PAIS RELATO

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juan bosch

bumbo
—Si no lo hubiera pechao; pero lo peché y ahora no hay remedio… Cruzó las piernas, dio un “chupón” a su “túbano” y se golpeó la rodilla con la palma de la mano. Creíamos que Bumbo no hablaría más.
camino real
Cuando terminó la cosecha de tabaco, con la perspectiva de tiempo de agua por delante, decidí ir hacia otra tierra en busca de trabajo. En el camino de Los Higos me alcanzó un hombre que andaba de
capitán
A las siete de la tarde, el viernes día 3, Capitán despertó con el espinazo helado. Inmediatamente supo que se trataba de Ella y empezó a ladrar furiosamente. Se sentía lleno de ira, frenético, ig
chucho
Precisamente a este lugar quería llegar Chucho. Ya estaba solo. A los tres días no había visto una cara. No se oía otra cosa que el mugido del viento entre los troncos y, a veces, el ronroneo de a
cuento de navidad
Capítulo I Más arriba del cielo que ven los hombres había otro cielo; su piso era de nubes, y después, por encima y por los lados, todo era luz, una luz resplandeciente que se perdía en lo infinit
cundito
—Le dieron una galleta a Cundito —dijo Querito acercándose al grupo. —¿Una galleta? ¿Y quién? —inquirió Chucho. —Genén, el de la vieja Masú —respondió a la vez que buscaba con los ojos dónde senta
dos amigos
Duck oyó decir varias veces que un viaje cambia siempre algún aspecto de la vida del viajero. Así, pues, cuando la familia decidió el traslado a un pueblo de la costa con el propósito de pasar el
dos pesos de agua
La vieja Remigia sujeta el aparejo, alza la pequeña cara y dice: -Dele ese rial fuerte a las ánimas pa que llueva, Felipa. Felipa fuma y calla. Al cabo de tanto oír lamentar la sequía levanta los
el abuelo
I Mi abuelo era un hombre adusto, hecho al silencio majestuoso del campo. Alto y flaco; calvo; amplia la cara; tostado el color, tenía una expresión ruda, que le imponía donde quiera. Le disgustab
el abuelo (papá juan)
Yo vi a mi abuelo crecer hasta cubrirme el horizonte. Alzó los hombros, apretó la quijada con tal fuerza que los dientes crujieron, se pasó el dorso de la mano izquierda por los ojos y rompió marc
el algarrobo
El hombre que estaba allá adentro, en el corazón del monte, oía solo dos cantos: el suyo y el del hacha. De mañana empezó a tumbar la yaya y a los primeros golpes aletearon los pajaritos. Piaron y
el alzado
Se le hacen charcos oscuros, lagunas de tinta. Claro: el sueño domina aunque no querramos. Y en llevar bien abiertos los ojos y sensibles los oídos va la vida: en este camino, cuando menos se espe
el astrólogo
Metida en el Atlántico, como una piedra caída de la isla, San Juan de Puerto Rico muestra sus viejas murallas españolas y sus estrechas calles del siglo XVI. Por esas calles va y viene la gente at
el cabo de la legión
La noche anterior, 14 de mayo, habíamos rechazado un ataque al fortín de El-Kej-Abí. Hubo luna creciente, y en el desierto se podían alcanzar las más leves figuras hasta distancias enormes. Por cu
el cobarde
La noticia había llegado hasta aquel bohío perdido en la sabana: Monsito Rojas había asaltado el pueblo. Ellos estaban en la cocina. A través de las rendijas crecía y se apagaba la luz del fogón.
el cuchillo
Afuera se come la luz el paisaje; aquí dentro está el hombre y la soledad le come el pecho. Por las lomas va subiendo el hacha y clarea el monte; se empinan, todavía, algunos troncos sobre el agua
el difunto estaba vivo
La atmósfera del juicio se cargó más cuando Jesús Oquendo, peón de obras públicas y testigo presencial, dijo con toda seriedad: —Lo que pasa es que el difunto taba vivo. —¿Cómo? –preguntó el juez,
el dios de la selva
El Star cabeceaba cortando las aguas del vasto Atlántico, en ruta hacia Río. Habíamos dejado atrás la línea ecuatorial, y con ella el espíritu carnavalesco que nos poseyó a todos esa noche, y nos
el funeral
Cuando empezaron a caer las lluvias de mayo el agua fue tanta que se posó en los potreros formando lagunatos. Despeñándose por los flancos de la loma, chorros impetuosos arrastraban piedras y leva
el hombre que lloró
A la escasa luz del tablero el teniente Ontiveros vio las lágrimas cayendo por el rostro del distinguido Juvenal Gómez, y se asombró de verlas. El distinguido Juvenal Gómez iba supuestamente desti
el indio manuel sicuri
Manuel Sicuri, indio aimará, era de corazón ingenuo como un niño; y de no haber sido así no se habrían dado los hechos que le llevaron a la cárcel en La Paz. Pero además Manuel Sicuri podía seguir
el oro y la paz
Capítulo I Al quinto día de su llegada a Tipuani, precisamente en el momento en que se preocupaba con la presencia de sus indios —que vagaban de un sitio a otro llamando la atención de la gente—,
el resguardo
Cuando Tino se acercaba al sitio empezó a sentir angustia. —Vea —dijo—, me siento tembloroso. Tino tenía una cara ingenua, sin pelos; sonreía mucho y enseñaba los ojos hasta el fondo. El otro, en
el río y su enemigo
Sucedió lo que cuento en un lugar que está más abajo de Villa Riva, en las riberas del Yuna. Cuando pasa por allí el Yuna ha recorrido ya muchos kilómetros y ha fecundado las tierras más diversas.
