manuel a. alonso
1833-1883¿Perdemos o ganamos? Cuando hago la pregunta y comparo las dos fechas que encabezan este artículo, acuden a mi mente infinitos recuerdos de hechos que he presenciado en el espacio de cincuenta año
agapito avellanedaI Conocí hace mucho tiempo a don Jaime Rocafort, catalán como su apellido, emprendedor y activo como catalán, y económico y cumplidor de sus tratos como hombre honrado que aspira a adquirir fortun
el jíbaro en la capitalDon José de los Reyes Pisafirme es uno de mis buenos y antiguos amigos. En el pueblo de Caguas donde él nació y adonde fueron a vivir mis padres cuando yo contaba tres años de edad, asistimos junt
el pájaro maloSi el lector ha hecho alguna vez el camino de Caguas a la capital de Puerto Rico, recordará el hermoso valle que media entre la cuesta de Quebrada-Arenas, y el cerro llamado de la Mesa; valle amen
el sueño de mi compadreComo no podía menos de suceder en la tierra clásica de los compadres, tengo yo varios y entre ellos uno que con el necesario permiso, presento a mis lectores. Llámase don Cándido y le cuadra perfe
la galleraPuede pasar un pueblo de la isla de Puerto Rico sin espectáculos públicos de toda clase, y si fuera preciso sin alcalde, regidor ni nadie que gobernase en él; pero jamás pasaría sin un ranchón gra
la linterna mágicaUna de las cosas que distinguen mi carácter, y que en él sirven de contraste a ciertos arranques impetuosos, es la grandísima flema con que muchas veces me detengo, aun en los parajes más públicos
la negrita y la vaquitaEra una mañana de cierto mes y año que corría en los tiempos en que la autoridad civil y militar de la Isla de Puerto Rico se denominaba “capitán general” y no “gobernador general” como al present
perico pacienciaTratábase de celebrar la fiesta del santo patrón de un pueblo de esta Isla, y siguiendo la costumbre establecida en casos semejantes, comenzó el Alcalde por abrir una suscripción en la que pronto