mario benedetti
a imagen y semejanzaEra la última hormiga de la caravana, y no pudo seguir la ruta de sus compañeras. Un terrón de azúcar había resbalado desde lo alto, quebrándose en varios t
acaso irreparableCuando los parlantes anunciaron que las Líneas Centroamericanas de Aviación postergaban por veinticuatro horas su vuelo número 914, Sergio Rivera hizo un ge
almuerzo y dudasEl hombre se detuvo frente a la vidriera, pero su atención no fue atraída por el alegre maniquí sino por su propio aspecto reflejado en los cristales. Se aj
amores de anteayerEn aquel luminoso otoño de 1944, Rodrigo Aznárez recorrió virtualmente toda la República. Le hacía de secretario al doctor Montes, autor de un (según él) re
andamios“…Javier se había aprontado para almorzar a solas en una mesa del fondo. Todavía no había asimilado del todo el relato de Nieves sobre la muerte de Ramón. Q
aquí se respira bien—¿Nos sentamos en éste? —pregunta el Viejo. —Mejor aquél. Tiene más sombra. Por más que nadie intenta arrebatárselo, Gustavo se cree obligado a correr para
autobiografíaEl editor milanés le había dicho que por ahora no le trajera más novelas. Una sabrosa autobiografía, eso sí. Convéncete, muchacho, empezó el boom de las aut
baladaLa primera vez que los vi fue en el Paseo Marítimo. No diré que parecían dos tortolitos, porque él tendría unos treinta y cinco y ella un poco menos, pero s
beatriz, la poluciónDijo el tío Rolando que esta ciudad se está poniendo imbancable de tanta polución que tiene. Yo no dije nada para no quedar como burra pero de toda la frase
beatriz, una palabra enormeLibertad es una palabra enorme. Por ejemplo, cuando terminan las clases, se dice que una está en libertad. Mientras dura la libertad, una pasa, una juega, u
bestiarioLa asamblea anual de la Fauna Artística y Literaria fue convocada, en primera citación, a las 20 horas, y en segunda a las 21, pero sólo se logró el quorum
caramba y lástimaInclinado sobre los canelones a la crema, segundo plato del menú fijo, Ortega vio venir la pelota de miga y tuvo tiempo de echarse atrás. El proyectil rebot
cinco años de vidaMiró con disimulo el reloj y confirmó sus temores. Las doce y cinco. Si no empezaba inmediatamente a despedirse, perdería el último métro. Siempre le sucedí
cleopatraEl hecho de ser la única mujer entre seis hermanos me había mantenido siempre en un casillero especial de la familia Mis hermanos me tenían (todavía me tien
como greenwich—Usted no es mallorquín, ¿verdad? —dice la adolescente desde la mesa vecina. —¿Cómo? ¿Qué? —se sobresalta Quiñones y casi se atora con el jerez seco. —¿Lo a
como siempreA María Luisa no le agradaba que la interrumpieran. Por lo demás, a nadie le agradaba interrumpirla. Sin embargo, cuando esta vez descendió a referirse a “e
como un ladrónYo vivía relativamente cómodo, acaso porque no se me había ocurrido creer en Dios. Ahora sé que muy pocos están en condiciones de aceptar esto que de tan se
compensacionesPedro Luis le llevaba un año a Juan Tomás, pero eran tan exactamente iguales que todos los tomaban por mellizos. Además, como Pedro Luis se había atrasado u
conciliar el sueñoLo que ocurre, doctor, es que en mi caso los sueños vienen por ciclos temáticos. Hubo una época en que soñaba con inundaciones. De pronto los ríos se desbor
conversa—Perdón. ¿Puedo sentarme aquí, contigo, a terminar esta cerveza? —Sí, claro. —Mi nombre es Alejandro. —Ah. —Alejandro Barquero. —Está bien. Yo soy Estela. —
corazonadaApreté dos veces el timbre y en seguida supe que me iba a quedar. Heredé de mi padre, que en paz descanse, estas corazonadas. La puerta tenía un gran barrot
datos para el viudo1. Hubiera deseado que no quedase nadie, que todos —los ofendidos, los desconcertados, los alegres— estuvieran de nuevo en sus casas suspirando de tranquili