el sacrificio
Amaneció plomizo el día. Parecía que alguien hubiese pasado por los cielos una gran brocha embadurnada en gris. A ras de mar los encajes amarillentos de la niebla ponían su nota de demacración. Se
el socio
Justamente a una misma hora, tres hombres que estaban a distancia pensaban igual cosa. En su rancho del Sabanal, Negro Manzueta maquinaba vengarse de don Anselmo y calculaba cómo hacerlo sin que e
en un bohío
La mujer no se atrevía a pensar. Cuando creía oír pisadas de bestias se lanzaba a la puerta, con los ojos ansiosos; después volvía al cuarto y se quedaba allí un rato largo, sumida en una especie
forzados
Aquello no fue algo avisado ni esperado; la tropa se presentó en grupos, vomitando juramentos, con los rifles a discreción. Estaban groseramente vestidos. Bolito recuerda con fijeza la polina rota
fragata
La resolución de Fragata fue tan sorprendente que hasta doña Ana se sintió conmovida. Doña Ana no dijo media palabra, pero se mantuvo en la puerta, pálida e inmóvil, hasta que Fragata desapareció
guaraguaos
El viejo Valerio señaló las aves y dijo: —¿Usté los está aguaitando? Bueno… Esos son querebebés. Atrás de los querebebés vienen las golondrinas, atrás de las golondrinas viene el agua, y atrás del
la bella alma de don damián
Don Damián entró en la inconsciencia rápidamente, a compás con la fiebre que iba subiendo por encima de treinta y nueve grados. Su alma se sentía muy incómoda, casi a punto de calcinarse, razón po
la desgracia
El viejo Nicasio no acababa de hallarse a gusto con el aspecto de la mañana. Mala cosa era coger el camino a pie y que le cayera arriba el aguacero y se botara el río y se llenara de lodo la vered
la mancha indeleble
Todos los que habían cruzado la puerta antes que yo habían entregado sus cabezas, y yo las veía colocadas en una larga hilera de vitrinas que estaban adosadas a la pared de enfrente. Seguramente e
la mañosa
Palabras del autor para la tercera edición «La Mañosa» fue escrita en el año 1935, pero su tema se remonta a una época anterior. Por una de esas contradicciones inherentes a la naturaleza de las t
la muchacha de la guaira
El primer oficial tuvo razón al pensar que un asunto de tal naturaleza debía ser comunicado al capitán, pero el capitán no la tuvo cuando dijo las estúpidas palabras con que más o menos dejó cerra
la muerte no se equivoca dos veces
Al ingeniero le molestó el tono que usaba el cabo para interrogarle, pues aunque dijera cosas que el cabo no podía comprender —y que el propio ingeniero no podía explicar—, mal que bien él era per
la mujer
La carretera está muerta. Nadie ni nada la resucitará. Larga, infinitamente larga, ni en la piel gris se le ve vida. El sol la mató; el sol de acero, de tan candente al rojo, un rojo que se hizo b
la negación
Viendo a José Dolores se recibe la impresión de que vivió caminando: hay en todo él como polvo de camino. Sus ojos parecen devolver paisajes. José Dolores habla y uno evoca a la abuela, cuando reg
la nochebuena de encarnación mendoza
Con su sensible ojo de prófugo Encarnación Mendoza había distinguido el perfil de un árbol a veinte pasos, razón por la cual pensó que la noche iba a decaer. Anduvo acertado en su cálculo; donde e
la pájara
La lluvia nos envolvió de golpe. Estábamos subiendo el tercer repecho de El Montazo y la noche se nos venía encima. Los pinos empezaron a ahogarse en una especie de humo claro; los menos cercanos
la pulpería
La pulpería de Chu era en la noche un bulto silencioso. Estaba en un recodo del camino y sorprendía a los caminantes que desconocían el paraje. Apenas la alumbraba una jumiadora. Los golpes de luz
la sangre
¡Al fin! ¡El viejo Nelico iba a hablar! Era muy duro el silencio del viejo Nelico; sin embargo nadie podría decir si había menos dureza en sus palabras. A Tato le parecía que alguien le tenía suje
la verdad
Nadie se explica por qué el matador de Quique Blanco ha rechazado las proposiciones que se le han hecho; por qué se niega a que lo retraten. Un periodista dijo que era muy humilde, y se cuenta que
lo mejor
