manuel rojas
bandidos en los caminosPancho el Largo y su antiguo camarada de aventuras, el Huaso Blanco Encalada, tenían que realizar aquella noche una pequeña y delicada diligencia. Separados
canto y baileLos muebles de aquel salón de baile eran tapizados con brocato color rojo; rojo era también el papel que cubría las paredes y roja la alfombra que, después
el bonete maulinoDurante una correría que hice por las orillas del Río Claro hasta su unión con el Maule, atravesando a caballo arte de la provincia de Talca, marchando a tr
el cachorroCuando la locomotora lanzó un breve pitazo, algunos pañuelos colorados, grandes y a cuadros, ondearon en las ventanillas, hubo algunos gritos de adiós y el
el colo coloNegra y fría era la noche en torno y encima del rancho de José María Pincheira, uno de los últimos del fundo Los Perales. Eran ya más de las nueve y hacía r
el colocoloNegra y fría era la noche en torno y encima del rancho de José Maria Pincheira, uno de los últimos del fundo Los Perales. Eran ya más de las nueve y hacía r
el delincuenteYo vivo en un conventillo. Es un conventillo que no tiene de extraordinario más que un gran árbol que hay en el fondo de su patio, un árbol corpulento, de t
el fantasma del patioA las diez y media de la noche, la señora Fortunata, cansada del trajín del día, se acostó. Era una viejecilla ya sexagenaria, pero animosa y locuaz, un poc
el hombre de la rosaEn el atardecer de un día de noviembre, hace ya algunos años, llegó a Osorno, en misión catequista, una partida de misioneros capuchinos. Eran seis frailes
el león y el hombreEn lo más alto de una montaña y en un chiflón que un minero abrió al seguir una veta mineral que se agotó pronto, vivían el León viejo y su hijo. Para el pr
el rancho en la montañaEl rancho estaba situado frente al desfiladero y era la primera habitación que se encontraba al salir de la estrecha y profunda garganta. Para llegar era pr
el trampolínHay mucha gente que no cree en la suerte. Dicen que todo está determinado y que no sucede nada que no obedezca a leyes fijas, invariables, que provocan tale
el vaso de lecheAfirmado en la barandilla de estribor, el marinero parecía esperar a alguien. Tenía en la mano izquierda un envoltorio de papel blanco manchado de grasa en
hijo de ladrónPrimera parte 1 ¿Cómo y por qué llegué hasta allí? Por los mismos motivos por los que he llegado a tantas partes. Es una historia larga y, lo que es peor, c
historia de hospitalA las doce y media de la noche, Raúl González, que dormía en su pieza de interno del Hospital San Rafael, despertó violentamente. Se sentó en la cama y balb
la aventura de mr. jaivaCuando Mr. Jaiva apareció a la entrada de la pista, un sordo murmullo se levantó de las galerías y plateas, pasó rozándolo como una enorme y pesada ola, y d
la compañera de viaje—¡Eh, tú diplomático! Cuéntanos algo. Una aventura sentimental, diplomática, política, de cualquier orden que sea, pero cuéntanos algo. Rodolfo, el gringo R
la suerte de cucho vialCucho Vial estaba de suerte esa noche. Llegado a Osorno a las diez de la mañana de un día jueves, con cinco mil pesos en la cartera, a la una de la mañana d
lagunaDe aquella época de mi vida, ningún recuerdo se destaca tan nítidamente en mi memoria y con tantos relieves como el de aquel hombre que encontré en mis corr
mares libresLa Skúa, entre pardo y ocre sucio la color, vivísimo el ojo, ancha de pecho, pico de matarife, vuela y revuela sobre la bahía. Desde donde vuela y revuela t
nochebuena en santiagoMi nombre es Augusto, aunque mis parientes y amigos me llamen Tito, diminutivo que no sé si se debe al cariño que me tienen o a la apreciación de mi corta e
oro en el surPor un momento pareció que la silla iba a derrumbarse o por lo menos quedar como desjarretada, mas no ocurrió así: crujió y hasta se arqueó, pero se mantuvo
pancho rojasNo podría decir a qué hora murió Pancho Rojas. Sospecho que murió al amanecer, instante que me parece el más angustioso para morir: irse cuando nace el nuev
pedro el pequenero—Este era un rey que tenía… —¡Ya salió con la tonada de siempre! Este era un rey que tenía. —Cuente algo que no sea de reyes, pues, señor. —Sí, pues, don Vi
poco sueldoLas oficinas de administración de aquella empresa se componen de tres habitaciones que ocupan el lado derecho de los bajos del edificio. El izquierdo está o
un espíritu inquietoAquella mañana Pablo González estrenaba un magnífico sobretodo azul. A las ocho de la mañana, después de colocárselo encima de su traje claro de días de fie
un ladrón y su mujerUna tarde de principios de invierno, en aquel pueblo del sur, una mujer apareció ante la puerta de la cárcel. Era una mujer joven, alta, delgada, vestida de
un mendigoFue un día de invierno, alumbrado por un sol transparente y seco, color tafetán, cuando Lucas Ramírez, después de franquear la puerta del hospital, se encon
una carabina y una cotorraHay seres que nunca harán nada digno de mirar o de considerar. En la mayoría de los casos, no será suya la culpa: no han tenido preparación ni oportunidad p
zapatos subdesarrollados—¿Su nombre? La visitadora social se inclina sobre la enferma, que hiede a sangre y a sudor y que no responde. —Rufina Sánchez —dice la mujer que está a su