o. henry
best seller1 Un día del verano pasado salí de viaje hacia Pittsburg; era en realidad un viaje de negocios. Mi coche de línea iba provechosamente lleno de la clase de gente que se suele ver en los trenes. La
bruma en santoneEl empleado de la farmacia escruta el pálido rostro semioculto por la solapa del abrigo, que está levantada. —Preferiría no dárselas —vacila—. Ya le he vendido media docena de sellos de morfina ha
cómo asaltar un trenEl hombre que me relató estos hechos vivió durante muchos años al margen de la ley en el Suroeste y participó en las acciones que describe con tanta franqueza. Su esquema del modus operandi puede
cómo hacer a los hombres hermanosEl ladrón saltó rápidamente la ventana y luego se detuvo, esperando. Un ladrón que respeta su arte siempre se toma tiempo antes de tornar cualquier otra cosa. La casa era una residencia privada. M
cómo se hace un neoyorkinoAdemás de otras muchas cosas, Raggles era poeta. Se le consideraba un vagabundo, modo indirecto de confirmarlo como filósofo, artista, viajero, naturalista y descubridor. Pero más que nada era un
con alma y vidaEn Denver subieron numerosos pasajeros a los coches del expreso B. & M., que se dirigía al Este. En uno de los coches iba sentada una joven muy bonita, vestida con elegancia y rodeada de todas
corazones y crucesBaldy Woods alargó el brazo y cogió la botella. Siempre que Baldy se proponía algo, acostumbraba a… Pero no se trata ahora de la historia de Baldy. Se sirvió una tercera copa, cuyo contenido exced
déjeme tomarle el pulsoAsí que fui al médico. —¿Cuánto tiempo hace que metió usted algo de alcohol en su organismo? —me preguntó. —Pues hace ya un buen rato —contesté, meneando la cabeza. Era un médico joven y podía ten
desde el pescante del cocheroEl cochero tiene su punto de vista. Quizá sea más unilateral que cualquier otro profesional. Desde el alto y oscilante asiento de su cabriolé, con el pescante en la zaga, considera a sus prójimos
después de 20 añosEl policía efectuaba su ronda por la avenida con un aspecto imponente. Esa imponencia no era exhibicionismo, sino lo habitual en él, pues los espectadores escaseaban. Aunque apenas eran las 10 de
dos caballeros el día de acción de graciasHay un día que es nuestro. Hay un día en que todos los norteamericanos que no se han hecho por su propio esfuerzo vuelven a su hogar para comer bizcochitos con bicarbonato y se maravillan de cuan
dos renegadosEn la ciudad que es puerta de entrada al Sur iba a celebrarse un encuentro de veteranos del ejército confederado, y yo me paré a verlos desfilar, bajo las ondulantes banderas de la terrible guerra
el águila negraDurante algunos meses de cierto año un ceñudo bandido infestó la ribera del Río Grande, del departamento de Texas. El célebre merodeador, bautizado con el remoquete de El Águila Negra, fue durante
el alegre mes de mayoOs ruego que le propinéis un buen golpe al poeta cuando os cante las alabanzas del mes de mayo. Se trata de un mes que presiden los espíritus de la travesura y la demencia. En los bosques en flor
el amigo de telémacoAl volver de una cacería me encontré esperando el tren del sur, que llegaba con una hora de retraso, en el pequeño pueblo de Los Piños —Nuevo México—. Sentado en el patio del hotel, me entretuve c
el atavío de la pazEn las grandes ciudades los misterios se siguen tan de cerca unos a otros, que el público lector y los amigos de Juanito Bellchambers han cesado de maravillarse de su repentina e inexplicable desa
el breve debut de tildySi no conoce el “Bogle’s Chop House and Family Restaurant”, usted es el que pierde, pues si es usted uno de los felices mortales que comen en restaurantes caros debiera interesarse en saber cómo c
el califa, cúpido y el relojEl príncipe Michael, del electorado de Valleluna, hallábase sentado en su banco favorito del parque. La frescura de la noche de septiembre animaba la vida en él como un raro vino tónico. Los otros
el código callowayI El Enterprise de Nueva York envió a H. B. Calloway como corresponsal al teatro de operaciones de la guerra rusojaponesa. Durante dos meses Calloway anduvo vagando por Yokohama y Tokio, jugando a