Por la tierra seca y dorada de la enramada empezaban a entrar lenguas de agua. Tilo tenía los ojos entrecerrados y sentía sueño. A ratos el caballo movía una pata. Estaría también soñoliento. El o
los amos
Cuando ya Cristino no servía ni para ordeñar una vaca, don Pío lo llamó y le dijo que iba a hacerle un regalo. -Le voy a dar medio peso para el camino. Usté esta muy mal y no puede seguir trabajan
los últimos monstruos
Del gran cataclismo escaparon sólo tres hombres, dos mujeres y cinco niños. Todos eran desconocidos entre sí. Subieron angustiados las laderas de las montañas mientras masas de tierra y de piedras
los vengadores
—Ese viejo es un gran sinvergüenza, y tó el que saque la cara por él, un lambón! ¡Como lo oye! Los ojos de Casimiro se pegaron a su interlocutor. Tan claros estaban con la luz de mediodía, qu
lucero
José Veras miró a su compadre mansamente, hizo resbalar los ojos y chasqueó los labios; se le acercó, dobló la cabeza y, como temeroso de que lo oyeran, dijo: —Lo ojiaron, compadre. El otro tuvo m
luis pie
A eso de las siete la fiebre aturdía al haitiano Luis Pie. Además de que sentía la pierna endurecida, golpes internos le sacudían la ingle. Medio ciego por el dolor de cabeza y la debilidad, Luis
mal tiempo
El viento arreció a medianoche de tal manera que Eloísa empezó a temblar. Tenía miedo de que el huracán destruyera el bohío y éste los aplastara, miedo de lo que pudiera sucederle a su hijo en la
maravilla
La baja de la carne —por los días aquellos en que un toro de veinticinco arrobas valía veinticinco pesos— salvó a Maravilla del puñal del matarife, pero no pudo torcer su destino. El dueño llegó,
piloncito
Piloncito estaba en la cárcel porque mató a una mujer; pero a juzgar por su presencia, era incapaz de una rebeldía. Todos hacían burla de su figura de sapo y de sus ojos de becerro. Él jamás se in
poppy
Aunque la poca gente que conoció a Poppy parezca consternada —hace una semana que no hablan de otra cosa—, sería de tontos explicarles que lo que sucedió no fue un incidente vulgar, porque esa gen
revolución
Tuvo suerte Toño: Cholo estaba solo. Entró como un ventarrón, miró a todos lados y, casi ahogándose, dijo: —Ya está, Cholo. Deogracia se pronunció. Cholo se quitó el cachimbo de la boca violentame
rosa
La sequía de los nueve meses acabó con el Cibao. Los viejos no recordaban castigo igual. La tierra tostada crujía bajo el pie, los caminos ardían como zanjas de fuego, los potreros se quedaron pel
rumbo al puerto de origen
Habiendo hecho sus cálculos con toda corrección, Juan de la Paz llegó a la altura de Punta del Este a las seis de la tarde, minutos más, minutos menos. El mar había sido un plato y probablemente s
san andrés
Toda la tarde anterior la pasó Guarín hablando de lo mismo: el gallo gallino. —Yo quisiera echarlo con el canelito de Toño —le decía a Yoyo—. Dende que asomó por el cascarón sabía yo que se diba a
sombras
En medio de la lluvia, a ratos, encendían fósforos allá arriba. Después hacían corretear una gran carreta. Se oían las ruedas chocar con el empedrado del cielo. Telo comenzó a alejarse al rumor de
todo un hombre
Yeyo va a explicar su caso. Tiene gestos parcos y voz sin importancia. La gente se asombra de verle tan humilde. Es de cuerpo mediano, de manos gruesas y cortas, de ojos dulces. La verdad es que p
un hombre virtuoso
Con voz premiosa, don Juan Ramón llamó a su mujer. Tenía ya largo rato sentado a la puerta de su casa, observando hacia la de enfrente. Parecía un gato en acecho. La mujer llegó secándose las mano
un niño
A poco más de media hora, cuando se deja la ciudad, la carretera empieza a jadear por unos cerros pardos, de vegetación raquítica, que aparecen llenos de piedras filosas. En las hondonadas hay man
una jíbara en new york
—Amigo mío, usted ni siquiera puede pronunciar esa palabra. Diga “jíbara”. ¿Ve usted? Nosotros, los sajones, no podemos adquirir esa gracia, esa ligereza de tono y sonido que distingue a los ameri
victoriano segura
Todo lo malo que se había pensado de Victoriano Segura estaba sin duda justificado, pues a las pocas semanas de hallarse viviendo allí se presentaron en su puerta dos policías y se lo llevaron por