manuel díaz rodríguez
cuento áureoPsiquis, mujer al cabo, era imprudente y curiosa. Mil desventuras le costó su primera curiosidad, cuando quiso ver el rostro del amante dormido y una gota de aceite escapada de la funesta lámpara
cuento azulCuentan las crónicas del cielo —y estas crónicas las he leído en el cielo azul de unos ojos— que el Señor de los mundos y Padre de los seres ocupa altísimo trono, hecho de un solo enorme zafiro ta
cuento blancoLa abuela estaba muy pálida y triste. Una fiebre sorda minaba su vida y hacía brillar extrañamente sus ojos bajo los cabellos albos. Reclinada en el cómodo sillón de respaldo muelle, veía hacia el
las ovejas y las rosas del padre serafín-¡Ya lo traen! ¡Ya lo traen! -¿Por dónde? -Por el cementerio. Dicen que lo alcanzaron en el cementerio. La multitud, fatigada, nerviosa de tanto esperar, se arremolinó y empezó a deshacerse. La ma