josé maria eça de queirós
el ayaÉrase una vez un rey, joven y valiente, señor de un reino abundante en ciudades y cosechas, que partía a batallar por tierras distantes, dejando solitaria y triste a su reina y a un hijo chiquitín
el difuntoI En el año de 1474, que fue para toda la cristiandad tan abundante en mercedes divinas, reinando en Castilla el rey Enrique IV, vino a habitar en la ciudad de Segovia, en la que había heredado ca
el tesoroI Los tres hermanos de Medranhos, Rui, Guanes y Rostabal, eran entonces, en todo el reino de Asturias, los hidalgos más hambrientos y los más remendados. En los Pazos de Medranhos, a los que el vi
excentricidades de una chica rubiaI Empezó diciéndome que su caso era sencillo y que se llamaba Macario… Debo contar que conocí a este hombre en una fonda del Minho. Era alto y gordo: tenía una calva llamativa, reluciente y lisa,
josé matías¡Linda tarde, amigo mío!… Estoy esperando el entierro de José Matías: de José Matías de Albuquerque, sobrino del vizconde de Garmilde… Usted seguramente lo conoció: un chico airoso, rubio como una
memorias de una horcaDe un modo sobrenatural llegó a mí la noticia de la existencia de este papel, donde una pobre horca podrida y negra relataba algunas cosas de su historia. Esta horca procuraba escribir sus trágica