lino novás calvo
angusola y los cuchillosYo no debiera escribir este cuento. Es un abuso hablar de nuestros socios cuando, además, lo que a ellos les ha ocurrido pudiera ocurrirle fácilmente a uno mismo. Esto, sin embargo, puede decirse
aquella noche salieron los muertos¡Este capitán Amiana! Llevaba diez años allí. Había en el mundo algunas gentes que lo daban por muerto; gentes que lo habían conocido. No los demás, que no teníamos conocidos, gentes sin conocidos
cayo canasQuien primero las vio fue el muchacho, desde la cofa, con sus ojos potentes. Eran aún tres puntos más oscuros en la grisura del mar, pero en la mente del patrón formaron al instante las puntas de
el bejucoFue una de las más terribles experiencias de mi vida. Tenía entonces unos veinte años, y hacía cinco que recorría la Isla, trabajando aquí, vagando allá, siempre deseoso de dejar una faena para em
el otro cayoI Yo he estado en aquello y jamás se ve claro lo que se pega demasiado cerca. Tendré que mirar adentro para ver lo que pasó aquella vez y que luego quedó náufrago en mí; solo otro hombre puede con
la noche de ramón yendíaRamón Yendía despertó de un sueño forzado con los músculos doloridos. Se quedara rendido sobre el timón, todavía andando el automóvil, rozando el borde que separaba la calle del “placer”. A la izq
long islandYo no era marinero, ni quería serlo. Había muchas cosas que yo no había querido ser, pero que había tenido que ser, y luego pagar por eso. Yo no había querido ir en aquella expedición, por lo meno
un buchito de café¡Así que ustedes quieren saber lo que pasó allí! Bueno, si vienen, como dice, de parte de don Sergio… Pero primero dejen que les pida un favor: no mencionen mi nombre. Todavía mis hermanos están a
“aliados” y “alemanes”Chirriquitín como yo era, ya era “aliado”. Mi padre me llamó entonces el “Tomeguín”. Pero yo no creía que aquel fuera mi padre. Era un hombre que había pasado un día por la colonia, en Georgina, y