PAIS RELATO

Libros de liliana heker

Autores

liliana heker

ahora
Tal vez sería mejor que me fuera por un rato, acá voy a acabar por ponerme nervioso. Mamá y Adelaida no hacen más que llorar en la pieza donde duerme Juan Luis (como si esto pudiera hacerle algún
antes de la boda
El mantel era de lino y en lugar de los vasos de diario habían puesto copas de cristal. Eso y cierta propensión a los brindis por parte del padre indicaban que ésa no era una cena como todas las c
berkeley o mariana del universo
—¿Cuánto falta para que vuelva mamá? Es la cuarta vez que Mariana ha hecho esta pregunta. La primera, su hermana Lucía contestó que en seguida volvía; la segunda, que cómo diablos iba a saber ella
casi un melodrama
—Una hermosa familia —había dicho Miguel, al sentarse a la mesa—. Bien, ya nos tenés a los cinco reunidos. ¿Estás contenta ahora? Edith lo observó, enarcando mucho las cejas. —No —dijo. Los tres c
con medallas, con goulash, con un atenuado clamor de alas
Irene vestía unas agraciadas babuchas de seda y caminaba por Glencairn Street dentro de un aura de irrealidad. No era una sensación infrecuente: podía mirar cualquier día desde su balcón y descubr
contestador
Los artefactos no me son propicios. Puedo resolver con cierta elegancia un sistema de ecuaciones con incógnitas y ni siquiera le temo al producto vectorial, pero basta que ensaye multiplicar veint
cuando todo brille
Todo empezó con el viento. Cuando Margarita le dijo a su marido aquello del viento. El ni atinó a cerrar la puerta de su casa. Se quedó como congelado en la actitud de empujar, el brazo extendido
de la voluntad y sus tribulaciones
Mientras iba en taxi a recibir el Premio Trayectoria de Escenografía, Vica se acordó del otoño: de una tarde precisa de otoño en la que ella, caminando distraída por un parque, miró de pronto a su
de lo real
Usted enseguida va a pensar que no sé lo que hago. Mi mujer ya lo piensa, aunque por otros motivos. Esta mañana, nomás le dije por qué no iba a ir a la Caja, le dirigió a mi hija pobre santa una d
delicadeza
La señora Brun estaba terminando de arreglarse para ir a visitar a su amiga Silvina cuando advirtió que, por el surtidor del bidet, salía un poco de agua. Trató de cerrar bien las canillas pero no
don juan de la casa blanca
I Cantaban, afuera. Afuera todo-era-como-debía-ser. La fiesta del mundo, ¡oh!, bulliciosas familias regresaban del río con canastitas, adolescentes se arrullaban, pío pío hacían los pajaritos, fru
el concurso
El concurso, dijo la mujer bancaria, sería sólo para la plantilla local y sus familias. Remus se quedó suspendido en la palabra “plantilla”, de chico le compraban zapatos demasiado grandes y les p
el pequeño tesoro de cada cual
La puerta cancel abriéndose apenas. Asomada en la rendija, la cara de una mujer de pelo gris. Sonreía. Inesperadamente, el dibujo de un libro fulguró en la cabeza de Ana, ¿Alicia en el país de las
el verdadero sabor de los caquis
Caquis, escucho en el colectivo y un sobresalto de repulsión me pone en guardia. Una mujer describiéndole a otra la canasta rebosante que descubrió en cierta frutería y el banquete que, apenas lle
el visitante
¿Podían encontrarse?, le dijo por teléfono Willy Campana: tenía un asunto que charlar con ella. Y Ema, tragándose las ganas de preguntarle qué lo había llevado a querer verla después de tantos año
georgina requeni o la elegida
Una carroza tirada por cuatro caballos blancos está doblando la esquina. El adornado señor que la ocupa se asoma por la ventanilla, se asombra de ver a una chica de seis años caminando sola y sin
giro en el aire
Ida Val decidió matarse el día en que llevó a Las Albricias las cenizas de su último amante. Y era probable que después de su muerte los que conocían el motivo del viaje vincularan los dos hechos.
horchata de chufa
Acaba de sentarse a la mesa de un bar y mira a su alrededor con avidez. Es su primera tarde en Barcelona, todo le llama la atención. Detrás de la barra descubre el cartelito: Horchata de chufa. Ap
la crueldad de la vida
Yo estaba en la comisaría, sentada entre un cejijunto y una morochona que le daba de mamar a un crío, pegajosa y bastante aterrada después de un peregrinaje de cinco horas bajo la tarde de marzo m
la fiesta ajena
Nomás llegó, fue a la cocina a ver si estaba el mono. Estaba y eso la tranquilizó: no le hubiera gustado nada tener que darle la razón a su madre. ¿Monos en un cumpleaños?, le había dicho; ¡por fa
la llave
Ella entró en la casa (la puerta de calle estaba abierta, como siempre), encendió la luz y comenzó a subir las escaleras. Venía pensando que lo que necesitaba era dormir (ella iba a meterse en la
la muerte de dios
Primer despertar El día empieza con Mariana en la oscuridad pidiéndole a Dios que llueva. Es un pedido inusual, de algún modo indigno de ella: no suele molestarlo por cuestiones climáticas y menos
la música de los domingos
