PAIS RELATO

Libros de manuel romero de terreros

Autores

manuel romero de terreros

el amo viejo
La familia Hernández de Sandoval, opulenta hace diez años y hoy casi en la miseria, era una de las más respetables de la ciudad de México. Como base principal de su fortuna figuraban las extensas
el cofre
A Jesús Reyes Ferreira Las trémulas llamaradas, que el fuego de la chimenea despedía, hacían oscilar fantásticamente, sobre las paredes del aposento, la sombra del viejo don Alejandro. Arrebujado
el papagayo de huichilobos
Cuando el Duque de Ayamonte me nombró bibliotecario y archivero de su ilustre casa, creí que mi vida iba a deslizarse tranquilamente en los bajos de su palacio de Madrid; y hasta vi en lontananza
el reportazgo
Comprendo que ustedes los reporteros tengan deberes para con sus lectores y que, por lo tanto anden siempre a caza de noticias; pero, como soy enemigo de repeticiones, quiero que el diario que ust
el sombrero del rey de tibotú
El Rey de Tibotú tenía (naturalmente) tres hijos. El mayor se llamaba Chapachapa, el segundo Chopochopo, y el menor Chipichipi. El rey era muy rico: poseía diez y siete sombrillas de todos colores
fray baltasar
Fray Baltasar estaba perplejo ante su pupitre, en el scriptorium del monasterio. Hora tras hora, había querido reproducir sobre el estirado trozo de vitela que tenía delante, aquellas iluminacione
la puerta de bronce
Sentado en un amplio sillón de velludo carmesí, al lado de ancha ventana, el Cardenal de Portinaris estaba dictando su testamento. A la primera cláusula que contenía su profesión de Fe, había logr
los jugadores de ajedrez
I Angustias, india tarasca de raza pura, era maestra en el difícil arte de cuidar y entretener a los niños. Durante varios años sirvió en mi familia, prodigando sus cuidados, sucesivamente, a los
similia similibus
Como ya murió el célebre homeópata Dr. Idiáquez, puedo divulgar el secreto que me impuso bajo mi palabra. Hace precisamente diez años que principió la extraña dolencia que motivó mi visita a aquel
tristis imago
Hablábamos, mi amigo y yo, de cosas indiferentes y triviales. El sol, próximo a desaparecer, arrojaba sobre la tierra una luz cálida y rojiza, y el bochorno que entraba por la abierta ventana pare
un hombre práctico
El Padre Ministro de la Casa de Novicios de la Compañía de Jesús en Espadal era pequeñín, de rostro colorado, cabello blanco y expresión risueña. Decíase que en su juventud tuvo trato con las Musa