País Relato - Autores

katherine mansfield

alemanes comiendo
Se sirvió una sopa de pan. —Ah —dijo Herr Rat, echándose sobre la mesa para mirar dentro de la sopera—, esto es lo que necesito. Mi magen ha estado un poco
algo infantil, pero muy natural
1 Henry no sabía qué opinar; o no se acordaba ya de cómo le sentaba el verano anterior, o de entonces ahora le había crecido la cabeza. Porque aquel sombrer
baños turcos
—Tercer piso izquierda, Madame —dijo la cajera tendiéndome un ticket sonrosado—. Un momento, voy a llamar para que le preparen el ascensor. Su falda de raso
cine
Las ocho de la mañana. La señorita Ada Moss yacía en su cama de hierro negro, mirando el techo. Su cuarto, en el último piso interno de un edificio de Bloom
cómo secuestraron a pearl button
Pearl Button se estaba meciendo subida en la puertecilla que había ante la casa de cuartitos chiquitos como cajones. Era poco después del mediodía y hacía s
cuento de hadas suburbano
El señor y la señora B. estaban almorzando en el confortable comedor decorado en rojo de su “cómoda chocita a solo media hora de la ciudad”. Había un buen f
día de parto
Andreas Binzer despertó poco a poco. Se volvió en su angosta cama, se estiró y dio un bostezo, abriendo la boca todo lo que pudo y cerrándola después, de mo
día festivo
Un hombre corpulento, de rostro colorado, va vestido con unos sucios pantalones blancos de hilo, una chaqueta azul de la que sobresale un pañuelo rosa, y un
dos de dos peniques, haga el favor
La señora: Sí, querida, hay mucho sitio. Bastaría con que la señora que está a mi lado quisiera levantarse y sentarse enfrente… ¿No le molesta? Así mi amiga
el barón
—¿Quién es? —pregunté—. ¿Por qué ha de sentarse siempre solo y además darnos la espalda? —Ah —me susurró Frau Oberregierungsrat—, es un barón. Me contempló
el canario
¿Ves aquel clavo grande a la derecha de la puerta de entrada? Todavía me da tristeza mirarlo, y, sin embargo, por nada del mundo lo quitaría. Me complazco e
el cansancio de rosabel
En la esquina de Oxford Circus compraba un ramo de violetas, y ésta era realmente la causa de que comiera tan poco por la tarde; pues un huevo pasado por ag
el clavel
En aquellos días tan calurosos, Eve —la singular Eve— llevaba siempre una flor. La olfateaba y olfateaba, la hacía girar entre los dedos, se la llevaba a la
el desconocido
A la pequeña muchedumbre congregada en el muelle le pareció que no iba a volver a moverse. Estaba allí, inmenso, inmóvil, sobre las ondulaciones de las gris
el día del señor reginald peacock
No había nada que odiara más que el modo en que ella lo despertaba de mañana. Lo hacía a propósito, por supuesto. Era su modo de arruinarle el día, y él no
el espíritu moderno
—Buenas tardes —dijo el Herr Professor al estrecharme la mano—. ¡Un tiempo espléndido! Acabo de llegar de la fiesta del bosque. He estado haciendo música pa
el hombre sin carácter
Permaneció en la puerta del vestíbulo haciendo girar su pesado anillo de sello sobre el dedo meñique mientras su mirada corría fría y deliberadamente las me
el señor y la señora palomo
Naturalmente sabía —nadie podía saberlo mejor que él— que no tenía ni sombra de esperanza, ni la más mínima posibilidad. El simple hecho de que se atreviese
el vaivén del péndulo
La patrona llamó a la puerta. —Adelante —gritó Viola. —Una carta para usted —dijo, sujetando el sobre verde con una punta de su sucio delantal—. Una carta t
el viaje
El barco de Picton debía zarpar a las once y media. La noche era hermosa, tibia, llena de estrellas, pero cuando salieron del taxi y empezaron a caminar por
el viejo underwood
Descendía a grandes trancos del cerro batido por el vendaval. En una mano llevaba un paraguas negro, y en la otra un hatillo hecho con un pañuelo moteado de
en el café lehmann
Sabina no tenía una vida descansada. Trotaba desde la mañana temprano hasta muy entrada la noche. A las cinco bajaba trastabillante de la cama, se abotonaba
en la bahía
De mañana, muy temprano. Aún no se había levantado el sol, y la bahía entera se escondía bajo una blanca niebla llegada del mar. Al fondo, las grandes colin
en las altas horas de la noche
Virginia está sentada junto al fuego. Sus ropas de calle han quedado tiradas sobre una silla, y las botinas humean levemente junto a la encendida chimenea.
