País Relato - Autores

miguel de unamuno

abuelo y nieto
Volvían al pueblo desde la labor, silenciosos los dos, padre e hijo, como de costumbre, cuando de pronto dijo aquél a éste: —Oye, Pedro. —¿Qué quiere, padre
al correr los años
El lugar común de la filosofía moral y de la lírica que con más insistencia aparece es el de cómo se va el tiempo, de cómo se hunden los años en la eternida
al pie de una encina
Era en un día de bochorno veraniego. Mi hombre se salió al campo, pero con un libro, y fue a tumbarse a la sombre de un árbol, de una encina, a descabezar u
artemio, heautontimoroumenos
El veneno de la víbora, ¿lo es para ella misma? Es decir, si una víbora se picase a sí misma, ¿se envenenaría? Es indudable que hay secreciones externas que
batracófilos y batracófobos
Lo más hermoso de la ciudad de Ciamaña -nombre que los eruditos locales interpretaban como contracción de Ciudad magna-, lo primero que de ella se mostraba
bonifacio
Bonifacio vivió buscándose y murió sin haberse hallado; como el barón del cuento, creía que tirándose de las orejas se sacaría del pozo. Era un muchacho, po
caridad bien ordenada
Uníase en don Elenterio a una honda filantropía trascendental un clarísimo concepto de la función de la beneficencia en la sociedad; y así, encauzados sus s
chimbos y chimberos
– I – Dejaron el escritorio el sábado, al anochecer; como llovía un poco, se refugiaron en la Plaza Nueva, donde dieron la mar de vueltas, comentando el est
cruce de caminos
Entre dos filas de árboles, la carretera piérdese en el cielo, sestea un pueblecillo junto a un charco, en que el sol cabrillea, y una alondra, señera, trep
de águila a pato
Apólogo Hubo allá en remotos tiempos una soberbia águila, reina de las alturas. Tenía su trono sobre un inaccesible peñón, y al pie de éste su nido. Cuando
del odio a la piedad
El viaje aquel de Toribio a Madrid fue un viaje terrible: no podía quitar de la cabeza la innoble figura de aquel Campomanes que tanta guerra le había dado
don bernardino y doña etelvina
Era don Bernardino, aunque soltero, un eminente sociólogo, ya con lo cual queda dicho todo cuanto esencial respecto a él se puede decir. Mas dentro de la so
don catalino, hombre sabio
Fui a ver a don Catalino. Recordarán ustedes que don Catalino es todo un sabio; esto es, un tonto, tan sabio que no ha sabido nunca divertirse y no más que
don martín, o de la gloria
¡Pobre D. Martín! Jamás olvidaré la última conversación que con él tuve. ¡Pobre D. Martín, el antiguo y glorioso escritor, clásico ya en vida! Y este es su
don silvestre carrasco, hombre efectivo
(Semblanza en arabesco) Don Silvestre Carrasco, natural de Carvajal del Monte, es un hombre efectivo. Quiero decir que no es causativo. O más claro -si es q
el abejorro
-La verdad, no le creía a usted hombre de azares -le dije. -¿Por qué? ¿Por lo del abejorro? -me preguntó. Y a un signo afirmativo mío, añadió: -No hay tales
el alcalde de orbajosa
(Etopeya) Nos llevó a Orbajosa el ansia de conocer a su famoso alcalde que se decía ser el primer tocador de ocarina, el primer criador de gansos y el prime
el amor que asalta
¿Qué es eso del amor, de que están siempre hablando tantos hombres y que es el tema casi único de los cantos de los poetas? Es lo que se preguntaba Anastasi
el canto de las aguas eternas
El angosto camino, tallado a pico en la desnuda roca, va serpenteando sobre el abismo. A un lado empinados tormos y peñascales, y al otro lado óyese en el f
el contertulio
A mis compatriotas de tertulia Más de veinte años hacía que faltaba Redondo de su patria, es decir, de la tertulia en que transcurrieron las mejores horas,
el desquite
Después de cavilar muy poco he rechazado el uso que emplea la voz galicana revancha, y me atengo al abuso, quiero decir, al purismo que nos manda decir desq
el diamante de villasola
El maestro de Villasola era perspicacísimo y entusiasta como pocos por su arte; así es que tan luego como entrevió en el muchacho una inteligencia compacta
el dios pavor
Los mendrugos y el pucherito de limosna que Justina arrancaba a la piedad pública, los comían sus padres mascando con ellos el aire nauseabundo del covacho