de puro distraídoNunca se consideró un exiliado político. Había abandonado su tierra por un extraño impulso que se fraguó en tres etapas. La primera, cuando lo abordaron suc
déjanos caer¿Van Daalhof? Mucho gusto. ¿Así que Arcosa le dio mi teléfono? ¿Está bien el hombre? Hace años que no lo veo. Aquí en la tarjeta dice que usted quiere tema
el altilloEstá allá arriba. Lo veo desde aquí. Siempre quise un altillo. Cuando tenía nueve años, cuando tenía doce. Lo veo desde aquí y es bueno saber que existe. Ti
el cambiazoMierda con ellos. Me las van a pagar todas juntas. No importa que, justo ahora, cuando voy a firmar la decimoctava orden de arresto, se me rompa el bolígraf
el césped1. El césped. Desde la tribuna es un tapete verde. Liso, regular, aterciopelado, estimulante. Desde la tribuna quizá crean que, con semejante alfombra, es i
el fin de la disneaAparte de sus famas centrales y discutibles (fútbol, parrillada, llamadas del Barrio Palermo), Montevideo incluye otra anexa celebridad, ésta sí indiscutibl
el hombre que aprendió a ladrarLo cierto es que fueron años de arduo y pragmático aprendizaje, con lapsos de desaliento en los que estuvo a punto de desistir. Pero al fin triunfó la perse
el hotelito de la rue blomerQuizá se debiera a la vieja costumbre de no reconocerse en público. Lo cierto es que en el métro no se hablaron. De vez en cuando él la miraba y ella esboza
el niño cinco mil millonesEn un día del año 1987 nació el niño Cinco Mil Millones. Vino sin etiqueta, así que podía ser negro, blanco, amarillo, etc. Muchos países, en ese día eligie
el otro yoSe trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz,
el presupuestoEn nuestra oficina regía el mismo presupuesto desde el año mil novecientos veintitantos, o sea desde una época en que la mayoría de nosotros estábamos lucha
el profetaEl profeta lo dijo en la plaza: «Dentro de veinte años el Señor descenderá nuevamente a la tierra. Y habrá justicia», pero los descreídos le gritaron: «Es m
el puercoespín mimoso—Esta mañana —dijo el profesor— haremos un ejercicio de zoomiótica. Ustedes ya conocen que en el lenguaje popular hay muchos dichos, frases hechas, lugares
el reino de los cielosLlegaron a Salidas Internacionales de Barajas con el tiempo justo, de modo que tuvieron que situarse de inmediato en la cola de Iberia, vuelo 987 a Buenos A
el resto es selva1. De un piso alto cayó algo sobre su cabeza, algo que quizá fueran brasas o excremento. No quiso averiguarlo. Se limpió como pudo con una hoja del Herald T
el ruido y la imagenLo dijeron y lo repitieron esclarecidos portavoces de Algo: «Se acabó la escritura. La literatura está condenada a morir. De ahora en adelante sólo existirá
el sexo de los ángelesUna de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas se relaciona con el sexo de los ángeles. El d
en cenizas derribadoPor tercera vez sueña con la mesa pulida y larga, y aquellos diez o doce rostros que lo enfrentan, unos interrogantes, otros agresivos y otros más con ojos
envíoEste libro, en el que he trabajado los últimos cinco años, es algo así como un entrevero: cuentos realistas, viñetas de humor, enigmas policíacos, relatos f
esa bocaSu entusiasmo por el circo se venía arrastrando desde tiempo atrás. Dos meses, quizá. Pero cuando siete años son toda la vida y aún se ve el mundo de los ma
escrito en überlingenNo es que la perspectiva me haga feliz, pero hace una semana pensaba que iba a ser difícil y en cambio ahora estoy convencido de que es viable. ¿Por qué he
escuchar a mozartPensar, capitán Montes, que hubieras podido seguir durmiendo tu siesta. En realidad, estás cansado. Hay que reconocer que la faena de anoche fue dura, con e
esoAl preso lo interrogaban tres veces por semana para averiguar «quién le había enseñado eso». Él siempre respondía con un digno silencio y entonces el tenien
esta mañanaLo han arrojado del sueño con la piel estirada, los ojos desmesuradamente abiertos a la luz inmóvil que aletarga el cuarto. Puede reconocerse, sin embargo,