esta flor
¡Cuánto había esperado aquel momento! Lo que ahora sentía no tenía ningún punto de contacto con nada de lo que había sentido anteriormente: era algo único,
estampas primaverales
I Llueve. Grandes gotas que salpican blandamente las manos y las mejillas. Goterones cálidos como estrellas derretidas. «¡Rosas! ¡Lirios! ¡Violetas!», grazn
evasión
Era culpa de él, solamente de él, que hubieran perdido el tren. ¿Qué tenía que ver que el estúpido personal del hotel se hubiera negado a darle la factura a
éxtasis
A pesar de sus treinta años, Bertha Young disfrutaba aún de instantes como éste en que quería correr en vez de caminar, bailar dando saltitos arriba y abajo
felicidad
A pesar de sus treinta años, Berta Young tenía momentos como éste de ahora, en los que hubiera deseado correr en vez de andar; deslizarse por los suelos rel
feuille d'álbum
En realidad era una persona imposible. Y, además, demasiado tímido. Sin nada que decir sobre sí mismo. Y tan pesado. Una vez que iba al estudio de uno, perd
fiesta en el jardín
Y, después de todo, el tiempo era ideal. Si lo hubieran hecho de encargo no habría resultado un día más perfecto para la fiesta en el jardín. Sin viento, cá
frau brechenmacher asiste a una boda
Arreglarse le costó un trabajo enorme. Después de la cena Frau Brechenmacher metió a cuatro de sus cinco hijos a la cama, dejó que Rosa se quedara junto a e
frau fischer
Frau Fischer era la afortunada propietaria de una fábrica de velas en algún lugar a orillas del Eger, y una vez al año interrumpía sus tareas para hacer una
je ne parle pas français
No sé por qué me atrae tanto este cafetín. Es sucio y triste, triste. No tiene nada que lo distinga de cientos parecidos… no tiene, ni tampoco vienen aquí t
juegos infantiles
Es primavera. Cuando las gentes dejan las carreteras para adentrarse por los campos, sus ojos se tornan inmóviles y soñadores, como los de aquellos que se m
la adolescente
Con el vestidito azul, los pómulos ligeramente sonrosados, sus ojos azules, y los rizos dorados recogidos como si se los hubiesen sujetado por primera vez —
la casa de muñecas
Cuando la buena señora Hay volvió a la ciudad luego de su estancia en casa de los Burnell, les mandó a las niñas una casa de muñecas. Era tan grande que el
la casa que no era
“Dos al revés, dos al derecho, el-hilo-por-delante-de-la-aguja y coger dos puntos a un tiempo.” Como una vieja canción, como una canción que hubiera repetid
la dama de ideas avanzadas
—¿Cree usted que debemos invitarla a venir con nosotros? —dijo Fräulein Elsa, reajustándose la banda color rosa de su cinturón ante mi espejo—. ¿Sabe u
la doncella y la señora
Las once. Llaman a la puerta. … Espero no haberla molestado, señora. No estaría dormida, ¿verdad? Es que acabo de llevarle el té a la señora, y había sobrad
la fiesta en el jardín
Y, después de todo, el tiempo era ideal. Si lo hubieran hecho de encargo no habría resultado un día más perfecto para la fiesta en el jardín. Sin viento, cá
la gorra nueva
Marido y mujer sentados para almorzar. Él lee tranquilamente el periódico mientras come. Pero ella está extraordinariamente nerviosa; viste traje de viaje y
la hermana de la baronesa
—Esta tarde llegarán dos nuevos huéspedes —dijo el gerente de la pensión, colocando una silla para mí ante la mesa donde se servía el almuerzo—. Acabo de re
la lección de canto
Desesperada, con una desesperación gélida e hiriente que se clavaba en el corazón como una navaja traidora, la señorita Meadows, con toga y birrete y portan
la llamarada
—Max, no seas tonto. Te vas a romper la cabeza si sigues bajando así la pista. Déjalo y vente al Club conmigo. —Tengo ya bastante por hoy y estoy enterament
la mosca
-Pues sí que está usted cómodo aquí -dijo el viejo señor Woodifield con su voz de flauta. Miraba desde el fondo del gran butacón de cuero verde, junto a la
la mujer de la tienda
Durante todo el día hizo un calor terrible. El suelo levantaba un viento cálido, que silbaba entre los montecillos de hierba y se arrastraba por todo el cam
la mujer del almacén
Durante todo el día hizo un calor terrible. El suelo levantaba un viento cálido, que silbaba entre los montecillos de hierba y se arrastraba por todo el cam
la niña
Era un ser aterrador, y cuya presencia quería eludir. Cada mañana, antes de irse a sus negocios, entraba en el cuarto de la niña para darle el beso de ritua
la niña que se sentía cansada
Apenas había comenzado a caminar por un blanco caminito con negros árboles a cada lado, un caminito que no llevaba a ninguna parte y por el que no andaba ab
la pequeña institutriz
¡Oh, Dios, cuánto más le hubiera gustado que no fuera de noche! Hubiera preferido viajar de día. Pero la señora de la Agencia de Institutrices le había dich
la señorita brill
Aunque hacía un tiempo maravilloso el azul del firmamento estaba salpicado de oro y grandes focos de luz como uvas blancas bañaban los Jardins Publiques. La
las hijas del difunto coronel
I La semana siguiente fue una de las más atareadas de su vida. Incluso cuando se acostaban, lo único que permanecía tendido y descansaba eran sus cuerpos; p
los alemanes a la mesa
—¡Ah! —dijo Herr Rat, inclinándose sobre la mesa para mirar dentro de la sopera—. Esto es lo que yo necesito. Hace varios días que mi magen no está en regla
los baños de aire
—Max, no seas tonto. Te vas a romper la cabeza si sigues bajando así la pista. Déjalo y vente al Club conmigo. —Tengo ya bastante por hoy y estoy enterament
los vestidos nuevos
Sentadas ante la mesa del comedor, la señora Carsfield y su madre daban los últimos toques a los vestidos de casimir verde que las dos señoritas Carsfield e
matrimonio a la moda
Camino de la estación, William se dio cuenta de que había olvidado comprar algo para los críos. El olvido le causó gran malestar. ¡Pobres niños! ¡Qué pena!