el espejo de la muerte
Historia muy vulgar ¡La pobre! Era una languidez traidora que iba ganándole el cuerpo todo de día en día. Ni le quedaban ganas para cosa alguna: vivía sin a
el gran duque-pastor
Narraciones siderianas Era gran día en «El Arca», de Sideria. Se celebraba la gran fiesta apocalíptica, el cumplimiento de abracadabrantes profecías. Se tra
el lego juan
Eran tan extrañas las penitencias que se contaban de aquel pobre lego, y tan penetrantes las palabras de mansedumbre que dirigía al pueblo cuando iba mendig
el maestro de carrasqueda
-Discurrid con el corazón, hijos míos, que ve muy claro, aunque no muy lejos. Te llaman a atajar una riña de un pueblo, a evitarle un montón de sangre, y oy
el misterio de iniquidad
(o sea, los Pérez y los López) Juan pertenecía a la familia Pérez, rica y liberal desde los tiempos de Álvarez Mendizábal. Desde muy niño había oído hablar
el misterio inicial de mi vida
Nunca lograré olvidar, ni aunque lo quisiera, lo que podría llamar con toda propiedad el horizonte terrestre de mi historia íntima, de la biografía de mi al
el padrino antonio
¿Qué drama íntimo de amor había vivido Antonio en su mocedad? No aludía a ello nunca aquel cincuentón casamentero que, mientras aconsejaba a los muchachos y
el poema vivo del amor
Un atardecer de primavera vi en el campo a un ciego conducido por una doncella que difundía en torno de sí nimbo de reposo. Era la frente de la moza trasunt
el que se enterró
Era extraordinario el cambio de carácter que sufrió mi amigo. El joven oficial, dicharachero y descuidado habíase convertido en un hombre tristón, taciturno
el secreto de un sino
(Apólogo) Difícil es que haya nacido hombre más bueno que nació Noguera. Pero, desde muy joven, una al parecer misteriosa fatalidad empezó a envenenarle el
el semejante
Como todos huían de Celestino el tonto, tomándolo, cuando más, de dominguillo con que divertirse, el pobrecito evitaba a la gente paseándose solo por el cam
el sencillo don rafael
Cazador y tresillista Sentía resbalar las horas, hueras, aéreas, deslizándose sobre el recuerdo muerto de aquel amor de antaño. Muy lejos, detrás de él, dos
el sencillo don rafael, cazador y tresillista
Sentía resbalar las horas, hueras, aéreas, deslizándose sobre el recuerdo muerto de aquel amor de antaño. Muy lejos, detrás de él, dos ojos ya sin brillo en
en manos de la cocinera
¡Gracias a Dios que iba, por fin, a concluírsele aquella vacua existencia de soltero y a entrar en una nueva vida, o más bien entrar en vida de veras! Porqu
historia de v. goti
-Y bien, ¿qué? -le preguntaba Augusto a Víctor-, ¿cómo habéis recibido al intruso? -¡Ah, nunca lo hubiese creído, nunca! Todavía la víspera de nacer, nuestr
juan manso
Cuento de muertos Y va de cuento. Era Juan Manso en esta pícara tierra un bendito de Dios, una mosquita muerta que en su vida rompió un plato. De niño cuand
la beca
«Vuelva usted otro día…». «¡Veremos!». «Lo tendré en cuenta». «Anda tan mal esto…». «Son ustedes tantos…». «¡Ha llegado usted tarde y es lástima!». Con fras
la bienaventuranza de don quijote
«Hallose el escribano presente, y dijo que nunca había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan soseg
la locura del doctor montarco
Conocí al Dr. Montarco no bien hubo llegado a la ciudad; un secreto tiro me llevó a él. Atraían, desde luego, su facha y su cara, por lo abiertas y sencilla
la manchita de la uña
Procopio abrigaba lo que se podría llamar la superstición de las supersticiones, o sea la de no tenerlas. El mundo le parecía un misterio, aunque de insigni
la revolución de la biblioteca de ciudámuerta
Había en la biblioteca pública de Ciudámuerta dos bibliotecarios que, como apenas tenían nada qué hacer, se pasaban el tiempo discutiendo si los libros debí
la sangre de aitor
De la más pura sangre de Aitor había nacido Lope de Zabalarestista, Goicoerrotaeche, Arana y Aguirre, sin gota de sangre de moros, ni de judíos, ni de godos
la sombra sin cuerpo
Fragmento de una novela en preparación El misterio fiel suicidio de mi padre me atormentaba, como os he dicho, de continuo. En él se encerraba para mí el mi
