john cheever
adiós, hermano míoLa nuestra es una familia que siempre ha estado muy unida espiritualmente. Nuestro padre se ahogó por accidente navegando a vela cuando éramos muy jóvenes,
canción de amor no correspondidoDespués de haber tratado a Joan Harris en Nueva York durante algunos años, Jack Lorey empezó a pensar en ella como en la Viuda. Joan siempre vestía de negro
el ángel del puenteQuizá hayan visto ustedes a mi madre bailando un vals sobre la pista de hielo del Rockefeller Center. Tiene ahora setenta y ocho años, pero es delgada y vig
el día que el cerdo se cayó al pozoDurante el verano, cuando la familia Nudd se reunía en Whitebeach Camp, en los montes Adirondack, siempre había una noche en que uno de ellos preguntaba: —¿
el ladrón de shady hillMe llamo Johnny Hake. Tengo treinta y seis años. Mido 1,78 en calcetines, peso 64 kilos desvestido, y estoy, por así decirlo, desnudo en este momento y habl
el marido ruralHabrá que contar, para empezar por el principio, que el avión de Minneapolis en el que Francis Weed se dirigía hacia el este se encontró de pronto con grave
el nadadorEra uno de esos domingos de mediados del verano, cuando todos se sientan y comentan “Anoche bebí demasiado”. Quizá uno oyó la frase murmurada por los feligr
el tren de las cinco cuarenta y ochoBlake la vio al salir del ascensor. Unas cuantas personas, en su mayoría hombres que esperaban a chicas, contemplaban desde el vestíbulo las puertas del asc
la monstruosa radioJim e Irene Westcott pertenecían a esa clase de personas que parecen disfrutar del satisfactorio promedio de ingresos, dedicación y respetabilidad que alcan
la muerte de justinaBien sabe Dios que esto se vuelve cada vez más absurdo y corresponde cada vez menos a lo que recuerdo y a lo que espero, como si la fuerza de la vida fuera
la navidad es triste para los pobresLa Navidad es una época triste. La frase acudió a la mente de Charlie un instante después de que el despertador hubo sonado, y le trajo otra vez la depresió
la radio enormeJim e Irene Westcott pertenecían a esa clase de personas que parecen disfrutar del satisfactorio promedio de ingresos, dedicación y respetabilidad que alcan
los hartleyEl señor Hartley, su mujer y su hija Anne llegaron al hostal Pemaquoddy un atardecer de invierno, después de la cena, y en el preciso momento en que empezab
oh, ciudad de sueños rotosCuando el tren de Chicago salió de Albany y empezó a traquetear valle fluvial abajo, camino de Nueva York, los Malloy, que ya habían vivido con anterioridad
reuniónLa última vez que vi a mi padre fue en la Estación Gran Central. Yo iba de la casa de mi abuela, en los Adirondack, a una casa de campo en el Cabo alquilada