jorge alberto aguiar díaz
adiós a las almasYo, el más viejo de la fiesta: treinta años. Mansión nada mansa de Miramar convertida en museo posmoderno. Negros roqueros, blancos raperos, inconformistas experimentales, bisexuales indecisos, re
cielo sobre havana—¡Me estoy muriendo, coño, y tú te vas a morir solo en esta isla de mierda! —le gritó. Después lo golpeó. Con violencia. Le partió los labios y la nariz. Lo dejó tirado sobre el muro. —Dame, maric
palomaYo iba a lo mío: compra-venta de libros a domicilio. Me detuve en Cuba y Desamparados. Edificio colonial en ruinas. Subí hasta la azotea. Escaleras cochambrosas, mierderas y mierdosas. Alguien me
putas en miniaturaTenía un culo de veinte, una cara de sesenta pero no llegaba a los quince años. Todas las tardes la veía pasar por la calle Obispo hacia el café París o la Bodeguita del Medio. Se llamaba Sailín.
¿cómo hacen el amor los patos?En Madrid conocí a Johnny P. Johnny P. era un prófugo y yo un vagabundo. Dos cubanos que huían del pasado, la mala suerte, la bella y solitaria noche europea. No es importante saber nuestros verda