jules renard
blandine y pointu-¿Qué edad tiene usted, Blandine? -Treinta y siete años, señor. No soy de la última nidada de agosto. -¿Dónde nació usted? -En Lormes, en la Nièvre. -¿Pasó allí la infancia? -Sí, señor. Pri
el agricultor modeloEl combate parecía terminado cuando una última bala, una bala perdida, impactó en la pierna derecha de Fabricien. Se vio obligado a regresar a su tierra con una pierna de madera. En un primer mome
el barco a vaporRetirados al pueblo, los Bornet son vecinos de los Navot y entre las dos parejas existe muy buena relación. Les gusta por igual la tranquilidad, el aire puro, la sombra y el agua. Simpatizan tanto
el canario¿Por qué se me ocurriría comprar este pájaro? El pajarero me dijo: «Es un macho. Espere una semana para que se adapte, y cantará». Pero el pájaro se obstina en permanecer callado y lo hace todo al
el cristo amonestadoAl pasar junto a la cruz situada en las afueras del pueblo al que parece proteger de alguna sorpresa desagradable, Tiennette, la loca, vio que el Cristo se había caído. Durante la noche el viento
el nido de jilguerosEn una rama ahorquillada de nuestro cerezo había un nido de jilgueros bonito de ver, redondo, perfecto, de crines por fuera y de plumón por dentro, donde cuatro polluelos acababan de nacer. Le dij
el picapedrero-Perdone, amigo, ¿cuánto tiempo se tarda en ir de Corbigny a Saint-Révérien? El picapedrero levanta la cabeza y apoyándose en su maza, me observa a través de la rejilla de sus gafas, sin responder
el ratónCuando a la luz de un quinqué escribo mi página cotidiana, oigo un ruidito. Si me detengo, para. Y vuelve a comenzar en cuanto rasco el papel. Es un ratón que se despierta. Puedo adivinar sus idas
el sapoNacido de una piedra, vive debajo de una y en ella se cavará la tumba. Lo visito frecuentemente, y cada vez que levanto su piedra tengo miedo de encontrarlo y miedo de que ya no esté allí. Pero es
la llaveLa vieja es vieja y avara; el viejo es aún más viejo y más avaro. Pero ambos temen por igual a los ladrones. A cada instante del día se preguntan: -¿Tienes tú la llave del armario? -Sí. Eso los tr
la peticiónEn el gran patio de la Gouille, la señora Repin lanzaba a sus aves puñados de grano. Éstos volaban regularmente de la cesta, siguiendo el ritmo del gesto, y se dispersaban granizando sobre el duro
la señorita olympeCon la vida de la señorita Olympe Bardeau, podría escribirse una novela de costumbres provincianas, pero sería muy monótona. Lo que hace no es nada variado: pasa su tiempo sacrificándose. Siempre
un modelo de agricultorEl combate parecía terminado, cuando una última bala -una bala perdida- vino a dar en la pierna derecha de Fabricio. Éste hubo de regresar a su país con una pata de palo. Al principio mostraba cie