hasta la cerca. El viejo se metió por el portillo de la piña y estaca en mano se fue
un brindis por el zonzoCon permiso del que sea, yo vengo aquí a darme un trago por el Zonzo. Ya sé que este bar es de personas decentes, pero hay años que yo me decía: un día de e