leopoldo lugones
abuela julietaCada vez más hundido en su misantropía, Emilio no conservaba ya más que una amistad: la de su tía la señora Olivia, vieja solterona como él, aunque veinte años mayor. Emilio tenía ya cincuenta año
el descubrimiento de la circunsferenciaClinio Malabar era un loco, cuya locura consistía en no adoptar una posición cualquiera, sentado, de pie o acostado, sin rodearse previamente de un círculo que trazaba con una tiza. Llevaba siempr
el escuerzoUn día de tantos, jugando en la quinta de la casa donde habitaba la familia, me di con un pequeño sapo que, en vez de huir como sus congéneres más corpulentos, se hinchó extraordinariamente bajo m
el espíritu nuevoEn un barrio mal afamado de Jafa, cierto discípulo anónimo de Jesús disputaba con las cortesanas. -La Magdalena se ha enamorado del rabí -dijo una. -Su amor es divino -replicó el hombre. -¿Divino?
el hombre muertoLa aldeíta donde nos detuvimos con nuestros carros, después de efectuar por largo tiempo una mensura en el despoblado, contaba con un loco singular, cuya demencia consistía en creerse muerto. Habí
el psychonEl doctor Paulin, ventajosamente conocido en el mundo científico por el descubrimiento del telectróscopo, el electroide y el espejo negro, de los cuales hablaremos algún día, llegó a esta capital
flores de duraznoJunto al rancho medio arruinado, hay tres durazneros de avanzada edad, que tiritan de frío al vientecillo de la tarde, porque la escarcha los ha dejado completamente desnudos. El campo, amarillent
francescaConocílo en Forli, adonde había ido para visitar el famoso salón municipal decorado por Rafael. Era un estudiante italiano, perfecto en su género. La conversación sobrevino a propósito de un dato
la dicha de vivirPoco antes de la oración del huerto, un hombre tristísimo que había ido a ver a Jesús, conversaba con Felipe, mientras concluía de orar el Maestro. -Yo soy el resucitado de Naim -dijo el hombre-.
la estatua de salHe aquí cómo refirió el peregrino la verdadera historia del monje Sosistrato: —Quien no ha pasado alguna vez por el monasterio de San Sabas, diga que no conoce la desolación. Imaginaos un antiquís
la lluvia de fuegoRecuerdo que era un día de sol hermoso, lleno del hormigueo popular, en las calles atronadas de vehículos. Un día asaz cálido y de tersura perfecta. Desde mi terraza dominaba una vasta confusión d
la metamúsicaComo hiciera varias semanas que no lo veía, al encontrarlo le pregunté: -¿Estás enfermo? -No; mejor que nunca y alegre como unas pascuas. ¡Si supieras lo que me ha tenido absorto durante estos dos
las manzanas verdesEntre las casas de Naira y de Braulio, había un manzano; pero este manzano pertenecía verdaderamente a la casa de Naira. Braulio y Naira eran dos pequeños campesinos que se amaban. Amábanse, pero
los caballos de abderaAbdera, la ciudad tracia del Egeo, que actualmente es Balastra y que no debe ser confundida con su tocaya bética, era célebre por sus caballos. Descollar en Tracia por sus caballos, no era poco; y
un fenómeno inexplicableHace de esto once años. Viajaba por la región agrícola que se dividen las provincias de Córdoba y de Santa Fe, provisto de las recomendaciones indispensables para escapar a las horribles posadas d
viola acherontiaLo que deseaba aquel extraño jardinero, era crear la flor de la muerte. Sus tentativas se remontaban a diez años, con éxito negativo siempre, porque considerando al vegetal sin alma, ateníase excl
yzurCompré el mono en el remate de un circo que había quebrado. La primera vez que se me ocurrió tentar la experiencia a cuyo relato están dedicadas estas líneas, fue una tarde, leyendo no sé dónde, q
¿una mariposa?No podía dar yo a Alicia tantos detalles de las flores como ella me pedía., pero por fuertes razones. Así llevé la conversación hacia las mariposas. Ella me escuchaba muy atenta, y todos los porme