millie
Permaneció reclinada contra la veranda hasta que se perdieron de vista. Cuando habían andado un buen trozo de camino, Willie Cox se volvió en el caballo par
pensión seguin
La criada que abrió era hermana gemela de aquella eficiente y odiosa criatura que en “La Mejor Pintura Francesa” llevaba una sopera. Su cara redonda brillab
preludio
I Ni un dedo de sitio quedaba en el coche para Lottie y Keiza. Se bambolearon, cuando Pat las sentó en la cima de un montón de equipajes. La abuela tenía ll
psicología
Cuando abrió la puerta y lo vio allí parado, se sintió más complacida que ninguna otra vez y él también al seguirla al estudio, parecía muy, muy feliz de ha
revelaciones
Desde las ocho de la mañana hasta las once y media Monica Tyrell sufría de los nervios, y sufría tan terriblemente que esas horas eran… una agonía, simpleme
seis peniques
Los niños son seres incomprensibles. ¿Por qué un chiquillo como Dicky, de ordinario más bueno que el pan, sensible, cariñoso, dócil y extraordinariamente se
sicología
Cuando abrió la puerta y lo vio allí parado, se sintió más complacida que ninguna otra vez y él también al seguirla al estudio, parecía muy, muy feliz de ha
sol y luna
Por la tarde llegaron las sillas, todo un carro enorme lleno de sillitas doradas con las patas en el aire. Y después llegaron las flores. Mirando desde lo a
sopla el viento
Repentinamente… horriblemente… ella se despierta. ¿Qué ha ocurrido? Ha ocurrido algo horrible. No, no ha ocurrido nada. Es sólo el viento que estremece la c
su primer baile
Leila hubiera sido incapaz de decir exactamente cuándo empezó el baile. Quizá en rigor su primera pareja ya hubiese sido el coche de alquiler. Y no importab
susannah
Nota: Hay dos versiones de este cuento que la autora no terminó: Primera versión: Por supuesto nunca se hubiera hablado de ir a la feria si a papá no le hub
un alma moderna
—Buenas tardes —dijo Herr Professor estrechándome la mano—. ¡Qué tiempo más admirable! Acabo de volver de una jira en el bosque. Les estuve entreteniendo co
un pepinillo encurtido
Y entonces, después de seis años, volvió a verlo. Estaba sentado a una de esas mesas de bambú decorada con un jarrón japonés lleno de narcisos de papel. Ten
un viaje indiscreto
Se parecía a santa Ana. Sí, con aquel manto negro sobre la cabeza, los mechones grises colgándole y el quinqué humeante en la mano, mi portera parecía la im
una aventura verídica
“Ante la ávida mirada del viajero, la pequeña ciudad se extiende como un tapiz de tonos marchitos surcado por los hilos de plata de los canales y animado po
una familia ideal
Aquella tarde, por primera vez en su vida, al apretar los batientes de la puerta y descender los tres peldaños que llevaban a la acera, el anciano señor Nea
veneno
El correo tardaba mucho. Cuando volvimos de nuestro paseo después del desayuno, aún no había llegado. —Pas encoré, madame —cantó Annette, escabulléndose de
viaje a brujas
—Tiene para tres cuartos de hora —dijo el mozo—. Casi para una hora. Déjelo en la consigna, señora. Todo el espacio ante el mostrador estaba ocupado por una
vida de ma parker
Cuando el caballero literato, cuyo apartamiento limpiaba la anciana señora Ma Parker todos los martes, le abrió la puerta aquella mañana, aprovechó para pre
violet
Hay un refrán inglés, muy untuoso y exasperante, según el cual “no hay nube que no esté por dentro revestida de plata”. ¿Qué consuelo puede encontrar quien,