estornudoCuando Agustín sintió un fuerte dolor en el pecho, anunció de inmediato a sus familiares: «Esto es un infarto». Sin embargo, el médico diagnosticó aerofagia
fábula con papaDoblé la esquina y el Papa estaba allí, solo y bostezando, con su atuendo blanquísimo, recostado en la pared de ladrillos. Siempre supe que lo iba a encontr
fidelidadesA sus treinta y cinco años, Ileana Márquez tenía marido (Dámaso) y amante (Marcos). Saberse querida, o al menos deseada por ambos, no le causaba la menor an
fin de semanaEsperó al padre en la puerta de la escuela. Como todos los viernes. A partir del divorcio, Fernando vivía con su madre, pero los fines de semana eran del pa
firmó doscientas mil1. El 21 de noviembre de 1975, Buenos Aires empezó siendo una mañana fría, soleada, menos húmeda que de costumbre. Como todos los viernes, las calles del ce
ganas de embromarAl principio no quiso creerlo. Después se convenció, pero no pudo evitar el tomarlo a la chacota. El ruidito (a veces, como de fichas que caían; otras, como
geografíasPavadas que uno inventa en el exilio para de algún modo convencerse de que no se está quedando sin paisaje, sin gente, sin cielo, sin país. Las geografías,
gracias, vientre leal“A nadie”, le había dicho el Colorado, “a nadie, ni siquiera a tu mujer. ¿Estamos?” Y él había contestado: “Estamos”. “Ni el menor indicio, ¿eh? Bastante ca
graffiti sin murosLas modas pasan, los escombros quedan. * De todos los ismos sólo queda el abismo. * Los parricidas son huérfanos precoces. * Yankee stay home. * Más vale es
hay tantos prejuiciosPor lo menos habían transcurrido quince años sin que Ignacio supiera nada de Martín o de Alfonso. Nada, de modo directo, claro, ya que indirectamente le hab
hermanitoEstoy segura de que no figuraba en tus previsiones recibir una carta de tu hermana Rita. Pues aquí estoy, todavía viva, aunque en alguna ocasión no quise es
hoy y la alegríaPoco importaba que no fuera domingo ni primavera. Igual me sentía dispuesto a que algo extraordinario me purificase. En realidad, son pocos los días en que
idilioLa noche en que colocan a Osvaldo (tres años recién cumplidos) por primera vez frente a un televisor (se exhibe un drama británico de hondas resonancias), q
inocenciaYa es bastante haber llegado a la cornisa y ver la calle, abajo, sin que se me vaya la cabeza. Hay un hombre remoto que fuma junto al farol y de tanto en ta
josé nomás1. A las diez de la mañana, Isabel Ríos abre un solo ojo. Enseguida lo cierra para convencerse de que duerme aún. Tuvo una madrugada embarazosa, con alcohol
jules y jimFue un sábado de tarde, en plena siesta, cuando sonó la primera llamada. Aún medio aturdido, había alargado el brazo hasta el teléfono, y una voz masculina,
la colección—Tranquilo, tranquilo —dijo el Flaco. Alberto no podía apartar los ojos del arma que lo apuntaba. Tampoco podía hablar. Estaba realmente asustado. Los otros
la expresiónMilton Estomba había sido un niño prodigio. A los siete años ya tocaba la Sonata Nº 3 Op. 5, de Brahms, y a los once, el unánime aplauso de la crítica y del
la familia iriarteHabía cinco familias que llamaban al Jefe. En la guardia de la mañana yo estaba siempre a cargo del teléfono y conocía de memoria las cinco voces. Todos est
la guerra y la pazCuando abrí la puerta del estudio, vi las ventanas abiertas como siempre y la máquina de escribir destapada y sin embargo pregunté: “¿Qué pasa?” Mi padre te
la lluvia y los hongos1. ¿Sinceridad? Cuidado con la palabrita. Por lo pronto, querida, no era este nuestro convenio de hace cuatro horas. ¿Recordás lo que dijimos? No existe el
la muerteConviene que te prepares para lo peor. Así, en la entonación preocupada y amiga de Octavio, no solo médico sino sobre todo excompañero de liceo, la frase so
la noche de los feos1 Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca jun