el conde y la invitación a la bodaUna noche, cuando Andy Donovan iba a comer a su casa de huéspedes de la Segunda Avenida, la señora Scott le presentó a una nueva inquilina. Se llamaba la señorita Conway y era una mujer bajita, qu
el escondite de black billEn el andén de la estación de Los Pinos estaba sentado, balanceando las piernas, un hombre larguirucho, fuerte, de cara colorada, napias wellingetonianas y unos fieros ojillos suavizados por blond
el estreno de maggieTodos los sábados por la noche, el Clover Leaf Social Club ofrecía un baile en la sala de la Give and Take Athletic Association, en East Side. Para concurrir a uno de esos bailes se requería ser m
el exterminio del octópodo—Un monopolio industrial o financiero —dijo sentenciosamente Jefferson Peters— tiene la vitalidad que consiente su punto más débil. —Esa es una de tantas fórmulas ininteligibles, como la pregunta:
el filtro de amor de ikey schoensteinLa farmacia droguería Luz Azul está situada hacia la parte baja de la ciudad, entre el Bowery y la Primera Avenida, allí donde resulta más corta la distancia entre las dos calles mencionadas. El e
el guardia y la antífonaSoapy se removió con desasosiego en su banco del Madison Square. Cuando los gansos salvajes graznan en la noche, cuando las mujeres sin abrigo de piel de foca se ponen más cariñosas con sus marido
el impostorI Todo comenzó en Laredo. La culpa fue del Niño del Llano, quien hasta entonces solo había matado gente mexicana. Y eso resultaba un tanto mezquino y oprobioso en las cercanías de Río Grande. Clar
el ladrón de tommyA las diez de la noche, Felicia, la doncella, salió por la puerta de servicio para tomar un refresco de frambuesa en el bar de la esquina, acompañada del policía. Felicia detestaba al representant
el manual de himeneoYo, Sanderson Pratt, que dejo asentado aquí mi testimonio, opino que el sistema educativo de los Estados Unidos debiera estar a cargo de la oficina meteorológica. Me considero en condiciones de of
el marqués y la señorita sallySin saberlo, el viejo Bill Bascom tuvo el honor de ser abatido por el destino el mismo día en que le pasó idéntico incidente al marqués de Borodale. El marqués vivía en Regent Square, Londres, y e
el mundo y la puertaUn medio muy usado para conseguir que el público lea las narraciones que uno escribe, consiste en asegurarle que son verdaderas, añadiendo que la verdad es más extraña que la novela. Y ahora os di
el oro que relucíaUn cuento con moraleja final es como una picadura de mosquito. Después de fastidiarle a uno, le inyecta una gota de escozor para irritarle la conciencia. Por consiguiente, empecemos por la moralej
el péndulo-Calle Ochenta y Uno… Dejen bajar, por favor -gritó el pastor de azul. Un rebaño de ciudadanos salió forcejeando y otro subió forcejeando a su vez. ¡Ding, ding! Los vagones de ganado del Tren Aére
el perfil encantadoHay pocas mujeres califas. Las mujeres son Scheherazadas de nacimiento, por predilección, por instinto y por disposición de las cuerdas vocales. A diario, centenares de miles de hijas de visires l
el poli y el himnoSoapy se removió nervioso en su banco de Madison Square. Cuando los gansos salvajes graznan con fuerza por la noche y las mujeres con abrigos de piel de foca tratan con amabilidad a sus maridos y
el presagioMucho antes de que la primavera haga sentir sus primeros efectos en el obtuso corazón de un rústico, el hombre de la ciudad advierte cuándo la diosa de las verdes hierbas está a punto de sentarse
el que más valíaAnte nuestros dos platos de espagueti, en el restaurante provenzano, Jeff Peters me explicaba cuáles son las tres maneras ilícitas de ganar dinero. Todos los inviernos Jeff iba a Nueva York con el
el recuerdoLa señorita Lynnette D’Armande volvió la espalda a Broadway. No era más que una justa compensación, porque Broadway había vuelto a menudo la espalda a la señorita D’Armande. Con todo, parecía que
el regalo de los reyes magosUn dólar y ochenta y siete centavos. Eso era todo. Y setenta centavos estaban en céntimos. Céntimos ahorrados, uno por uno, discutiendo con el almacenero y el verdulero y el carnicero hasta que la
el rescateLa cosa en principio parecía bien, pero esperen a que se lo cuente todo. Bill Driscoll y yo nos hallábamos en el sur, en Alabama, cuando se nos ocurrió aquella malhadada idea del secuestro. Lo hic