la venda
Y vio de pronto nuestro hombre venir una mujer despavorida, como un pájaro herido, tropezando a cada paso, con los grandes ojos preñados de espanto que pare
las peregrinaciones de turismundo
La ciudad de Espeja Cuando ya el pobre Turismundo se creía en el páramo inacabable, a morir de hambre, de sed y de sueño al pie de un berrueco, al tropezar
las tribulaciones de susín
La fresca hermosura del cielo que envolvía árboles verdes y pájaros cantores alegraba a Susín, entretenido en construir fortificaciones con arcilla, mientra
los hijos espirituales
¡Con qué mezcla de amargor y de dulzura recordaba Federico los comienzos de su vida de escritor, cuando vivía con su madre, los dos solos! ¡Pobre madre! ¡Co
mecanópolis
Leyendo en Erewhon, de Samuel Butler, lo que nos dice de aquel erewhoniano que escribió el «Libro de las máquinas», consiguiendo con él que se desterrasen c
nerón tiple o el calvario de un inglés
El pobre primo había pasado una noche horrorosa; se encontraba mal, muy mal, no tenía con qué responder a ciertas cuentecillas; es decir, como tener, sí, te
ramón nonnato, suicida
Cuando harto de llamar a la puerta de su cuarto, entró, forzándola, el criado, encontrose a su amo lívido y frío en la cama, con un hilo de sangre que le de
redondo, el contertulio
Más de veinte años hacía que faltaba Redondo de su patria, es decir, de la tertulia en que transcurrieron las mejores horas, las únicas que de veras vivió,
robleda, el actor
Aquel actor, Octavio Robleda, desconcertaba al público. No había podido aprendérselo. En cada nuevo papel se esperaba una sorpresa de su parte. «Llena la es
san manuel bueno, mártir
Ahora que el obispo de la diócesis de Renada, a la que pertenece esta mi querida aldea de Valverde de Lucerna, anda, a lo que se dice, promoviendo el proces
san miguel de basauri en el arenal de bilbao
Nada más grato que recordar las bulliciosas fiestas de los tiempos ingratos para nuestra villa; nada más saludable que evocar la memoria de los raudales de
soledad
Soledad nació de la muerte de su madre: ya Leopardi cantó que es riesgo de muerte el nacimiento, nasce l’uomo a fatica, ed è rischio di morte il nasc
sueño
Cuando conocí a don Hilario no era ya nadie ni hacía nada, resultando un sujeto de los más borrosos y comunes a pesar de su fama de raro. Mas aun así y todo
un caso de longevidad
Amigo lector: Habrás oído alguna vez decir, y sí no lo oyes ahora, aquello de: «Es como Gómez Cid, que ganaba su suelo después de muerto». Pues bien, voy a
una rectificación de honor
Narraciones siderianas -¡Un caballero no debe, no puede tolerar tal ultraje! Al oír lo de caballero, Anastasio inclinó la cabeza sobre el pecho para olfatea
una visita al viejo poeta
En el nutrido sosiego que venía a posarse plácido desde el cielo radiante, iba a fundirse la resignada calma que de su seno exhalaba la vieja ciudad, dormid
ver con los ojos
Era un domingo de verano; domingo tras una semana laboriosa; verano como corona de un invierno duro. El campo estaba sobre fondo verde vestido de florecilla
y va de cuento
A Miguel, el héroe de mi cuento, habíanle pedido uno. ¿Héroe? ¡Héroe, sí! ¿Y por qué? -preguntará el lector-. Pues primero, porque casi todos los protagonis
¡cosas de franceses!
(Un cuento disparatado) Es cosa sabida que nuestros vecinos los franceses son incorregibles cuando en nosotros se ocupan, pues lo mismo es en ellos meterse
¡viva la introyección!
«Lo que nos hace falta, españoles, es la introyección, el más preciado, el más fecundo, el más santo de los derechos humanos. ¿Cómo podemos vivir sin él? Si
«las tijeras»
Todas las noches, de nueve a once, se reunían en un rinconcito del café de Occidente dos viejos a quienes los parroquianos llamaban «Las tijeras». Allí mism
«solitaña»
Canto infantil bilbaíno Érase en Artecalle, en Tendería o en otra cualquiera de las siete calles, una tiendecita para aldeanos, a cuya puerta paraban muchas
¿por qué ser así?
Era terrible, verdaderamente terrible. Si aquello se prolongaba no respondería de sí mismo. «Pero ¡Dios mío! -se decía-, ¿por qué soy así? ¿Por qué soy como