la sirena viudaA partir de 1980, yo había estado varias veces en Copenhague y siempre había cumplido con el rito de rendir homenaje a la legendaria sirenita de Eriksen. De
la vecina orilla1. No sé por qué, pero cuando los viejos fueron a despedirme a Carrasco, y sobre todo cuando iba camino del avión y miré hacia arriba y los vi juntos, y a l
la vereda altaSi yo hubiera tenido padre y madre, todo habría sido diferente. Pero mi familia era una abuela materna, y una abuela materna no alcanza para nada. Además, a
la vieja inocenciaQuerida Isabel: Me decidí a escribirte porque estamos viejos (al menos yo lo estoy), solos, y con un océano de por medio. Un océano que también es de suceso
la vísperaHacía por lo menos veinte años que Aníbal Sastre conocía a Bernardo Giudice y Amanda Doria. Ni uno ni otra integraban el círculo más o menos estrecho de sus
larga distancia—Hola. ¿Quién? —Buenos días. ¿René? —Sí. ¿Quién es? —No importa quién soy. —¿Cómo que no importa? —Verás que no. —Un momento. Quiero saber con quién estoy h
las persianasMarcelo llegó como todas las noches a su apartamento de solo. Lentamente se fue despojando: sobre la mesita dejó el llavero, el bolígrafo, los lentes, la bi
lázaroUn tal Lázaro Vélez se incorporó en su tumba, se despojó lentamente de su sudario, abandonó el camposanto y empezó a caminar en dirección a su casa. A medid
lejanos, pequeñísimos«¿Y eso por qué?», preguntó Montse en su tercera sesión de café montevideano. «Sencillamente porque la dictadura nos dejó una herencia de mezquindad», respo
lingüistasTras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices
llamaré a mauricioAliiiirio. Aliiiirio Bengoa. Demasiado clamor para ser escuchado a las siete y media de la mañana. Pero allí está el hombre, agitando los brazos desde la ve
los astros y vosHijo de un maestro primario y de una costurera; delgado, de buena estatura, ojos oscuros y manos suaves, podía haber pasado por un habitante promedio de Ros
los bomberosOlegario no sólo fue un as del presentimiento, sino que además siempre estuvo muy orgulloso de su poder. A veces se quedaba absorto por un instante, y luego
los novios1. Al principio yo la saludaba desde mi vereda y ella me respondía con un ademán nervioso e instantáneo. Después se iba a los saltos, golpeando las paredes
los pocillosLos pocillos eran seis: dos rojos, dos negros, dos verdes, y además importados, irrompibles, modernos. Habían llegado como regalo de Enriqueta, en el último
los vecinosCuando mi padre se arruinó con la farmacia de Tacuarembó, la familia pasó, casi sin transición, de la vida confortable a la casi miseria. Fuimos a dar a una
los viudos de margareth sullavanUno de los pocos nombres reales que aparecen en mis primeros cuentos [«Idilio», «Sábado de gloria»] es el de Margaret Sullavan. Y aparece por una razón senc
los williams y los peabodyPor segundo año consecutivo, los Williams y los Peabody se encontraban en el agosto de Puerto Pollensa. Como tantos ingleses, franceses, escandinavos, se se
maison lucrèceOiga, che —me dijo Medardo Robles, a eso de las dos de la madrugada, en el Café y Bar La Redoblona, mientras empinaba despacito su quinto o sexto espinillar
manualidadesEn las puertas de hoy ya no se usan, pero en las viejas puertas había siempre alguna mano (de hierro, de bronce) que era antes que nada un llamador. A Inés
más o menos custodioQuien primero le habló del Ángel fue el tío Sebastián. Mucho antes de que el Ángel apareciera. Quien primero negó al Ángel fue el tío Eduardo. Pero Ana Marí
memoria electrónicaTodas las tardes, al regresar de su trabajo en el Banco (sección Valores al Cobro), Esteban Ruiz contemplaba con deleite su nueva adquisición. Para el joven
miles de ojosDesde temprano habían menudeado las llamadas de felicitación. Para el ex torturador (todavía no se sentía cómodo con esa partícula: ex) ya no había peligro.