el romance de un ocupado bolsistaPitcher, empleado de confianza en la oficina de Harvey Maxwell, bolsista, permitió que una mirada de suave interés y sorpresa visitara su semblante, generalmente exento de expresión, cuando su emp
el sueñoLa psicología vacila cuando intenta explicar las aventuras de nuestro mayor inmaterial en sus andanzas por la región del sueño, “gemelo de la muerte”. Este relato no quiere ser explicativo: se lim
el teatro es la vidaGracias a mi amistad con un periodista que tenía un par de entradas gratis pude ir a ver, hace dos noches, el espectáculo que daban en una de las salas populares de vaudeville. Uno de los números
el tesoro enterradoHay muchas clases de tontos. ¿Me harán el favor todos los presentes de permanecer sentados hasta que se les llame por su nombre? Yo he pertenecido a todas las clases de tontos, excepto a una. He g
el tiro por la culataLa primavera le hizo un guiño vítreo al editor Westbrook, del Minerva Magazine, y le desvió de su camino. Había comido en su rincón favorito de un hotel de Broadway; y se disponía a regresar a la
el toque de clarínLa mitad de esta historia puede ser hallada en los archivos de la Jefatura de Policía. La otra mitad pertenece a la redacción de un periódico. Una tarde, dos semanas después de haber sido encontra
el triángulo socialA las seis en punto de la tarde Ikey Snigglefritz dejó su plancha. Ikey trabajaba como aprendiz en una sastrería. ¿Por qué ahora serán aprendices todos los sastres? En cualquier caso el hecho era
el tributo del éxitoHastings Beauchamp Morley iba paseando lenta y apaciblemente por Union Square con una mirada de compasión dirigida a los cientos de personas que se encontraban reclinadas en los bancos del parque.
el último de los trovadoresSam Galloway ensilló inexorablemente su potro. Se iba del Rancho Altito después de una permanencia de tres meses. No cabe esperar que un invitado pase en sitio alguno más tiempo que ese cuando la
el valor de un dólarUna mañana, al pasar revista a su correspondencia, el juez federal del distrito de Río Grande encontró la siguiente carta: Juez: Cuando me condenó usted a cuatro años, me endilgó un sermón. Entre
el vestido color púrpuraVamos a examinar las cosas concernientes al matiz conocido como púrpura. Es un color que goza de justo predicamento entre los hijos e hijas de los hombres. Los emperadores lo han considerado por s
entre dos asaltosLa luna de mayo brillaba resplandeciente sobre la casa de pensión de Mrs. Murphy. Consultando el almanaque, se descubrirá una amplia zona sobre la cual sus rayos también caían. La primavera halláb
incursión en la amnesiaAquella mañana mi esposa y yo nos despedimos ateniéndonos exactamente a nuestras prácticas habituales. Dejó a un lado su segunda taza de té para acompañarme hasta la puerta de entrada. Allí sacó d
jimmy hayes y murielI Se había servido la cena y sobre el campamento descendía el silencio que coincide con el momento de enrollar los cigarrillos en sus envolturas de hoja de maíz. Una cercana alberca brillaba en la
la ciencia exacta del matrimonio—Como te he dicho otras veces —dijo Jeff Peters—, nunca he creído en la perfidia de los mujeres. Como asociadas o cómplices, aun en los más sencillas manifestaciones del timo, merecen que se las h
la cuadratura del círculoA riesgo de fatigar a los jóvenes, hay que prologar este relato de emociones vehementes con una disertación sobre la geometría. La naturaleza se mueve en círculos; el arte, en líneas rectas. La na
la duplicidad de hargravesCuando el comandante Pendleton Talbot, de Mobile, señor, y su hija la señorita Lydia Talbot se mudaron a Washington, eligieron como lugar de residencia una casa que estaba a cincuenta metros de un
la habitación amuebladaEn el bajo del West Side existe una zona de edificios de ladrillo rojo cuya población incluye un vasto sector de gente inquieta, trashumante y fugaz. La carencia de hogar hace que estos habitantes
la habitación de la claraboyaMrs. Parker le mostraba a usted primero las dos salas. Usted no se habría atrevido a interrumpir su descripción de las ventajas y los méritos del caballero que las había ocupado durante ocho años.
