País Relato - Autores

luigi pirandello

berecche y la guerra
I La cervecería Afuera, otro sol. Calles del sur, bajo el azul ardiente del cielo, cortadas por sombras violentas y amoratadas. Y la gente que pasa, cargada
con otros ojos
Desde la amplia ventana, abierta hacia el jardín colgante de la casa, se veía, como posada sobre el azul vivo de la fresca mañana, una rama de almendro flor
cuando se comprende
Los pasajeros que llegaron a Fabriano desde Roma en el tren nocturno tuvieron que esperar al amanecer para proseguir su viaje por la región de Le Marche en
cuando se ha entendido el juego
¡Toda la suerte a Memmo Viola! Y se la merecía realmente aquel buen Memmone, que espantaba a las moscas de la misma manera como miraba a su mujer, es decir,
el otro hijo
—¿Ninfarosa está en casa? —Sí. Llame a la puerta. La vieja Maragrazia llamó, y luego se sentó, muy despacio, sobre el sucio escalón de entrada. Aquel escaló
el tren ha silbado
Desvariaba. Los médicos habían dicho que se trataba de un principio de fiebre cerebral; y todos los compañeros de trabajo, que volvían de dos en dos del man
hilo de aire
Brillo de ojos, de pelo rubio, de bracitos, de piernitas desnudas, arranque de risa que, refrenado en la garganta, se expresa en risitas breves y agudas: aq
la casa de la agonía
Sin duda el visitante, al entrar, había dicho su nombre, pero la vieja negra renqueante que había venido a abrirle como una mona con delantal, o no había en
la corona
El doctor Cima se detuvo a la entrada del jardín público que surgía en la colina a la salida del pueblo; permaneció un rato mirando la rústica cancilla de u
la señora frola y el señor ponza, su yerno
Pero, en fin, ¿se imaginan? Hay para volverse locos de verdad, sin saber quién está más loco de los dos, si esta señora Frola o este señor Ponza, su yerno.
la tinaja
Aquella cosecha había sido abundante también en olivas. Ramas fructíferas, cargadas el año anterior, habían conseguido fortalecerse pese a la niebla que las
la tragedia de un personaje
Es una antigua costumbre mía dar audiencia, cada domingo por la mañana, a los personajes de mis futuros cuentos. Cinco horas, de ocho a una. Casi siempre oc
la venganza del perro
Sin saber cómo ni por qué, Jaco Naca se había encontrado un día dueño de toda la soleada colina que había bajo la ciudad, desde donde se disfrutaba de las m
limones de sicilia
—¿Está aquí Teresina? El camarero, todavía sin camisa, pero ya asfixiado por un altísimo cuello de pajarita, observó de los pies a la cabeza al joven, que p
mundo de papel
Gritos y gente que se apiña, al principio de Via Nazionale, alrededor de dos personas que se están peleando: un joven de unos quince años y un señor duro, c
no es algo serio
¿Perazzetti? No. Estaba hecho de una pasta peculiar. Las decía muy serio, ciertas frases, tanto que no parecía ni siquiera él mismo, mirándose las uñas arqu
sin malicia
I Cuando Spiro Tempini, con las puntas de los bigotes engominadas como dos hilos de cáñamo listos para pasar por el agujero de una aguja para cuero, tirando
un desafio
Probablemente Jacob Shwarb no pensaba hacer nada malo. Quizá tan solo volar con dinamita el mundo entero. Pero sería un error para hacer estallar solo una p
una voz
Unos días antes de morirse, la marquesa Borghi había querido consultar, más por cargo de conciencia que por otras razones, también al doctor Giunio Falci co
¡piénsatelo, giacomino!
Hace tres días que el profesor Agostino Toti no encuentra en su casa la paz y la sonrisa a las cuales cree tener derecho. Tiene alrededor de setenta años, y