Había un momento de la tarde —podían ser las cuatro, tal vez las cinco si era verano— en que el viejo se pegaba a la ventana, la cabeza un poco ladeada, la mano haciendo de pantalla contra la orej
la noche del cometa
Del cometa sabíamos que hubo quien se arrojó al vacío para esquivar su llegada, que su cola hendió de luz ciertas noches del año del centenario, que, como la Exposición de París o la Gran Guerra,
la sinfonía pastoral
Yo estaba cabeza abajo y tenía dos problemas. El primero era de carácter existencial: por qué razón, a los treinta y dos años y en pleno deslumbramiento (no precisamente de la adolescencia, más bi
la única vez
Desde hace seis años, la vida del hombre que duerme en esta casa de Adrogué tiene tres consuelos. Uno en el Renault 4, cada anochecer —durante el regreso a su departamento—, cuando los bocinazos,
la zarzamora
Al principio no se inquietó; estaba habituado a estas intrusiones. No solía hablar mucho de ellas porque —buen traductor de literatura francesa, además de polemista filoso y de celebrante de algun
las amigas
Era necesario ser muy fuerte para tragarse la pena sin llorar al ver cómo Laura arreglaba los útiles, se paraba, y se iba para siempre del querido banco donde tan felices habían sido ellas dos, qu
las monedas e irene
Aquí, Alfredo, debería contar la historia de nosotros dos; decir por ejemplo que en las estaciones de tren siempre tomamos café con leche y medialunas, nos ponemos tristes, y recordamos lúgubres v
las peras del mal
Setenta años atrás Sereno Farías (aunque sólo en el singular momento de su muerte se dio cuenta de eso) vivía en un lugar bastante parecido a Los Arrayanes, donde, sin mucho ruido, se murió de pur
los juegos
A veces me da una risa. Porque ellos no se pueden imaginar las cosas y entonces tratan de explicar todo: se ve que no pueden vivir sin explicar. Cada tanto yo pienso que les tendría que contar la
los primeros principios o arte poética
En el principio (pero no en el principio del principio) hay un caballo que sube por el ascensor. Sé que es de color marrón pero en cambio no sé cómo ha conseguido entrar ni qué hará cuando el asce
los que vieron la zarza
—Es así —había dicho Néstor Parini—; va la vida en eso. Se lo había dicho a Irma (su Negrita la llamaba él entonces) pero ella esa vez no prestó atención a las palabras; sólo le interesaban los oj
los que viven lejos
En Colonia Vela, si se sigue la dirección que tomó Cristina Bonfanti el 1.° de marzo, es raro encontrar a alguien: el puesto de policía, el almacén y la casa de los Mosquera quedan para el lado op
maniobras contra el sueño
En el momento de partir, la señora Eloísa aún pensaba que volver a Azul en auto era un hecho afortunado. El viajante que trabajaba para su futuro consuegro había llegado puntual a buscarla al hote
mujer con gato
El hombre que está asomado a la ventana envidia a la mujer que, en el jardín de la planta baja, canturrea ante la mirada atenta del gato. Qué feliz es, piensa el hombre. Ignora que la mujer no es
postergaciones
Cuando se enteró de que su vuelo estaba demorado la invadió un sentimiento de contrariedad que luego de una espera de tres horas se había convertido en franco desasosiego. Lo inútil del madrugón (
retrato de un genio
Si una consigue no pensar mientras golpea exactamente cien veces la pared con la ventana, el tiempo pasa rápido, muy rápido, y puede ser que cuando menos se lo espere Lucía se despierte y adiós pr
tarde de circo
Cuando el hombre dio vuelta la esquina los dos chicos vinieron corriendo y le abrazaron las piernas. Los alzó, los revoleó y los acomodó bajo los brazos igual que a paquetes. Avanzaron los tres as
trayectoria de un ángel
No sé si está bien que hable de Adriana. ¿Acaso yo puedo recordarla como otros dicen que la recuerdan? Adolescente con cara de estampa y ojos alarmados que de pronto, en un balcón, luego de contem
un resplandor que se apagó en el mundo
Había un árbol del paraíso que era su árbol. Tenía un hueco en el tronco y en realidad no era un paraíso sino un ombú. Se lo había dicho su tío Catán, la persona que más le había gustado en el mun
un secreto para vos
Al principio, en Maison Saint-Simon no quisieron saber nada con Albertina. Era natural: la sola idea de tener una mujer con ese aspecto dentro de Saint-Simon parecía una profanación. Albertina era
una mañana para ser feliz
La mujer entró en el departamento cuidando de no hacer ruido. El teléfono empezó a sonar mientras acomodaba unas bolsas de compras. Corrió a atender con la premura de quien espera algo de una llam
vida de familia
Hay individuos particularmente no emotivos. Nicolás Broda pertenecía a esa especie. Con seguridad que si al mirar hacia arriba cualquier noche hubiera visto dos estrellas rodando por el cielo en s
yokasta
Cuándo pasará la noche. Mañana me va a parecer tan idiota esto. Con luz. Un sol como el de hoy y él va a venir a despertarme como todos los días. Igual a cualquier chico del mundo, ¿o yo no saltab