la lámpara maravillosaDesde luego, la cuestión que planteamos tiene dos facetas. Empecemos por la segunda. Habéis oído hablar a menudo de las “chicas de tienda”. Pero semejantes chicas no existen. Lo que hay son chicas
la máxima renunciaCurly, el vagabundo, se dirigió al mostrador del menú libre. Captó una mirada distraída del tabernero y por un instante se detuvo, intentando adoptar la actitud de un empresario que acaba de comer
la moral en el arte—Jamás pude reducir el espíritu de Andy a los cánones de una legitimidad perfecta en la estafa lisa y llana. Estas palabras salían de los labios de Jefferson Peters. Continuando sus confidencias í
la palma de la mano de tobinTobin y yo, fuimos un día a Coney. Entre los dos poseíamos cuatro dólares y él necesitaba distracciones, pues había perdido de vista a Katie Mahorner, su novia, de County Sligo, cuando ella marchó
la princesa y el pumaPor supuesto, aquí han de figurar un rey y una reina. El rey era un viejo terrible, que usaba espuelas y revólveres de seis tiros y hablaba con voz tan tremenda que hasta las serpientes se escondí
la puerta verdeSupongamos que usted va caminando por el centro, después de cenar; ha asignado diez minutos a la consumición de un cigarro y trata de decidir entre divertirse con una tragedia o ver algo serio, ti
la redención de caliopeCaliope Catesby estaba otra vez alunado; empezaba a atacarle el tedio. Este bendito promontorio, la tierra, y especialmente esa porción conocida por Quicksand, solo era para él una pestilente cong
la reforma recuperadaUn guardián entró en el taller de zapatería de la cárcel, donde Jimmy Valentine estaba remendando laboriosamente unos botines, y lo acompañó a la oficina principal. Allí, el alcaide le entregó a J
la rosa de dixieCuando un complejo de accionistas de Toombs City, Georgia, emprendió la publicación de la revista La Rosa de Dixie, fue imposible para los propietarios pensar en otro candidato que el coronel Aqui
la senda del solitarioMoreno como un grano de café, robusto, provisto de espuelas y pistolas, cauteloso, indomable, vi a mi viejo amigo, Buck Caperton, ayudante del sheriff, caer con un tintineo de espuelas en una sill
la última hojaEn un pequeño barrio al oeste de Washington Square las calles, como locas, se han quebrado en pequeñas franjas llamadas “lugares”. Esos “lugares” forman extraños ángulos y curvas. Una calle se cru
la venganza de cisco kidCisco Kid había matado a seis hombres en pendencias más o menos honestas, había asesinado a dos mexicanos, y había dejado inútiles a otros muchos, a los cuales, modestamente, no se preocupó en con
la voz de la ciudadHace veinticinco años, los colegiales solían recitar la lección con un sonsonete. El estilo con el que pronunciaban aquella salmodia monótona era una mezcla de sermón de obispo y zumbido de aserra
las hermanas del círculo de oroEl coche de excursión estaba listo para marchar. Los alegres viajeros de arriba habían sido ubicados cortésmente en sus asientos por el conductor. La acera estaba bloqueada por curiosos que se hab
las hipótesis del fracasoEl abogado Gooch dedicaba toda su atención al ejercicio y práctica de su carrera. Pero dejaba a su fantasía errar en determinado sentido. Le gustaba comparar los distintos despachos de su oficina
los altibajos de la vidaEl juez de paz Benaja Widdup se sentaba a la puerta del juzgado fumando su pipa. Hasta mitad de camino del cenit, la cordillera de Cumberland alzaba sus cumbres grises azulosas en la neblina de la
los caprichos de la suerteExiste una aristocracia de los parques públicos, e incluso de los vagabundos que los emplean como apartamentos privados. Vallance era un novato en la materia, pero cuando emergió de su mundo para
los caprichos del destinoExiste una aristocracia de los parques públicos, e incluso de los vagabundos que los emplean como apartamentos privados. Vallance era un novato en la materia, pero cuando emergió de su mundo para