miss amnesiaLa muchacha abrió los ojos y se sintió apabullada por su propio desconcierto. No recordaba nada. Ni su nombre, ni su edad, ni sus señas. Vio que su falda er
mucho gustoSe habían encontrado en la barra de un bar, cada uno frente a una jarra de cerveza, y habían empezado a conversar, al principio, como es lo normal, sobre el
musak«A la porra. Y gangrena». Así dijo, textualmente. Un disparate. Lo de «a la porra», vaya y pase. Aunque hay modos más claros de decirlo, no te parece? Pero
no era rocíoSiempre había sido animal de ciudad y disfrutaba siéndolo. Era evidente que lo estimulaban las complejidades y las vibraciones de ese laberinto, el olor a g
no ha claudicadoMuchas noches había cumplido en sueños esto que ahora hacía: apretar el botón del timbre en la vieja casa de Millán. Siempre se despertaba rencoroso, fastid
no tenía lunares1. La otra cabeza en la almohada. Rafael mira hacia arriba, rígido. Cuando despierte no sabrá dónde se halla. Luego ella dirá. «Querido», y todo volverá a s
oh quepis, quepis, qué mal me hiciste1. El obrero le dijo al militar progresista: “Buenas intenciones tal vez, pero serás mandón hasta la muerte”. El militar progresista le dijo al blanco nacio
orden del díaEn la ciudad de Montevideo, a las nueve horas y cuarenta minutos del día quince de mayo del año mil novecientos ochenta y siete, se reúne el Directorio de A
pacto de sangreA esta altura ya nadie me nombra por mi nombre: Octavio. Todos me llaman abuelo. Incluida mi propia hija. Cuando uno tiene, como yo, ochenta y cuatro años,
pénduloEl primero de sus llantos fue poderoso y traspasó fácilmente las cuatro paredes, cubiertas de pálidas guirnaldas. Después de todo, nacer siempre ha sido imp
pequebúLe parecía a veces que sus propios gritos salían de otra garganta, y solo entonces lograba situarse más allá del dolor estéril, feroz. Aunque su cuerpo se e
persecutaComo en tantas y tantas de sus pesadillas, empezó a huir, despavorido. Las botas de sus perseguidores sonaban y resonaban sobre las hojas secas. Las omnipot
puentes como liebres1. Había oído mencionar su nombre, pero la primera vez que la vi fue un rato antes de subir al vapor de la carrera. Mis viejos y mis hermanas habían venido
puntero izquierdoVos sabés las que se arman en cualquier cancha más allá de Propios. Y si no acordate del campito del Astral, donde mataron a la vieja Ulpiana. Los años que
recuerdos olvidados1. Ésta debe ser la trigésima despedida. Es un trámite que Fernando Varengo conoce de sobra. Como testigo, claro; no como viajero. Asistir a la normal y apa
relevo de pruebasHoy traigo dos pecados, padre. ¿Sabe cuál es el número uno? Que no me confieso ni comulgo desde hace dos años. El número dos es más complicado, y además muy
réquiem con tostadasSí, me llamo Eduardo. Usted me lo pregunta para entrar de algún modo en conversación, y eso puedo entenderlo. Pero usted hace mucho que me conoce, aunque de
retrato de elisaHabía montado en el caballo del presidente Tajes; había vivido en una casa de quince habitaciones con un cochero y cuatro sirvientas negras; había viajado a
rutinasA mediados de 1974 explotaban en Buenos Aires diez o doce bombas por noche. De distinto signo, pero explotaban. Despertarse a las dos o las tres de la madru
sábado de gloriaDesde antes de despertarme, oí caer la lluvia. Primero pensé que serían las seis y cuarto de la mañana y debía ir a la oficina pero había dejado en casa de