los pastelillos de pimientaEstábamos ocupados en un rodeo con el ganado del rancho “Triángulo-O”, junto a las riberas del Frío, cuando una rama saliente de un arbusto seco se enredó a mi estribo de madera haciéndome caer de
magnetismo personalJeff Peters estuvo metido en tantos planes para hacer dinero como recetas para cocinar arroz hay en el pueblo de Charleston. La mejor de todas ellas, que a mí me gusta oírle contar, es aquella de
mammon y el arqueroEl viejo Anthony Rockwall, fabricante retirado y propietario del Jabón Eureka de Rockwall, miró por la ventana de la biblioteca de su residencia de la Quinta Avenida y sonrió. Su vecino de la dere
memorias de un perro amarilloNo creo que ninguno de ustedes vaya a rasgarse las vestiduras por leer un relato puesto en boca de un animal. El señor Kipling y muchos otros buenos escritores han demostrado que los animales son
mientras el auto esperaA principios de primavera la joven vestida de gris volvió, como de costumbre, al quieto rincón del pequeño y silencioso parque. Se sentó sobre un banco y comenzó a leer un libro, porque faltaba me
milagro al atardecerJunto a un puente que, sobre un río internacional, forma la frontera de los Estados Unidos, cuatro hombres armados observaban atentamente, desde dentro de un jacal, a la gente que a intervalos iba
némesis y el vendedor de caramelos-Zarpamos mañana por la mañana, a las ocho, en el Celtic -dijo Honoria, quitándose una hebra de su manga de encaje. -Ya me lo han dicho -declaró el joven Ives, lanzando el sombrero al aire sin log
ni rastro del fantasmaLa señora Kinsolving dijo, patética: —Y llevaba un saco al hombro. La señora Bellamy Bellmore enarcó, comprensiva, las cejas. Así expresaba condolencia y una generosa cantidad de sorpresa. La seño
niños en la selvaMontague Silver, el timador más fino del Oeste, me dijo en cierta ocasión en Little Rock: «Si algún día te fallan los reflejos, Billy, y te sientes demasiado viejo para estafar honradamente a las
pan de brujaLa señorita Martha Meacham era la propietaria de la pequeña panadería que hay en la esquina (esa que tiene tres escalones en la puerta y suena la campanilla cuando abres la puerta). La señorita Ma
pan de brujasLa señorita Martha Meacham era la propietaria de la pequeña panadería que hay en la esquina (ésa que tiene tres escalones en la puerta y suena la campanilla cuando abres la puerta). La señorita Ma
panquequesCuando estábamos arreando un hato de ganado del rancho Triángulo Cero en las hondonadas del Río Frío, mi estribo se enganchó en la rama seca de un mezquite; en consecuencia, se me luxó un tobillo
pasajeros en arcadiaEn Broadway hay un hotel que todavía los organizadores de temporadas veraniegas no han descubierto. Tiene un fondo grande, ancho y fresco. Sus cuartos están terminados en roble oscuro. Las brisas
perdido con traje de desfileMr. Towers Chandler planchaba su traje de etiqueta en su habitación. Una plancha estaba calentándose en un pequeño hornillo de gas; la otra era presionada de arriba abajo, vigorosamente, para obte
por correoNo era ni la estación ni la hora en que el parque se hallaba frecuentado; era muy posible que la joven que estaba sentada en uno de los bancos, al lado del camino, hubiera obedecido simplemente a
primavera a la cartaCorrían los primeros días de la primavera. Nunca jamás se debe comenzar un cuento de este modo, cuando se escribe. No hay apertura peor. Es seca, sin relieve, carente de imaginación y, según todas
psique y el rascacielosSi eres un filósofo puedes hacer lo siguiente: subirte a la cumbre de un edificio alto, mirar hacia abajo a tus semejantes, a cien metros de distancia, y despreciarlos como a insectos. Como los ir
sacrificio de amor«Cuando uno ama el arte que practica, ningún sacrificio parece exagerado». Esta es nuestra premisa. El presente relato extraerá de la misma una conclusión demostrando a la vez que la premisa es fa
secuestro de un rehénI Solo una vez entré en las profundidades de los ámbitos ilegítimos de la vida del fraude. Sí, lo repito; solo una vez contrarié las decisiones de los estatutos establecidos inicié una empresa por
ulises y el perrero¿Sabe usted la hora a que salen los hombres del perro? Cuando el índice del crepúsculo comienza a difumar los claros contornos de la gran ciudad, se inaugura la hora dedicada a uno de los más mela
un amante tacañoEn el Gran Almacén había tres mil chicas. Masie era una de ellas. Tenía dieciocho años y era vendedora en la sección de guantes de caballero. Allí fue donde aprendió a distinguir dos variedades de
un caso departamentalEn Texas cabe viajar mil millas en línea recta. Y si la ruta se acrecienta, entra en lo verosímil suponer que la distancia y la velocidad que uno lleva han aumentado proporcionalmente. Allí las nu
un cosmopolita en un caféA medianoche, el café estaba repleto de gente. Por alguna casualidad, la mesita a la cual estaba yo sentado había escapado a la mirada de los que llegaban, y dos sillas desocupadas, colocadas al l
un error técnicoI Nunca me han interesado especialmente las rencillas entre clanes, tal vez porque creo que en nuestro país son productos aún más sobrevalorados que el pomelo, las riñas callejeras y las lunas de
un hombre de ciudadDos o tres cosas yo deseaba saber. No me importa del misterio. Por consiguiente, comencé a investigar. Me llevó dos semanas averiguar qué llevan las mujeres en sus maletas. Y luego comencé a pregu
un informe municipalEl Este es el Este y el Oeste, según los californianos, es San Francisco. Los californianos no son meros habitantes de un estado; son toda una raza. Son los sureños del Oeste. Es cierto que los de
un orden de la naturalezaEl otro día, en una exposición de arte vi una pintura que se había vendido por la suma de cinco mil dólares. El pintor era un joven insignificante, surgido del oeste, de nombre Kraft, que tenía un
un preso reformadoUn guardián entró en el taller de zapatería de la cárcel, donde Jimmy Valentine estaba remendando laboriosamente unos botines y lo acompañó a la oficina de la mesa de entradas. Allí, el alcaide le
un príncipe del chaparralPor fin eran las nueve y se acababa la esclavizante faena de la jornada. Lena subió a su habitación del tercer piso del hotel Quarryman’s. Desde el amanecer había sido prisionera de las labores, r
un sacrificio por amorCuando uno ama su propio arte, ningún sacrificio parece demasiado arduo. Esa es nuestra premisa. Este cuento extraerá de ella una conclusión y, al mismo tiempo, demostrará que la premisa es incorr
una historia extrañaEn la parte de Austin vivía antaño una honrada familia apellidada Smothers. Consistía la familia en Juan Smothers, su mujer, una hija de cinco años y los padres de ella, lo que justificaba mencion
una historia inconclusaYa no gemimos ni amontonamos cenizas sobre nuestras cabezas cuando se mencionan las llamas de Tophet, porque hasta los predicadores han empezado a decirnos que Dios es radio, o éter, o algún compu
una navidad en el empalmeYellowhammer era un pueblo minero construido básicamente de lona y madera de pino sin desbastar. Cherokee era el padre cívico de Yellowhammer. Era un buscador de filones. Un día, mientras su burro
una tragedia en harlemHarlem. La señora Fink había entrado un momento en casa de la señora Cassidy, que vivía en el piso debajo del suyo. —¿Verdad que esto es magnífico? -dijo la señora Cassidy. Volvió el rostro con or
veinte años despuésEl policía efectuaba su ronda por la avenida con un aspecto imponente. Esa imponencia no era exhibicionismo, sino lo habitual en él, pues los espectadores escaseaban. Aunque apenas eran las 10 de
vocación mesiánicaIba yo paseando por las calles de la Ciudad de la Insolencia, sediento de encontrar algún rostro forastero. Porque la ciudad es un desierto de tipos familiares que forman un conjunto tan tupido y