salvo excepcionesEn la sala repleta circuló un aire helado cuando don Luciano, con todo el peso de su prestigio y de su insobornable capacidad de juicio, al promediar su con
san petersburgoEl marciano llegó en una nave reducida, casi portátil, algo así como un Volkswagen del espacio. Además de su propia lengua, sólo hablaba inglés, pero no el
se acabó la rabiaAunque la pierna del hombre apenas se movía, Fido, debajo de la mesa, apreciaba grandemente esa caricia en los alrededores del hocico. Esto era casi tan agr
siestaNicolás siempre había sabido los datos verdaderos de aquel personaje singular, pero el nombre de guerra era Gabriel y así había que nombrarlo. Alguna vez (d
sobre el éxodoEs obvio que el éxodo empezó por razones políticas. En el extranjero los periodistas empezaron a escribir que en el paisito la atmósfera era irrespirable. Y
su amor no era sencilloLos detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía
tan amigos—Bruto calor —dijo el mozo. Pareció que el tipo de azul iba a aflojarse la corbata, pero finalmente dejó caer el brazo hacia un costado. Luego, con ojos de
tangoEstaba tan borracho que no llegó haciendo eses sino equis. La casa (su casa) estaba vacía, oscura, abandonada. Quizá por eso pudo llegar indemne hasta la me
terapia de soledadQuerido mío: Aquí estoy, en mi isla, que no es exactamente eso, ya que no está rodeada de mar sino de vegetación, de árboles, de campo propiamente dicho. Pe
todo lo contrario—Veamos —dijo el profesor—. ¿Alguno de ustedes sabe qué es lo contrario de IN? —OUT —respondió prestamente un alumno. —No es obligatorio pensar en inglés. E
todos los días son domingosLa campanilla del despertador penetra violentamente en un sueño vacío, despojado, en un sueño que solo era descanso. Cuando Antonio Suárez abre los ojos y a
traduccionesSiempre le pasaba lo mismo. Cuando alguien traducía uno de sus poemas a una lengua extranjera (al menos, de las que él conocía), sus propios versos le sonab
transparenciaDesde la muerte de Jorge, Claudia venía todas las tardes a recostarse en esta baranda, como si le agradara contemplar el río de gente. Hombres maduros con s
triángulo isóscelesEl abogado Arsenio Portales y la ex actriz Fanny Araluce llevaban doce apacibles años de casados. Desde el comienzo, él le había exigido a Fanny que dejara
truth on the rocksAmílcar, viejo compinche: Te extrañará recibir esta carta quilométrica, pero a alguien tengo que contarle mi historia y por algo sos mi amigo, ¿no? Vos bien
un boliviano con salida al marNunca he podido confirmarlo, pero dicen que en plena guerra de las Malvinas le preguntaron a Borges qué solución se le ocurría para el conflicto, y él, con
un reloj con números romanos¿Te llama la atención mi reloj? ¿Verdad que es lindo? A mí siempre me gustaron los relojes con números romanos. ¿Crees que está atrasado porque marca las on
vaivénComo casi siempre, al descubrirse, el desnudo y la desnuda se asombran de sus desnudeces. Como casi siempre, éstas son mejores que las de la memoria. Por su
vení pigmaliónA las diez de la mañana el Jefe de Redacción lo había llamado a su despacho y él captó de inmediato que el gesto era severo. Gilardi, voy a encargarle una n
verde y sin paulaCuando se incorpora en la arena, dobla cuidadosamente la toalla, respira con fruición, camina hasta la orilla y se introduce lentamente en el mar, siente qu
¿quién mató a la viuda?La prensa le había dado al crimen una cobertura destacadísima, casi escandalosa. El hecho de que la señora de Umpiérrez (argentina, natural de Córdoba) fuer